Bueno, aquí os traigo por fin el décimo cuarto capítulo de este fanfic. Espero que os guste mucho. Cualquier duda que tengáis no dudéis en dejar un comentario al respecto. Estaré encantada de saber que es lo que pensáis.
Disclaimer:Jojo's Bizarre Adventure no me pertenece.
Mariah estaba relajada, aunque sólo había conseguido que su Stand afectase a Joseph Joestar era mejor que nada. No pensaba utilizarlo como cebo para su nieto, sabía que ese plan no funcionaría, su Stand tenía un alcance demasiado limitado, no mayor a veinte metros.
Aunque eso la obligaba a estar demasiado cerca de sus enemigos, mientras no supieran que ella era la causante estaría a salvo. Le había tocado hospedarse en la habitación de enfrente al anciano.
Repasó lo que sabía de sus enemigos. Gracias a DIO habían podido recabar algunos datos, sus Stands eran poderosos, aunque no parecían demasiado a simple vista, que hubieran llegado hasta ese punto los empezaba a convertir en enemigos dignos a tener en cuenta.
Si habían sido capaces de vencer a Anubis dudaba mucho de poder derrotarlos y era consciente de que DIO lo sabía también. Se había convertido en un peón totalmente prescindible, y lo sabía bien, pero mientras fuera capaz de ganar tiempo lo haría.
Aguzó el oído al escuchar que una puerta se abría,quería comprobar si se trataba o no de ese viejo, porque si era así, le tocaría seguirlo.
Salió de la habitación y se topó de bruces con ellos, estaban los cinco más el perro. Tal y como esperaba no se fijaron demasiado en ella y siguieron a lo suyo. En cuanto le dieron la espalda, comenzó a seguirlos y observó divertida cómo el efecto de su Stand se había intensificado durante la noche.
No creía que fuera a poder hacer caer a otro bajo el poder de Bastet. Sonrió, Alessi llegaría pronto, y conocía lo suficiente las habilidades de su Stand como para saber que aguantaría sin problemas hasta entonces. Sería él, Alessi, quien se tendría que encargar de llevar a Jotaro ante DIO, Seth era el Stand perfecto para esa tarea.
Se mordió el labio nerviosa, separar al grupo iba a ser la parte más ardua de todo. Pero tenía que haber un momento en el que no estuvieran juntos. Siendo plenamente objetiva, de los cinco, el más peligroso para ella sería Kakyoin. Contra un Stand de largo alcance, ella estaba completamente perdida.
A más vueltas le daba, más claro tenía que lo único que la estaba protegiendo era que no supieran que era cosa suya lo del viejo. En cuanto lo supieran, se podía dar por muerta. Antes de que el viejo se saliera del rango comenzó a ir tras ellos, ahora no necesitaba esconderse, lo complicado sería después, se dijo.
Tuvo que contener la risa cuando el magnetismo de Joseph Joestar comenzó a causar algunos estragos al grupo. Aunque, de no ser por el apoyo de Avdol, el anciano habría salido herido, pensó con cierta decepción.
Jotaro observó a Avdol quemar los cubiertos que habían ido directos hacia su abuelo. De momento este se estaba quejando de que no le funcionaba correctamente el reloj. El joven rodó los ojos, parecía que eso era lo único que le importaba al viejo.
-Deberíamos ponernos a buscar al dueño del Stand-Polnareff estaba bastante serio, no podían estar eternamente protegiendo al otro. La mejor forma de solucionarlo era encargarse del causante de todo.
Joseph le restó importancia con un gesto, había pasado por cosas peores, podía aguantar un poco más. Aparte, creía que era cuestión de tiempo que se diera a conocer por voluntad propia, posiblemente cuando el magnetismo fuera mayor y creyese la victoria segura.
-Tengo un plan para averiguar de quién se trata-comentó cuando se sentaron a desayunar. Gruñó un poco cuando se le quedó pegado el tenedor. Más que dañino, el poder de ese Stand era molesto.
-Vas a sugerir que nos separemos-adivinó enseguida Jotaro. El anciano asintió serio.
-Creo que lo mejor es que Avdol me acompañe-continuó explicando su idea Joseph. De todos era el más indicado para ayudarle.
-Quisiera ir yo también-intervino Noriaki, pero Joseph negó al momento.
-No, es mejor que sólo estemos Avdol y yo-ante las miradas dubitativas del resto añadió-Nos las apañaremos, ¿tengo que recordaros cómo vencí a los Hombres del Pilar? Confiad en mí.
Los otros asintieron mientras Joseph terminaba de explicar su idea. Si no querían hacer sospechar al causante, lo mejor era dejar por su cuenta a Avdol y a Joseph. De momento, el dueño de ese Stand había resultado ser muy cauteloso. Si tenía sospechas de lo que planeaban, no saldría.
-Pero, ¿no será sospechoso separarnos sin más?-intervino Jean Pierre entonces, tras pensar detenidamente en eso.
-No si lo que estamos haciendo es buscar a Iggy-por una vez, no saber dónde estaba ese perro jugaba a su favor.
Noriaki seguía callado a Jotaro y a Jean Pierre, llevaban un rato andando sin rumbo fijo y al pelirrojo no se le había escapado en ningún momento que el francés miraba de vez en cuando hacia atrás.
-Nos están siguiendo-dijo en un susurro al rato, después de volver a mirar hacia atrás. Jotaro y Noriaki asintieron. Los tres se detuvieron y miraron hacia atrás.
Observaron al hombre que estaba justo detrás de ellos, nada más darse cuenta de que había atraído su atención se había puesto nervioso comprobó Noriaki. Parecía que no hacía el más mínimo esfuerzo en no parecer sospechoso con esa actitud.
Noriaki hizo aparecer a su Stand y atacó sin pensarlo dos veces. El hombre esquivó el ataque y mandó al suyo contra él. El pelirrojo, al ver a la extraña sombra acercarse a toda velocidad, saltó sin pensarlo dos veces, aunque esta le rozó un poco los zapatos.
Ver sonreír victorioso a su enemigo no le gustó un pelo, aunque no tardó mucho tiempo en saber por qué, de golpe todo comenzaba a parecer más grande...estaba encogiendo...y no era el único, su Stand también se estaba viendo afectado.
Las ropas le quedaban enormes, moverse así le iba a resultar muy complicado. Trató de atacar otra vez con su Stand, pero, por su tamaño actual, los ataques de Hierophant no tenían casi potencia. Así que lo guardó.
Para colmo, aprovechando la confusión provocada por su rejuvenecimiento, el enemigo había huido. Jotaro y Jean Pierre le buscaban con la mirada, pero no se le veía por ningún lado.
Los dos se miraron, Polnareff cogió en brazos a Noriaki-Retiremonos por ahora-opinó serio. Jotaro asintió. Al menos no estaban demasiado lejos del hotel. Regresaron deprisa, aunque cuando estaban cerca, la pregunta del ahora niño les hizo detenerse.
-¿Q-Quiénes sois?-preguntó Noriaki al borde de las lágrimas ya. No tenía ni idea de quiénes eran esos dos.
Jotaro hizo una mueca al escuchar eso, pero Polnareff disimuló bien-Somos amigos-dijo sacando a su Stand. Noriaki abrió mucho los ojos al verlo.
-¿¡Tú también tienes uno!?-gritó entusiasmado sacando a su Stand. Miró con alegría a Jotaro, esperando que él también tuviera un amigo especial. El moreno sacó a Star Platinum y el brillo en la mirada del pelirrojo aumentó. Tenía muchas preguntas y no sabía por cuál empezar.
-Me llamo Jean Pierre-se presentó el hombre mientras le dejaba en el suelo-Mi Stand es Silver Chariot.
-Yo soy Noriaki Kakyoin, ¡encantado!-miró a Jotaro esperando que hiciera lo mismo y se presentase.
-Jotaro Kujo-dijo bastante a regañadientes-Y él es Star Platinum.
Avdol se fijaba en la gente de su alrededor, buscando cualquiera que fuera mínimamente sospechoso o que pareciera que les estuviera siguiendo.
Iban regular, el magnetismo de su amigo había aumentado. Aunque gracias a Magician's Red no suponía ningún problema, por el momento. Si comenzaba a atraer objetos más grandes, la situación se iría complicando.
-¿Ves a alguien?-preguntó Joseph mientras se retiraba las latas de refresco que se le habían quedado pegadas. Aunque no sirvió de mucho, enseguida volvieron a pegarse a él-Comienzo a estar harto de todo esto.
-No eres el único-reconoció el egipcio. Quería acabar con eso cuanto antes. Volvió a mirar a los transeúntes. Llevaba un rato sintiendo que les seguían. Se fijó en que, a juzgar por su vestimenta y sus piernas, había una mujer encapuchada que estaba cerca. Le sonaba haberla visto antes en el hotel.
Joseph suspiró y se quitó el sombrero, con cierto fastidio quitó de ahí las chapas que se quedaron pegadas, pero lo único que consiguió fue que se adheriesen a sus guantes. Gruñó, empezaba a perder la paciencia con el causante de todo eso.
Aunque su enfado fue a más cuando una pala y un martillo fueron directos hacia él, siendo salvado otra vez por Avdol, quien calcinó ambos objetos antes de que pudieran darle.
En ese momento oyeron una risita, Mariah había sido incapaz ya de contenerse. Era demasiado divertido, sabía que eso la acababa de delatar, pero en ese momento no le importaba. No es que fuera algo que le preocupase especialmente, estaba preparada para una pelea así, aunque lo único que tenía que hacer era ganar tiempo.
A esas alturas, Alessi debía haber iniciado ya su ataque o eso esperaba ella. Aunque no era el momento para pararse a pensar eso. Del bolso que llevaba sacó varios cuchillos que lanzó contra los dos hombres.
Avdol respondió enseguida, cambiando la trayectoria de las armas con su Stand, aunque no pudo con todos y varios se clavaron en su cuerpo, afortudamente ninguno llegó a tocar una zona vital.
Alentada por eso, la mujer procedió a lanzar más armas contra ellos, el egipcio tenía que reconocer que, de no haber esquivado en varias ocasiones, estaría muerto ya. Ella tenía una puntería endiablada y estaba centrada totalmente en impedir que se acercasen a ella más de lo necesario.
Jean terminaba de comprar a Noriaki unas chucherías, lo mejor era mantenerlo entretenido mientras Jotaro y él pensaban que podían hacer. Aunque conocían el aspecto del causante, no tenían idea de dónde podía estar.
-Volverá a atacarnos-dijo Polnareff.
Los dos sabían que el objetivo real era Jotaro y, quizá ese fuera buen momento de explotarlo a su favor. Y utilizar al muchacho como cebo, aunque...la apariencia y edad actual del pelirrojo jugaban en su contra. Ni Jotaro ni Jean Pierre estaban por la labor de ponerlo en riesgo de esa forma y tampoco era buena idea dejarlo en el hotel sin supervisión hasta que se hubieran encargado de la situación.
Los dos miraron un momento a Noriaki, el ahora niño no se había quedado satisfecho hasta que los dos hubieron respondido a todas sus preguntas y, a duras penas habían conseguido distraerle con la televisión, pero estaba claro que era sólo algo temporal, a juzgar por el hecho de que les había estado mirando varias veces.
Polnareff deseaba poder acabar con eso pronto, sabía que era cuestión de minutos que Noriaki comenzase a preguntar por sus padres y a sentirse nuevamente inquieto. No podrían mantener su mente ocupada eternamente.
-Deberíamos esperar a Avdol y al viejo-opinó entonces Jotaro serio. Polnareff le miró y suspiró un poco.
Estaba preocupado, y comenzaba a creer que el muchacho se estaba dando cuenta de ello y no le hacía demasiada gracia.
-No podemos demorarnos mucho en solucionar todo-mientras hablaba, el francés pensaba cómo podían salir de esa situación.
-Si te sigues preocupando así, te van a salir arrugas-Jotaro le cortó el rumbo de sus pensamientos-Es tan fácil como encontrar a ese hombre y darle una paliza.
-Todo lo arreglas así, ¿verdad?-preguntó Polnareff sintiendo cierta lástima por Noriaki.
-Lo dices como si fuera un problema-comentó el otro, apenas inmutándose por ello, sabía que su amigo no hablaba en serio.
-¿Piensas ligar así?-quiso saber el francés con cierta curiosidad. Estaba claro que le tenía que echar una mano a Noriaki. Discretamente aunque fuera.
La mirada asesina que le dirigió entonces Jotaro fue suficiente respuesta para el francés, le quedaba claro que no tenía ni idea de cómo hacerlo. Y que tampoco estaba demasiado por la labor de recibir consejos al respecto.
Juzgando que profundizando en el tema no iba a tener ningún progreso, decidió dejar de insistir por el momento. Lo único que podría conseguir sería enfadar al otro y, dada la situación, era lo peor que podía lograr.
-Centrémonos en lo importante-le pidió el moreno entonces y el francés aceptó enseguida, de buen grado.
Mariah se sujetaba el brazo herido, Avdol había conseguido provocarle una ligera quemadura, no era gran cosa, pero dolía bastante aún así. Había bajado la guardia con su ventaja. Y es que el anciano ya tenía pegados al cuerpo varios objetos pesados y apenas tenía fuerza suficiente como para mantenerse en pie.
La mujer observó a ambos hombres pensativa, quizá fuera momento de emprender una retirada táctica. Empezó a correr y, aprovechando un grupo de turistas cercano, logró esconderse con relativa facilidad.
Se mordió nerviosa el labio, Avdol estaba resultando ser demasiado problemático y no veía más salida que jugar sucio. Miró a su alrededor pensando que podía utilizar a su favor, posiblemente, la única forma de ganar tiempo y evitar que la atacasen fuera tener un rehén. Dudaba seriamente que se atreviera el egipcio a lanzar alguno de sus ataques.
Miró a los transeúntes. No pensaba utilizar niños, no era tan desalmada, tenía sus límites. Pero tenía que elegir rápido, así que se decantó por una mujer joven que pasaba por ahí y, sin dudarlo, le puso uno de sus cuchillos en el cuello y la sujetó con fuerza para que no pudiera zafarse.
Sería algo temporal, pues lo único que quería era ganar tiempo. En breve, el anciano debía comenzar a atraer coches o objetos de similar tamaño
Volvió a ir al encuentro de ellos sin dar la más mínima oportunidad a su rehén de liberarse. Observó con regocijo las expresiones de ambos, era evidente que no habían previsto esa situación en absoluto. Ilusos, pensó con clara diversión la mujer.
Avdol intercambió una fugaz mirada con su amigo, iba a ser complicado rescatar a esa persona, el más indicado para eso era Joseph y no estaba en condiciones para ello. El egipcio gruñó irritado.
Habían subestimado a esa mujer y esta había conseguido ponerlos contra las cuerdas de una forma casi insultante.
Joseph observaba sus alrededores pensativo, en esas circunstancias, lo mejor que podía intentar hacer era utilizar el poder de ese Stand a su favor. Se fijó en los coches y tuvo una idea, quizá pudiera utilizar eso, pero el problema radicaba en la rehén. Si dejaba que eso pasase según su plan, ella también sería aplastada.
Gruñó, les tenía bien pillados, aunque, por el momento parecía estar limitándose a utilizarla como escudo. Si tan sólo Kakyoin estuviera ahí para ayudarles...
Jotaro miraba de reojo a Polnareff y a Kakyoin, por alguna razón que no acaba de entender, nada más salir del hotel, el niño le había pedido al francés que lo cogiera a caballito y el otro había aceptado encantado.
Desde entonces, el niño se dedicaba a mirar todo sentado a horcajadas en el cuello de Polnareff, quien le sujetaba ambas manos para que no se cayera. Jotaro esperaba que luego, una vez hubiera vuelto a la normalidad, Noriaki no recordase nada de eso. Le conocía lo suficiente como para saber que le iba a dar vergüenza, aunque, por otro lado, Polnareff parecía encantado de tener la oportunidad de volver a comportarse como un hermano mayor.
Aunque parecía completamente relajado, Jotaro se dio cuenta de que era sólo una fachada, en realidad, el francés estaba escaneando con la mirada a la gente, buscando sin duda al causante de todo.
Al menos tenían la ventaja de conocer el poder de su Stand y el aspecto de ese hombre. El problema era Kakyoin, si luchaban, dada su corta edad actual, le pondrían en peligro y Jotaro era lo último que deseaba en esos momentos.
-¡Ahí está!-gritó Polnareff cuando fue capaz de distinguirlo entre la multitud. El moreno miró en esa dirección y vio que el estrafalario individuo echaba a correr enseguida.
Jotaro se dispuso a correr hacia él, pero el francés le detuvo apoyando la mano en su hombro con firmeza-Ataque en pinza, ¿entendido, Jotaro?
Este dudó un momento y miró a Kakyoin, negó serio-Tú mejor quédate con Noriaki, yo me encargo.
El francés vaciló un momento y Jotaro aprovechó para retomar su carrera y dejó solo al otro, antes de que fuera capaz de protestar. El otro suspiró y bajó a Noriaki de sus hombros, entendía el razonamiento del joven, pero no le hacía la más mínima gracia quedarse sin hacer nada.
Y como se enterase el abuelo de Jotaro que había dejado a su nieto ir a una batalla solo...no, no podía hacerlo, pero por otro lado, Kakyoin no estaba en condiciones o eso parecía. Polnareff desconocía el dominio de su amigo sobre Hierophant Green a esa edad.
Jotaro corría deprisa por las calles, confiaba en el hecho de que el causante de todo no se hubiera alejado demasiado. Pensaba darle una buena paliza en cuanto lo tuviera a su alcance, ya se las apañaría para acercarse lo suficiente. Conocía su habilidad, sólo tenía que estar pendiente del suelo y conseguir saltar a tiempo. Nada demasiado complicado, se dijo el moreno.
Contaba con que no anduviera lejos, así que de momento estaba recorriendo las calles más cercanas, pero, aunque no quisiera reconocerlo, le preocupaba un detalle, su Stand era de corto alcance, el más indicado para combatir en esa situación hubiera sido Noriaki, mas en el estado que estaba, Jotaro no pensaba hacerle correr ese riesgo.
No sabía cuánto tiempo llevaba buscando por las calles, pero no estaba teniendo suerte, y comenzaba a perder aún más la paciencia. Existía otra posibilidad, esperaba equivocarse, pero era posible que su enemigo hubiera ido a por Polnareff y Noriaki.
Soltando una maldición entre dientes, echó a correr hacia la calle en la que se había separado de ellos, tenía que confirmar que se equivocaba y que ambos estaban perfectamente.
Llegar a la pequeña plazoleta donde se habían quedado esos dos no le llevó más que menos de diez minutos, aunque tuvo que pararse un momento a retomar el aliento. No debería haberse esforzado tanto, y lo sabía.
Escaneó la multitud con la mirada, tratando de localizar el inconfundible peinado del francés. No lo vio por ningún lado y, a falta de opciones, comenzó a buscar entre las personas. Encontrar a sus dos amigos le llevó unos pocos minutos, afortunadamente para él, no se trataba de un lugar demasiado grande.
Se acercó deprisa a ellos al darse cuenta de que el francés tenía a su Stand fuera y que delante de ellos estaba el hombre que les había atacado antes. Notó también que se mantenía fuera del rango de ataque de Chariot, haciendo inútil la presencia de este.
Se planteó realizar un ataque sorpresa, aunque no era su estilo atacar de esa manera, quizá fuera la única forma de conseguir acertar un golpe. Se fue acercando con el mayor sigilo posible y, cuando consideró que estaba lo suficientemente cerca como para poder parar el tiempo y pillar desprevenido al otro, lo hizo y le propinó con su Stand varios puñetazos.
Cuando el tiempo retomó su curso apenas dos segundos después, el hombre salió despedido hacia la derecha y se estampó contra el suelo. Jotaro, gracias a la aguda vista de su Stand, notó que llegaba a perder varios dientes en el proceso y que, posiblemente a causa del dolor, quedaba inconsciente.
La idea de la rehén estaba funcionando a las mil maravillas, pensó con evidente alivio Mariah. Ni Joseph ni Avdol se habían atrevido a atacarla, que era lo que la mujer había estado esperando.
Preparó más cuchillos para lanzar, pero antes de poder lanzarlos contra su objetivo, Polnareff apareció corriendo. Mariah apretó los dientes, ¡¿tenía que aparecer justo en ese momento?! Quedaba más que claro que Alessi había fallado, pensó cuando apenas unos segundos después aparecieron los otros dos.
Mariah valoró deprisa sus opciones, la situación se estaba volviendo en su contra demasiado deprisa. Aún tenía la opción de tirar contra ellos sus cuchillos, pero no le cabía la menor duda de que Silver Chariot los pararía sin esfuerzo.
Apretó el cuchillo contra el cuello de su víctima hasta que un hilo de sangre brotó y la otra mujer soltó un chillido de puro terror. Perfecto, eso enviaría un mensaje a los otros. Lo aprovecharía para una retirada estratégica. Era su mejor, por no decir única, forma de poder salir airosa de todo ese embrollo.
Sus posibilidades de ganar eran nulas pero tampoco era una opción viable huir, DIO no se lo tomaría bien y no le convenía en absoluto. No dispuso de más tiempo para pensar. Las hojas de los dos estoques de Silver Chariot se clavaron en su costado y pierna derecha. El cuchillo con el que mantenía cautiva a su rehén cayó al suelo y la otra mujer huyó de inmediato.
Mariah no fue capaz de mantener el equilibrio y terminó por caer al suelo. No se le escapaba el hecho de que Polnareff había evitado atravesar zonas vitales, pero, con esas heridas, no iba a llegar muy lejos.
Cuando Polnareff retiró su Stand, también desaparecieron las dos hojas del cuerpo de ella y la sangre comenzó a brotar con total libertad. Con cierto esfuerzo, la mujer se retiró la chaqueta y apretó ésta contra una de sus heridas a fin de reducir el sangrado. En esos momentos era lo mejor que podía hacer.
Oyó que uno de ellos se detenía a su lado. El francés la miraba algo preocupado y sin mediar palabra, sacó una tela de su mochila y le vendó la herida que había quedado al descubierto. Después, volvió con sus amigos y se marcharon sin más, dejándola allí sola.
Noriaki sonreía con cierto alivio, se alegraba de haberse librado ya del efecto de ese Stand, Jotaro y él se habían asegurado de que, al menos por unos meses, tuviera que estar incapacitado. Para entonces, ellos ya estarían muy lejos de Egipto.
Habían llegado a tiempo para ayudar a sus dos amigos, pero, al final, había sido Jean Pierre quien había puesto fin al combate.
Regresaron al hotel y se encargó de curar al abuelo de Jotaro y a Avdol mientras los otros dos fumaban en el balcón, para no molestarlos con el humo.
Dos enemigos menos, pensó entonces el joven, ya faltaba menos para enfrentarse a DIO. Estaba nervioso y, al mismo tiempo, ansioso de que llegase ese momento.
-Gracias, Kakyoin-dijeron los dos hombres cuando terminó de sanar sus heridas. No pensaban quedarse más tiempo en ese lugar, su siguiente parada sería, por fin, El Cairo.
Habían pasado por muchas experiencias juntos y todavía le costaba hacerse a la idea de que su travesía estuviera llegando a su fin. No dudaba de que lo que estaba viviendo ahora mismo jamás lo iba a poder olvidar y que los lazos de amistad que le unían a esos cuatro tampoco se desvanecerían. Noriaki se aferraba con fuerza a esa creencia, no quería pensar, ni por un segundo, lo contrario.
¡Nos vemos en el siguiente capítulo! ¡Hasta la próxima!
