Bueno, aquí os traigo por fin el décimo quinto capítulo de este fanfic. Espero que os guste mucho. Cualquier duda que tengáis no dudéis en dejar un comentario al respecto. Estaré encantada de saber que es lo que pensáis.
Disclaimer:Jojo's Bizarre Adventure no me pertenece.
Jotaro miraba callado desde la ventana la ciudad que se veía al fondo, habían cogido un autobús para llegar a El Cairo y, por fin, tras varias horas llegaban a su destino. Polnareff y Kakyoin dormían tranquilamente en sus asientos, pero Avdol y su abuelo debían compartir su nerviosismo e inquietud, pues miraban con preocupación por la ventana.
El moreno sabía que aún no habían terminado, que hubiesen llegado a su destino no significaba nada aún. Jotaro sabía a ciencia cierta que ahora tocaría la parte más difícil de toda la travesía.
Bajaron del autobús tras despertar a los otros dos y emprendieron la marcha, buscarían un hotel dónde poder hospedarse. Dado que Avdol era quién mejor conocía la ciudad, le dejaron a él la elección del lugar dónde estarían.
Mientras iban andando, el egipcio les explicaba ciertas costumbres del lugar. El más interesado en eso era Joseph, que de vez en cuando hacía preguntas a su amigo. Los otros, aunque atentos a la conversación, no intervenían.
-Y como aquí todo el mundo te puede robar, yo preferiría buscar lo mínimo por nuestra parte, e indicarle a alguien que conozca bien la ciudad que busque el edificio de DIO, diría que es bastante reconocible -explicó.
El anciano asintió, pensativo- Es buena idea, en verdad… en caso de que lo puedan matar, uno debería estar cerca de él en todo momento, aunque sin que él lo sepa, como espiándole.
El egipcio asintió- Estoy de acuerdo, podemos pedirle a la Speedwagon localizadores. Si pasa más de cinco minutos en un sitio, sabremos que es ahí- miró hacia los demás- ¿Os habéis enterado del plan?
Gruñendo, Jotaro asintió, mientras Noriaki les sonreía. Polnareff tardó un poco en responder, parecía estar dando vueltas a una cosa-¿Cuánto tiempo lleva DIO por aquí?-preguntó el francés entonces.
-Pues...no lo sé a ciencia cierta, mínimo, quizá, un año, ¿por qué?-preguntó Joseph, aún sin ver claro a dónde quería llegar el europeo.
-Como es un vampiro, necesitará alimentarse de gente-comenzó a explicar el francés-Podríamos intentar investigar sobre desapariciones de gente o muertes inexplicables.
-Tendremos que hacernos pasar por reporteros, será fácil -comentó Joseph- Aunque siempre podemos buscar periódicos viejos, o buscar en los nuevos y hacer un cuadrante en un mapa- explicó.
La idea del francés no había sido mala, desde luego era mejor que ir recorriendo la ciudad, El Cairo no era precisamente un lugar pequeño y buscar sin otra pista más que una foto les podía llevar días enteros. Así que harían eso, comprarían todo lo necesario para ello.
Jean miraba el mapa de la ciudad que habían comprado, se acercó y marcó una zona concreta, ahí era dónde él tuvo su primer encuentro con DIO, después Noriaki y Avdol hicieron lo mismo.
Joseph observó las zonas, los barrios en los que eso había ocurrido no estaban demasiado lejos entre sí, los tres estaban en una de las zonas más antiguas del Cairo, según les dijo el propio Avdol.
Jotaro llegó poco después, cargando con ayuda de su Stand bastantes periódicos. Los hombres suspiraron un poco al pensar en la pesada tarea que se les venía encima. Se repartieron el trabajo y comenzaron a revisar los distintos periódicos, al menos, para su suerte, estaban escritos en inglés.
En cuánto veían la noticia de alguna muerte o desaparición anotaban en el mapa dónde había tenido lugar. No les llevó demasiado tiempo encontrar un patrón, las que les interesaban ocurrían, como era de esperar, por la noche y siempre la víctima solía ser una mujer joven.
Cuando ya marcó Noriaki la localización de la vigésima desaparecida, se detuvieron un momento para observar el mapa.
-Creo que está bastante claro la zona donde está DIO-murmuró Joseph, serio. La idea de Polnareff les había ahorrado mucho tiempo, pero aún seguían teniendo un problema, no sabían qué poderes tenía su Stand y al anciano no le gustaba para nada eso, ir a una batalla sin saber del todo lo que puede hacer tu enemigo era como pedir ser asesinado.
Los otros hombres asintieron, también serios. Decidieron que lo más prudente sería investigar un poco la zona que habían conseguido delimitar. Por supuesto, irían de día y se asegurarían de tener tiempo suficiente como para marcharse antes del anochecer.
El joven japonés de pelo negro miró la hora, estar haciendo eso había consumido demasiado tiempo, lo mejor sería esperar al día siguiente para poder hacerlo bien.
-¿Vamos a cenar?-preguntó Jean cuando su estómago rugió, los otros rieron algo por eso, sintiéndose un poco más relajados.
-Un conocido mío tiene un restaurante, estará a unos diez minutos de aquí-comentó Avdol sonriendo un poco.
Cenaban con calma, satisfechos de tener un plan para encontrar el escondite de DIO, pero no estaban dispuestos a dormirse en los laureles por eso.
Iggy devoraba con ansia un bol de carne que uno de los camareros había dejado para él. Miró de reojo lo que los cinco humanos comían, por si había algo que le resultase más apetitoso. Aunque no tardó mucho en volver a centrarse en su comida, esos estúpidos humanos habían pedido una ensalada, algo, a ojos del perro, asqueroso, ¿quién podía disfrutar comiendo hierba?
Miró de reojo a los humanos, no le interesaba nada DIO, ese humano o lo que fuera, no ponía en riesgo el tipo de vida que deseaba llevar y ni siquiera había hecho amagado de suponer un peligro para su vida, así que tenía claro que no iba a participar. Si esos humanos querían ir a morir, adelante, pero que no contasen con él para eso.
Hasta el momento les había seguido el juego, pues no le había quedado otro remedio, pero ahora que, según había podido averiguar, estaban en el sitio dónde DIO se encontraba, pensaba desentenderse completamente.
Bostezó, quizá debería hacer una pequeña escapada para hacer un reconocimiento del terreno. En caso de no poder regresar a su hogar le tocaría hacerse un sitio ahí. No es que le fuera a costar demasiado volver a estar en la cúspide, pero no venía mal hacer un pequeño reconocimiento.
Se escabulló sin demasiados problemas y comenzó a recorrer las bulliciosas calles de esa ciudad. Iba siguiendo los olores que le llamaban la atención, de sitio en sitio, robando las comidas más apetitosas que veía, y, por supuesto, llevándoselas a un sitio recogido para comer ahí tranquilamente. No quería que esos humanos le molestasen en su momento de la comida. Se relamió, aunque no estaba del todo satisfecho con lo que había comido.
Iba andando, tranquilamente, por unas calles cercanas al río, preguntándose qué podía comer de postre, cuando vio un pajarraco por el cielo. Se estremeció por primera vez en su vida. Había algo en esa ave que no le gustaba y es que, desde donde estaba, era capaz de percibir el aura asesina que el otro animal desprendía. Le comenzó a ladrar por instinto, siempre que se ponía nervioso lo hacía, daba igual si era buena idea o no. Tenía que demostrar que no era buena idea meterse con él, defenderse.
Iggy tenía el pelo erizado, la cola tensa y le mostraba los dientes al posible adversario, asegurándose de no perderle de vista en ningún momento. Observó cómo el pájaro se posaba en un edificio cercano, pendiente de él, quizá analizando si el perro suponía alguna amenaza para él.
Así pasaron varios minutos, en lo que el perro se mantuvo alerta, esperando a que el ave le dejase en paz, cada segundo que pasaba se iba poniendo más tenso, pero se cuidó de no dejar que se diera cuenta de eso.
Pet Shop le observaba, parecía tener un aura similar a la suya, era claramente una amenaza. Tendría que acabar con ella, eventualmente, se acercara a la casa de su amo, o no. Aunque ir a por él ahora mismo no parecía demasiado divertido, y lo que deseaba era encontrar una presa que le diera algo más de trabajo. Había matado a otros que habían indagado de más, pero habían sido cosas rápidas y Pet Shop comenzaba a aburrirse. Así que, por el momento, se limitaría a observar a ese perro.
Remontó el vuelo y notó enseguida que el otro animal aprovechaba para salir corriendo y tratar de perderse entre la multitud. Aunque, con su vista no tardó demasiado en volver a localizarlo.
Después de haber cenado volvían con calma al hotel, aunque de vez en cuando miraban de reojo, comprobando que no eran seguidos por nadie, era una costumbre que habían cogido con el paso de los días.
No se dieron cuenta que, de uno de los pubs, salía un hombre bien trajeado, con un puro en la mano y una sonrisa de satisfacción, se acercó a ellos a paso ligero y no tardó demasiado tiempo en estar a su altura, momento en el que los cinco se detuvieron, habiendo reparado en su presencia.
-Buenas noches-saludó el hombre sonriendo ligeramente.-Turistas, ¿verdad?-preguntó, manteniendo esa sonrisa amable de antes.
Jotaro frunció algo el ceño, claramente molesto por la interrupción de ese hombre, y sin fiarse demasiado, podría tratarse perfectamente de un enemigo. Los demás debían estar pensando también eso.
-No hace falta, gracias- comentó Joseph, sonriendo- Pase buen día, caballero- sin embargo, el extraño negó.
-Bueno, si quieren ser atracados… -murmuró-Os iba a guiar a un sitio de ambiente bastante bueno, ya sabéis, con señoritas y demás…
Jotaro y Noriaki parecieron bastante incómodos ante esa insinuación por parte del otro.
-No nos interesa-dijo Joseph tratando de apartar al otro de su camino para poder seguir avanzando hacia el hotel-Tenemos prisa.
-¿Y si os digo que hoy vendrá a ese sitio una de las grandes cantantes de moda en Nueva York? -les dijo-Se llama Heidi Mcloud, ¿la conocen?
Polnareff y Avdol negaron enseguida, era la primera vez que escuchaban ese nombre y tampoco parecía sonarle demasiado a los dos chicos japoneses, pero Joseph parecía, de golpe, bastante interesado en el tema. Su esposa era una gran aficionada a las canciones de esa mujer y había terminado por acompañarla a varios conciertos.
-No sabía que actuase en sitios así-comentó el anciano, curioso por eso, aunque a decir verdad había escuchado rumores de que esa mujer estaba planeando realizar una gira por ese país, quizá no fuera algo tan descabellado.
Su interés debió reflejarse en su rostro pues el otro hombre sonrió, claramente complacido.
-Se trata del primer concierto de su gira-explicó-Lamento no haberme presentado, me llamo Daniel D'Arby.-se presentó con una ligera sonrisa y un brillo de diversión en la mirada.
Los otros se miraron y procedieron a hacer lo mismo
-¿Cuánto cuesta entrar?-preguntó Joseph entonces, interesado en el asunto.
Siguieron al hombre hasta lo que parecía ser un teatro, Avdol fruncía algo el ceño mientras miraba a su alrededor, creía conocer bastante bien ciertas zonas de la ciudad y no recordaba la existencia de ese sitio.
Noriaki observaba las enormes paredes blancas del edificio, era un lugar que mezclaba a la perfección un aire antiguo con las modernidades de la época en la que estaban, creando un ambiente curioso.
Joseph se detuvo unos segundos a observar los distintos carteles que anunciaban el concierto que tendría lugar en menos de media hora.
-Hemos tenido suerte de que sobrasen las entradas justas-comentó mirando a Jotaro con una sonrisa.
El hombre les llevó hasta una amplia sala, repleta ya de gente y avanzaron hasta casi el medio de la estancia y se sentaron.
Poco rato después las luces se apagaron.
-¿Por dónde dices que saldrá la señorita?-preguntó D'Arby a Polnareff.
El francés le miró curioso y se encogió de hombros.
-¿Por qué no apostamos sobre eso?-insistió el otro hombre-Yo digo que saldrá por la izquierda.
-Pues entonces, por la derecha entonces-dijo Jean.-¿Qué apostamos?
D'Arby sonrió un poco, lo tenía en el bote ya.- -Podemos apostar… 20 libras egipcias te parece bien?
Dándose la mano en señal afirmativa, esperaron a ver qué pasaba, expectantes con aquello, querían saber qué iba a suceder. En ese momento, la señorita pasó por la derecha, y Polnareff sonrió, dando un suave golpecito en la mesa, y reclamando su premio.
D'arby le dio el billete, y entonces le miró con una suave sonrisilla- Eres un gran apostador, señor Polnareff, ¿le gustaría seguir probando?
El otro, presa de su reciente éxito, asintió un poco, mientras los demás se miraban. Decidieron jugar a algo sencillo y entretenido, el Blackjack. Era sencillo, ganaba aquel que consiguiera, o se acercara lo más posible, sin pasarse, a 21. Y dependía mucho de la suerte, o eso les haría creer D'arby, que fue el que puso una tablilla para ello.
-¿Te parece subir un poco más?- preguntó, mientras Jotaro repartía una carta a cada uno, pues no quería que hubiera problema alguno.
-100 me parece un buen número- el suave sonido de la música ya empezando era relajante, y empezaron a sacar cartas cada uno, esperando la buena fortuna.
Esa mano también la ganó Polnareff, y sus compañeros sonrieron un poco, mientras el otro, con una sonrisa,le entregaba su premio nuevamente. Se fueron animando mientras la música iba poco a poco en aumento, sólo Joseph estaba más atento a la cantante, mientras escuchaba las melodías de su juventud contento. Pero había algo que no le acababa de cuadrar, pero le restó importancia.
-¡Volví a ganar!- musitó Pol, mientras Noriaki ya le abrazaba, pensando en los mangas que iba a comprarse con ese dinero, con un Jotaro bastante ilusionado por su amigo, aunque no lo demostrase. Sin embargo, esa suerte duraría poco.
-Por cierto, creo que es hora de pasar a mayores- comentó D'Arby, complacido por el rumbo que tomaba todo- El dinero es bastante banal y vulgar, ¿no creen ustedes?
-No tengo nada más con lo que apostar… -reconoció el otro, pensativo.
-¿Qué dirías que es lo más valioso para ti, chico?- sabía la respuesta, pero no quería nombrar a los Stand, sería demasiado evidente.
-Pues… hay una cosa, pero…- los otros dos le miraron, algo nerviosos, pero el otro le restó importancia con un gesto.
-Podemos apostar sólo una parte- comentó, sonriendo- Por ejemplo…. una octava parte, ¿te parece?
Sin esperar a que ninguno de los otros dos dijera nada, Polnareff tomó la mano del otro sin pensárselo dos veces, y procedieron a la enésima ronda. Volvieron a darles una carta, y Polnareff, confiado, pidió una segunda. Era un 12, mal se tendría que dar, y… se puso nervioso cuando le salió un 10. Mierda, esperaba que el otro también se hubiera pasado…
-Pues tengo Blackjack, qué suerte la mía- comentó D'Arby, sonriendo.
El color se fue ligeramente del rostro de Polnareff, mientras los otros dos se miraron nerviosos. Había apostado una parte de su Stand, pero, por ahora parecía bien. Lejos de parar, el francés quería más, no sólo recuperar lo perdido, también ganar lo que quiera que tuviera el otro, pues sintió una ligera esencia en el otro, y, aunque no fuera un Stand sino otra energía mágica, seguro que potenciaría el suyo.
-Otra vez, esta vez, un cuarto, ¿te parece?- y se dieron la mano sin más, ante la atónita mirada de Jotaro- Tranquilos, sé lo que hago, la mala suerte no podrá esta vez conmigo…
Volvieron a jugar, y, otra vez, Polnareff se pasó de la raya, esa vez, por bastante. D'arby, por contra, se quedó en un suave 17, no debió pedir ese último 8…
-Bueno, ¿quieres seguir, mu…?
-¡Por supuesto!- ni se daba cuenta de que su piel se iba ensombreciendo, y su brazo se volvía poco a poco más frío con el pasar de las apuestas.
Y, apuesta tras apuesta,parecía que sus síntomas iban a peor, y los otros dos no comprendían qué estaba pasando. Jotaro no se podía creer la mala suerte de su amigo, a quien, para ese momento, sólo le quedaba un 5% de su Stand. Estaba algo calaverico, totalmente frío tanto de personalidad como de tacto, pero seguía teniendo esas ganas luchadoras que tanto le caracterizaban.
-Diría que esta es la última que puedes hacer, ¿quieres seguir?
-¿Qué otra opción le queda?- murmuró Noriaki, serio. D'Arby sonrió, aún no parecían sospechar, y aunque parecían querer que el francés parara, mientras Polnareff no dijera nada, no se podían meter en aquello. Jotaro, por contra, tenía otra idea al respecto.
-Bueno, pues allá vamos…
Repitieron el proceso una vez más. Polnareff temblaba y sudaba algo en frío, debía ganar de alguna forma, pensó, pero no parecía tener más suerte que esa, por algún motivo desconocido. Jotaro se fijó en las manos de D'arby usando su Stand mientras pedía y mostraba cartas, hasta que logró de nuevo un Blackjack, momento en que los remanentes del alma de Polnareff se disolvían y pasaban al otro, que sonreía un poco, dejando al francés estático por unos instantes.
-Diría que a partir de ahora será un cuerpo errante, sin espíritu que lo anime, sólo comiendo, bebiendo, cagando y respirando… pobre.
-Noriaki, apártate- ordenó Jotaro, levantándose y pasando al asiento al lado del otro, mientras el chico se colocaba como podía. Joseph sólo se giró un poco y siguió disfrutando de la música junto a Avdol, que ni se enteraban de lo que pasaba, aunque al primero aún algo le incomodaba.
El pelirrojo miró con preocupación a su amigo, Polnareff tenía la mirada vidriosa y parecía no darse cuenta de dónde estaba. No era normal, ahí definitivamente estaba sucediendo algo extraño, se dijo el joven japonés. Quería hacer algo más que mirar y ayudar, así que, lo único que se le ocurrió fue tratar de llamar la atención de los otros dos.
-Señor Joestar- llamó a Joseph, intranquilo, pero el anciano no pareció oírle. Disfrutaba demasiado de la música, a decir verdad. Cosa que comenzaba a resultar sospechosa a Noriaki, no era normal desentenderse tanto de lo que estaba ocurriendo a su alrededor y el pelirrojo comenzó a pensar, intranquilo, una forma más eficaz de desviar la atención de esos dos de la música.
Usando su Hierophant, les dio unos golpecitos en el hombro para que se girarán y contemplaran a Jotaro. Pero tampoco funcionó, pues volvieron a mirar a la cantante casi enseguida.
Noriaki se mordió un poco el labio, ¿sería aquello cosa de algún Stand? y, si era así, ¿dónde estaba? No pudo seguir, pues D'Arby le llamó la atención.
-¿Qué quieres?-preguntó el japonés, de mal humor, tratando de esconder la preocupación que sentía.
-¿Echamos una partida, chico?- le preguntó, divertido. Noriaki dirigió la mirada, al momento, hacia Jotaro, y comprobó que estaba en el mismo estado que el francés.
No podía ser aquello, pensó, nervioso. Había dejado fuera de combate a dos miembros del equipo y sin sudar lo más mínimo, a ese paso, si seguía así… Tenía que hacer que los otros dos se enteraran de la situación, pero no sabía el cómo exactamente.
Miró deprisa a su alrededor, pensando qué hacer, no tenía tiempo para pensar con detenimiento qué hacer, así que, siguiendo una intuición, hizo que su Stand disparase a la cantante, quizá el Stand afectase a la voz de la mujer o algo, pensó el chico. Joseph se giró en el acto, escandalizado, y le iba a echar una buena bronca cuando Avdol le detuvo.
-¡Mire, señor Joestar!- le dijo, nervioso. El egipcio, al girarse, se había percatado del estado de los otros dos. El anciano miró en la dirección que señalaba el dedo de su amigo y reparó en el estado de su nieto y del francés.
-Entiendo… ¿quién eres?- preguntó,mirando a D'Arby, serio.
-¿Quién crees que soy?-quiso saber el hombre, divertido mientras sonreía mirando al anciano.
-Un enemigo. Pero quiero saber tu nombre antes- respondió-No me gusta pelear contra alguien sin saber a quién me enfrento.
-Me llamo D'Arby, el apostador- explicó. Joseph asintió, serio y procedió a quitarse los guantes. Pensaba vencer a ese hombre en su propio terreno.
-¿Y a qué juegas, D'Arby?- preguntó, curioso.
-¿A qué le apetece jugar, míster Joestar?-respondió el castaño haciendo otra pregunta. Sus gestos y la relajación que mostraba indicaban la confianza que sentía en esos momentos.
-Estábamos, hasta ahora, con BlackJack- intervino Noriaki- Pero es muy bueno, señor Joestar- le advirtió. Joseph asintió, serio, lo suyo sería jugar a eso, pero prefería llevarle a su terreno, a un juego que se le diera mejor.
-Podemos probar a jugar al Continental, si lo prefieres y cuentas con las cartas apropiadas- explicó- ¿Sabes cómo funciona?
-De sobra-dijo D'Arby, contento y sacó de su bolsillo tres paquetes de cartas con los sellos intactos-Pero creo que con dos es un poco aburrido, ¿os animáis, caballeros?-preguntó dirigiendo su mirada hacia Noriaki y Avdol.
Estos no tenían ni idea, pero si les necesitaban, lo harían. Se colocaron mejor para ello, ya con la trampa desmontada no era necesario seguir con la farsa.
Mientras se barajaban las cartas y se preparaba todo, Joseph explicó de forma resumida las reglas y el objetivo del juego. No parecía ser demasiado complicado, pensó con cierto alivio Avdol. Pero necesitarían suerte, eso sí, y por ahora, al otro le había sobrado. Eso o una buena estrategia para ganar, aunque no le hiciera gracia, tener que recurrir a las trampas, esa parecía ser la única salida.
Joseph parecía sereno mientras repartía las cartas, sin embargo. Concentrado en repartir las cartas necesarias para la primera ronda. Noriaki observó las siete cartas que tenía y valoró sus opciones. No tenía nada destacable, por desgracia. Y tenía que hacer dos tríos, así se ganaría esa ronda, y a más rondas pasaran, más se complicaría. Trató de, por el momento, centrarse en sus cartas, tenía que tratar de conseguir algo mejor y deprisa.
Fueron pasando las rondas, mientras se acostumbraba al juego. No le iba mal, pero los que llevaban la voz cantante eran el sr. Joestar y D'Arby. Eran demasiado buenos, y estaban apostando. Y habían ido de lleno a los Stand directamente, sin pasar por dinero antes. Y tanto a Avdol como a él les estaba costando seguirles el ritmo. Al pelirrojo cada ronda se le hacía eterna.
-Bajo una escalera y otro trío más- dijo Joseph, colocando la carta que le quedaba en el monto de descartes.
-Debo decir que es usted un jugador excepcional-le halagó D'Arby-Hacía tiempo que no me entretenía tanto jugando.
-Lo mismo digo-comentó Joseph, mientras se retiraba el sombrero y lo dejaba en la mesa.
Aquella sería la última ronda de ese juego. Tenía que bajar cada uno tres escaleras, así que resultaría complicado que pudieran ganar. Todo dependía del anciano, pues esa ronda serviría también para desempatar.
Si ganaban, recuperarían las almas de los otros dos, y D'Arby daría la suya. De perder, perderían sus tres almas, así que era una apuesta justa y equilibrada. Estaba nervioso, se lo estaban jugando todo, si perdían sería el fin. No comprendía cómo los otros dos podían estar tan tranquilos en esa situación. Pues hablaban entre ellos como si nada.
Noriaki miró las trece cartas que tenía ahora. Bueno, al menos esa vez tendría algo por dónde tirar, pensó, con alivio el joven. No para ganar, pero sí podría defenderse algo, esperaba que los otros dos hubieran tenido la misma o mejor suerte que él.
Miró de reojo a Jotaro y a Jean, sólo tenían que ganar esa ronda para salvarlos. Pensaba dar el máximo.
D'Arby logró hacer pronto una escalera, aunque Joseph le imitó poco después. Noriaki suspiró, los juegos de cartas no eran lo suyo, él prefería, sin lugar a dudas, los videojuegos. Depender tanto del azar no le hacía la más mínima gracia. Y lo único que podía hacer era desear que todo eso acabase pronto.
Sólo se permitió respirar con más tranquilidad cuando el anciano logró formar su segunda escalera. Comenzaba a creer que podrían salir victoriosos de aquello. Tenían la victoria al alcance de la mano, pensó, con alegría, el muchacho.
-Antes de poner fin a esto-dijo Joseph tras robar una carta-Me gustaría hacerle una pregunta, D'Arby.
El hombre sonrió y asintió-¿De qué se trata?
-¿Cuál es el poder del Stand de DIO?-quiso saber Joseph, serio, mientras clavaba la mirada en su adversario, quién se limitó a reír un poco.
-Me temo que no puedo facilitarle esa información, míster Joestar-contestó, sin apenas inmutarse.
-Ya veo…-Joseph suspiró, estaba claro que no iba a cantar al respecto-Debo reconocer que ha sido un oponente formidable-comentó mientras se descartaba, por fin, de la última escalera necesaria para ganar la ronda.
Jotaro se levantó callado de la silla, le molestaba algo la cabeza, pero antes de poder preguntar qué había ocurrido, reparó en D'Arby. Tenía la mirada perdida y no parecía prestar atención a su alrededor. Comprendiendo enseguida lo que había sucedido, se giró y buscó con la mirada al francés, para comprobar que él estuviera bien.
Suspiró cuando vio que, con ayuda de Avdol, se estaba incorporando. Se acercó a su abuelo, entonces.
-¿Habéis logrado sonsacarle algo?-preguntó y el anciano negó al momento.
-No, nada-reconoció Joseph-Estamos como al principio.
¡Nos vemos en el siguiente capítulo! ¡Hasta la próxima!
