Bueno, aquí os traigo por fin el décimo sexto capítulo de este fanfic. Espero que os guste mucho. Cualquier duda que tengáis no dudéis en dejar un comentario al respecto. Estaré encantada de saber que es lo que pensáis.
Disclaimer:Jojo's Bizarre Adventure no me pertenece.
DIO entró sonriendo en la habitación, cada vez estaba más cerca de conseguir lo que buscaba, a ese ritmo, Jonathan tendría cuerpo en unos días. Se acercó a la zona donde tenía guardada.
Retiró la tela que cubría el recipiente donde estaba y la observó por unos segundos.
-En breve te conseguiré un cuerpo-dijo el vampiro mientras apoyaba una mano ahí, sobre el cristal. Estaba convencido de aquello, no se permitiría fallar, no cuando tenía todo tan al alcance de la mano.
Volvió a colocar la tela en su sitio y se apartó, tenía sed, así que saldría un rato a alimentarse. Se relamió algo el labio superior al pensar en aquello y salió del cuarto.
Anduvo deprisa hasta la salida de su mansión, estaba tranquilo, sabía, gracias a sus sirvientes en qué hotel se hospedaban sus enemigos. Podría ir a por ellos, pero hacer eso quitaría toda la diversión al asunto y a él, a DIO, no le importaba tener que esperar, es más, prefería que fuesen ellos los que le encontrasen.
Así, al amparo de la noche, la esbelta y alta figura del vampiro se esfumó entre las calles de la ciudad egipcia.
Iggy jadeaba, se había escondido donde había podido, pero, al menos, ya era de noche. No había sido una tarea sencilla aquella, el ave había sido tenaz y, aunque no estaba seguro del todo, había estado a punto de encontrarle varias veces.
Trataba de recuperar el aliento, había estado corriendo sin parar. Y no se atrevía a salir, ese pajarraco podía seguir aún ahí fuera, acechando. Él sólo había querido vivir en paz, pero no, esos humanos tenían que ir, sacarle de su entorno y llevarlo ahí.
Ahora se veía envuelto en todo y, por la situación, parecía que su única salida era plantar cara a su enemigo. No se planteó por un segundo la idea de rendirse, simplemente no iba con él hacer algo así de cobarde.
Salió de su escondite en ese momento, estaba tieso y alerta al más mínimo ruido que pudiera producirse. Olfateó un poco y miró por los alrededores, pero no había ni rastro del otro animal. Observó el cielo, pero no vio ni rastro del ave, ni captó el sonido de sus alas. Era evidente que se había marchado.
Dado ese panorama, Iggy se planteó deprisa qué hacer, lo más sensato era regresar con esos humanos y dejar que fuesen ellos los que se enfrentasen al pájaro. Podía incluso guiarles hasta dónde el ave se encontraba, total, lo único que haría sería adelantar lo inevitable, que era que esos cinco murieran.
Bostezó un poco y, con esa idea en su mente, emprendió el camino de regreso al edificio dónde se estaban quedando.
Deshacer el camino andado no supuso una dificultad real para el animal, pero antes de llegar al sitio, les vio saliendo de un lugar abandonado. Gruñó un poco, eran demasiado raros, pero bueno, mejor, así había tenido que andar menos.
Se acercó al que había sido responsable de su presencia ahí y le mordió la pernera derecha del pantalón mientras tiraba un poco, para indicarle que quería que le siguieran.
Los hombres repararon entonces en él y tras intercambiar varias miradas ante la insistencia que estaba mostrando el animal, le siguieron.
Iggy se limitó a llevarles al primer sitio dónde se había topado con el ave, con suerte aún estaría por ahí. En caso de que no estuviera habría hecho andar a los otros para nada, pero no le importaba demasiado aquello. Se lo merecían.
Sonrió un poco internamente al ver que sí estaba, se encontraba posada encima de los muros de una de las casas de humanos que había a su derecha. Y, para mejorar todo, ya les había visto, notó Iggy al ver que tenía la mirada clavada en su grupo.
Joseph se detuvo de golpe al notar que el ambiente se había tornado asfixiante y, de forma sutil, notaba peligro. Se le había puesto la piel de gallina y temblaba ligeramente. Examinó los alrededores, tenso y bastante nervioso.
Sus ojos se detuvieron en la mansión que estaba a unos metros más adelante de dónde se encontraban. Al mirarla fijamente la sensación que había anidado en su cuerpo se intensificó, no había duda alguna ya. Esa era la mansión en la que DIO se estaba escondiendo.
Por fin, su viaje, todas las dificultades que habían atravesado, llegarían a su final. Tenía que avisar a los demás, lo más pronto posible, para poder enfrentarse finalmente con su enemigo. Se quedó con la dirección, la apuntaría en un mapa para saber bien cómo llegar la próxima vez y trazar un plan de entrada. De hecho, seguiría el muro que separaba la calle del interior, quería saber su tamaño, y, sobre todo, puntos de entrada y salida no sólo de personas, también de luz. Siendo un vampiro, les interesaba hacerse una idea de por dónde podía entrar la luz en caso de necesitarlo cuando atacaran, y por si había que salir corriendo si la batalla salía mal.
-Sin duda es un lugar enorme -comentó Avdol, serio-¿Crees que tengamos que esperar a la mañana, señor Joestar?
Este asintió- Sin duda, siendo un vampiro ahora será más activo que nunca, esperaremos a la primera luz de la mañana para actuar, es lo más inteligente- comentó.
No se dieron cuenta de que eran observados. Pet-shop se acicalaba las plumas de las alas usando el pico, había visto huir a aquel perro sarnoso según los humanos llegaron hasta la mansión, estos debían ser los enemigos de DIO. Se preparó para atacar, expandió las alas, y voló a toda velocidad hacia ellos, lanzándose desde una altura considerable, aprovechando una estructura muy alta cercana. Fue tarde cuando ellos vieron al animal, pico abierto ya, lanzando una gran roca de hielo hacia ellos. La esquivaron como pudieron, teniendo Noriaki que apartar de un tirón a Polnareff, acabando todos en el suelo. Sabiendo que eran atacados, usaron sus Stand para comenzar el ataque.
Al ser un halcón su enemigo, Jotaro era totalmente inútil salvo para golpear los enormes hielos con el puño de Star, así como Polnareff, que usaría su estoque para cortarlos. Eso dejaba a los otros tres como únicos que podrían atacar, y usarían un plan sencillo ideado por el señor Joestar:
-Noriaki, usa tu Stand para cerrar el área por el que pueda volar ese pajarraco por tu derecha, yo lo haré con la izquierda, montaremos un domo para que su ventaja desaparezca- miró entonces a Avdol- Monta un infierno de llamas y calor, muchacho, sin miedo, ¡a por ese puto pájaro!
Y así hicieron. Hierophant se extendió por su lado como si fuera una enorme serpiente verde, listo para lanzar sus esmeraldas en cuanto su dueño se lo indicara. Las lianas de Joseph crecieron por entre los edificios y objetos, como si fueran árboles, e impidiendo el paso de un Pet Shop que se iba agobiando poco a poco. Por muchos hielos que lanzara aquellas paredes no cesaban de crecer en ningún momento, llegando a cerrarse en un punto dado, obligándole a volar demasiado bajo para su gusto… hasta que llegó el fuego.
Enormes llamaradas, provenientes de Avdol, iban y venían por todas partes, era demasiado para el animal, que era acosado cada vez que se posaba, o al menos lo intentaba, en el poco hueco libre que quedaba. Iba soltando gruñidos y chillidos de cabreo y nerviosismo, más según aquello se iba estrechando lenta pero inexorablemente, hasta que apenas podía moverse unos tres metros. Para ese punto, había ido a por los rostros y ojos de ellos, ni usando sus poderes, momento en que fue enganchado por Star Platinum por las alas, apretando con la bastante fuerza para romperlas, haciendo que el animal soltara un quejido de dolor bastante fuerte.
El animal se intentó revolver en ese momento, con la suficiente violencia como para que Jotaro se viera obligado a soltarlo, pues recibió un fuerte picotazo en la mano. Iba a huir, cuando Polnareff le atravesó por la espalda, como si fuera una res,con uno de los estoques de su Stand. Pet Shop cayó muerto con ese último golpe, por respeto lo tirarían al río en cuanto todo eso terminara. Según Avdol eso era lo más sensato.
Y sin embargo, la noche no había hecho más que comenzar, pues todo ese escándalo había atraído la atención de la gente de la mansión. Un hombre apareció en la puerta, vestido con un buen traje blanco, bien repeinado y lustrado, y que se les hacía demasiado familiar para su gusto. Sonrió al verles y se acercó a ellos.
-Bienvenidos, caballeros-saludó-Les estábamos esperando, permítanme que me presente, me llamo Terence D'Arby. Es un placer poder conocerlos por fin. Si es tan amable, sr. Kujo, le llevaré a los aposentos de mi señor. Le está esperando con impaciencia.
Jotaro frunció el ceño al escuchar eso e hizo que su Stand volviera a aparecer, estaba dispuesto a darle un golpe a ese hombre, pero su abuelo no le dejó.
-Llévanos ante DIO-dijo el anciano, serio. Aunque prefería marcharse y regresar al amanecer dudaba mucho que, en esas circunstancias fueran a tener opción a hacer aquello. Estaban en desventaja y lo sabía, necesitaban elaborar un nuevo plan sobre la marcha.
-Temo que mi señor sólo tiene intención de hablar con su nieto-le cortó enseguida el hombre.
Un agujero se abrió entonces en el suelo, justo en la zona en la que se encontraban todos menos Jotaro, quién, lo más deprisa que pudo, hizo que su Stand agarrase el brazo más cercano y tirase en su dirección, logrando así salvar a uno de ellos. Se giró para ver a quién había conseguido rescatar y vio que se trataba de Polnareff.
Miró a D'Arby pero el hombre, al igual que el resto de sus amigos, había desaparecido también, dejando solos a Jotaro y a Jean. Se miraron, preocupados, y entonces repararon en la presencia del perro, quién se había apartado para evitar así ser víctima del Stand enemigo.
No tenían más opción que seguir avanzando, quedarse a esperar al resto parecía ser una buena idea, pero quizá hubiera más enemigos dentro, podían al menos encargarse de ellos o tratar de averiguar dónde se estaba escondiendo DIO. Así que siguieron adelante por el pasillo, preguntándose qué iba a pasar.
Oían de fondo alguna risa y chillido, lo cual les preocupó, pero poco o nada podían hacer dada la circunstancia, más que avanzar, hasta que llegaron a una sala algo más grande, con algunas tinajas en un lateral. Iggy, que había ido con ellos por inercia, se les acercó bastante seguro, hasta que se quedó parado de golpe, y empezó a ladrarle al aire sin motivo aparente. De la nada, el mismo vórtice de antes estuvo a punto de engullirle, pero el animal dio un rápido salto, evitándolo.
Corrieron los otros dos hasta Iggy, que huyó por el pasillo, aunque no pudo ir demasiado lejos pues fue cortado a la mitad por un segundo agujero en el aire, que desapareció según sucedió aquello.
-Mierda…- murmuró Jotaro, colocándose espalda con espalda con Jean Pierre, ambos con sus Stand listos.
-¡No podréis conmigo, humanos!-oyeron gritar-¡Esta será tu tumba, Polnareff!, ¡muere!
Y llegó un rayo de energía rojo de la nada. Este iba directo a la cabeza del francés, pero lo pudo esquivar por muy poco.
-Aquí estamos en desventaja, hay que ir a un corredor o nos matará…- murmuró el francés, buscando una salida.
Fueron a la más cercana, a su izquierda, y llegaron hasta un corto pasillo. Antes de que pudiera pasarles nada, Jotaro derribó uno de los lados, cortando el paso, y haciendo que sólo se pudiera ir de frente. Cuando se giró escuchó el quejido lastimero de su amigo, que tenía una gran herida en el hombro y muslo, que sangraba con bastante seriedad al faltar esas partes con un corte limpio. No dispuesto a dejarle matar a Polnareff, el otro se interpuso delante, no entendía nada de este Stand enemigo. Fue en ese momento que apareció su enemigo, un hombre de cabello largo, semi desnudo, y pinta de loco.
-Vanilla Ice- dijo este, simplemente-Ese es el nombre de aquel que te matará, Polnareff- y desapareció de la nada.
Sabiendo qué pasaría, Jotaro separó a su amigo del otro lado, justo en el momento en que el otro atacó, cambiando el rumbo del vórtice creado, y esquivando por poco al chico, que no comprendía nada. Sin embargo, el fuerte puñetazo directo a la sien sí que lo entendió, cayendo al suelo noqueado. Polnareff, como pudo, dio unos pasos atrás, con sus heridas chorreando e incapaz de defenderse.
-¿Unas últimas palabras, chico?- preguntó, y sonrió divertido cuando vio al Stand del otro aparecer.
Su única oportunidad, y la pensaba aprovechar al máximo. Lanzó su estoque directamente a uno de los ojos de Vanilla Ice, que le creía derrotado,y no llegó a esquivar el arma, para, instantes después Polnareff, recuperar el filo con su mano desnuda y hacer lo mismo en el otro ojo, haciendo chillar a Vanilla Ice del dolor.
Jean Pierre se dio cuenta de que se estaba recuperando, así que no podía perder ni un instante, y procedió a clavar de nuevo su estoque en el Stand del otro, que había aparecido igualmente. Este lanzó un vórtice directo a uno de los brazos del otro, que tuvo el tiempo justo, antes de acabar cercenado, de clavar en todo el cráneo enemigo su filo, desapareciendo en el acto, y cayendo Vanilla Ice al suelo, con la mirada perdida, y, esperaba, inerte.
No estando en una situación mucho mejor, Polnareff se limitó a dejarse caer en una pared, moribundo, esperando que, con su sacrificio, al menos haber matado a algún enemigo, qué menos, pensó, después de perder un brazo, casi una pierna, y parte de su hombro. Su vista se nubló, y, a partir de ese punto, todo para él se volvió negro.
Jotaro se levantó un rato después, la cabeza le daba vueltas y le costó mantener el equilibrio, pero al final, con algo de ayuda de su Stand, fue capaz de mantenerse en pie. Examinó deprisa sus alrededores, recordando lo que había ocurrido cuando había perdido el conocimiento, buscó con la mirada a Polnareff o al enemigo, esperaba que no se hubieran ido demasiado lejos.
Reparó entonces en la figura que estaba tirada en medio del pasillo, reconoció enseguida a su enemigo. Podía escuchar cómo se quejaba y fue cuando notó que no tenía ojos, bueno, algo de estos le quedaba, pero habían sido atravesados por algo y eran apenas reconocibles.
Debía ser cosa de Polnareff, comprendió Jotaro enseguida, aunque no era algo fácil de deducir. Fue en ese momento cuando sus ojos se detuvieron en un rastro de sangre, temiendo lo peor, lo siguió y este le condujo hasta un inconsciente Jean Pierre.
Se acercó corriendo a él, dándose cuenta del mal estado en el que su amigo se encontraba. Le faltaba el brazo derecho, el hombro izquierdo y parte de su muslo derecho. Lo primero que hizo fue tratar de buscarle pulso.
-Por favor, no estés muerto-susurró Jotaro mientras trataba desesperadamente de encontrar cualquier signo de vida en su amigo.
Se relajó algo cuando consiguió notar los débiles latidos de su corazón, sabiendo eso quedaba hacerse cargo del problema y es que, las heridas abiertas del francés seguían sangrando profusamente.
Había que vendar aquellas heridas de inmediato, pero no tenía nada para hacer aquello, y si no hacía algo para detener el sangrado sería cuestión de minutos que su amigo muriera. No sabía qué hacer, quería salvarlo pero no era capaz de pensar con claridad cómo hacer tal cosa.
En ese momento alguien le apartó de golpe y ocupó el sitio en el que él había estado. Desorientado por ese súbito empujón, miró a los recién llegados, pero su cerebro estaba como adormecido y aún no era capaz de comprender al completo lo que estaba ocurriendo.
Notó dolor en la mejilla y se llevó la mano allí, fue entonces cuando recuperó parte de su raciocinio y reconoció a los que habían llegado. No pudo evitar suspirar de alivio al ver a su abuelo y a sus dos amigos, pero, recordar el estado en el que estaba Polnareff puso rápido un final a ese alivio.
Avdol se encontraba examinando al francés, comprobando la gravedad de las heridas, podría sobrevivir, pero solo si le sacaban de allí ya. Joseph observó a Vanilla Ice, unos metros más adelante, estaba medio muerto, pero él le remataría con su Hamon, pues había notado que, lentamente, las heridas que tenía en el cráneo comenzaban a cicatrizar. Según se acercó lo aplicó, mientras el fuerte olor a la carne quemada de Polnareff inundaba el ambiente, así como sus chillidos, que resonaron por todas partes, poniendo nervioso a Jotaro.
Avdol había tenido que quemar con su Stand la carne de las zonas heridas del francés, quién, de manera instintiva había hecho aparecer a Silver Chariot, obligando a Noriaki a sujetarlo para dar tiempo al egipcio a cauterizar correctamente las heridas.
-¿Ganásteis al otro D'Arby al final?- preguntó Jotaro, cuando los gritos del francés terminaron, y Noriaki suspiró.
-Fue… raro…- reconoció y comenzó a relatar lo que había ocurrido.
Habían acabado en una sala de recreativas, y el tal Terence estaba a los mandos de una. Se levantó, dejando el juego a un lado, y se les acercó, con una suave sonrisilla.
-¿Alguno de vosotros sabe jugar a videojuegos?- preguntó entonces, y sólo el pelirrojo levantó la mano-Tú serás mi rival, pues- dijo entonces.
-¿A qué?- preguntó el chico, mientras los otros dos observaban qué sucedía. No se fiaban de él, su hermano resultó ser demasiado peligroso.
-Jugaremos al total race 2, mi juego favorito- les mostró una de las recreativas- Apostaremos fuerte, nuestras almas, como con mi hermano. Pero yo no perderé- aseguró.
Antes de que ninguno de los adultos pudiera decir nada, Noriaki asintió, y se colocó a los mandos de uno de los volantes que el enorme aparato tenía incorporado, poniéndose D'Arby en el otro. El juego era de carreras, y sería al mejor de 5 vueltas a un circuito europeo, en teoría, y según Joseph, no había trampa ni cartón en esa ocasión, pues colocó su Stand disimuladamente en la máquina, para asegurarse de que el otro no era ningún tramposo, como el hermano. De todas formas, y por si acaso, se fijó en el modelo que seleccionó Noriaki, y lo potenció especialmente, tenían que ganar ya y no perder ni un instante.
-¿Preparado para morder el polvo, muchacho?- preguntó, y el otro se limitó a asentir, apareciendo en la pantalla la cuenta atrás que daba inicio a la carrera.
Según arrancó, Noriaki se encontró con un vehículo más potente y veloz de lo que recordaba, pero lo manejó bien, mientras D'Arby, pulsando botones como un loco, iba activando trucos secretos que, si bien no era trampa, eran… poco éticos. Los otros dos adultos miraban aquello con estupor y miedo, en cada vuelta el enemigo parecía alejarse más y más, hasta que, llegado un momento, Noriaki accionó un comando, siguiendo una serie de botones, y dio un gran acelerón, con una gota bajando por su sien de sudor frío, mientras D'Arby ponía mala cara, gruñendo y empezando a lanzar preguntas a diestro y siniestro.
-¿Estás haciendo trampas?- le espetó- Si me mientes perderás automáticamente- añadió.
-No, no lo hago- murmuró el chico, y el Stand del otro le indicó que decía la verdad… lo cual era imposible.
En apenas un minuto hizo otras veinte preguntas, todas sin obtener la respuesta que deseaba, mientras veía como la carrera se le escapaba por momentos, llegando apenas dos segundos a la meta después de Noriaki, que soltó un pesado suspiro de alivio al ver que había ganado.
-Joder…- murmuró Jotaro, durante el relato habían llegado a una sala, cercana a la zona de la puerta. Estaba cargando al francés con su Stand mientras andaban.
-Sacaremos a Polnareff de aquí, y los demás volveremos ahora, yo…- Joseph paró de golpe cuando notó que algo no cuadraba.
Habían andado un par de metros en la estancia, y notaron que algunas cosas se habían movido solas. Buscando ver qué pasaba, dieron con la última respuesta que querían. Una alta figura rubia apareció al fondo, en lo alto de unas escaleras, con su mirada turbia directamente clavada en ellos, y con una sonrisa cínica que les quitó el aliento del cuerpo inmediatamente.
-DIO…-murmuró Joseph nervioso. El vampiro apenas le prestó atención, acababa de reparar en Jotaro y su sonrisa se había hecho aún más amplia.
¡Nos vemos en el siguiente capítulo! ¡Hasta la próxima!
