Bueno, aquí os traigo por fin el décimo séptimo capítulo de este fanfic. Espero que os guste mucho. Cualquier duda que tengáis no dudéis en dejar un comentario al respecto. Estaré encantada de saber que es lo que pensáis.

Disclaimer:Jojo's Bizarre Adventure no me pertenece.


DIO observaba divertido a los humanos, se relamió al fijar la mirada en el francés. No sería un mal aperitivo, percibir el aroma de su sangre sólo hacía que le entrasen más ganas de alimentarse.

Sus intenciones no debían haber pasado del todo desapercibidas, notó, al ver las expresiones del resto.

-Oh, vamos, se está muriendo, ¿qué más os da?-preguntó con diversión el vampiro. No le sería complicado hacerse con el francés, pero era más entretenido así.

Observó a tres de esos patéticos humanos activar el Hamon y sonrió. Antaño había temido esa energía, pero con la habilidad de su Stand no sería difícil encargarse de ellos. Ni siquiera se habían dado cuenta de la sorpresa que les tenía preparada.

-Me encantaría luchar contra vosotros, pero sería una pérdida de tiempo-comentó DIO, despreocupado.

En ese instante, parte del suelo se rompió cerca de Noriaki y surgió un brazo que, enseguida, sujetó con fuerza la pierna derecha del joven japonés.

Kakyoin soltó un grito de sorpresa y trató de dirigir Hamon hacia esa zona, pero antes de poder hacerlo surgió otra mano y le agarró la pierna libre. Mientras que la sujeción de la otra se intensificase. A duras penas, el japonés fue capaz de mantener la calma y terminar de hacer aquello, soltándose por fin.

Joseph sonrió, orgulloso de lo que acababa de ver, sin duda había entrenado de maravilla a Noriaki, pensó, pero no era el momento de festejar aún, tenían que encargarse de DIO.

-Debo reconocer que tienes buen manejo del Hamon-le alabó el vampiro.-Pero no eres rival para mí. Ninguno de vosotros.-Nada más terminar de decir aquello, las pupilas de la criatura de la noche se tornaron rojas y dos rayos salieron de estas, en dirección a los humanos, quienes no tuvieron más remedio que apartarse de la trayectoria.

El movimiento brusco no sentó nada bien a Polnareff, que soltó un leve quejido, pero no llegó a recobrar el conocimiento. Tenían que llevarlo a un hospital, pero primero tendrían que huir, pensó Joseph, tratando de encontrar una forma de hacerlo. No quedaba otra que recurrir a su estrategia favorita, salir por patas y pensar por el camino.

Miró de reojo sus alrededores, buscando con la mirada una vía de escape y se fijó en las ventanas. Avdol y Noriaki, que habían mirado en la misma dirección, asintieron.

El vampiro observó, sin intervenir, cómo los humanos huían a través de la ventana. Rió un poco, de haber terminado ahí mismo con ellos se habría decepcionado mucho, así que no le importaba demasiado alargar aquello, después de todo, el final sería el mismo.

Le vendría bien ejercitarse un poco, aunque, por cortesía, les daría unos minutos de ventaja, quería hacer de esa cacería algo memorable.


Joseph encabezaba el grupo, guiándose por el mapa que había dibujado en un trozo de papel que le había dado Avdol. Hermit Purple le había marcado el lugar dónde se encontraba el hospital más cercano.

Dejarían ahí a Polnareff y otro del grupo, preferiblemente Noriaki o Avdol, se quedaría con él, en caso de un ataque de alguno de los zombies de DIO.

-Me quedaré yo-dijo enseguida Noriaki, ni bien el anciano expresó aquello en voz alta.

-Bien, pues entonces…-Joseph dejó de hablar, pues en ese momento llegaron a las puertas del hospital. Ya lo explicaría después, se dijo.

Jotaro retiró a su Stand y cargó al francés en su espalda mientras entraban en el edificio y varios de médicos que estaban ahí se acercaban deprisa, nada más ver el estado del hombre.

Aunque parecían desconcertados por la situación, guiaron al grupo a una de las habitaciones desocupadas y Jotaro, con cuidado, dejó al francés en una de las camas. Se apartó un poco para dejar a los médicos y enfermeras que les acompañaban atender a su amigo y salieron de la sala, acompañados de uno de los sanitarios.

No estaban en condiciones de perder más tiempo del estrictamente necesario, no querían pensar en lo que DIO debía estar haciendo. Así que tras disculparse con el hombre, salieron del hospital, dejando a Noriaki ahí, respondiendo a todas las preguntas.


Nada más salir del hospital vieron que había gente corriendo a toda velocidad. Parecían estar huyendo despavoridos de algo. Repararon entonces en los zombies que estaban corriendo tras ellos, cazando a los humanos que podían y alimentándose de su sangre.

Jotaro se quedó paralizado al ver ese macabro escenario, digno de una película de terror, pero su abuelo fue capaz de mantener la calma.

-Vuelve al hospital, Jotaro-le ordenó, serio. Esa batalla les correspondía a Avdol y a él, su nieto no podría hacer nada-Avisa a Kakyoin de lo que pasa.

El muchacho, algo a regañadientes, terminó asintiendo y les dejó solos ahí.

-¿Listo?-preguntó Joseph mientras enredaderas de color morado cubrían su brazo y, poco después, Hamon comenzaba a circular por ellas.

Avdol sonrió un poco y asintió mientras liberaba su Stand también. Estaban dispuestos a dar batalla a esos zombies y a proteger al resto.

Iba a ser una batalla dura, pensaron ambos mientras varios de los zombies reparaban en ellos y se lanzaban a por ellos, pero, los dos hombres lo estaban esperando y no fue demasiado complicado quitárselos del medio.

Por el momento se defendían bien, aunque eran conscientes de que DIO jamás se cansaría de enviar a sus huestes de muertos vivientes. Por lo menos tenían que alejarlos del hospital, pensó el anciano.

Aunque la idea de dejar a los otros tres a su suerte no le agradaba, en esas circunstancias era lo mejor, necesitaban encontrar un sitio alejado del hospital, que no permitiera a los zombies entrar en grupo pero que, al mismo tiempo, les diera espacio para poder escapar si las cosas se complicaban.

Echaron a correr y los enemigos que quedaban en pie les siguieron al momento, olvidándose del hospital enseguida. Joseph, en esa tesitura, no perdió tiempo utilizando su Stand para guiarse, pero sí iba prestando atención al camino para memorizar el trayecto.


DIO observaba todo eso desde el tejado de un edificio cercano, era eso lo que había estado esperando, le encantaría poder ser testigo de cómo sus zombies despedazaban a esos dos, pero en esos momentos sus prioridades eran bien distintas y sólo un idiota desperdiciaría tal oportunidad de oro.

Cuando consideró que los dos humanos estaban lo suficientemente lejos, se tiró del edificio y aterrizó con elegancia en el suelo. Sonrió y comenzó a andar hacia la entrada del hospital. Aunque no pudiera saber con certeza absoluta la habitación y piso dónde su objetivo se encontraba, sí era capaz de decir que Jotaro estaba ahí.

Entró al hospital y comenzó a guiarse por esa sensación, pero antes de haber tenido ocasión de ir hacia las escaleras, uno de los trabajadores le detuvo.

-Señor, disculpe, pero antes de entrar a la zona de las habitaciones debe dar sus datos en recepción-le explicó la mujer, señalando con el pulgar el mostrador donde estaba esperando, sentada, otra fémina.

DIO se lo pensó un momento, si bien le molestaba tener que adaptarse a esas costumbres humanas, si lo hacía así, armaría mucho menos jaleo y podría pillar, al menos algo, desprevenidos a los otros.

-¿Oiga? ¿No me ha escuchado?-preguntó la mujer en ese momento, con cierta impaciencia patente en su voz.

El vampiro la miró con algo de irritación por esa falta de respeto hacia su persona. Le quedaba claro que en esos cien años, los humanos habían perdido todo rastro de los buenos modales que habían tenido en su época.

Cabreado, decidió abandonar su pretensión de ir a hurtadillas y, sin miramiento alguno, clavó los dedos en el cuello de esa mujer, alimentándose de su sangre. Se sentía completamente saciado ya, pero necesitaba crear más sirvientes. Observó divertido la reacción que su acto generaba en los otros humanos ahí presentes, pero no les concedió la oportunidad de huir y succionó la sangre de cuántos pudo.


Jotaro permanecía de pie, cerca de la puerta mientras que Noriaki se encontraba sentado en una de las sillas cerca de la cama.

-¿Cómo está?-preguntó el moreno. Su amigo suspiró un poco al oír aquello.

-Vivirá-dijo Noriaki-Pero si Avdol no hubiera tratado sus heridas en el momento, se habría desangrado en el trayecto.-Sabía que decir eso no ayudaría mucho, pero tampoco quería mentir a Jotaro al respecto.

El joven asintió y volvió a mirar hacia la puerta, desde hacía unos segundos había comenzado a sentir la presencia de DIO.

-Prepárate.-le indicó a su amigo-Pronto tendremos compañía.

-¿DIO?-preguntó Noriaki, levantándose y acercándose. No podían quedarse en ese lugar, era demasiado peligroso para el francés, pensó el chico.-¿Tenemos tiempo de salir de aquí?

-Creo que sí, pero no puedo decirlo con seguridad.-confesó Jotaro, que compartía la misma preocupación que el otro.

Salieron de la habitación deprisa y se fijaron que DIO se encontraba al fondo del pasillo en el que estaban. Enseguida sacaron sus Stands y Kakyoin activó el Hamon, estarían preparados para luchar y hacerle frente.

En ese momento, algo extraño pasó y el vampiro apareció justo delante de ellos, pero Jotaro reaccionó deprisa y, con Star Platinum, le propinó un puñetazo que lo mandó hacia atrás.

-Joder, tiene que ser broma…-gruñó el chico de cabello quería preguntar qué había pasado, Jotaro parecía haberse dado cuenta de algo que él no-Ya sé cuál es el poder de su Stand.

-¿Qué?¿Cómo?-definitivamente Jotaro había notado algo que él no.

-Puede detener el tiempo.-anunció el otro japonés-Prepárate. Aquí vuelve-añadió al ver que el vampiro se levantaba entre los escombros de la pared dónde se había estrellado.

DIO se sacudió algo la ropa y les observó, esa vez se notaba en sus ojos cierta cautela. Saltaba a la vista que aquello, ser golpeado, le había pillado desprevenido.

-Tenemos que sacarle de aquí-Jotaro estaba serio mientras decía aquello.

-Así que has averiguado uno de mis trucos,¿eh?-DIO no parecía demasiado preocupado por ello, es más, sonreía-Pero veremos cuánto sois capaces de aguantar.

Su mirada se dirigió a la puerta de la habitación de la que los dos jóvenes habían salido con anterioridad. Posiblemente, no, seguramente quisieran hacerle abandonar el hospital para proteger a Polnareff. Necios, pensó, divertido. Cedería ante eso, total, lo mataría después, una vez despachase a todos y le diera a Jonathan su nuevo cuerpo.

La dirección de su mirada no pasó desapercibida para los dos humanos y Kakyoin le lanzó enseguida con su Stand un Emerald Splash. Lo esquivó con suma facilidad, aburrido.

-¿Eso es todo lo que puedes hacer, Kakyoin?-preguntó, burlón. Volvió a detener el tiempo y aprovechó para salir de ahí, a la calle, seguía percibiendo también la presencia de Joseph Joestar, podía aprovechar, de paso, para saber su ubicación exacta.

No se le escapó que esa vez Jotaro también le había seguido con la mirada. Sólo un idiota pensaría que era una coincidencia. Lo más prudente era dar por hecho que tenía la misma habilidad, a ojos del vampiro con los Joestar uno no sabía qué esperar.

Tal y cómo esperaba, tanto Jotaro como Kakyoin le siguieron de inmediato una vez el tiempo retomó su curso y DIO decidió deprisa una vía de actuación. Le faltaba información acerca de las capacidades de Jotaro y su Stand, si quería vencer y matar al chico primero necesitaba ser consciente de lo que este era capaz de hacer.


Avdol mantenía cómo podía lejos a los zombies utilizando el fuego de su Stand mientras que aquellos que se lograban acercar demasiado eran abatidos por el Hamon de Joseph. De momento se las estaban apañando con aquello y los números de sus enemigos comenzaban, de forma paulatina, a reducirse. Pero la posibilidad de que DIO crease más les preocupaba.

-Vienen más-avisó el egipcio al notar como tres conseguían atravesar sus llamas. Joseph se limpió deprisa el sudor de su frente. Cargó deprisa Hamon en sus manos, agradeciendo su idea de embadurnar su mano artificial con aceite antes, gracias a eso podía canalizar esa energía ahí también.

Los zombies, que desconocían qué era aquella energía, se lanzaron contra él sin dudarlo y Joseph se limitó a enviar un poco de Hamon a sus cuerpos sin demasiados problemas. Suspiró cuando se convirtieron en polvo, esperaba poner fin a DIO esa misma noche y que algo así no volviera a repetirse.

-Vámonos-dijo, serio, Joseph, habiendo acabado con ellos, era momento de ir a por DIO, esperaba que su nieto y Kakyoin estuvieran bien. Avdol asintió y siguió al anciano. Este parecía saber en qué dirección tenían que ir.

Cuando llegaron a una calle peatonal, bastante ancha, pudieron comprobar, de primera mano, el caos que comenzaba a reinar en esa zona de la ciudad. La gente corría despavorida, y varios puntos de la acera estaban completamente destrozados. Tampoco se les escaparon los agujeros que había en los edificios de ambos lados de la calle.

Ninguno de los tres a los que estaban buscando estaba ahí, pero eso no les sorprendió realmente. Avdol no comentó nada y prosiguió yendo detrás de Joseph, los dos tenían activos sus Stands, DIO podría aparecer en cualquier momento y querían estar preparados para ello.


Jotaro y Kakyoin miraban serios a DIO, se encontraban en un puente. El vampiro se reía divertido. Aunque ya era momento de ponerse serio y acabar con esos dos.

Detuvo el tiempo de nuevo y se acercó deprisa al pelirrojo, con intención de congelar su cuerpo y evitar así que pudiera recurrir al Hamon para defenderse. Tocó su brazo derecho y el hielo comenzó a extenderse enseguida, pero antes de que pudiera llegar al resto del cuerpo, Star Platinum le apartó de ahí de forma violenta, salvando así al japonés de acabar peor.

Cuando el tiempo retomó su curso, Noriaki sintió quemazón en esa zona de su cuerpo al momento. Observó su brazo derecho y vio que estaba completamente congelado. Si no calentaba deprisa esa zona, sin duda terminaría por perder esa extremidad. Y no veía nada que poder usar para descongelarla.

Jotaro le miró, preocupado. Quería ayudarlo, no quedarse mirando, pero con DIO ahí, optar por hacer eso podía terminar muy mal, con uno o los dos muriendo. Escuchar en ese momento, a su abuelo llamando a ambos le alivió y preocupó a partes iguales. El viejo no sabía el poder de The World y el vampiro ya había reparado en la presencia de los dos recién llegados.

El vampiro retrocedió hasta la farola más cercana, a la que se subió de un ágil salto, evitando así el fuego que el Stand del egipcio había lanzado contra él, lo que permitió que los cuatro hombres se reunieran y el hielo del brazo de Kakyoin fuera derretido por Magician's Red. Pero aún así le quedaría entumecido durante bastante rato, pensó el vampiro. Lo suficiente para poder matarle a gusto.

El problema sería Jotaro, su habilidad de detener el tiempo suponía un problema y, por lo que llevaba visto, el chico tenía ya cierto control sobre ella, así que no debía ser, ni por asomo, la primera vez que la usaba. Tenía que ser él el primero en morir si quería vencer holgadamente. Aunque si lo mataba el primero, tendría que darse prisa en acabar con el resto si quería que Jonathan pudiera vivir en ese cuerpo. A más tiempo transcurriese entre la muerte del individuo y la toma de control de Jonathan de su cuerpo, más posibilidades había de que no se produjese una conexión completa.

Sonrió, nada difícil para un ser superior como lo era él, sería sencillo de hecho. Se lanzó sobre el grupo de hombres, dispuesto a eliminar enseguida a Jotaro decapitándolo. Este logró esquivarlo a tiempo por muy poco, trastabilleando un poco, pero manteniendo el equilibrio en el último momento.

-No pensé que hubiera alguien con el mismo poder que el de mi Stand-reconoció DIO y se giró para reanudar su ataque, pero para entonces el tiempo volvía a fluir y se vio obligado a esquivar un Emerald Splash cortesía del Stand de Kakyoin. Le dio de lleno en el estómago, llevándole hacia atrás, no lo entendía, estaba seguro de haberlo esquivado a la perfección, pero, en cambio, había terminado teniendo un agujero en el estómago, del tamaño de una piedra pequeña, al menos no era demasiado grave.

Le miró, rabioso, y entonces atacó de nuevo directo a por Jotaro. Este esperó paciente a que estuviera a menos de un metro y entonces le propinó un puñetazo en la cara, haciendo que, al salir despedido hacia atrás, chocase contra una señal de tráfico y la rompiera.

El vampiro se incorporó enseguida y miró a sus enemigos, comenzaba a temer que no ganaría aquella batalla y odiaba aquella sensación. No soportaba sentirse así, tenía que lograr separarles de algún tipo, pero no sabía exáctamente cómo. Y no parecía que fuera a disponer de mucho tiempo para pensar, pero lo único que se le ocurría era ir por algún sitio por el que no todos fueran capaces de seguirle bien.

Ellos le vieron retirarse de allí, y eso les llenó de valor. Fueron tras él sin pensarlo demasiado, sentían que tenían la victoria al alcance y ninguno de ellos estaba dispuesto a rendirse a esas alturas, todos pensaban luchar hasta el final.

DIO sonrió al ver que habían picado, iban detrás de él, a una distancia, pues, por mucho que se esforzasen, no podían seguirle el ritmo. Seguían siendo humanos, al fin y al cabo, pero le venía bien en esos momentos.

Las heridas que le habían infligido comenzaban a sanar ya, gracias a la sangre que había consumido antes. Miró de reojo y vio que Joseph y Kakyoin le seguían saltando por los edificios con ayuda de sus Stands y también sentía la presencia de Jotaro no demasiado lejos. Perfecto, se dijo, sonriendo de forma cruel.

Sin Jotaro con ellos podría encargarse de esos dos con facilidad, detuvo el tiempo y se acercó con intención de acabar primero con el más joven, pero antes de poder llegar hasta Kakyoin, un coche impactó contra el vampiro, lanzándolo contra la torre que había cerca. El vampiro rompió el gran reloj que estaba ahí al estrellarse.

Gruñó y clavó la mirada en el culpable, Jotaro le observaba desde el suelo, serio. Tenían que acabar con el vampiro cuanto antes. Rápidamente, sin dar tiempo al vampiro a apartarse, lanzó más vehículos contra él, obligando al vampiro a abollarlos a base de puñetazos. Pero Jotaro no le daba cuartel. Le acabó llevando hasta una pared entre puñetazos y golpes con el Hamon por parte de Kakyoin y Joseph, era demasiado para el vampiro, que ni aún parando el tiempo podía hacer nada contra los otros y poco a poco habían comenzado a acorrarlo.

Gruñó, si le derrotaban y acababan con él, sería cuestión de minutos que descubrieran a Jonathan en su refugio. Y eso no podía permitirlo bajo ningún concepto. Pero se estaba quedando sin salidas y era consciente de ello.

Clavó la mirada en Joseph y Kakyoin, si se le ocurría despegar la mirada de uno de ellos, este lo aprovechaba y atacar. Hizo aparecer a su Stand, había querido guardarlo, pero no quedaba más alternativa. Tendría que luchar de forma activa utilizándolo. Era su única vía posible a esas alturas.

Hizo que arrancase parte de la torre y se la enviase de vuelta a Jotaro, pero Hierophant Green apartó enseguida al joven, evitando que fuera aplastado. El edificio se estrelló contra el suelo, levantando una considerable cantidad de cemento, que impactó contra las zonas cercanas y dando en las piernas de Jotaro, incrustándose dolorosamente en su cuerpo. Jotaro se acercó corriendo,ignorando el dolor que sentía en esos momentos, tenía que actuar rápido para vencer al vampiro finalmente.

Con ayuda de Hierophant llegó a dónde DIO estaba y le derribó de un puñetazo, haciendo que se estrellase cerca de su abuelo quién, sin perder tiempo, le ató con su Stand y activó el Hamon. Le dio de lleno y comenzó a expandirse por su cuerpo, provocando al vampiro un dolor insoportable, algo que no sentía desde hacía un siglo.

Trató de romper las lianas con las manos, pero los tentáculos de Hierophant se enredaron ahí y se encargaron de transmitir más Hamon al vampiro. Acabando así, finalmente, con él, pues poco después, el vampiro se convirtió en polvo.


Jotaro trataba de reprimir las muecas de dolor mientras su abuelo le iba extrayendo con cuidado los trozos de cemento que se le habían metido en la piel antes.

-Ya casi está.-le animó el anciano, sacando ya el penúltimo y terminando poco después.-¿Ves? Te dije que sería algo rápido.

-Lo que tú digas-respondió el chico, tenía la mente en otro sitio-Creo que tenemos que revisar la mansión de DIO-comentó, expresando lo que le inquietaba.

-Sí, pero no ahora.-dijo el anciano-Hay otras prioridades en estos momentos.

Lo único que Joseph quería hacer era llamar a los médicos que se habían quedado cuidando de Holly, necesitaba saber si su hija había comenzado a mejorar ya. Y también estaba Polnareff, no podían dejarlo tirado en el hospital.

-Sr. Joestar, creo que Jotaro tiene razón-intervino Noriaki-No creo que debamos demorar demasiado examinar aquello. Yo podría acompañarlo-ofreció enseguida. Quería poder pasar algo de tiempo a solas con él y esa era buena ocasión para hacerlo.

-Gracias.-respondió enseguida Jotaro y los dos se alejaron. Avdol suspiró y les observó irse.

-Bueno,supongo que eso nos deja a nosotros.-comentó el egipcio. Joseph asintió, serio, seguía sin estar demasiado convencido, pero no iban a hacerle caso.

-Llamaré a la casa de Holly.-dijo mientras andaba hacia la cabina telefónica más cercana. El egipcio asintió y se encaminó hacia el hospital. Él se encargaría de aquello.


Joseph entró serio en la sala, después de derrotar a DIO, habían decidido investigar a fondo, se habían dividido y él se estaba encargando del piso superior, Noriaki se encargaba de la planta baja mientras que Jotaro examinaba el sótano.

A simple vista no había nada llamativo, salvo por algo que estaba tapado por una tela, curioso se acercó hasta esa mesa y retiró la pieza para poder observar lo que ocultaba. Soltó un grito al contemplar lo que había debajo. Pero antes de poder salir de su estupor, oyó pasos que subían las escaleras a toda prisa y no tardaron en aparecer Noriaki y Jotaro por la puerta.

Se acercaron al anciano y vieron lo que este estaba mirando. Lo más escalofriante de esa cabeza cercenada y colocada en aquel líquido era que les estaba mirando fijamente.

-Joseph Joestar y Jotaro Kujo-murmuró Jonathan reconociendo a sus dos descendientes enseguida.

-¿Y tú quién eres?-preguntó, tenso, Jotaro, que no se fiaba demasiado de él.

-Es...Jonathan Joestar-respondió, temblando, Joseph, que había reconocido enseguida quien era.

-Se acabó, entonces-comentó Jonathan, con un tono de culpabilidad-Lo siento, si hubiera sido capaz de acabar con él en su momento…

-Hiciste lo que pudiste-le rebatió enseguida el anciano-Lo importante es que todo acabó ya.

Jonathan suspiró un poco y miró a su nieto, serio-Hay algo que tengo que pedirte-reconoció-Mi tiempo ya acabó, ¿puedes poner fin a todo con Hamon?

Joseph le miró dudoso, podía entender el razonamiento tras eso, pero no estaba del todo seguro.

-Por favor-insistió Jonathan, entonces. Quería morir de una vez y sólo el Hamon podía darle paz.

Joseph suspiró un poco, y reuniendo valor, se acercó hasta la cabeza y apoyó ambas manos ahí, liberando una potente corriente de Hamon, poniendo fin así a Jonathan.


Polnareff observaba a Avdol, según el egipcio había pasado varios días inconsciente, recuperándose de las heridas que Vanilla Ice le había ocasionado. Al egipcio no se le había escapado que, de vez en cuando, el francés dirigía miradas al muñón que tenía. Decidió hacer lo posible por distraerlo.

-¿Tienes hambre?-preguntó, había comprado algo de fruta de camino al hospital y le enseñó una de las manzanas.

-Un poco, la comida del hospital es horrible, ¿sabes?-comentó el francés alargando su único brazo y cogiendo la pieza de fruta-Gracias.-dijo y después le dio un generoso mordisco.

-Los demás han regresado a Japón, pero ya les he llamado antes avisando que despertaste-le informó.

-¿Se ha recuperado la madre de Jotaro?-preguntó enseguida el francés, con la boca llena. Estaba interesado en ello.

-Sí, aunque está aún algo débil.-le contó el egipcio. Polnareff asintió y sonrió un poco, contento de saber que había sido un éxito todo.

-Polnareff….¿tú qué harás ahora?-preguntó con curiosidad Avdol.

-Creo que a estas alturas deberías llamarme Jean-comentó risueño el francés, de buen humor, terminando por contagiar de este a su amigo, quien esbozó una diminuta sonrisa.-Supongo que volveré a Francia.-Reconoció el europeo.

Avdol asintió, pero dudó un momento-El sr. Joestar pidió a la Fundación que preparasen un brazo artificial para ti.-Era un tema delicado, pero era el único que podía explicarlo en esos momentos.

La mirada del francés se volvió a fijar en su muñón y Avdol suspiró un poco, pero no dijo nada, entendía que necesitaría un tiempo para pensar aquello.

-Quemamos la mansión de DIO, pero conseguimos recuperar una flecha que tenía colgada en una de las habitaciones y los trabajadores de la Fundación la están analizando.

Jean asintió, satisfecho de escuchar aquello.-Lamento no haber podido ser de ayuda en la batalla contra DIO.

El egipcio le restó importancia con un gesto.-No pasa nada, no te preocupes.


Joseph escuchaba callado lo que Avdol le contaba, sonreía ligeramente, contento de recibir más buenas noticias.

-Muchas gracias, Avdol.-dijo, alegre el anciano. Colgó poco después y fue a buscar a su nieto y a Kakyoin.

Los encontró en el salón, a insistencia del pelirrojo estaban jugando con una consola. Desde que habían vuelto al país nipón, era habitual que Kakyoin visitase la casa de Jotaro para pasar el rato.

Pero al verle entrar, Noriaki puso el juego en pausa y los dos le miraron, habían estado matando tiempo simplemente.

-Polnareff ha despertado ya-anunció Joseph al ver que tenía la atención de los dos. Los dos chicos sonrieron, contentos de esa noticia.

Habrían continuado la conversación pero entonces entró Holly, cargando una bandeja con tres vasos de zumo. Del brazo que tenía libre, el izquierdo, salió una liana verde que agarró los vasos uno a uno y se los fue acercando al resto.

Desde que había recuperado su buena salud, Holly se había acostumbrado a su Stand con suma facilidad, utilizándolo para facilitar algunas tareas domésticas. Había llegado hasta a poner nombre al Stand, Poison Ivy. La mujer había descubierto algunos poderes de su Stand, entre los que figuraba cierta inmunidad a sustancias venenosas procedentes de la naturaleza, también podía generar toxinas.

-¿Todo bien?-preguntó la mujer mientras se sentaba al lado de su hijo. Había exigido a su padre que le contase todo lo que había ocurrido el tiempo que había estado enferma.

-Sí, sí-respondió Joseph-Polnareff se ha despertado por fin.

Holly sonrió, complacida de escuchar aquello. A decir verdad, le gustaría tener la posibilidad de conocer en persona a ese hombre.

-Deberíamos ir a verle-dijo, convencida. Los tres la miraron, algo confusos pero la mujer no cedió-¿Qué? Es vuestro amigo, ¿no?

-Sí, pero, ¿no deberías reposar un poco más?-preguntó preocupado Joseph-Te acabas de recuperar.

-Tonterías-dijo ella enseguida-Estoy perfectamente, es más, me siento mejor que nunca.

Jotaro y Joseph suspiraron, cuando la mujer se ponía así no había forma de hacerla desistir, lo único que podían hacer era dejar que se saliera con la suya.

-Escribiré una nota al colegio, justificando tu ausencia-dijo Holly mirando a Jotaro. Noriaki se removió incómodo, no creía que sus padres le fueran a dejar marcharse, le habría gustado ir, pero no era buena idea jugar con la paciencia y los sentimientos de ellos.

-Yo...yo no creo que pueda ir-murmuró, cabizbajo, le habría gustado poder hacerlo.

-Déjame eso a mí-pidió Holly, sonriendo.


Jean abría y cerraba la mano artificial, aún le costaba creerse aquello, pero su prótesis funcionaba a la perfección, aunque le daba vergüenza que se le viera, ahora entendía porqué Joseph utilizaba siempre guantes.

Escuchaba con atención las indicaciones para el mantenimiento de su prótesis, tenía que tener cuidado con aquello y posiblemente le llevase algo de tiempo el acostumbrarse a todo eso.

Avdol entró en ese momento en la habitación y el francés se fijó en que no iba solo, le acompañaban Joseph, Jotaro, Noriaki y una mujer, que debía ser la madre del moreno, dedujo rápido Jean Pierre.

Sonrió, contento, y se acercó a ellos. Había estado preocupado por sus amigos, aunque sabía gracias a Avdol que habían estado bien, se sentía mejor ahora que lo veía con sus propios ojos.

La mujer se detuvo delante suyo y alargó el brazo izquierdo-Jean Pierre Polnareff, ¿cierto?-preguntó mientras esbozaba una sonrisa afable-Soy Holly Kujo, es un placer poder conocerle al fin.

-El placer es todo mío-respondió el francés devolviendo el gesto de ella y saludándose con un cortés apretón de manos.

Abandonaron poco después el hospital, Jean Pierre y Holly charlaban tranquilamente, habían hecho buenas migas desde el principio y parecían entenderse bastante bien por el momento. No es que ignorasen de forma intencionada al resto pero estaban demasiado enfrascados los dos en el tema de conversación, que en esos momentos era la comida.

Los otros, mucho menos habladores, se limitaban a escuchar a los dos intercambiar sugerencias y consejos.


Anne observaba paralizada al grupo de hombres, había perdido la cuenta de los días que había pasado esperando a que vinieran a por ella, llegando a creer que se habían olvidado de su promesa y que jamás vendrían a buscarla.

Sin poder aguantar más, echó a correr hacia ellos y abrazó con fuerza al francés mientras comenzaba a llorar, mezcla de la felicidad y el alivio que sentía en esos momentos.

Pero fue en ese momento, cuando el francés le devolvió el abrazo que notó que algo no iba bien, se separó y miró uno de los brazos del hombre, debido a la manga larga y los guantes no podía verlo bien, pero había sentido,en lugar de la suavidad de la carne, la frialdad del metal. Quiso preguntar, pero hacerlo la haría parecer descortés, pero finalmente, la curiosidad y la preocupación fueron más fuertes.

-Tu brazo…-no sabía cómo decirlo, pero Jean Pierre asintió y se subió un poco la manga, revelando ligeramente su prótesis.

-No te preocupes-dijo enseguida el francés, sonriendo en un intento de tranquilizarla. Anne, poco segura, asintió. Siguió callada a sus amigos hasta el barco y se marcharon de ahí.

-Vencisteis ya a DIO, ¿entonces?-preguntó la chica, aunque era bastante obvio aquello, no sabía bien qué decir.

-Así es-respondió Joseph, sonriendo ligeramente. Los cinco hombres intercambiaron una mirada y Jean Pierre asintió enseguida.

-¿Podemos hablar a solas un momento, Anne?-pidió el francés, avanzando hacia la puerta y caminando hacia el exterior del barco. Ella le siguió.

El francés tardó un poco en romper el silencio, parecía meditar cómo decir lo que le pasaba por la cabeza.

-Verás...cómo todo esto terminó, tratamos de ponernos en contacto con tu familia con ayuda de la Fundación Speedwagon-comenzó a decir Jean Pierre, pero la niña le interrumpió enseguida.

-Yo...yo no tengo padres-le costaba decir aquello, pero había sabido desde el principio que era algo que no podría esconder eternamente.

-Llevo días dando vueltas a lo mismo-prosiguió el francés, para nada molesto de la interrupción-Si te parece bien, yo...podría adoptarte….no tengo una casa muy grande pero es perfecta para dos personas-a esas alturas estaba divagando un poco, se le notaba nervioso.

Anne le miró incrédula, todavía asimilando la propuesta del francés. Sonrió ampliamente y le abrazó con fuerza. Jean Pierre la miró y le revolvió algo el pelo, con cariño, tomando esa reacción como un sí.


Jotaro observaba callado a Avdol, Jean Pierre y Anne, era momento de separarse, ellos tres se irían a Francia mientras que los cuatro tomarían un avión diferente, hacia Japón. En esos momentos, su madre se encontraba despidiéndose de los tres y haciéndoles prometer que les visitarían durante las siguientes Navidades.

-Jotaro-dijo Avdol, acercándose a él cuando Holly terminó de hablar -Ha sido un placer compartir este viaje con vosotros, no lo olvidaré nunca-admitió.

El japonés sonrió un poco-Yo tampoco lo olvidaré, muchas gracias por todo. No lo habría podido hacer sin vuestra ayuda.

Polnareff fue más efusivo que el egipcio y abrazó con fuerza a todos. Abrazo al que Holly respondió con ganas.


¡Nos vemos en el siguiente capítulo! ¡Hasta la próxima!