Este capítulo tiene lugar después de los eventos de Stardust Crusaders y es uno de los dos que servirá para introducir tanto Diamond is Unbreakable como Vento Áureo.

Espero que os haya gustado mucho.

Disclaimer: Jojo's Bizarre Adventure no me pertenece, es propiedad de Araki


Tomoko comprobaba con nerviosismo el estado de su hija, aunque ya había salido de peligro, la joven madre no podía evitar estar preocupada. Aún tenía demasiado reciente todo y no se le había pasado el terror de saber que hacía apenas dos días su hija había estado al borde de la muerte.

Suspiró con alivio al notar que tenía una temperatura normal. La mujer había vuelto a tener otra pesadilla en la que veía morir a Joriko sin poder hacer nada por salvarla. Se acomodó al lado de la menor y cerró los ojos, trataría de descansar un poco más, pues sólo eran las cuatro de la mañana y ella no trabajaba esa semana.

La respiración tranquila de la menor le fue ayudando a conciliar el sueño poco a poco y terminó por quedarse dormida.

Aunque el inicio de la mañana siguiente no fue tan pacífico como a Tomoko le habría gustado, pues Joriko la despertó bien temprano.

-¡Mamá!-la llamaba a gritos-¡Si no te levantas ya, no llegaremos al colegio!

La mujer de cabellos oscuros gruñó un poco y se incorporó hasta quedar sentada. Seguía algo adormilada aún, la falta de sueño de la noche anterior empezaría pronto a pasarle factura.

-¿Sabes qué hora es?-preguntó Tomoko, reprimiendo un bostezo a duras penas.-Además no hace nada que has estado enferma, así que esta semana te quedarás en casa.-Prefería tenerla en observación todo lo que quedaba de semana y, si seguía evolucionando bien, el lunes volvería ya a las clases.

Joriko hizo una mueca, quería ver a sus amigos y se estaba aburriendo demasiado en casa ya-¡Pero yo quiero ir ya!-protestó con energía, pero forzó demasiado la voz al hacerlo y tosió un poco por ello.

Tomoko suspiró un poco, tal y cómo sospechaba, su hija aún no se había recuperado del todo.

-Es hora de la medicación para esa tos-indicó la mujer, ya que estaban despiertas, podía aprovechar para eso.

-¡No quiero!-como era de esperar las protestas de su hija no se hicieron esperar, no le gustaba nada.-¡Sabe horrible!

-Lo sé, lo sé.-respondió conciliadora la madre-Pero si quieres ir al colegio te va a tocar tomártelo, porque tú quieres ir al cole el lunes, ¿verdad?

-Sí.-dijo la niña y la siguió hasta la cocina. Observó cómo su madre cargaba la jeringa con el medicamento y se lo entregaba para que se lo tomara, algo que la menor hizo a regañadientes.

Tomoko sonrió un poco, divertida, al ver la mueca de asco que su hija ponía por el sabor amargo del antibiótico.

-¿Qué te apetece desayunar?-preguntó la mujer-¿Quieres una tortilla y algo de arroz?

La niña asintió con energía, le encantaban las dos cosas, aunque no era ninguna de las dos su comida favorita.

Antes de que Tomoko tuviera la oportunidad de ponerse a cocinar su padre entró en la cocina. Llevaba ya puesto su uniforme de policía. Saludó a las dos y tras revolverle el pelo a su nieta, se sentó en una silla.

-¿Cómo está mi nieta favorita?-preguntó de buen humor, sonriendo ampliamente. Tomoko le sirvió café en una taza y se la dio, después comenzó a preparar el desayuno para su hija y ella.

-Ya me encuentro mejor-dijo la niña, ya más tranquila y se sentó también en una de las sillas.

-Se te nota, sí-dijo el mayor mientras daba un sorbo al café.

Jotaro caminaba hacia el instituto, no tenía demasiadas ganas de ir, pues sabía que se encontraría con el grupo de chicas que revoloteaban a su alrededor, pero al menos, esa vez, no estaría solo con ellas.

-Entonces, ¿estamos en la misma clase?-preguntó Noriaki, contento. Habían quedado para ir juntos pues realizaban un trayecto similar hasta el instituto.

-Sí, eso parece-por el tono de Jotaro era difícil saber si se alegraba o le daba igual, pero, desde ahí, Noriaki podía ver que estaba sonriendo.

-Espero que no nos llamen demasiado la atención-Noriaki esperaba que el justificante que habían presentado sirviera, pero eso no les iba a librar de tener que responder a las preguntas del resto de sus compañeros y los dos lo sabían.

-¡Jojo!-oyeron una voz femenina en ese momento, Noriaki fue a girarse para ver quien era, pero su amigo, en vez de hacer lo mismo, aceleró el paso, claramente molesto.

-¡Mirad, es Jojo!-chilló otra chica entonces. Jotaro no pudo aguantar más, agarró al otro de la mano y echó a correr, medio arrastrando a Noriaki, quien tenía dificultades para seguirle el ritmo.

No pararon de correr hasta que estuvieron cerca del edificio. Los dos chicos jadeaban y Noriaki tardó un poco más en recuperar el aliento.

-¿Va a...ser esto algo frecuente?-preguntó el pelirrojo cuando se hubo recuperado bastante.

-Son unas pesadas-respondió Jotaro-No nos habrían dejado en paz.

-Jotaro...una cosa, ¿has probado a decirles claramente que quieres que te dejen en paz?-quiso saber Noriaki mientras entraban en el edificio.

-Sí, varias veces-le contó el moreno-Pero no hacen caso.

Noriaki pensó qué decir a continuación, notaba algo molesto por aquello a su amigo. Optó entonces por no comentar nada sobre eso. El sonido de la campana le salvó de tener que decir algo.

-Bueno, vamos a clase-dijo Jotaro, rompiendo enseguida el silencio entre ambos.

-Tenemos a primera hora japonés, ¿no?-preguntó Noriaki, no se sabía de memoria su horario, no es que hubiera tenido tiempo de aprenderlo.

-Sí-contestó el moreno, comenzaban bastante fuerte ese día, pero al menos terminaban el horario con la asignatura de Salud y Educación Física.

Se encaminaron hacia su aula, hablando con calma, entraron e hicieron su mejor esfuerzo por ignorar las miradas de la gente. Nada más poner un pie dentro del aula, se habían vuelto el centro de atención. Se dirigieron hasta dos pupitres libres y se sentaron, uno al lado del otro, cerca de la ventana que estaba al fondo de la clase.

-Se hace raro, ¿no te parece?-comentó el pelirrojo en ese momento y Jotaro le miró sin entender-El volver a clase y retomar la rutina.

-Ah...sí, pero me alegro de que todo eso acabase por fin-reconoció su amigo.

-Ahora que recuerdo, tu abuelo se va mañana a Estados Unidos, ¿no?-preguntó Noriaki, contento.

-Sí, se volvía ya para Nueva York-afirmó Jotaro-Pero ha prometido volver durante el verano y, si no puede, pues por Navidades.

Cuatro meses después

Joseph escuchaba serio los informes de la Fundación Speedwagon, por fin habían sido capaces de terminar con el estudio de aquella flecha que habían hallado en la mansión de DIO.

Habían averiguado que era el causante de la aparición del Stand de DIO y habían conseguido obtener, con ayuda de Joseph, varias fotos que mostraban a Enyaba cargando con varias de esas flechas, un total de cinco.

-Pero, en la habitación de DIO sólo había una…-murmuró pensativo el anciano, no le gustaba nada aquello y estaba claro que iban a tener que investigar con profundidad aquello. Posiblemente se viera en la necesidad de regresar a Egipto.

Iba a tener que ponerse en contacto con los demás, pero, aunque lo preferible sería que fueran todos, dudaba que eso fuera posible. Tanto Noriaki como Jotaro tenían que centrarse en los estudios y Jean Pierre y Mohammed estarían ocupados cuidando de Anne,aunque sí podría pedirle a uno de ellos que le acompañase a El Cairo. Sí, eso haría, pero antes se lo contaría a los cuatro, todos merecían saberlo.

Suspiró un poco, había pensado que acabando con DIO estaría todo arreglado, pero se había equivocado, al menos parecía que no se había demorado tanto en saberlo, aún podía ponerle remedio, se dijo el anciano.

Anne hablaba con entusiasmo con una de sus compañeras, se había integrado bien en el nuevo colegio, aunque a veces le costaba entender ciertas palabras del francés, pero se las apañaba bien.

Había conseguido hacer amistades deprisa y adoraba la casa en la que vivía, aunque últimamente habían tenido que hacer ciertas renovaciones, Anne estaba encantada de tener una habitación para ella sola y, poco a poco, con ayuda de Jean y Mohammed, había ido decorándola a su gusto.

Hacía tiempo que no era tan feliz, le costaba aún creerse todo y deseaba que eso nunca acabase.

-¿Vienes esta tarde a mi casa?-preguntó en ese momento una de sus amigas, Marie, una chica unos meses más pequeña que ella, rubia, de ojos verdes y la piel de un tono algo pálido.

-¡Claro!-aunque tuviera que preguntarle antes a Jean Pierre y a Mohammed, dudaba que fueran a decirle que no. Los dos la animaban a relacionarse con sus compañeros.

Salieron juntas al patio, eran un grupo de unas cinco chicas que hablaban entre sí, emocionadas. Aunque la que más parloteaba era Anne.

Jean Pierre escuchaba serio lo que Avdol le contaba, había estado hablando, hasta un par de minutos antes, con Joseph.

-Iré yo-concluyó, serio, el egipcio cuando acabó de contarle todo-Es mejor que tú te quedes aquí con Anne.

El francés se dispusó enseguida a protestar ante aquello, aunque podía entender la lógica tras las palabras del otro, no estaba demasiado convencido de que fuera buena idea.

-Soy yo quien mejor conoce esa zona-siguió diciendo Mohammed, tratando de calmar las inquietudes del otro.

-Lo sé, lo sé-replicó enseguida Jean-Pero, ¿no sería mejor que fueran con vosotros Jotaro o Noriaki?-aunque él no pudiera ir, se sentiría más tranquilo si eran tres los que iban.

-No pueden faltar más a clase, además, no sabemos cuánto tiempo tardaremos en tener la información que necesitamos.

-¿Cuándo saldrás?-preguntó Jean, resignándose a aquello, consciente de que hacer cambiar de idea al otro hombre sería una tarea imposible.

-Mañana temprano-contestó el egipcio y miró el fax que le había enviado Joseph. Era su billete de avión.

Jean asintió, serio y salió, dejando al otro solo en la habitación. Mohammed suspiró, aunque lo estaba intentando disimular, era evidente que a Jean Pierre no le terminaba de agradar la idea. Lejos de ofenderse, el egipcio encontraba esa preocupación bastante lógica.

-No te preocupes-le dijo, sonriendo ligeramente, sabiendo que podía escucharle aún.

Joriko entró a su clase y se acercó enseguida a dos de sus amigos, Yukako y Koichi. Les saludó con entusiasmo y se sentó a su lado, le había costado algo recuperar las clases que había perdido y necesitó recurrir a clases particulares para poder estar al mismo nivel que el resto de sus compañeros, pero, por fin no se sentía perdida durante las diferentes asignaturas.

Ese día comenzarían la jornada teniendo Educación Física, la asignatura preferida de Joriko, pues podía aprovechar esa hora para jugar con sus amigos.

- ¿Qué tal?-preguntó Koichi entonces, mirando a la chica de pelo oscuro corto.

-Muy bien-contestó enseguida Joriko-Con ganas de ir a Educación Física, ¿vosotros?

-Yo prefiero matemáticas-A Yukako no le hacía demasiada gracia tener que correr, y se le daban muy bien las operaciones. En cambio, Koichi no tenía ninguna asignatura que le gustase o en la que destacase.

Koichi suspiró y acompañó a sus dos amigas al exterior del edificio, junto al resto de sus compañeros fueron al pabellón y se pusieron ahí las zapatillas de deporte.

La profesora estaba ya esperándolos a todos en el pabellón. Y fue pasando lista para ver que no faltaba ninguno.

-Hoy vamos a tener una sesión de bádminton-anunció la mujer cuando acabó de hacer eso-Tenéis las raquetas y los volantes en el almacén. Agrupaos por parejas y que vaya uno a por todo.

Yukako se puso con Koichi, pero a Joriko no le costó encontrar con quién ponerse. Otro de sus amigos, una chica llamada Kaori, se ofreció enseguida a ello y Joriko aceptó encantada.

Cuando llevaban ya un rato jugando, Kaori, en un intento por darle al volante lanzado por la otra niña, se lanzó hacia delante, pero, tropezó y cayó de rodillas, raspándose un poco la derecha y, rápidamente, comenzó a llorar pues sangraba un poco y le molestaba.

Joriko se acercó, preocupada, y miró la herida, estaba pensando cómo podía ayudarla, cuando alguien apareció, de repente, detrás de ella y colocó una mano en la rodilla herida de su amiga. Cuando retiró la mano, la niña de pelo negro se dio cuenta de que no quedaba ningún rastro de ese raspón.

-¿Estás bien?-preguntó, aún así, preocupada. Kaori miró con cierta confusión su rodilla y asintió poco después. No entendía qué había pasado, pero la herida había desaparecido y no sentía ya ningún dolor ahí.

-Sí, estoy bien-dijo mientras se levantaba-¿Seguimos jugando?

Joriko asintió y las dos niñas retomaron el juego enseguida.

No contó a nadie sobre lo que había ocurrido, pero desde ese día, cuando alguien se hacía alguna herida estando ella cerca o algo se rompía, esa extraña criatura aparecía y lo arreglaba en cuestión de segundos.

Joseph y Mohammed entraron al hotel, habían pasado el día entero recorriendo el mercadillo de la ciudad, intentando encontrar alguna pista acerca de Enyaba, pero no habían tenido nada de suerte. No habían esperado tampoco solucionar todo el primer día.

Y habrían estado aún más perdidos, si el egipcio no hubiera podido identificar el lugar en el que aparecía Enyaba en la foto.

Fueron hasta la habitación del hotel y se dejaron caer sobre las camas, estaban agotados, habían andado mucho y el cansancio les pasaba factura.

Poco después los dos hombres dormían con calma, querían levantarse al día siguiente temprano y continuar con las pesquisas.

Por la mañana, el primero en levantarse fue el anciano, mucho más acostumbrado a madrugar y levantarse temprano que el egipcio.

Miró desde la ventana el amanecer, hasta que abriera todo aún disponían de un par de horas. Suspiró, Joseph esperaba que esa fuera la última vez que se viera en la necesidad de regresar a aquella ciudad. No tenía nada en contra de El Cairo, pero aún tenía todo lo de DIO reciente. Ni siquiera estaba seguro de que fuera a poder olvidar todo aquello.

Suspiró, tenía que dejar de pensar en ello, su hija estaba bien, que era lo importante, además había pasado ya casi medio año, estaban ya en mayo, no podía seguir pensando en DIO, ya habían acabado con él y ahora, para cerrar por completo todo, tenía que encontrar aquellas flechas.

Se giró y miró a su amigo, callado. Esperaba que ese día tuvieran más suerte.

Holly cocinaba con tranquilidad, utilizaba a su Stand para ayudarse. Era un tranquilo día y, en cualquier momento, llegaría Jotaro con Noriaki para comer. La mujer estaba encantada de aquello, le gustaba ver que su hijo había encontrado amigos por fin.

Retiró la cazuela del fuego y probó el contenido con una cuchara. Sonrió contenta y, con su Stand, alcanzó el bote de la sal y le echó un poco más.

Había decidido probar la receta que Jean Pierre le había pasado en su última carta. Esperaba que a los otros dos les gustase, pero, el francés tenía razón, era un platillo delicioso. Bullabesa había dicho que se llamaba, y Holly, si tenía éxito, pensaba repetir en otra ocasión esa comida.

Estaba terminando de preparar la mesa cuando oyó que la puerta de entrada se abría y las voces de Noriaki y de su hijo llenaban el lugar. Sonrió y se asomó. Les saludó con energía y se acercó a los dos.

-¿Qué tal el día?-preguntó la mujer, irradiando ese buen humor suyo tan característico. Sabía que los exámenes se acercaban y, por eso, era habitual que los dos chicos pasasen tardes enteras estudiando juntos y luego, para relajarse, jugasen un poco a la consola que, por su cumpleaños, Holly le había regalado a Jotaro.

-Cansado-respondió enseguida Noriaki, animado por el carácter de la mujer.

Jotaro respondió algo parecido y tras dejar ambos las cosas, fueron al comedor y se sentaron mientras Holly servía la comida y se sentaba también.

-Espero que os guste-dijo ella-Seguí la receta que me pasó Jean Pierre.

Los dos miraron un momento la comida y, tras un segundo de duda, Jotaro tomó la iniciativa y probó la comida. Sonrió ligeramente, estaba delicioso.

Joseph observaba las dos fotos que había obtenido con su Stand. En una de ellas, aparecía un hombre joven, de cabello rosa, que le tendía cinco flechas a Enyaba, mientras que la anciana le daba un fajo de billetes considerable.

No era una foto reciente, Joseph había descubierto que, si se concentraba lo necesario y estaba en el lugar indicado, podía tomar fotos de eventos pasados.

-Así que tenemos que buscar también a ese hombre…-murmuró Mohammed tras observar la fotografía.

La situación parecía haberse complicado y, sin duda, les llevaría más tiempo del esperado poder dar con aquel desconocido.

-Y las cinco flechas que no sabemos dónde están-añadió el anciano.

-No podemos hacerlo nosotros dos solos-reconoció el egipcio-Es mejor volver y contar lo que hemos podido averiguar. Vamos a necesitar otra vez la ayuda de la Fundación Speedwagon.

-Sí...eso me temo-reconoció Joseph a regañadientes, su amigo tenía razón, para variar. Y, algo que no se le había escapado, era lo deseoso que parecía el otro por regresar.-Por cierto, no te he preguntado, ¿qué tal os va a Jean Pierre y a ti?

-Bastante bien, la verdad. Francia es un país muy bonito-comentó Mohammed, sonriendo.

-Me alegro-contestó el anciano, contento de ver así de feliz a su amigo.

Aunque habían intercambiado correspondencia también esos meses, Joseph prefería oírlo en persona.

Tres días después

Jean Pierre miraba nervioso la hora, llevaba, junto a Anne, esperando un buen rato a que el vuelo de Mohammed llegase, aunque hubiera sido una ausencia breve, los dos le habían echado bastante de menos.

-Es posible que venga cansado-le advirtió el francés a la niña. Eran casi 5 horas de vuelo, pues el egipcio había cogido un avión que hacía el trayecto directamente, sin escalas.

-Ya lo sé, me lo has repetido ya como tres veces-le recordó Anne, con algo de mal humor, lo había entendido a la primera.

Aunque este se desvaneció cuando los dos divisaron al egipcio caminando entre la multitud, en dirección hacia dónde ellos estaban.

Anne corrió hacia él y le abrazó con fuerza, provocando la risa en los dos hombres. Jean se acercó, poco después y sonrió.

-Bienvenido de vuelta-dijo, contento de verle ahí de nuevo.

-Por fin en casa-contestó Mohammed, sonriendo. Se detuvo ante el francés y le dio un abrazo, pillándole de sorpresa, aunque se repuso rápido y respondió al gesto de cariño.

Aunque, al salir del edificio y subirse en el coche, la conversación entre los dos adultos se tornó seria.

Anne escuchaba sin intervenir lo que los dos hablaban, sabía bien que eso era lo mejor, se trataba de un asunto importante.

-Sabemos que hay, al menos, un total de seis flechas-contaba Mohammed, serio.

Jean Pierre asintió-No os encontrasteis con ningún enemigo, ¿verdad?-preguntó, necesitaba asegurarse de eso.

-No, las cosas estuvieron bastante tranquilas, pero, no pudimos averiguar el nombre de quien le vendió las flechas a Enyaba, por lo visto, nadie fue capaz de decirnos eso, aunque se fijaron bastante en él.-explicó el egipcio, resumiendo su viaje-Pudimos averiguar el hotel dónde estuvo, pero, tenemos razones para sospechar que el nombre que usó para registrarse, Solido Nasso, es falso.

-Entiendo-Jean Pierre conducía serio, preocupado por todo eso, si era una persona tan escurridiza, posiblemente les llevase mucho tiempo ser capaces de acorrarlo, pero esperaba que tarde o temprano pudieran dar con él.


¡Nos vemos en el siguiente capítulo! ¡Hasta la próxima!