Bueno, empezaré diciendo que este es el capítulo que cierra la primera parte de Starcrossed Lovers. Ha sido un placer llegar hasta aquí y espero que os haya gustado mucho este fanfic.

Disclaimer: Jojo's Bizarre Adventure no me pertenece, es propiedad de Araki.


Jotaro miraba callado a su madre, la mujer había insistido en que le acompañase al centro comercial a comprar regalos para todos, ese año iban a estar también Jean Pierre, Mohammed, Anne,y los abuelos.

Aunque no lo dijese en voz alta, el moreno estaba ilusionado por aquello, aunque echaría en falta a Noriaki, pues el otro la pasaría con sus padres. Cosa que Jotaro entendía a la perfección, aunque el pelirrojo había prometido que intentaría escaquearse un momento para verlos a todos.

Entraron primero a una tienda de ropa y Holly fue directamente hacia las prendas más abrigadas. Cogió varias y las examinó pensativa. Jotaro observó lo que había cogido, eran dos faldas, una plisada de color azul y otra recta blanca.

-¿Cuál crees que le gustará más a Anne?-preguntó la mujer, girándose y mostrando ambas a su hijo. Jotaro se decantó enseguida por la azul. Holly sonrió y asintió, satisfecha-Perfecto, es la más bonita, sí. Tienes buen ojo para estas cosas.

-He pensado que podemos cogerle a Mohammed un fular-comentó el chico, sabía, gracias al francés que esa era la prenda de invierno favorita del egipcio.

-Podemos cogerle eso, sí, y un libro de la cultura japonesa-dijo Holly, recordando el interés mostrado por el hombre por sus costumbres.

Cuando hubieron elegido por fin la otra prenda de ropa que deseaban, y Jotaro le había dado el visto bueno, salieron de la tienda tras pagar.

-¿A dónde vamos ahora?-preguntó el muchacho. Su madre dudó un momento y señaló una juguetería que estaba unos cinco metros delante de ellos, a su izquierda.

-Vamos a mirarle algo más a Anne-dijo la mujer, encaminándose con decisión hacia la tienda, siendo seguida poco después por su hijo.

Holly se detuvo varias veces dentro de la tienda a examinar los distintos juguetes que había en las estanterías. Se metió en la zona de los juegos de mesa y sopesó varias opciones hasta que se decidió y cogió uno de los que tenían tablero.

-Estoy segura de que le encantará-comentó Holly y se dirigió hasta la caja para pagar, satisfecha con su elección.

Jotaro la esperaba fuera de la tienda, quería comprarle un kit de pinturas a Noriaki y varios pinceles, el chico se había quejado varias veces de que necesitaba eso, además de lienzos para poder pintar.

-Vamos ahora a por los de Jean Pierre, ¿te parece?-preguntó su madre cuando llegó a su altura.

-¿Qué has pensado en cogerle?-quiso saber Jotaro

-Un libro de recetas y una olla arrocera-contestó enseguida Holly, sonriendo contenta-Pero, ¿qué deberíamos cogerle a Noriaki? ¿Se te ocurre algo?

-Kit de pintura y varios lienzos-respondió el muchacho.

La mujer rió un poco, por la rapidez a la hora de responder de su hijo. Se notaba bastante todo eso-¿Quieres ir tú a por eso y yo compro mientras lo de Jean Pierre?

-Sí, mejor-comentó Jotaro y no tardó en irse. Holly le observó irse, contenta. Le alegraba ver a su hijo tan animado.

Se encaminó hacia la tienda de artículos de cocina y cogió uno de los libros de recetas que había ahí. Lo hojeó un poco y asintió. Era ese el que buscaba, pensó. Después fue a ver las distintas ollas que había y dedicó varios minutos a elegir la indicada.

Cuando estuvo satisfecha, cogió una y se acercó a la caja para pagar. Sabía dónde estaba la tienda dónde debía estar su hijo, así que se encaminó hacia allí.


Jean Pierre cocinaba junto a Holly, estaban preparando todo para la cena de esa noche, Jotaro estaba poniendo la mesa con ayuda de Anne, mientras los otros tres veían con tranquilidad la televisión.

El francés se estaba encargando del consomé mientras que Holly rellenaba platos con los que serían los entrantes y de vez en cuando revisaba el horno, para comprobar el estado del pescado que sería el plato principal de la cena.

-Ya está la mesa puesta-anunció Jotaro, asomándose a la cocina.

-Genial,Jotaro, ¿te importa llevar estos platos?-pidió Jean, señalando con un dedo un par de platos repletos de quesos cortados en triángulos y de mariscos. Jotaro arrugó la nariz un poco cuando el olor fuerte de uno de los quesos, uno redondo partido a la mitad, le llegó a la nariz.

-¿Qué es este queso?-preguntó, era la primera vez que lo veía.

-Ah, ¿ese? Es una torta, es un queso típico de España-dijo el francés-Lo probamos y a Mohammed y a mí nos encantó, espero que os guste.

Jotaro asintió y, sin decir más, fue al salón cargando los dos platos. Jean probó, en ese momento, el consomé y sonrió.

-¡Voilá!-exclamó, con alegría, el francés-Está perfecto-aclaró, al ver que Holly le miraba sonriendo ampliamente.

El hombre procedió entonces a ir llenando las tazas y, con ayuda de la mujer, los fue llevando hasta el comedor.

Al verles llegar, Mohammed se dirigió enseguida a la cocina y regresó con las tazas que faltaban. Poco tiempo después, estaban todos sentados en la mesa, comenzando a degustar los distintos platos que estaban servidos.

Apagaron la televisión y la conversación que mantenían todos era agradable, relatando cómo les había ido el año y comentando proyectos a futuro.


Joriko observaba callada a su madre, había intentado hablarle de aquel ser que había visto varias veces desde los últimos meses y, tras ver que no la creía, había decidido mostrarle lo que pasaba.

Aunque para hacerlo, había tenido que romper un vaso y la criatura lo había reparado delante de su madre.

Tomoko se acercó y observó en silencio el vaso, no quedaba ni rastro de roturas, era como si nunca hubiera estado roto. Tanto silencio comenzaba a poner nerviosa a la menor.

-¿Mamá?-preguntó, intranquila, Joriko.

-¿Cómo lo has hecho?-preguntó la mujer, seria, haciendo lo posible por mantener la calma y teniendo más o menos éxito.

-Yo no he sido...es el que está detrás de mí-murmuró la niña. Tomoko la observó, no veía nada detrás de ella, pero su hija no parecía estar mintiendo. Tampoco podía negar lo que acababa de ver.

-También puede curar heridas-informó la niña, esperando que eso ayudase y su madre dejase de fruncir el ceño.

-¿Desde cuándo puedes hacerlo?-indagó la mujer, tratando de buscar lógica a todo eso.

-Pues, creo que desde enero, cuando me recuperé de esa fiebre tan alta que tuve-confesó la menor.

Tomoko asintió, seria, no sabía qué relación podía tener, pero sin duda, algo tenía que haber. Lo primero era tranquilizar a su hija.

-Cariño, gracias por contarme esto-empezó, sin poder evitarlo, la cogió en brazos y la abrazó con fuerza. Las dos estuvieron un rato calladas.

Tomoko la dejó en el suelo, con cierta reticencia y forzó una sonrisa, aunque esa vez le costó más trabajo que otras veces.

-¿Debería contárselo al abuelo?-preguntó su hija en ese momento. La adulta se lo pensó un momento y negó, prefería hacerlo ella.

-Lo haré yo, ¿vale, cielo?-aseguró Tomoko. Quería hablar con su padre de eso con calma, sabía que, posiblemente, al principio, su padre no la creería. Ella, si no lo hubiera visto en persona y su hija se lo hubiera contado de palabra, tampoco se lo habría creído.

-Vale-dijo la niña y la mujer se relajó al ver que estaba ya más tranquila.

Esa noche, cuando Joriko estaba ya acostada, Tomoko procedió a contar a su padre lo que había ocurrido. Ryohei, su padre, la escuchó en silencio, sin interrumpir su relato en ningún momento.

-Sé que suena difícil de creer, pero lo he visto con mis propios ojos, papá-insistió ella-El vaso se reparó y no quedaba ni rastro de las grietas.

-¿Estás segura de ello?-preguntó, serio, su padre. Tomoko asintió enseguida, Ryohei se quedó pensativo-Creo que lo mejor es no hacer nada por el momento, Joriko es demasiado pequeña, no creo que entienda mucho, lo único que podemos decirle es que no lo haga delante de otros.

Tomoko pensó eso por varios minutos y asintió, comprendiendo el punto de vista de su padre. Quizá fuera eso lo más prudente, a ninguno de los dos le apetecía captar demasiada atención.

Ryohei suspiró un poco, le había pillado desprevenido todo eso y esperaba no estar cometiendo un error al decidir aquello, pero, después de todo lo que había pasado con su nieta, lo preferible era vivir de la forma más apacible posible.


Varios meses después

Jotaro esperaba que le llamasen para recoger su diploma, por fin había llegado el día de su graduación. Noriaki y él se irían después a estudiar a Estados Unidos. Habían conseguido alquilar un piso cerca de las facultades a las que asistirían.

Noriaki estudiaría bellas artes mientras que él se había decantado por biología marina.

Cuando vio que su amigo se levantaba para coger el diploma, le dio un ligero apretón, a modo de ánimo, cosa que el pelirrojo agradeció con una sonrisa y se encaminó hacia dónde estaba el director del instituto.

En cuánto el muchacho cogió el diploma, todos los allí presentes comenzaron a aplaudir y Noriaki, algo avergonzado, regresó deprisa a su asiento. Jotaro estaba nervioso, el siguiente sería él ya.

Cuando le tocó, Noriaki hizo lo mismo que él minutos antes, Jotaro asintió y avanzó con decisión hacia delante. Era el cierre de una etapa, algo que el chico había estado deseando desde Egipto, sería una forma de pasar página y el muchacho sentía que eso era lo que necesitaban, tanto Noriaki como él.

La gente comenzó a aplaudir ni bien lo cogió y al ponerse al lado del director para que les tomasen una foto, el muchacho pudo distinguir a sus amigos entre la multitud.

Después se reunirían con ellos, pensó, pero hasta que no acabase toda la ceremonia no podrían, pensó. Volvió a su sitio y se limitó a esperar a que todo eso acabase. Sentía ganas de fumar, pero había decidido dejarlo y, por el momento, lo estaba consiguiendo.

Miró de reojo a Noriaki, el pelirrojo sonreía contento, lucía realmente feliz en esos momentos, pensó Jotaro y se sonrojó un poco. Desvió la mirada enseguida y trató de pensar en otras cosas.

El otro chico lo notó, pero no dijo nada, él sentía algo similar, aunque no había reunido el valor aún para confesarse, agradecía haber tenido esos meses para conocer en profundidad a Jotaro e irse a vivir con él, en un tiempo, sería un gran paso, pensó, con cierto nerviosismo Noriaki.

La ceremonia terminó media hora después y Noriaki se iba a acercar a sus padres, iría con ellos a celebrar ese día, por mucho que le habría gustado pasar algo de tiempo con los demás, no iba a ser posible.

-Quedamos mañana, si te parece-dijo Jotaro, antes de que el pelirrojo se alejase demasiado, Noriaki se giró, le miró y sonrió un poco. Asintió con energía y se acercó a sus padres tras despedirse del moreno.


Cinco meses después

Noriaki y Jotaro terminaban de colocar todo en el piso. Llevaban varios días con eso, aunque la mudanza había sido relativamente sencilla, se la habían tomado con cierta calma, aprovechando para conocer bien la zona.

-Bueno, pues ya está-zanjó Jotaro, colocando las últimas sartenes en su sitio.

-Sí, por fin tenemos todo colocado-respondió Noriaki-¿Te apetece que salgamos a comer?-preguntó al mirar la hora. Podían ir a un restaurante que estuviera cerca de ahí y luego tendrían que pasar por la universidad, querían asegurarse de que todo estuviera en orden.

-Sí, de todas formas nos convendría también comprar algo de comida-aconsejó Jotaro, tratando de ser práctico con eso.

Noriaki asintió, conforme con aquello. Se fueron a arreglarse para salir y unos cinco minutos después estaban listos.

Tras estar andando un cuarto de hora por las bulliciosas calles de la ciudad, terminaron por decantarse por un restaurante especializado en carne que tenía bastante buena pinta. Entraron y siguieron al camarero que les atendió, este les llevó hasta una mesa para dos y, tras entregar a cada uno una carta con la comida, se retiró.

-¿Qué quieres pedir?-preguntó Jotaro, tras haberse decidido en lo que comería.

-Pues...creo que un solomillo de ternera con patatas-contestó, poco después, Noriaki-¿Y tú?

-Yo comeré brochetas de pollo- dijo Jotaro enseguida e hizo un gesto al camarero que les había indicado la mesa, para que se acercara y pudieran pedir.

Pidieron los dos platos y comenzaron a hablar del futuro curso universitario, los dos, a su manera, estaban entusiasmados con lo que les esperaba.

-¿Al final irás a la isla que te dijo mi abuelo?-preguntó Jotaro, esa había sido una de las intenciones originales de Noriaki en un principio.

-No, no creo-reconoció el muchacho-Aunque me guste bastante usar Hamon, la idea de que el uso continuado retrase mi envejecimiento no me agrada-admitió.

-Entiendo-dijo Jotaro y cambió de tema rápidamente-Me enteré de que Jean y Mohammed han comenzado a trabajar ya para la Fundación.

-Sí, yo también me he enterado-afirmó Noriaki-Creo que yo, cuando acabe la carrera, comenzaré a trabajar para ellos también. Andan buscando contratar a usuarios de Stand.

-Lo sé, mi abuelo me lo comentó, yo he aceptado ya trabajar para ellos-le contó Jotaro.

-Pues entonces soy el único que falta por decidirse-dijo Noriaki, sopesando sus opciones, a decir verdad, aceptar era lo mejor, y le alegraba saber que no sería el único.

-Intentan fichar también a Hol Horse-siguió contando Jotaro-Pero hay dos antiguos sirvientes de DIO que aceptaron enseguida.

-¿Ah sí?-preguntó Noriaki, intranquilo ante esa información.

-Sí, dos hermanos. Oingo y Boingo creo que se llamaban-mientras decía aquello, Jotaro cogió su vaso de agua y bebió un poco-Tienen dos Stands de los Nueve Dioses de Egipto.

-Pues, quizá me equivoque, pero no llegaron a luchar contra nosotros, ¿verdad?-quiso asegurarse el pelirrojo, pues no le sonaban de nada esos nombres.

-Por lo visto sus Stands no son adecuados para el combate cuerpo a cuerpo-explicó Jotaro-Aunque el del pequeño es visible para personas que no tienen Stand. Es un libro que le permite ver el futuro cercano.

-¿Y el otro?-preguntó Noriaki, interesado. Era la primera vez que oía sobre un Stand con esa capacidad.

-Puede cambiar de aspecto a voluntad-respondió Jotaro, serio. Los dos guardaron silencio cuando vieron que el camarero se acercaba con su comida.

-¿Y qué hay de los otros que trabajaban para DIO?-quiso saber Noriaki mientras utilizaba el tenedor y el cuchillo para partir un trozo de su carne.

-Los tienen bajo vigilancia-dijo Jotaro-Están controlados las veinticuatro horas.

-Espero que funcione-confesó Noriaki, aunque le aliviaba bastante saber aquello, no podían dejar a esas personas por su cuenta, no le extrañaría que intentasen vengarse de alguna forma de ellos.

-Yo también, aunque de momento así ha sido, no han dado problemas-explicó Jotaro, esperaba que siguieran así.


11 años después

Joseph leía preocupado la carta que le acababa de llegar de la Fundación Speedwagon, tenía que tratarse de una broma de mal gusto, pensó el anciano, le costaba creer la veracidad de aquella información, pero, en el fondo, era consciente de que no había error alguno.

Había pasado años creyendo, aferrándose a la esperanza, de que aquel desliz jamás saldría a la luz. Suspiró, ¿qué se suponía que debía hacer?, ¿Presentarse sin más ahí y decirle a esa chica que él era su padre?, ¿Qué iba a decirle a los demás?

Se ajustó las gafas bien para poder leer la información que le habían proporcionado, según eso, su otra hija tenía ahora mismo diecisiete años y residía, junto a su madre y su abuelo, en el pueblo japonés de Morioh, en la zona costera meridional de Japón.

Suspiró, no era una decisión que fuera sencillo tomar, no podía marcharse sin más allí, por mucho que le gustase, no era posible hacer tal cosa, generaría demasiadas preguntas, pero, por otro lado, tampoco le apetecía sentarse con su esposa y confesarle que le había sido infiel.

Dejó la hoja a un lado y se frotó los ojos, la probabilidad de que, además, fuera usuaria de Stand era muy alta, pues también había sufrido la misma enfermedad que Holly. Dejarla sin más tampoco le parecía la opción más correcta. No era una persona que le gustase desentenderse de su familia, volvió a suspirar. Lo mejor era hablarlo primero con su hija, sin duda Holly sabría aconsejarle bien en ese asunto.

Además, podría aprovechar que, con motivo de visitar a Jotaro, Holly había viajado por una semana a Estados Unidos y, en esos momentos, se estaba quedando con ellos unos días.

Fue a buscarla por la casa y la vio en el salón, junto a su madre, leyendo una revista. Tragó saliva, nervioso por un momento.

-Holly, ¿puedes venir y ayudarme con un tema de papeleo?-preguntó y se excusó deprisa-Me temo que mi vista ya no es lo que era hace unos años.

Holly asintió y dejó la revista a un lado, siguió a su padre hasta el despacho y este, una vez estuvieron ahí, cerró la puerta, serio y le entregó la hoja con toda la información sobre Joriko Higashikata.

Durante los primeros minutos, Holly leyó aquello mentalmente, hasta que llegó a la parte dónde se describía la marca de nacimiento de la joven, una mancha con forma de estrella en la parte trasera del hombro izquierdo.

Miró a su padre, sin saber bien qué decir ante esa información, y la expresión en el rostro del anciano fue toda la respuesta que necesitaba.

Cada segundo que Holly permanecía callada era peor para Joseph, quien no sabía cómo interpretar aquel silencio y se estaba poniendo nervioso.

-Holly…-murmuró el hombre cuando ya no pudo aguantar más aquello, pero la mujer le hizo callar con un gesto de su mano.

-¿Piensas no decirle nada a mamá?-preguntó, algo cortante, Holly, el ceño fruncido de la mujer delataba su mal humor-¿Y qué piensas hacer con ella? ¿Te involucrarás en su vida o no?

-Yo...yo no sé qué hacer-al ver que su hija fruncía el ceño rectificó al momento-Sí se lo voy a contar a Suzie. Pero, no sé si Joriko, teniendo ya diecisiete años, necesitará ya un padre.

Holly fue a reprocharle aquello enseguida, pero, al ver la cara que ponía él, se contuvo.-Eso no lo sé, pero creo que sí merece saber quién es su padre, ¿no te parece?

Joseph, algo más animado, asintió enseguida y Holly suspiró un poco, antes de añadir-Avisaré a Jotaro y a Noriaki, pero tú deberías ir diciéndoselo a mamá-dijo ella-No les diré de qué va todo, pero sí les pediré que vengan, que tenemos algo importante.

El anciano salió enseguida de la habitación y Holly agarró el teléfono y comenzó a marcar el número de su hijo.

Jotaro leía callado los papeles, aprovechaba el tiempo que tendrían antes de que el barco llegase hasta el puerto de Morioh. No iba solo, le acompañaban su madre, Noriaki y el abuelo.

Suspiró un poco, se le hacía bastante extraño todo aquello, él, que había conseguido llevar una vida más o menos tranquila por los últimos once años, ahora descubría que tenía una tía más joven que él. Estaba claro que su vida no podía volverse más bizarra a esas alturas.


¡Nos veremos pronto en la siguiente parte! ¡Hasta pronto!