CAPÍTULO 4
—Es alta como Samui.
—No tan alta como ella.
—¡Silencio! ¡Ella es Samui! O él tendrá nuestras cabezas servidas en fuentes.
—¿Qué le pasó a Samui? —preguntó Sakura suavemente. No se sorprendió cuando las bocas de una media docena de criadas permanecieron cerradas y volvieron su atención completa a vestirla en un silencio acérrimo.
Sakura rodó los ojos. Si ellas no iban a decirle nada sobre Samui, quizás hablarían sobre su novio.
—Así que, ¿quién es ese hombre con el que debo casarme?
—Sasuke Uchiha. —¿Qué tipo de nombre era Sasuke de todas maneras?
Las criadas empezaron a reírse disimuladamente como un polluelo de codorniz sobresaltado.
—La verdad es, milady, que nosotras sólo hemos oído historias de él. Estos esponsales fueron ordenados por el propio Rey James.
—¿Cuáles son esas historias? —preguntó Sakura irónicamente.
—¡Sus hazañas son legendarias!
—Sus conquistas son legión. Se rumorea que ha recorrido el mundo acompañado sólo por las chicas más bonitas.
—Se dice que no hay una sola chica bonita en toda Escocia que él no haya tumbado.
—...en Inglaterra, también!
—...y que no recuerda ninguno de sus nombres.
—Se dice que tiene una belleza divina, y una cultivada mano en el arte fino de la seducción.
—Es fabulosamente adinerado y los rumores dicen que su castillo es lujoso más allá de toda comparación.
Sakura pestañeó.
—Maravilloso. Un materialista, infatuado, apuesto y auto indulgente playboy, un hombre desconsiderado con una memoria mala. Y es todo mío. Dulce Dios, ¿qué he hecho yo para merecer esto? —se preguntó en alto. Dos veces, agregó privadamente.
Lisbelle la miraba con curiosidad.
—Pero los rumores dicen que él es un amante magnífico y muy guapo, milady.
¿Qué podría haber de malo en eso?
Creo que no entiendes este mundo, Samui Shinura. Quizás él tenía razón.
—¿Pega él a sus mujeres?
—Él no las mantiene consigo el tiempo suficiente, o eso es lo que dicen.
—Aunque he oído decir que una de sus mujeres intentó matarlo recientemente. No puedo imaginar por qué — agregó la criada, auténticamente confundida—. Se dice que él es más que generoso con sus damas cuando las consigue.
—Puedo imaginar por qué —refunfuñó Sakura irritada, repentinamente impaciente con todo ese tirar, atar, adornar, y colocar de manos en su cuerpo—. Deténganse, deténganse —Ella palmoteó las manos de Lisbelle ligeramente de su pelo, que había sido lavado, rizado y peinado implacablemente, en una tortura lenta que parecía haber durado años.
—Pero milady, debemos hacer algo con este pelo. ¡Es tan lacio! Debes lucir lo mejor...
—Personalmente, preferiría parecerme algo más a un gato arrastrado. Mojado, despeinado, y oliendo como un viejo muladar.
Los jadeos resonaron.
—Chica, él será tu marido, y podría irte peor —una voz dura atravesó el cuarto. Sakura se volvió despacio y se encontró con la mirada sabia y mundana de una mujer con quien ella sintió una afinidad instantánea—. Podrías tener el mío, a falta de un ejemplo mejor.
Sakura sorbió en una respiración áspera.
—¿Laird Shimura?
—Tu padre, mi querida hija —dijo lady Torune Shimura con una sonrisa ácida—. Salgan todas —Ella sacó a las criadas del cuarto con una mano regia, los ojos contemplando prolongadamente a Bess—. Matará a la chica un día, si quiere —dijo suavemente. Mantuvo los ojos cerrados herméticamente por un momento largo.
—¿Te explicó él lo que debes hacer?
Sakura asintió.
—¿Y lo harás?
De nuevo ella asintió. Lady Shimura expelió un suspiro de alivio.
—Si en algún momento puedo devolver tu bondad...
—No es bondad. Es para salvar mi vida.
—...sólo necesitas preguntar. Porque salvas la mía propia.
.
.
Sakura estaba de pie ante el hombre de sotana, cumpliendo su parte de la farsa.
—Soy Samui Shimura —proclamó ruidosamente. El hombre de Dios palideció visiblemente y asió su Biblia hasta que sus nudillos parecieron hundirse en las costuras. Sabe que no lo soy, meditó ella. ¿Qué demonios estaba realmente sucediendo allí?
Sintió una presencia cerca de su hombro izquierdo, y se volvió para enfrentar renuentemente al hombre con quien debía casarse. Los ojos se encontraron a la altura del área de debajo de su esternón, y cada pulgada de él parecía esculpida en acero.
Sakura empezó a subir y mirar a su novio a la cara, cuando comprendió con horror que no estaba arrodillándose. Más allá de la mortificación, inclinó su cabeza hacia atrás y tragó mil protestas frenéticas que se coagularon en su garganta.
El gigante la miró a su vez fijamente, con una expresión inescrutable, las llamas del fluctuar de las velas bailando en los ojos más azules que alguna vez viera.
No puedo casarme con él, gritó ella silenciosamente. ¡No puedo hacerlo!
Los ojos rehuyeron el semblante masculino y se desviaron ligeramente por el público, en busca de alguien que la salvara de ese desastre. Bess estaba sentada en el banco trasero, los ojos llenos de súplica.
Sakura retrocedió y cerró los ojos. Por favor Dios, si estoy loca, por favor hazme sensata de nuevo. Y si no he enloquecido y de algún modo esto realmente está pasando, siento no haberte agradecido por el siglo XX. Siento haberle hecho lo que le hice a Sasori. ¡Lo siento por todo, y prometo que seré una persona mejor si me SACAS DE AQUÍ!
Cuando abrió los ojos de nuevo, podría jurar que el hombre de sotana tenía un sabio y más bien divertido destello en los ojos.
—Ayúdeme —dijo ella con voz hueca, quedamente. Rápidamente, él bajó los ojos al suelo. No los levantó de nuevo.
A su pesar, Sakura arrastró la mirada renuente al tórax de su novio, entonces hacia arriba, aún más lejos, a su oscuramente guapo rostro.
Él le arqueó una ceja cuando los flautistas empezaron a tocar más fuerte, en un ritmo que aumentaba en alegría y tempo.
Fue rescatada de la considerable tensión cuando un alboroto hizo erupción y oyó la voz furiosa de su padre estrellándose contra las vigas.
—¿Qué dices sobre que no podrá venir él mismo? —gritó Danzō Shimura al soldado.
—Han habido algunos pequeños problemas en North Uster. Sasuke tuvo que irse a caballo a toda prisa, pero no ha deshonrado su palabra. No hace deshonor a los clanes. —El soldado entregó su mensaje ensayado.
—¡Deshonra el troth no estando aquí! —rugió Lord Shimura. Entonces se volvió al hombre junto de Sakura—. ¿Y quién eres tú, para tomar su lugar?
—Naruto Uzumaki, el capitán de guardia de Sasuke. Vengo a casarme con su hija como su apoderado.
—¡Viruelas un apoderado! ¿Cómo se atreve a no venir a desposar a mi hija él mismo?
—Es absolutamente legal. El rey lo reconocerá y de ese modo el troth se cumplirá.
Sakura no pudo evitar la alegría que asomó en su rostro ante sus palabras. ¡Ese hombre no era su marido!
—¿Soy tan ofensivo entonces, chica? —preguntó él y sonrió burlonamente, sin perderse una onza de su alivio.
Tan ofensivo como una fuente de fresas zambullidas en chocolate oscuro y cubiertas con crema batida, pensó ella irónicamente.
—Pronto me casaré con un sapo —dijo Sakura.
La risa de él provocó una sonrisa renuente en sus propios labios.
—Entonces definitivamente no tendrás suerte, milady. Sasuke no es ningún sapo con toda seguridad. Yo, chica, estando de pie al lado de Sasuke, soy de verdad un sapo. No, un troll. Peor todavía, un lagarto cornudo y verrugoso. Un...
—Me hago una idea —Santo Cielo, líbrame de la perfección—. ¿Dónde está él, entonces, mi marido involuntario?
—Manejando las consecuencias de un problema serio.
—¿Y eso podría ser...?
—Un grave y terrible levantamiento.
—¿En North Uster?
—Cerca. —Los labios del hombre tiraron bruscamente en sus comisuras, como reprimiendo una sonrisa.
Sakura fue atrapada por un ataque de urgencia. No importaba cuánto arrastrara los pies, ese hecho se llevaría a cabo. Si tenía que enfrentar lo desconocido, le gustaría hacerlo cuanto antes. La espera sólo lo hacía peor, y el griterío de Lord Shimura combinado con la cacofonía salvaje de los debatientes flautistas le estaba arruinando los nervios. ¿Soy la loca Samui? Entonces lo demostraré. Enderezando sus plenos cinco pies y medio, buscó la figura todavía bramante de su padre y se sumergió en la refriega.
—¡Oh, cállate, padre, y sigamos adelante con esto! Tengo una boda que debe hacerse y sólo estás retrasándola. ¿Y qué si él no viene? No puedo decir que lo culpo.
La capilla quedó cadavéricamente inmóvil. Sakura podía jurar que sentía al hombre a su lado temblar con risa reprimida, aunque no se atrevió a encontrar su mirada de nuevo.
Murmuraciones sobre Mad Samui rebotaron a través de la capilla, y Sakura sintió una ola de alivio. Esta fama de loca podría ser útil. En tanto ella obedeciera las órdenes de Shimura ese día, podría ser tan rara como una pelota cuadrada y nadie lo encontraría extraño.
Sakura había estado angustiada de que no pudiera recordar todos los detalles que Shimura le había dicho; que se equivocaría y alguien en la casa de su nuevo marido descubriría que era una impostora. Una vez que empezara a hablar como un charlatán, los Shimura cumplirían su amenaza de matarla.
De repente esa presión desapareció en un bollo esponjado de humo. En el aquí y ahora (y ella estaba muy aquí y ahora) era Mad Samui Shimura. ¿Cómo podría ser responsable por algo de lo que hacía y decía aunque no tuviera sentido? La locura era una licencia a la libertad. Una licencia para hacer y decir lo que quisiera sin repercusiones.
Ningún Sasori, ningún arma, ningún recuerdo malo.
Quizá ese lugar no era tan malo después de todo.
