CAPÍTULO 5

Sakura había estado vagando por las tierras de Dalkeith durante varias horas cuando tropezó con la herrería. Después de un agotador viaje de dos días desde Shimura Keep hasta su nueva casa en Dalkeith-Upon-the-Sea sobre un corcel quisquilloso, había planeado derrumbarse en la cama más cercana, dormir durante días, y cuando despertara (si todavía estuviera allí) encontrar una buena botella de whisky escocés y beberla hasta el olvido. Y entonces verificaría de nuevo si todavía seguía allí.

No sólo no había podido encontrar una cama suave en el castillo alborotado, sino que no había habido ningún whisky, ninguna señal de un marido, y todos la habían ignorado sumariamente, lo que había hecho muy difícil hacerla sentir en casa. Naruto había huido de su compañía desde el momento en que habían atravesado la tapia de granito rosa de Uchiha Keep, aunque había parecido realmente un caballero durante la jornada.

Pero ella no era ninguna estúpida. No tenían que pegarle en la cabeza con un palo para deducir que definitivamente no era una esposa querida. Casamiento por poderes, ninguna bienvenida, y ninguna señal de su marido. Definitivamente no querida.

Sakura dejó su búsqueda infructuosa del marido, la cama y la botella y se fue de paseo para explorar la nueva casa.

Y fue realmente por accidente que tropezó a través de los árboles de serbal con la forja al borde del bosque. Con el hombre, vestido sólo con un kilt, bombeando el fuelle y formando el acero de una herradura.

Sakura había oído que su marido por poderes era demasiado hermoso para ser humano, pero ese hombre hacía de hecho al magnífico Naruto un verdadero sapo.

¿Por qué no habría un hombre tan recio en el siglo XX?, pensó ella con fascinación indefensa cuando lo miró trabajar. Para ver a ese tipo de hombre en el siglo XX, una mujer tenía que ganar entrada de algún modo en el sanctum interno de los físicoculturistas y los pesos libres, donde el hombre definía su cuerpo en homenaje a sí mismo. Pero en ese siglo, semejante hombre existía por simple obra de la naturaleza.

Su mundo demandaba que él fuera fuerte para sobrevivir, ordenar, soportar.

Cuando el herrero se inclinó para cambiar martillos, ella vio un riachuelo de perlado sudor iniciando una carrera desde la sien hasta su mejilla, dejándose caer con una salpicadura hasta su pecho, y goteando, oh, tan despacio a lo largo de los gruesos músculos en su abdomen. Hasta su ombligo, encima de su kilt, y más bajo todavía. Ella miró sus piernas con fascinación, esperando ver las gotas de sudor reaparecer en esas poderosas pantorrillas, y preguntándose delirantemente por cada pulgada entre ellos.

Tan intenso era el calor brillando débilmente de la forja, tan extraña su necesidad, que Sakura no comprendió que él se había detenido por algunos instantes.

Hasta que no levantó los ojos de su pecho para encontrarse sus pálidos, serios ojos.

Ella abrió la boca.

Él cruzó la distancia y ella supo que debía correr. Sin embargo, también supo que no podría correr aunque su vida dependiera de ello. Algo en esos ojos...

La mano masculina fue áspera cuando se cerró en su mandíbula y empujó atrás su cabeza para encontrarse mirando unos relampagueantes ojos color de las esmeraldas.

—¿Hay algún servicio que pueda realizar para ti, mi hermosa reina? ¿Quizás tienes algo que necesite ser calentado y amoldado? ¿O quizás podría reformar mi lanza de acero en el calor de tu forja, milady?

Los ojos de Sakura investigaron el rostro masculino ferozmente. Calma, se ordenó.

Él la agitó cruelmente.

—¿Buscas mis servicios?

—Es el calor, nada más —graznó ella.

—Sí, es ciertamente el calor, Bella —Los ojos eran diabólicos—. Ven —Él la tomó de la mano y empezó a arrastrarla con un paso rápido.

—¡No! —Ella golpeó con fuerza su brazo.

—Ven —pidió él, y la muchacha sufrió la sensación misteriosa de que él estaba alcanzando algo dentro de ella con esos ojos, pidiendo a su voluntad acompañar los deseos masculinos. La aterró.

—¡Suélteme! —gritó.

Los ojos del hombre investigaron más profundamente, y aunque ella sabía que era ridículo, Sakura se sentía como si estuviera luchando por algo muy importante. Supo que no debía ir con ese hombre, pero no podría empezar a decir por qué. Se dio cuenta del peligro, oscuro y prístino. Peligro antinatural y antiguo más allá de su control. Si él abriera su cruelmente hermosa boca y dijera "ven" una vez más, ella podría hacer simplemente eso. Obedecer.

Él abrió la boca. Ella se preparó para la orden que sabía seguiría.

—Suelta a mi esposa —ordenó una voz profunda detrás de ellos.