CAPÍTULO 7
Sakura sabía que estaba soñando. Estaba en la misma desesperadamente horrible pesadilla que había estado teniendo durante meses; en la que huía en los oscuros, desiertos callejones de Nueva Orleáns intentando escapar de la muerte.
No importaba cuán duro intentara controlar el sueño, nunca se sentía segura. Inevitablemente, Sasori la encontraba en el almacén abandonado en Blue Magnolia Lane. Sólo una cosa difería significativamente de la realidad que Sakura había vivido: en su pesadilla, ella no alcanzaba el arma a tiempo.
Se despertó agitada y pálida, con pequeñas gotas de sudor perlando su rostro. Y allí estaba Sasuke; sentado en el extremo de su cama, mirándola silenciosamente.
Sakura lo miró con los ojos muy abiertos. En su confusión soñolienta, el oscuramente hermoso rostro de Sasuke parecía llevar rastros de la belleza diabólica de Sasori, y la hacía preguntarse qué diferencia podría haber entre los dos hombres, si es que hubiera alguna. Después de una pesadilla con un hombre mortalmente atractivo, despertar para encontrarse a otro en esa proximidad íntima simplemente era demasiado para sus nervios destrozados. Aunque todavía no tenía virtualmente ningún recuerdo de que cómo había ido a parar al siglo XVI, sus otros recuerdos estaban lamentablemente intactos. Sakura Haruno recordó una cosa con claridad insoportable: ella no confiaba y no le interesaban los hombres guapos.
—Gritaste —informó Sasuke en su voz meliflua.
Sakura rodó los ojos. ¿Podría hacer él algo además del ronroneo cada vez que abría su boca perfecta? Esa voz podría engatusar a una monja ciega a abandonar su castidad.
—Vete —masculló ella.
Él sonrió.
—Vine para comprobar que no eras la víctima de otro intento de asesinato.
—Te dije que no lo era —Él se sentaba cuidadosamente, aparentemente atrapado en un poderoso forcejeo interno. La mente de la joven giró con remanentes desenfrenados de su pesadilla, cuando una brisa suave descendió de la ventana y besó su piel. ¡Dioses, su piel! Ella tiró la sábana de seda hasta sus pechos casi desnudos en un ataque de resentimiento. El vestido que había encontrado tendido en su cama pulcramente —por alguien que obviamente tenía menos inhibiciones sobre la ropa que ella—, escasamente calificaría como camisón. Las mangas diminutas se habían resbalado de encima de sus hombros, mientras la falda del vestido se había convertido en un manojo; los volados de tejido transparente se agrupaban en una espuma nebulosa alrededor de su cintura y cubrían apenas sus caderas, y eso sin que ella se moviera en absoluto. Sakura arrastró firmemente el vestido e intentó arreglarlo sin abandonar su bien agarrada sábana.
Sasuke gimió, y el sonido grave le hizo bailar cada nervio. Ella se obligó a encontrar su mirada acalorada con apariencia imperturbable.
—Samui, sé que no empezamos este matrimonio exactamente bajo las mejores circunstancias.
—Sakura. Y uno podría decir definitivamente que...
—No, mi nombre es Sasuke James Lyon. Pero la mayoría me llama Sasuke.
—A mí, quise decir. Llámame Sakura. —Ante su mirada interrogadora ella agregó—: Mi segundo nombre es Sakura, y es el que prefiero. —Una mentira simple, diminuta. Ella no podía esperar seguir respondiendo al nombre de Samui, porque podría equivocarse en el futuro.
—Sakura —él ronroneó y puso una inflexión de más, pronunciándolo Sa-ku-ra— en—. Como estaba diciendo... —Él resbaló a lo largo de la cama con tal gracia que ella sólo comprendió que se había movido que cuando lo tuvo demasiado cerca— ...temo que no tuvimos el mejor comienzo, y pienso remediarlo.
—Puedes remediarlo quitándote de mi vista en este momento. Ahora. Shoo. —Ella asió la sábana en un puño cuidadoso y ondeó la otra mano despectivamente. Él la miró con fascinación. Cuando él no se movió, ella intentó despedirlo de nuevo, pero el hombre cazó tramposamente su mano que empezaba a ondear.
—Manos hermosas —murmuró él, envolviendo la palma y plantando un beso prolongado en el centro sensible—. Temí que Mad Samui fuera la mayor arpía del mundo. Ahora sé por qué Shimura te guardó escondida en su torre todos esos años. Eres la verdadera plata y oro de los tesoros de Shimura. Su riqueza se ha vaciado por completo al perderte a ti.
—Oh, bájala —espetó ella, y él pestañeó con sorpresa—. Escucha, Sasuke James Lyon o Sasuke o quienquiera que seas, no me impresionas. Si vamos a estar obligados a sufrir el mismo techo sobre nuestras cabezas, necesitamos aclarar algunas cosas. Primero —ella sostuvo una mano y empezó a contar con los dedos—: no me gustas. Acostúmbrate a eso. Segundo, yo no quería casarme contigo, pero no tuve ninguna alternativa.
—Deseas a otro —El ronroneo se ahondó en un retumbo de disgusto.
—Tercero —ella continuó sin molestarse en responder—; yo no encuentro tus supercherías viriles ni remotamente interesantes. No eres mi tipo...
—Pero Neji lo es ciertamente, ¿eh? —Su mandíbula se endureció y los ojos de ébano se encendieron.
—Más que tú —mintió ella, pensando que si pudiera convencerlo de lo que quería decir, él podría dejarla sola.
—No lo tendrás. Eres mi esposa, te guste o no. No seré un cornudo —tiene que importarte para ser un cornudo. La voz de Naruto resonó en su mente—. Quizás puedas intentar... —quizás, él ya lo hacía y no tenía la más remota idea de por qué.
—Bien, no puedo.
—¿Soy tan desagradable entonces?
—Sí.
Él la miró fijamente. Miró fijamente el cuarto. Estudió las vigas. Ninguna respuesta misteriosa estaba agazapada, lista para ser encontrada en cualquier parte.
—Las chicas siempre me han encontrado atractivo —dijo él finalmente.
—Quizá eso sea parte de tu problema.
—¿Perdón?
—No me gusta tu actitud.
—¿Mi actitud? —él hizo eco quedamente.
—Así es. Así que sal de mi cama y de mi vista y no me digas nada más esta noche.
—Eres la chica más detestable que me he encontrado alguna vez.
—Y tú eres el más frívolo e incorregible bribón de cuantos hombres he tenido el disgusto de conocer alguna vez.
—¿De dónde sacas todas esas ideas sobre mí? —se preguntó él.
—Podríamos empezar contigo demasiado borracho para presentarte a tu propia boda.
—¿Te lo dijo Naruto? ¡Naruto no te habría dicho que!..
—Maldita unión masculina —Sakura rodó los ojos—. Todo lo que él me dijo fue que estabas atendiendo un levantamiento. De tu estómago, eso no podía saberlo. La criada que me mostró este cuarto más temprano, tuvo bastante tiempo para hablarme. Lo hizo sin parar acerca de cómo tú y tres cascos de vino y tres mujeres, se pasaron la semana antes de nuestra boda intentando... ya sabes —Sakura murmuró unas ininteligibles palabras—: sacarte los sesos.
—¿Qué es eso de sacarme los sesos?
—Tú sabes —Sakura rodó los ojos.
—Me temo que no. De nuevo, ¿qué era esa palabra?
Sakura lo miró fijamente. ¿Estaba provocándola? ¿Estaban los ojos encendidos de picardía? Esa media sonrisa que encorvaba su boca hermosa podría fundir la sábana que ella estaba asiendo, por no mencionar su voluntad.
—Al parecer alguno de ellos tuvo éxito, porque si te hubiera quedado algo de seso, saldrías ahora mismo de mi vista —espetó ella.
—No eran tres—. Sasuke tragó una risa.
—¿No?
—Eran cinco.
La mandíbula de Sakura se endureció. Ella sostuvo sus dedos de nuevo.
—Cuarto: éste sólo será un matrimonio de nombre. Temporal.
—Cascos de vino, quise decir.
—No es gracioso.
Su risa rodó peligrosa y pesada.
—Es suficiente. Ahora vamos a contar las reglas de Sasuke —él sostuvo su mano y empezó a contar sus dedos—. Primero, eres mi esposa, de manera que me obedecerás en todo. Si debo ordenarte que vayas a mi cama, entonces así será. Segundo —su otra mano se levantó, y ella retrocedió, medio esperando un golpe, pero él la ahuecó sobre su rostro firmemente y la miró—; te apartarás de Neji. Tercero, darás toda la pretensión de estar encantada por haberte casado conmigo, pública y privadamente. Cuarto, quinto y sexto, te apartarás de Neji. Séptimo —él le dio un tirón de la cama y la puso de pie en un fluido movimiento—; me explicarás lo que encuentras desagradable sobre mí precisamente después de que te haga el amor, y octavo, vamos a tener niños. Muchos. Quizás docenas. Quizás simplemente te mantendré gorda con mis niños desde este momento en adelante.
Los ojos de Sakura se dilataron más y más mientras él hablaba. Cuando llegó a la parte de los niños, ella estaba acercándose al pánico completo. Recogió trozos de su ingenio y buscó el arma más eficaz. ¿Qué podría decir para mantener a ese hombre alejado? Su ego. Su ego gigantesco y su orgullo varonil. Ella tenía que usarlo.
—Haz lo que quieras. Yo simplemente pensaré en Neji —ahogó un bostezo y estudió sus cutículas.
Sasuke retrocedió y dejó caer sus manos del cuerpo de Sakura como si quemara.
—¡Simplemente pensarás en Neji!
Él frotó su mandíbula y realmente no creyó en lo que había oído, mientras miraba fijamente la visión ante él, medio vestida en una nube de espuma transparente. El pelo rosado brillante caía alrededor del rostro más hermoso que él hubiera visto alguna vez. Su rostro en forma de corazón, su mandíbula delicada y, sin embargo, sorprendentemente fuerte. Sus labios llenos y aterciopelados como una ciruela madura, y rebeldes ojos verdes esmeraldas. Ella era la pasión personificada, y no parecía tener ni idea de su propia belleza. O no le importaba. La lujuria fijó un puño duro alrededor de él y apretó sin misericordia. Los ojos de ébano se estrecharon intensamente. Tenía una piel cremosa, hermosos hombros, una cintura delgada, dulcemente redondeadas caderas y piernas que subían todo el camino al cielo. Su belleza lo marcó con hierro, lo llamaba. La chica era pura perfección. Aunque Sasuke no era un hombre supersticioso, las palabras del deseo de Naruto a la estrella fugaz escogieron ese momento para relucir en su mente. ¿Qué había dicho Naruto exactamente?
Él había deseado para Sasuke que encontrase a una mujer con ingenio y sabiduría; una mujer inteligente.
—¿Puedes sumar? —él espetó.
—Guardo la contabilidad como una profesional.
—¿Lees y escribes? —presionó él.
—Tres idiomas fluidamente, dos razonablemente bien.
Era la primera razón por la que había podido falsificar tan bien su acento y poder convencerlos de que era Samui Shimura. Aunque algunas de las palabras y expresiones que usaba podrían parecerles extrañas a ellos, esperaban que ella estuviera chalada; había hecho un estudio rápido en Shimura Keep, asimilando el acento característico con la facilidad de un niño. Siempre tenía oído para los idiomas. Además, había mirado cada episodio de The Highlander que se había emitido.
Sasuke gimió. La segunda parte del deseo de Naruto había sido que la mujer fuera perfecta de rostro y forma. No necesitaba hacer ninguna pregunta en ese sentido. Ella era una Venus, sencillamente, que había caído en su mundo, y él tenía una porfiada premonición de que su mundo nunca podría ser el mismo de nuevo.
Por lo que los primeros dos requisitos del deseo de Naruto estaban cumplidos. La mujer poseía cerebro y belleza fascinantes.
Fue en el último requisito que Naruto había especificado en el que Sasuke estaba más interesado: Un perfecto "no" en sus labios perfectos...
Una mujer o no vivía o no respiraba para decirle "no" a Sasuke.
—Chica, te deseo —él dijo en una voz cruda, ronca—. Te haré el amor de la manera más increíble que alguna vez experimentarás a este lado de Valhalla. Puedo llevarte más allá del paraíso, hacerte desear nunca poner tus pies en esta tierra de nuevo. ¿Me permitirás llevarte allí? ¿Me deseas? —él esperó, pero ya estaba seguro de lo que iba a venir.
Sus labios se fruncieron en un delicioso mohín cuando ella dijo:
—No.
.
.
—¡Has puesto un geis sobre mí con tu maldito deseo, Naruto! —se oyó aullar al Laird Sasuke James Lyon Uchiha a los cielos sin estrellas, más tarde esa noche. Más allá de un círculo de árboles de serbal, Neji atizó un banco de ascuas e hizo sombra a un sonido demasiado oscuro para ser risa.
Sakura permaneció durante mucho tiempo en la oscuridad, sentada en el borde de su cama después de que él se hubo ido, y retrocedió ante el ronco aullido que subió para tocar la luna. ¿Un geis? Una maldición. ¡Bah! Ella era la maldecida.
Para él, ella era simplemente como el resto, y una cosa que Sakura Haruno había aprendido era que en lo que a un hombre concernía, no podía tolerar ser igual a las demás.
Pero, culpable como las legiones que habían caído antes que ella, deseaba a ese hombre llamado Sasuke. Lo deseaba con un hambre irracional que superaba por lejos su atracción hacia el herrero. Había algo casi temible en los ojos del herrero. Como Sasori. Pero Sasuke tenía hermosos ojos oscuros con manchitas doradas bajo unas espesas pestañas negras como el hollín. Los ojos de Sasuke anunciaban placeres incalculables, risa, y si no lo estaba imaginando, algún tipo de dolor del pasado contenido cuidadosamente.
Claro, se dijo cáusticamente. El dolor de no tener bastante tiempo para hacer el amor a todas las mujeres hermosas del mundo. Sabes lo que es. Un mujeriego. No te hagas esto de nuevo a ti misma. No seas estúpida, Sakura.
Pero no podía deshacerse de la incomodidad que había sentido cada vez que se había obligado a decirle cosas crueles y odiosas. Quizás no las mereciera. Simplemente porque Sasuke era un apuesto hombre como Sasori, no significaba que era el mismo tipo de hombre que Sasori. Ella tenía una traicionera sensación de estar siendo injusta con él, por ninguna razón lógica en absoluto.
¿Ah, pero hay una explicación lógica para cómo y por qué has saltado repentinamente de 1997 a 1513? Ella resopló burlonamente.
Sakura había aprendido examinar los hechos y tratar con la realidad, sin tener en cuenta cuán irracional la realidad inmediata pareciera ser. Habiendo nacido y crecido en Nueva Orleáns, entendía que la lógica humana no pudiera explicarlo todo. Había a veces una lógica más grande que operaba, algo tentadoramente más allá de su comprensión. Últimamente, Sakura se sentía más sorprendida cuando las cosas tenían sentido que cuando no lo hacían; por lo menos, cuando las cosas eran extrañas, estaba en territorio familiar. A pesar de ser muy ilógico y absolutamente improbable, sus cinco sentidos insistían que ya no estaba exactamente en Kansas.
Un recuerdo oscuro rondó la periferia de su mente... ¿qué había estado haciendo antes de encontrarse de pronto en el regazo de Shimura? Las horas anteriores eran neblinosas, inciertas. Podía recordar el sentimiento intranquilo de ser observada... ¿y qué más? Un olor singular, rico y picante, que simplemente percibió antes de que ella... ¿qué? Sakura empujó contra un manto de confusión y sólo tuvo éxito haciendo latir su cabeza.
Se esforzó un momento más, entonces se rindió al dolor. Sakura murmuró una oración ferviente para que la lógica más grande detrás de esa realidad irracional la tratara con más benevolencia que cualquier cosa que hubiera puesto a Sasori en su camino.
Demasiado malo era que no hubiera perdido algunos de esos malos, malos recuerdos. Pero no, sólo había perdido unas horas extrañas; un hueco corto de tiempo. Quizás el susto de lo que había ocurrido estaba poniendo una abertura a su memoria por ahora. Pero ciertamente cuando se ajustara a ese nuevo ambiente, deduciría cómo había logrado viajar a través del tiempo. Y deduciría cómo volver.
Pero entonces, se preguntó, ¿querría realmente volver al lugar del que había salido?
Por la mañana, Sakura salpicó agua helada en su rostro y se evaluó en el borroso disco de plata pulida que colgaba sobre la cubeta. Ah, los pequeños lujos. Agua caliente. Pasta dentífrica. ¿Por qué se afligía por lo demás?
Café. Ciertamente en alguna parte del mundo alguien cultivaba café en 1513. Si su delicioso marido estaba tan ansioso de agradar, quizá lo encontraría para ella, y rápidamente. Necesitaría una cafetera llena todas las mañanas si continuaba perdiendo el sueño así.
Cuando Sasuke había dejado su cuarto la noche anterior, ella había estado estremecida de la cabeza hasta los dedos de los pies. El atractivo del herrero era un eco oscuro de la sacudida que el hombre llamado Sasuke había dado a todos sus sentidos. Simplemente estar en su presencia la hacía sentir temblorosa por dentro y con las rodillas débiles, mucho más de lo que Neji lo hacía. Resopló al recordar las reglas de Sasuke. Cuatro de ellas habían sido apartarse del herrero. Bueno, esa era una manera segura de irritarlo si lo necesitaba. Después de que ella consiguiera su café.
Sakura buscó intensamente en el "ajuar" de Samui, buscando algo lo suficientemente simple de usar. Poniéndose un vestido amarillo—limón (¿cómo habrían hecho esas telas brillantes en esos tiempos?), lo completó con un cinto de oro en la cintura y varias pulseras doradas que encontró. Zapatillas de cuero suave para sus pies y una sacudida de su melena rosa, y el café asumió la prioridad después de respirar.
—Café —graznó cuando consiguió encontrar el camino a través del extenso castillo, y hallando finalmente varias personas que disfrutaban un plácido desayuno. Había una docena de personas o más sentadas a la mesa, pero los únicos que Sakura reconoció eran a Naruto y a él, por lo que ella emitió la palabra, esperanzadamente, en general.
Todos en la mesa la miraron fijamente.
Sakura los miró severamente en respuesta. Ella también podía ser ruda.
—Creo que ella dijo café —sugirió Naruto después de una larga pausa—, aunque he escuchado sonidos más inteligibles de algunos de nuestros halcones.
Sakura rodó sus ojos. La mañana siempre prestaba una calidad ronca a su voz, rica como el coñac.
—Necesito café —explicó la muchacha pacientemente—. Y mi voz siempre está así por las mañanas.
—Una voz para apreciar, tersa y compleja como la más fina malta escocesa —ronroneó Sasuke. Sus ojos se demoraron en su cara, entonces resbalaron suavemente hasta los dedos de los pies. ¿Cómo en nombre de Dios podía una mirada hacerla sentirse como si hubiera deslizado su vestido despacio y deliciosamente de su cuerpo?
—¿No dejó ese compañero de Ceilán un depósito de cosas extrañas en la despensa? Y yo soy Mikoto Uchiha, a propósito, madre de este bribón.
—Madre.
—Silencio. Hiciste una comedia de la boda y estás haciendo un enredo de las cosas; ahora, tan sólo silencio.
Sakura lo perdonó por casi todo en ese momento, porque pareció un muchacho pequeño cuando pestañeó calladamente.
—Milady —dijo ella, intentando una reverencia y esperando haberse dirigido a la madre de Sasuke correctamente porque le gustó instintivamente la mujer, aún cuando había dado a luz a ese tiránico mujeriego.
—Mikoto está bien, ¿y yo puedo llamarte Sakura? Sasuke me dijo que es tu nombre preferido.
—Sakura es maravilloso. ¿Café?
Mikoto rió, evidentemente imperturbable ante la obsesión.
—Supongo que estás acostumbrada a tener preparada esa bebida fuerte por las mañanas. Mi sanador me dijo que tiene propiedades rejuvenecedoras y es un energizante natural.
—Sí —Sakura asintió vehementemente.
—La despensa, Sasuke —animó Mikoto a su hijo.
—¿Vas a permitirme ir? —preguntó él cáusticamente.
—¿Desde cuándo me escuchas a mí? —preguntó Mikoto con un centelleo en sus ojos—. Lleva a tu nueva esposa para encontrar su café. Y Sakura, si necesitas alguna otra cosa, incluso un oído compasivo, me buscas. Paso gran parte del día en mis jardines. Cualquiera puede apuntarte el camino.
—Gracias. —dijo Sakura desde el fondo de su corazón. ¡Cuán bueno era tener a alguien que ofrecía una bienvenida amistosa! Alguien que no fuera varón y hermoso más allá de toda paciencia.
—Ven —Sasuke extendió una mano hacia ella.
Negándose a tocarlo, ella dijo dulcemente:
—Después de ti.
—No, chica, después de ti —respondió él. Seguiría la curva dulce de sus caderas como un esclavo hasta el mismo infierno.
—Debo insistir —objetó Sakura.
—Como lo hago yo —se opuso él.
—Ve —espetó ella.
Él cruzó sus brazos poderosos sobre su pecho y resueltamente encontró su mirada.
—Oh, por el amor de Dios, ¿tenemos que luchar sobre esto también?
—No si me obedeces, chica.
Detrás de ellos, Mikoto mitad rió, mitad gimió.
—¿Por qué simplemente no van los dos uno al lado del otro? —dijo alentadoramente.
—Bien —Sakura dijo bruscamente.
—Bien —gruñó Sasuke.
Mikoto se rió hasta que las lágrimas centellearon en sus alegres ojos negros. Finalmente, una chica digna de su hijo.
