CAPÍTULO 10
—¿Cómo es posible que las palabras de un hombre puedan volverse contra él antes de que tenga una oportunidad incluso de verlo venir e intentar detenerlo, Naruto?
Sasuke había empezado a beber desde el momento la puerta había cerrado tras su esposa y el herrero. Había estado intentando con determinación conseguir un dolor de cabeza, unos pies tambaleantes, una borrachera para olvidarlo todo, y no estaba teniendo éxito.
—¿Crees que él puede curarla, Sasuke?
Sasuke pensó un momento.
—Sí, Naruto. Lo hago. Hay algo antinatural sobre Neji Hyūga, y yo quiero averiguar qué es.
—¿Qué sospechas?
—No lo sé. Naruto, quiero que averigües todo lo que puedas sobre el hombre. Habla con todos en la propiedad hasta que consigas algunas respuestas. De dónde vino, cuándo, con quién se relaciona, lo que hace todo el día. Quiero saber sobre cada respiración que haga, cada vez que orina.
—Entendido, Sasuke.
—Bien.
Se volvieron a mirar fijamente la puerta del cuarto Green Lady. Habían pasado horas desde que el herrero había cerrado la puerta. Ni un sonido había escapado desde entonces.
—¿Quién intentaría matarla, Sasuke? —especuló Naruto—. Mad Samui era prácticamente una reclusa. Según los rumores en Shimura Keep, menos de cinco personas la han visto alguna vez. ¿Cómo podría una chica hasta ahora fuera de circulación ofender lo bastante a alguien para provocar un asesinato?
Sasuke frotó su cabeza cansadamente. Su estómago estaba latiendo y el whisky no estaba ayudando. En un impulso súbito envió la botella lejos de él, hacia Naruto.
—No me permitas beber más. Necesito tener la cabeza clara, y no puedo pensar ahora mismo. Él está tocándola, Naruto. Él podría estar bañándola, mirándola... Y quiero matarlo.
—Hazlo entonces, cuando la haya curado— dijo sencillamente Naruto.
—¡No puedo!
—Entonces yo lo haré por ti —dijo Naruto, siempre leal.
—No. Hicimos un pacto.
—¿Hiciste un pacto con él? —los ojos de Naruto se abrieron enormes—. ¡Condenado sea todo, hombre! Nunca rompes un pacto. ¿Por qué serías tan tonto como para hacer un pacto con un hombre que no puedes tolerar?
—Él puede salvar a mi esposa.
—¿Cuándo llegaste a tener esos sentimiento para con Mad Samui, si juraste nunca tomarla como esposa?
—Cierra el pico, Naruto.
—¿Cuál es el pacto, Sasuke? —persistió Naruto.
—Él quiere a Sakura.
—¿Le diste a Sakura?
—Naruto, no más preguntas. Simplemente averigua todo sobre ese hombre llamado Neji Hyūga.
—Te lo aseguro, lo haré.
—No tienes un solo defecto, Bella —dijo el herrero con sus ojos plateados como la luna deslizándose sobre el cuerpo desnudo retorcido en las sábanas húmedas.
—Sin defecto la-la-le —musitó Sakura soñadoramente. El calor estaba menguando, despacio.
—Decididamente perversa.
Él no podía saberlo. No era posible.
—¿Qué quieres decir con eso? —Ella se esforzó en formar las palabras, y no estaba segura de haber hecho algún sonido incluso.
—Sólo que debe haber algo criminal en una mujer tan hermosa —contestó él maliciosamente.
—No hay nada criminal sobre mí —ella objetó a la distancia.
—Oh, Bella, pienso que hay mucho de criminal en ti.
—Hay algo anormal en ti, Neji —masculló Sakura mientras se agitaba inquietamente.
—Es verdad —contestó él sencillamente—, ciertamente no hay nada de normal en mí. Dame tu mano, Bella, yo te mostraré lo que no es normal.
Y entonces hubo agua fresca, un océano espumoso sobre el polvo de arenas blancas. El murmullo de un oleaje manso que se impulsaba encima de la playa, arena fresca bajo los dedos de los pies desnudos. Ninguna hormiga, ningún potro de tortura, ningún fuego. Sólo paz en su paraíso favorito en el mundo, la costa de Maui donde ella había veraneado con sus amigas. Días hermosos, dichosos, que habían pasado allí con jugo de naranjas recién exprimidas y el verano interminable en la playa, los pies desnudos salpicando al borde de la marea.
Y entonces las imágenes más extrañas. Olor de jazmín y sándalo. Arenas blancas como copos de nieve punteada con tiendas de seda fucsia y mariposas en cada rama de cada serbal. Un lugar improbable. Y ella estaba descansando en las arenas frescas, sanada por olas tropicales.
—Bella, mi Bella. Deséame. Siénteme, ten hambre de mí y aplacaré tu necesidad.
—¿Sasuke?
El enojo de Neji era palpable en el aire.
Sakura forzó sus ojos a abrirse y jadeó. Si su cuerpo la hubiera obedecido, se habría levantado inmediatamente de la cama. Pero no la obedecía. Yacía flácido y débil en la cama mientras su temperamento en cambio se disparaba.
—¡Vete de mi cuarto! —gritó ella. Por lo menos su voz no había perdido su vigor.
—Estaba asegurándome simplemente si tu frente estaba fresca —Neji sonrió abierta, pícaramente.
—¡Estúpido cabeza de chorlito! ¡No me importa por qué estás aquí, simplemente vete!
Finalmente su cuerpo obedeció un poco y ella consiguió asir con los dedos un vaso de la mesa al lado de la cama. Demasiado débil para tirarlo, pudo por lo menos resbalarlo fuera de la mesa. El vaso cayó al suelo y se estrelló. El sonido la apaciguó ligeramente.
—Estabas muriendo. Yo te curé —recordó Neji.
—Gracias. Ahora vete.
Neji pestañeó.
—¿Eso es todo? ¿Gracias, ahora vete?
—¡No pienses soy tan tonta para no comprender que estabas tocando mis pechos! —susurró ella furiosamente. Ante la mirada desconcertada en su rostro, Sakura comprendió que él había pensado de hecho que había estado inconsciente.
—¡Así que mi agradecimiento será todo lo que conseguirás, herrero! —gruñó ella—. ¡Odio a los hombres guapos! ¡Los odio!
—Lo sé —Neji sonrió con placer real y obedeció su orden.
Sakura apretó los ojos cerrados firmemente, pero en el interior rosado verdoso de sus párpados, se levantaron las sombras. Imágenes de ser sostenida entre los muslos duros como piedras de Sasuke, envuelta en brazos que eran bandas de acero. Su voz murmurando su nombre una y otra vez, llamándola para volver, ordenándole volver. Exigiendo que viviera. Palabras susurradas de..., ¿qué? ¿Qué había dicho él?
—Ella vive, Lord Buitre.
—Sasuke.
—Ambas son aves de rapiña. ¿Qué diferencia hay?
—Un buitre es un carroñero. Un halcón selecciona su caza tan cuidadosamente como un águila. Acecha con la misma convicción infalible. Y falla con una frecuencia que podría definirse... como nunca.
—Nunca —meditó Neji—. No hay ningún absoluto, Lord Sasuke.
—En eso estás equivocado. Yo escojo, yo sujeto, yo persigo, yo comprometo, yo logro. Lo que, mi amigo errante, es un absoluto.
Neji agitó su cabeza y estudió a Sasuke con fascinación clara.
—Un adversario digno. La caza empieza. Ningún engaño. Ningún truco. No puedes prohibirla de mí. Y sé que ya lo intentaste. Confirma tus reglas.
Sasuke inclinó su cabeza oscura.
—Ella escoge —permitió firmemente—. No le prohibiré nada.
Neji asintió, una inclinación satisfecha cuando sumergió sus manos profundamente en los bolsillos de sus pantalones sueltos y esperó.
—¿Bien? Sal de mi castillo, herrero. Tienes tu lugar, y no está entre mis paredes.
—Podrías intentar agradecérmelo. Ella vive.
—No estoy seguro de que no seas la razón de que ella casi muriera.
Ante eso, la frente de Neji se arrugó pensativamente.
—No. Pero ahora que pienso en ello, tengo trabajo que hacer. ¿Me pregunto... quién intentaría matar a la Bella, si no yo? Y yo no lo hice. Si hubiera sido yo, estaría muerta. Ningún veneno lento de mi mano. Muerte rápida o nada.
—Eres un hombre extraño, herrero.
—Pero seré pronto muy familiar para ella.
—Ruega a los dioses que ella sea más sabia que eso —masculló Naruto cuando Neji salió silenciosamente del corredor oscuro. La noche había caído y las lámparas del castillo todavía estaban apagadas.
Sasuke suspiró pesadamente.
—¿Qué trato hiciste con ese diablo? —preguntó Naruto en una voz escasamente audible.
—¿Piensas que él puede serlo?
—Algo no es natural sobre ese hombre y yo pienso averiguarlo.
—Bien. Porque él desea a mi esposa, y ella no me desea. Y yo la vi ansiarlo con hambre en los ojos.
Naruto hizo una mueca de dolor.
—¿Estás seguro de que no la deseas sólo porque ella no te desea y él la quiere?
Sasuke agitó su cabeza despacio.
—Naruto, no tengo palabras para explicar lo que ella me hace sentir.
—Siempre tienes palabras.
—No esta vez, lo que me advierte verdaderamente que estoy en un gran problema profundo y que puede ponerse más grande. Tan grande como mi deber de conquistar a esa chica. ¿Piensas que estoy hechizado?
—Si el amor pudiera embotellarse, o el tiro del arco de Cupido, mi amigo... —susurró Naruto en la brisa que se arremolinó en la estela de Sasuke cuando entró en la cámara de Sakura.
En las semanas siguientes Sasuke se preguntaría muchas veces por qué el Rom, en quien confiaba y a quien valoraba, y quien había creído retribuía esos sentimientos, nunca había ido a cuidar a su esposa durante esos días terribles. Cuando habló con su guardia, el hombre dijo que había entregado el mensaje. No sólo el Rom no había venido, sino que todos ellos estaban visiblemente ausentes de Dalkeith. No habían hecho ningún viaje al castillo para cambiar sus mercancías. No habían pasado ninguna tarde tejiendo cuentos en el gran hall ante un extasiado y deslumbrado público. Nadie de los Rom se acercó a Dalkeith-Upon-the-Sea; se mantuvieron en sus campos, fuera de los límites de los serbales.
Ese hecho ocupó brevemente la mente de Sasuke, pero rápidamente se perdió en el grueso de preocupaciones más pesadas. Se prometió resolver sus preguntas con una visita al campamento gitano una vez que su esposa estuviera sanada totalmente y el asunto con el extraño herrero estuviera resuelto. Pero pasaría algún tiempo antes de que él hiciera el viaje al campamento de los Rom; y por ese tiempo, las cosas habrían cambiado inmensamente.
Sakura flotó de su letargo curativo para encontrar a su marido mirándola intensamente.
—Pensé que te había perdido —El rostro de Sasuke era oscuro, brillante a la luz del fuego, y fue la primera cosa que vio cuando abrió los ojos. Le tomó varios largos instantes aquietar el algodón que había reemplazado su cerebro. Con la vigilia llegó el desafío. Mirar a ese hombre simplemente hacía aflorar su temperamento.
—No puedes perder algo que no tienes. Y nunca me tendrás para empezar, Lord Sasuke —masculló ella.
—Todavía —él corrigió—. No te he tenido todavía. Por lo menos no en el sentido que te tendré. Debajo de mí. Desnuda, tu piel de seda resbaladiza por mi amor. Mis besos. Mi hambre—. Él paseó la yema de su dedo pulgar a lo largo de la curva de su labio inferior y sonrió.
—Nunca.
—Nunca digas nunca. Sólo te hace sentirte más tonta cuando terminas haciéndolo. Y no querría que tú te sintieras demasiado tonta, chica.
—Nunca —dijo ella más firmemente—. Y nunca digo nunca a menos que esté absolutamente segura de que nunca cambiaré de idea.
—Hay muchos nuncas allí, mi corazón. Ten cuidado.
—Tu corazón es una ciruela arrugada. Y quise decir cada uno de esos nuncas.
—Dilo cuanto quieras, chica. Sólo hará más agradable domarte.
—¡No soy una yegua para ser domada!
—Ah, pero hay muchas similitudes, ¿verdad? Necesitas una mano fuerte, Sakura. Un jinete seguro, que no se desanime por tu voluntad fuerte. Necesitas a un hombre que pueda manejar tu resistencia y pueda disfrutar tu carrera. Yo no te domaré para montarte. No. Yo te domaré para la percepción de mi mano y exclusivamente de la mía. Una yegua domada para montar permite a muchos jinetes, pero un caballo salvaje domado al calor de una mano... no pierde nada de su fuego, pero aún así no permite a nadie sino a su verdadero amo montarla.
—Ningún hombre ha sido alguna vez mi amo, y ninguno en la vida lo será. Mantén esa regla en tu cabeza, Sasuke —Sakura rechinó sus dientes cuando se esforzó en enderezarse. Era duro intentar mantener su terreno en una conversación mientras su espalda se sentía ridículamente débil, mirando a este Goliath de hombre—. Y acerca de montarme...
Para su mortificación, e inmenso entretenimiento de Sasuke, ella se deslizó de nuevo en el letargo curativo sin completar el pensamiento.
Sin que él lo supiera, ella lo completaba en sus sueños. ¡Nunca! su mente hirvió, flotando dentro del sueño, mientras era atraída hacia un gran corcel negro con fuego en los ojos.
