CAPÍTULO 12
No era muy divertido curiosear alrededor del castillo con una docena de guardias con cara de piedra arrastrándose detrás de ella, pero Sakura lo consiguió. Después de un rato, pretendió que no estaban allí. Así como pretendió que Sasuke no era nada más que un mosquito molesto a ser espantado lejos repetidamente.
Dalkeith-Upon-the-Sea era un encantador castillo como el que ella alguna vez imaginara cuando de niña se acurrucaba bajo una tienda de mantas con una linterna eléctrica hurtada, leyendo cuentos de hadas, dejando las luces de la realidad afuera.
Los cuartos eran espaciosos y elegantes, con tapices brillantemente tejidos en las gruesas paredes de piedra para apagar cualquier corriente de frío que pudiera filtrarse a través de las grietas, aunque Sakura no había podido encontrar ni una sola grieta en las paredes; había espiado detrás de unos tapices, sólo para comprobarlo.
Curiosidad histórica, se había dicho. No era que estuviera buscando imperfecciones en el castillo o el laird del castillo.
Había cientos de hermosas y espigadas ventanas. Obviamente las personas que habitaban Dalkeith no soportarían sentirse enjaulados dentro cuando había tanto paisaje exuberante para ser disfrutado en los campos, en las montañas de Escocia, sus valles y costas.
Sakura suspiró anhelosamente cuando hizo una pausa frente a una ventana abovedada para saborear la vista de las olas color pizarra que, incesantes, chocaban contra los precipicios del extremo oriental.
Una mujer podría enamorarse de un lugar como ese. Caer de sedosas trenzas de Rapunzel sobre delicadas zapatillas de raso para aterrizar en una masa de encajes y directo al romance, a los pies perfectos del laird perfecto.
En ese mismo momento, como si hubiese sido convocado por sus pensamientos voluntariosos, Sasuke caminó en su línea de visión en la muralla de abajo, llevando uno de los corceles negros más grandes que ella alguna vez viera. Sakura empezó a retroceder, pero sus pies no anduvieron más allá de la ventana de la que sus ojos no se apartarían, y a pesar de sus mejores intenciones de ignorarlo, lo miró con fascinación desvalida.
Con un salto fluido, el laird vestido con su atuendo escocés completo se lanzó hacia el lomo del semental que resoplaba fieramente.
Y cuando él montó, ese encantador kilt se levantó, dándole un vislumbre pecador de los poderosamente musculosos muslos a Sakura, bellamente salpicado con un poco de sedoso vello negro. Ella pestañeó un momento y se negó a ponderar el resto de lo que había visto.
Ciertamente ellos llevarían algo bajo esas faldas escocesas. Ciertamente era sólo su imaginación hiperactiva que desplazaba la masculinidad obvia del semental absurdamente en el cuerpo de Sasuke.
Sí. Eso era, decididamente. Ella había notado los atributos prominentemente desplegados del semental en la periferia de su visión mientras había estado mirando las piernas de Sasuke, y había conseguido mezclar los dos juntos de algún modo. Ella no había visto ciertamente que Sasuke era, él mismo, tan grande como el semental.
Sus mejillas se ruborizaron con ese pensamiento. Se volvió firmemente sobre sus talones para suprimirlo y buscó el siguiente cuarto. Había decidido explorar el castillo esa mañana principalmente para mantener su mente alejada de ese maldito hombre. Ni siquiera había imaginado que él tendría que caminar bajo una ventana mientras ella estaba mirando hacia afuera. Y agitar su kilt para agregar combustible al fuego proverbial.
Forzó a su mente a regresar a la arquitectura encantadora de Dalkeith. Estaba en el segundo piso del castillo, y ya había pasado a través de docenas de cuartos de huéspedes, incluso la cámara en la que había pasado la primera noche. Dalkeith era enorme. Debía haber cien o más cuartos, y muchos de ellos parecían no haber sido usados durante décadas. El ala que exploraba en ese momento era la recientemente renovada y más frecuentemente utilizada. Se había terminado con maderas ligeras, pulidas hasta lograr un fino brillo, y ni una mancha de polvo podía verse allí. Las gruesas esteras tejidas cubrían los suelos, nada de juncos o desnudas piedras frías. Los manojos de hierbas fragantes y las flores secas colgaban en casi cada dintel de las ventanas y perfumaban los corredores.
Un rayo de luz del sol atrajo la atención de Sakura hacia una puerta cerrada a mitad del corredor. Grabada en la madera pálida, se hallaba exquisitamente detallado un caballo encabritado, elegante, con la crin echada al viento. Un solo cuerno salía en espiral delicadamente de su frente. ¿Un unicornio?
Con la mano en la puerta, ella hizo una pausa y sufrió una rara premonición de repente, de que ese cuarto estaría mejor cerrado. La curiosidad mató al gato...
Cuando la puerta se abrió silenciosamente hacia el interior, ella se tensó, una mano temblorosa en la jamba.
Increíble. Absolutamente incomprensible. Su mirada sorprendida se deslizó por el cuarto desde el suelo hasta las vigas, una y otra vez.
¿Quién había hecho eso?
El cuarto atrajo cada onza de mujer en su cuerpo. Enfréntalo, Sakura, se dijo severamente, este castillo entero atrae a cada onza de mujer en tu cuerpo. Para no mencionar al sexy, masculino laird del torreón en persona.
Ese cuarto se había construido para bebés. Hecho con manos tan amorosas que casi era agobiante. Una cacofonía de emociones discordantes la atravesó antes de que pudiera deshacerse de ellas.
Había cunas de roble color de miel, encorvadas y lijadas para que ni una astilla quedara suelta y dañara la suave piel de un bebé. La pared oriental desplegaba ventanas altas, demasiado altas para que un niño pequeño se arriesgara a hacerse daño, abierta a la luz dorada del sol de la mañana. Los suelos de madera estaban cubiertos con alfombras espesas para mantener los pies de un bebé calientes.
Los soldados de madera brillantemente pintados resplandecían en los estantes, y las muñecas hechas a mano amorosamente reclinadas en camas diminutas. Un castillo en miniatura, repleto de torreones, con un foso seco y puente levadizo, estaba lleno de diminutas personas talladas; ¡una maravillosa y real casa de muñecas medieval!
Las esponjosas mantas cubrían las cunas y camas. Era un cuarto grande esa guardería. Un cuarto en el que un niño (o una docena) podría crecer desde bebé hasta ser un adolescente antes de buscar un cuarto más adulto en otra parte. Era un cuarto que llenaría el mundo de un niño de amor, seguridad y placer durante horas sin fin.
Como si alguien hubiera creado ese cuarto pensando en el niño que él o ella había sido, y lo diseñara con todos los tesoros que había deseado o para el placer de un muchacho pequeño.
Pero la cosa sobre el cuarto que la golpeó más despiadadamente era que parecía estar esperando.
Abierto, caluroso e invitante, decía, lléname de bebés risueños y de amor.
Todo estaba listo, la guardería estaba esperando solamente su momento, hasta que la mujer correcta llegara y respirara en él la vida chispeante de las canciones de niños, sueños y esperanzas.
Una punzada de anhelo la atravesó de tal manera que Sakura no estuvo segura de lo que era. Pero tenía todo que ver con la huérfana que había sido y el lugar frío que había en ella, un lugar en nada parecido a ese cuarto encantador, parte de una casa encantadora, en una tierra encantadora, con personas que derrocharían su amor en sus niños.
Oh, criar bebés en un lugar así...
Bebés que conocerían quiénes eran su madre y su padre, no como Sakura. Bebés que nunca tendrían que preguntarse por qué ellos no habían sido cuidados y amados.
Sakura se frotó los ojos furiosamente y retrocedió. Era demasiado para ella. Y se volvió para encontrarse de lleno con Mikoto.
—¡Mikoto! —jadeó. Pero por supuesto. ¿Por qué debía sorprenderla encontrarse con la maravillosa madre del hombre maravilloso que probablemente construyera esa guardería maravillosa?
Mikoto la sostuvo por los codos.
—Vine a ver si estabas bien, Sakura. Pensé que podría ser demasiado pronto para ti andar de arriba a abajo.
—¿Quién construyó este cuarto? —susurró Sakura.
Mikoto inclinó la cabeza, y por un momento breve Sakura tuvo la impresión absurda de que Mikoto estaba intentando no reírse.
—Sasuke lo diseñó y construyó —dijo Mikoto, intensamente interesada en aplanar las arrugas diminutas de su vestido.
Sakura rodó los ojos e intentó convencer a su barómetro emocional para dejar de registrar vulnerabilidad y subir a algo seguro, como el enojo.
—¿Por qué, querida Sakura? ¿No te gusta? —preguntó Mikoto dulcemente.
Sakura retrocedió y recorrió el cuarto con una mirada irritada. La guardería era luminosa, alegre y viva con la emoción del propio creador disfrutando de su creación. Miró de nuevo a Mikoto.
—¿Cuándo? ¿Antes o después del servicio del rey? —era muy importante que ella supiera si lo había construido a los diecisiete o dieciocho, para agradar a su madre quizás, o recientemente, con la esperanza de que sus propios niños lo llenaran algún día.
—Durante. El rey le dio una licencia breve cuando tenía veintinueve años. Hubo algunos problemas con los Highlanders en estos lugares, y a Sasuke le fue permitido volver para fortificar Dalkeith. Cuando el conflicto estuvo resuelto, pasó el poco tiempo que estuvo trabajando aquí. Trabajó como un hombre poseído, y en verdad, no tenía ni idea de lo que él estaba haciendo. Sasuke siempre ha trabajado con madera y ha construido y diseñado cosas. No permitió que ninguno de nosotros lo viera, y no habló mucho sobre eso. Después de que regresó con James, subí para ver lo que había estado haciendo —Los ojos de Mikoto se nublaron brevemente—. Te diré la verdad, Sakura, me hizo llorar. Porque me dijo que mi hijo estaba pensando en niños y cuán preciosos eran para él. Me llenó de maravilla, también, cuando lo vi completarlo. Pienso que le gustaría a cualquier mujer. Los hombres normalmente no ven a los niños de esa manera. Pero Sasuke, él es un hombre especial. Como su padre.
No tienes que vendérmelo, pensó Sakura malhumoradamente.
—Lo siento, Mikoto. Estoy muy cansada. Necesito ir a recostarme —dijo ella tensamente, y se volvió hacia la puerta.
Cuando entró al corredor, podría jurar que había oído a Mikoto reír suavemente.
Sasuke encontró a Naruto esperándolo en el estudio y mirando fijamente los precipicios orientales a través de las puertas abiertas. No le extrañó a Naruto la blancura diminuta de los nudillos en la mano que se asía al marco de la puerta, o la línea rígida de su espalda.
—¿Entonces? —preguntó Sasuke con impaciencia. Habría ido él mismo a Shimura Keep a investigar el pasado de su esposa, pero eso habría significado dejar a Sakura sola con el condenado herrero, y no daría ninguna oportunidad para eso. Ni para que la sedujera, por lo que había enviado a Naruto a descubrir lo que le había pasado a Samui Shimura.
Naruto se volvió despacio, sacó una silla y se sentó pesadamente ante el fuego.
Sasuke también se sentó, descansando sus pies en el escritorio, y sirviendo coñac para ambos. Naruto lo aceptó agradecido.
—¿Bien? ¿Qué dijo ella? —los dedos de Sasuke se apretaron contra su vaso mientras esperaba oír quién había hecho cosas tan terribles a su esposa que su mente se había retirado hacia un mundo de fantasía. Sasuke entendía lo que estaba mal con ella. Él había visto a hombres con cicatrices de batalla que habían experimentado tales horrores, que habían reaccionado en modo similar. Las demasiadas pérdidas bárbaras y sangrientas provocaban en algunos soldados inventar un sueño para reemplazar la realidad, y al poco tiempo muchos llegaban a creer que el sueño era verdad. Como su esposa había hecho. Pero, desgraciadamente, con su esposa él no tenía ninguna idea de lo que había causado la retirada dolorosa hacia una imaginación de tan misterioso aspecto, que no podía llamarla por su nombre real siquiera. Y cualquier cosa que le hubiera pasado, la había dejado totalmente incapaz de confiar en cualquier hombre, pero sobre todo en él, por lo que parecía.
Sasuke se forzó a escuchar, para encauzar su rabia cuando llegara, para poder manejarla como un arma eficaz. Él mataría sus dragones, y entonces empezaría su curación. Su cuerpo estaba haciéndose más fuerte cada día, y Sasuke sabía que el amor de Mikoto tenía mucho que ver con eso. Pero él sanaría con su amor las heridas más profundas. Y la única manera en que podría hacerlo era saber y entender lo que ella había sufrido.
Naruto tragó; inquieto en su silla, la inclinó a los lados como un muchacho, entonces se levantó y se acercó al hogar para cambiar inquietamente su peso de uno a otro pie.
—¡Fuera con ello, hombre! —La semana que Naruto había estado ausente casi había vuelto loco a Sasuke imaginando lo que ese hombre Sasori debía de haberle hecho. O aún peor, quizás el Laird Shimura era el culpable del dolor de Sakura. Sasuke temía la posibilidad, porque entonces declararía la guerra al clan. Una cosa terrible para estar seguro, pero para vengar a su esposa... Él haría cualquier cosa.
—¿Quién es ese Sasori? —La pregunta lo había estado royendo internamente desde la noche en que él oyera por primera vez el nombre surgir de sus labios afiebrados.
Naruto suspiró.
—Nadie supo decirme. Nadie ha oído hablar nunca de él.
Sasuke maldijo suavemente. Entonces, los Shimura estaban guardando secretos, ¿verdad?
—Habla —ordenó.
Naruto suspiró.
—Ella piensa que es del futuro.
—Ya sé que Sakura piensa eso —dijo Sasuke con impaciencia—. Te envié a que descubrieras qué tenía para decir Lady Shimura.
—Eso es que lo que quise decir —dijo Naruto rotundamente—. Lady Shimura piensa que Sakura es del futuro.
—¿Qué? —las cejas oscuras de Sasuke se alzaron incrédulamente—. ¿Qué estás diciéndome, Naruto? ¿Estás diciéndome que lady Shimura declara que Sakura no es su hija de sangre?
—Sí.
Las botas de Sasuke cayeron al suelo con un golpe, mientras la tensión latente cobraba vida en sus venas volviéndose un fuego viviente.
—Permíteme hablar francamente. ¿Te dijo Torune Shimura que Sakura no es su hija?
—Sí.
Sasuke se tensó. Eso no era lo que él había esperado. En todas sus especulaciones no había considerado nunca que la fantasía de su esposa pudiera ser compartida por su madre.
—Entonces, ¿exactamente quién cree lady Shimura que es la chica? ¿Con quién demonios me he casado? —gritó Sasuke.
—Ella no lo sabe.
—¿Tiene alguna idea? —el sarcasmo llenaba la pregunta de Sasuke—. ¡Dime algo, hombre!
—No hay mucho que pueda decirte, Sasuke. Y lo que sé... bien, es condenadamente disparatado, apenas una parte de ello. Seguro como el infierno que no era lo que esperaba. Ah, oí tales cuentos, Sasuke, como para probar la fe de un hombre en el mundo natural. Si lo que ellos declaran es verdad, infiernos, no sé en lo que un hombre puede creer ya.
—Lady Shimura comparte las ilusiones de su hija —dijo Sasuke atónito.
—No, Sasuke, a menos que Torune Shimura y aproximadamente otras cien otras personas lo hagan. Porque esos fueron los que la vieron aparecer de ninguna parte. Hablé con docenas, y todos dijeron algo bastante parecido, demasiado, al contar la misma historia. El clan estaba sentado al banquete cuando de súbito una chica —Sakura— apareció en el regazo del laird, literalmente saliendo del aire transparente. Algunas de las criadas la llamaron bruja, pero fueron calladas rápidamente. Parece que el laird la consideró un regalo de los ángeles. Lady Shimura dijo que vio algo caer de la mano de la mujer extrañamente vestida, y luchó a través del alboroto para conseguirlo. Es la reina negra que me había dado en la boda y que yo te di a ti cuando volvimos.
—Me pregunté por qué ella me había enviado eso —Sasuke frotó su mandíbula pensativamente.
—Lady Shimura dijo que pensaba que podría ser importante después. Dijo que piensa que la pieza de ajedrez está embrujada de algún modo.
—Si así fuera, eso explicaría cómo ella viajó a través de... —Él se interrumpió, incapaz de completar el pensamiento. Había visto muchas maravillas en su vida, y no era un hombre que descreyera la posibilidad de la magia completamente; ¿qué buen escocés no había sido criado para creer en las hadas? Pero aún así...
—Cómo ella viajó a través del tiempo —terminó Naruto por él. Los dos hombres se miraron fijamente.
Sasuke agitó su cabeza.
—¿Crees...?
—¿Y tú?
Se miraron. Y entonces miraron el fuego.
—No —se mofaron al mismo tiempo y estudiaron intensamente las llamas.
—Ella no parece sin embargo muy común, ¿verdad? —dijo Naruto finalmente—. Quiero decir, es sobrenaturalmente luminosa. Hermosa. E ingeniosa: ah, las historias que ella me contó en el camino desde Shimura Keep... Es fuerte para ser una chica. Y tiene refranes singulares. A veces, no sé si lo has notado, su acento parece ir y venir.
Sasuke resopló. Lo había notado. Su acento había virtualmente desaparecido cuando había estado enferma por el veneno, y había hablado en un acento extraño que él nunca oyera antes.
Naruto continuó, casi para sí mismo
—Una chica como esa podría retener a un hombre —Él se interrumpió y miró a Sasuke gravemente. Aclaró su garganta—. Lady Shimura sabe quién era su hija, Sasuke. Era: esa es la palabra importante. Algunas de las criadas confirmaron la historia de Mikoto de que la Samui real está muerta, y los rumores dicen que por mano de su padre. Él tenía que casar a alguien contigo. Lady Shimura dijo que su clan nunca dirá una palabra de la verdad.
—Supongo que no —resopló Sasuke—; si algo de esto es verdad, y no estoy diciendo que lo sea, Shimura sabe que James nos destruiría a ambos por ello —Sasuke ponderó ese pensamiento amargo un largo momento, entonces lo desechó como una preocupación innecesaria. Los Shimura jurarían ciertamente que Sakura era Samui, como haría hasta el último hombre de los Uchiha, si alguna palabra de eso llegara alguna vez al rey en Edimburgo, pues la existencia de ambos clanes dependía de eso. Sasuke podría contar por lo menos con la lealtad del mismísimo Shimura en cuanto a ese asunto.
—¿Qué tenía el laird para decir, Naruto?
—Ni una palabra. No confirma que ella era su hija, ni lo niega. Pero hablé con el sacerdote de Shimura, que me contó la misma historia que lady Shimura. A propósito, él estaba encendiendo velas blancas para orar por el alma de Samui —agregó severamente—. Así que si hay engaños en Shimura Keep, son muchos e idénticamente detallados, mi amigo.
Sasuke cruzó rápidamente hasta su escritorio. Abrió una caja de madera tallada y extrajo la pieza de ajedrez. La rodó en sus dedos, estudiándola cuidadosamente.
Cuando levantó los ojos de nuevo, eran más negros que la medianoche, más profundos que un lago e igual de insondables.
—¿Lady Shimura cree que esto la trajo aquí?
Naruto asintió.
—¿Entonces podría llevársela?
Naruto se encogió de hombros.
—Lady Shimura dijo que Sakura no parecía recordarlo. ¿Te lo ha mencionado alguna vez a ti?
Sasuke agitó su cabeza y observó pensativamente, primero la reina negra, entonces su brillante fuego arder.
Naruto encontró la mirada de Sasuke, y Sasuke supo que nunca habría palabras de reproche o incluso un rumor sobre el asunto, si se lo pidiera.
—¿Lo crees? —preguntó Naruto suavemente.
Sasuke permaneció sentado durante mucho tiempo ante el fuego después de que Naruto saliera, alternando entre la fe y el escepticismo. Aunque era un hombre creativo, también era un hombre lógico. Los viajes a través del tiempo simplemente no encajaban en su comprensión del mundo natural.
Él podía creer en las banshees que advertían de muertes pendientes y destrucción. E incluso podría creer en los Druidas como alquimistas y practicantes de artes extrañas. Había crecido con las advertencias de su niñez sobre kelpies que vivían en lochs profundos y niños confiados y desobedientes atraídos a sus tumbas acuáticas.
¿Pero viajar a través del tiempo?
Además, se dijo mientras guardaba la pieza de ajedrez en su sporran para examinarla más tarde, había otros problemas más urgentes que resolver. Como el herrero. Y su esposa voluntariosa, en cuyos labios el nombre del herrero aparecía demasiado a menudo.
El futuro permitiría el tiempo suficiente para desenredar todos los secretos de Sakura, y encontrar sentido a las ilusiones masivas de Shimura Keep. Pero primero, tenía que hacerla de verdad su esposa. Una vez eso estuviera cumplido, podría empezar a preocuparse por otros detalles. Resuelto entonces, desterró las noticias desquiciadas que Naruto le había traído, igual como había guardado la pieza de ajedrez.
Planes de cómo seduciría a su encantadora esposa reemplazaron todas las preocupaciones. Con una sonrisa peligrosa y el propósito en mente, Sasuke fue en busca de Sakura.
