CAPÍTULO 14

—El rey te puede haber relevado de su servicio, pero yo nunca soñaría con relevarte del mío. Me has servido tan bien en el pasado, lo juro, que realmente estoy malcriada —Suiren se retorció más cerca en el banco de piedra en el patio, descansando la curva de su cadera madura contra el muslo musculoso de Sasuke.

Mikoto había vuelto sola a la casa escasamente un cuarto de hora después de que ella y Sakura hubieran salido, disparando una sonrisa arrogante a su hijo, mientras él se apoyaba en la gran mesa con la infernal Suiren. El café olvidado, Sasuke había dirigido a Suiren rápidamente a los jardines para ver lo que su esposa podría estar haciendo. Cuando su madre lo miraba de esa manera... bueno, la mujer tenía una mente como una catapulta bien engrasada, mortal en el ataque.

Por lo que él se había paseado con Suiren a través de los inmensos jardines con paso jadeante, los ojos buscando a los guardias que arrastraba su esposa. Nada. Una y otra vez sus ojos se habían deslizado hacia la muralla norte, hacia el margen fluctuante de luz del fuego al borde del serbal.

—¿Puedo asumir que nos entretendremos esta noche como solíamos hacerlo, Sasuke? —la respiración calurosa de Suiren abanicó su mejilla.

Sasuke suspiró inaudiblemente.

—Suiren, soy un hombre casado ahora.

La risa de Suiren tintineó demasiado brillantemente y recordó a Sasuke que era una mujer a la que le encantaba robar el hombre de otra mujer. Cuanto más difícil el hombre era de obtener, Suiren más feliz era. Sasuke estaba bien enterado de su juego peculiar; ella disfrutaba hiriendo a otras mujeres y aplastando sus sueños, rompiendo sus corazones. Sasuke sospechó que era una clase de venganza; que una vez una mujer había tomado a su hombre, y ella nunca lo había superado; en cambio, se había vuelto una mujer amarga, destructiva. Una vez que la había entendido finalmente, casi había sentido compasión por ella. Casi.

—Ella es Mad Samui, Sasuke —dijo Suiren secamente.

—Su nombre es... —Él se interrumpió abruptamente. No debía darle ninguna munición a Suiren. Suspiró cuidadosamente y replanteó su frase—. Su segundo nombre es Sakura, y es el que ella prefiere —Y agregó fríamente—: puedes llamarla Lady Uchiha.

Las cejas de Suiren se alzaron burlonamente.

—No la llamaré lady nada. El país entero sabe que ella está loca como un galgo rabioso. Yo no había oído, sin embargo, que era soportable a la vista.

Sasuke resopló.

—¿Soportable? Mi esposa es exquisita en todos los sentidos.

Suiren rió temblorosamente, entonces afirmó su voz sarcástica.

—¡Bien! ¿Podría ser que el legendario Sasuke crea estar enamorado? ¿El incesante amante de las mujeres piensa que podría detenerse con esta? Oh, déjalo, mon cherie. Es nauseabundo. Sé qué tipo de hombre eres. No hay ningún mérito en fingir sentimientos elevados que nosotros sabemos que no posees.

La voz de Sasuke estaba helada cuando habló.

—Al contrario de tus expectativas, no soy el hombre que estaba en la corte de James. No sabes nada de mí; otra cosa son las ilusiones que has escogido creer. —Él hizo una pausa un momento pesado, para prestar énfasis a sus siguientes palabras—. Suiren, no hay ningún rey aquí para pedirme que te consienta, y nunca regresaré a la corte de James. Ha terminado. Todo ha terminado —En el momento en que las palabras salieron, el corazón de Sasuke voló. Era libre.

—¿Eso era todo? ¿Me consentiste? —exigió Suiren.

—Sabías eso —Sasuke resopló burlonamente—. Te rechacé una docena de veces antes de que fueras a James. ¿Te convenciste de que había tenido un cambio de corazón? Sabes lo que pasó exactamente. Fuiste tú quién solicitó al rey hacerme... —Sasuke se interrumpió abruptamente, atisbando el brillo de una melena rosada—brillante en la luz de la luna, a unos metros de donde ellos estaban sentados.

Sakura se acercó, su brazo envuelto en la curva del codo de Neji, un espléndido capotillo carmesí yaciendo encima de sus hombros, seda undulando sensualmente en la brisa de la tarde mansa.

—Suiren —Sakura inclinó su cabeza.

Suiren resopló, asida al brazo musculoso de Sasuke ligera y posesivamente.

—Únetenos —dijo Sasuke rápidamente, ignorando el súbito pellizco de las uñas de Suiren.

El pensamiento de Sakura caminando en la oscuridad con Neji hizo cosas peligrosas a su cabeza. Sasuke frunció el entrecejo cuando comprendió que era probablemente tan peligroso para Sakura ser expuesta a algo que Suiren podría decir o hacer.

No deseaba que la conversación continuara donde había quedado, no delante de Sakura, sin una explicación. Él sabía que tenía que obtener el control, pero no tenía experiencia con ese tipo de situación. Nunca había tenido a una ex-amante intentando provocar problemas con su esposa, porque nunca había tenido una esposa antes, y ciertamente nunca se habría enredado en un encuentro tan corriente como potencialmente arriesgado. Su preocupación de que Suiren pudiera decir o hacer algo para herir a Sakura desequilibró su lógica de costumbre.

Afortunada o desgraciadamente —dependiendo de cómo se lo viera— Sakura rechazó su oferta. Aliviado, Sasuke se propuso deshacerse de Suiren lo más pronto posible para salvar a su esposa del herrero y tener una larga y buena charla con ella.

—No desearíamos perturbar tu cómodo tete-a-tete —objetó Sakura—. O un bouche-a-bouche si lo prefieres —murmuró ella a medias, en un suspiro.

—¿Qué has dicho? —preguntó Suiren dulcemente—. Tu parles francais?

—No —contestó Sakura rotundamente.

Suiren rió airosamente y la estudió.

—Pareces ser una mujer de no pocos secretos, Samui Shimura. Quizás tú y yo debemos tener nuestro propio tete-a-tete e intercambiar algunas de esas intimidades. Después de todo...—su mirada vagó posesivamente encima de Sasuke—...tenemos mucho en común. Sé que te fascinaría oír hablar del tiempo de Sasuke en la corte de James. Él realmente era el hombre sobre...

—Eso sería encantador —la interrumpió Sakura sencillamente, terminando el flujo de palabras venenosas de Suiren. Sus tripas ya estaban revueltas; si oyera mucho más, gritaría o lloraría, no sabía qué, pero sabía que no sería en absoluto elegante—. En algún otro momento, sin embargo, Suiren. Tengo mis manos realmente ocupadas ahora mismo —Envolvió sus manos alrededor de los bíceps de Neji, imitando las garras de Suiren sobre Sasuke. Acercándose más a Neji, le permitió dirigirla lejos de allí.

—¡Herrero! —Sasuke encontró su voz finalmente. Había escuchado la conversación de las mujeres con horror helado y se había esforzado en concebir una entrada en las arriesgadas agudezas; pero una vez más, Sakura lo había salvado inconscientemente imponiendo silencio a Suiren antes de que Sasuke hubiera llenado con su sporran su boca mentirosa y llena de artimañas.

Neji hizo una pausa en medio de un paso y se movió más cerca de Sakura. El capotillo carmesí de su esposa fluctuó en la brisa suave y Sasuke sintió como si estuviera mofándose de él. ¿Dónde infiernos había conseguido ese capotillo?

—¿Milord? —Neji sonrió sardónicamente. Su enorme, morena mano se alzó para cubrir la de Sakura que descansaba en su brazo.

—Hay noventa y dos caballos para los que necesitaré herraduras. Equivale a trescientos sesenta y ocho herraduras. Hazlo. En este mismo minuto.

—Ciertamente, mi señor —Neji sonrió maliciosamente—. Calentar una forja es justo lo que tenía en mente.

Las manos de Sasuke se convirtieron en puños a sus lados.

—¡Noventa y dos! ¡Sasuke! —Suiren abanicó sus pechos. Su atención ávida había pasado al herrero y estaba examinando a Neji especulativamente. Sasuke miró como su lengua se lanzaba hacia afuera para humedecer sus labios—. Sabía que eras adinerado, pero ésa es mucha carne —pronunció con lentitud, sus ojos moviéndose de arriba a abajo, inspeccionando al herrero de la cabeza a los dedos de los pies. Finalmente, arrastró su mirada lejos de Neji—. ¿Quizás podrías guardar una montura para mí? —Ella miró de reojo a Sasuke bajo sus pestañas oscilantes.

—Definitivamente —Sasuke suspiró mientras miraba a su esposa retirándose—. ¿Qué piensas de nuestro herrero, Suiren? —preguntó cautamente.

¿Qué estaba haciendo? ¿Se había vuelto loca? Cuando Mikoto había propuesto que buscara a Neji y paseara por los jardines con él, había parecido una buena idea, aunque ahora Sakura no tenía la menor idea de por qué.

Porque Sasuke la había hecho enfadar, por eso. Se había atrevido a pensar que ella era tan tonta que podía conseguirla y podía invitar a su amante a visitarlo, todo el mismo día.

Hubo una vez en que ella había sido igualmente tonta. Alguna vez, podría haberse convencido de que Suiren era una intrusa pleiteadora y que Sasuke estaba lleno de intenciones prístinas. Sí, una vez ella habría creído que Sasori realmente iba al baño, dejándola en el cuarto principal de la fiesta, mientras de hecho él estaba robando un rapidito en la piscina de la mansión con una voluptuosa invitada.

Pero ella ya no era esa mujer. Nunca lo sería de nuevo.

Sasuke, el seductor legendario de mujeres, se había pasado la tarde intentando convencerla de que ella era la única que él deseaba, pero en la cena una nueva mujer había aparecido. Una antigua amante. Y él le había sonreído. Se había paseado en los jardines con ella. Había olvidado el café de Sakura por ella. Era igual que esos hombres que le prestaban atención a cualquier mujer que estuviera enfrente y se mostrara deseosa.

Y Suiren estaba ciertamente deseosa. Simplemente, ¿por qué te preocupa, Sakura? No me preocupa. ¡No me gusta ser tratada como una tonta!

—Sasuke hace una tonta de ti —dijo Neji suavemente.

Sakura sofocó un jadeo. El hombre parecía leerle la mente. ¿O era tan cierto que cualquiera podría verlo, incluso el herrero?

—Mereces algo mejor, Bella. Yo podría regalarte cualquier cosa que desearas. Sedas para tu cuerpo perfecto. Todos los granos de café en la Montaña Azul de Jamaica. Y sin embargo él no te ha dado nada.

—No me importa. No significa nada para mí —Sakura se estremeció ligeramente dentro del capotillo que Neji había depositado sobre sus hombros.

—Debería. Eres la mujer más exquisita que he encontrado, Bella. Yo te daría todo. Cualquier cosa. Nómbralo. Ordéname. Y lo haré tuyo.

—¿Fidelidad? —replicó Sakura al herrero. De algún modo, habían alcanzado la forja, aunque Sakura no tenía ningún recuerdo de haber caminado tan lejos. Sus pies se sentían extrañamente cansados y su cabeza navegaba a la deriva.

—Para siempre —ronroneó el herrero— y más allá.

—¿De verdad? —preguntó Sakura, entonces se amonestó a sí misma. ¿Por qué preguntaba? Los hombres mentían. Las palabras no demostraban nada. Sasori Akasuna le había dicho todas las palabras correctas.

—Algunos hombres mienten. Pero algunos hombres son incapaces de hacerlo. ¿Mientes, dulce Bella? ¿Si yo te pidiera fidelidad y empeñara la mía a cambio, me la darías? ¿Podría confiar en tus palabras?

Por supuesto, ella pensó. No tenía ningún problema con la fidelidad.

—Lo sospechaba —dijo Neji—. Eres única, Bella.

¿Estaba contestándole? No había pensado que lo hacía. Sakura sintió su cabeza embotada.

—¿Dónde están los guardias? —murmuró ella.

—Estás en mi reino. Yo soy toda la protección que alguna vez necesitarás.

—¿Quién eres?— preguntó Sakura.

Neji se rió de su pregunta.

—Ven a mi mundo, Bella. Permíteme mostrarte maravillas que excederán tus sueños más salvajes.

Sakura dirigió una mirada irreal hacia Dalkeith, pero todo lo que vio fue una extraña luz trémula al borde del bosque, no las luces del castillo. El sonido de oleaje llenó sus oídos, pero eso no podía ser. El océano estaba en el extremo oriental de la muralla y ella estaba en el norte. ¿Por qué no podía ver el castillo?

—¿Dónde está el castillo, Neji? ¿Por qué no puedo ver ya Dalkeith? —Su visión se borroneó, y fue asaltada por la sensación misteriosa de que de algún modo, ya no estaba incluso en Escocia. Dondequiera que estuviera, no se sentía como un lugar bueno.

—El velo se hace delgado —ronroneó Neji—. Morar te espera, encantadora.

Estaba de pie al lado de él en la arena fresca sin entender cómo había conseguido llegar allí. Su mente estaba imposiblemente confusa. Un sentido de peligro, hostil y antiguo, asió e hizo un hoyo en su estómago. Ese hombre... algo sobre ese hombre no estaba bien.

—¿Quién demonios eres realmente, Neji Hyūga? —insistió. Simplemente formar las palabras era un desafío: su lengua se sentía espesa, sus músculos demasiado elásticos.

Neji sonrió abiertamente.

—Estás más cerca de lo que piensas, Bella.

—¿Quién? —insistió, luchando para retener el control de sus sentidos. El olor rico, oscuro, del jazmín y el sándalo turbó su mente.

—Soy el pecador siriche du, Bella. Y soy único, como tú.

—¿Eres también del siglo XX? —preguntó ella aturdidamente—. ¿Qué está mal conmigo? ¿Por qué me siento tan extraña?

—Calla, Sakura. Permíteme amarte como mereces. Eres la única para mí... —Demasiado tarde él comprendió su error.

La única. La única. Sasuke había intentado hacerle creer la misma cosa. ¿Cómo el herrero podía ser diferente? Juzgando la sensación de su excitación dura apretada contra su muslo, no mucho. Simplemente como Sasori. Simplemente como Sasuke.

¡No de nuevo! Sakura luchó por encontrar su voz, aclarar su cabeza.

—Suéltame, Neji.

—Nunca. —Las manos poderosas de Neji agarraron su cuerpo. Podía sentir cómo desabrochaban su capotillo y resbalaban encima de sus pechos. Guiándola hacia abajo, hacia la arena de seda, él se colocó sobre ella, su rostro dorado casi ámbar por el fuego. El sudor adornó con gotas su frente y brilló sobre sus labios crueles y hermosos.

Sakura se confundió por la ilógica sensación de arena bajo su cuerpo. Ella podía ver la luz rojo —oro del fuego. ¿Dónde estaba? ¿En una playa o en la forja? Concluyó nebulosamente que no le importaba, si él solamente le permitiera irse.

—¡Suéltame! —Su lamento tomó toda la fuerza que ella poseía.

Suéltala si ella lo quiere, Bromista.

ordenó la sombra de una voz.

De repente la noche se quedó inmóvil. El sonido del oleaje se marchitó en el chirriar de los grillos.

Las manos de Neji se apretaron dolorosamente sobre los hombros de Sakura.

Suéltala, Neji. "Ella escoge" fue el trato que hiciste. Honra el pacto.

¡Pero Rey Hashirama, él nos deshonró!

¡Bromista! ¡Si no tienes honor, no vagarás libremente en el futuro!

Una ráfaga amarga de brisa se llevó un suspiro furioso de Neji, y entonces ella estuvo nariz a nariz con Sasuke. Su rostro estaba oscuro de furia.

El capotillo de seda en los hombros de Sakura temblaba ferozmente, una llama de rojo brillante.

—¿Dónde has estado? —exigió Sasuke.

—Neji y yo... —empezó Sakura, echando una mirada alrededor. Neji no se veía en ninguna parte. Su mente estaba de nuevo aguda y clara; esa niebla soñolienta era un recuerdo insípido e incompleto. Estaba de pie frente al fuego de la forja, pero las llamas se habían apagado hasta ser ascuas frías y la noche se hacía más negra cada minuto—. Simplemente estaba caminando —enmendó ella apresuradamente, e inclinó su cabeza para evitar su penetrante mirada.

—Sakura —gimió Sasuke, mirando fijamente la cascada pálida de pelo que escudaba su rostro de él—. Mírame —Él alcanzó su barbilla, pero ella lo rechazó.

—Detente.

—Mírame —él repitió implacablemente.

—No lo hagas —le rogó ella. Pero él no escuchó. Agarró su cintura y la empujó contra la longitud dura, masculina de él.

Sakura buscó, a pesar de sus intenciones más buenas, en los ojos de medianoche y el rostro cincelado del guerrero. Su bronceado, duro cuerpo de vikingo prometía una pasión cataclísmica.

—Chica, dime que no es él. Dilo. Dame las palabras. Aún cuando no puedas sentirlas todavía por mí, dime que no tienes un sentimiento real por él y yo pasaré por alto todo lo que ha sucedido.

Gimiendo, él dejó caer su sedosa cabeza oscura contra ella, como disfrutando simplemente de estar tan cerca. El olor limpio, picante de su pelo negro como el pecado, revolvió sus sentidos de maneras que ella no podía comprender.

—Siento algo por Neji —su lengua se sentía espesa. Incluso su cuerpo intentó desafiarla al estar cerca de ese hombre. Se obligó a decir palabras crueles para herirlo, y la hirió hacerlo.

—¿Dónde conseguiste este capotillo? —preguntó él suavemente, sus manos resbalando encima del tejido ondeado.

—Neji —Quizás él no la había oído. No, no lo había hecho, así que retrocedió.

Diestramente, él desabrochó el broche de plata de su cuello con manos firmes. No, meditó la joven, definitivamente no la había oído. Quizá ella había mascullado inaudiblemente.

Fácilmente, él resbaló el capotillo de su cuerpo. Graciosamente, incluso.

Ella permaneció helada de susto cuando sus manos fuertes, bronceadas, hicieron jirones el capotillo. La expresión en su rostro era dura y fría. Oh, él indiscutiblemente la había oído. ¿Cómo podría permanecer intacta por la vorágine bárbara y hermosa de su furia masculina que demostraba con sus... celos?

Sí, celos.

Lo mismo que había sentido ella por Suiren.

Querido Dios, ¿que le estaba pasando?