CAPÍTULO 15
—¿Por qué lo hiciste?— jadeó ella cuando pudo hablar.
Sasuke puso un dedo bajo su barbilla e inclinó su cabeza hacia atrás, obligándola a encontrar su mirada de piedra.
—Arrancaré de ti cualquier cosa que Neji te dé. Recuerda eso. Si yo encuentro su cuerpo encima del tuyo, él sufrirá el mismo destino —Los ojos flotaron significativamente sobre un trozo de seda carmesí pegado en el tronco de un árbol y agitado como una cosa muerta en la brisa.
—¿Por qué?
—Porque te quiero.
—¡No me conoces siquiera!
Su boca se encorvó en una sonrisa hermosa.
—Oh, dulce muchacha, lo sé todo de ti. Sé que eres una mujer compleja, llena de dualidades; eres inocente, y aún así pendenciera; brillante... —Él irguió una impertinente ceja—, pero sin una pizca de sentido común.
—¡No lo soy! —Sakura frunció el ceño en protesta.
Él rió roncamente.
—Tienes un sentido maravilloso del humor y te ríes a menudo, pero a veces estás melancólica —Él la apretó contra su cuerpo y la miró fijamente con ojos entrecerrados. Sakura echó su cabeza hacia atrás, intentando quitar su dedo de debajo de su barbilla y escapar de su penetrante mirada, en vano.
Él ahuecó su rostro sólidamente con ambas manos.
—Eres una mujer voluntariosa, y me gustaría ser el centro del deseo de semejante mujer. Me gustaría rendir tu confianza y lealtad hacia mí tan firmemente como las retienes ahora. Soy un hombre maduro, Sakura. Seré paciente mientras te cortejo, pero te conquistaré.
Sakura tragó duro. ¡Maldito fuera por sus palabras!
No sólo quiero cortejarte, chica: te ganaré completamente, agregó Sasuke en el fondo de su corazón. Pero él no podía decirlo en alto, no todavía. No cuando ella estaba mirándolo fijamente, su labio inferior temblando ligeramente, pero lo bastante... lo bastante para darle esperanza.
—Voy a enseñarte que una vida no es tiempo suficiente para todo el placer que puedo darte, chica —prometió.
Sakura cerró los ojos y envió la imagen de él al infierno y más allá.
—¿Dónde está Suiren? —preguntó, con los ojos cerrados.
—Caída por un precipicio, si los dioses están sonriendo —Sasuke contestó secamente.
Sakura abrió los ojos y arrugó su nariz, contemplándolo. ¿Vio ella la sombra de una sonrisa en su mirada oscura? Un Sasuke apasionado era letal, pero ella estaba en guardia contra su pasión. Un Sasuke provocativo podía deslizarse limpiamente a través de sus defensas.
—O si realmente tengo suerte y los dioses son misericordiosos, está en los brazos de Neji y él fue golpeado por el mismo rayo que me aplastó cuando te vi. ¿No resolvería eso mis problemas?
La esquina de su boca tiró bruscamente.
—Oh, no. Ya lo tengo. Ella vagó en el bosque y las hadas la confundieron con una de ellas —una malvada banshee— y nunca volverá.
Sakura rió y fue premiada inmediatamente con una de las devastadoras sonrisas de Sasuke. Estaba derritiéndola, desarmando sus defensas. Y se sentía bien.
Más en serio, él dijo:
—Les dije a los guardias que enviaran de regreso a Suiren en el momento en que sus caballos descansaran lo bastante para hacer el viaje.
El espíritu de Sakura se elevó ante sus palabras.
—Sakura —él dijo suspirando su nombre de un modo rico, complejo y dulce—. Eres sólo tú...
—¡Detente!
Abruptamente su humor cambió, centelleante como el mercurio.
—Quiero tenerte para mí en alguna parte. Ven, chica. Dame esta noche para mostrarte quién realmente soy. Eso es todo lo que pido.
La mente de Sakura chilló un resonante "no"... pero quizás no era tan peligroso.
Permíteme mostrarte quién realmente soy... cuán intrigante.
¿Quieres decir además de hermoso más allá de toda comparación?
¿Pero qué daño podría haber en una conversación?
—¿Qué daño podría haber en conversar, Sakura?
Sakura pestañeó. Él debía de haber leído las palabras directamente de su mente.
—Mira, Sakura, la luna sale, brillando desde atrás de serbal —Apuntó Sasuke, y sus ojos lo siguieron. Bajando por la musculosa curva de su brazo, su mano fuerte apuntaba la luna brillante.
—Orbe color de plata que guía el letargo de la noche —meditó Sasuke suavemente—. Apuesto que duermes poco en noches como esta, chica, cuando una tormenta ronda y amenaza romper la noche frágil. ¿Lo sientes? ¿Como si el mismo aire cobrara vida? Una tormenta amenazante siempre ha excitado cierta inquietud en mí.
Sakura podía sentir debilitándose con cada palabra, tentada por su acento encantador.
—Esa es una inquietud que también siento en ti. Camina conmigo, Sakura. Nunca dormirás si vuelves ahora al castillo.
Sasuke estaba de pie, la mano extendida, mirándola con promesas en los ojos. Sin tocarla: simplemente esperando que ella escogiera, para comprometerla sólo a caminar con él. Su respiración era poco profunda y expectante. Los dedos de la joven se estiraron brusca, vacilantemente bajo el calor de los ojos sonrientes, ojos con líneas diminutas en las esquinas. Sasori no había tenido ninguna arruga. Ella nunca podría confiar en un hombre sin arrugas sobre los ojos. No habría vivido y reído bastante si no tuviera unos pliegues débiles. ¿Cómo no había notado las finas líneas de vida en el rostro de Sasuke?
—Date este momento, chica —él respiró roncamente—. Prueba.
La mano de Sakura resbaló con un susurro en la suya y ella sintió la seducción de su contacto. Los ojos de ébano brillaron luminosamente, y la mujer saboreó la sensación exquisita de sus dedos fuertes cerrándose encima de los suyos. Él osciló hacia adelante y ella sintió la caricia de sus labios tocar su mejilla, un tácito gracias por la oportunidad que se les había brindado.
—Yo caminaba por aquí cuando era un muchacho... —Él tomó su mano y se dirigió al oeste, lejos del círculo de serbales y el borde del bosque.
Dile sobre ti, pensó él. Sobre el muchacho que eras antes de que te marcharas. Sobre quién no podías esperar a ser cuando volviste. Pero sobre todo, hazla amarte antes de que descubra quién fuiste. Incluso amar no podría ser suficiente para hacerla entender, pero habrá una oportunidad por lo menos.
Hablaron y pasearon mientras Sasuke tejió sus cuentos salvajes de la impetuosidad de su niñez y su intrepidez, y ella rió en la brisa mansa. Se sentaron al borde del precipicio y echaron guijarros en el oleaje, el aire de sal crespo enredando la melena rosa con su seda de cuervo. Él le mostró donde había colgado una hamaca, justo encima del borde y a la altura de un hombre, y la hizo reír al contarle cómo se escondía allí de Mikoto. Yaciendo sobre su espalda, sus brazos plegados detrás de su cabeza, él miraba el mar y soñaba, mientras su madre lo buscaba por la muralla durante horas, su voz cadenciosa exigiéndole que regresara.
Sakura le habló sobre las monjas y las calles bochornosas de Nueva Orleáns, incluso le dijo los locales que le gustaban y a los que había ido una vez o dos. N'Awlins. Y él escuchó sin reprenderla por creer tal fantasía. Si él creía que estaba tejiendo cuentos o los imaginó todos de algún modo en el contexto del siglo XVI, ella no lo supo. Todo lo que sabía era que él la escuchaba como un hombre nunca la había escuchado antes. Por lo que ella le dijo sobre Marie Leveau, la reina de la brujería, y Jean Laffite, el pirata famoso, y las grandes plantaciones que una vez se levantaran, con sus casas magníficas y los olores y sonidos de Bourbon Street. Cuando habló del jazz, el amoroso canturreo de un saxo profundo, el estruendo de las trompetas de latón, sus ojos se oscurecieron con misterio y excitación sensual, y él se encontró con que casi podía creer que ella era de otro tiempo. Ciertamente de otra tierra.
—Bésame, chica.
—Yo... no debo.
Su murmullo jadeante, ronco, lo encantó.
—¿Es entonces tan malo?
Sakura suspiró profundamente. Se puso de pie, alejándose de él, e inclinó su cabeza hacia atrás para estudiar el cielo. La noche se había aclarado; la capa de nubes se dirigía al mar y la tormenta había pasado sin derramarse. El sonido del oleaje menguó y fluyó debajo de ellos en un ritmo resuelto. Las estrellas agujerearon el manto de la noche y Sakura intentó localizar el Cazo Grande cuando de repente una estrella pequeña, luminosa, pareció estremecerse, antes de caer del cielo.
—¡Mira! —dijo agitadamente—. ¡Una estrella fugaz! Sasuke se levantó de un salto.
—Cualquier cosa que hagas, no desees nada, chica.
Ella dirigió una pura, resplandeciente sonrisa en su dirección, y lo deslumbró tan completamente que por un momento no pudo pensar.
—¿Por qué no, Sasuke?
—Se hacen realidad —consiguió decir él finalmente.
La mirada de la joven regresó a la estrella fugaz. Sakura contuvo la respiración y deseó con todas sus fuerzas. Por favor permite que algo muy bueno me suceda pronto. ¡Por favor! Incapaz de decir las palabras en voz alta, dirigió su mirada a las estrellas.
Él suspiró.
—¿Qué deseaste?
—No puedes decirlo —lo informó Sakura atrevidamente—. Es contra las reglas.
Sasuke irguió una ceja interrogadora.
—¿Qué reglas, chica?
—Ya sabes, las reglas sobre desear-a-una-estrella —ella lo informó en un tono de todos saben esas reglas—. ¿Así que lo que deseaste se hizo realidad?
Sasuke resopló.
—Si no me lo dices, yo tampoco te lo diré.
Sakura rodó los ojos e hizo un sonido impaciente.
—Eso es sólo hasta que se hagan realidad. Entonces puedes decírselo a cualquiera si quieres —Sus ojos ardieron de curiosidad—. Así que, fuera con él —Ella empujó ligeramente su pecho.
Sasuke miró a Sakura con fascinación. En el espacio de esa conversación sobre las reglas de desear-a-una-estrella, su esposa parecía haberse deslizado hacia atrás varios años. En su mirada inocente, Sasuke podía discernir claramente a la niña confiada que había sido una vez.
—No lo que yo deseé, más bien lo que un amigo mío deseó para mí —dijo Sasuke suavemente.
—¿Y eso era? —instó Sakura.
Sasuke casi rió en alto; él medio pensó que ella podría tirar de sus orejas si no le respondía lo bastante rápido para su gusto.
—Bésame, Sakura —dijo él roncamente—; demuéstrame que no es verdad. Que un amigo no puede maldecirte con un deseo a una estrella fugaz.
—Vamos, Sasuke, ¡dime cuál era su deseo! —la risa brilló en sus lujuriosos labios fruncidos en un puchero, y él quiso besarla hasta que ella hiciera que todos sus deseos privados se convirtieran en realidad.
—¿Me besarás, entonces? —replicó él.
—¡Oh! Todo es un trato, ¿verdad? Sasuke se encogió de hombros.
—Hay que pagar con la misma moneda, chica. Esa es la manera en que funciona este mundo. Si un campesino tiene frijoles y nada de carne, encuentra a alguien con carne y ningún frijol. Yo estoy ofreciéndote simplemente un intercambio mutuamente satisfactorio.
—¿Consigo también el café? —preguntó ella astutamente—. ¿Para mañana por la mañana? ¿Por el beso de esta noche? ¿Pagar al troll de los impuestos de antemano?
—Och, muchachita, ¿quién te enseñó a hacer tratos con esa astucia? —Pero si él conseguía su propósito, lograría tantos besos dulces esa noche de ella, que necesitaría sólo darse vuelta por la mañana para besarla de nuevo. En su cama.
—¿Es eso un sí, Sasuke?
—¡Cesa y desiste, chica! Dispárame otra de esas miradas engañosas y yo estaré dándote mi despensa con el café y quizás agregaré unos caballos.
—¿Tengo tu palabra, entonces?
—Tienes mi palabra y mi prenda.
—Trato hecho —Sakura selló su trato apresuradamente. Las respuestas, el café y la excusa para un beso. ¿Cómo podía pedir más?—. Mi respuesta primero —exigió.
La gran cabeza oscura de Sasuke cayó hacia adelante, su boca pegada a su oreja. Los escalofríos rodaron por la espalda de ella cuando su respiración abanicó su cuello.
—¿Qué? No puedo oírte —dijo, cuando él masculló algo indistinto.
—Es demasiado tonto para andar repitiéndolo...
—¡Un trato es un trato, Sasuke! —se quejó ella, estremeciéndose violentamente cuando sus labios rozaron su cuello una y otra vez.
Sasuke gimió.
—Él deseó para mí la esposa perfecta. Que mi esposa fuera todo lo que nunca me atreví a soñar... todo lo que nunca esperé. Y entonces deseó que se negara a amarme. A tocarme. A compartir mi cama.
—¿Por qué desearía un amigo semejante cosa? —preguntó ella indignada.
—¿Por qué haría una esposa semejante cosa? —opuso él sencillamente contra el lóbulo tierno de su oreja.
Ella sentía la punta de su lengua contra su piel, y se preguntó por qué ella. ¿Por qué diría una esposa no a un hombre increíblemente hermoso e intrigante?
Su pulso se agitó; ella volvió su cabeza y miró fijamente los ojos de ébano bruñido, de profundidades insondables. Desconcertada por el rubor y el temblor de emoción, tocó con un dedo sus labios perfectamente esculpidos. Su mente clamó por identificar ese nuevo sentimiento, controlarlo, pero su cuerpo exigió que lo conociera en un sentido que no tenía nada que ver con la razón o la lógica.
—Déjame amarte, chica. No tomaré nada que no desees dar. —Sus ojos negros se demoraron en su rostro, una caricia visual seductora que calentó su sangre, y ella se preguntó por lo que podría haber sido... si sólo lo hubiera encontrado cuando ella todavía creía alegremente en el por siempre jamás. Qué se sentiría permitirle pasar sus manos fuertes y hermosas por su cuerpo tembloroso, para ser besado y provocado y finalmente completado con el crudo, pulsante acero de su hambre. Sus sentidos fueron agobiados por Sasuke; el olor picante, masculino de él, la percepción de seda de su pelo, la presión dura como piedra de su cuerpo contra el suyo.
Lo detendré justo en un momento, se prometió cuando él esparció besos a lo largo de su mandíbula. Un beso en los labios era el trato, se recordó.
Su conciencia se suavizó momentáneamente, permitiéndose la gloriosa rispidez de sus palmas callosas contra su piel, el susurro de la sombra de su barba contra su cuello.
De repente ella estaba haciendo más que permitir. Sus brazos se arrastraron para rodear su cuello. Enterró sus dedos en su oscuro cabello de seda, entonces los resbaló desde su nuca a sus hombros poderosos y trazó los contornos de cada esculpido músculo.
Sakura suspiró insegura, perturbada. No podía conseguir bastante oxígeno para sus pulmones, pero eso dejó de importar cuando Sasuke reemplazó su necesidad de aire por una necesidad de sus labios, una necesidad de su lengua, una necesidad de su necesidad por ella.
—Yo soy el único, chica —la advirtió él suavemente—. Todos acaban aquí. Conmigo. El mejor y el último. Oh, definitivamente tu último.
Mi último, reconoció ella renuentemente, porque dudaba que cualquier otro hombre pudiera igualarlo.
En ese momento jadeante, el pasado se diluyó en la insignificancia absoluta. Era como si Sasori nunca la hubiera tocado, como si el siglo XX nunca hubiera existido. Como si toda su vida hubiera estado encabezada hacia ese momento. Ese hombre. Esa magia.
Sasuke esparció besos por su mandíbula, sobre cada pulgada de su cara, su nariz, sus párpados cuando temblaron cerrados, sus cejas, y entonces se detuvo, sus labios sensuales a un parpadeo, una lengua lejos de la suya. ¿Podría ella? ¿Se atrevería?
La lengua de Sakura fluctuó fuera y degustó al hombre que había deseado desde el momento en que había puesto sus ojos fascinados en él.
—Oh, Dios... —susurró. Lo deseaba, deseaba eso, más de lo que nunca había deseado algo en su vida. Un sonido ronco retumbó profundamente en la garganta masculina; él extendió su mano a la base de su cuello y arqueó su cabeza atrás para que recibiera sus besos. La punta rosa de su lengua rodeó sus labios, saboreó cada esquina, cada plenitud, la provocó locamente; hasta que fue demasiado para ella, y sus labios se relajaron bajo los suyos, amoldándose, abriéndose para él como su cuerpo entero parecía estar abriéndose y clamando por él. Ella era el brote de una rosa desplegándose al calor dorado del sol.
—Magnífico —susurró la muchacha, sin saber que había dicho sus pensamientos en alto.
Pero Sasuke no estaba distraído: él oyó la palabra y el deseo lo golpeó tan salvajemente que se estremeció. Caliente, duro, inclemente, Sasuke movió su boca encima de la de la mujer. Esparció por sus labios un hambre implacable que causó que estrellas brillaran débilmente tras sus ojos cerrados.
Los ojos de Sakura se abrieron para disfrutar el puro placer de mirarlo y vio que él estaba mirando directamente en ellos con semejante ardor, prometiendo pasión, que ella lloriqueó contra su boca.
Ciento de pies debajo de ellos, la naturaleza conspiró con el misterio crudo, inextinguible de la pasión en su propio ritmo; el vaivén sensual de las olas con billones de galones de agua se estrelló con furia, y después se retiró. Ola tras ola de sensaciones se estrellaba sobre Sakura; estaba a la ventura en un mar de tal pasión, que se sentía literalmente transformarse, amoldarse al tacto de ese hombre, así como las piedras debajo de ella habían sido amoldadas por la caricia implacable del océano.
La lengua de Sasuke era seda caliente explorando su boca, provocando su lengua.
—Oh —ella susurró—. Nunca supe...
—¿Es besarme tan malo entonces, chica?
—No es besarte lo malo... —Sus palabras se perdieron en un gemido suave cuando ella inclinó su cabeza en busca de más besos.
—¿Qué es lo malo, mi corazón? —Sasuke lamió su cuello suavemente.
—¡Oooh!... ¡tú!
—¿Yo? ¿Yo soy lo malo? —Él no le permitió responder por un largo momento, mientras mordisqueaba su labio inferior, lo provocaba, lo chupaba en su boca: entonces, despacio, lo soltó.
Sakura suspiró, insegura.
—Bien... quiero decir... eres un hombre...
—Sí —la animó él.
—Y muy guapo, y por eso...
—Mmm... ¿sí?
—Odio a los hombres guapos... —Sus manos se movieron encima de sus hombros, su musculosa y ancha espalda, y se deslizaron por encima de su cintura firme hasta sus nalgas musculosas. Ella se asustó de su propio proceder, estremecida por el gemido de placer que recibió de él.
—Puedo decir... Ódiame justamente así, chica. Ódiame así otra vez. Ódiame todo lo que necesites odiarme.
En un movimiento fluido, Sasuke la tumbó suavemente en la tierra y estiró su cuerpo duro encima del suyo. Sakura estaba asombrada; nunca había estado tan cerca de Sasori, nunca había experimentado algo como eso antes, ese sentimiento temerario de yacer bajo un hombre. Cuán tentador era: el empujón de sus pechos contra su pecho ancho; la manera posesiva en que él entrampó y mantuvo una de sus piernas entre las suyas; la columna de su enorme pene contra la curva de su muslo. Cuando él cambió su peso para que el músculo rígido, duro como una roca, montara entre sus piernas, hacia el calor que ardía entre ellas y causando que músculos que ella no había sabido que poseyera se tensaran, rotó sus caderas y se frotó en lentos círculos eróticos contra la mujer. La muchacha se sentía deslumbrada, desorientada por las sensaciones que él evocaba. Se arqueó contra él y envolvió una pierna encima de las suyas para acercarlo más, para entrampar al ardiente hombre y acomodarlo para aliviar el dolor entre sus muslos.
Él arrastró suavemente el corpiño de su vestido y lo resbaló hacia abajo, por encima de sus hombros, desnudando sus pechos para su amorosa atención.
—Hermosos —murmuró él, sus dedos provocando las cimas endurecidas. Cuando él rodeó las puntas rosadas con su lengua, los pámpanos de fuego se irradiaron a través del cuerpo de la muchacha y culminaron en el calor exquisito de su vientre, y más abajo todavía.
—¡Oh, mi Dios! —Sakura echó su cabeza atrás en el césped fragante y enhebró sus dedos posesivamente en su melena oscura.
Sasuke gimió, su respiración caliente abanicando su pecho.
—¿Cómo me haces esto, chica? —Ella eran todo lo que él alguna vez había soñado tener; antes de aconsejarse severamente dejar de soñar con la imaginación de un muchacho tonto.
Pero ahora se sentía de nuevo como ese muchacho tonto.
Él casi se rió de la paradoja. Después de todas las mujeres que había tenido, amaba a esta. La plena enormidad de su descubrimiento lo pasmó y lo encantó; bajó sus labios hacia los de ella, demandando sin palabras que ella lo amara a su vez. Puso cada onza de anhelo, cada red de seducción a su disposición en esa súplica silenciosa; la besó tan profundamente, que ya no sabía donde acababa él y empezaba ella. Las caderas de la joven se rindieron cuando él empujó contra ella, y se elevaron para encontrarlo hambrientamente cuando se retiró de nuevo. Los sonidos primitivos escapaban sus labios, que estaban hinchados y enrojecidos por sus besos feroces.
—Ámame, Sakura —ordenó él bruscamente—. ¡Ámame! Su única contestación fue un gemido gutural.
—Dime que me quieres, chica —exigió hambrientamente él contra sus labios.
—Por favor... —su contestación se detuvo cuando ella apretó los ojos firmemente cerrados. Lo detendré justo en un minuto. Será más fácil si no lo miro.
—¿Me quieres, Sakura? —preguntó Sasuke, retirándose de su beso. Su súplica no era bastante como respuesta; tenía que oírla decir las palabras. Estar seguro de que incluso con los ojos cerrados, sabía que era él quien estaba sobre ella, él quien la besaba.
Pero ella no contestó, y sus ojos permanecieron cerrados.
Sasuke gimió y la besó de nuevo sin embargo, perdiéndose por un momento en la textura y sabor de sus labios dulces. Pero la duda latía en él. Era consciente de que aunque no enfrentara el problema, podría llevarla esa noche a su cama por obra de esa excitación sensual, embriagadora. Pero no quería a Sakura incoherente: la quería totalmente alerta, totalmente consciente y pidiéndole que la tocara. Él quería que ella igualara su mirada con hambre sincera, inextinguible, y oírla decir las palabras. Sasuke arrancó su boca de la suya y jadeó duramente.
—Abre tus ojos, Sakura —él se obligó a quedarse quieto; sus caderas rígidas contra el arco seductor de su cuerpo.
Un momento de respiraciones poco profundas pasó, sus labios separados apenas por unas pulgadas.
—Mírame. Di mi nombre. Ahora —ordenó Sasuke.
Los ojos de Sakura se abrieron simplemente en una ranura. ¡No me hagas reconocer esto... no me preguntes más!, rogaban. Y de nuevo, la demanda de su cuerpo excitado, pidiéndole que se moviera encima de ella, para seducirla en su excitación embriagadora para que por la mañana pudiera pretender que no había sido su opción.
—Mírame y di mi nombre —Su voz se quebró bruscamente al pronunciar las palabras. Su boca hermosa, cincelada, flotó sólo a un suspiro lejos de la suya.
Sakura lo miró fijamente, muda. Las lágrimas ardieron en sus ojos y amenazaron caer por sus mejillas.
—¿Por qué no puedes hacerlo? —exigió él, su acento de terciopelo áspero como vidrios rotos—. ¿Es tan imposible? Sasuke. Eso es todo lo que tienes que decir. O James, o Lyon. ¡Laird Uchiha!
Cualquier cosa, pero no Neji.
Sakura lo miró fijamente, la revulsión por su propia debilidad casi estrangulándola. ¡No había aprendido nada! Una pulgada más, un movimiento escaso, y ella se perdería como nunca antes. Donde el cuerpo va... el corazón lo seguirá... di su nombre y bésalo de nuevo, y entonces puedes decirle simplemente adiós a tu alma. Ese hombre tiene el poder de destruirte de una manera que Sasori nunca pudo.
—¿Qué tengo que hacer para que te olvides de él?
Y él pensó que era Neji, pero no era Neji. Era Sasori. Y no quedaría nada de ella esa vez si la convertían en una marioneta de nuevo.
—¡Di mi nombre, chica, por el amor de Dios! —rugió Sasuke. Estaba agitado por una mezcla de pasión apenas contenida y escepticismo de que ella pudiera responderle tan eróticamente, tan completamente, y aún así todavía no pronunciar su nombre—. ¡Si tengo alguna oportunidad, Sakura, dímelo! ¡Si no puedes decir mi nombre siquiera, no tengo ninguna posibilidad de ganar tu amor alguna vez!
Su última súplica era el agonizante lamento de un animal herido; y abrió el corazón de Sakura.
Una vena latía en su cuello y ella levantó su mano para poner los dedos temblorosos contra él. Con más y más firmeza endureció su corazón, hasta que estuvo de nuevo seguro tras su glaciar de recuerdos y pesar.
Él apartó su mano.
—Dilo —siseó su demanda a través de los dientes apretados.
—No es justo pedírselo cuando la estás tocando así. Yo la ayudaré —La voz de Suiren destiló veneno—. Simplemente llámalo la prostituta del rey —ronroneó—. Así es como siempre lo hemos llamado.
La tormenta rabiosa en él se calmó precisamente en ese momento.
—¿Es verdad? —susurró Sakura finalmente, los ojos abiertos y profundos llenos de dolor. Dolor y algo más. Sasuke vio el llanto tácito en sus profundidades de pizarra. Quiso negarlo, explicar la pesadilla. Pero no le mentiría a esa chica. Ella tendría que tomar la verdad por completo o nada; cuando la aceptara, si él tenía alguna oportunidad, ella lo poseería completamente. Una capa de amargura, cubriéndolo en una desesperación completa, casi lo hizo gritar con su agonía.
—Me llamaban la prostituta del rey —contestó él tensamente.
Las sombras se alzaron y fluctuaron en los opalescentes ojos de esmeraldas. Oscuridad que él había jurado aliviar, y que había alimentado con sus propias manos.
Él rodó de encima de ella y se levantó despacio; entonces se alejó en la noche tan silencioso como un lobo, dejándola en el borde de un precipicio con su vengativa ex-amante. Él esperaba que ella simplemente empujara a la rencorosa Suiren por encima del borde, pero sabía que no iba a ser tan fácil. Porque si él la juzgaba debidamente, su esposa no estaría a partir de entonces en la cama de Neji por lo menos por algún tiempo.
La había perdido.
Hubiera sido mejor que nunca la hubiera conocido, para no haber sabido jamás de las ráfagas dulces de emociones, la pasión que perdonaba, las alas liberadoras del amor que podría haber sido.
Él vagó esa noche, perdido en recuerdos de ese tiempo en que había sido gobernado por su rey. Todo por Dalkeith y su madre, por Konan e Itachi. Sí, y Escocia de vez en cuando, cuando su rey había sido extremamente tonto. No, no había habido nunca realmente ninguna opción.
Los ojos de Sasuke escudriñaron el cielo nocturno para buscar otra estrella fugaz. Pensó en pedir un deseo a cada una de ellas el resto de su vida si era necesario. Quizá diez mil deseos podrían deshacer uno. Pero la cubierta de nubes había vuelto y no se veía el parpadeo de una sola estrella en la oscuridad absoluta que lo rodeaba.
