CAPÍTULO 16
—Oh, mi querida, ¡pensé que lo sabías! —saltó Suiren.
—Vete al infierno —dijo Sakura suavemente cuando se forzó a levantarse.
—Estoy intentando ayudarte.
—No, no lo haces. La única persona a la que estás intentando ayudar es a ti misma, y ayudando a colmar a mi marido.
—Ah, sí. Tu precioso marido. ¿No tienes ninguna curiosidad de su tiempo en la corte? —ronroneó Suiren invitadoramente.
—¿Piensas realmente que soy lo bastante tonta para creer que me dirías la verdad sobre él? ¿A alguna mujer le gustas?
Suiren detuvo a mitad de una frase, su boca ligeramente entreabierta.
—¿Y qué se supone que significa eso?
Los ojos verdes como las esmeraldas de Sakura se encontraron fríamente con los de Suiren, recargadamente perfilados con kohl.
—Sólo que eres el tipo de mujer que mide su éxito por los hombres que tiene en la cama y las mujeres que lastima, y un día, no demasiado lejano, vas a ser nada más que una mujer vieja, gorda, no deseada y sin amigos. ¿Y entonces cómo vas a pasar el tiempo?
Suiren podría haberla vapuleado hacía años, pero nadie la engañaría ya.
—¿Cómo te atreves, tú, petite salope? —escupió Suiren—. Yo sólo estaba ofreciendo mi ayuda.
—¿Siguiéndonos, espiándonos, y después planteando su pasado? Su pasado se ha ido, Suiren —Sakura no era consciente de que estaba defendiéndolo hasta que se oyó a sí misma hacerlo—. Algunas personas aprenden de su pasado, se hacen mejores y más sabias. Mi Sasuke ha hecho eso. Simplemente estás enfadada porque sabes que él no es el hombre que fue una vez. Si lo fuera, se habría quedado en los jardines contigo en lugar de pasarse la tarde hablando conmigo.
—¿Hablando? Él y yo usamos una... charla... parecida a esa también. Él sólo se ha excitado temporalmente con un nuevo cuerpo. Lo superará. Y cuando lo haga, regresará a mi cama.
—Estás equivocada —dijo Sakura serenamente—. Y lo sabes. Eso es lo que realmente te molesta.
—Los perros viejos no aprenden nuevos trucos, estúpida y dulce joven —Suiren sonrió con desprecio.
Sakura dedicó una sonrisa de sacarina a la mujer mayor.
—Quizás no. Pero a veces los perros viejos dejan sus trucos por completo.
—Hablas como una mujer enamorada. Pero aún así no dirías su nombre —declaró Suiren, arqueando una ceja delineada con lápiz.
La sonrisa de Sakura se marchitó.
—Hablo por mi marido y por mí misma cuando sugiero que dejes Dalkeith con la primera luz, tanto si los caballos están descansados como si no. Ya no eres bienvenida aquí. No regreses nunca.
¿Seguro que puedo distinguirlos?, meditó Sakura cuando escogió su camino a través del jardín.
Así como con Sasori, el pelirrojo playboy de élite que la había manipulado tan completamente, había caído como una tonta en una ilusión hermosa. La belleza real tenía que venir desde dentro. Llamar a un hombre la prostituta del rey... Bien, ¿qué tipo de belleza podía haber en eso?
Peor todavía era el pensamiento de lo que había estado a punto de hacer, lo que habría hecho de buena gana con Sasuke, si Suiren no los hubiera interrumpido. Sus súplicas habían deshecho virtualmente sus defensas, y ella sabía a ciencia cierta que si Suiren no los hubiera interrumpido, aún estaría yaciendo bajo su cuerpo magnífico, sólo otra de las conquistas de la prostituta del rey.
Quizá no es así, Sakura. Quizá no sabes la historia completa, señaló una pequeña voz en su corazón.
Quizá no quiero saber la historia completa, se dijo. Cerró las manos hasta que sintió la punzada dolorosa de sus uñas en la carne suave de sus palmas. Quiero ir a casa, se lamentó como un niño perdido. Quiero a Moonie.
Ésa es la única cosa que merece la pena, pensó.
Apagó un suspiro frustrado.
—Sakura —su voz salió tan suavemente de las sombras de la muralla más baja, que ella pensó al principio que debía de haberla imaginado.
Giró para encontrarse con su mirada. La luz de la luna desplomaba anchas columnas a través de los árboles y lanzaba una barra color de plata en su rostro cincelado.
—Déjame en paz, Sasuke.
—¿Qué te dijo Suiren? —Las palabras parecían arrancarse de él contra su voluntad.
—¿Por qué no vas a preguntarle? Parece que se comunicaban bastante bien en el pasado. Una clase de 'comunicación sin palabras' si mal no recuerdo.
—Chica, no lo hagas —gimió él.
—¿Por qué no? ¿Hiere la verdad?
—Sakura, no era así. No era... —Su voz se apagó y él suspiró.
—¿No era qué? —dijo ella fríamente. Sakura esperó. ¿Se lo explicaría? La palabra prostituta podía tener una variedad de significados, ninguno de ellos agradable. Ella sabía que él había estado con mujeres hermosas, y muchas, por lo que las criadas de Shimura le habían dicho, pero simplemente, ¿cuántas? ¿Mil? ¿Diez mil?
Cuando Sasuke no contestó, Sakura presionó.
—¿Eres el amante de Suiren?
—¡No, chica!
—¿Lo eras? —se obligó a preguntar Sakura. Sasuke suspiró.
—Es verdad, pero fue hace mucho tiempo, y no sabes las circunstancias...
Sakura se encrespó.
—¡Yo no quiero saber las circunstancias bajo las que estarías con una mujer como ella! Si tuvieras cualquier discriminación en absoluto, nunca habrías... ¡Ustedes los hombres son todos iguales!
El acento de Sasuke se espesó considerablemente.
—Dame una oportunidad, Sakura. Óyeme. No es justo odiarme por cosas que otros hombres puedan haberte hecho. Una oportunidad más, eso es todo lo que pido de ti, chica.
—¡Ya te he dado demasiadas oportunidades! Déjame en paz, Sasuke Uchiha. ¡Simplemente déjame en paz!
Sakura se volvió y corrió hacia el castillo antes de que pudiera humillarse estallando en lágrimas.
Soñó con Sasuke y la promesa que había vislumbrado en sus ojos. La esperanza. Si él supiera su pasado, ¿la querría todavía? La soñolienta psique de Sakura se esforzada poderosamente meditando eso. ¿Se atrevería a permitirse amarlo? ¿O no? Su corazón estaba demasiado herido también. Su mente retrocedía ante cualquier posibilidad de vergüenza y pesar. Pero la tentación de caer crecía, más difícil de resistirse todos los días. Si sólo fuera a casa, a su capullo de soledad. Segura de nuevo, pero tan sola...
Soñando dentro de un ensueño, recordó finalmente cómo había llegado allí, y entendió cómo podría volver a casa, la manera de escapar de Sasuke y de todas sus promesas infinitas de pasión y dolor.
Se despertó por el impacto del recuerdo. Desenredándose de las sábanas de seda, cruzó el cuarto y se asomó a la noche negra como tinta.
El juego de ajedrez de Sasori.
Podía recordar finalmente con claridad perfecta lo que había estado haciendo momentos antes de que hubiera sido catapultada a través del tiempo para aterrizar en el regazo de Shimura.
Había estado en su biblioteca y había recogido las piezas del juego de ajedrez de Sasori.
Ese endemoniado juego de ajedrez realmente estaba maldito. Cuando lo había hurtado de la casa de Sasori, había tenido cuidado de no tocar las piezas. Sasori había hablado en broma muy a menudo sobre la maldición, pero Sakura prefería ver las leyendas, maldiciones y mitos con escepticismo. Después de que hubiera hurtado el juego, lo había empacado y pensado sólo en desempaquetarlo si necesitara venderlo.
Sabía que había tenido la reina negra en su mano cuando había aparecido en el regazo de Danzō Shimura, pero, ¿dónde había ido a partir de allí? No lo tenía claro ahora. ¿Lo habría tomado una de las criadas? ¿Tendría ella que confrontar al despreciable Danzō Shimura para que se la devolviera?
Agitó su cabeza, abatida. Tenía que estar en alguna parte de Shimura Keep, y dondequiera que estuviera, tenía que hacer el esfuerzo de encontrarlo. Podría regresarla a casa.
¿Podría encontrar el camino a Shimura Keep?
Por supuesto, se aseguró. Después de viajar por esmirriados callejones dos mil millas, Sakura Haruno podría encontrar su camino a cualquier parte. Pero rápidamente, mientras todavía estuviera bajo la capa de la noche. Y antes de que su resolución se debilitara.
Treinta minutos después estaba lista. Andando de puntillas a través de la cocina, robaría un saco y lo llenaría de panes costrosos, quesos y algunas manzanas. Kagami roncaba en su silla junto a la puerta, su mano descansando sobre un vaso medio lleno de —ella olfateó cautamente— alcohol puro de grano a juzgar por el olor. Después de una parada rápida en el cuarto Green Lady, donde había dejado las botas que Mikoto le había dado, estaría lista para irse.
Deslizándose de la cocina, bajó al corredor corto rápidamente y empujó la puerta del cuarto Green Lady. Sus ojos se abrieron con desmayo. Allí dormía Sasuke, una sábana de lino blanca envuelta alrededor de sus piernas, su torso desnudo a la caricia del alba. Su cabeza oscura echada contra las almohadas blancas, dormía solo, asiendo en sus brazos el vestido que ella había llevado el día que había sido envenenada con el dardo.
Lo llamaban la prostituta del rey, se recordó. Tal vez realmente había un nombramiento real en semejante mote. O quizás había sido tan absolutamente indiscriminado que se había ganado el título por ello. Indiferente, ella nunca sería de nuevo una de tantas.
Sakura espió sus botas en el cofre de madera al pie de la cama. Sus ojos se apartaron cuidadosamente de su marido durmiente, levantó la tapa de pino bruñida y sigilosamente se dirigió hacia la puerta silenciosa como una gatita, cerrándola suavemente tras ella.
Y ahora la parte difícil. Los guardias apostados por el castillo. Tendría que huir a través de los jardines, bajar el puente eterno, y atravesar la torre oriental. Había huido de cosas más terribles, a través de peores climas antes. Lo conseguiría de algún modo. Siempre lo hacía cuando tenía que correr.
Sasuke abrió un ojo y la observó irse. Murmuró oscuramente y cambió la posición de su cuerpo, plegando sus brazos musculosos detrás de su cabeza. Miró fijamente la puerta un largo momento.
¿Estaba abandonándolo?
Nunca. No en tanto viviera y respirara, y tenía más infiernos que pelear dentro de sí de lo que ella debía creer. Se levantó y agarró su kilt, anudándolo flojamente a su cintura.
Que sea de la manera que deba ser, meditó amargamente. La primera señal de algo menos que agradable en su pasado, y ella corría. No la había imaginado como del tipo caprichoso. Había pensado que había una chica de temperamento ardiente bajo el exterior de seda, pero un suspiro de su pasado sórdido, y estaba lista para dejarlo. Después del placer que tan evidentemente había experimentado en sus brazos, aún así, pensaba alejarse.
Bien, ¿dónde infiernos pensaba que él había aprendido a dar placer?
Oh, no. La siguiente vez que su esposa estuviera en sus brazos, y habría una siguiente vez, tomaría una de las pociones gitanas para hacerlo indiferente. Entonces le mostraría de verdad los beneficios que ella cosecharía del pasado que rechazaba tan violentamente.
Él estaba ofreciéndole su amor, libre y abiertamente. Él, que nunca había ofrecido más que placer físico durante un tiempo corto a cualquier chica, estaba ofreciéndole su vida a esa mujer.
Y aún así, ella no lo aceptaba.
Y no sabía la primera maldita cosa siquiera sobre lo que significaba ser la prostituta del rey. Suiren había estado a punto de decírselo, allí en los jardines. Suiren, que se había aprovechado de la servidumbre de Sasuke cruelmente, solicitando al rey James que ordenara a Sasuke concederle esos favores carnales que él le había negado previamente. Suiren, que le había dado a James toda una nueva y amplia gama de maneras de humillar a Sasuke. Los recuerdos de eso lo avergonzaron y enfurecieron. Desterró esos pensamientos y el enojo deslumbrante que generaban con un firme tirón de su voluntad formidable.
Sakura era su problema inmediato. Sasuke resopló. ¿Estaba escapándose para descubrir el mundo en los brazos de su herrero?
Sí. Estaba seguro de que ella lo estaba haciendo.
En ese momento, Naruto empujó la puerta y la abrió, inclinando su cabeza con una pregunta silenciosa en los ojos.
—¿Se dirige al norte? —el rostro de Sasuke era amargo.
—No —Naruto pareció confundido—. Eso es lo que yo también esperé, pero va a la muralla oriental.
—¿Al gatehouse? ¿Sola?
—Sí. Llevando sólo un pequeño atado.
—Él debe de encontrársela allí —meditó Sasuke—. ¿Está siguiéndola el guardia?
—Sí, a una cierta distancia. Hasta que des tu orden.
Sasuke se volvió y estudió las ascuas agonizantes. Su orden. ¿Debía permitirle irse? ¿Podía hacerlo? Y si ella se reuniera con Neji, ¿cómo se impediría a sí mismo matar al herrero con las manos desnudas? No. Mejor detenerla antes de que tuviera que saber con certeza absoluta su traición.
—¿Qué has sabido de Neji? —Sasuke dio puntapiés en el hogar.
—Nada, Sasuke. Es como si él se hubiera montado en una brisa y soltado de sus raíces. Es la cosa más extraña. Nadie sabe de dónde vino. Creo que Kin es nuestra mejor apuesta para conseguir información, desde que calienta su cama. Pero no he podido rastrearla todavía—Naruto frotó su mandíbula pensativamente—. Parece que la gente de Kin se ha marchado; han mudado su campamento desde el norte del serbal hacia las pasturas orientales.
Sasuke giró sobre sus talones, los ojos oscuros escrutando intensamente los de Naruto.
—Los Rom nunca mueven su campamento. Siempre se quedan en las pasturas del norte en el verano.
—No este verano —Naruto se encogió de hombros—. Igualmente extraño. Incluso han dicho que Samhain se celebraría en un nuevo sitio este verano.
—Extraño —Sasuke ponderó esa nueva rareza. Pero desperdició sólo un momento para considerar a la tribu gitana que acampaba en Dalkeith; tenía problemas más importantes que resolver. Su esposa estaba dejándolo—. Detenla en el gatehouse, Naruto. Yo iré allí en breve.
Sakura sabía que la estaban siguiendo.
Escapar del castillo era tan agotador como intentar evadirse de una prisión. Tenía menos oportunidad de evadir a los guardias que de desear regresar al siglo XX. Esa vez no tenía un arma siquiera. Como la noche en que Sasori había muerto, una noche en la que se había prometido no volver a pensar de nuevo.
No había podido prever ninguna de las cosas que habían sucedido. Ni siquiera había sabido qué estaba pasando hasta la noche en que descubrió finalmente por qué Sasori había estado enviándola a todos esos solitarios veraneos. Tan encantadora y estúpidamente incauta. ¿No había oído que él la describía así esa noche en que había vuelto inesperadamente de Londres esperando sorprenderlo?
Y la sorprendida fue ella.
Deslizándose por la puerta trasera del garaje en su casa lujosa, Sakura oyó por casualidad una conversación no destinada a sus oídos. Una conversación por la que él la habría matado.
Ella no había pronunciado su nombre cuando había puesto su mano en la puerta de su cubil. La voz de Gerard atravesó la puerta claramente.
—¿La encontrará Rupert en Londres?
Sakura se tensó. Estaban hablando de ella. ¿Cómo habían sabido que Rupert estaba en Londres? Ella apenas se lo había encontrado allí el día anterior. No había llamado a Sasori siquiera y discutido todavía nada con él. Había regresado en el Redeye y le había tomado todo el día y media noche volver a casa. Apretó su oreja contra la puerta y escuchó con curiosidad.
Sasori se rió.
—Justo como lo habíamos planeado. Él le dijo que estaba en el pueblo para comprar un regalo para su esposa. Conoces a Sakura, creería algo así. No notó nada cuando él cambió su equipaje. Es tan encantadora e incauta. Tenías razón sobre ella desde el principio, Gerard: es la paloma perfecta. Y nunca sabrá lo que estamos haciendo hasta que sea demasiado tarde para que importe.
Sakura tembló violentamente, su mano helada en la puerta.
—¿Y cuándo ella se de cuenta finalmente, Saso? ¿Qué harás entonces? La risa de Sasaori enfrió su sangre.
—Ah, esa es la belleza de este asunto. Buscarán en los archivos del orfanato. Me tomé la libertad de mejorarlos un poco. Reflejan ahora a una delincuente juvenil con una inclinación natural hacia la conducta delictiva. Caerá sola. No hay un solo policía en mi ciudad que intente presentar cargos contra el señor Sasori Akasuna, el generoso patrocinador político. Yo nunca dejo el Reino de N'Awlins. Ella siempre entra y sale del país.
Los ojos de Sakura se abrieron con horror. ¿Qué estaba diciendo? Gerard rió.
—Conseguimos hacer un gran embarque en su Mercedes el mes pasado, Saso. El viaje a Acapulco fue simplemente brillante.
¿Embarque?, se preguntó Sakura frenéticamente. ¿Embarque de qué? Retrocedió silenciosamente de la puerta.
Tonta. Incauta. Inocente. ¿Qué era tan malo de ser inocente?, se preguntó mientras caminaba silenciosamente a través de la casa oscurecida, tragando sus sollozos. Había honor por lo menos en la inocencia. Por lo menos ella nunca había herido a nadie, nunca había usado a nadie.
Quizá era un renacuajo... incauto. Quizá le faltaba incluso un poco de sentido común. Pero valía mucho más que él en otros aspectos. Tenía un corazón bueno. Eso debía contar para algo.
Su garganta se apretó con lágrimas reprimidas. Detente, se reprendió. Enfócate. Encuentra la reina. Vuelve a casa. No hacen a los hombres como Sasuke en el siglo XX, y después de Sasuke, ningún hombre conseguirá de nuevo ser para ti una tentación.
El gatehouse se dibujó ante ella. ¿Por qué no la habrían detenido? Ella sabía que todavía estaban allí. Quizá él quería que le permitieran irse. Quizá había sido tan ingenua e ignorante que él realmente no estaba interesado. A un hombre le gustaba ciertamente eso; después de todo, no pasaría demasiado tiempo hasta que encontrara una mujer deseosa.
¿Por qué habría de preocuparse la prostituta del rey? Habría siempre otra mujer. Pateó enojadamente un guijarro y lo miró estrellarse en la pared del gatehouse.
¿Bajarían el rastrillo y se retirarían atrás para ella? ¿Rodarían la alfombra roja para celebrar su salida?
Y cuando caminó hacia la entrada en forma de arco, Naruto emergió de las sombras.
Ella se detuvo, aliviada.
Prueba de nuevo, se dijo a sí misma. Escribe esta escena una vez más, Sakura Haruno. Lee: ella se detuvo, furiosa al negársele el escape.
No, definitivamente aliviada.
Suspiró, con los hombros encorvados.
—Naruto. Permíteme pasar. Es mi vida. Muévete.
Él agitó su cabeza.
—Lo siento, milady.
—Naruto, debo regresar a Shimura Keep.
—¿Por qué?
Ella lo estudió un momento bajo la luz mortecina. Parecía verdaderamente desconcertado, y los ojos siguieron examinando la muralla del oeste, como si estuviera esperando a alguien.
—Porque estoy nostálgica —mintió la joven. Bien, quizás no era exactamente una mentira: extrañaba a Moonie terriblemente.
—¡Ah! —El entendimiento aclaró sus apuestos rasgos. Estaba de pie ante ella, sus piernas separadas, sus musculosos brazos plegados sobre su pecho—. ¿Estás buscando algo?
—¿Qué? —¡Él no podía saberlo! ¿O sí?—. Naruto, lady Shimura... quiero decir mi madre, ¿dijo algo sobre... bien... algo de mí sobre cómo podría haber aparecido... en casa?
—¿Como qué? —preguntó Naruto, la verdadera imagen de la inocencia.
—Sí, ¿como qué? —se hizo eco una voz detrás de ella. Algo en su voz decididamente había cambiado, y para peor. El ronroneo de terciopelo de Sasuke había asumido la frialdad llana del acero pulido.
¿Era ella la responsable de ese cambio?
—Llévala al Cuarto del Pavo Real. Cierra con llave la puerta y tráeme la llave, Naruto.
—¡No! —gritó ella, girando para enfrentarlo—. ¡Debo ir! ¡Quiero ir a Shimura Keep!
—¿Qué buscas, esposa? —preguntó él fríamente. Muda, ella lo miró fija, insolentemente.
Sasuke murmuró una maldición oscura. ¿Podía ser verdad? ¿Podía ser ella de verdad del futuro y estar buscando el camino de vuelta a casa? El pensamiento de que podría dejarlo por Neji casi lo había vuelto loco.
Pero, reflexionó Sasuke oscuramente, si fuera la reina negra lo que estaba buscando, entonces estaba haciéndolo definitivamente por una razón. Las desigualdades pesaban en ella más que el resto de las cosas buenas, y pensaba que la reina negra podría llevársela de él.
Hay una manera de averiguarlo, decidió Sasuke.
—¿Es esto lo que persigues, chica? —preguntó cuando retiró la pieza de ajedrez de su sporran y lo levantó ante sus ojos abiertos como platos.
