CAPÍTULO 17
—Ven, chica.
La orden era apagada e inequívocamente peligrosa. E incluso entonces, solamente esas palabras la hicieron estremecer de deseo. El rubor de su excitación le robó la respiración.
—Sasuke.
—No lo hagas —La palabra era una advertencia—. Ahora. Toma mi mano.
¿Qué iba a hacerle?, se preguntó ella frenéticamente. Tras de sí sentía a Naruto cercándola para enfilarla hacia Sasuke.
—¡Espera! —Ella levantó una mano para mantenerlo alejado.
—Muévete, milady —dijo Naruto suavemente.
—¡No me encierres con llave en un cuarto!
—¿Como podría no hacerlo? —Sasuke sonrió con desprecio—. Sabiendo que regresarías a un lugar donde parece no conociste ninguna alegría, ¡y donde consideras que estarías mejor que aquí conmigo!
—¡No crees que soy del futuro! —jadeó ella.
—Estoy empezando a hacerlo —murmuró él—. ¿Cómo piensas que supe sobre esto? —La reina negra relució en su mano.
Ella se encogió de hombros.
—¿Cómo?
—Dulce esposa, hablaste sobre eso cuando fuiste envenenada. Parecías preocupada, irritada e intentabas encontrarlo.
—Pero si acabo de recordarlo.
—Tu mente en su sueño recordó más pronto.
—Pero, ¿cómo lo conseguiste? Fue Naruto quien respondió.
—Lady Shimura lo vio caer de tu mano la noche que llegaste.
—¿Pero cómo...?
—Lady Shimura me lo confió después de la boda. Yo se lo di a Sasuke.
—Ella admitió que no eres su hija de sangre. No puedo ver ninguna razón por la que mentiría sobre eso —A menos que Shimura Keep esté sufriendo un poco de su extraña locura contagiosa, pensó él severamente—. ¿Te devolverá de verdad a dondequiera que hayas venido? —preguntó Sasuke cuidadosamente.
—Creo que sí. Hasta donde puedo decir, es lo que me trajo aquí —dijo ella, su mirada clavada en el sendero empedrado de guijarros.
—¿Y tu plan era conseguirlo e ir a casa, chica? ¿Planeaste huir de Dalkeith tú sola?
—¡No! ¡Con tu madre, Sasuke! —espetó ella absurdamente—. ¡Por supuesto que sola!
—¿Así que ibas a ir a Shimura Keep para conseguir esta pieza de ajedrez e intentar regresar de dondequiera que hayas venido? ¿Ese era tu plan esta tarde? —A ella extrañó la advertencia en su tono cuidadoso.
—Sí, Sasuke. Lo admito, ¿está bien? Iba a intentarlo. No estoy segura de que funcione, pero es la última cosa que sostuve en mi mano antes de terminar aquí, y la leyenda dice que el juego de ajedrez está maldito. Es lo único que puedo pensar que podría haberlo hecho. Si me trajo aquí, podría devolverme también.
Sasuke sonrió fríamente. Volvió la reina en su mano y la estudió cuidadosamente.
—Vikingo —meditó—. Una pieza hermosa. Bien trabajada y conservada.
—¿Me crees ahora, Sasuke? —Ella necesitaba saberlo—. ¿Que realmente soy del futuro?
—Basta de hablar; no creo en las casualidades —Él todavía no creía realmente, pero era infinitamente mejor mantenerla a salvo que lamentarlo.
Él se volvió sobre sus talones firmemente y se dirigió silencioso hacia los jardines.
—Tráela, Naruto —llamó encima de su hombro, casi como un pensamiento posterior.
Pero Naruto no tenía que llevarla a ninguna parte. Mil campanillas de advertencia resonaron en la cabeza de Sakura, y corrió detrás de él para alcanzarlo. Su tono cuidadoso, su conducta acerada, sus preguntas... Él había estado ligando pulcramente cosas que parecían irreconciliables. Sasuke no era un hombre carente de intelecto y propósito. Ella sólo esperaba que estuviera entendiendo mal su propósito ahora.
—¡Sasuke! —gritó.
Los hombros de Sasuke se irguieron. Él estaba más allá del enojo en ese momento: había resbalado al reino de una helada resolución. Sabía lo que tenía que hacer cuando irrumpió en una carrera a través de los jardines, por la muralla, en la naciente y rojiza mañana escocesa. Hasta que fuera hecho, no podía permitirse el lujo de dejarla tocarlo, poner sus dulces manos en sus hombros y rogar. No me arriesgaré en lo que se refiere a mi esposa.
—¡Espera! —Sakura también empezó a correr, el miedo atenazando su corazón cuando comprendió lo que él estaba haciendo, dirigiéndose directamente hacia la muralla norte, donde la forja estaba ardiendo brillantemente.
—¡No, Sasuke! —gritó cuando él desapareció en los jardines.
Sus pies volaron cuando se sumergió a través del verdor lujurioso y corrió por encima de los lechos de anémonas y lirios púrpuras. Ella saltó las bajas paredes de piedra y empujó las ramas de espinosas rosas de su cara, rasgando las palmas suaves de sus manos, hasta que salió de los jardines para verlo a una docena pasos delante de ella.
Abriendo la boca para respirar, invocó cada onza de fuerza que tenía. Si no lo intentara todo, sería tarde, demasiado tarde.
Desde una ventana alta, Mikoto miraba la escena desplegarse ante ella.
Empujando contra el dolor de sus renuentes músculos, Sakura intentó alcanzar a Sasuke desesperadamente, pero era demasiado tarde; él ya estaba de pie al lado de Neji, cerca de las ascuas resplandecientes.
Abriendo la boca, ella arremetió hacia adelante cuando la mano de Naruto se cerró en su capotillo. Él dio un tirón feroz en la tela y la tiró hacia atrás. El capotillo se rasgó y ella cayó gritando cuando rodó en la tierra.
—¡Sasuke, no lo hagas!
—Destruye esto —ordenó Sasuke a Neji.
—¡No! —gritó Sakura.
Neji miró momentáneamente a la caída Bella.
—Parecería que la señora desea otra cosa.
—No te pedí pensar, Neji Hyūga, y no me importa una maldita cosa lo que la señora desea.
Neji sonrió traviesamente.
—¿Entiendo que has fallado al sujetar a tu halcón, Lord Sasuke?
—Quémalo, herrero. Para que no me complazca incinerándote en lugar de la reina.
—¡Neji! ¡No! —rogó Sakura.
Neji pareció ponderar la situación un momento, entonces con una mirada extrañamente triunfante, se encogió de hombros y echó la pieza en la forja.
Para Sakura, yaciendo aplastada en la tierra, todo parecía pasar en movimiento lento.
Miró con horror cómo la reina negra volaba a través del aire y se hundía en los carbones resplandecientes. Sakura se tragó un sollozo cuando las llamas lamieron avariciosamente la pieza de ajedrez. Su única manera de regresar había sido destruida.
Sasuke suspiró con alivio. Sakura se derrumbó contra la tierra, mirando inexpresivamente. La reina negra se había ido, la densa madera africana no encendiéndose lo bastante para forjar acero.
Ningún Moonie. Ningún camino a casa.
Ella estaría en 1513 —con él— para siempre.
Neji hizo la sombra de un sonido demasiado oscuro para ser risa cuando se inclinó cerca de Sasuke. Sólo lo bastante para que Sasuke oyera sus palabras bajas y burlonas.
—Ella calentará ahora mi cama mucho más pronto, tonto Sasuke.
Sasuke retrocedió. El herrero tenía razón. Su esposa lo odiaría por lo que había hecho.
—¿Qué infiernos estás haciendo en la forja en medio de la noche de todas maneras? —espetó Sasuke.
Neji sonrió traviesamente.
—Soy un vagabundo alegre de la noche. Además, uno nunca sabe qué incipiente oportunidad puede presentarse.
Sasuke gruñó al herrero.
Tras de sí, oyó que Sakura se tambaleaba sobre sus pies inseguros. Su respiración estaba agitada por la carrera, quizás del susto también. Yermamente, Sasuke estudió la forja en silencio rígido. La voz de Sakura tembló de furia.
—Tienes que saber una cosa, Lord Uchiha, y es todo lo que alguna vez necesitarás saber. Recuérdalo, si piensas que puedo haber cambiado de idea. Yo no te quiero. Te desprecio. Tomaste de mí lo que no tenías ningún derecho de tomar. Y no hay nada que puedas hacer para ganar mi perdón nunca. ¡Te odio!
—Despréciame cuanto quieras —dijo él quedamente, todavía mirando fijamente la forja—. Pero nunca podrás dejarme ahora. Eso es todo lo que importa.
