CAPÍTULO 19

—¿Quieres decir que él no quiere verme? Yo quiero verlo, así que déjame entrar —arguyó Sakura—. A menos que, por supuesto, él haya dado órdenes específicas de que no quiere que entre al cuarto —agregó fríamente. Sasuke nunca haría eso.

Naruto no se movió.

—¡Él no habría...! No puedes hablar en serio. É-él... —Ella tartamudeó desconcertada. Sasuke no se negaría. Bien, él no lo habría hecho antes, pero...

Naruto, obstinado, los ojos graves, bloqueó la puerta. Sakura lo contempló intensamente.

—¿Estás diciéndome que me han prohibido entrar al cuarto de mi marido?

—Tengo mis órdenes, milady.

—¡Yo soy su esposa!

—Bien, ¡quizá si hubieras actuado como su maldita esposa antes, ahora él no estaría allí! —los ojos de Naruto estaban encendidos de ira en su rostro cincelado.

—¡Oh! —Sakura retrocedió, sobresaltada por su furia.

—Hice a mi amigo un mal doloroso. Hice un horrible deseo que revocaría ahora con todo mi corazón, si sólo pudiera. Pero no puedo.

—¡Eres el que lo deseó! —exclamó Sakura.

Naruto continuó, firme.

—Y si hubiera sabido cuán terrible era el deseo que hice, cuán dolorosas las consecuencias serían, habría tomado mi propia vida primero. No soy ningún capitán de guardia —Descargó su aversión en la piedra del hogar—. No soy ningún amigo honorable. Yo soy el excremento más bajo de la bestia más asquerosa. ¡Yo te deseé a mi mejor amigo, que los dioses me perdonen! ¡Y ahora él está herido por una flecha dirigida a ti!

Los ojos de Sakura se ensancharon en su rostro pálido.

—Yo no soy tan mala —susurró.

—Milady, eres una doncella de hierro sin corazón. Le has traído nada más que dolor desde que viniste aquí. En todos mis años con Sasuke, no he visto nunca tal sufrimiento en sus ojos y no lo toleraré un día más. Él subiría a los mismos cielos y tiraría abajo las estrellas, una por una, para ponerlas en tu frente brillante, y yo le digo que no mereces la pena. Te mofas de sus sentimientos románticos, huyes de su amor libremente ofrecido, desdeñas al hombre mismo. No me digas no eres tan mala, Sakura Haruno. Eres la peor cosa que le ha pasado nunca a ese hombre.

Sakura se mordió los labios. ¡Naruto tenía esa visión de las cosas! ¿Y qué había de todas las cosas injustas que Sasuke le había hecho a ella? ¡Ella era la inocente!

—¡Él quemó mi reina! Me robó la libertad, y me atrapó aquí.

—¡Porque te quiere y se niega a perderte! ¿Eso es algo tan terrible? Usó su propio cuerpo para salvarte la vida. Se ofreció a sí mismo como un verdadero escudo ante ti y recibió la flecha que te estaba destinada. Bien, yo digo que hubiera sido mejor que hubiera permitido encontrar tu pecho. ¡Así cesaría su tormento y él no tendría que estar sangrando por dentro o por fuera!

—¡No le pedí que me salvara! —protestó ella.

—Ese es justamente el punto. No tenías que pedírselo. Él lo hizo libremente. Como te lo daría todo. ¡Pero lo condenaste, aunque no conozcas nada del poder de Sasuke! Dime, ¿si hubieras visto una flecha dirigida a él, habrías dado tu vida por la suya? Veo en tus ojos que no lo habrías hecho. Lamento haber deseado que llegaras, y todas las noches por el resto de mi vida sin valor, estaré deseando deshacer el mal que he causado a cada estrella. Ahora sal de mi vista. Sasuke no te verá ahora. Quizá nunca. Y eso es bueno para él. Quizás un tiempo lejos de ti lo sanará en más de una manera.

Sakura levantó su cabeza orgullosamente y se encontró los ojos ardientes de Naruto. Se negó a mostrar el dolor que laceraba su corazón.

—Dile que le agradezco que me haya protegido. Dile que regresaré mañana, y pasado, y el siguiente día, hasta que me vea y me permita agradecérselo yo misma.

—No le diré nada de eso —dijo Naruto rotundamente—. No eres buena para él y yo no consentiré arrastrarlo en tu juego.

—Entonces por lo menos dile que lo siento —dijo ella suavemente. Y quería decirlo en serio.

—No tienes bastante compasión humana para sentir dolor, chica. Un corazón de hielo en un cuerpo de llamas. Eres del peor tipo. No traes nada más que un sorbo breve de dulzura a un hombre, y después un tonel lleno de heces amargas.

Sakura no dijo nada antes de huir por el corredor oscuro.

—¿Dónde está ella? ¿Está bien? ¿Quién está protegiéndola? —Sasuke se agitó inquieto en la cama y pateó las mantas para sacárselas de encima.

—Ella está bien, Sasuke. Dos guardias están fuera del Cuarto del Pavo Real. Está durmiendo —Naruto estaba inquieto, con la botella de whisky que el sanador había dejado en la mesa, y volcó una generosa medida en su vaso. Se acercó al lado del hogar abruptamente.

Sasuke miró a Naruto con curiosidad. Su fiel amigo parecía extraordinariamente tenso, probablemente culpándose de no haber prevenido el ataque, decidió Sasuke. Estudió sus vendajes cuidadosamente.

—¿No preguntó por mí, Naruto?

El silencio creció renuentemente hasta que Sasuke arrastró su mirada de su mano al perfil rígido de Naruto. Cuando Naruto echó un vistazo finalmente a las llamas, Sasuke retrocedió ante la tristeza que leyó en cada línea del rostro de su mejor amigo.

—¿No preguntó incluso si me pondría bien? ¿Dónde me dio la flecha? ¿Algo? —Sasuke intentó mantener su voz firme pero se quebró bruscamente.

—Lo siento —Naruto agotó su vaso y atizó las ascuas rojas del hogar con la punta de su bota.

—¡Malditos infiernos, la chica está hecha de hielo!

—Descansa, Sasuke —Naruto habló en el fuego—. Has perdido mucha sangre. También estuviste cerca de morir esta noche. Si no hubieras levantado tu mano en un gesto de defensa, la flecha habría tocado tu corazón en lugar de fijar tu mano simplemente a tu pecho.

Sasuke se encogió de hombros.

—Un arañazo pequeño en mi pecho.

—¡Infiernos, un agujero del tamaño de una ciruela a través de la palma de tu mano! El viejo sanador tuvo que tirar la flecha a través de tu mano para sacarla. Y lo oíste tú mismo. Tendría que haberse alojado en tu pecho, pero por una suerte misteriosa, él no hubiera podido hacer nada para salvarte, cruelmente astillada como estaba. Llevarás cicatrices y te dolerá esa mano toda la vida.

Sasuke suspiró malhumoradamente. Más cicatrices y más dolor. ¿Para qué? Ella no se había molestado siquiera en saber si estaba vivo. Podría pretender estar interesada por lo menos. Visitarlo para mantener la pretensión de civilidad brevemente. Pero no. Probablemente esperaba que estuviera muriendo, porque de esa manera sería una mujer muy adinerada. ¿Estaba en ese momento en el Cuarto del Pavo Real, contando su oro y sus bendiciones?

—¿Incluso ni una pregunta, Naruto? —Sasuke estudió los sedosos vellos alrededor de la banda que cubría casi su mano entera.

—Ni una.

Sasuke no preguntó de nuevo.

—Naruto, empaca mis cosas. Envía la mitad de la guardia y bastante personal para preparar la casa del feudo en Uster. Saldré al alba. Y deja de atizar el maldito fuego; ya está condenadamente caliente aquí.

Naruto dejó caer el atizador en el hogar de piedra con un martilleo. Se volvió tensamente del fuego y buscó el rostro de Sasuke.

—¿Vas solo?

—Acabo de decirte que prepararas a la mitad de los guardias.

—Quise decir... ¿y tu esposa?

La mirada de Sasuke se dejó caer de nuevo sobre su mano. La estudió por un momento, entonces observó a Naruto y dijo cuidadosamente:

—Iré solo. Si ella no pudo molestarse siquiera en interesarse por si yo vivía o moría, quizás es tiempo de que deje de intentarlo. A lo mejor, un poco de distancia puede ayudarme a ganar perspectiva.

Naruto asintió tensamente.

—¿Estás seguro de que puedes viajar con esa herida?

—Sabes que sano rápidamente. Me detendré en el campamento Rom y conseguiré algo de la manzanilla y cataplasmas que ellos usan.

—¿Pero para montar?

—Estaré bien, Naruto. Deja de preocuparte. No eres responsable —A Sasuke no le extrañó la sonrisa amarga en el rostro de Naruto. Lo confortó un poco saber que su amigo era tan fiel aún cuando su propia esposa no se molestara en preocuparse si él estaba muerto o vivo—. Eres un verdadero amigo, Naruto —dijo Sasuke suavemente. No se sorprendió cuando Naruto dejó de prisa el cuarto. En todos los años desde que lo había conocido, las palabras de alabanza siempre habían hecho al hombre sentirse incómodo.

En la cama maciza del Cuarto del Pavo Real, Sakura se revolvió inquieta, enloquecedoramente despierta. En ese momento, estaba bastante segura de que nunca dormiría de nuevo. Su mente nunca encontraría tregua en la claridad amarga, helada que se arremolinaba a través de su cerebro, recreando cada acción desde que había llegado a Dalkeith bajo una perspectiva inmensamente diferente.

Sasuke y Naruto se marcharon a caballo apenas el alba rozó los campos lujuriosos de Dalkeith. La satisfacción surgió a través de Sasuke cuando inspeccionó su hogar. Finalmente, con sus años de servicio al rey acabados, podría por fin velar por las necesidades de su gente y ser el laird que había nacido para ser. Ahora deseaba sólo una cosa más: que Sakura pudiera ser de verdad una esposa para él en todos los sentidos de la palabra, y ayudarlo a gobernar Dalkeith a su lado. Más que eso: quería ver a sus hijos e hijas caminar en esa tierra.

Sasuke se maldijo por ser un estúpido romántico.

—La cosecha será rica este Samhain —comentó Naruto.

—Sí, lo será, Naruto. Neji —Sasuke saludó lacónicamente al herrero, que se acercaba, separando el campo de oro con su figura oscura.

—¿Estás dejando el juego? ¿Admites la derrota, temible Sasuke? —Neji lo miró burlonamente.

—No estimules al diablo, herrero —advirtió Naruto concisamente.

Neji rió.

—Endemonia al diablo y el diablo será condenado. No temo a ningún diablo y menos a ningún hombre. Además, esto no te involucra, o demasiado poco por lo menos; ciertamente, no tanto como pareces pensar. Te valoras excesivamente, rudo Naruto —Neji sostuvo la mirada de Sasuke y sonrió—. No temas, yo la cuidaré en tu ausencia.

—No le permitiré acercarse a ella, Sasuke —se apresuró a asegurar Naruto.

—Sí, lo dejarás, Naruto —dijo Sasuke cuidadosamente—. Si ella lo pide, le permitirás acercarse a ella. Bajo ninguna otra circunstancia.

Neji asintió limpiamente.

—Y pregúntale a ella si quiere. Una y otra vez en esa ronca y dulce voz de la mañana que tiene. Y Naruto, podrías decirle por mí que tengo café del Rom para ella.

—¡No le dirás eso! —espetó Sasuke.

—¿Estás intentando limitar mi contacto?

—¡No estaba de acuerdo en proporcionarte un mensajero! Mi guardia la protege, pero es a ti a quien reclamaré si ella sufre algún daño.

—¿La dejas bajo mi cuidado?

—No, pero te haré responsable si le ocurre algo malo.

—Nunca permitiría que se dañara a cualquier mujer mía, y ella es ahora mía, tonto Sasuke.

—Sólo en tanto ella quiera serlo —dijo Sasuke suavemente. Y si ella lo hace, los mataré a los dos esa noche con mis manos desnudas y descansaré mejor, muerto por dentro.

—O eres increíblemente arrogante o increíblemente tonto, temible Sasuke —dijo el herrero con desdén—. Volverás para encontrar a la hermosa Sakura en mis brazos. De todas maneras, ella pasa la mayoría de las tardes conmigo en tus jardines; pronto las pasará en mi cama —se mofó Neji.

La mandíbula de Sasuke se endureció, su cuerpo se tensó por la violencia contenida.

—Ella no preguntó por ti, Sasuke —recordó Naruto apagadamente, moviendo su peso de un pie a otro.

—¿No preguntó por él, capitán de guardias? —Neji preguntó con ligereza—. ¿Capitán de honor, capitán de verdad?

Naruto retrocedió cuando la mirada plateada de Neji buscó la suya.

—Sí —él dijo firmemente.

—Qué tramas enredadas tejemos... —pronunció Neji con lentitud, la sombra de una sonrisa en su rostro bruñido.

—¿Qué pasa ahora entre ustedes dos, Naruto? —preguntó Sasuke.

—El herrero es un hombre extraño —murmuró Naruto.

—Yo desearía que Dios te proteja, pero creo que Dios se preocupa poco, si no es nada, del comercio con hombres como nosotros. Por lo que te deseo solamente un adiós como guerrero. Y nunca temas, mantendré segura a la encantadora Sakura —prometió el herrero cuando dio golpecitos al semental de Sasuke en el anca.

Las sombras fluctuaron en el fondo de los ojos de Sasuke cuando se alejó.

—Vigílala, Naruto. Si hay más intentos contra su vida, me envías un mensaje a Uster —gritó por encima de su hombro antes de marcharse a caballo. Sus guardias podrían mantenerla viva, de eso él se sentía seguro. Pero no habría nada ahora que la mantuviera alejada de Neji.

Mientras Naruto observaba la partida de su mejor amigo, Neji estudió al guerrero estoico.

—¿No te preguntó por él? —se mofó suavemente.

—¿Quién infiernos eres, realmente? —gruñó Naruto.