Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Nolebucgrl, yo sólo traduzco.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Nolebucgrl, I just translate.


Gracias a Yani B por betear este capítulo.


Sideline Outtake: La venganza de Rainbow

El campamento de mariscales de campo fue muchísimo más genial en esta ocasión. Quería decir, me la había pasado bien todas las veces que había venido al campamento, y obviamente había sobresalido entre los demás desde el primer día. Pero este año, viniendo luego de ganar un juego de Campeonato Nacional… era un dios aquí. Casi tan popular como Peyton y Eli. Era increíble. Todos querían hablar sobre mi temporada, mi Heisman, el juego, y sí, incluso mi chica. Eran unos cabrones celosos, como deberían serlo. Claramente tenía a la chica más increíble, y todos lo veían.

Extrañaba con locura a Chica Reed. Apenas llevaba un día y una noche lejos de ella, pero eso ya era demasiado tiempo. No habíamos pasado nada de tiempo separados desde el juego, y nos habíamos mudado juntos oficialmente el semestre pasado. Vivir con Chica Reed era mejor de lo que pude haber imaginado. Nunca me cansaba de ella, y por supuesto que tenerla en la cama conmigo todas las noches era un extra muy grande. Claramente era un mandilón, pero ni siquiera me importaba.

Lo primero que hice cuando terminamos el entrenamiento del día fue dirigirme hacia mi teléfono. Habíamos prometido hablar después de la cena todas las noches, pero incluso eso no era suficiente para mí. Supuse que estaría bien enviarle un mensaje solo para hacerle saber que estaba pensando en ella antes de dirigirme a las duchas y luego reunirme con los chicos para comer algo.

No pude evitar sonreír cuando encendí mi teléfono y vi que me esperaba un mensaje de ella. Por supuesto que ella también me extrañaba. ¿Cómo podría no extrañarme?

Llámame en cuanto veas esto.

Bueno, eso sonaba un poco inquietante. No iba a esperar hasta después de mi ducha para descubrir de qué se trataba, así que de inmediato la llamé por FaceTime.

—¡Edward, gracias a Dios!

Esas fueron sus primeras palabras cuando aceptó mi llamada y apareció su cara. Sus ojos se veían un poco salvajes y tenía el cabello desordenado, la cara sonrojada. Mierda. Debió haber sucedido algo malo.

—¿Qué sucede, nena? Tu mensaje me preocupó.

—¡Tu gata! ¡Eso es lo que está pasando! —Alzó las manos al aire, haciendo gestos salvajes.

Bien, dijo esa mierda en voz un poco alta, así que miré a mi alrededor para asegurarme de que nadie la hubiera escuchado antes de salir del vestidor. Estaba claro que esto no era algo que quisiera que los chicos escucharan. Además, ¿qué carajos sucedía con Rainbow? Ojalá que no estuviera herida.

—¿Qué sucede con ella? —pregunté, saliendo del estadio.

—No está feliz de que no estés aquí.

Pues bueno. Eso no era para tanto.

—¿Eso es todo? Me preocupaste, Chica Reed. Pensé que le había pasado algo muy malo.

Mi chica exhaló un enorme suspiro.

—¿Eso es todo? No has escuchado lo que hizo.

Bien, tal vez había un motivo para preocuparse. Todos sabíamos que Rainbow era jodidamente vengativa. Podía hacer una cantidad de cosas cuando la abandonaban a su suerte, y Chica Reed se veía como si acabara de salir del infierno.

En lugar de esperar a mi compañero de cuarto, me dirigí de regreso al dormitorio. No necesitaba tener a nadie escuchando esta conversación. Solo era cuestión de tiempo antes de que Chica Reed dijera gata de nuevo, o incluso peor…

—Tu hija expresó su disgusto por el hecho de que no regresaste a casa anoche destrozando mi camiseta favorita y luego orinándose en ella por si las dudas.

Lo intenté, de verdad que sí, pero no pude detener por completo la carcajada que se escapó. La mirada de enojo que me dedicó Chica Reed en respuesta fue épica, pero ¡vamos! Era la clásica Rainbow. Y eso me trajo recuerdos muy gratos de cierto cabrón en Washington que probablemente estaba buscando a mi chica en las calles de Forks, que había elegido no ir a casa este verano, muchas gracias. Chúpate esa, Riley.

Además, si era honesto, no me gustaba mucho la camiseta favorita de Chica Reed. Era enorme y no enseñaba para nada su cuerpazo. Probablemente se la había robado a Charlie. A menos que…

—Esa camiseta te queda enorme. ¿Se la robaste a tu papá? —Más le valía que fuera de su papá. Porque si era de Riley, la quemaría cuando llegara a casa si es que no estaba ya en la basura.

—¿Qué tiene que ver eso con esto?

Cuando solo seguí esperando, mi chica puso los ojos en blanco.

—Sí, era de Charlie. Era la camiseta más suave del mundo, y me encantaba usarla para dormir en las noches.

Bien. Pero aun así había un lado bueno. Como siempre, Rainbow estaba al pendiente de mí.

—Pues duerme desnuda. De todas formas, me gusta más así.

Chica Reed solo sacudió la cabeza.

—El sexo es todo en lo que piensas.

Como si eso fuera un problema.

—Sí, ¿y?

—Y lo que uso para la cama no es el problema aquí. El problema es que Rainbow ya está enojada porque no estás aquí. ¿Qué más va a hacer?

Quería decir, Chica Reed tenía razón en eso. Nadie sabía en qué tipo de destrucción participaría Rainbow al no tenerme ahí durante tanto tiempo. Pero necesitaba acostumbrarse.

—No sé, nena, pero va a tener que aprender a lidiar con esto. Para estas fechas del próximo año yo estaré en el campamento de entrenamiento sabrá Dios dónde y ella estará contigo mientras terminas la universidad.

Chica Reed bufó.

—No lo creo, Campeón. Ella estará dónde sea que tú estés.

Me detuve frente al dormitorio donde nos estábamos quedando para este campamento. Apestaba estar en un dormitorio de verdad que no era para nada como el dormitorio de fútbol al que estaba acostumbrado en Tally. Había querido reservar una habitación en un hotel local, pero las reglas eran las reglas. Al carajo con eso.

—¿De qué hablas? Ella se quedará contigo hasta que te mudes conmigo.

—Claro. Un día sin ti y ya está destruyendo y orinando cosas. ¿Crees que voy a pasar una infinidad de meses con ella sola? Lo siento, Campeón, pero va a estar con su papi.

Hice una mueca cuando uno de los chicos se acercó y me dedicó un asentimiento. Esperaba que no hubiera escuchado esa mierda sobre papi.

—Chica Reed, ¿puedes no decirme así? Sabes que lo detesto.

Al fin un poco del enojo abandonó su cara y me dedicó una hermosa sonrisa.

—Lo sé. Eso es lo que lo hace divertido.

No pude evitar sonreírle, incluso si me estaba molestando. Esa era mi Chica Reed.

—Te haré pagar por eso cuando regrese a casa —le dije con una sonrisita mientras abría la puerta del dormitorio. Era mejor terminar esta conversación en la privacidad de mi habitación de mierda que en público donde cualquiera podría escucharme. No estaba seguro de si era peor que pensaran que tenía una hija o una gata.

Chica Reed se mojó los labios.

—Lo espero con ansias, pero mientras tanto habla con tu hija.

Sí, sabía que eso venía, así que corrí por el pasillo y abrí mi puerta justo cuando la cara de Rainbow apareció en la pantalla. No estaba seguro de si en verdad me vio o si solo estaba molesta por haber sido puesta frente a la pantalla de Chica Reed, pero soltó un ruidoso maullido.

Jodido infierno. Cerré la puerta de golpe y me tiré rápidamente en la cama mientras Rainbow gritaba de nuevo. Era jodidamente ruidosa y el primero había hecho eco por el pasillo, así que supuse que cualquiera que estuviera en las habitaciones cercanas podía escucharla. Afortunadamente había llamado mientras que casi todos estaban bañándose en los vestidores.

—¡Cállate, Rainbow! Estoy aquí. Deja de gritar.

Y justo así se detuvieron los aullidos enojados y Rainbow empezó a darle cabezazos al teléfono. Tuve que reírme cuando la pantalla se convirtió en un borrón de gris y bigotes. Luego empezaron los ronroneos. Escuché a Chica Reed suspirar antes de reírse un poco.

—¿Ves? Todo lo que necesita es a ti y está feliz.

Era verdad. Esa gata loca me amaba. No podía culparla porque yo era increíble, y no estaba enojado con ella por la camiseta porque haberla arruinado no hizo nada más que beneficiarme si con eso conseguía hacer que mi chica durmiera desnuda a mi lado todo el tiempo. En realidad, no veía el problema aquí. Pero sabía que Chica Reed quería que hiciera algo, así que hice lo único que podía e intenté imponer las reglas con una jodida gata. Como si pudiera.

—Rainbow.

Más ronroneos y cabezazos. Jodido infierno.

—Rainbow, mira a papi.

Fulminé con la mirada a Chica Reed cuando apartó el teléfono de Rainbow y lo mantuvo lejos de su alcance, Rainbow intentó agarrarlo, pero Chica Reed usó su mano libre para recostar a la gata loca en su regazo.

»Habla con ella —me ordenó mi chica mientras sostenía a la bolita inquieta en su regazo.

Supuse que era mejor hacerlo porque el pelaje de Rainbow empezaba a erizarse y no quería que atacara a Chica Reed.

—Rainbow, cálmate. Aquí estoy.

Soltó un maullido lastimero e intentó agarrar el teléfono otra vez. Chica Reed se rio y bajó el teléfono para ponerlo frente a Rainbow, sacándose de la imagen. Inaceptable. Quería ver a mi chica mientras pudiera. La extrañaba. Pero cuando la cara de Rainbow llenó la pantalla, tuve que admitir que también a ella la extrañaba, incluso si era un dolor de culo. Si era honesto, probablemente por eso la extrañaba.

Señalé la pantalla con un dedo.

—Tienes que dejar de orinar y atacar cosas. Estoy vivo y bien. Volveré a casa pronto. No puedo estar contigo todo el tiempo, rara. Sé una gata normal y ve a dormir por veinte horas.

Rainbow puso la pata en la pantalla, y me reí al ver la almohadilla de su patita cubrir toda la imagen. Era como si intentara decirme que me callara, como hacía cuando ponía su pata sobre mi boca durante nuestras charlas si yo decía algo que no le agradaba. Estaba muy seguro de que entendía cada palabra que yo decía, incluso si eso era una locura. Rainbow era así de inteligente o así de sabionda. Probablemente ambas.

—No me digas que me calle. Sabes cómo debes comportarte, Rainbow.

Se movió la patita y su carita llenó otra vez la pantalla. Juraba que esos ojos dorados me miraban de forma acusadora.

—Es solo por un par de semanas. Estaré en casa antes de que te des cuenta. Y si eres buena, te llevaré un regalo.

No, no dudaría en usar el soborno, y sí, estaba intentando sobornar a una jodida gata. Claramente había perdido la razón junto con Rainbow. Le compraría uno de esos juguetes para gatos. Le encantaba el de dinamita.

Mis palabras me hicieron ganarme otro maullido, aunque no sonaba tan enojado como los anteriores, y otro cabezazo al teléfono. Además de que volvió a ronronear. Y, más importante, Chica Reed soltó una de sus lindas risitas, la clase de risa que siempre soltaba cuando miraba a Rainbow interactuar conmigo. Incluso si hablar con Rainbow probablemente resultaría inútil, al menos había restaurado el buen humor de mi chica. Eso era lo más importante.

Ella ladeó el teléfono para que pudiera ver otra vez su preciosa cara y le sonreí.

—¿Ya estás feliz? Impuse las reglas.

Chica Reed se rio de nuevo.

—Si sobornarla es imponer las reglas, seguro. ¿Así es cómo serás con nuestros hijos algún día?

Tardé un poco en reaccionar a sus palabras. Nunca habíamos discutido todo este asunto de los hijos, aunque sabía que algún día me casaría con ella y sí, eventualmente tendríamos hijos. Como en diez o quince años, tal vez.

La sonrisa de Chica Reed se desvaneció.

—Perdón, no debí haber dicho…

Me apresuré a interrumpirla, no quería que se volviera a molestar. No me estaba alterando… mucho.

—Está bien. Falta mucho para eso, pero ¿tal vez? Los sobornos siempre funcionaron conmigo.

Sonrió otra vez, aunque no tan brillantemente como antes.

—No te preocupes, tampoco tengo prisa para eso. Ya tenemos las manos llenas con esta. —Palmeó a Rainbow y recibió unos cabezazos ahora que la malcriada estaba de mejor humor después de haber sabido de mí.

—Es cierto. No entiendo cómo es que terminamos con la gata más exigente del mundo.

Luego, al mismo tiempo, ambos dijimos:

—Emmett.

—Confía en mi imbécil hermano para elegir dos gatos completamente opuestos. Solo Dios sabe qué le hizo Rainbow a Emmett Junior cuando estuvieron a solas en mi dormitorio. Ella lo aterró de por vida.

Juraba que no había visto a ese gato desde que Emmett se lo dio a Rubia. Se escondía todo el tiempo. Emmett juraba que salía cuando solo estaban ellos tres, pero yo tenía mis dudas. Tal vez Rubia lo había matado de verdad en su furia hacia Emmett y lo tapaban pretendiendo que él estaba ahí. No me sorprendería de ellos.

—Definitivamente está destinada a ser mascota única —aceptó Chica Reed.

Gracias a Dios por eso. No podía imaginarme a una segunda Rainbow. Una era más que suficiente.

Mi compañero de cuarto, John, entró y me preguntó si iba a ir por comida con ellos.

—Sí, dame un segundo.

Asintió, agarró su cartera y se fue.

—Te llamaré cuando regrese, ¿de acuerdo?

Chica Reed asintió.

—Sí. Gracias por hablar con ella. Tal vez podamos ponerte frente a ella una o dos veces al día, y así se comportará.

Me reí. Solo Rainbow requeriría hablar conmigo a diario, pero estaba más que dispuesto a hacerlo si eso hacía feliz a mi chica.

—Bien. Hablaré con ambas cuando regrese. Pórtate bien, Rainbow.

Ella maulló, lo que interpreté como aceptación.

—Te amo, Chica Reed.

—Te amo, Campeón. Nos hablamos pronto.

Xoxoxoxoxoxoxoxo

Comenzaba cada mañana y terminaba cada noche con una llamada en FaceTime con Chica Reed y Rainbow. Estaba seguro de que John pensaba que era un mandilón incluso sin saber sobre la gata, pero no me importaba. Rainbow se estaba comportando, más o menos, y extrañaba mucho a Chica Reed. No estaba seguro de cómo iba a sobrevivir sin ella cuando me graduara y entrara a la NFL. Esperaba que ella pudiera juntar suficientes créditos para graduarse antes. Lo estaba intentando. Su carga de clases de verano era abrumadora, pero lo estaba llevando muy bien.

En una de sus clases los llevaron a un viaje por carretera hacia Atlanta para visitar el acuario. Solo estarían allá durante un día, pero decir que ambos estábamos aterrados de la reacción de Rainbow era quedarse corto. Nuestros amigos se habían ido durante el verano, y debatimos sobre llevarla a una guardería, pero era aterrador pensar en Rainbow encerrada en una jaula durante veinticuatro horas o más. Al final acordamos dejarla en casa y esperar lo mejor.

Chica Reed me envió muchas fotos y vídeos increíbles del acuario. Mi chica estaba maravillada con las enormes mantarrayas y tiburones blancos, y estaba muy seguro de que una de esas ballenas blancas estaba coqueteando con ella. Juro que le sonreía en todas las fotos. Chica Reed se la pasó en grande en su viaje, me alegraba que se hubiera divertido un poco mientras yo no estaba. Las fotos y los vídeos me hicieron arder por estar con ella otra vez. Dos semanas eran demasiado. Me había masturbado una vez en la ducha, pero no era lo mismo sin ella. Me estaba guardando para atacarla en cuanto regresara a casa.

Esperé ansiosamente el mensaje de Chica Reed diciéndome que ya había llegado a casa. Sabía que probablemente dormiría en el autobús, ya que había poco más de cuatro horas entre Tally y Atlanta. No podía esperar para saber más sobre su viaje, pero admitía que también me sentía nervioso sobre lo que podría encontrar al regresar a casa. Rainbow se había comportado de lo mejor desde nuestra charla, pero tuve un mal presentimiento en el fondo del estómago todo el tiempo que mi chica estuvo lejos.

Se habían ido poco antes de las seis de la mañana y llegarían a mitad de la noche. Intenté dormir, pero no pude, así que terminé jugando en mi celular mientras esperaba noticias de ella. Finalmente, un poco después de las doce, recibí un mensaje.

Acabamos de regresar. Me estoy subiendo al carro, te llamaré cuando llegue a casa.

Bien. Le respondí diciéndole que hablaríamos pronto y luego me levanté de la cama, me puse una camiseta y unos shorts antes de salir a la sala de estar para esperar su llamada. John estaba dormido, y no necesitaba darle más municiones para añadirle a sus bromas sobre que era un mandilón. Al carajo con eso. Él estaba celoso.

Chica Reed me llamó unos diez minutos después, y acepté rápidamente su solicitud de FaceTime. Se veía preciosa, aunque un poco cansada, pero estaba sonriendo, así que exhalé un suspiro de alivio. Todo debía estar bien con Rainbow.

—Hola, nena. ¿No hay moros en la costa? —pregunté.

Soltó una risita y me sonrió.

—Creo que podemos decir con certeza que no está enojada conmigo.

Chica Reed movió su celular, y vi a Rainbow frotándose entre sus piernas. Maldición, esas sexys piernas. No podía esperar para tenerlas otra vez alrededor de mí.

—Pues, ¡gracias a Dios! Supongo que esquivamos esa bala.

Chica Reed subió la cámara y negó con la cabeza.

—Dije que ella no está enojada conmigo.

¿Qué significa a eso? Rainbow no podía estar enojada conmigo, ¿cierto? ¿Qué había hecho?

—¿Qué hizo?

Chica Reed volteó la cámara de su celular, mostrándome la sala. No vi nada hasta que la cámara se enfocó en mi sillón. Mi acolchado sillón reclinable favorito en el que me encantaba sentarme por las tardes con Chica Reed para relajarme frente a la televisión. El cojín que usualmente era verde salvia estaba manchado con algo café. Oh, carajo no.

—Dime que no es…

—Oh, pero sí es. Y yo no lo voy a limpiar.

—¿Limpiar? Está jodidamente arruinado. Necesita ser fumigado. ¿Qué carajos, Rainbow?

Una cosa era que Rainbow arruinara las cosas de Chica Reed, pero ¿las mías? Ella me amaba más a mí, maldita sea.

Chica Reed volvió a voltear la cámara y la puso frente a Rainbow.

—¿Cómo pudiste arruinar mi sillón? —le exigí.

Vio con curiosidad el teléfono, pero en lugar de los cabezazos y ronroneos de siempre, se dio la vuelta y se fue. Jodida mierda.

—¿Me acaba de dar la espalda? —pregunté, sorprendido.

Chica Reed apareció, se veía tan sorprendida como yo.

—Sí. ¿Supongo que al fin decidió enojarse contigo por irte? Estaba segura de que encontraría un zapato arruinado o ropa, o Dios no lo quiera una cama orinada, no tu sillón cubierto en mierda de gata.

Eso no era solo mierda de gata. Sería fácil limpiar un mojón y puede que no tuviera que tirar mi sillón. Esto era una asquerosa diarrea intencional de gata. De alguna manera se había provocado la diarrea. Solo Rainbow podría obligarse a hacer eso. Jodidamente asqueroso.

—¡Rainbow! ¡Regresa aquí! —grité, olvidando por completo la hora y dónde estaba. ¿Cómo se atrevía a alejarse de mí?

Chica Reed se levantó y buscó a Rainbow, la sostuvo otra vez frente a la cámara. Podía hacer eso, pero no podía obligar a Rainbow a mirarme. Giró la cabecita hacia un lado, y solo podía ver un costado de su ojo dorado. Y era una mirada de reojo épica.

—Oh, no. No tienes derecho a enojarte conmigo. Soy yo el que está enojado contigo.

Seguía sin mirarme. De hecho, giró todavía más la cabeza, como si estuviera en El Exorcista o alguna mierda así. Demonios, probablemente sí era así. Le quedaba perfecto.

—¡Rainbow! Lo que hiciste estuvo muy mal. Regresaré a casa en unos días.

Todavía nada.

—Fue Chica Reed la que te dejó completamente sola. Cúlpala a ella —intenté, tratando desesperadamente de hacer que Rainbow me mirara. En lugar de eso, recibí una mirada de enojo de mi chica antes de volver a bajar la cámara al nivel de Rainbow.

»Vamos, Rainbow. No estoy enojado.

Eso era una mentira, pero me sentía cada vez menos enojado y más molesto debido a que no me quería ver.

»Mírame, por favor.

Chica Reed lo intentó, canturreándole a Rainbow de fondo.

—Mira a papi, bebita. No está enojado contigo.

Eso le hizo ganarse un movimiento de cola y nada más. Recordé ese movimiento. Hizo ese mismo movimiento cuando orinó en los zapatos de Riley. Oh, Dios. Me estaba tratando igual que a Riley. Al carajo con eso.

—Rainbow —dije en la voz que usaba cuando estábamos solos y teníamos una de nuestras charlas. No quería que estuviera enojada conmigo. Solo Dios sabría qué más haría antes de que yo regresara a casa. Y si era honesto, simplemente no quería tenerla enojada conmigo. Se suponía que ella me debía adorar. Esto estaba muy jodido.

Chica Reed la acarició, pero nada. Bien. Al carajo.

—Rainbow, ven con papi —llamé. Nunca antes había usado esa palabra, lo detestaba cuando Chica Reed la usaba, pero Rainbow giró la cabeza y al fin me miró—. Así es, Rainbow. No te enojes con papi. Volveré a casa pronto. No me importa el sillón. Lamento que te hayamos dejado.

Se acercó lentamente a la cámara, y esperé. Al fin, después de lo que parecieron ser horas, le volvió a dar un cabezazo a la cámara. Ronroneó, y exhalé un suspiro de alivio.

Chica Reed la cargó y ambas compartieron la pantalla.

—Bueno, parece que la crisis ya se terminó. —Se rio—. Pero trae tu culo a casa pronto. Creo que puedo arrastrar el sillón al porche, pero eso es todo lo que puedo hacer.

Tuve que reírme con ella ahora que mis dos chicas estaban felices conmigo otra vez.

—Ve si puedes encontrar un servicio de limpieza. Pagaré para que lo hagan en cuanto abran. Pero de todas formas nos vamos a deshacer de eso.

Chica Reed se rio.

—De acuerdo.

Soltó un bostezo, y sí, ya había pasado la hora de irnos a dormir.

—Les llamaré en unas horas. Y probablemente cada par de horas hasta que regrese a casa para mantener feliz a esa gata loca.

—Probablemente sea una buena idea. —Mi chica se rio—. Te amo. Igual que Rainbow. —Se despidió con la patita de Rainbow, y me reí.

—Te amo, y por una razón desconocida, también la amo a ella. Dulces sueños, nena.

—Dulces sueños.

Corté la llamada y sacudí la cabeza. Mi vida sí que era una jodida locura desde que esas chicas llegaron a ella. Y no cambiaría ni un maldito minuto de ella. Bien, tal vez el minuto en el que Rainbow arruinó mi sillón, pero eso era todo. No podía esperar para regresar con mis chicas.


N/T: Nunca pensé que después de tantos años volvería a traducir algo de esta historia, pero aquí estamos jaja Nole subió hace un par de semanas este outtake, y obvio no podía no traducirlo. Personalmente fue muy lindo volver a leer algo nuevo de esta pareja.

Si me leen en mis otras traducciones, por allá nos vemos. Si no es el caso, gracias por leer este outtake y espero que hayan disfrutado de un poquito más de Rainbow ;)