CAPÍTULO 24

Ella sólo dejó de gritar cuando su voz empezó a perder fuerza. Tonta, se dijo. ¿Qué logras con eso? Nada. Estás atada como un pollo listo para la parrilla y ahora no puedes siquiera gemir una protesta.

—Simplemente quítame la capucha, Sasuke —rogó en un susurro grave—. ¿Por favor?

—Regla número nueve. Mi nombre desde este momento en adelante es laird Sasuke., no Sasuke. Cuando lo uses, te premiaré. Cuando no lo hagas, no te daré ningún cuartel.

—¿Por qué quieres que use ese nombre?

—Así sé que entiendes quién soy realmente. No el legendario Sasuke. El hombre. Sasuke James Lyon Uchiha. Tu marido.

—¿Quién fue el primero que te llamó Sasuke? —preguntó ella roncamente.

Él ahogó un juramento veloz y ella sintió sus dedos en su garganta.

—Quién lo hizo primero no representa ninguna diferencia. Todos lo hicieron. Pero ese era el modo en que el rey me llamaba siempre —rechinó él.

Él desató la capucha y le alzó la cara, y vertió agua fresca en su boca, aliviando en algo la abrasadora rispidez que la hacía hablar tan ásperamente.

—Trata de no gritar más esta noche, chica. Tu garganta sangrará.

—¿El rey James usaba sólo ese nombre? —preguntó ella rápidamente.

Otro suspiro.

—Sí.

—¿Por qué?

Ella pudo sentir que su cuerpo se tensaba detrás de ella.

—Porque dijo que yo era su propio halcón cautivo, y era verdad. Me controló durante quince años con tanta seguridad como un halconero controla a su ave.

—Dios mío, ¿qué te hizo? —susurró ella, horrorizada por las profundidades heladas en su voz cuando él mencionó su servicio. ¿Sasuke controlado por otro? Incomprensible. ¿Pero si la amenaza de destrucción de Dalkeith, su madre, y sus hermanos pendiera sobre su cabeza? ¿La amenaza de matar a centenares de miembros de su clan? ¿Qué habría hecho el noble Sasuke para prevenir eso?

La respuesta llegó con sencillez. Su marido fuerte, sabio, ético, habría hecho cualquier cosa que tuviera que hacer. A cualquier otro hombre, Sasuke simplemente lo habría matado. Pero uno no podía matar al Rey de Escocia. No sin tener la existencia de su clan erradicada por el ejército del rey completamente. Mismo resultado, ninguna opción. Una sentencia de quince años, todo debido a un rey desdeñado y malcriado.

—¿No puedes aceptar lo que soy ahora, chica? Ha terminado. Soy libre —Su voz era tan baja y resonante de angustia que ella se tensó. Sus palabras la dejaron fuera de equilibrio; era algo que ella misma podría haber dicho si confrontara su pasado con alguien a quien amara. Su marido entendía el dolor, y quizás la vergüenza y, oh, tan ciertamente, el pesar. ¿Qué derecho tenía ella para juzgar y condenar a una persona por un pasado oscuro? Si ella fuera honrada consigo misma, incluso señalaría que su propio pasado había sido resultado de sus propios errores ingenuos, mientras que la dolorosa prueba que Sasuke había sido obligado a soportar había sido para mantener seguros a su clan y su familia.

Ella quiso tocar y sanar al hombre que se sentaba tan tensamente lejos de ella, sin embargo no estaba segura de cómo empezar. Lo que estaba claro era que él no había sido la prostituta del rey porque lo hubiera querido; ese hecho contribuyó enormemente a aliviar su mente. Más que eso, ella quiso entender a ese hombre feroz, orgulloso. Para acariciar las sombras bajo sus hermosos ojos oscuros. Dio tirones rápidamente cuando sintió el roce de seda en su mandíbula.

—¡No! No vuelvas a ponerme la capucha. Por favor.

Sasuke ignoró sus protestas, y ella suspiró cuando él ató de nuevo los cordones.

—¿Me dirás simplemente por qué?

—¿Por qué qué?

—¿Por qué me has cegado ahora? —¿Qué había hecho ella para provocar su enojo?

—He cambiado de opinión, chica. Te di lo que ningún otro hombre te habría dado. Te di tiempo para que me escogieras por tu propia voluntad. Pero parece que tu voluntad es extremamente tonta y necesita persuasión. Escógeme, si quieres. Y cuando lo hagas, no saldrá el nombre de ningún otro hombre de tus labios, el miembro de ningún otro hombre entre tus muslos, el rostro de ningún otro hombre en los ojos de tu mente.

—Pero. —Ella quiso saber por qué su tiempo se había acabado tan abruptamente.

¿Qué le había hecho cambiar de opinión?

—Ningún pero. Ninguna palabra más, chica, a menos que quieras que también te amordace. De ahora en adelante, verás sin el beneficio de esos ojos hermosos y tan mentirosos. Quizás no soy un completo estúpido. Quizás podrías ver más certeramente con tu visión interna. Entonces, de nuevo... quizás no. Pero tu primera lección es que como me veo no tiene nada que ver con quién soy yo. Con quién pude haber tenido que estar en el pasado, no tiene nada que ver con quién soy. Cuando me veas finalmente con claridad, entonces y sólo entonces verás de nuevo con tus ojos.

Llegaron a Uster poco después del alba. Espoleando su caballo ferozmente a través de la noche, Sasuke convirtió una jornada de dos días en menos de una.

La guió a la residencia del laird, más allá del desgarbado personal, a las escaleras y a la alcoba. Sin una palabra, cortó las ataduras en sus muñecas con una daga, la empujó a la cama y cerró con llave la puerta tras de sí cuando salió.

En el instante en las manos de Sakura quedaron libres, se desató la capucha de seda. Había estado preparada para hacerla jirones diminutos, pero había comprendido que él probablemente sólo usaría algo más si ella la destruyera. Además, meditó, no tenía ninguna intención de luchar contra él. Ella tenía bastante batalla en sus manos al intentar enfrentar sus propias emociones; permitirle hacer lo que sentía que él necesitaba hacer. Se concedió más tiempo para familiarizarse con los nuevos sentimientos dentro de ella. Santo Cielo, pero él estaba enfadado con ella. Por qué estaba enfadado, lo que creía que había sucedido no era cierto, pero su resolución todavía era verdad. Ante su furia, sus diminutos soldados internos no habían cambiado de idea. Todos estaban de pie orgullosamente en el lado de Sasuke, y ella estaba de su parte como un solo hombre.

¿Planeaba él seducirla insensiblemente? ¿Para abrir su visión interna a él?

No necesitaba saber que ya estaba abierta, y que ella se anticiparía descaradamente a cada momento de su seducción.

Sasuke atravesó las calles de Uster despacio. Desierta casi a esa hora tardía, sólo los valientes, los abyectamente estúpidos o los enfermos paseaban tarde por la noche por las calles cuando una niebla pesada se arremolinaba en ellas. Se preguntó en qué categoría podía incluírselo.

Muchas cosas habían empezado ese día, pero todavía muchas más permanecían inacabadas. Había pasado la mayor parte de su mañana revisando los libros del molinero y hablando con los aldeanos enfadados que acusaban al hombre de sustituir su grano. Había sólo un molinero, bien posicionado por los hombres del rey, antes de que Sasuke hubiera acabado su prenda de servicio. Siendo el único, había podido ejercer el mando absoluto sobre los granos de los aldeanos y había, en colusión con el alguacil local, estafado en los pesos, sustituyendo comida mohosa por los mejores granos, y guardándose la ganancia de tres pueblos septentrionales.

Sasuke suspiró. Ése fue sólo el primero de una docena de problemas que exigían su atención. Tendría que mantener las cortes durante una quincena para remediar todo lo que había salido mal bajo su abandono benigno mientras había estado pagando el servicio a James.

Pero ahora tenía tiempo para remediar los muchos problemas de los aldeanos, y lo haría. Su gente había estado complacida por haber manifestado interés en sus necesidades. A partir de ese día, tres hombres en Uster mantendrían las herramientas del molinero y los derechos sobre el grano. Sasuke sonrió. La competición sería buena para su gente.

Melisa y menta se arremolinaron fuera de la puerta de un establecimiento abierto cuando pasó. Una mujer lo llamó desde la puerta, vestida sólo con una delgada seda manchada y andrajosa. Sasuke irguió una ceja, divertido, y sonrió, pero la rechazó cuando continuó calle abajo. Sus ojos se hicieron oscuros y amargos. Tenía más de lo que podía manejar esperando por él en casa.

Sakura estaba sentada junto a la puerta de su cámara cuando oyó que Sasuke la abría. Había estado imaginando la seducción dulce que él tenía reservada para ella y tenía que usar toda su calma para esconder su excitación ante su retorno.

—Oh, regresas —pronunció ella con lentitud y esperando haber tenido éxito enmascarando su deleite.

Él cruzó el cuarto en dos pasos imponentes, la tomó en sus brazos, y frunció el entrecejo oscuramente hacia ella. Bajó su cabeza inexorablemente hacia sus labios, y ella rechazó su rostro. Impertérrito, él rozó su cuello con sus dientes hasta que alcanzó la base, donde su pulso traidor latía rotamente. La respiración de la muchacha se bloqueó en su garganta cuando él la mordió suavemente y pasó su lengua por la columna de su cuello. Si su proximidad la hacía estremecerse, sus besos serían para ella la destrucción completa. Su áspera sombra de barba calentaba su piel, frotándola, cuando él se arrastró hacia arriba y suavemente succionó el lóbulo de su oreja. Sakura suspiró su placer, y agregó algunos chillidos de protesta sólo para convencerlo.

—Te olvidarás del herrero, chica —prometió él. Un tirón veloz de su pelo la obligó a encontrar su mirada.

—No tenía ninguna intención de recordarlo. Él no es nada más que un insistente, tiránico, sinvergüenza acaparador de libertad.

—Buen intento, esposa —dijo Sasuke secamente.

—¿Qué quieres decir con "buen intento"? ¿Por qué estás tan obsesionado con el herrero?

—¿Yo? ¡Eres tú quien está obsesionada con el herrero! —Él levantó la capucha para ponérsela en la cabeza.

—Eres tan cabeza dura que no ves la verdad ni siquiera cuando está justo delante de ti.

—Oh, pero ese es justamente el punto, chica. Vi la verdad claramente con mis propios ojos ese día en el jardín. Sí, demasiado claramente, y el recuerdo de eso hierve en mi mente y se burla de mí. Yo había salvado tu vida inconstante, pero eso no te preocupaba en absoluto. No, tenías otros planes para ti misma, y mi ausencia sólo lo hizo más fácil. Me había ido de tu lado por unas horas y rápidamente te acostaste bajo él en la fuente. Mi fuente. Mi esposa.

Así que era eso, meditó ella. Él había vuelto y visto al herrero cuando le había estado haciendo esas cosas aterradoras y brumosas, cuando ella había estado luchando contra él. Sasuke había estado de pie mirando al herrero prácticamente violarla, y, en su mente, había creído que ella estaba deseosa. No habría pensado en ayudarla siquiera.

—Quizás no soy la única que no puede ver tan claro — dijo ella mordazmente—. Quizá hay dos personas en este mismo cuarto que podrían beneficiarse con un poco de visión interna.

—¿Qué dices, chica? —dijo Sasuke suavemente.

Ella no dignificaría su estupidez con una contestación. Un hombre prácticamente la había violado, y en sus celos, su marido simplemente había estado observando. Mientras más protestara su inocencia, más culpable parecería. Y mientras más pensaba sobre eso, más se enfadaba.

—Sugiero simplemente que encuentres tu propio ojo interno, marido —dijo ella igual de suavemente.

Su silenciosa dignidad hizo que él le diera una pausa. Ningún lloriqueo o mentira o nada de rebajarse. Ninguna justificación. ¿Podría ser que él hubiera entendido mal lo que había visto en la fuente? Quizá. Pero borraría sus recuerdos del herrero, había jurado.

Él sonrió oscuramente y la cegó con la capucha de seda de nuevo. Sí, cuando terminara con ella, olvidaría que Neji Hyūga incluso existía.

Sabía que podía hacerlo. Estaba bien entrenado para eso. Primero por las gitanas y después por la Duquesa de Courtland.

—El sexo no es meramente un placer momentáneo —ella lo había instruido—. Es un arte a ser practicado con mano estudiada y un fino y distintivo gusto. Yo voy adiestrarte en esto, la más fina de las aventuras en el escándalo humano. Serás el mejor amante que la tierra ha conocido alguna vez cuando lo haga. Sencillamente, no hay ninguna duda de que serás el más hermoso.

Y las lecciones habían empezado. Ella había tenido razón; había habido mucho que él no había sabido todavía. Y ella le mostró, esa sombra aquí, esa curva allá, esta manera de moverse, mil posiciones, las maneras sutiles de usar su cuerpo para obtener muchos tipos diferentes de placer, y finalmente, todos los juegos de la mente que lo acompañaban.

Él aprendió bien, guardando ese arte en la memoria. Y con el tiempo, su ávida hambre de muchacho joven estuvo a la ventura, perdida en un mar sin sentido de conquistas y mujeres.

Oh, él era el mejor, ninguna duda sobre eso. Dejaba a las mujeres rogando por sus atenciones. La leyenda de Sasuke creció. Entonces un día, una mujer a quien Sasuke había rechazado con desprecio repetidamente —Suiren Dumont— solicitó al Rey James sus favores, como si él fuera un pedazo de propiedad a ser concedido.

Y como propiedad real, James lo había concedido, a través de la misma amenaza de dañar a Dalkeith si desobedecía.

Cómo había amado James eso, sobre todo cuando comprendió cuánto humillaba a Sasuke. Y como el rey había dicho, serás quienquiera que Nosotros queramos que seas, aún cuando sea una cosa tan trivial como Nuestra prostituta, para agradar a Nuestras damas favoritas. Se enviaron a otros hombres a batallar. A Sasuke se lo envió a la cama con Suiren. Humillado doblemente.

Muchos hombres habían envidiado a Sasuke, el amante de tantas mujeres hermosas. Todavía más hombres habían odiado a Sasuke por sus proezas y virilidad, y por las leyendas que las mujeres contaban sobre él.

Más tarde, James se había cansado de oír las leyendas. Enfermo de que sus damas clamaran por el guapo hombre, James había enviado a Sasuke al extranjero en misiones absurdas y arriesgadas. Para robar una joya de la corona de Persia. Para seducir en busca de un inconmensurable objeto de arte a una anciana heredera en Roma. Cualquier tesoro singular del que el ambicioso James oyera hablar, Sasuke era enviado a adquirirlo por medios justos o injustos. La prostituta del rey simplemente había sido eso: un hombre que hacía el trabajo sucio del rey, a merced de lo que sus inconstantes deseos quisieran en ese momento.

Ahora sus ojos volvieron a la chica que estaba de pie en silencio ante él.

Ella era tan diferente de todas las que había conocido. Desde el primer día en que la había visto, había reconocido que ella de verdad no sabía de artificios o subterfugios. Aunque podía haber escondido profundidades, eran malévolas no por sí mismas, sino por haber nacido del sufrimiento y la soledad, no del engaño. ¡Él había reconocido que ella tenía un corazón puro, como puros, reales y llenos de posibilidades habían sido sus campos gitanos, y había sido dada a un hombre que no la merecía! Al epítome del engaño y las artes extrañas. A Neji Hyūga.

Por la fuerza, el engaño o cualquier manera que fuera necesaria, él la cortejaría y la ganaría. Le haría ver el error de sus decisiones, que le había dado su corazón al hombre equivocado.

Permanecería cegada por él y para él, hasta que aprendiera a ver de nuevo con ese corazón puro que se había empeñado en esconder. Él lo despertaría, lo agitaría, y lo obligaría salir y enfrentar al mundo de nuevo. Y cuando ella hubiera aprendido a verlo por lo que realmente era, sólo entonces podría verlo de nuevo con los ojos.

Sakura todavía estaba de pie y llena de incertidumbre. Era extraño saber que él estaba en el cuarto pero no advertir dónde o qué estaba haciendo. Incluso podría estar frente a ella, su cuerpo desnudo y brillante por las lámparas de aceite. Lo imaginó encendido por la luz suave de las velas. Amaba los fuegos y antorchas de ese siglo. ¿Qué tipo de romance podría vivir y respirar bajo las luces fluorescentes de su propio tiempo?

Resintió la capucha cuando la privó de la visión de ese hombre, pero decidió que era lo mejor. Si pudiera verlo, significaría que él podría ver sus ojos, y ellos traicionarían ciertamente su fascinación, si no su buena voluntad.

Sintió el murmullo de una brisa. ¿Estaba él a su izquierda? No, a su derecha.

—La primera vez es para borrar todos tus recuerdos de otro hombre.

Él estaba rodeándola. Su corazón tronó. Con cualquier otro hombre, siendo incapaz de ver, se habrían sentido amenazada, pero no con Sasuke. Porque él había demostrado ser honorable a pesar de su furia. Ella sabía que aunque la hubiera cegado, lo había hecho en un esfuerzo por ganar su amor y confianza, no para dominarla o vencerla. No había nada amenazante en el hecho que le hubiera cerrado los ojos; él había abierto su corazón con su capucha de seda. Su falta de visión elevaba todos sus otros sentidos a un estado exquisito.
Cuando su mano acarició la columna de su cuello, ella tragó un suspiro de placer.

Sasuke continuó rodeándola; a su lado, después a su espalda, y, en lo que parecía una eternidad más tarde, al frente. Sus oídos se esmeraban por escuchar las pistas, su cuerpo vibraba con tensión, preguntándose, esperando.

—La segunda vez será para enseñarte. Enseñarte cómo se siente ser amada por un hombre como yo. Esa es una cosa que nunca olvidarás.

Su respiración le abanicó la nuca, sus dedos recogieron un mechón de su pelo. Ella podía oír sólo su respiración jadeante; suya o de él, no estaba segura. Se enderezó ante la caricia de su mano contra la curva de su cadera y sintió un traqueteo salvaje de descargas de electricidad a través de su cuerpo.

—La tercera vez será para ponerte los jesses y las traíllas. Te prometo que esa vez llegarás al extremo de tu resistencia.

Jesses: Campanillas atadas a las patas de los halcones durante el entrenamiento.

Él arrastró sus dedos hacia abajo por su cuello, por sus pechos, desde un pezón al otro, y entonces bajó por encima de su estómago tenso. Su caricia ligera se anidó entre sus piernas y se fue, dejando atrás un hambre dolorida.

—Pero la cuarta vez... ah, la cuarta vez oiré tus dulces lamentos, sólo para mí, chica. Por la espera, el hambre y la agonía de desearte. Simplemente por mí.

Sus manos estaban en sus hombros y resbalaron la seda del vestido encima de su piel. Los botones de perla diminutos fueron deshaciéndose desde la nuca uno por uno con algo parecido a... ¿los dientes? ¡Oh! Su lengua fluctuó entonces contra la piel sensible de su nuca y aún más abajo.

Oh queridos cielos, ese golpe sensual de su lengua podría significar para ella la destrucción completa. El terciopelo áspero de su lengua deshizo todo su camino sobre su columna, y más abajo todavía. Ella tembló.

Con las rodillas débiles, osciló en silencio. No puedes hacer un sonido, se recordó. No un sonido bueno, de todas maneras. Sólo protestas.

Cuando estuvo segura de que no podría mantener su silencio un segundo más, él retrocedió, y ella sintió una brisa lenta en su estela. Se volvió e intentó rastrearlo en el silencio.

La espalda de su vestido estaba abierta, su piel húmeda por sus besos. Ella esperó en muda anticipación. ¿Dónde estaba él?

Allí, pensó cuando lo sintió de repente asir el tejido de su vestido. Arrastró la prenda, que cayó al suelo en un susurro de seda. La camisa interior cayó luego, y entonces no tuvo nada más que las medias, las ligas y las zapatillas de seda.

Sasuke agradecía que estuviera cegada, que no pudiera ver el temblor de sus manos cuando él resbaló a sus rodillas y quitó una media despacio, rodándola hacia abajo pulgada por pulgada ante ella. Arrastró besos reverentes por su pierna larga y sedosa. Desde su muslo suave al hueco de su rodilla, hasta su tobillo esbelto, él derramó en sus piernas, primero en una, después en otra, besos calientes, asegurándose de no olvidar una pulgada deleitable de la carne cremosa que había estado agonizando por saborear.

Ella ni siquiera gimió, pero él entendió su juego. Odiándolo como lo hacía, no proferiría un sonido legítimo de placer a menos que él pudiera arrancarlo de su garganta. Y para hacerlo, debía mantener la cabeza despejada. No debía perder el control y pensar en esos rizos brillando débilmente en el vértice dulce de sus muslos, sólo a pulgadas de su boca, o el sedoso nudo que se anidaba dentro, el mismo centro de su pasión. Desde su posición a sus pies, se deleitó con cada plano y curva de su cuerpo perfecto. Sus ojos acariciaron sus muslos firmes, el vientre tenso, ligeramente redondeado, desde la cima de sus pechos cremosos hasta la columna de alabastro de su cuello, donde se encontraba la capucha de seda negra.

Sakura sabía que si algo no pasaba rápidamente, sus piernas iban simplemente a deshacerse bajo ella y caería ante él. No es una mala idea, su mente ofreció. Estaba asustada. Espantada. Pero quizá...

Ella osciló hacia adelante ligeramente.

Sasuke gimió cuando sus rizos brillantes acariciaron su mejilla sin afeitar. Arrodillándose a sus pies, él apretó los ojos para desterrar la visión, la necesidad, sin premeditar que su lengua mojara sus labios y su boca exigiera...

Agitado, él gruñó y se levantó; entonces sus manos se posaron en el cuerpo de la joven y supo que estaba en un problema serio. ¿Dónde infiernos se había ido Sasuke?, se preguntó a sí mismo cuando la levantó para acostarla en la cama. ¿Dónde estaba el Lothario? ¿Ese legendario maestro del control que iba a provocarla más allá de su paciencia y estrellar sus defensas? ¿Simplemente dónde infiernos se había ido? ¿Qué control?, se preguntó, porque estaba perdido en un campo verde de inocencia más dulce y lujuriosa que cualquiera que nunca hubiera conocido.

Sakura gimió cuando su cuerpo cubrió el suyo y la apretó contra la cama suave. Era todo él, cada pulgada, un hombre caliente y exigente. Oh, celestial, la mujer dentro de ella ronroneó. Tómame, quiso gritar. Pero no debía ser tan sencillo: no cedería demasiado rápidamente.

En un movimiento veloz, Sasuke quitó la capucha de su cabeza y la besó, enterrando las manos en su pelo. La besó tan profundamente, que ella perdió el aliento y los últimos remanentes de su miedo.

Había besado a algunos hombres antes. Más que algunos. Besos tímidos, besos apasionados. Los besos de Sasori la habían dejado fría. Un hombre no besaba así a menos que estuviera profundamente enamorado.

Él la amaba. El conocimiento tembló dentro de ella, bajo la capa de piel, se rezumó más profundamente y la penetró por completo. Cuán magnífico saber que él la amaba tanto. No había duda sobre eso. Estaba acunando su rostro con sus manos fuertes como si ella fuera la cosa más preciosa del universo. Ella abrió los ojos y encontró su preocupada mirada, intentando decir con su silencio plateado todo lo que realmente sentía, aunque no pudiera decir las palabras. No sabía cómo. No tenía práctica.

Cuando él la cambió de posición debajo de sí y su excitación dura montó entre sus piernas, ella lo hizo, hizo todos esos sonidos que había jurado que no haría. Prácticamente rugió. Porque ése era él. Eso era lo que hacía a las personas enloquecer de pasión, anhelo y hambre. Eso era lo que Shakespeare había sabido en algún momento de su vida, para escribir a Romeo y a Julieta dulces versos de amor. Eso era lo que Sasuke quería decir por Valhalla.

Ella se arqueó contra él, los músculos profundos dentro de ella ardiendo en fuego, quemándose por algo, doloridos y vacíos.

—Saku —él respiró cuando dejó caer su cabeza para succionar un pezón en su boca. Lo besó, haló y torturó. Él soltó la cima erecta y sopló aire fresco en la punta caliente. Lo pellizcó ligeramente, y frotó su áspera sombra de barba suavemente sobre él. Una llamarada de fuego hizo erupción en ella, irradiando desde sus pechos e inundando su cuerpo entero con olas de deseo.

Él esparció besos bajando y arrastrándose por su estómago, la curva de sus caderas, sus muslos. Cuando hizo una pausa directamente sobre su calor meloso, simplemente su respiración abanicando su piel sensible era pura tortura.

Un latido de corazón se convirtió en una docena, y ella esperó, helada, por su siguiente caricia.

Cuando llegó, lloriqueó suavemente. Él dejó caer besos en el interior satinado de sus piernas, y degustó el mismo centro de su hambre. Cuando su lengua fluctuó fuera y acarició el nudo diminuto, repentinamente tenso, ella clamó y su cuerpo tembló contra él. Se sentía elevarse y volar buscando algo más allá de su alcance y entonces... ¡oh!

¿Cómo era que nunca había experimentado algo así antes? Sasuke la lanzó a los cielos iluminados por las estrellas y la giró entre los planetas, la resbaló bajo la Vía Láctea y a través de una estrella supernova, meciendo su universo desde el principio hasta el final de su sistema solar. Y cuando finalmente, suavemente, le permitió regresar, ella se estremeció bajo él con agonía y éxtasis, sabiendo que nunca sería la misma. Algo se había despertado dentro de ella, pestañeando con ojos pálidos, desacostumbrado al brillo deslumbrante y la intensidad estupenda de ese nuevo mundo.

Ella yació, jadeante y un poco asustada, pero lista. Preparada de verdad y completamente, para darles a su marido y a sí misma la oportunidad y hacer funcionar su matrimonio como sabía que podía. Preparada para intentar empezar a decirle las cosas que ella se sentía por él. Cuánto realmente admiraba su sensibilidad y compasión. Cuánto adoraba su fuerza e intrepidez. Cuánto incluso quería sus apasionadas y tremendas iras. Cuán feliz era de ser su esposa.

—Sasuke.

—Saku, Saku... yo... no. No puedo... —Su rostro era feroz y salvaje, y ella se extendió hacia él. Pero no lo alcanzó.

Porque Sasuke se tensó con un rugido de agonía y saltó de la cama. Se arrancó de ella, y prácticamente corrió del cuarto sin mirar atrás.

El cuarto se quedó callado, salvo el click de una cerradura. Sakura miró fijamente, en confusión total, la puerta.

Eso era como acostarse rodeada rosas y despertar en el barro.

¿Cómo podía él simplemente salir después de eso?

Su miembro palpitante no podría manejar esa tortura de nuevo.

Pero él no quería darle su simiente hasta que supiera que ella le pertenecía. No quería la posibilidad de no saber de quién podría ser el niño que pudiera llevar.

Y entonces recordó el frasco que la anciana Rom le había dado. Lo consideró pensativamente y se preguntó si era el momento de usar la poción que contenía.

Aunque también podía, meditó, odiar los efectos colaterales: la manera en que lo dejaría frío y remoto en medio de la más maravillosa pasión que jamás había conocido.

La siguiente vez que él fue a ella permaneció en silencio, desde el principio al fin.

Apenas un cuarto de hora antes, había blasfemado al arrancar el tapón con los dientes. Había jurado nunca tomar la poción de nuevo, pero esa vez era necesario. Tenía que hacer que ella lo deseara, para ligarla a él con ese deseo y poder empezar a hacer que lo amara. Y él necesitaba una cabeza fría para hacerlo.

La noche anterior casi había hecho un estúpido de sí mismo. Ciertamente había perdido el control.

Casi había hecho cosas como derramarse en ella en cuerpo y corazón; decir palabras tontas de amor, de simientes y esperar bebés y estar juntos toda una vida.

Por lo que él echó su cabeza atrás y tragó el contenido amargo de la botella, y esperó. Cuando pudo sentir esos dedos helados desplegándose a través de su cuerpo, sólo entonces, fue a ella.

La despojó de su ropa hasta dejarla desnuda y la guió hacia el suelo. Ella no hizo ningún movimiento para detenerlo; seguía estando muda, con una expresión insondable en los ojos. Era una muda fascinación, pero él no sabía eso. Los ojos femeninos vagaron amorosamente encima de él. Pero ella no sabía lo que le aguardaba.