CAPÍTULO 25

Sasuke James Lyon Uchiha no tiembla, se recordó él. No pierde el control. No empieza a fantasear casi como un muchacho enamorado sólo porque le había dado el orgasmo de su vida a una chica. No había olvidado lo que era eso.

Pero no era el orgasmo. Ni incluso la manera en que ella se había estremecido contra él, o cuán hermosa había parecido cuando había jadeado, palpitante, bajo su lengua.

Era él quien había estado a punto de hacer algo que nunca había hecho en toda su vida; eyacular fuera de una mujer. Y aún más, era que él quien la amaba y ella todavía no había dicho su nombre. Incluso en el ápice de su pasión, no había gritado su nombre. Nada. Por lo que sabía, podría estar pensando en Neji. Era parte de por qué él había tenido que sacarle la condenada capucha. Había parecido una buena idea al principio, pero apenas podía recordar por qué.

La siguiente vez que él la amó, mantuvo abiertos los ojos de la mujer para que lo contemplaran desde el principio al fin, y él retribuirla a cambio. Que ella observara cada pulgada de su cuerpo, mientras él la contemplaba por todas partes, además de su rostro.

Ella se maravilló con la sensación del suelo fresco a su espalda y el hombre caliente sobre sí, pero parecía diferente de algún modo esa vez, cuando con sus manos y su boca no la llevó una vez a ese lugar brillante en el cielo, sino media docena de veces. Absolutamente experimentado, casi aterradoramente controlado, mientras ella yacía doliente bajo él.

No le gustó ni un poco.

Cuando él se alejó de ella, la muchacha se sentía estafada de algún modo. Como si él realmente no hubiera estado allí en absoluto. ¿Por qué, si él la había complacido magníficamente? Pero ella quería el mismo sol brillando en sus ojos negros, la misma pasión ingobernable, salvaje, que quemaba al rojo vivo entre ellos.

—¡Sasuke! —llamó ella a su espalda.

Él se tensó e hizo una pausa un largo momento. Los músculos se juntaron en sus hombros y espalda. Parecía tan intocable.

—Oh. No importa... —ella dijo suavemente, los ojos luminosos y rebosantes de dolor.

Horas después, Sasuke enjuagó su boca por quinta vez y escupió en una cubeta. Bueno, había sido un desastre de proporciones épicas. Se había herido más a sí mismo en vez de servirle de ayuda. La poción había mantenido su erección enorme y no le había permitido eyacular.

¿Había algo semejante a un fuego que helaba?

Él nunca tomaría de nuevo esa poción. No con su esposa.

Cuando el sabor sucio finalmente fue expulsado de su boca, se vistió y se dirigió hacia el pueblo para oír más casos. Más decisiones y más personas con necesidades que él debía ver. Y todo el tiempo sabía que estaría preguntándose si él, que gobernaba numerosos feudos, pueblos, torreones y hombres, iba a ser capaz alguna vez de hacer que su propia esposa pronunciara su nombre.

Sasuke.

Eso era todo lo que deseaba.

Sakura se paseó por el cuarto inquietamente. ¿Qué había pasado esa tarde? Se sentía sucia, como si hubiera sido tocada demasiado íntimamente por un extraño, no por haber hecho el amor con su marido. No como la noche anterior, cuando había visto esa mirada en sus ojos, esa cálida y ardiente ternura junto con el grandioso deseo. Él había estado de algún modo aislado esa tarde. Cuando había vuelto a su cuarto para vestirse antes de salir de nuevo, él todavía permanecía escalofriantemente distante. ¿Había hecho algo, tomado alguna droga para hacerlo...?

Esos frascos que ella había visto. Habían quedado la noche anterior en una bolsa de cuero en la mesa del dormitorio.

Su mandíbula se endureció cuando caminó hacia la mesa junto a la cama. No estaban allí.

¿Dónde los habría puesto? Sus ojos volaron a la ropa que él había dejado caer en la silla cuando se había cambiado esa tarde. Buscando intensamente a través del montón, encontró lo que buscaba y descargó la bolsa de cuero pequeña. Un frasco vacío y uno lleno cayeron. ¡Ja! Esos y el cataplasma curativo que él había estado usando cuando cambiaba las vendas de su mano.

Un frasco vacío. ¡Hmmph! Bien, dos podrían jugar ese juego, y él lamentaría el día que había usado el otro. ¡Esperaba que él viera cuán fría podía ser ella!

Cuando Sasuke volvió al feudo esa noche, estaba inequívocamente convencido de debía de haber ido a una casa equivocada. Su esposa estaba esperando por él en la alcoba cerrada con llave, completamente desnuda, con una mirada salvaje en los ojos que lo hicieron alcanzar la certeza de que estaba soñando, o perdido o loco.

—Sasuke —ella ronroneó cuando se deslizó hacia él.

—¿Sakura? —preguntó él cautelosamente.

Su esposa era tan condenadamente hermosa. Y por un momento no se preocupó de por qué ella estaba actuando de esa manera. Él estaba enfermo por la espera y cansado de desearla. Por lo que la atrajo a sus brazos y la besó, su boca caliente moviéndose hambrientamente encima de la suya.

Entonces vio el frasco que yacía en el suelo junto a la cama, y parecía como si se lo hubiera dejado caer poco después de su consumo.

Sasuke contuvo un suspiro de frustración y se permitió una anhelante mirada más a las mejillas ruborizadas de su esposa, sus pechos magníficos y curvas en las que se perdería para siempre. Mirarla dilató oscuramente sus ojos: hablaba con su boca hecha un mohín, del color de las ciruelas maduras y rogando ser besada.

—Chica, ¿tomaste esa poción? —dijo él fatigadamente.

—Uh-hmm —ella pronunció con lentitud cuando se alzó hambrientamente hacia sus labios.

Él la descargó en la cama con un golpe. El afrodisíaco. Se figuró que debía durar aproximadamente doce horas, antes de que pudiera estar seguro de que ella regresaba a su normal carácter regañón.

Sería justo para él tomarla simplemente en ese mismo instante, el honor fuera condenado, pensó oscuramente.

Desafortunadamente no había ninguna circunstancia bajo la cual el honor pudiera condenarse. Ni incluso cuando su pene palpitante estaba haciéndole preguntarse qué infiernos tenía que ver el honor con hacerlo con su propia esposa.

Oh, ella ciertamente querría matarlo la siguiente vez que lo viera.

Él cerró con llave la puerta y estacionó a cuatro guardias fuera de ella, diciéndoles que mataría a cualquiera de ellos si entraban a ese cuarto por cualquier razón durante las siguientes doce horas.

Entonces el legendario Sasuke se sentó en los escalones a esperar.

La siguiente ocasión en que él fue a ella, la mujer estaba de hecho furiosa.

—¿Qué contenía ese frasco? —rugió la muchacha.

Sasuke no pudo evitar sonreír. Intentó inclinar su cabeza antes de que ella lo viera, pero falló.

—¡Oh! Piensas que es cómico, ¿verdad? Sé que sabías lo que hacías cuando me dejaste aquí una noche entera pensando... ¡Oh, mi Dios! No tienes ni idea de cuánto yo necesité...

—No a mí, chica —Sus ojos eran oscuros—. No era a mí a quien necesitaste. Tomaste un poco de un afrodisíaco preparado por los Rom. No tenía ninguna intención de dártelo o usarlo yo. No se los pedí siquiera. Y curioseaste...

—¡Tomaste una poción para comportarte fríamente conmigo! —gritó ella—. ¡Me heriste!

Sasuke la miró fijamente.

—¿Herirte? ¡Nunca! Yo no te heriría, chica.

—¡Bien, lo hiciste! —Sus ojos eran enormes y luminosos, y su labio tembló.

Él estuvo a su lado en un momento.

—¿Cómo te herí? Sólo dímelo, y no volveré a hacerlo.

—Eras tan frío. Me tocaste y fue como si lo hiciera un extraño.

El corazón de Sasuke cantó. El deseo lo atravesó en olas calientes. A ella gustaba su contacto.

—¿Te gusta que te toque? —suspiró él antes de robar un beso de sus labios fruncidos.

—¡No cuando lo haces como lo hiciste ayer! —hubo un surco de consternación entre sus encantadoras cejas y él lo besó—. Además de eso, ya que querías acostarte conmigo, ¿por qué no simplemente tomaste ventaja de ello cuando yo estaba así? —Ella suspiró cuando él paseó besos suaves por sus párpados cerrados y sus temblorosas pestañas. Sus labios eran calientes e infinitamente tiernos cuando besó la punta de su nariz, y después no tan tiernos cuando él exigió su boca con la suya.

—Cuando yo te ame, no será porque alguna droga te haya embriagado, sino porque estés intoxicado conmigo, tan ciertamente como yo estoy embrujado por ti.

—Oh —suspiró ella cuando él desató su pelo y le permitió dar volteretas libres bajo sus hombros.

—¿Por qué te lo recogiste? —Él peinó con los dedos su melena pesada.

—Esa poción era terrible. Incluso mi propio pelo que se frotaba contra mi piel era demasiado padecimiento.

—Este es mi mayor padecimiento, esta melena tuya —dijo Sasuke y la tocó suavemente con los dedos. Sus ojos se entrecerraron, oscuramente poderosos con una promesa sensual—. No tienes idea de cuán a menudo imaginé la sensación de este fuego de rosa extendido sobre mi miembro, chica.

El deseo envolvió a Sakura cuando ponderó la imagen que sus palabras conjuraron.

Él la retrocedió despacio hacia la cama, animado por la niebla de deseo en los ojos abiertos.

—¿Te interesa la idea, muchacha? —él ronroneó nítidamente.

Ella tragó en seco.

—Sólo tienes que decírmelo, susúrrame lo que te agrada. Yo te lo daré todo.

Ella recogió valor.

—Entonces bésame, marido. Bésame aquí... y aquí... ¡oooh! —Él obedeció tan rápidamente... Sus labios eran calientes, sedosos y exigentes—. Y aquí... —Ella perdió su voz completamente cuando él resbaló el vestido de su cuerpo y la acostó en la cama bajo él.

—Quiero correr las cortinas alrededor de esta cama y mantenerte aquí durante un año —él masculló contra la piel lisa de su pecho.

—Por mí está muy bien —masculló ella en contestación.

—¿No se supone que tienes que luchar contra mí, chica?—Sasuke se retiró hacia atrás y la estudió intensamente.

—Hummm...

—Sí, sigue —él la animó. Sabía que sus ojos debían estar bailando de alegría. Sabía que debía tener una expresión completamente absurda en su rostro en ese mismo momento. ¿Era posible? ¿Había empezado la conquista y había funcionado?

—Simplemente tócame —Ella arrugó su frente—. ¡No me preguntes tantas veces lo mismo!

Él retumbó con risa suave y promesa de pasión infinita.

—Oh, claro que te tocaré, chica.

.

.

—...demasiado profundamente. Has ido demasiado lejos.

—No sé lo que quieres decir.

—Lo he pensado, Bromista. Debemos acabar con esto. La Reina Mito está un paso delante de nosotros. Ni siquiera tu tiempo a su lado ha aliviado sus sospechas. Yo, por lo menos, no deseo sufrir las consecuencias de su ira. La mujer va a tener que volver a su tiempo simplemente.

El Rey Hashirama ondeó su mano.

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Y Sasuke se derrumbó sobre la cama. Aturdido, echó una mirada alrededor del cuarto vacío.

Sakura cayó al suelo de su cocina moderna con un porrazo.

—¿Viste lo que yo vi? —El Rey Hashirama se encontraba boquiabierto.

Neji estaba aturdido.

—Ella estaba desnuda. Él estaba jadeando. Ella estaba... ¡oh, mierda!

El Rey asintió enfáticamente cuando ambos gesticularon sin palabras.

—Ella se queda.

Era una de las reglas doradas. Algunas cosas nunca podían interrumpirse.

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—Eres realmente del futuro, ¿verdad? —susurró roncamente Sasuke, cuando Sakura reapareció momentos escasos después, a unos pies lejos de él en la cama. Mientras Sakura había estado bebiendo en su estudio, Mikoto le había contado la desaparición en el jardín. Sasuke había intentado convencerse de que Mikoto estaba equivocada, pero sus guardias habían confirmado que habían visto a su esposa desaparecer y aparecer varias veces en sucesión rápida.

Lo que significaba que ella todavía podría volver a su propio tiempo, incluso sin la pieza de ajedrez. La reina negra no es lo que parece. La vidente había dicho la verdad.

Sakura asintió en silencio, deslumbrada por su traslado abrupto a través del tiempo.

—¡No puedo controlarlo! ¡No sé cuando va a pasar de nuevo! —Sus dedos se encorvaron convulsivamente en el tapete de lana, como si un firme asimiento pudiera evitar que se fuera de nuevo.

—Por los Santos —él respiró despacio—. El futuro. Otro tiempo. Un tiempo que no ha pasado todavía.

Se miraron fijamente, atontados, por un momento prolongado. Los ojos de cuervo del hombre eran profundos y sombríos, las hermosas manchas doradas extinguidas completamente.

De repente Sakura comprendió todo demasiado claramente: que ella no quería regresar nunca al siglo XX. ¡No quería estar sin él el resto de su vida! La desesperación rizó sus dedos fríos alrededor de su corazón.

Ya era demasiado tarde. ¡Cuánto lo amaba! La aspereza con la que le habían recordado que ella no tenía ningún control sobre el tiempo que podría quedarse; el conocimiento de que ella podría regresar abruptamente para nunca volver; el hecho que no tenía ni idea de cómo, o si podía irse de nuevo, la aterró.

Para ser enviada, no, condenada, de nuevo a ese frío y vacío mundo del siglo XX, sabiendo que el hombre que ella amaría por toda la eternidad había muerto casi quinientos años antes de que ella hubiera nacido, oh querido Dios, cualquier cosa, pero eso...

Pasmada por sus descubrimientos, ella lo miró, sus labios entreabiertos, evidentemente vulnerable.

Sasuke percibió el cambio en ella; algún tipo de admisión sin palabras simplemente había ocurrido en esa parte de Sakura que había estado intentando alcanzar por tanto tiempo.

Ella lo estaba mirando fijamente, con la misma expresión desamparada que él había visto esa noche en los precipicios de Dalkeith, cuando ella había pedido su deseo a una estrella.

Era todo lo que Sasuke necesitaba ver. Él estuvo a su lado en un instante. Su conocimiento de que ella podría serle arrancada en cualquier momento hacía el tiempo infinitamente precioso. El presente era todo lo que tenían, y no había ninguna garantía para el mañana.

Él exigió su cuerpo y se desató sobre ella con una tormenta de pasión liberada. La besó y saboreó, desesperado por el temor de que en cualquier momento sus labios podrían separarse de los suyos. Sakura lo besó a su vez con abandono completo. El calor estalló entre ellos como debía ser, como tendría que haber sido desde el mismo principio si se hubiera permitido atreverse a creer que una pasión, un amor como ese era posible.

Recostándose en la cama, ella se fundió bajo él. Envolvió sus brazos alrededor de su cuello y tiró de su cabeza hambrienta para acercarlo más.

—Ámame... oh, ámame —ella susurró.

—Siempre —prometió él con los ojos abiertos. Él ahuecó sus manos sobre sus pechos y los deleitó con besos, saboreando cuán ferozmente ella le respondía. Esa vez era diferente. Ella realmente estaba viéndolo, a Sasuke, no algún otro hombre que hubiera tenido antes, y la esperanza explotó en su corazón. ¿Lo deseaba ella como él lo hacía? ¿Podría ser que su esposa estuviera desarrollando un hambre por él que igualaba su propio apetito?

—Oh, por favor... —Su cabeza rosa se arqueó hacia atrás contra las almohadas—. Por favor...— suspiró.

—¿Me quieres, Sakura?

—Sí. Con cada onza de mi cuerpo... —y alma, iba a agregar, pero él atrapó su boca con besos profundos, calientes.

Ella lo deseaba, con los ojos abiertos y viéndolo realmente. Él podría decir, esa vez era real.

Cuando su pequeña mano se cerró alrededor de su falo erecto, un gemido rasgó su garganta.

—Yo te vi, ¿sabes? —ella susurró, los ojos dilatados y oscuros de pasión—. En el cuarto Green Lady. Estabas durmiendo sobre tu espalda.

Él la miró fijamente, con muda fascinación, los músculos en su cuello que se tensaron furiosamente cuando se esforzó en decir algo inteligible, cualquier cosa, pero sólo emitió un ronroneo ronco cuando su mano se apretó sobre él. Entonces, ¿ella lo había mirado también? ¿Como él la había espiado en cada oportunidad que podía?

—Estabas acostado en tu sueño como algún dios vikingo, y esa fue la primera vez que vi esto —Ella apretó su mano suavemente para dar énfasis. Él gruñó. Animada por su contestación, Sakura lo empujó hacia atrás y esparció besos por su pecho esculpido. Pasó la lengua hambrienta hacia abajo, sobre su abdomen, saboreando cada músculo ondeado con infinita paciencia. Exploró sus muslos poderosos y la masculinidad palpitante, e hizo una pausa para dejar caer un beso tentador en la aterciopelada punta rosa del miembro que un semental habría envidiado.

—¿Lo encuentras lo suficientemente... bueno?— él graznó— ¿Lo que viste entonces y lo que ves ahora?

—Hummm... —Ella pretendió ponderar su pregunta, entonces lamió con un golpe largo, aterciopelado, su pene desde la base hasta la punta—. Nos sacará de un apuro.

Él echó su cabeza oscura atrás con una sonrisa y rugió.

—¿Un apuro... un apuro? Yo te mostraré... —Sus palabras se apagaron cuando él la tiró bruscamente hacia su abrazo. Su boca exigió la suya y él la rodó sobre la espalda.

Demasiado tarde para retroceder o preocuparse por su simiente o los niños, más allá del pensamiento racional de cualquier tipo, y a la aventura en una locura almizclada llamada Sakura, la sirena embrujadora que lo poseía, él se resbaló entre sus piernas y se posicionó sobre ella.

Simplemente, antes de que cediera al calor que lo llamaba, él dijo:

—Siempre te he amado, chica —queda y suntuosamente.

Las lágrimas brillaron débilmente en los ojos femeninos y rodaron por sus mejillas. Él tocó una gota reluciente con su dedo y se maravilló por un momento de cuán bueno se sentía hacer que lo aceptara por fin. Entonces, finalizada la espera, se sumergió en ella. Más lágrimas nublaron los ojos de ella ante el dolor súbito. Sobre ella, apenas en ella, Sakura endureció su mandíbula y se tensó. La miró un momento, mudo, aturdido e intimidado.

—Por favor —ella instó—. No te detengas ahora. Por favor, quiero esto.

—Sakura —suspiró él, su rostro oscuro—. Virgen — murmuró silenciosamente. Los ojos de ébano sostuvieron la mirada de la joven en un momento jadeante, cuando su cuerpo se puso rígido encima del de ella.

Entonces ella sintió un involuntario tirón de furia atravesarlo, y empujó más allá de la barrera y la rasgó con intensidad bárbara.

—Mía —él juró bruscamente, su ojos negros encendidos—. Sólo mía. Primero... mejor... y último —Su hermosa cabeza se arqueó hacia atrás, y ella enterró sus manos profundamente en su pelo. De nuevo ella sintió ese temblor involuntario que lo estremeció de la cabeza a los dedos de los pies.

Hubo un dolor momentáneo, pero las olas de calor lo reemplazaron rápidamente y las estrellas la llamaron por su nombre invitándola a volar con ellas. Esa vez fue aún más intenso, empezando desde lo más profundo, donde su miembro caliente la llenaba por completo. Una voz instintiva le dijo cómo moverse, cómo buscar su placer y asegurar el de él en la misma respiración.

—No te... muevas —él rechinó contra su oreja, esforzándose en no derramarse en el momento en que su tersa estrechez lo aprisionó. Él estaba más allá de la excitación, casi demente por la pasión acoplada con el conocimiento de que el herrero nunca había estado donde él estaba ahora. Ni incluso el famoso Sasori, quienquiera que fuera. Él era su primer hombre, su primer y único amante.

—No puedo evitarlo... se siente tan... ¡oh!... ¡Delicioso! —Las manos femeninas acariciaron su espalda, y sus uñas arañaron ligeramente la piel bronceada de sus hombros cuando él la meció despacio bajo él.

—¡Deja de moverte, chica!

—Pensé que se suponía que yo debía moverme... también —ella masculló, casi incoherentemente—. Por favor...

—Quédate inmóvil. Te enseñaré a hacerlo lento primero. La siguiente vez será para el amor salvaje y violento.

—Quiero amor salvaje y violento ahora —ella exigió claramente, y rompió la traba que había estado manteniéndolo en jaque tan tensamente. Él subió sus piernas y se envolvió en ellas, empujando con cuidado por su sensibilidad de virgen con lo poco que quedaba de su mente racional. Entró en ella de la manera que había querido hacerlo desde el primer momento en que la había visto, áspero y exigente. Duro y exigente, con posesión. Hambriento y casi brutal, marcándola como suya.

Sakura se movió en espiral bajo él, las puntas de sus dedos acariciando las estrellas cuando se fragmentó en mil puntas de alfiler brillando débilmente. Ella lo sintió tensarse y pulsar pesadamente dentro de ella. Explotaron juntos en un ritmo perfecto, en una armonía perfecta.

Sasuke permaneció jadeando durante mucho tiempo encima de ella, mientras la mujer acariciaba a su marido satisfecho. Su sedoso pelo negro se había soltado de su correa. Ella paseó las manos sobre la piel suave de su sólido y musculoso trasero. Un hombre hermoso, meditó, y el pensamiento ya no le trajo ninguna sombra de miedo. Acarició su pelo en silencio, maravillándose de su vida y cuán rica era estando él allí.

El silencio se desató hasta que por fin él se levantó de ella y caminó hacia la ventana, mirando fijamente la noche de Uster.

—Och, chica, ¿qué he hecho? —susurró al panel de vidrio.

Silencio de detrás de él. Los ojos de Sakura se movieron amorosamente sobre cada pulgada de su hombre.

—Te juzgué inconstante y desleal. Te juzgué, mi dulce halcón, como la peor de las víboras infieles. Mis oscuras fantasías ensombrecieron mi corazón con sus alas puntiagudas. Y yo no podía estar más equivocado.

Todavía silencio. Él no sabía que detrás de él, su esposa tenía una sonrisa tierna que encorvaba sus labios.

—Chica del distante futuro, caíste en el regazo de un hombre, te casas conmigo sin verme y has atravesado tus propios infiernos antes de venir a mí. Y te he dado solamente un infierno más para agregar. Desde lo más profundo de mi... och, esposa, ¿qué he hecho? Oh Dios, ¿qué te he hecho?

—Me amaste.

No era una pregunta, pero él la contestó prontamente.

—Lo hago. Más que a la vida. Mi corazón. No escogí simplemente una dulce frase para nombrarte, pero hablaba desde mi alma cuando te llamé así. Sin mi corazón no podría vivir. Y yo no podría respirar sin ti.

—¿Eres un hombre que tiene más de un corazón?

—No. Sólo este. Pero está ahora amargo y oscuro por el dolor que te he traído.

Él miró fijamente fuera la ventana en la noche sin fondo. Sangre de virgen en su miembro. Lágrimas de virgen en sus manos. Una esposa virgen que nunca había estado con Neji, y en todos sus años, sin un hombre. Un regalo tembloroso que ella había tenido para dar y él lo había forzado con su propia pasión oscura.

—Sasuke —la palabra era una caricia humeante de sus labios.

Debía haber sido una invención de su imaginación. Sasuke pensó que sufriría una larga vida de tortura esperando en vano por una palabra que sabía que nunca escucharía de sus labios.

—He abusado de ti, mi corazón. Yo lo repararé, te lo juro; encontraré una manera...

—Sasuke —él sintió sus pequeñas manos en sus costados, sus brazos resbalar alrededor de él desde atrás. Ella no podía mantenerlo alejado ya de la verdad. Ella tenía que decirle... tenía que aprovechar cualquier instante que los dioses inconstantes les permitieran disfrutar. Descansó su mejilla amorosamente contra su espalda, y sintió un estremecimiento recorrer todo su cuerpo poderoso.

—¿Estoy en alguna clase de sueño incomprensible? —él susurró roncamente.

—Te amo, Sasuke.

Él se giró para enfrentarla, sus ojos oscuros y entrecerrados.

—¡Mírame y dilo de nuevo! —tronó.

Sakura rodeó su hermoso rostro moreno entre sus manos.

—Te amo, Sasuke, marido de carne y sangre. Esa es la única razón por la que nunca pude odiarte completamente.

Un grito de alegría estalló en sus labios, pero sus ojos todavía estaban incrédulos.

—Te he amado desde esa noche junto al mar. Y te odié cada vez más durante cada minuto de él.

—Pero la prostituta del rey...

—No digas nada más. Soy una mujer egoísta. El marido de Sakura es quien eres ahora. Nadie más. Pero agradezco al buen rey que haya perfeccionado tus habilidades así —lo provocó ella atrevidamente. Algunas cosas estaban mejor dejándolas sanar que abriéndolas. No la amenazaban ya, porque ella entendió que era la parte noble, caballerosa de él lo había obligado a hacer cualquier cosa que hubiera tenido que hacer para proteger a aquéllos que amaba. Aunque ni él ni Mikoto le habían dicho mucho, había podido deducir unas cosas por sí misma.

Él se rió de su audacia, pero se serenó rápidamente.

—Debo casarme de nuevo contigo. Quiero los votos. Nosotros, sin ningún apoderado —¿Era magia lo que la había lanzado a través del tiempo? Cuando ella había desaparecido directamente de sus brazos lo había aceptado finalmente, que su esposa había venido a él desde las orillas distantes del tiempo, ¿y qué podría ser eso excepto magia? Una magia que él no podría controlar.

¿Pero y si ellos pudieran hacer un poco de magia por sí mismos? Había leyendas que decían que tomando los votos de boda dentro del círculo de fuego de Samhain, la víspera poderosa antes de la fiesta del Muerto Bendito, los contrayentes se ligaban más allá de la comprensión humana. ¿Qué sucedería si ellos hicieran sus votos de boda, elevándolos ante el místico Rom, en esa sagrada noche? ¿Podría ligar a su esposa a él sin límite de tiempo? Intentaría cualquier cosa.

—Sí —ella suspiró con deleite—. Hagámoslo.

—Sólo siento no haber estado allí. Si hubiera sabido que tú estabas esperando por mí en Shimura Keep, habría ido, mi corazón. En el primer día del troth.

Pero sus ojos todavía estaban preocupados y ella levantó una mano para desaparecer las sombras en ellos. Él la atrapó y dejó un tierno beso en su palma, después cerró sus dedos sobre ella.

—¿Confías en mí? —preguntó él suavemente.

Confianza. Una cosa tan frágil, tenue, exquisitamente preciosa.

Sasuke contempló las emociones que encendieron su rostro expresivo, maravillosamente abierto ahora para él. Sabía que ella estaba pensando en esos momentos oscuros de los que nunca hablaba. Un día ella confiaría en él todos sus pensamientos y miedos íntimos, y comprendería que no importaba lo que hubiera sucedido en su pasado, nunca podría cambiar sus sentimientos por ella.

Sakura miró amorosamente al hombre que le enseñaría cómo confiar de nuevo. El hombre por el que había perdido su corazón desesperada y desvalidamente. Ese hombre que generosamente derramaba honor, valor, compasión y caballerosidad. Ni su propio pasado ni el de él tenían relevancia en un amor como el que compartían.

—¿Confiar en ti, Sasuke? Con todo mi corazón y aún más allá.

Su sonrisa era deslumbrante.

—Sakura...

—¿Mi señor? —su voz era suave, cálida y despreocupada como la de una niña.

Cuando él la tomó en sus brazos, ella se estremeció de deseo.

—¡Mi señor!

Sakura no vio que sobre su cabeza, los ojos de su esposo estaban oscurecidos. ¿Cómo iba a protegerla? ¿Cómo podría prevenir su seguridad? ¿Cómo podría encontrar rápidamente a Neji y entender lo que estaba pasando? Porque no importaba por qué corredores tortuosos su mente vagara, intentando desenredar los acontecimientos extraños que involucraban a su esposa, todos parecían circular alrededor y regresar una y otra vez para detenerse directamente frente a ese condenado herrero. Y no eran simplemente celos, aunque Sasuke admitiría prontamente su profunda aversión hacia ese hombre.

No era la reina negra lo que le había traído a Sakura, o tan cruelmente la separara de él. Ése era un hecho.

¿Pero entonces qué era?

Alguien o algo más tenía ese poder. El poder para destruir al laird de Dalkeith con un golpe certero, llevándose a su amada esposa lejos de él. ¿Qué juego, qué entretenimiento terrible y retorcido estaba jugándose en las orillas de Dalkeith? ¿Qué poder tenía interés en ello y por qué?

Yo vine aquí para odiarte, Sasuke. Pero no para odiar a la mujer que reclamas como esposa. Las palabras de Neji hicieron eco en su mente, y empezó a ver más claramente el contorno vago de una venganza cuidadosamente trazada. Pero eso significaría que Neji Hyūga tenía poderes que Sasuke nunca había creído que realmente existieran. Las pocas y fragmentadas historias del Rom que había oído cuando era un muchacho resurgieron en su burbujeante mente, levantado preguntas y dudas. Historias sobre Druidas y Pictos y, sí, incluso sobre las Hadas nefastas y traviesas. Mikoto siempre había dicho que cualquier leyenda estaba basada en algún punto en un hecho real; los elementos míticos disfrazaban meramente lo inexplicable, pero no necesariamente falso en esos hechos.

Oh, su amor estaba probando los límites de su creencia en el mundo natural y haciéndolos contemplar con otros ojos, mucho más abiertos.

Pero si él aceptara creer en una magia tal como viajar en el tiempo, ¿qué magia podría desechar como demasiado brutal? Ninguna. No podía desechar ninguna posibilidad, ni siquiera la no terrenal, sin una consideración completa.

Neji Hyūga había podido curar el veneno incurable del Callabron. Neji Hyūga siempre parecía saber endemoniadamente demasiado. Neji Hyūga había admitido rotundamente que había ido a Dalkeith en busca de venganza. Los Rom se habían mudado lejos de la forja del herrero. Los Rom, que creían en los mitos y leyendas.

Y Sasuke, endeudado con Neji por la vida de su esposa, se había obligado a pasar por alto todas las rarezas y las había atribuido a su intensa aversión al herrero, convenciéndose de que estaba viendo dragones en las formas hinchadas de nubes inocentes.

Él nunca permitiría que ella se fuera, pero alguien o algo más podía tomarla de él al antojo de un momento.

Él lo buscaría, lo destruiría, y la libraría: lo juró por su vida. Porque no habría ninguna vida para él sin ella.