A puertas de la lluvia.

Bajo la gran sombra que deslindaba la nave más intrépida que haya visto el cosmos Sakura, un joven aventurero se encontraba con la vista pérdida en el cielo grisáceo del planeta Pluviam.

Bajo cierto aíre culposo y molesto su mente divagaba muy de vez en cuando sí estaba bien haber acompañado a Rebecca a Blue Garden y haber hecho nuevos amigos a medida que su aventura se hacía cada vez más extensa, dejando de lado a Granbell y todas sus viejas y rotas memorias; dejando atrás aquel planeta al que por primera vez pudo llamar hogar.

Shiki no se fue en buenos términos aquella vez.

Michael y sus amigos odiaban a los humanos; ahora lo odiaban al punto de matarlo. Si volviera algún día al lugar donde empezó todo, tal vez sentiría la necesidad de disculparse por irse sin avisar, pero ya era demasiado tarde para eso. Ahora era el nuevo rey demonio, capitán de la nave de Eden's Zero y el líder de las cuatro estrellas brillantes.

Las cargas sobre su espalda debían ser más importantes que el pasado, pero allí estaba esa extraña sensación que últimamente no lo dejaba en paz.

—Te vas a resfriar si sigues haciendo esos tontos y despreocupados paseos nocturnos, Shiki. ¡Vamos, todos están esperando! —Gritó Rebecca desde lo alto de la nave acompañada de Happy.

—¡Dame unos cinco minutos más, las estrellas se ven mejor desde la sombra! —contestó el azabache dándole la espalda y mirando su figura de soslayo.

—¡Déjalo Rebecca, un hombre necesita espacio de vez en cuando! —Weisz rio despreocupado para poco después desaparecer junto a la chica B-Cuber, quien giró su rostro poco antes de regresar con los demás.

Escuchando sus pisadas tan lejanas como un susurro en el viento el silencio reinó una vez más, tan solo escuchando el halo de su respiración, viendo las nubes cubrir la luna con un manto tan oscuro como su cabello.

Se sentía deprimido como nunca antes y ni siquiera la voz calmada y risueña de Rebecca de fondo parecía querer traerlo de vuelta a la realidad. No llegaba a comprender el vacío que existía en su pecho. No le gustaba dar la espalda a sus amigos, podía ser un tonto aniñado e incluso divertirse con las payasadas pervertidas de Weisz, pero eso no explicaba por qué a pesar de todo lo que había atravesado Granbell seguía estando tan arraigado en su pecho.

—Es extraño verte pensando a solas, Shiki.

—¿Homura? ¿Por qué no estás con los demás adentro? —preguntó sin evitar el tono de desconcierto en su voz.

El tan solo tenerla cerca lo llenó de un sentimiento de intranquilidad que no hacía más que asfixiarlo. Quería deshacerse de toda esa carga que acaparaba su mente y sentirse libre de expresar lo que realmente sentía al extrañar su viejo hogar. Amaba a sus nuevos amigos, pero eso no quitaba el hecho de que no supiera como actuar frente a determinadas situaciones.

—El brillo de la luna me llevó a hacer unos recados a los suburbios —sonrió con vergüenza y recogió un rebelde mechón detrás de su oreja —. Mi maestra solía venir conmigo para relajarnos en las aguas termales al centro de la ciudad.

—Debía ser divertido pasar el tiempo a su lado —susurró Shiki para sí mismo—. Me hubiera gustado conocer a la androide que te enseñó a sonreír así. Puede que hubiéramos sido muy buenos amigos.

Homura contestó con un leve asentimiento y sus mejillas un tanto sonrojadas, cosa que no pasó desapercibida por el curioso rey demonio, quien parecía no entender el motivo de aquellas reacciones. Ella solía ser algo tímida pero nunca la había visto ponerse de ese color.

—¿Dije algo malo? Tu rostro se ha vuelto muy rosa y tus ojos parecen brillar tanto como las estrellas —sonrió el azabache al reconocer las tonterías que decía —. De seguro deben verse lindos a la luz del sol.

Los ojos onix del rey demonio registraron aquellos orbes tan marrones como el otoño y se sobresaltó al ver su reflejo a través de ellos, tan grandes y profundos que le daban la sensación de ser absorbido por ellos. Aquel curioso lunar que deslindaba con su ojo izquierdo le daba un aíre sensual que en compañía de aquellos finos labios pálidos eran bastante tentadores, sin mencionar aquellos mechones sobresalientes que le daban un aíre rebelde y bohemio.

Sin duda alguna Homura era muy linda, pensó Shiki sin evitar sonrojarse también.

—¿Está todo bien? Pareces algo perdido en tus pensamientos —afirmó con curiosidad, sentándose a su lado—. Normalmente estarías emocionado por explorar el planeta en busca de nuevos amigos.

Shiki sonrió con tristeza, pensando en qué podría responder. Su mente estaba desconectada y su pecho se sentía pesado, tal vez tanto como su Ether Gear activado o el aplastante vacío que componía gran parte del espacio exterior.

Ziggy de seguro le diría que no diera tantas vueltas al asunto y que recordara la promesa que le hizo antes de perecer ante el ciclo de la vida.

Simplemente se sintió agradecido al contar con compañía aquella fría noche.

—La verdad es que yo...

Una gota de lluvia interrumpió lo que estaba a punto de decir.

—Está bien, será mejor volver a la nave, sea lo que sea que te preocupe estaré dispuesta a escucharte, así como tu estuviste para mí en el momento que más te necesité.

Las palabras resonaron en su mente con tanta fuerza que pareció que su cuerpo se hacía mas liviano y su pecho se llenaba de orgullo. Era su amiga, y el hecho de que le tuviera tanta fé no hacía mas que emocionarlo de formas que ni él mismo entendía.

Sí, algo parecido sentía con Rebecca, pero es que le debía mas de lo que podía contar con los dedos de sus pies. Ella fue muy buena con él y le ha mostrado lugares que nunca nadie podría haber imaginado en su pequeño planeta. Pero no podía engañarse a si mismo, Homura y Rebecca eran parecidas y distintas a la vez.

Por una extraña razón la compasión que al final Homura sintió por Kurenai lo conmovió profundamente. La joven espadachín y él tenían varias cosas en común y agradecía profundamente que de todas las personas que pudo haber encontrado antes en el cosmos, Homura hubiera aparecido de la nada para acompañarlo en su viaje para encontrar a madre.

Teniendo aquella premisa en mente no dudó dos veces en tomarla de la mano y flotar con su Ether Gear hasta las compuertas de la nave, siendo perseguidos por una implacable tormenta que mantenía sus ropas empapadas y frías.

La espadachín no pareció entender el gesto de caballerosidad por parte de Shiki, pero le agradeció en silencio al ver cómo se esmeraba en golpear la compuerta metálica de Eden's, uniéndose ella poco después para ayudarle sin obtener resultados tras las risotadas que se escuchaban al otro lado y neutralizaban sus desesperados esfuerzos.

—Creo que tendremos que quedarnos aquí un rato —señaló con molestia el joven rey demonio que se sentó en el suelo con un lindo mohín adornando su rostro empapado.

—¿Te molesta que te acompañe? —Homura se puso a su lado, apoyada en sus rodillas y las palmas sobrepuestas en su regazo —. Tal vez sería más divertido si Rebecca o Weisz estuvieran aquí.

—No, no me molesta en lo absoluto, es solo que no quería preocupar a nadie por tardar tanto —suspiró cansado y apoyó su espalda en el desgastado metal de la puerta —. No me gusta pensar mucho en Granbell, mi planeta natal. Me pone muy triste pensar que ya no los volveré a ver.

—Al menos ellos están vivos —espetó la joven, mirando con atención el perfilado rostro del rey demonio —, a diferencia de mi, tú podrás verlos a la distancia, siendo felices y dando lo mejor de ellos.

—No es justo cerrar mi corazón a las personas que me acogieron como una familia por primera vez —pensó en voz alta mientras sentía su voz mas quebrada —. Lo siento, no puedo controlar lo que sale de mi boca. Ni siquiera sé por qué te estoy diciendo esto.

Las gotas de lluvia parecían ser cada vez más intensas, perforando el incómodo silencio que se había formado entre ambos y viendo como todo se inundaba hasta subir unos cuantos centímetros del suelo.

—Está mal callar lo que sientes; si tienes algo que decir, no dudes en expresarlo en voz alta. Tal vez haya alguien que esté dispuesto a escuchar lo que tu corazón no sabe expresar.

Shiki sonrió ante lo dicho y repentinamente se sintió animado al hablarle sobre su abuelo, Michael y todos los de la aldea; la primera vez que encontró a Rebecca, la suavidad de los pechos, incluso sobre sus aventuras antes de llegar a conocerla. Todo el tiempo observando la leve sonrisa que asomaba en los labios de Homura y que lo animaban a jamás parar de hablar.

Así pasaron un par de horas entre risas y recuerdos nostálgicos que ahora también aportaba la peliazul, describiendo sus travesuras de niña y los duros entrenamientos que su maestra siempre la obligaba a tener hasta altas horas de la noche. Incluso aquella vez que intentó defenderla de unos tipos que la juzgaban por ser un androide sin sentimientos, o cuándo varios pretendientes las acosaban siempre que su maestra se iba a las tabernas a beber hasta el cansancio.

—Ella una vez me habló sobre tener una pareja e intentar ser lo más feliz que pudiera ser a su lado. ¿Crees que algún día podré casarme?

—¡Claro que sí, te lo he dicho varias veces! —sonrió radiante poco antes de que sus ojos rasgados se oscurecieran y su boca se convirtiera en una fina línea —. Pero si no eres feliz, te llevaré conmigo devuelta a la nave.

Esto último heló la sangre de Homura al ver en aquellos orbes azabaches un leve destello de tristeza y furia que saltaba por los aíres. Nunca pensó que sería alguien tan importante para el rey demonio, ni mucho menos que se tomara las molestias de aclararle lo que estaba dispuesto a hacer por ella y su felicidad.

—Shiki, ¿y si te escogiera como mi pareja? —preguntó la joven al esperar más de aquellas reacciones por parte del intrépido aventurero, intuyendo alguna de sus simples respuestas; siendo demasiado denso como para entender lo que significaba…

—Entonces te haría mi eterna compañera y no dejaría que nadie borrara tú sonrisa —contestó con tanta convicción y dulzura que dejó sin habla a la espada de Eden's.

Sus siluetas estaban tan cerca que parecían una sola sombra, sus rostros a escasos centímetros hablaban por ellos al entrever lo que estaba a punto de suceder; sus manos parecían temblar aun más que antes y sus corazones palpitaban con desenfreno, estallando en sus oídos y sintiendo su sangre correr por sus mejillas sonrojadas.

—Eso suena bien… —susurró Homura, perdiéndose en aquellos finos labios que no dejaban de tentarla, preguntándose por primera si sabrían tan bien como lucían —. Tengo la sensación de que estoy hablando demasiado...

Shiki no lo pensó dos veces antes de cerrar la distancia entre sus labios, tomando aíre para seguirlo de la forma más torpe y tierna posible, sintiendo unas extrañas mariposas en el estómago que no paraban de revolotear y que lo hacían sentir cada vez más adicto al contacto de los labios de su amiga; despegando a ambos del suelo, perdiéndose en el aroma fresco de la tierra y la fría brisa que despeinaba sus cabellos, buscando calor en la persona que tenían al frente y que tan desesperadamente clamaba por más.

Desafortunadamente la penetrante mirada de Bruja los sacó de aquel dulce trance y tragaron saliva al ver que la compuerta estaba abierta desde mucho antes de lo que hubieran podido pensar.

Una sonrisa adornaba con un leve sonrojo el rostro de la androide, quien entrecerró sus ojos esmeraldas ante tal acto de inocencia por parte del capitán de la nave y la habilidosa aprendiz de Valkyrie.

—Lamento la tardanza, rey demonio. La compuerta sufrió algunos daños que Hermit tardó un rato en reparar —dijo con orgullo, agachándose a la altura de ambos y colocando sus manos en los hombros de la pareja —. Y con respecto a lo que vi prometo guardar el secreto hasta que ambos estén preparados.

Homura sintió la calidez con la que la miraba la androide peliverde y devolvió el gesto con un tímido asentimiento de su parte.

Sus instintos la habían traicionado, pero al menos sabía que las cosas solo podrían mejorar en la tripulación.

—¡Gracias Bruja, yo te digo cuándo nos vayamos a casar!

—¡Eso es demasiado pronto, primero debo de pedir permiso a mi maestra! —la joven espadachín sintió que estaban yendo demasiado rápido, pero su sonrisa jamás se desvaneció para sorpresa de Bruja y todos los espectadores que escuchaban la conversación por la ventana.

El gran rey demonio tomó la mano de su nueva prometida y siguieron al escudo de Eden's muy de cerca.

Por un leve momento de lucidez Shiki consiguió sentir como su cuerpo se liberaba de aquel peso muerto que llevaba cargando desde hace días y que de un momento a otro empezó a disiparse gracias a la chica de ojos otoñales que ahora extendía su mano para ayudarle a levantarse del suelo.

Él sabia que las cosas no serían nada fáciles en el futuro, pero a final de cuentas lo único que importaba es que no caminaría solo nunca más. Después de todo nadie dijo que Shiki Granbell no sabía los compromisos que atañen hacer a la mujer más transparente y pura del cosmos la más feliz del universo.

—Shiki, no pensaba decirlo en voz alta, pero estoy segura que Michael y los demás estarán muy felices de ver lo lejos que has llegado. Encontraremos juntos la forma de comunicarles lo agradecida que estoy de que ellos te hayan puesto en mi camino; es una promesa.

El pelinegro no pudo mas que saltar de felicidad para ir y contarle a sus amigos que después de encontrar Madre, iría a Granbell para afirmar a todos que no les guardaba rencor y esperaba que aceptaran sus diferencias de la mejor forma posible.

No iba a permitir que todos esos años se desmoronaran como una montaña de arena, ni mucho menos permitir que Michael se convirtiera en su padrino de bodas en un futuro muy lejano.

—¿Qué estamos esperando entonces? ¡Vayamos a encontrar a Madre y a tener tantas aventuras como podamos!