CAPÍTULO 33

1 de abril de 1514

Él estaba cerca. Sasuke podía sentirlo mientras estaba sentado en su estudio puliendo un soldado de juguete mientras miraba el nacimiento del alba encima del mar. Una sensación de hormigueo empezó en la base de su espina y lo inundó, elevando todos sus sentidos.

Sasuke sonrió oscuramente y puso el juguete cuidadosamente a un lado. Algo malo acababa de llegar. Sí. ¡Y yo estoy listo esta vez, bastardo!

Sasuke cruzó su estudio hasta su escritorio y rodó el haz grueso de pergamino y lo envolvió en el cinturón de cuero de su sporran. Estaba listo para usarlo, pero sólo después de que tuviera la satisfacción de luchar contra el herrero en términos mortales.

Él caminó en la mañana sintiéndose más vivo de lo que se había sentido en meses.

Aguanta y cree en mí, amor, él susurró a través de los siglos.

Porque el amor y la fe eran magias poderosas por sí mismas.

—Ven fuera, cobarde —llamó él, su respiración helándose en el aire frío de la mañana. Las nevadas se habían detenido hacía unas semanas, sólo montones esparcidos permanecían, y pronto la primavera engalanaría una vez más Dalkeith-Upon-the-Sea. Como lo hará mi esposa, se juró furiosamente. Durante días había estado tenso, sabiendo que algo estaba a punto de pasar. Sintiéndolo en su corazón, como el Rom a veces sufría sus premoniciones. Entonces, esa mañana, se había levantado en las horas oscuras sabiendo que el tiempo estaba a su favor. La batalla se emprendería ese día, y era una batalla que él ganaría.

—¡Ven! Es fácil luchar anónimamente. Sólo me dice que eres demasiado cobarde para declararte y enfrentarme —se mofó al aire empañado.

Se sintió tonto por un momento, entonces empujó el sentimiento bruscamente a un lado. Neji Hyūga estaba cerca, lo sabía hasta la médula de sus huesos, estimulados por las obras del trovador y la debilidad de un Bromista.

—¡Enemigo! ¡Enfréntame! Cobarde, endeble, lloriqueante cachorro. Apuesto que te escondías en las faldas de tu mamá como un muchacho pequeño, ¿no es verdad? ¿Temblando y mofándose desde detrás de una mujer como lo haces ahora? —se burló Sasuke en la mañana silenciosa—. Usaste a una mujer como tu peón. Cualquiera podría jugar semejante juego débil. Yo te desafío a un verdadero concurso, gusano sin entraña. La brisa arreció, más punzante ahora, pero aún así nadie llegó. El aire se arremolinó densamente en un rápido barrenar de nubes con negros nubarrones. Sasuke se rió en alto, sintiendo alegría y fuerza atravesar sus venas.

—El hombre mortal sabe la verdad ahora de ti, Neji: que no pudiste ganar a mi esposa, que ella te desdeñó por mí —Naturalmente, él omitió la verdad de que Neji lo había convencido temporalmente de que Sakura había ido de buena gana. Pero Sasuke había recobrado sus sentidos, junto con su fe y confianza en su esposa—. ¡Yo sé que ella te rechazó, herrero! Sé que la obligaste a que me dejara contra su voluntad. Ella me escogió por encima de ti y el país entero lo sabe ahora.

—Calla, mortal —la voz de Neji susurró en la brisa.

Sasuke rió.

—¿Encuentras esto entretenido? ¿Piensas incitar mi ira y vivir para reírte sobre esto? ¿Eres de verdad tan loco? Porque no eres mi contrincante.

Sasuke todavía estaba sonriendo cuando dijo suavemente:

—Yo era más contrincante cuando estaba Sakura.

—Enfrenta a tu verdugo, pájaro hermoso —Neji salió amenazantemente de la densa niebla de las Highlands.

Los dos hombres se contemplaron salvajemente. Neji caminó más cerca.

Lo mismo hizo Sasuke.

—Batalla justa, Fae inconstante. A menos que tengas demasiado miedo.

—¿Para esto me llamaste? ¿Para una lucha a puñetazos?

—Toma una forma mortal, Neji. Lucha conmigo hasta la muerte.

—Nosotros no morimos —Neji sonrió con desprecio.

—Entonces lucha como mi igual. Lucha justo.

Se rodearon cautelosamente, en una musculosa masa burbujeante de hostilidad en libertad. La violencia que había latido desde el momento en que esos dos hombres se habían encontrado, ascendió hasta transformarse en un hervor rugiente. Era un alivio para Sasuke estar allí, haberlo hecho. ¡Y oh, poner sus manos por fin en ese herrero bastardo!

—Una batalla justa es la que siempre llevo a cabo.

—Mientes, Bromista. Engañas todo el tiempo.

—¡Yo nunca he engañado!

—Bien, sin trampas ahora —advirtió Sasuke cuando se enfrentaron—. A mano limpia. Hombre contra hombre, eres mi rival en tamaño. ¿Lo estás en fuerza, agilidad y habilidad? No lo creo.

Neji se encogió de hombros indolentemente.

—Lamentarás el día que naciste, pájaro hermoso. Yo ya te he ganado y he tomado a tu esposa, pero este día sellaré tu destino. Este día destruiré Dalkeith, hasta que no sea nada más que una montaña de granito sobre el borde del precipicio, para encontrarse con el mar hambriento. Tus huesos estarán entre ellos, Sasuke.

Sasuke inclinó su cabeza oscura hacia atrás y rió.

Amortajada en la pesada niebla, la corte de Tuatha De Danaan observó la lucha.

—¡Sasuke está ganando!

Suspiro plateado.

—Demasiado hombre.

—¡Míralo moverse! Rápido como una pantera, mortal como una pitón.

—No pienso que lo sepa, pero él está ahora a salvo de todos nosotros. Porque yo lo he ordenado —espetó la Reina en una ráfaga frígida de aire.

Un silencio largo.

—¿Jugará el Bromista justamente? —preguntó Aine, la pequeña, tímida hada.

La Reina suspiró.

—¿Lo hace alguna vez?

Sakura asió la mano de Marie y jadeó cuando sintió el puntapié suave en su útero. De algún modo, se sentía como si Sasuke estuviera cerca y necesitara su fuerza y amor. Como si algo mágico la cubriera con sus alas, casi lo bastante tangible para asirlo con sus dedos delgados. Ella apretó los ojos firmemente y envió su corazón por las grietas del tiempo.

Neji gruñó.

—Ya es bastante de esta idiotez mortal. Es tiempo de acabar esto por última vez —Estaba sangrando, su labio cortado y su nariz rota. Neji usó su fuerza inmortal para echar a Sasuke a la tierra, a sus pies. Una espada apareció en la mano de Neji, y puso la hoja contra la garganta del humano.

—El Pacto sea condenado —murmuró Neji, balanceando el filo como una navaja de afeitar en la yugular de Sasuke. Irguió una ceja y se mofó del mortal caído—. Sabes, por un momento estuve preocupado de que pudieras haber aprendido algo sobre mi raza, el tipo de cosa que no nos gusta que los mortales sepan. Pero parece que tenía razón desde el principio sobre ti, y mi preocupación fue por nada. Eres de verdad un gran idiota. ¿Pensaste realmente que me podrías ganar en una lucha? —Neji agitó su cabeza e hizo un sonido despectivo—. Apenas. Se necesita más para derrotar a mi raza. Oh, y ya que estamos, prepárate a morir, mortal.

Pero su amenaza dio la oportunidad que necesitaba la leyenda a sus pies. Sasuke envolvió su mano arrogantemente alrededor de la espada y miró profundamente en los ojos de Neji. La intensidad de la mirada del mortal capturó la de Neji y la sostuvo con una fuerza todopoderosa.

Neji se tensó, y un parpadeo de incertidumbre encendió su rostro. Sasuke sonrió.

—Amadan Dubh, yo te obligo de esta manera...

Neji se tensó y su mandíbula se dejó caer, desmintiendo una genuina expresión humana de asombro. La espada desapareció de su mano cuando las palabras del ritual antiguo de ligamiento lo enlazaron firmemente.

—¡No puedes hacer esto! —escupió Neji.

Pero Sasuke podía, y lo hizo.

Neji gruñó desde el fondo de su garganta. No era en absoluto un sonido humano.

Veinte minutos después, Neji estaba abriendo la boca con escepticismo. Sasuke había desenrollado un verdadero pergamino de su sporran y había estado leyendo una lista muy larga y muy específica de demandas.

—... y nunca vendrás de nuevo a Dalkeith-Upon-the-Sea...

Neji se estremeció.

—¿Ya terminas, pájaro hermoso?

Sasuke continuó sin interrumpirse y desenrolló aún más su pergamino.

—¿Escribiste un endemoniado libro? No puedes haberlo hecho —dijo Neji a través de los dientes apretados—. Consigues una sola orden. No puedes leer esa cosa por completo.

Sasuke casi se rió en alto. El engaño empezaría ahora. Cualquier cabo suelto que el hada inconstante pudiera encontrar, intentaría usarlo. Pero Sasuke no había dejado ningún cabo suelto. Siguió leyendo.

—Dije que lo dejaras, infantil, lloriqueante masa de mortalidad. No funcionará.

—... y nunca harás... —continuó Sasuke.

Neji gruñó y rugió, su rostro helado cada vez más blanco.

—Maldeciré a tus hijos, los hijos de tus hijos... Maldeciré a Sakura y todos sus hijos... —Neji se balanceó en el aire amenazadoramente.

Sasuke se tensó e hizo una pausa. Sus ojos volaron a Neji.

Neji ahogó una risita de alegría, seguro de que Sasuke trastabillaría y rompería su orden.

Los labios de Sasuke se retiraron atrás en un gruñido feroz.

—... y nunca pondrás una maldición en mi familia, mi linaje, sobre mí mismo, o mi familia y linaje, y te ordeno que no amenaces a ningún Uchiha... incluso Sakura; como Uchiha se define expresamente a cualquier pariente por el lazo de sangre directa, matrimonio o adopción, se define por linaje a la descendencia, y los niños adoptados u obtenidos por otros medios; no dañarás ninguna pertenencia animal a...

Neji se paseó impacientemente por un espacio achaparrado de tierra, el temor ahora evidente en cada uno de sus pasos.

—... obediencia que se define como... y cuando me devuelvas a Sakura, todo estará en orden en Dalkeith-Upon-the-Sea... Sasuke y toda su gente serán protegidos de cualquier daño, vivos y con la mejor salud, sin trucos... y Sakura debe ser regresada con su gato a través del tiempo... y...

El rostro de Neji, una vez hermoso, era una máscara lívida de odio.

—¡No perderé! Encontraré una manera de derrotarte, Sasuke.

—... y abandonarás cualquier pensamiento o acciones de venganza contra los Uchiha...

Neji ondeó su mano y Sakura apareció, mirando absolutamente aturdida y asiendo un gato arañando en sus brazos.

Sasuke se estremeció imperceptiblemente, sabiendo que ese era simplemente un truco más de Neji para conseguir que él interrumpiera su orden. Cinco meses, cinco meses horribles, sin corazón, sin un vislumbre de su rostro querido, y ahora ella estaba de pie ante él. Impresionante, adorablemente encantadora. La mirada de Sasuke descansó hambrientamente en su cara, su melena rosa, su cuerpo lujurioso, su vientre redondo...

¿Su vientre redondo? Sus ojos volaron a Sakura, dilatados de asombro y temor, cuando una violenta posesividad lo estremeció de pies a cabeza.

¡Su niño! Su hija o hijo. Sangre de su sangre... y su Sakura.

Sakura estaba embarazada.

Sasuke estaba mudo.

Neji sonrió abierta, perversamente, y Sasuke lo vio.

Pero no perdería a Sakura. Tenía demasiado para leer todavía. Con férrea fuerza de voluntad, Sasuke apartó los ojos de su amada esposa.

Era la cosa más dura que había hecho alguna vez en toda su vida. Los ojos de Sakura lo devoraron.

Tuvo miedo de interrumpir, asustada del movimiento. De algún modo ella había dado un tirón milagroso directamente de su biblioteca, y Moonie, que había estado en el cuarto junto al fuego se acurrucaba cómodamente en sus brazos. Todavía podía ver el rostro sobresaltado de Marie que se desvanecía ante sus ojos.

Y allí estaba Sasuke, su amado esposo y su vida misma.

—¿Cómo pudiste resistírteme, Bella? —Neji era de repente de nuevo el herrero, vestido con kilt y deslumbrante—. Soy tan hermoso como Sasuke y puedo complacerte de maneras que ni siquiera puedes soñar. Podría hacerte sentir como si te volviera de adentro hacia afuera, y hacerte llorar de éxtasis. ¿Cómo podrías abandonarme?

—Yo amo a mi marido —Ella había pasado muchos meses aferrándose a la esperanza del niño de Sasuke que crecía dentro de ella y estudiando todo sobre la sabiduría Céltica, esperando poder tener en sus manos la esperanza de hallar una manera de volver. Pero Sasuke, por lo que parecía, lo había encontrado por ella.

—Amor. ¿Qué es eso del amor, esa cosa que los mortales aprecian tan benévolamente? —Neji sonrió con desprecio.

—Ya es suficiente, Bromista —llegó un estruendo plateado del suspiro de la Reina de las Hadas.

Incluso Sasuke vaciló en sus palabras, a mitad de una oración, ante esa voz.

—Y suficiente de ti también, hermoso, legendario Sasuke.

Más dulcemente que el sonido de las campanillas, su voz era un golpe sensual del cielo. Pero Sasuke continuó, sin interrupción:

—...y como se usó en esta orden, la palabra persona querrá decir e incluirá, apropiadamente, a un individuo u otra entidad; el plural se sustituirá por el singular y el singular por el plural cuando sea apropiado; y las palabras de cualquier género incluirán cualquier otro género...

Sakura miró a su marido, sus ojos ardientes de amor y orgullo.

—El Bromista me obedecerá. Yo soy su Reina.

Sasuke hizo una pausa del tamaño de una respiración, no lo bastante para romper la continuidad, pero sí suficiente para reconocerlo.

—Y además, ya has ordenado lo suficiente. Estás pontificando y siendo positivamente redundante. Aún así, bien hecho, mortal. Ella está segura, los dos lo están. Veré por ustedes ahora y siempre.

Sasuke continuó:

—...todos los elementos unidos por "si", "y", o "pero", u otras construcciones gramaticales, cuando aparentemente parecen en conflicto, operan en exclusión o limitan de cualquier manera, funcionarán en conjunto y permitiendo la posible definición más amplia de los términos usados aquí dentro...

La Reina de las Hadas suspiró.

—Ahhh, ya lo veo. No cesarás esta tontería hasta que yo te ofrezca una prueba. Hombre inteligente. ¿Buscas mi troth? Te lo concedo. Tienes el juramento de la Reina de las Hadas por el pacto del Tuatha De Danaan. Nunca se ha roto, para que nuestra raza no desaparezca.

Sasuke soltó el pergamino, que rodó, cerrándose con un chasquido audible. Sólo entonces vio Sakura el temblor en sus manos cuando él encontró su mirada, sus ojos triunfantes.

—Ella nos ha dado protección y lealtad —Su sonrisa podría encender las hogueras de Samhain. Sus ojos negros se deslizaron por ella de la cabeza a los dedos de los pies, demorando amorosamente en cada pulgada entre ellos.

—¿Estamos seguros? —Sakura susurró, con las lágrimas asaltando sus ojos.

—Yo los protegeré —titiló la voz plateada—. Ahora y para siempre. ¿Bromista?

Neji gruñó.

—Puesto que no puedo al parecer alejarte de los problemas, tendrás una nueva compañera. Aine se pasará los siguientes quinientos años contigo. Ella se esforzará por mantenerte en línea.

—¡No Aine! —La súplica de Neji no estaba lejos de ser un sombrío gimoteo—. ¡Esa pequeña hada curiosa está enamorada de mí! Yo podría pasar mi tiempo complaciéndote, mi Reina. ¡Permítemelo!

—Complacerás a Aine, Bromista, o te pasarás los siguientes mil años al pie de una montaña a solas. ¿Crees que estás aburrido ahora?

Con una última mirada rencorosa a Sasuke, Neji desapareció.

—Ahora, ¿dónde estábamos? —preguntó la Reina. Sakura entornó los ojos en dirección a la voz. Podía discernir apenas el débil brillo contorno de una mujer flotando en el aire empañado tras de Sasuke.

—Ah, sí. Los dos estaban a punto de tener una boda en el cerro junto al mar. El Bromista tiene un sentido bestial del tiempo. Partiré del punto donde habían quedado. Yo, Mito, Reina del Tuatha De Danaan, te nombro hombre y esposa. Mortales ni inmortales los separarán nunca, para no incurrir en mi ira eterna. Ahí está. Has sido casado por la Reina de las Hadas. Nadie puede dudar de semejante leyenda.

Sakura y Sasuke todavía estaban mirándose fijamente a través del jardín, ambos asustados de moverse una pulgada incluso.

—¿Y bien? ¡Besa a la mujer, hermoso hombre grande! Adelante.

Sasuke aspiró en una respiración áspera.

Él había cambiado, comprendió Sakura. El tiempo lo había tornado más hermoso aún que antes, pero no sabía que él estaba pensando lo mismo sobre ella. Sus ojos se deslizaron por su cuerpo, desde su pelo rosa, hasta los pies desnudos bajo un par de pantalones extraños.

Y entonces ella estaba en sus brazos, juntos en ese abrazo fuerte con que ella había soñado todas las noches durante los últimos cinco meses cuando yacía en la cama, su mano descansando en su vientre redondeado, pidiendo a los cielos solamente un día más con su marido.

Él acarició sus labios con los suyos.

—Mi corazón.

—Tu corazón es... ¡oh! —Ella perdió su respiración bajo sus labios, extasiada.

—Ahhh —la Reina se maravilló, porque incluso los Tuatha De Danaan se intimidaban ante el verdadero amor—. Eres digno de lo que yo te doy ahora —susurró simplemente, antes de que desapareciera—. Considéralo un regalo de bodas...

Sólo nos queda el Epílogo.