EPÍLOGO
Sakura respiró profundamente. Nada se compararía nunca al olor de las rosas y la lluvia de la primavera, el rugido incesante de las olas contra los precipicios orientales y la salpicadura de sal en el aire puro. Había salido para mirar el movimiento del crepúsculo encima del mar. Después volvería con Mikoto y continuaría haciendo planes para el bebé. Sofocó una risa con su mano. Mikoto finalmente le había hecho el sincero pedido a Sasuke de que se marchara y se había quejado de que posiblemente no pudiera dar la bienvenida apropiadamente a su nuera y prepararse para su nieto si él no dejaba de besarla todo el tiempo. Eso a Sakura no le había importado.
Como un muchacho castigado, Sasuke la había mirado con fiereza.
—Tienes el resto de sus vidas para estar juntos. —Mikoto había comentado crespamente—, mientras que nosotras las mujeres tenemos sólo unos pocos meses para prepararnos para el bebé.
—¿Pocos meses? —Sasuke había parecido aturdido. Después angustiado. Y se había marchado corriendo hacia afuera, murmurando algo.
Ahora Sakura estaba de pie en los escalones de piedra, la cabeza inclinada hacia atrás y bebiendo en la belleza callada del cielo aterciopelado. Un parpadeo de movimiento en el tejado atrapó su mirada.
Naruto se asomó encima del parapeto y su guapo rostro se encendió con una sonrisa. Ella y Sasuke habían hablado esa tarde y él le había contado todo lo que había hecho, incluyendo la parte de Naruto, que había ayudado a traerla de vuelta. Sólo horas antes, Naruto había apoyado su mano sobre su corazón y de rodillas había rogado que lo perdonara. Ella se lo había concedido prontamente.
—Espero que no estés buscando una estrella, Naruto —gritó ella hacia él.
—Nunca jamás lo haré de nuevo —él juró fervorosamente.
Sakura abrió la boca, pero precisamente en ese momento una mancha blanca diminuta chispeó y desapareció, dejando un camino de caracol descendente por el cielo.
—¡Oh, mi Dios! ¡Naruto, mira! ¡Una estrella fugaz! —Ella apretó los ojos y deseó furiosamente.
—¿Qué has deseado? —él gruñó hacia abajo, a ella, rígido de tensión.
Cuando ella abrió los ojos de nuevo, dijo atrevidamente:
—No puedo decirlo. Es contra las reglas.
—¿Deseaste qué? —él rugió.
—¿Somos supersticiosos? —ella lo fastidió con una sonrisa.
Él la miró ceñudo cuando la mujer reanudó su camino para regresar al castillo. Mirando por encima de su hombro, le dedicó una mueca traviesa.
—Ten cuidado, Naruto. No te diré mucho, pero usé mi deseo para ti.
—¡No sabes cuán peligroso es estar tirando deseos ociosos, chica! —tronó él.
—Oh, este no era en absoluto ocioso —dijo ella alegremente antes de que la puerta se cerrara. En la terraza de Dalkeith, Naruto se hundió de rodillas y miró fijamente el cielo, buscando otra estrella y deseando desesperadamente... sólo por las dudas.
El vestido de Sakura susurró cuando se deslizó por el corredor. Mikoto le había dicho dónde podía encontrar a Sasuke y, después de un fuerte té de menta, le había contado algunas cosas que su marido no se había molestado en mencionarle. Como el hecho de que había destruido su amada guardería, aquélla sobre la que había fantaseado despierta mientras estaba en el siglo XX. Porque eso era lo que lo había apresurado a salir pareciendo tan preocupado por los pocos meses. Entró en la guardería tan silenciosamente, que Sasuke no la oyó acercarse.
Ella paseó sus dedos ligera y amorosamente encima de una muñeca exquisitamente tallada e hizo una pausa.
Él estaba arrodillado al lado de una cuna, frotando aceite en la madera con una tela suave. Vestido sólo con su kilt azul y plata, su pelo oscuro se desplomaba como una ola de seda hacia adelante. La guardería estaba iluminada con docenas de globos de aceite y brindaba a su torso poderoso un brillo de bronce. Sus ojos se estrechaban con la concentración y los músculos en sus brazos se ondulaban y estiraban mientras él frotaba. Sakura se apoyó contra la jamba y lo miró en silencio, contando los pocos muebles del cuarto. Muchos de los juguetes regresaban, pero todas las cunas y camas se habían ido. ¡Qué pasión fenomenal debía haber rugido a través de él!
—Supongo que debo sentirme adulada —dijo ella suavemente.
La cabeza de Sasuke se levantó con culpabilidad.
Sakura caminó en el cuarto, consciente de que sus pechos, mucho más llenos por el embarazo, oscilaban bajo su vestido, y que Sasuke parecía fascinado por la madurez de sus lujuriosas curvas. Habían hecho el amor esa tarde, desesperada, rápida y furiosamente, apenas después de salir de los jardines hasta el retiro de su alcoba. Mikoto había esperado toda una hora pacientemente antes de golpear la puerta y exigir ver a su nuera.
Cuando Sakura había sido atrapada para regresar al siglo XX y había temido que nunca volvería a intimar con su marido, los recuerdos de su pasión increíble habían caído en forma de cascada a través de su mente con furia agridulce y habían elevado su conocimiento de todas las cosas sensuales que había anhelado experimentar con Sasuke, pero se había negado. Aquellos largos, torturantes meses de deseo, acoplados con las hormonas exigentes de su embarazo, reforzaron su resolución ahora. Ella tenía hambre del amar lento, delicioso, que había temido nunca volver a experimentar de nuevo.
—¿Sasuke?
Él la miró fijamente, todavía agachado en el suelo, preparado para levantarse si ella se movía una pulgada.
Sakura se movió, deliberada y eróticamente. Se inclinó para recoger un soldado de juguete para que sus pechos amenazaran derramarse de su corpiño. Atrapó su labio inferior entre sus dientes y envió una mirada ardiente a Sasuke bajo sus pestañas bajadas. Él se levantó en un momento.
—¡Detente! —Sakura levantó una mano para detenerlo.
Sasuke se tensó a mitad de un largo paso.
—¿Qué deseas de mí, Sakura? —susurró el hombre roncamente.
—Te necesito —respondió ella con un jadeo. Él arremetió hacia adelante y ella levantó su mano de nuevo—. No, permíteme mirarte —dijo cuando lo rodeó despacio, caminando alrededor de él. Ella sonrió cuando los ojos negros se dilataron—. Cuando regresé a mi tiempo, una de las cosas que realmente quería aclarar, era una pregunta sobre los escoceses y sus kilts.
—¿Y esa pregunta era...?
—Te vi montar tu caballo un día.
—Sé que lo hiciste —él dijo nítidamente—. Estabas en la ventana junto a la guardería.
—¡Oh! ¡Lo hiciste a propósito!
Sasuke se rió, la travesura danzando en sus ojos, y eso aseguró la resolución de la joven. Si él podía provocarla... bien, dos podrían jugar ese juego. Ella vería qué bien él se manejaba jugando con sus deseos.
Caminando más cerca, Sakura puso su mano en su muslo musculoso, y lo miró provocativamente a los ojos. Los orificios nasales de Sasuke se dilataron, y sus ojos se oscurecieron bajo los párpados entrecerrados. Con su otra mano, ella arrastró el corpiño de su vestido y liberó sus pechos para que se derramaran sobre el escote. Se sentía deliciosamente perversa, sabiendo que sus pezones estaban rosados, erectos y rogando ser besados. Cuando él se inclinó hacia adelante, ella lo empujó atrás juguetonamente, resbaló su mano de su muslo, y la envolvió alrededor de su pene, encantada por su gemido ronco.
—Nada bajo este plaid, como lo sospechaba —observó ella atrevidamente.
—Sakura. Estás matándome.
—Sólo estoy empezando, mi amor —Ella envolvió sus dedos alrededor de su magnífica excitación y deslizó su mano de arriba a abajo sobre su duro miembro con una fricción aterciopelada.
Sasuke agarró sus caderas y bajó su cabeza para besarla; pero ella lo esquivó y rió cuando él enterró su rostro en cambio en sus pechos.
—Detente —ordenó.
—¿Qué? —él le preguntó incrédulo.
—Un paso atrás —lo animó—. No me toques hasta que yo te lo diga. Permíteme tocarte.
Sasuke gimió ruidosamente, pero permitió que sus manos se arrancaran del cuerpo femenino. Sus ojos eran feroces y salvajes, y Sakura sospechó que él no permitiría mucho más tiempo de esa tortura sutil.
La joven lentamente desabrochó su kilt y lo dejó caer al suelo. Su marido permaneció desnudo ante ella, su cuerpo de bronce brillando a la luz de las candelas, su verga dura que latía insistentemente.
Sakura trazó un camino fascinado y lleno de admiración sobre sus hombros y por su ancho y musculoso pecho. Acarició sus labios ligeramente con los suyos, besó su mandíbula, sus pezones, provocó su abdomen ondeado con su lengua, entonces se hundió de rodillas, su boca a pulgadas de su miembro, con sus manos extendidas en los muslos de Sasuke.
—¡Sakura!
Ella besó la dulzura de él y acarició con su lengua de arriba hacia abajo su longitud dura. Sasuke enterró sus manos en su pelo e hizo un sonido crudo profundamente en su garganta.
—¡Es suficiente! —él la levantó de un tirón y la retrocedió contra el estante bajo las ventanas. La levantó entre sus brazos, la depositó en el estante, y echó su vestido a un lado, abriendo las suaves piernas femeninas para acomodarse—. Ahora, Sakura. Te quiero ahora.
La besó profundamente mientras pujaba suave pero insistentemente en su invitante humedad. Sakura abrió la boca de placer cuando él la llenó completamente. Sasuke miró fijamente su rostro y tomó nota cuidadosa de cada temblor, cada gemido que escapó de sus labios, y cuando ella alcanzó convulsivamente el exquisito clímax, sólo cuando sintió el dulce temblor empezar, dejó de moverse completamente.
—¡Sasuke!
—¿Volverás a provocarme así, mi amor? —murmuró él.
—Absolutamente —contestó Sakura atrevidamente.
—¿Lo harás?
—Por supuesto. Porque sé que mi marido nunca me dejaría deseándolo. Así como yo nunca lo provocaría sin satisfacer sus deseos completamente. Por lo que satisfáceme, mi dulce laird de las Highlands. Llévame a Valhalla, marido.
Él rió suavemente; después empujó cuidadosa y suavemente en ella hasta que culminaron en un tempo perfecto. La intensidad de su unión, tan perfecta en cuerpo y alma, hizo llorar a Sakura con su maravilla.
Después, Sasuke cerró la puerta de la guardería y llevó a su esposa soñolienta y satisfecha al Cuarto del Pavo Real, donde la sostuvo en sus brazos toda la noche, maravillándose de la completitud de su vida con ella junto a él.
Mikoto sonrió cuando oyó cerrarse la puerta de guardería firmemente sobre ella. Todo estaba bien en Dalkeith-Upon-the-Sea. Hizo una pausa un momento soñador imaginando al pequeño que pronto bendeciría la guardería.
La vida nunca había sido más dulce.
Pero podría ser aún más dulce, Mikoto.
Los ojos de Mikoto se estrecharon pensativamente frente a la espalda de Kagami MacTarvitt mientras él permanecía de pie pensativamente ante el fuego. Una ola de culpa chocó sobre ella cuando recordó cómo él había regresado a ella esa noche luego de hablar con Sasuke, y ella se había vuelto fría con él, retirándose una vez más a la seguridad familiar de la formalidad.
La tensión en su sonrisa paciente era toda la reprobación que había recibido de él por su traición.
Mi amor, él la había llamado, y ella se había sentido tan llena de culpa, por tener amor cuando su hijo había estado tan solo, que se había negado a reconocerlo ante sí misma. ¿Cuánto más tiempo planeas desperdiciar, mujer?
Muy calladamente, Mikoto desató sus hebillas, librando el pelo negro y liso. Sus ojos que nunca vacilaban no se despegaron de la espalda de Kagami. Con una sonrisa de anticipación, echó su cabeza al revés, se peinó con los dedos los rizos despeinados, y entonces lo arrojó atrás, encima de su cabeza y permitiéndole desplomarse en una caída salvaje sobre su espalda.
¿Tantos años?
Ella deslizó nerviosamente su vestido, estudió la espalda masculina otro momento, y se encogió de hombros, desabotonando unos botones de perla en su cuello. Hizo una respiración profunda, temblorosa, mientras unas mariposas de alas de seda temblaban dentro de su vientre.
—¿Kagami? —ella llamó suavemente. Una vez decidida, se comprometió totalmente a no desperdiciar ni un precioso momento más.
Kagami enderezó su espalda y la miró brevemente por encima de su hombro.
Ella casi se rió en alto cuando sus ojos se ensancharon y él se volvió completamente para enfrentarla, su mirada recorriendo su melena salvaje, su escote abierto, sus labios entreabiertos.
—¿Mikoto?
Ella oyó cien preguntas en su única palabra, y se estremeció por el conocimiento de que ella tenía la respuesta correcta finalmente para dársela.
—He estado preguntándome una cosa, ¿sabes, anciano?—dijo ella, dando golpecitos al banco a su lado—. Esas manos tuyas... —Su voz se detuvo, una chispa perversa en sus ojos. Coquetamente, mojó su labio inferior en una invitación más vieja que el mismo tiempo.
—¿Sí? —había una nota ronca en la voz del hombre.
—Siendo que son tan talentosas y fuertes...
—¿Sí? —Sus cejas se alzaron. Su respiración quedó atrapada en su garganta cuando Mikoto hizo una sugerencia para esas manos, que asustó y encantó a Kagami MacTarvitt hasta el mismo núcleo de su alma.
Cuando Naruto finalmente bajó de la terraza esa noche y entró en el Gran Hall, ahogó un juramento y salió corriendo, en franca retirada, cerrando en seguida la puerta.
¡En el vestíbulo, de todos los lugares! ¡Mikoto! ¡Y Kagami!
—¡Och! ¡Amor! —refunfuñó a las estrellas que centelleaban sobre él con esplendor desapasionado.
Tres meses después, el llanto saludable de un bebé resonó a través de los vestíbulos de Dalkeith-Upon-the-Sea.
Sasuke Uchiha estallaba de orgullo, sentado junto a Sakura en la cama.
—¡Míralo, Sasuke! ¡Es perfecto! —exclamó Sakura.
—No es el único —dijo Sasuke roncamente, apartando el pelo rosa de su esposa hacia atrás.
Sakura le sonrió. Él había sostenido su mano a lo largo del parto y había alternado entre maldecirse y maldecirla por permitirle dejarla embarazada en primer lugar.
Pero habría muchas más veces, pensó Sakura, porque pensaba tener por lo menos media docena de bebés. Sasuke sencillamente iba a tener que acostumbrarse al proceso de traerlos al mundo.
Sakura tocó su mejilla, maravillada.
—Estás llorando —susurró.
—Lágrimas de felicidad. Me has dado una nueva vida, Sakura, una vida que yo nunca soñé que tendría.
Ella lo miró con adoración, su bebé acurrucado entre ellos.
Sakura podría haber permanecido así durante horas, pero Naruto entró entonces en el Cuarto del Pavo Real, ordenando a los guardias vivamente.
—Pónganlo allí, junto a la cama.
Sasuke echó un vistazo por encima de su hombro.
—Ah, la cuna. La terminé anoche. Sospecho que no la veremos mucho durante algún tiempo —Sasuke posesivamente atrajo a su diminuto hijo en sus brazos—. Debe dormir con nosotros durante un tiempo, ¿no crees?
—No creo que pudiera permitir que saliera de mi vista.
Sasuke asintió su acuerdo cuando estudió intensamente a su hijo.
—Mi mandíbula —dijo orgullosamente—. Simplemente mira bien ese ángulo fuerte.
Sakura rió.
—Ángulo terco —lo fastidió— y ya tiene tu pelo oscuro.
Detrás de ellos, Naruto hizo un sonido ahogado.
Sasuke echó un vistazo interrogante por encima de su hombro.
—Qué malditos infiernos... er, excúsame, milady —dijo a Sakura— y perdóname, pequeño— dijo al bebé—. Pero, ¿por qué tallaste esto en la cuna, Sasuke? —preguntó Naruto—. ¿No hemos tenido todos bastante de las malditas Hadas?
Sasuke levantó sus cejas, confuso.
—¿De qué estás hablando, Naruto? —Él abandonó a su hijo suavemente a Sakura y caminó hacia la cuna.
Se habían tallado fluidas letras profundamente en la madera. La cuna entera brillaba como si se hubiera cepillado con una rociadura de polvo de oro. Sasuke miró fijamente un largo momento las palabras que sabía que él no había puesto allí. Una sonrisa encorvó sus labios cuando leyó en alto a Sakura:
Recuerda esto, mortal: tienes tu propio tipo de
para siempre: la inmortalidad del amor.
Bendecido sé, Uchiha.
Mito, Reina de los Fae.
FIN
Continuará en: Como seducir a un Guerrero
NaruTema & SasuSaku.
