Un poni especial

Coco Pommel, una poni terrestre de pelaje blanco, una crin con dos tonos de azul y ojos del mismo color, se despertó lentamente de un sueño profundo, encontrándose con que se había quedado dormida en su escritorio diseñando un vestido, otra vez. Dando un vistazo a su reloj, vio que eran las 10 de la mañana, por lo que se dirigió con un bostezo a la cocina de su pequeño apartamento. Tras servirse una taza de café, volvió a su estudio, su salón, donde tenía un maniquí y cientos de telas cubriendo los sillones. Tras dejar su taza en una pequeña mesa de café, se dispuso a seguir trabajando, siguiendo el diseño que creo la noche anterior. Las horas pasaron lentamente hasta que escucho algo. Agudizando su oído, escucho a su amiga, Lois Article hablar con su casera, quien barría la entrada.

- Hola señora Rent, ¿está Coco en casa?

- Como siempre, querida, no ha salido de ahí desde que llegó ayer por la mañana del trabajo. Creo que me dijo que quería aprovechar los días libres que le dio Rarity en un proyecto.

- ¿Otra vez? Por Celestia, debo encontrarle pareja.

Ambas yeguas se rieron para despedirse poco después. Escucho atentamente como Lois subía las escaleras, y tras deducir que habría llegado a su planta, se dirigió a la puerta. En cuanto la escucho tocar, abrió rápidamente, sorprendiéndola un poco, pero se recupero en seguida y abrazo a su amiga. Se trataba de una yegua unicornio de pelaje amarillo claro con crin negra y una cutie mark consistente en una libreta con una pluma escribiendo encima.

- ¡Hola Coco!

- Un placer verte Lois- dijo con una sonrisa guiando a su amiga al salón, que suspiro al verlo tan desordenado.

- ¿Tanto te cuesta ordenar esto?- dijo en un tono molesto.

- ¿Yo te obligó a ordenar tu escritorio cuando trabajas en un artículo?

- Touché. Pero en serio, deberías salir más, ¿sabes lo que le dije a Rent?

- ¿Qué deberías buscarme pareja?

- Sip, por Celestia, ¿cómo es que siempre adivinas? Es como si escucharas a escondidas o algo- "te sorprenderías de lo que puedo escuchar", pensó Coco para sus adentros, recordando los problemas que tuvieron sus padres para ocultarle cualquier cosa, riendo un poco.

- Te conozco, supongo. ¿Qué te trae a mí casa? ¿Problemas con cierto pegaso llamado Olsen?- dijo con una leve risa al ver la cara completamente roja de su amiga.

- Po... por supuesto que no. Te he dicho mil veces que Jimmy es solo un amigo.

- Uno muy guapo- siguió pinchando Coco, recibiendo a cambio un golpe con una de sus almohadas.

- Será mejor que te calles, señorita Pommel, o no te daré ni un trozo de tarta.

- ¿Tarta? ¿Por qué?- Coco vio como el rostro de Lois pasaba de vergüenza y enfado a desconcierto total antes de empezar a reír.

- Santa Celestia, por favor, dime que no te has olvidado de tu cumpleaños.

Coco se detuvo donde estaba para mirar a su amiga, antes de ir a su calendario, y si, era su cumpleaños. Se volvió con un casco sobre su nuca en tono nervioso.

- Se me olvidó por completo.

Su amiga agitó su cabeza incrédula y divertida. Apartó el maniquí con su magia y lo guardo donde ella sabía que su amiga lo guardaba, ignorando sus quejas. Se acerco a ella y le pasó su pata derecha sobre el cuello.

- Chica, se supone que la fiesta es a las 9 de la noche, y yo tendría que ir al trabajo, pero al diablo. Esto es una emergencia, tu y yo saldremos a la ciudad.

- ¿Y tu trabajo? Yo también tengo...

- Ap, ap, ap... Soy la mejor periodista del Daily Planet, tengo algunos privilegios. Y en cuanto a ti, señorita, se muy bien que Rarity te ha dado unos días de vacaciones. Además, tus padres me matarían si te dejo trabajar en tu cumpleaños.

- Espera, ¿mis padres están aquí?- dijo Coco repentinamente emocionada ante la perspectiva de ver a sus padres nuevamente.

- Sip, les pague un viaje ida y vuelta a Manehattan. Y te he comprado otro para una visita de una semana a tu granja familiar, has estado quejándote de que lo echas de menos.

- Es... espera, espera. No puedo irme así sin más, la Boutique...

- Tarde, ya le envié una carta ayer a tu jefa explicándoselo, y dado que es el elemento de la generosidad, te lo va a permitir. Es mi regalo de cumpleaños, acéptalo.

Coco suspiro, pero sonrió enormemente abrazando a su amiga. La verdad era que deseaba volver a su casa en Smallcolt, descansar de la gran ciudad. Y también, practicar el ejercicio que no podía hacer ahí. Pasaron el resto del día entre tiendas, el gran parque de la ciudad y, para almorzar, la cafetería favorita de Coco, para disgusto de Lois.

- Oh, vamos, si es perfecto- dijo Coco con una sonrisa.

Se habían colocado en una de las tres mesas de la pequeña cafetería, comiendo platos de la comida favorita de la poni terrestre, hamburguesas de heno con papas y heno frito de guarnición. Lois observo con un poquillo de asco como su amiga se ensuciaba el hocico con salsa de tomate.

- Ya... ¿En serio tienes que comer de esa forma? Vas a acabar engordando con esa manera tuya de comer.

- Na, no creo.

"Si no puedo ni pillar un resfriado, no se si engordar entra en mis posibilidades". Ese pensamiento puso relativamente triste a Coco al percatarse, no por primera vez en su vida, de lo diferente que era de un poni común. Por suerte para ella, su amiga estaba demasiado ocupada tratando de comer su propia hamburguesa sin mancharse. Cuando el sol empezó a bajar, ambas yeguas se dirigieron a la casa de Lois para la fiesta. Según esta misma, la casa de la cumpleañera era demasiado pequeña para una fiesta en condiciones. Cuando entraron en el amplio salón, Coco pudo ver a algunos de sus colegas diseñadores, Jimmy Olsen, su casera Rent y sus padres, dos ponis terrestres, su padre Field Sickle, de pelaje marrón claro y crin negra con ojos azules, y su madre Spring Flower, de pelaje blanco y crin rosada con ojos ambar, a los que fue a abrazar de inmediato.

- ¡Mamá, papá! Os he echado de menos.

- Y nosotros a ti, preciosa- dijo su padre con una sonrisa.

- ¿Como esta mi pequeña diseñadora?- dijo su madre en un tono alegre.

Durante el resto de la velada todo fue alegría y diversión, y para cuando dieron las 11 de la noche, Coco acompaño a sus padres hasta su hotel, quedando en ir a buscarlos al día siguiente para ir con ellos a la estación. Al llegar a su edificio, se encontró con una carta junto a un paquete en su buzón, y tras coger ambas cosas, subió a su piso. Una vez dentro, se fijo que la carta era de Rarity, escrita desde Ponyville. En su rostro se pinto una sonrisa al ver que Rarity le había permitido dos semanas enteras de vacaciones. Centrando su atención en el paquete, vio que también era de Rarity, y tras desenvolverlo se topo con un sombrero de campo azul claro bastante elegante con una joya roja en su lazo de color blanco.


Tanto ella como sus padres se sentaron en un compartimento del vagon de tren, observando como el paisaje pasaba de urbano a rural. Sabiendo que aún quedaba bastante de viaje, Coco sacó su libreta y se puso a terminar algunos diseños dejados a medias. Con un rápido vistazo a su padre, se decidió a preguntarle algo que quería preguntar desde que lo vio.

- Papa- dijo, esperando a tener su atención para continuar-, los terrenos que bordean nuestra granja, ¿siguen estando libres?

- Sip, perfectos para correr- dijo Field con un guiño de complicidad.- Se que no has podido hacerlo en esa ciudad tuya, aún no sé porque fuiste ahí.

- ¿No es obvio? Nuestra pequeña no podía triunfar en un pequeño pueblecito, aunque no estoy contenta con su comportamiento los primeros años- dijo Spring con un toque de regaño, haciendo que Coco suspirara.

- Mamá, ya te he dicho que lo siento. Me deje llevar y era bastante más inocente. Supongo que pensé que en la gran ciudad había que comportarse de esa manera.

- Yo no te enseñe así, jovencita. Pero lo pasado, pasado está.

Unas horas después, llegaron al pueblo, y tras saludar a unos pocos conocidos de la infancia, Coco fue junto a sus padres a su antigua granja. Tras dejar sus cosas en su antigua habitación, salió al porche trasero de su casa, respirando profundamente el aire del campo. Echando un vistazo a su alrededor para asegurarse de estar sola, miro frente a ella, encontrándose kilómetros de terreno. Agradeció que hoy no estuvieran los trabajadores de la granja y se preparó. Se quito su sombrero y su corbatilla, dejándolos en la silla mecedora de su padre y bajo las escaleras, sintiendo la tierra bajo sus cascos. Poniéndose en posición para correr, respiro hondo, escuchando atentamente, y al oír solo a sus padres, sonrió.

Desapareciendo en una estela blanca y azul, empezó a correr por esos kilómetros de terreno, esquivando ágilmente los diversos cultivos. Viendo el bosque de su infancia acercarse rápidamente, tomó otro impulso y se adentró en el mismo, evitando los árboles y saltando sobre varios troncos caídos. Empezó a reír alegremente mientras sentía el viento en su rostro. "Por Celestia, como he echado de menos esto", pensó con una sonrisa. Derrapo cuando llegó al borde del camino, junto a una cascada y un río en la zona baja. Se acostó en el terreno y suspiro feliz, estando nuevamente en su pequeño lugar tranquilo, sintiéndose cómoda por primera vez en mucho tiempo, sin la presión de aparentar ser un poni normal. Al cabo de una hora, sus orejas se movieron repentinamente al escuchar un susurro en el aire. Concentrándose, pudo escuchar de que se trataba de su madre.

- ¡Cocooooo!

Con un suspiro, Coco se levantó y volvió por donde vino, escuchando cada vez con más calidad la voz de su madre. Saliendo del bosque, apresuró el paso, y en cuestión de un minuto, derrapo frente a su casa, lanzando un poco de tierra a su alrededor, manchando el porche, pero sin llegar a su madre, que la miraba con el ceño fruncido.

- ¿Cuántas veces te he dicho que frenes a más distancia del porche?

- Lo siento, me he dejado llevar, llevo como un año sin poder correr a gusto.

- Sin escusas, jovencita- dijo su madre con el mismo tono, pero calmándose poco después.- Vamos, el almuerzo está listo.

Coco entro a su casa, colocándose su corbatín y colgando el sombrero de un perchero cercano. Cuando entro en la cocina, olio encantada el aroma de la comida casera de su madre, sentándose junto a su padre, que le sonrió con alegría.

- Hola, pequeña, ¿qué tal el paseo?

- Fenomenal, las cascada sigue igual que siempre- dijo con una gigantesca sonrisa en su rostro.

- ¿Sabes que tu hija ha dejado perdido de tierra el porche trasero? Dile que debe frenar a más distancia, a ver si a ti te hace caso- dijo Spring colocando la comida en los platos.

- ¿Destrozaste algún cultivo?

- Nope.

- Entonces no hay de que preocuparse, el porche se puede limpiar.

- Tu siempre malcriandola- hablo Spring mientras colocaba los platos de comida en la mesa.

- Es mi niñita, es mi deber- dijo dándole un codazo cariñoso a su pequeña.

Con una sonrisa, Coco se puso a comer alegremente, saboreando la comida que había echado tanto de menos. El resto de la tarde se pasó ayudando a sus padres en las diversas tareas y jugando con su madre a varios juegos de mesa. Al caer la noche, Coco fue hasta el granero, donde su padre había estado desde las 5, encontrándolo trabajando en un antiguo carro de mercancías.

- Mamá dice que vengas a comer- dijo apoyándose en la puerta. Su padre la miró y esbozo una sonrisa.

- En un segundo, solo quiero ver si puedo reparar esta cosa. La unión de las ruedas traseras está rota, pero no puedo alcanzarla.

Coco se acerco con un suspiro, sabiendo cuando su padre le pedía ayuda indirecta. Colocando sus cascos delanteros sobre el lateral, levantó el carro y lo colocó cuidadosamente de lado, dejando a casco la unión rota. Su padre asintio satisfecho, y se puso a trabajar en la misma, terminando unos minutos después. Cuando Coco volvió a colocar el carro como antes, su padre sonrió.

- Vamos antes de que tu madre nos mate.

Con una risa conjunta, padre e hija avanzaron hasta la casa.


Eran aproximadamente las 11 de la noche y Coco se encontraba en su porche trasero, apoyando sus patas delanteras en la barandilla y mirando el cielo estrellado, sintiéndose, no por primera vez, completamente sola. Mientras observaba las estrellas, pensó una vez más en la historia que tantas veces le habían contado sus padres, el día en el que la encontraron.

"Dos ponis terrestres se encontraban en un camino de tierra, a kilómetros de Manehattan, tratando de arreglar una carreta de carga, o al menos, eso hacía el semental. Su esposa observaba la escena, sentada en un lado del camino y con una mirada irritada. Spring Flower observo el tren que se veía a la distancia con el disgusto claro en su rostro.

- Te dije que cogieramos el tren, pero noooo, teníamos que ir a casco.

- ¿Dónde diablos esta tu sentido de la aventura?- contestó su marido, Field Sickle.

- En casa, de vacaciones. ¿Seguro que revisaste esa cosa antes de salir?

- Sip, pero que quieres que le haga, esta cosa esta muy cascada.

Spring suspiro por centésima vez, harta y a la vez divertida de la actitud de su marido. Se suponía que debían llegar esa noche a Manehattan para la gran feria anual. Sin embargo, ese accidente les pasaría factura. Su mirada se dirigió al cielo, que ya empezaba a oscurecer, percatándose de algo peculiar. Algo muy parecido a una estrella brillaba con fuerza en lo alto, cosa que le extraño, pues la noche aún no había llegado, y fue aún más extraño al ver su tono rojizo y que cada vez parecía más grande y cercano.

- ¿Qué diablos...?

Eso alertó a su marido, que miró a su esposa, para luego observar aquello que la sorprendía tanto, viendo justo a tiempo esa estrella pasar por sobre sus cabezas y estrellarse a varios metros de distancia. Spring observo la columna de humo antes de girarse a su marido y empezar a caminar hacia el objeto estrellado. Field corrió para colocarse frente a ella estupefacto.

- ¡¿Estas loca?! No sabemos lo que es. Podría ser una estrella a punto de explotar o un enemigo antiguo de la princesa. Propongo dejar la carreta y marcharnos.

- ¿Dónde diablos esta tu sentido de la aventura?- dijo su esposa con una sonrisa maliciosa.

Ignorando sus protestas, Spring avanzó hasta el objeto, y, con un gemido, Field la alcanzó poco después. El objeto empezaba a soltar cada vez menos humo, y fue entonces que ambos ponis escucharon un sonido familiar, deteniéndose en el acto. El llanto de un bebe.

- ¿Qué diablos hace un potro aquí?- dijo Field mirando a su esposa.

Está empezó a galopar, siendo seguida por su esposo poco después. Al llegar se toparon con el objeto estrellado, una especie de huevo gigantesco del tamaño de un carro pequeño con una lámina de cristal alzada, dejando al descubierto una pequeña cabina. Ahí, embuelta en una manta roja, había una pequeña potra de pelaje blanco, crin azul de dos tonos y ojos del mismo color junto a un collar del que colgaba un cristal blanco que brillaba con toques azules a diferentes intervalos de tiempo. Los ponis mayores se miraron entre ellos asombrados antes de volver a mirar a la pequeña, que fijo sus ojos curiosos en ellos."

- ¿Pasa algo cariño?

Coco se volvió y vio a sus padres adoptivos mirándola con preocupación, no era la primera vez que la veían así. Con un suspiro y una débil sonrisa, la poni terrestre volvió a mirar al cielo.

- Sólo pensaba en la historia de cómo me encontrasteis. Yo... me preguntaba porque mis padres, es decir, los biológicos, me abandonarían aquí. Ni siquiera me dejaron un libro para saber de donde venía.

Ambos padres se miraron entre ellos y asintieron. Spring entró en la casa nuevamente mientras Field se acercaba a su hija.

- Cariño, creo que es hora de que te demos algo que encontramos junto a ti. Si no te lo hemos dado, es porque estábamos esperando el momento adecuado, y creo que este es ese momento.

Coco miro confundida a su padre, hasta que noto que su madre volvía al porche con algo envuelto en un pañuelo, agarrándolo con su boca. Cuando su hija extendió el casco, lo dejó caer sobre el mismo, revelando un collar con un pequeño cristal blanco con un escudo en la parte superior, uno que mostraba una "S". El cristal comenzó a brillar en un tono azul, relajando a Coco bastante.

- ¿Qué es esto?

- No lo sabemos, pero vino contigo y creemos que tus padres te lo dejaron a ti- dijo su madre.- Siempre hemos escuchados algunos susurro de ahí, pero nunca logramos entenderlo.

En ese momento, Coco escuchó una voz una muy familiar, pero que no entendía. El idioma que hablaba era uno completamente distinto al ecuestrian, pero sabía en el fondo de su mente que lo había escuchado en alguna parte.

- Te enviaron aquí con un objetivo, hija- continuo su padre, colocándole un casco en su hombro.- Y creo que fue para algo bueno. Un día, harás grandes cosas, y todas buenas.

- Pero no te adelantes a ello, puede ser algo peligroso y no estoy segura de que te acepten sin más- dijo su madre en un tono preocupado.

- Por favor, nuestra pequeña es muy capaz.

Coco miro el cristal brillante, colgándoselo al cuello antes de abrazar a sus padres.


El sol salió poco a poco, iluminando los campos con su luz dorada. En su habitación, Coco observaba el cristal, insegura de que hacer. Dando un suspiro, se colocó el cristal nuevamente al cuello y bajo a la cocina, encontrando a su madre preparando el desayuno. Al no escuchar a su padre por ninguna parte, empezó a preguntarse donde estaría.

- ¿Dónde está papá?

- Fue a los campos a trabajar. Ese poni, ni siquiera espero a que el sol saliera para empezar a trabajar. Hazme un favor, toma tu desayuno y ve a ayudarle.

Coco dio una pequeña risa e izo lo que le pidió. Cuando salió al porche trasero, vio a su padre con una hoz en su casco derecho segando el trigo. Se detuvo un momento para secarse el sudor de su frente y se giro para ver a su hija. Con una sonrisa, empezó a acercarse, pero se detuvo en seco a medio camino. Coco frunció el ceño al notar que algo que siempre había escuchado junto a su padre durante años empezaba a debilitarse, sin saber muy bien que era. Pero al ver el gesto de dolor de su padre, su casco derecho aferrando su pecho y su mirada preocupada, supo exactamente que era ese ruido.

- ¡PAPÁ!- grito antes de correr hacia el, deteniendo su caída.

Escucho a su madre salir al porche trasero y jadear de la impresión. Por su parte, Coco vio como su padre lo observo por última vez, colocando su casco en el pecho de su hija, justo sobre su corazón.

- Se... un... buen... poni...

Y con esas palabras, su vida se apago, arrancando un grito de dolor de su hija.