A Rey le gustó Ahch-To aún antes de aterrizar. Desde el Halcón Milenario observó que casi todo el planeta estaba cubierto por agua y las islas rocosas emergían salpicando caprichosamente el paisaje. El océano se extendía hasta el límite con el cielo nublado, generando toda clase de reflejos azules, blancos y verdes. Era el lugar que había visto en sus sueños antes de saber acerca de Luke Skywalker y su exilio voluntario, y le gustaba porque era tan diferente a Jakku como la noche al día.

Y hasta allí le habían llevado las pistas para encontrar al último Jedi.

La Resistencia le enviaba junto con sus mayores expectativas para convencerlo de unirse a la lucha contra la Primera Orden. Pero Rey sospechaba que no iba a ser tan fácil.

¿Cómo iba a hacerlo, si su propia hermana, General Leia Organa, había intentado localizarlo sin éxito durante años? ¿Y si Luke ya no estaba allí? O peor, ¿Si él no quería ayudarlos?

Hasta donde ella sabía, el Maestro Jedi Skywalker era la última oportunidad que tendrían para ganar. Y la única persona que podría enseñarle a controlar y conocer su propio -y muy reciente- despertar de la Fuerza.

«No. En realidad no es el único que puede.»

La joven descartó la idea incluso antes de considerarla. Su ansiedad se convirtió en ira al recordar la pelea con Kylo Ren en la Base Starkiller y las palabras que él le dijo mientras intentaba asesinarla. Era ridículo. Pero no iba a hacer lugar a pensamientos oscuros, tenía que concentrarse en su tarea.

A su lado en el asiento de copiloto, Chewie le avisó que pronto podrían aterrizar en la isla y señaló una zona de piedra plana junto al mar. Rey se preparó mental y físicamente para lo que venía a continuación.

Mientras subía por la empinada escalera, repasó los acontecimientos que le llevaron hasta ese lugar. ¿Cómo había terminado envuelta en esa lucha? A decir verdad todo sucedió tan rápido que era increíble que sólo unos días atrás estuviera intercambiando piezas de chatarra por comida en Jakku.

Después de eso, Takodana, el instante en el que su viaje realmente comenzó: sus primeros pasos en la Fuerza. Y aunque en el camino había encontrado amigos y algo parecido a una familia, su mente volvía siempre a los momentos más nefastos.

Porque ese día tuvo el honor de conocer a su mayor enemigo, primero a través de las visiones del sable de Luke, luego en persona en el bosque -con secuestro incluido-. Rey estallaba de enojo al pensar en Kylo Ren, su máscara y su sable en forma de cruz.

Había logrado escapar de su cautiverio aquella vez casi sin saber lo que hacía, demostrándole a Kylo que también era una usuaria de la Fuerza. Rey se consoló recordando el desconcertado rostro de él, el pánico que invadió su mente, lo vulnerable que se sintió cuando ella logró entrar en su mente.

Pero desechó esos sentimientos que se acercaban peligrosamente a la compasión. Kylo era su enemigo y la quería ver muerta junto con la Resistencia. Si había sido capaz de asesinar a su propio padre sin dudarlo, seguramente la mataría apenas se le presentara la oportunidad.

Porque Rey no iba a darle el gusto, se entrenaría y lo derrotaría.

Sonrió con satisfacción al pensar que casi lo había hecho y la herida abierta en su pálido rostro se encargaría de recordárselo, porque estaba segura de que no iba a cicatrizar jamás. Ella no tenía ninguna duda de eso y aferrándose a esa premisa subió los últimos escalones de piedra.

Kylo Ren abandonó la sala del trono del Supremacy lleno de odio.

Su Maestro Snoke le había humillado de nuevo pero se juró a sí mismo que sería la última vez. No iba a ser fácil porque ocupaba gran parte de su mente desde hacía mucho tiempo. Sólo le quedaban algunos rincones a los que no podía llegar su venenosa manipulación.

Además, no le quedaba nada por perder porque había entregado todo al Lado Oscuro. No lo lamentaba tampoco, no tuvo otra opción. Tal vez podría haber actuado de manera diferente si las circunstancias hubieran sido otras.

ÉL sabía en el fondo que las cosas debían seguir su curso: pasaría las últimas pruebas y por fin dejaría de ser un aprendiz, obtendría poder por sobre todos y seguiría los pasos de su abuelo Darth Vader, terminando con su obra.

Pero por un momento se permitió dudar. ¿Qué le esperaba al final de todo eso? ¿Por qué quería hacerlo, realmente?

«No. No me permitiré sentir debilidad. No de nuevo.»

Snoke le había acusado de tener aún mucho del corazón de su padre, Han Solo. Y Kylo sabía que tenía razón porque después de haberlo asesinado no se sentía mejor, no se sentía más poderoso, al contrario. Siempre había controlado sus emociones con éxito, enterrándolas y distanciándose de todo, pero ahora lo único que podía ver en su mente una y otra vez era el rostro atónito de su padre mientras la vida lo abandonaba. Cargaría con ese peso hasta su propia muerte.

Para llegar al lugar en el que se encontraba había pasado numerosas pruebas, sacrificando lealtades, lazos familiares y hasta su cordura. Incluso su propia felicidad.

Cedió al menos ante el impulso de recordarse que nunca tuvo opción. No realmente.

Nadie, ni siquiera las personas que debían velar por él, se había molestado en escucharlo. Su vida parecía estar predeterminada incluso antes de nacer a causa de su soberbio legado.

Un pequeño y rebelde pensamiento, como un eco lejano, se alojó en su mente. No pudo elegir y decidió con los medios que tenía a alcance, pero ¿Tenía opción ahora? ¿Era realmente demasiado tarde para volver?

Kylo recordó la noche de la destrucción del Templo de la nueva Orden Jedi de Luke. Esa noche fatídica que marcó el curso del resto de su vida. Su propio tío había intentado asesinarlo mientras dormía, le tenía miedo, lo veía como a un monstruo. Cuando Luke entró a su cabaña y encendió el sable láser, la reacción lógica fue defenderse.

Por eso su tío era el único culpable, debía protegerlo y guiarlo, enseñarle que su poder no era ordinario. Estaba claro que el destino le tenía reservado a Kylo el camino difícil. Y luego, el templo en llamas. Por primera vez obtuvo una prueba de la grandeza de su poder. ¿Pero había él causado esa catástrofe?

Como una espina dentro de su mente, volvía a esa noche intentando entender. No podía dejar el pasado atrás. Esa noche pensó por última vez en Leia, consideró volver a ella y pedir ayuda. ¿Por qué no lo hizo? Snoke estuvo ahí con él y lo convenció de que era inútil regresar. Solamente le quedaba seguir adelante, cada vez más lejos, mientras su mundo desaparecía y se convertía en pura oscuridad.

Así eran las cosas. No pudo volver esa noche y no lo haría ahora. Desde entonces tenía numerosos pecados en su haber, de toda clase, incluido el parricidio.

Una vez en el turboascensor, Kylo miró la máscara en su mano derecha como si no la reconociera. La usaba para evitar que todos reconocieran las similitudes físicas con sus padres, los héroes de la Nueva República. Pero la realidad era que él no quería verlas. Con la máscara imponía terror y las emociones no existían, sólo la oscuridad.

La carroñera se había encargado de dejarle un pequeño recuerdo de que todo podía romperse en pedazos de momento a otro.

Se balanceaba en una cuerda floja desde unos días atrás cuando sintió en Rey la magnitud de la Fuerza. En su arrogancia pensó que podría dominarla, moldearla a su gusto, convertirla en algo parecido a él. Pero ella era impredecible, poderosa. Era especial. Kylo no podía comprender la razón, pero necesitaba hacerlo.

La carroñera, ignorante de los misterios de la Fuerza, casi lo había aniquilado.

La cicatriz en su rostro no sanaría pronto y Kylo temía porque además de una herida superficial, era un símbolo de que ella podría vencerlo.

Ella podría quebrarlo, si es que no lo había hecho ya.

«No lo voy a permitir.»

Fuera de sí, estrelló el casco contra la pared una y otra vez hasta que quedó reducido a añicos.

El encuentro con Luke no había salido como Rey esperaba. El honorable e insufrible Maestro Jedi pasó caminando a su lado ignorando su presencia, después de haber arrojado el sable láser que Rey le ofreció. Frustrada, tomó el arma y comenzó a caminar detrás de él. Seguiría insistiendo.

Pero después de varios intentos por captar la atención de Luke, se dio por vencida.

La joven se concedió solamente cinco minutos para inspirar profundamente y calmarse antes de gritarle al anciano lo que realmente pensaba de él y de su exilio. Pero el paisaje era tan perfecto que su enojo se fue volando con la primera brisa.

Algo a su alrededor, sin embargo, se sentía extraño. Era un zumbido, una especie de vibración detrás de su cabeza, así que giró para averiguarlo.

Kylo Ren estaba a unos metros de ella, sosteniendo su máscara con un gesto indescifrable.

«No puede ser.»

Rey se tapó la boca con la mano para no gritar y casi tropieza con una roca al intentar retroceder. Parecía que Kylo no podía verla, pero de todas maneras estaba demasiado conmocionada como para averiguarlo. Y unos segundos antes de desaparecer, él fijó su mirada en ella con sorpresa.

Ella miró hacia todos lados tratando de convencerse de que no alucinaba. La impresión fue breve pero real y estaba segura de que él la había visto también. Decidió no decir nada. Que la acusaran de perder la razón no tendría lugar en su acrecentada lista de problemas.

En efecto, Kylo había visto a Rey. Y estaba aún más lejos que ella de comprender lo que acababa de pasar. ¿Era obra de la Fuerza? ¿Tenían ellos dos alguna clase de vínculo?

Rey pasó las siguientes horas persiguiendo al Maestro Luke por toda la isla. Aunque finalmente había conseguido que escuchara su petición, gracias a la ayuda de Chewie, aún no lograba convencerlo de abandonar Ahch-To y mucho menos de que le enseñara los intrincados caminos de la Orden Jedi.

Es por eso que decidió hacer guardia frente a la puerta de su cabaña de piedra, intentaría ganarle por cansancio. Su obstinación sería su mejor arma. Pero esa noche el jedi salió sin que ella se diera cuenta, mientras dormía plácidamente en un incómodo banco de piedra. Sus años en Jakuu le habían preparado para cualquier eventualidad.

No estaría sola por mucho tiempo, porque la Fuerza decidió probar suerte de nuevo en ese instante.

La vibración del enlace no fue lo suficientemente fuerte como para despertar a Rey, que no se percató de la presencia de Kylo en ningún momento. Pero él sintió que algo anormal sucedía y fascinado por el misterio, caminó a tientas en la oscuridad hasta que el cielo despejado de la isla le permitió ver el rostro de Rey.

Pensó que la carroñera se veía diferente mientras dormía, más joven, aunque tampoco podía asegurar su edad real. También se le ocurrió que sería una excelente oportunidad para terminar con su vida pero algo lo detuvo, no era su estilo atacar por la espalda.

«Eso había intentado hacer Luke con él, después de todo.»

Mientras se acercaba a la joven durmiente, no pudo evitar admitir que era muy hermosa. Sus largas pestañas temblaban apenas y arrojaban algunas sombras sobre su rostro. Kylo recordó su mirada feroz en el bosque de la Base Starkiller y se apartó un poco por precaución. Quizás ella no estaba dormida y todo era una trampa para acabar con él.

Pero antes de emprender la retirada, el murmullo de algunas incoherencias entre sueños captó su atención. Rey se removía y apretaba los dientes, seguramente a causa de una pesadilla.

"¡Serpiente asesina!"

Kylo contuvo la respiración unos instantes. ¿Acaso soñaba con él? Eso lo alegró bastante porque era evidente que aún podía torturarla en sueños.

"¿Ben?"

La sonrisa abandonó su rostro. ¿Por qué había pronunciado el nombre que tanto odiaba, el que quería olvidar? ¿Qué sabía ella?

Rey abrió los ojos un segundo antes de que la conexión se interrumpiera, pero fue suficiente como para ver el rostro de Kylo en penumbras antes de que se diluyera con la noche.

«Definitivamente eso no fue una pesadilla normal.»

La tercera vez que se vieron ya no se mostraron sorprendidos. Admitieron con un poco de pesar, que así eran las cosas entre ellos ahora: estaban condenados a tener que pasar algún tiempo juntos aunque no lo desearan.

Ninguno de los dos podía controlar la duración ni el momento de la conexión, pero podrían aprovechar la situación para conocer los puntos débiles del otro y obtener ventajas en futuras peleas. O simplemente podrían pasar el rato mirándose con antipatía o insultándose, pero pronto eso dejó de ser divertido.

En el fondo ambos reconocían que esperaban esos momentos, que se sucedían cada vez con mayor frecuencia.

Kylo sabía que Rey estaba con Luke a pesar de que no podía verlo con sus propios ojos. Una parte de él quería advertir a Rey de que su idolatrado Maestro era débil y que estaba desperdiciando su natural talento para la Fuerza con él. Disfrutaba provocarla con frases hirientes pero rey siempre contestaba con algo peor.

Él siempre se quedaba con la sensación de que quería pasar más tiempo con ella. Jamás admitiría en voz alta que disfrutaba escucharla cuando no estaba gritando o arrojándole cosas.

Por su parte Rey sabía ahora mucho más acerca del pasado de Kylo como Ben Solo. Escuchó las versiones opuestas de ambos sólo para descubrir que no podría dar crédito a ninguna de las dos. Luke le ocultaba cosas y Kylo tenía sus propios propósitos. Sin embargo, se dejaría llevar por su propia percepción: ella sabía que Ben todavía estaba allí, en alguna parte, dentro de su enemigo.

Las conversaciones entre ellos no siempre salían bien, pero Rey reconocía que Kylo sabía escuchar. Había algo un poco perverso en todo eso, pero ella prefería pensar que estaba en el medio de una misión por rescatar el alma de Ben y así acabar con el conflicto desde adentro, sin muertes innecesarias, sin tener que luchar con armas.

En efecto, Rey era ambiciosa. Y por alguna razón ninguno delató al otro, el secreto era un acuerdo implícito.

A la joven solamente se le pasaba la frustración entrenando, y durante esos días lo hizo muchas veces. La relativa calma de la isla y la ausencia de otras personas a las cuales pudiera herir eventualmente convertían a Ahch-To en el sitio perfecto para practicar sus poses de lucha. La inestabilidad del clima no le desanimaba, de hecho, la lluvia y las tormentas eran las cosas que más amaba del lugar.

Solamente los Porgs miraban con sus grandes ojos curiosos cada vez que el sable azul impactaba sobre las rocas, cortándolas con golpes limpios. Las pequeñas criaturas aladas emitían gritos agudos que distraían un poco a Rey, pero pronto empezó a llevarse bien con ellos y hasta le hizo lugar dentro del Halcón para que construyeran un nido. O ellos se adueñaron de su espacio personal, Rey no estaba tan segura del orden de los hechos.

En sus descansos los observaba con diversión, los animalitos eran simpáticos y bastante inquietos y huidizos. La única mala costumbre que tenían era la de robarle sus cosas. En más de una ocasión tuvo que perseguirlos por la isla para que le devolvieran algún efecto personal.

Ese día ella estaba en uno de sus descansos de rutina y había dejado a un lado el sable de luz aprovechando la calidez del sol de la mañana. Uno de los porgs se acercó despacio y sin que se diera cuenta lo tomó con sus patas, levantó vuelo con dificultad, y se escapó chillando. Un grupo bastante grande de admiradores se le unió en su fechoría y para cuando Rey se percató de lo que sucedía, estaban lejos.

Levantándose de golpe, comenzó a correr detrás de ellos, divertida al principio. Pero a medida que se acercaban a un acantilado, la sonrisa abandonó su rostro. El arma era pesada, ¿Y si la dejaban caer al agua? Los porgs sabían nadar, así que no era un problema. Pero rey no quería saber nada con tener que practicar habilidades de natación que ni siquiera sabía si tenía o no.

Con largas zancadas pronto alcanzó al causante de la interrupción y mediante La Fuerza intentó detenerlo. El porg, con sus ojos saltones y expresivos, quedó congelado en el aire y empezó a mover frenéticamente sus cortas alitas. El sable de luz de Rey le resultó tan pesado que tuvo que soltarlo, sano y salvo, al borde del precipicio.

Más tranquila, Rey se acercó y lo rescató de su castigo, aunque al animal no parecía molestarle en absoluto la clase de levitación. Cuando se dejaban atrapar, los porgs eran adorables. No eran tan pesados como su estructura lo aparentaba porque estaban cubiertos de una espesa capa de plumas a prueba de agua. El pequeño malhechor se removía un poco en el abrazo de la joven pero no intentó escapar.

Cuando Rey sintió el aviso de una nueva conexión en la Fuerza, ya era tarde para soltarlo. No es que pudiera simplemente arrojarlo por el acantilado, aunque de momento olvidó que la criatura no iba a sufrir daño alguno. Sólo atinó a sujetarlo firmemente y trató de esconderlo de cualquier manera, a sus espaldas.

—Otra vez tú— La voz de Kylo congeló a Rey en su sitio. — ¿Qué haces? ¿Qué tienes ahí?

Miró a Rey interesado en su poco convencional comportamiento.

—Nada de tu interés. — Rey se movía de manera extraña mientras el porg intentaba liberarse de su cautiverio.

—No me digas que he interrumpido tu almuerzo. Últimamente siempre que la Fuerza nos conecta, tú estás comiendo. — Eso no era verdad, pero Kylo solamente quería provocarla. Le gustaba verla enojada por pequeñeces.

Rey no se lo tomó demasiado bien y abrió la boca para contestarle algo que lo pondría definitivamente en su sitio. Pero no pudo hacerlo porque el porg se escapó y salió volando justo directo hacia Kylo.

«¡Oh, no...!»

Sin que pudiera evitarlo, el pequeño ser alado atravesó las dimensiones del enlace y comenzó a dar vueltas por la habitación en la que se encontraba Kylo, saliendo del campo visual de Rey.

— ¿Qué kriff es eso?— Kylo miraba hacia los costados tratando de ubicar y exterminar al invasor, que chocaba contra los muebles y los droides dentro del cuarto.

—No es nada… ¡Nada!

Rey quería golpearse la cabeza contra una pared. Los porgs eran nativos de Ahch-To y sólo crecían en ese lugar. Si Kylo investigaba un poco, no le sería nada difícil hallar la ubicación de la isla. Y a ella no le cabía la menor duda de que iba a hacerlo.

—No parece que sea nada. Descuida, ya lo encontré. — Kylo finalmente observó al insignificante animal que casi había destrozado su habitación. Su cerebro rápidamente tomó nota mental de la apariencia de la criatura y pronto una sonrisa de triunfo cruzó sus labios. —Así que ahí estás…—Girando para encontrar la mirada de Rey, se regocijó con el pánico en sus ojos. —Puede que piense en hacerles una visita pronto a Luke y a ti.

Y luego desapareció. La conexión se había terminado y Rey se desplomó en el suelo sin saber qué hacer.

«Piensa, y pronto. Él vendrá hasta aquí. Debo advertir a Luke, pero si lo hago me preguntará cómo lo sé y tendré que revelarle lo de nuestras conversaciones.»

— ¡Oh, por la Fuerza! ¿Por qué me pasan estas cosas?

Se incorporó rápidamente porque no tenía tiempo que perder. Seguramente mientras pensaba todas esas cosas, Kylo ya estaba con un pie en su nave. Enganchó el sable en su cinturón y comenzó a correr hasta las cabañas de piedra pero Luke no estaba allí. Probablemente estaría ordeñando a una sirena Thala y bebiendo ese horrendo líquido verde.

Pero su maestro pronto apareció ante ella.

— ¿Qué pasa, Rey?— Luke se dio cuenta de que algo andaba mal por el rostro desencajado de la joven.

— ¡Maestro! ¡Debe abandonar inmediatamente la isla, Kylo Ren se dirige hasta aquí!— Rey hablaba casi sin aliento por la carrera.

— ¡Cálmate, niña! ¿Qué es lo que dices?— Luke perdía la paciencia a veces con ella. Era demasiado enérgica, demasiado emotiva.

—Kylo descubrió donde estamos o lo averiguará muy pronto, y vendrá hasta aquí. Debe irse ahora mismo con Chewie en el Halcón. Yo me enfrentaré a él…—Rey se serenó poco a poco, lo suficiente como para poder explicarse con mayor claridad.

—Espera un momento. —Luke levantó una mano indicándole que se detuviera. —Lo que dices no tiene ningún sentido, además ¿Cómo se te ocurre enfrentarte a él si apenas hace dos días que estas entrenando? ¿Acaso estás demente?

—Ya lo hice antes… con relativo éxito. — Rey recordó su encuentro con Kylo en la Base Starkiller pero no quiso pensar en lo que hubiera pasado si la tierra no se hubiera abierto entre ellos creando un abismo.

—No tendrás tanta suerte esta vez. ¿Acaso no me has dicho que no queda rastro de luz en él? ¿Qué es más poderoso que nunca?

—Lo sé, pero creo que si hablo con él…— Rey sabía que podría conseguir que Kylo entrara en razón, había visto su conflicto interior y debajo de la máscara estaba segura de que Ben Solo aún vivía y podría salir a la luz.

— ¿Hablar con él?— Luke se mostraba escéptico. —Sí claro, sigue soñando, Rey.

Rey se mordió el labio, ¿Cómo iba a convencer a Luke de ponerse a salvo? Estaban perdiendo un tiempo precioso.

—Tal vez si él me escucha, todos ganaremos. Si consigo que Ben me escuche, Kylo dejará de existir. — Rey ignoró el gestó burlón de Luke —Hay muchas cosas que no sabes acerca de él. Pero Luke seguía ignorándola.

— ¿Y por qué estás tan segura de que él viene hacia aquí?

Bien, el momento de confesar había llegado. Rey bajó la mirada, apenada por haber ocultado información crucial.

—Porque acabo de hablar con él.