Capítulo 46: La Serpiente Blanca.

"¿Dónde nos llevan?" pensó _ con un poco de preocupación.

En la tela del saco que tenía sobre la cabeza, diminutos haces de luz se filtraban entre la separación entre los hilos; no obstante, aunque forzara la vista, _ no podía distinguir a través de ellos por donde caminaba. Atada con las manos tras la espalda, la morena era arrastrada, junto a Levi en la misma situación, por los pasillos del lugar donde habían sido encerrados. Ambos eran guiados por Yohan y por Chiara, los cuales, aunque ambos morenos no pudieran verlos, mostraban un rostro muy serio.

Después del interrogatorio, los Guerrilleros se marcharon del lugar, cerrando la puerta tras de sí, volviendo a sumergir a ambos morenos en la más profunda oscuridad.

En la penumbra, _ se desmayó inevitablemente. Los últimos vestigios del suero de la verdad la dejaron completamente exhausta tanto mental como físicamente, por lo que su cuerpo hizo un apagado de emergencia para poder recuperar la normalidad de su funcionamiento. Un hora después, la morena volvió a despertar hecha una rosa, como si nunca le hubieran administrado dos diferentes tipos de drogas, cada cual más potente que la anterior, y, bien merecidamente, cuando su capitán se dio cuenta de ello, no dudó ni por un segundo en echarle la bronca. Por supuesto, en ningún momento _ replicó o se quejó de algo, pues sabía que Levi tenía toda la razón. Había sido muy imprudente y encima su plan había fallado pues no habían obtenido su confianza.

Interrumpiendo la mayor reprimenda que _ hubiera recibido en su vida, la puerta que impedía que cualquier luz se filtrara en el lugar se abrió de pronto, causando que ambos cerraran los ojos, cegados por un momento por la repentina claridad. Sin que se sorprendieran los capturados, los Guerrilleros entraron al lugar. Sin embargo, al parecer no estaban todos ya que faltaba la chica pelirroja, Hedwin.

Mientras Yohan y Chiara se acercaron a ella, _ aprovechó para preguntarles qué sucedía. No obtuvo ninguna respuesta. Con los rostros serios y sin mirarle, entre ambos le quitaron los grilletes y las caderas. Acto seguido, cuando tuvieron a _ completamente encadenada de manos con un par de esposas y de pies con una especie de cadena que, aunque unía a ambos, le permitía andar (aunque un poco limitada); hicieron lo mismo con Levi. Ambos morenos, minutos después, salieron de aquella celda siguiendo guiados por sus dos captores, con las bolsas en la cabeza, impidiendoles ver el camino por donde sus botas pisaban.

El sonido de las cadenas siendo zarandeadas conforme al movimiento al caminar se mezclaba con los pasos del grupo sobre el suelo de piedra. Esta mezcla, casi armoniosa, resonaba con tensión en el vacío con eco. Aquello llenaba el silencio que se había formado.

En contra de toda calma, en aquellos instantes, el corazón de _ latía con fuerza y rapidez, arremetiendo el pecho de la morena con cada pisada que daba. No quería ni admitirlo ni que se le notara, pero estaba un poco nerviosa. MUY nerviosa. No sabía a dónde se dirigía ni el por qué ni cuál sería su destino, pero tenía un extraño presentimiento. Aunque no sabía decir a ciencia cierta si era bueno o malo. Solamente podía asegurar que algo había pasado. Las caras de sus captores, a pesar de no haberle dado las respuestas que quería, se lo habían dicho todo. Esa seriedad debía significar algo.

Después de un rato recorriendo el lugar donde habían sido llevados a la fuerza, caminando a través de pasillos de piedra, descendiendo enrevesadas escaleras y atravesando habitaciones tras abrir varias puestas, los Guerrilleros por fin se detuvieron.

Tras de sí, la morena notó como Yohan separaba una de las manos que habían estado guiando y reteniendola durante todo el camino mientras mantenía la otra agarrando fuertemente las esposas y, acto seguido, el castaño golpeó una puerta, o eso creía _, pues solo logró escuchar un golpeteo contra una superficie de madera.

Al cabo de unos segundos, una serie de pasos resonaron con parsimonia tras esta y, entonces al parar el caminar de la persona al otro lado, un característico chirrido metálico les indicó a los cegados que una puerta había sido abierta.

Siendo empujados con suavidad, Levi y _ fueron casi arrastrados al interior de la habitación contigua, adentrándose unos cuantos metros, y, a continuación, empleando un poco de fuerza sobre sus hombros, sus rodillas tocaron el suelo al ser obligados a arrodillarse. La morena pudo escuchar el chasquido de lengua irritado de Levi, seguramente molesto por ser continuamente toqueteado por gente ajena.

Bajo la tela del saco, _ apretó la mandíbula con un poco de temor, escuchando el latir de su corazón en sus oídos ¿Por qué…?

-¿Dónde está?-La voz de Yohan completamente cubierta por un oscuro tono muy serio interrumpió cualquier pensamiento que pudiera pasar por la mente de la morena en ese instante, causando que se centrara totalmente en atender a lo que tuviera que decir.

Sin poder evitarlo, _ alzó un poco la cabeza, como si con ello pudiera oír con mayor claridad la conversación.

Un suspiro masculino se escuchó en el ala derecha de la habitación. Reaccionando al instante, la chica giró el cuello hasta esa dirección. Ese sonido le indicó que había otro hombre en aquel lugar, pues no había sonado tras de sí.

-Se está cambiando. Al parecer, la "charla" con la Policía Militar le ha ensuciado mucho la ropa. O eso dice-Le contestó otro individuo, desconocido para ambos, con una voz muy preocupantemente ronca y cargada de un tono de irritación. No se escuchaba bien, para nada. _ nunca había escuchado una voz así.

-Siempre tiene que hacer el teatrillo, joder-Se quejó esta vez Hedwin, gruñendo por lo bajo, también muy irritada.

Como si la persona de la que estaban hablando hubiera sido convocada, el sonido de otra puerta abriéndose se escuchó en el lado izquierdo de la habitación, sobresaltando levemente a la morena, la cual dio un pequeño respingo.

-¡Ya estoy, chicos, siento la tardanza!-Exclamó una voz masculina muy alegre y risueña, contrarrestando totalmente con el ambiente tan tenso y oscuro que se palpaba en el lugar. De nuevo, sonaron, resonando con eco, una serie de pasos que parecían acercarse a donde ambos morenos se encontraban arrodillados. A través de los huecos de la tela,_ notó otra presencia, esta vez delante suya- ¡Oh!¿Estos son nuestros encantadores y fisgones invitados? Espero que les hayais tratado bien; son soldados de nuestra queridísima Reina de las Murallas al fin y al cabo. Les debemos respeto.

-Oye ¿Te ha contado Hedwin lo que hemos descubierto, cierto? Deberíamos pensar en irn…-La voz de Yohan sonó muy profunda tras la espalda de _, dirigiéndose hacia el recién llegado.

-¡No, no, no, mi querido Yohan! No adelantes los acontecimientos-Le cortó de golpe todavía manteniendo esa actitud. El tono del hombre sonó, entre esa alegría, un poco malicioso- No seamos groseros. Recién acaban de llegar a nuestra humilde morada. No podemos pedir que se marchen tan pronto.

-¡Tómatelo en serio, por las murallas!-Saltó de golpe Hedwin, interrumpiendo la charla entre los dos chicos, alzando la voz sobre la de ellos. A juzgar por su tono y efusividad, estaba muy enfadada y desesperada- Nuestra situación en estos momentos no es muy buena, joder. Hacer "eso" no nos servirá de nada esta vez.

"¿Hacer "eso"?¿Qué puede ser…?¿Y por qué no suena nada bien?"pensó la morena, preocupándose, mientras tragaba duro ¿Tendría algo que ver con la experiencia tan traumática que habían vivido los anteriores clientes de aquel grupo? Ese pensamiento solo logró aumentar más su nerviosismo. Maldición.

-Hedwin, cálmate- El individuo desconocido le habló con aquella voz que puso los pelos de punta a _.

-Pero, hermano, no…- El tono de la pelirroja se escuchó muy suave, casi parecía otra persona.

-Confía.

Un suspiro se escuchó por parte de la chica, rindiéndose en su intento. De pronto, la sala se llenó de un tenso silencio que duró apenas unos segundos ya que enseguida se escuchó unos extraños aspavientos en el aire. Confusa _ frunció el ceño: "¿De dónde venía ese sonido?"

-Eso era lo que tenía planeado hacer, mi querida Chiara-Habló de pronto el recién llegado cuyo nombre todavía era desconocido para ambos morenos. Aquello causó mayor confusión en _ puesto que no había escuchado en ningún momento hablar a la rubia- Nuestros inapreciables invitados cuentan con información muy importante para nosotros, así que espero que sean tan amables de contarnos cómo la consiguieron. Así nos facilitarán el decidir que hacer a continuación- "¿Cómo que dónde la conseguimos?" pensó _ extrañada "Si saben perfectamente que fue de Gus ¿de quién sino?"- ¡Oh, ahora caigo! ¡Por las murallas, pero que maleducado soy! ¡Ni me he presentado ni siquiera os he quitado las bolsas de la cabeza! ¡Con la ilusión que tenéis por conocer a los "Guerrilleros", dado vuestro fisgoneo para nada discreto, y yo actuando de esta manera! Disculpadme de verdad, no sé lo que estaba pensando. Anda, seamos civilizados, Yohan, Chiara, quitarles eso de encima a nuestros amigos: el famoso capitán Levi y a su subordinada _ Morgan.

Tras la espalda de ambos morenos se escuchó varios suspiros profundos y pesados y, a pesar de su actitud para nada colaborativa, las dos personas que tenían detrás de ellos hicieron caso a aquel individuo, retirando la tela que obstruía la visión de ambos soldados. Por su parte, _, ante la claridad más fuerte, agachó la cabeza, causando que su pelo se deslizara hacia su rostro, y , en esa posición encogida, apretó los párpados, gruñendo por lo bajo. Por otro lado, Levi, al lado de esta, a pesar de lo molesto que se sentía para sus ojos desacostumbrados, no hizo ningún momento bajó descender la cabeza ni desviar ni por un instante su atención. Su visión tardó durante unos segundos en adaptarse a la luminosidad que desprendían las antorchas y, cuando pudo ver con claridad, sus ojos se abrieron y sus labios se separó, en un gesto de completa y absoluta sorpresa. El hombre atado dejó ir el aire a través de su boca, completamente mudo.

Con una sonrisa burlona, el otro individuo hinchó una de sus rodillas y se agachó para ponerse a la altura del moreno y así poder observar mejor su rostro todavía impactado.

-Wow, llevo años escuchando sobre lo atractivo que era el Soldado más fuerte de la Humanidad...Y los rumores parece que se quedan cortos a la realidad, vaya-Su voz cambió de pronto. A los oídos de la morena, sonó aterciopelada y lenta, casi seductora. Se escuchaba como el siseo de una serpiente- Un poco mayor para mí, pero ya conocéis el dicho: "cuanto más viejo, mejor es el vino".

-Tú…- Por fin, Levi pudo hablar, saliendo levemente de su asombro. Su voz sonó ahogada, como si le estuviera costando hilar las palabras que se agolpaban en su mente.

Inevitablemente, _ se preocupó. Nunca había escuchado a Levi hablar de aquella manera tan afectada. Que el impasible Soldado más fuerte de la Humanidad titubeara de ese modo no podía ser nada bueno. El corazón de la morena se aceleró un poco y sus manos temblaron levemente.

-Impactado por mi atractivo ¿cierto? - Una risilla se escuchó por lo bajo, parecía divertido ante el estado del moreno- Me lo dicen mucho. Se podría decir que soy una belleza casi exótica. Pero bueno, no me acapares tanto, cariño, que tu compañera también necesita su parte de "mi".

En todo momento escuchando la conversación de ambos hombres, _, todavía la cabeza agachada y parpadeando varias veces mientras sentía los ojos un poco irritados, sintió un movimiento en su dirección, como si alguien deslizara los pies por el suelo. Al notar la presencia del recién llegado frente a ella, la morena alzó la barbilla y dirigió sus ojos grises hacia el individuo. Cuando ambos cruzaron miradas, el tiempo pareció detenerse. Durante unos largos y eternos segundos, se quedó completamente petrificada, sin poder mover ni un solo músculo ni parpadear. Su cerebro no parecía reaccionar ya que su mente se sumergió en un completo vacío. De manera paulatina, su rostro descendió un par de tonalidades, tiñéndose de un blanco puro causando que las pecas que salpicaba su rostro resaltaran más, y el aire salió de sus pulmones de manera levemente ruidosa como consecuencia de haber abierto la boca, muy impactada.

-Tú-tú eres..- .Murmuró _ casi sin poder emitir ni una sola palabra coherente. No podía creerlo.

No obstante, antes de que hubiera concluir su frase, de pronto, siendo sorprendida con la guardia baja, se vio alzada violentamente hacia arriba. Como consecuencia de esta elevación , sus piernas dejaron de tocar el suelo al verse suspendida en el aire al estar sujetada muy fuertemente por el cuello de la camisa que llevaba en aquellos momentos. El mantener todo su peso en ese mismo punto, provocando que la tela de la prenda crujiera de vez en cuando, causó que el flujo de aire que entraba y salía de dentro de _ se viera súbitamente cortado, impidiéndole respirar con normalidad. Abriendo los ojos como platos, la morena pudo visualizar perfectamente como frente a ella dos pupilas escarlatas miraban de pronto con ira y dolor.

Durante unos segundos durante los cuales todo pareció ir muy lento, tal vez por la interrupción del paso del oxígeno hacia su cerebro, _ pudo observar correctamente una característica muy llamativa en el aspecto del individuo que tenía delante de ella. Gracias a la luz de las múltiples antorchas que estaban colgadas en las paredes del lugar, un hermoso cabello del color de la más blanca y pura nieve casi brillo en la penumbra, enviando reflejos de color anaranjado debido a las llamas que crepitaban. No podía creerlo. Simplemente. No.

-¡Suéltala, maldito mocoso bastardo!-Aquel repentino movimiento despertó completamente a Levi de su asombro, el cual, reaccionando ante ese comportamiento hostil, se inclinó con rapidez hacia el lado, impulsándose con sus rodillas y tobillos flexionados, con la intención de levantarse e ir a por el que sujetaba a _. No obstante, se olvidó de un pequeño detalle. Tras la espalda del hombre, Chiara, con una fuerza descomunal y adelantándose a él, logró tumbar con un simple movimiento al soldado, provocando que el rostro del moreno se golpeara duramente contra el suelo. En el acto, Levi, reducido en el suelo, dirigió sus ojos gris azulados hacia su dirección y le insultó por lo bajo con un ligero tono de dolor.

-Tú...Tú...No puedes engañarme, eres idéntica a ella.

Intentando pronunciar alguna palabra, _ boqueó, poniéndose de color azul ¿Qué cojones estaba pasando?¿Por qué estaba actuando de aquella manera?

-¡Abel!- Exclamó Yohan, alterado al ver esa reacción tan poco común, a las espaldas tanto de la morena como el albino. "Lo sabía" pensó _"Por fin te he encontrado". Con urgencia, el chico con heterocroma cruzó la distancia con unas grandes zancadas y, entonces, con fuerza, cogió el brazo del chico, mirándole al rostro con sus ojos de cada color. El castaño parecía demasiado confundido y extrañado por el comportamiento de Abel, pero más preocupado estaba de la salud de la morena que se aferraba a las últimas porciones de aire de su sistema- ¡Déjala ir, hombre, la vas a matar al final!- Abel se quedó quieto por un segundo y, a continuación, encogiendo el rostro, soltó un insulto con mucha frustración. Después de emitir aquel improperio, el albino, haciéndole caso a regañadientes a su amigo, soltó la mano que mantenía en el aire a _ y esta, como consecuencia, cayó al suelo en un duro golpe- ¿¡Se puede saber qué cojones crees que estás haciendo!?¡Tú no eres así!

La morena tosiendo e intentando desesperadamente introducir el aire de nuevo en sus pulmones, apretó el rostro con dolor, encogiéndose en el frío suelo de piedra. Se había golpeado muy fuerte en el costado del cuerpo. Le palpitaba la zona muy dolorosamente. Pero aun así, todo se sentía muy ajeno. Su mente corría a toda velocidad. Múltiples y contradictorias emociones se agolpaban en su interior. Casi ni podía asimilarlo. Ante ella se encontraba Abel, el niño que su madre había rescatado de fuera de las murallas y que había salvado de que la Policía Militar lo eliminará sin dejar rastro. Por fin una de las dos incógnitas había sido resuelta: Abel estaba vivo y bien. Por fin había encontrado aquel que su madre había querido proteger hasta el final de sus días. Eso causaba en _ una enorme alegría que hacía que le picaran los ojos de la emoción. No obstante, por otro lado, se encontraba demasiado confundida y preocupada por la reacción de este. Y, entonces de manera muy oportuna, un grito evocó de nuevo su mente en los sucesos que estaban ocurriendo en ese instante.

-¡Ella es una de las hijas de la mujer que me abandonó a mi suerte en este jodido lugar!-La voz del albino frustrada y enrabiada resonó con eco, acallando y paralizando a todos los que se encontraban en aquel momento y en aquella sala. Abel se había dado la vuelta y miraba la pared de enfrente, apretando los puños con fuerza "¿Le abandonó? ¿Qué…?" pensó _ sin comprenderlo-¡Por su culpa, por su culpa...yo… nosotros...!¡TSK, JODER!-De nuevo, maldijo alzando la voz.

-¿Q-qué?- Exclamó Yohan con un ligero tartamudeo, sin dar crédito a aquello que estaba diciendo su amigo. Con los ojos abriéndose levemente, el castaño descendió su mirada de la espalda del albino hacia la morena.

Al igual que el hombre tan alto como casi un armario, los restantes Guerrilleros dirigieron sus ojos a _, la cual ignoraba todo aquello que estaba sucediendo ya que su atención había vuelto al albino. Incorporándose con ayuda de uno de sus codos, la soldado despegó el costado del suelo y, alzando la barbilla, miró con sus ojos grises en dirección a Abel. La desesperación corrió por sus venas. No era así. No era verdad.

-¡Est-tás equivo-vocado!- Le contradijo _ con mucho esfuerzo, sintiendo todavía los pulmones completamente vacíos, necesitados de oxígeno. No podía dejar que continuara pensando de aquella manera- ¡Mi-mi ma-madre nunca t-te abandon-no!¡Simplemente n-no pudo volver a por t-ti!

-¡Por favor, no me hagas reír!-De manera sarcástica, el albino soltó una carcajada muy alta a la vez que se giraba hacia ella, haciendo contacto visual con sus ojos de un color profundamente rojizo. Aquellas orbes tan poco comunes chispeaban con ira, rabia, frustración y dolor. Estaba muy alterado, respirando casi entrecortadamente. Ante aquella mirada, el corazón de _ latió con desesperación. No es cierto. No es cierto- Está claro que al final se dio cuenta de que era una maldita carga y entonces, al ver la maldita situación de mierda, optó por el camino más rápido: deshacerse del peso extra ¿¡Para qué cojones me salvó aquel día si planeaba abandonarme en cuanto tuviera una oportunidad!?

La piel de _ se le erizó, poniéndose todos los vellos de su cuerpo de punta. Podía sentirlo. Era imposible no hacerlo. En cada sílaba de aquella frase se notaba, se palpaba y se sentía todo el dolor, frustración, odio e ira que sentía Abel mientras hablaba de aquello. Sufría. Muchísimo. Se notaba que había padecido mucho desde ese momento, que su vida había sido muy dura y mala, aprendiendo por sí mismo en un entorno desconocido a poder sobrevivir. Estaba total y absolutamente convencido de aquello que sucedió en el pasado. Que había sido tirado como un juguete roto e inservible. Se había cerrado totalmente ante esa idea. Era normal que pensara aquello. Sin embargo, no era cierto y _ tenía que hacerle entrar en razón pero ¿cómo?

-¡No es así, de verdad, tienes que creerme!¡Lo que en realidad pasó fue - Sin embargo, _ se vio interrumpida nuevamente por albino ¿Qué debía hacer? ¿Qué tenía que decir para que la escuchara?

-¡Ya creí una vez en tu sangre, y mira lo que me lleve de vuelta!¡Ni una sola palabra que digas hará que yo llegue a considerar que dices la maldita verdad!¡Todo son mentiras!

Una chispa desesperada se activó en el cerebro de _. Como consecuencia de ello, la mandíbula de la morena se apretó mientras una idea se formaba en su mente. Una muy mala idea. Una idea prácticamente suicida. Estaba segura de que él la mataría en cuanto tuviera oportunidad. Pero, dada la negativa a escuchar del chico que tenía frente a ella, parecía no haber otra opción. La misión y la promesa que se había hecho a ella misma por su madre dependían de ello, además de posiblemente la integridad y salud de su capitán y de ella misma. No iba a ceder. Por ello, pidiendo de nuevo perdón mentalmente por desobedecerlo una vez más, decidió seguir adelante. Apretando los labios, _ se irguió, todavía arrodillada en el suelo, adoptando una pose firme y, entonces, le lanzó una mirada muy determinante.

-¡Pues si no crees utilizad de nuevo el suero conmigo!¡Eso te demostrará que todo lo que digo es cierto!- No se permitió ni por un momento desviar la mirada de aquellos ojos escarlata que la miraban con mucho cinismo. Estaba dispuesta a llegar hasta el maldito final.

-¿¡De nuevo vas a salir con eso, joder!?¿¡Se puede saber por qué cojones todos tenéis tantas ganas de morir!?-El grito de Levi cruzó el lugar, todo enrabietado. El moreno pataleó y forcejeó contra Chiara y, nuevamente, la chica pudo aguantar la fuerza bruta de un Ackerman. Frustrado, dirigió sus ojos gris azulado hacia _, la cual no lo miraba pero tenía una imagen muy visual de cómo en aquellos momentos se estaría viendo el rostro de su superior. Seguramente se podría leer en su cara: "Te voy a matar como lo hagas" a juzgar por el tremendo agujero que podría hacerle en su perfil si las miradas fueran cuchillos.

-Oh, menuda propuesta- Ignorando al iracundo soldado, Abel acortó la distancia entre ambos y se agachó ante _, poniéndose casi a su misma altura ya que era media cabeza más bajo que Yohan- Parece que te ha gustado que te metiéramos un buen chute

-Abel, no lo hagas. Ahora mismo, inyectárselo otra vez supondría su muerte. Moriría de una sobredosis - La voz palpantemente tensa de Hedwin sonó en la habitación; pero ninguno de los protagonistas de aquella situación tan estresante despegó la mirada del uno del otro. Ambos se quedaron en la misma posición, casi retándose con los ojos.- Sólo han pasado dos horas desde que se lo administramos. Su cuerpo todavía podría tener restos tanto del suero y de la otra droga. No es recomendable que…

-Ey-Yohan viendo el poco caso que le estaba haciendo Abel a la pelirroja, ya que continuaba mirando a la morena, dio un paso aproximándose y se situó junto a _ y al albino, mirándolos desde arriba de manera seria. Ya no parecía estar tan sorprendido como antes, aunque se notaba todavía un poco tenso- Suficiente, tío. No es necesario utilizarla. Antes de inyectarle el suero, _ estuvo todo el rato diciendo la verdad y, después al administrarlo, lo confirmamos.

Frunciendo el ceño y arrugando la nariz, adoptando un gesto de irritación, Abel alzó sus ojos escarlatas e hizo contacto visual con Yohan.

-¿Y eso qué? No tiene nada que ver con lo que sucedió con Leena.

-No, no lo tiene. Es cierto. Pero eso demuestra que _ es alguien que le diría la verdad a un enemigo muy peligroso, incluso cuando su vida dependa de ello puesto que ella fue la que pidió que lo hiciéramos- Un gran alivio inundó a _. Su plan parecía haber sido un éxito. _ sabía que otra dosis podría ser mortal para ella. Pero aun así, había tirado aquel farol. Había apostado todo a la política de "no matar" de los Guerrilleros, aun cuando uno de sus miembros se encontraba en un estado muy alterado- Deberíamos escucharla. Y si después tienes dudas, podríamos hacer lo mismo que antes. Esperamos hasta que se eliminen los restos de su cuerpo y después comprobamos que tan ciertas son sus palabras. O , si no puedes aguantar, probar con la "otra" manera.

Conforme escuchaba el plan del castaño, el rostro de Abel empezó a cambiar suavemente, relajando la expresión de indignación y estirando hacia arriba los labios. El albino finalmente sonrió con un pequeño deje de malicia, dejando atrás la actitud alterada y violenta.

-Buena idea, mi querido Yohan. Aunque espero que no estés pensando con la polla en vez de con la cabeza.

Arrugando el rostro, _ gruñó por lo bajo con un leve deje de dolor. La cabeza estaba a punto de explotarle, sentía una presión de dentro hacia afuera, como si su cerebro quisiera abrir la puerta y darse una vuelta por el lugar. Un momento ¿lugar? Desorientada, la morena abrió los ojos y, parpadeando de manera lenta, miró a su alrededor. No pudo ver nada, estaba en la más absoluta penumbra. De nuevo.

¿Qué había pasado? Ah, sí. Tras haberle inyectado el suero de la verdad y que se le hubieran pasado los efectos, se había desmayado. Su organismo no había podido soportar tantos trotes. Pero a pesar de la enorme cefalea que la azotaba con dureza, notaba su cuerpo renovado, fresco como una verdura. Completamente listo para la acción ¿cuánto tiempo había pasado inconsciente? Tenía que haber sido mucho. Necesitaba saber qué había pasado durante su ausencia.

La morena giró el cuello hacia su lado derecho, apoyando entonces su mejilla contra su propio brazo, alzado hacia arriba y encadenado a los grilletes de la pared. Aquella posición era muy incómoda.

-Capitán ¿qué…?-Y entonces, cuando sus ojos vieron la ausencia de aquella sombra, se dio cuenta de que no había nadie. Estaba completa y absolutamente sola en aquella celda. Frunciendo el ceño, se extrañó y se preocupó muchísimo.

El corazón de _ latió aceleradamente, golpeando contra su pecho ¿dónde estaba Levi?¿Por qué se lo habían llevado?¿Le habrían hecho algo? Según Gus, los Guerrilleros no mataban. Aunque realmente nada le garantizaba que no le hubieran hecho algún otro tipo de mal. Nerviosa, se removió en el sitio, provocando que las cadenas que la mantenían presa de pies y manos se movieran, emitiendo un escandaloso sonido metálico.

Como si lo hubiera atraído con aquel ruido, tras unos minutos barajando las posibilidades que tenía, la puerta metálica se abrió, dejando pasar toda la luz del pasillo contiguo a la celda. Nuevamente los ojos de _ se irritaron ante la repentina claridad, provocando que la morena cerrara los ojos y arrugara el rostro, doblando el cuello a un lado.

Un par de pasos se escucharon internándose en el lugar. Dos presencias se acercaron hasta donde _ continuaba encadenada en la pared, iluminándola con una de las antorchas que llevaba uno de los dos individuos. Con irritación, cuando la luz dejó de molestarla a la vista, _ alzó sus ojos grises hacia sus visitantes. Fue en ese momento, que su expresión cambió de golpe. Al mismo tiempo, su respiración se cortó y sus orbes se abrieron con impresión. No podía creerlo. Junto a Yohan, el cual era el que agarraba entre sus manos la antorcha, había otra persona. Era un poco más bajo que el castaño, pero aun así muy alto. Tenía el pelo rapado por los lados y arriba un poco más largo, de color blanco. Sus ojos, que en aquellos momentos la observaban con mucha seriedad y dureza, casi parecían brillar en la oscuridad, destilando un precioso color rojo escarlata. Su mente se quedó completamente fuera de juego ante la avalancha de preguntas y de pensamientos que la arramblaron al ver a aquel individuo. No podía creerlo. Frente a ella, estaba el niño que su madre juró salvo y juró proteger hasta su último exhalo de vida.

-Tú...Tú…¡Eres Abel!-Exclamó con la voz entrecortada, forzándose a hablar aún cuando estaba completamente estupefacta ¿Abel era parte de los Guerrilleros?¡Bueno, eso qué más daba por ahora! ¡Estaba bien y lo había encontrado! Por fin había conseguido desvelar una de las incógnitas que todavía seguían sin respuesta. Sin poder evitarlo, _ sonrió levemente, siendo azotaba por una irracional alegría dada su situación y la desaparición de su superior- No hay ninguna duda, ¡tienes que ser Abel!

-Suficiente dramatismo- Le cortó de forma fría y brusca el albino, sorprendiendo a la morena a la cual le cambió de un plumazo la expresión facial. Hincando la rodilla, el chico más bajo se agachó hasta casi llegar a la altura de los ojos de _ mientras que Yohan se mantuvo de pie, callado y serio, observando a ambos en todo momento- No tengo tiempo para tonterías. Ahora, respóndeme a una sola pregunta: ¿por qué tu madre me abandonó hace 10 años?

Durante unos segundos, _ se quedó sin palabras, sin dar crédito a lo que estaba escuchando ¿Cómo…? Entonces lo comprendió: Leena nunca pudo volver a por Abel, tuvo que dejarlo en algún lado a buen recaudo para distraer a aquellos que los perseguían con la promesa de que volvería, pero nunca lo hizo. Tuvo un terrible impedimento: Kenny. Abel perfectamente pudo haber pensado que su madre se había desechado de él al no regresar nunca a por él. Era entendible, pero estaba totalmente equivocado y debía hacerle ver la verdad.

-¿Mi madre abandonarte? ¡Eso jamás!¡Ella no pudo volver a por tí!- Exclamó con urgencia, moviéndose nerviosamente. Las cadenas que la retenían emitieron de nuevo aquel metálico sonido- ¡Después de que te dejara pasó algo que le impidió hacerlo!

En las siguientes horas, _ procedió a narrarle todo lo que sucedió aquel terrible día, incluidas las partes en las que él estaba presente pues podría ser que su mente infante de 8 años no pudiera comprender lo que pasaba en aquellos momentos. Abel se mantuvo en silencio pero de vez en cuando le interrumpía queriendo saber detalles muy extraños y sin importancia para la morena: "¿qué ropa llevaba Leena en aquel momento?" "¿que compro de aquel local?" "¿dónde se encontró con su asesino?". _ no entendía a qué venía tanta curiosidad por esos hechos, pero decidió no cuestionar nada y responder con solo la verdad, admitiendo cuando no sabía algo. Al concluir su relato y haber resuelto todas las dudas de Abel, se quedó en silencio, mirando con expectación al chico de cabellos blanquecinos, esperando que dijera algo.

Sin emitir ni una sola palabra, después de unos segundos completamente inmóvil, Abel descendió el rostro y lo ocultó tras su cabello de aquel color tan extraordinario. Agachado, alzó su mano derecha, se cogió la frente, frotándola varias veces como si le doliera o le picara, y, entonces, dejó ir un suspiro muy largo y pesado, poniendo un poco nerviosa a _ pues no sabía que iba a pasar a continuación. No sabía si era algo bueno o algo malo.

Junto a estos, con un rostro muy extraño, Yohan caminó hasta posicionarse junto a su compañero y, agachándose, le pasó la mano por los hombros. Frente a _ esta pudo ver como el castaño le lanzaba una mirada que desprendía entre pena y comprensión hacia su amigo.

-Ya lo has oído, compañero. Coincide.

"¿Coincide?"pensó extrañada, sin comprender a qué se refería.

-Sí…-La voz del albino sonó distorsionada por su mano, pero claramente se escuchó sobrecogida. Como si estuviera aguantando la compostura, procurando que no se le rompiera con el habla. El cuerpo de Abel empezó a temblar de manera muy sutil- Todo este tiempo...pensé que Leena me había dejado...pero no era así… Yo estúpidamente la odié por años- Sin embargo, al final falló en su intento de ocultar su estado y su voz se rompió. El agarre de Yohan se afianzó, dándole el apoyo que en estos momentos tan duros para su compañero necesitaba. El corazón de _ se encogió completamente entristecida por el sufrimiento de Abel. Se notaba que había pasado la mayor parte de su vida peleando por poder seguir respirando un segundo más. El mundo era demasiado cruel- Y lo peor es que, en realidad, fui yo la causa que la llevó a su muerte…

Nuevamente, se repetía el mismo pensamiento erróneo.

-No-De manera firme, atrayendo los ojos entristecidos de Yohan y los humedecidos por las lágrimas de Abel, _ negó con mucha seriedad, sintiendo un ligero deja vú. Debido a ese pequeño movimiento, sus rizos negros despeinados revotaron contra el rostro de la morena- Estás equivocado, Abel. La verdadera causa de su muerte fue Kenny Ackerman. Él la mató y él tiene absoluta e innegablemente la culpa de ello. Nadie más-Estirando sus labios levemente, _ esbozó una pequeña sonrisa- Tú solo eras un niño pequeño necesitado de protección ¿Cómo podrías causar la muerte de una persona siendo en aquel entonces tan indefenso y desamparado?

Varias lágrimas surgieron y descendieron con lentitud por los laterales del rostro del chico de cabellos blancos como las nubes, como si con su toque intentaran consolar sus atormentados pensamientos y sentimientos, como si de una caricia maternal se tratara. Frente a la morena, Abel rompió el llanto con un sollozo lastimero, derrumbándose entre remordimientos y culpa, pero también de alivio. Alivio por aquellas palabras que le exoneraban de unas muertes que él no causó, sino que fueron por las elecciones y las actuaciones de las personas.

-Lo siento, _. Lamento todo lo que te he hecho y dicho…

Y _ sonrió mirándolo con mucha empatía y los ojos picándole ¿Cómo podría no entender su comportamiento? Con apenas 18 años, había vivido toda corta vida desconfiando de la gente, intentando sobrevivir por sus propios medios en situaciones extremas y viendo continuamente las crueldades más horribles del mundo. No...No había nada que perdonar, solamente era una víctima más, protegiéndose a sí misma y a su pequeña pero fiel familia que había formado en esas condiciones.