Capítulo 46: La Serpiente Blanca (parte 2)

-De verdad que no es necesario- Repitió por tercera vez _ a Chiara, mientras ambas caminaban por los pasillos de piedra del lugar. Desde su altura, la morena vio como la rubia negó con la cabeza, sin emitir ni una sola palabra; como llevaba haciendo durante todo el camino. _ apretó los labios, un poco indignada ¿por qué no se dignaba a hablarle? Dada la personalidad sociable de la morena, esa actitud le chocaba mucho, pues normalmente hacía buenas migas con la gente-Enserio, mi ropa me sirve. No está tan mal.

De nuevo, antes de recibir unas palabras, Chiara volvió a negar con la cabeza, ganándose un suspiro cansado por parte de _. No quería que se tomaran esas molestias con ella.

Después de recibir esas disculpas por parte de Abel, su comportamiento cambió de manera muy drástica: volviéndose alegre y risueño. Casi parecía como si estuviera disimulando que hacía unos pocos minutos estaba llorando como si fuera un bebe. Aquello hizo que Yohan y _ compartieran una mirada ligeramente divertida mientras el castaño la liberaba de sus cadenas. Toda la ansiedad y presión por no saber qué harían con ellos, tras ver los buenos términos a los que habían llegado, causó en _ una pequeña sensación de alivio y tranquilidad. Cuando sus manos y piernas estuvieron libres, la morena se levantó e hizo tronar su cuerpo agarrotado por aquella posición. Mientras esta se estiraba, los ojos rojos del albino recorrieron de arriba a abajo el cuerpo de _, en concreto las prendas sucias y rotas que llevaba puestas encima. Y entonces, tras asentir, este decidió por sí mismo, sin pedir ninguna tercera opinión (la suya propia), que _ no le vendría mal un baño. Por ello, ignorando deliberadamente las quejas y las preguntas de la morena respecto a lo que había pasado y donde se encontraba su capitán, Abel salió de la habitación y le dijo a Chiara, la cual había permanecido en el exterior custodiando la entrada, que la guiara a la habitación de Hedwin, para que le prestara ropa nueva y su bañera. Recibiendo una mirada de compasión y ligeramente divertida por parte de Yohan, _ siguió con sus ojos grises ambos hombres que se marchaban a paso tranquilo por el pasillo (escuchando a lo lejos a Abel decirle a su amigo de visitar al "exquisito vino añejo" ) mientras que Chiara colocaba una mano sobre su hombro, previniendo de que no se escapara. _ dejó ir un suspiro. De pronto, se sentía tremendamente cansada, como si un torbellino hubiera pasado por aquel lugar. Y, no queriendo romper aquel buen ambiente al que habían llegado, decidió seguirles la corriente, sin poder evitar sentir un poco de pena por Levi pues, dado su carácter, no tendría los nervios suficientes para aguantarlos.

Un movimiento a su lado llamó la atención de la morena, sacándola de sus profundos pensamientos. Alzando la barbilla, sus ojos observaron como Chiara se había detenido frente a una puerta, señalando con el dedo índice en su dirección.

-¿Es aquí?- La rubia asintió en un pequeño movimiento de cabeza, sin dirigir su mirada hacia la morena que la miraba desde abajo, y entonces, alzando su brazo, golpeó la puerta suavemente con sus nudillos.

A través de la superficie de madera, se pudo escuchar de manera distorsionada como, al cabo de unos instantes, unos pasos resonaron por el suelo de piedra, acercándose a la puerta donde ambas mujeres estaban paradas, y, después de que esta se abriera en un movimiento, el rostro de la pelirroja apareció ante ellas. Durante unos pequeños segundos, sin decir nada, Hedwin dirigió su mirada verdosa de Chiara a _ y, al ver que la morena abría la boca para explicarle el motivo de su aparición, esta la interrumpió.

-Lo sé. Me he encontrado con Abel y Yohan por el camino y me lo han comentado todo. Llegáis justo a tiempo porque acabo de poner el agua a calentar. Pasad- Les indicó con un gesto de cabeza, apartándose a un lado para dejar pasar a las dos chicas que esperaban fuera. _ dio un paso hacia dentro, asintiendo con la cabeza, mientras que la rubia se quedó en el sitio. La pelirroja frunció el ceño, extrañada- ¿No entras, Chiara?

Nuevamente la rubia negó con la cabeza y señaló con el dedo índice hacia el pasillo por donde habían llegado caminando. Viendo aquel gesto, _ comprendió que tenía que irse a hacer cosas o vete tú a saber qué. Sin embargo, dada su extrema necesidad de querer agradar a la gente; antes de que la rubia hiciera un amago por irse, la morena se giró hacia ella y le dedicó una pequeña sonrisa.

-Muchas gracias por traerme.

Quedándose completamente quieta durante unos segundos, mirando a _ muy extrañada; al reaccionar, Chiara desvió la mirada hacia un lado, apretando un poco los labios, y, acto seguido, asintió en un ligero e imperceptible movimiento. Sin más, la rubia giró su cuerpo entero, orientando hacia la dirección por donde habían llegado , y comenzó a caminar a pasos rápidos, marchando por el pasillo mientras que tanto Hedwin como _ la seguían por la mirada hasta perderla. Era...un poco peculiar.

-No se lo tengas en cuenta-Le comentó la pelirroja cerrando la puerta cuando Chiara huyó de la escena, volviendo a tener la atención de _ sobre ella al ver que se dirigía a ella. Al parecer había sido demasiado evidente que aquello le había dejado descuadrada; sintió la morena, un poco avergonzada por haber sido pillada- Es un poco tímida. Además, no puede hablar. O, más bien, no quiere hablar.

Parpadeando un par de veces, _ se quedó sorprendida y curiosa, alzando las cejas levemente.

-¿No puede o quiere hablar?- No comprendía a qué se refería. Si no podía o quería ¿Cómo se comunicaba?-¿Es muda?

- Técnicamente, no- La respuesta de Hedwin sonó un poco brusca, como si no se sintiera cómoda hablando de aquel tema, pero tampoco especificando a cuál de las dos preguntas se refería. Captándolo al momento, _ se quedó callada, respetando su espacio. No quería ser invasiva con la vida privada de las personas, y menos con gente que no la conocía. La pelirroja, sin dirigirle la mirada, caminó por su habitación (compuesta por una cama modesta, un pequeño escritorio con su silla, una mesita de noche, un armario y una puerta de la cual salía un poco de vapor, llevando seguramente el baño) y, parándose frente al armario, lo abrió con ambas manos, mostrando una cantidad modesta de ropa. De pronto, los movimientos seguros y confiados de la mujer más alta que parecían ser característicos de ella se vieron tímidos y dudosos, como si estuviera batallando de pronto por hacer algo. Un suspiro se le escapó por sus labios, ganándose una mirada extrañada por parte de _, la cual, a pesar de haber notado aquel cambio, no comprendía por qué- Yo...Yo...lamento haberte drogado tantas veces. De saber que eras tan importante para Abel yo…

Ante la avergonzada disculpa por parte de la pelirroja, _ evitó por todo los medios esbozar una pequeña sonrisa para prevenir malentendidos. No sabía cómo podría interpretar su gesto. Prefería guardarse su enternecimiento para dentro.

-Nada, nada, no te preocupes. Comprendo vuestra situación. Es normal reaccionar de esa manera- Sin esperarlo e interrumpiendo su habla, la pelirroja sacó un par de prendas, incluidos un par de zapatos, y, con una habilidad increíble, la ropa la lanzó hacia la cama, al otro lado de la habitación, y los zapatos a los pies del mueble. Las mudas cayeron sobre el colchón sin apenas arrugarse, unas colocadas sobre las otras, y los zapatos, nada más aterrizar, quedaron perfectamente colocados, tanto que si hubiera estado Levi habría llorado de la felicidad frente a aquel orden. Ante aquella demostración, _ olvidó totalmente lo que estaba diciendo y reaccionó muy sorprendida. Ella, que había entrenado desde pequeña con el arco, podía reconocer cuando alguien tenía talento para ello-¡Wow, menuda puntería tienes!

Sin poder disimular su emoción, Herwin se giró hacia _, procurando (sin éxito) que no se le asomara la alegría en su gesto facial, siendo el resultado un extraño rostro forzado.

-¡Gracias, también sé disparar con arcos, pistolas y dar...dos…!-De pronto, el rostro alegre de la pelirroja se vino abajo cuando se dio cuenta de la metedura de pata que había hecho. Sus mejillas se empezaron a colorear del mismo tono que su llamativo cabello, conforme la vergüenza fue haciendo mella en ella. Los ojos verdes de Hedwin se desviaron con rapidez hacia un lado y su cuerpo pareció encogerse en el sitio-Ugh, lo siento...De verdad que no quería decir eso...

Fallando en el intento de aguantar, _ no pudo evitar soltar un sonido de risa por la nariz. Para bien o para mal, la pelirroja era terminantemente sincera y expresiva, lo cual causaba aquellas situaciones. En ello, eran bastante parecidas.

-Tranquila, no eres la primera que metió la pata dando una mala impresión-Le contestó la morena con un tono alegre, agachándose para coger la ropa que le había prestado junto a los zapatos. A simple vista, supo que le iba a quedar muy largo, pero era lo que había- Te voy a contar un pequeño secreto que poca gente sabe: la primera vez que conocí a mi capitán le estaba apuntando con un arma en el cuello.

Hedwin quedó sorprendida. El contar aquella anécdota causó que todo el bochorno inicial de la pelirroja quedara aplacado, soltándose un poco al hablar con _. Mientras que el agua se calentaba hasta un punto soportable, ambas continuaron dialogando de cualquier tema, como si no hubiera una disparado a la otra, drogándola, secuestrándola y encadenándola en una oscura celda. Tras un rato, una vez que estuvo lista, _ entró en el cuarto de baño, se desnudó, dejando a un lado las ropas sucias, y se internó en la bañera, suspirando placenteramente ante la sensación cálida del agua. Estuvo un tiempo aseándose todo el cuerpo y, cuando estuvo completamente limpio, salió de la tina. Al sentir su piel el contacto húmedo y frío del aire de la habitación de piedra que se encontraba, esta se puso de gallina, mandándole un escalofrío a lo largo de su espalda. Después de que se secara el cuerpo entero, se vistió con las ropas prestadas, batallando un poco debido a la enorme longitud de estas. Como se temía, cuando se las acomodó sobre su cuerpo a casi la mitad del camal de los pantalones y de las mangas le sobrara a la morena, por lo que, refunfuñando, arremangó ambas partes hasta poder ver sus pies y manos. Un poco malhumorada y abochornada por su apariencia tan ridícula, _ salió al dormitorio con su orgullo herido un poco. De pronto, al echar un vistazo a esta, se dio cuenta de que la pelirroja se había marchado ya que no se encontraban en ninguna parte del lugar, olvidándose del motivo de su refunfuñar. Estaba de nuevo completamente sola. Frunciendo el ceño, extrañada por su ausencia, la morena caminó hasta la puerta que daba al pasillo, pensando que tal vez la estaría esperando fuera para darle más privacidad a la hora de bañarse, pero no fue así. Al girar el picaporte y abrir la puerta, _ se encontró frente a ella a una persona desconocida. Unos profundos ojos negros que la miraron con una curiosidad intensa logrando impresionarla un poco. Intentando disimular su sorpresa, _ se forzó a mantener la mirada quieta, pues no quería ser irrespetuosa con el chico que tenía delante. Solo había bastado un rápido vistazo para darse cuenta: estaba muy enfermo. Demasiado. Con la llamativa cicatriz de los Niños Topo en la frente, el resto de partes la piel amarillenta y casi sin brillo se le pegaba al rostro delineando los huesos de su cráneo debido a la falta de musculatura. Descendiendo de su faz, a lo largo de su tronco, sobre la camisa que llevaba se podía ver como se le marcaban preocupantemente las clavículas, costillas y los huesos de sus brazos, en los cuales una bolsa inyectada a través de una aguja le administraba el líquido de su interior. Y, finalmente, sus piernas se encontraban debidamente apoyadas en los apoyos de la silla de ruedas en la cual se sentaba.

Aquellos ojos azabaches, rodeados de un profundo surco oscuro, se encogieron, como si hubiera captado algo.

-Sí. Lo que piensas es cierto: voy a morir-Fueron las primeras palabras que le dirigió el chico de aspecto tan enfermizo, provocando que la morena abriera los ojos, siendo sorprendida por aquella agudeza y por la voz ronca con la que había hablado.

_ apretó los labios, sin poder decir nada. No podía negar, pero tampoco quería afirmarlo. Pero sí. Estaba en lo correcto. Lamentablemente a aquel chico no le quedaba mucho tiempo de vida.

-Parece que entiendes de medicina, así que supongo que serás doctora, enfermera o algún otro tipo de sanitario. En todo caso, como paciente, espero que puedas guardarme el secreto profesional que se te obliga a mantener-Alzando su cabeza rapada, el chico de ojos oscuros la miró con seriedad y una pequeña pizca de malicia. Había acertado, dada su "profesión" _ estaba obligada a ocultar cualquier información personal acerca de un paciente, incluso cuando trataban de aquellos temas tan delicados- No quiero que ninguno se entere.

-Se acabarán dando cuenta-Le advirtió la morena con la boca formando una fina línea- No es algo que puedas ocultar. Además necesitarás medicinas para poder llevar todo lo que eso supone.

-Y aún así, continuaré igual. Cuando llegue el momento, llegará; por ahora solo quiero "estar enfermo" para ellos- De pronto, el chico bajó sus brazos raquíticos hacia abajo y, girando las ruedas de madera de la silla, se dio la vuelta y empezó a avanzar por el pasillo, empleándose de pequeños empujoncitos en las ruedas para que esta fuera hacia delante- Ven, están todos esperándonos. Me han mandado a guiarte ya que Hedwin tenía que mediar con un intruso borracho. Por cierto, mi nombre es Bosco.

_, colocándose a su lado tras haber apurado el paso, le dirigió una mirada de reojo.

-Aunque seguramente lo sepas, soy _ Morgan.

Bosco asintió con un pequeño gesto.

-Sí, algo he escuchado: eres la hija de la mujer que salvó a Abel cuando era pequeño y una soldado del Cuerpo de Exploración infiltrada en la Ciudad Subterránea. Lamento nuestro trato, necesitábamos saber qué intención teníais, por si erais una amenaza o no para nosotros. Aunque a decir verdad, gran parte de la culpa es mía por haberles indicado como hacerlo, así que me disculpo personalmente- A continuación, Bosco inclinó con mucha seriedad la cabeza, haciendo una reverencia como disculpa "Así que él es la mente maestra detrás de toda nuestra captura" pensó _ sin poder sentirse un poco impresionada e interesada "Neutralizó primero al más fuerte de los dos, causando que el otro se distrajera y fuera fácilmente abatido. Una estrategia digna de un militar". Estaba claro que no por nada los Guerrilleros eran temidos y respetados entre los residentes; sus miembros eran personas muy habilidosas y capaces. Como diría Pixis: diamantes en bruto -Sin embargo, si soy totalmente sincero, tengo que admitir que estoy un poco satisfecho con el resultado- De manera irónica, _ le lanzó una mirada- Después de todo, Abel ha conseguido descubrir la verdad, quitándose un peso de encima, y hemos descubierto que la Reina y el Ejército de las Murallas están interesados también en desmantelar la red de los Niños Topo. Así que nuestra lucha y venganza personal será más llevadera con vosotros presionando a partir de ahora.

Aquel "también" esperanzó un poco a _, a pesar de los motivos por los que le llevaban a todos esos chicos a pelear. Al fin y al cabo, eso significaba que los Guerrilleros y Levi y ella, en representación del Ejército de las Murallas y la Reina, tenían el mismo objetivo, lo cual haría más fácil la unión y trabajo entre ellos. Con la ayuda e información de ese grupo, _ estaba segura que podrían avanzar con mayor rapidez en la investigación y eliminación de las actividades de los Niños Topo. Con la cooperación mutua, ambos obtendrían los resultados que tanto deseaban.

-Respóndeme a una pregunta: ¿por qué razón luchas tú, _?¿Por la fama?¿El dinero?¿El ascenso, acaso?-Aquellas eran las preguntas de un individuo que había visto la corrupción en las figuras de la autoridad y, como consecuencia de ello, desconfiaba de las acciones de cualquiera.

Durante unos segundos, el pasillo por el cual avanzaban se quedó completamente en silencio, salvo por el sonido de las botas de _ y las ruedas deslizándose del chico con la cabeza rapada.

-No. Todo eso no me importa una mierda. Simplemente lucho por cumplir el sueño inconcluso de una persona muy importante para mi:-De nuevo, los ojos de _ se dirigieron hacia Bosco, el cual la miraba con sus inteligentes ojos negros. La firmeza y seriedad de la mirada de _ era muy intensa, casi sus ojos brillaban con destellos grises-mi madre.

-¡_!-Una voz conocida los recibió nada más que Bosco y la morena entraron en una enorme habitación. Desde la entrada, la chica notó sobre ella misma la intensa mirada de ira de su superior. Sí, había olvidado completamente un pequeño detalle: había desobedecido las órdenes de su capitán y su capitán odiaba con todas sus fuerzas la indisciplina. Le iba a caer una buena y enorme bronca.

Sin importarle ni una mierda los testigos (Hedwin, Chiara y Bosco) que en aquel momento se encontraban en la sala, el moreno cruzó la distancia que los separaba a grandes y rápidas zancadas. Todo el cuerpo y, sobre todo, los ojos de Levi indicaban unas terribles ganas de coger a _ por el cuello y apretar hasta que su rostro se volviera de color azul. A pesar de en aquel instante sus instintos animales le gritaban que huyera, la morena se quedó completamente quieta hasta que su superior se acercó tanto a ella que apenas hubo una separación de unos centímetros entre los rostros de ambos. Si no estuvieran en aquella situación y si no hubiera pasado lo que pasó entre ellos hace bastantes días, el estar así habría causado la muerte prematura de _. Sin embargo, ahora, lo único que sentía La chica en ese instante era bochorno y cierto temor. Los ojos chispeantes de enfado de Levi casi la taladraban con la mirada.

El que no dijera nada y se quedara plantado sin apenas moverse ni hablar, estaba poniendo a _ histérica.

-Capitán, yo…-Murmuró intentando romper el frío y amenazador silencio por parte del moreno.

-¡Tú…!¿¡Se puede saber en qué cojones estabas pensando!?-Exclamó alzando sorprendentemente la voz, interrumpiendo a _. Esta cerró la boca al instante y agachó un poco la cabeza, aceptando cualquier tipo de bronca- ¡No solo una, sino dos veces has querido que te inyectaran el maldito suero de la verdad!¡Cuando yo, un jodido superior, te he ordenado que…!

A pesar de haber estado decidida a callarse y dejar que Levi le riñera tanto como se mereciera, la morena no pudo evitar levantar los ojos y fruncir el ceño, adoptando un gesto de extrañeza.

-Un momento, un momento...¿Dos? ¿Cómo que dos? Si solo ha sido una vez, capitán.

El rostro levemente iracundo de Levi cambió de golpe. Sus ojos se abrieron un poco y miraron a _ con un pequeño deje de sorpresa y confusión. Por otro lado, la morena no le gustó nada que su capitán esbozara aquella expresión ¿Qué estaba pasando?

-Pero…¿qué estás diciendo?

-Es verdad…-La voz de Abel sorprendió a ambos morenos, causando que se separaran, tomando un poco de distancia entre ellos, y dirigieran su atención hacia los recién llegados. Al otro lado, el albino, seguido de Yohan, habían entrado por la otra entrada al lugar. Con toda la tranquilidad del mundo, Abel caminó hasta una silla que había sobre una especie de plataforma de piedra, casi similar a un trono, donde se sentó, adoptando una pose altanera- Ha sido mi error, perdonad. Con la emoción del momento, se me ha olvidado explicarlo.

La anterior expresión sorprendida de su capitán se esfumó nada más aparecer frente a su vista, adoptando una amenazante y fría neutralidad. Con los ojos ligeramente afilados y el rostro serio, Levi dio un paso hacia delante en dirección a Abel, y, viendo el comportamiento hostil del moreno, Chiara hizo lo mismo, colocándose en mitad del camino, entre el capitán del Cuerpo de Exploración y el albino. La mirada de Levi se afiló más, aumentando su irritación

-¿Qué le habéis hecho a mi subordinada?- La voz del moreno resonó en la sala con gravedad, arrastrando las palabras- ¿Por qué no puede recordar lo sucedido hace apenas unas horas? Como le hayáis hecho cualquier tipo de mal, os juro que...

-Tranquilo, fiera, no es nada grave- Con una sonrisa maliciosa, Abel apoyó un lado de su rostro en el dorso de su mano mientras se cruzaba de piernas. _ pudo ver como, frente a ella, los puños de Levi se apretaron. Realmente el hombre no le gustaba nada que le vacilaran - Es una habilidad un poco, bastante, irónica para mí, a decir verdad. Pero os lo explicaré de manera simple pues ni yo mismo lo comprendo: le he eliminado sus recuerdos de unas dos horas. Es decir, le he borrado la memoria- Entonces, soltó una pequeña carcajada divertida- Gracioso ¿cierto? Viniendo de mí.

"¿Me han borrado la memoria?" pensó la morena mientras abría la boca entre impresionada y un poco asustada, casi sin comprenderlo. Sin poder evitarlo, alzó su mano diestra y se agarró la frente, acariciándose la piel con la yema de los dedos "¿Es siquiera posible? Sí, lo es. Ya hemos visto un caso parecido. Esa habilidad es similar a la de …."Entonces, al hilo de sus pensamientos, Levi se adelantó a _.

-Seguramente hayas escuchado hablar de la habilidad de los Reiss ya que hace poco se desveló toda la mierda que tenían debajo...Se que suena estúpido y, me avergüenza siquiera pensarlo, pero ¿tú…?

-Oh, no- Con una pequeña risita alegre, Abel negó con la cabeza. Desde donde estaba, _ escuchó chasquear la lengua a Levi, irritado-Para nada. Aunque, me halaga que pienses en mí como un príncipe, y eso que yo a veces también lo he hecho; no, no tengo nada que ver. No tengo tanto poder como nuestra ilustre Reina; solamente puedo alterar los recuerdos a muy pocas personas. Aparte de tener amnesia, me temo que en teoría soy del exterior de las murallas.

Sí. Tanto Levi como _ sabían perfectamente que incluso pensar que aquella habilidad pudiera tener algo que ver con los Reiss era una auténtica locura. Para empezar, como había dicho, el albino frente a ellos no era de procedencia de las Murallas. Lo sabían pero… ¿por qué era capaz de borrar los recuerdos al igual que todos los auténticos reyes de las Murallas?

-Bueno, ya que hemos solucionado todas nuestras dudas y diferencias, ahora pasemos a hablar sobre nuestra contratación de la que tanto habéis hablado- Dando por finalizado el tema de su habilidad (no siendo así), Abel cambió el rumbo de la conversación, dirigiéndolo hacia otro que ganó todavía más la atención de ambos soldados, olvidándose del anterior-Me temo que no va a poder ser.

Ante aquel rechazo tan directo, _ sintió como si una jarra de agua muy fría, casi congelada, caía sobre su cabeza. Abriendo los ojos, miró sin comprender al albino.

-¿¡Por qué!?-Exclamó sin poder controlar su volumen de voz, la cual resonó con eco en la habitación. Casi había estado convencida de que, como bien había dicho Abel tras las dudas y diferencias, llegarían a un acuerdo de unión entre ambos grupos. Aquello había sido totalmente inesperado.

Abel, sin inmutarse por la decepción de la morena, encogió los hombros, como si no fuera gran cosa.

-Porque no trabajamos ni ahora ni nunca con el Ejército de las Murallas, iremos por nuestra cuenta; como siempre hemos hecho. Y como siempre haremos.

-Pero, Abel, ¡piénsalo bien! Este contrato nos hace bien a ambas partes. Uniendo nuestras fuerzas, será más rápido y eficaz. Conseguirías vuestro objetivo definitivamente.

-Sí, tienes razón, cooperando juntos seguramente desmantelaríamos los Niños Topo en menos tiempo del que lo haríamos solos. No puedo negar ese hecho - Moviendo la cabeza a ambos lados, el cabello de color blanco del chico brilló por los reflejos de las llamas de las antorchas -Sin embargo, aun teniendo en cuenta esa desventaja, no lo haremos. No confiamos en ningún militar. Suficiente experiencia tenemos con la Policía Militar, sinceramente.

-Ya no son los mismos. Tanto la Policía Militar, como el resto de cuerpos han cambiado. Los corruptos han sido juzgados y encarcelados por sus pecados. Ahora mismo el Ejército de las Murallas y el Gobierno lo están dirigiendo personas dignas de confianza y capaces, que solo desean lo mejor para sus ciudadanos. Todos, sean de la superficie o de la Ciudad Subterránea.

-Lo siento, _. Pero no quiero tener nada que ver con otro cuerpo ni estar al servicio de cualquier soldado- La voz de Abel se tornó firme, sin que cupiera ninguna otra opción. Estaba completamente encerrado en su negativa a trabajar con el ejército- Estoy harto. Todos lo estamos.

Sin embargo, lo que no sabía Abel es que se había topado con una persona muy cabezota, orgullosa e impulsiva, que, con tal de conseguir sus objetivos, haría lo que fuera necesario. Aunque eso pudiera ponerla en una situación que llevaba años evitando deliberadamente, por miedo. Por ello, cerrando los ojos, después de que una idea se le formara en la mente, _ inspiró y expiró de manera profunda, intentando obtener todo el coraje y valor necesario. De verdad, tenía que admitirlo, estaba total y absolutamente loca.

Finalmente, abrió sus ojos grises e, hinchando un poco el pecho, alzó la barbilla, dirigiendo su mirada ardiente hacia Abel. El albino al ver el cambio de actitud de la morena bajó una de sus cejas, extrañado.

-Pues si es esa vuestra condición, entonces poneros bajo mi mando-Propuso _ con determinación, causando una reacción sorpresiva en todos los presentes, pero, sobre todo por parte de Levi, el cual giró su cuello y le lanzó una mirada- Al fin y al cabo, no soy "cualquier" soldado.

Durante unos segundos, en la sala lideró un silencio sepulcral hasta que un silbido lo rompió, por parte de Yohan, el cual miraba a _, sin que esta se diera cuenta, con los ojos brillantes de emoción.

Por otra parte, Abel, tras parpadear varias veces estupefacto, encogió el rostro, mostrando un gesto de incomprensión.

-¿Tu mando? Pero si eres una simple soldado raso, no…

-Si paso la prueba de aptitud, no-Le cortó antes de que continuara hablando. La mandíbula de _ se apretó con tensión:" _ Morgan no obtendrá el rango completo hasta que no pase un entrenamiento y una prueba de aptitud impuesta por uno de los capitanes oficiales". Sabía que se estaba metiendo en un terreno que su yo de hace unos años habría huido como un conejo siendo cazado, pero ahí estaba. Desesperada por obtener una ventaja sobre las incógnitas de los Niños Topo. Desesperada por cambiar aquel cruel mundo, aunque con ello tuviera que enfrentarse a sus propios demonios.

Alzando las cejas, Abel se recostó en el respaldo de la silla donde estaba sentado. Con un ademán ansioso, se pasó los dedos por su cabello albino y dejó ir un suspiro cansado.

-No entiendo -Con un movimiento, el chico negó con la cabeza y, entonces, alzó la mano izquierda- ¿Para qué querrías tenernos como subordinados? Somos criminales y encima residentes de la Ciudad Subterránea. Cualquiera preferiría liderar a un soldado entrenado y disciplinado desde 0 que a nosotros.

"Al igual que alguien que yo me sé y, miradlo ahora, el Soldado más Fuerte de la Humanidad. Lástima que no sea conocido por el público, si se supiera, estoy segura que llegaría a mayor inspiración para las nuevas generaciones" pensó en su mente _, desviando por un momento sus ojos grises hacia Levi. El moreno le devolvió la mirada, con una expresión que no supo identificar.

-Para mí, sois más que eso. En vosotros solo veo unas personas talentosas y brillantes, con ganas de romper sus cadenas y liberarse-Le dijo con total sinceridad, redirigiendo su atención hacia Abel- Buscáis, tenéis y seguís lo mismos valores que yo. Así que no podría encontrar mejores soldados que vosotros para liderar.

La nuez en el cuello de Abel bajó y subió, tragando saliva de manera silenciosa. De pronto, toda la negativa a inmiscuirse con el Ejército de las Murallas se vino abajo, dando paso a una expresión de duda. Tanto el líder como el resto de miembros de los Guerrilleros parecían haber sido sacudidos desde fuera de sus caparazones. Nadie lo había hecho. Reconocer sus habilidades más allá de ser un grupo criminal y darles esa clase de elogios.

-Yo…

-Abel-Entonces, sin que nadie se lo esperara, Bosco se deslizó hasta en medio de la sala, ganándose la mirada de todos los presentes. El rostro serio del chico de pelo rapado se alzó hacia su líder. El corazón de _ palpitó nerviosamente, pues no se había esperado que Bosco hablara. Si era bueno o malo, lo descubriría a continuación- Seríamos unos completos estúpidos si se nos ocurriera dejar ir esta oportunidad por nuestro orgullo. Podremos salir de este maldito lugar por fin, obtendremos nuestra libertad anhelada y continuaremos con nuestro objetivo con grandes aliados habiéndonos hecho hueco en este mundo ¿cómo podríamos decir que no a esta oferta tan beneficiosa?