Capítulo 48: Evaluación
Cuartel General del Cuerpo de Exploración. Hace unos días. Segundo día en la superficie.
Durante unos segundos, Enara se quedó mirando a sus pies, con la mano todavía en el picaporte de su habitación, teniendo de esta manera la puerta a medio abrir. No se movía. Simplemente mantenía sus ojos grises pegados a aquello que descansaba en el suelo junto a su puerta: su chaqueta del uniforme, cuidadosamente plegada.
Poco a poco, un ligero tono rojo cubrió sus mejillas plagadas de pecas, conforme el bochorno recorría su cuerpo. Y, sin querer pensar nada, cerrando la puerta tras de sí; se agachó en un movimiento rápido, cogió la prenda de un zarpazo y empezó a caminar por el pasillo, colocándose la prenda en los hombros con ademanes nerviosos y torpes. Maldita sea.
Minutos después, tras un rápido desayuno, se encontraba en la sala de enfermería de la planta baja del Cuartel General del Cuerpo de Exploración, con la bata, los guantes y una máscara puestos en el rostro y en su cuerpo, colocando sobre la mesa los diferentes medicamentos y herramientas que utilizaría. No había nadie en el lugar, por lo que podía trabajar con tranquilidad y sin interrupciones. Estaba tan concentrada revisando que todo estuviera perfectamente colocado y con las cantidades necesarias que por poco no escuchó cuando la puerta fue tocada. Alzando la cabeza de la mesa de metal, dirigió su mirada grisácea en aquella dirección, subiendo una de sus cejas negras. Había llegado más pronto de lo acordado. Viendo la impaciencia de su nuevo visitante y sin querer hacerle esperar más, rodeó el mueble y caminó cruzando la habitación hasta llegar a la puerta, la cual la abrió cuando estuvo junto a ella. Al otro lado, unos ojos negros se conectaron con los de ella.
-Buenos días, Bosco-Le saludó con una pequeña sonrisa, echándose a un lado para que el chico pudiera adentrarse en la habitación con su silla de ruedas. Cuando el rapado estuvo dentro, la morena cerró la puerta tras de sí y lo siguió hasta la camilla que había en la pared de enfrente y junto a la mesa de metal- ¿Listo para el tratamiento? Tengo que advertirte, antes que nada, que es un poco duro. Si lo necesitas, en cualquier momento podemos parar.
-¿Parar?-Bufó el chico mientras hacía girar su silla para encararse a la soldado. Su rostro era muy serio-Estoy por hacerlo yo mismo en el caso de que tú te detengas.
El gesto de sus labios se estiró completamente fascinada. En lo poco que los conocía, los Guerrilleros le parecían increíbles como grupo, pero individualmente, nunca la dejaban de sorprender. En Bosco, le gustaba la firmeza y coraje que se podía observar en sus ojos, en sus palabras y en su comportamiento. Era un chico que no permitiría bajo ningún concepto que le trataran como a un débil, pues no lo era y él mismo se encargaba de recordarlo cuantas veces fueran necesarias. Eso, junto a otras facetas, lo hacían una persona muy especial.
-Espero que no ocurra esa situación. No quiero que me quites mi trabajo. Perdería mi reputación-Bromeó acercándose al chico. Con cuidado, rodeó con sus brazos el torso de Bosco y, cuando este estuvo bien sujeto, lo alzó ejerciendo un poco de fuerza y lo depositó con cuidado en la camilla. Separándose un poco, Ena le dedicó una mirada-Pero, tranquilo, forzar las cosas tampoco es bueno. Si fuera necesario, puedes tomarte un descanso. Yo no me iré hasta que hayamos terminado.
Recibiendo un silencio por parte de su paciente, dio por terminada la conversación de buena manera. Tras haber pedido permiso, empezó a desvestirlo, depositando las prendas en otro mueble cercano.
Primero, antes de empezar completamente, tenía pensado tratar las heridas que todavía continuaban abiertas e infectadas, así podría proceder con el resto del procedimiento sin preocuparse de que ello pudiera empeorarlas o que pudieran suponer un sufrimiento continuo al chico al no estar cuidadas. Por ello, cogiendo con unas pinzas, una aguja esterilizada con un hilo enganchado, y con otras, un trozo de algodón repleto de alcohol; empezó el proceso tan tardío que seguramente ocuparía al completo aquella sesión. Las primeras lesiones que fueron tratadas eran menos graves por lo que solo necesitaban una desinfección, cubrimiento y algún que otro punto, terminando esta cura al cabo de unos 10 minutos. Ahora, continuaba la parte más complicada, tratar las más graves. Algunas tenían tanto pus en el interior de la piel, que causaba que esta se viera de color verde e incluso negruzco, por lo que esas requerían de un procedimiento más agresivo y más doloroso. Dejando a un lado las pinzas que portaban la aguja y tirando a la basura que había al lado de ella el algodón completamente manchado de sangre; cogió una jeringuilla repleta de anestesia. Avisando de que sentiría un pequeño pinzado, la morena inyectó aquel líquido en las heridas y esperó durante unos instantes a que hiciera efecto. Cuando las zonas se adormecieron completamente, la soldado rasgó la herida y, mediante una jeringuilla vacía, gasas y pinzas, empezó a quitar el pus y parte de la carne afectada de estas.
Durante todo el proceso, sin que ella misma se diera cuenta debido a lo concentrada que estaba, sin darse cuenta fue frunciendo varias veces las cejas, adoptando gestos de incomprensión y preocupación. Nunca había visto aquel grado de infección y de necrosis en una piel. Y eso que aún no había tratado con las otras dolencias, las cuales tenían pinta de ser peores a simple vista. No se explicaba cómo el chico había llegado hasta tal punto. Algo debía haber sucedido en las profundidades de la Ciudad Subterránea. Algo muy malo.
-Te estás preguntando cómo he acabado así ¿cierto?-Habló de pronto Bosco, sobresaltadola. Enara, abriendo los ojos, alzó la mirada y giró el cuello hacia el rostro del chico, haciendo contacto visual con él, un poco asombrada de que hubiera descubierto lo que se le pasaba por la cabeza- No sé de qué te sorprendes. Eres un libro abierto. Espero que nunca juegues al poker. Se te nota lo que estás pensando en todo momento. Acabarías pobre en dos segundos.
Un ligero rubor apareció en el rostro de Ena. Avergonzada, se incorporó y desvió la mirada de Bosco.
-Lo siento… por haber sido tan indiscreta. No quería ofenderte ni hacerse sentir incómodo…-Se disculpó con la voz distorsionada por la mascarilla que cubría su rostro. Maldición, ¿por qué no podía disimular?
-Descuida, no me importa hablar de mi pasado. No tengo nada que esconder ni avergonzarme- Le contestó despegando su vista del rostro de Enara para mirar hacia el techo. Los ojos grises de Ena volvieron a Bosco- Y si te soy sincero, lo prefiero. Es un buen pretexto para distraerme de toda esta mierda.
Con ello, mientras le curaba las múltiples heridas del cuerpo al chico, Bosco comenzó a narrar la historia de su vida con su voz grave y ronca. Iniciando, por supuesto, desde el principio.
Hasta donde sabía el chico, su madre, cuyo nombre era Rose, había tenido la desgracia de haber nacido y crecido en la Ciudad Subterránea. Como cualquier familia de aquel lugar, las condiciones en las que vivían distaban mucho de la situación en la superficie, por lo que su pobreza llegaba a ser extrema. Dada el poco salario que entraba en casa y lo caros que eran los productos del mercado, apenas había comida para todos los miembros de su familia y muchos días solamente un pequeño y duro trozo de pan pasaba por sus estómagos encogidos por el hambre. Y, aunque parecía que no, la situación empeoró todavía más si cabía con la noticia de que, debido a un imprevisto, la madre de aquel núcleo familiar quedó embarazada. El poco dinero que tenían les impedía pagarse las medicinas necesarias para poder abortar, por lo que no tuvieron otra opción. Un día como otro cualquiera, Rose acompañó a su madre al exterior de su casa para realizar su rutina de mendigación, inocentemente alegre de que fuera a tener por fin una hermana o hermano. Aquello había sido lo que más había deseado, dentro de su mente de 10 años, inconsciente de que la vida que le darían a aquella criatura sería completamente inhumana, al igual que la suya. Y, guiada por aquella infantil ilusión, no se dio cuenta de que su madre en aquel día fue guiando por callejones distintos a los que cada día recorrían. De pronto, se vieron envueltas en la marea del mercado de la Ciudad Subterránea y, luchando por no ser arrastradas, siguieron avanzando a través de ella hasta terminar frente a un edificio de color rojo apagado. Ahí, empezó la pesadilla de Rose, después de que, por última vez en su vida, viera la espalda de su madre perdiéndose en la multitud, tras haberla vendido a los Niños Topo.
Durante varios años, bajo la rama dirigida a la prostitución y el espionaje, Rose fue sometida a un entrenamiento exhaustivo, pero le otorgaron ciertas cosas que jamás soñó tener: abundante comida, ropa nueva y una cómoda cama. Todo para ella. Algo que nunca concibió en su vida. El dolor que sintió por el abandono de su familia fue rápidamente opacado al sentirse por una vez cuidada. Sin embargo, cuando por fin se graduó, toda aquella ilusión engañosa se rompió ante las primeras misiones. Toda ella fue marcada para siempre y de una manera irreversible. Debido a la proporción de un hogar, comida y seguridad, la chica solo pudo soportarlo todo y seguir adelante, esperando sobrevivir un día más en aquel lugar. Conforme más pasaba el tiempo realizando aquellas misiones, su mente más se evadía de su cuerpo, llegando a sentirse totalmente ajeno a ella. Los días se hacían eternos, casi como años. Todos sin color, en blanco y negro. No obstante, a la edad de 15 años, sucedió: estaba embarazada. Y, aunque significara que su vida podría cambiar de una manera preocupante, aquello solo hizo devolverle aquello que le habían arrebatado: la ilusión. Por una vez en años, Rose volvió a sentirse de nuevo viva. Su mundo se iluminó con una inmensa paleta de colores. Tenía un propósito y ese era amar con todas sus fuerzas a su prójimo: Bosco. Le daría todo el cariño y amor que ella no pudo recibir de sus padres. Sí, eso haría, hasta el último exhalo de su aliento.
…
-Me alegro de que os hayáis levantado con tantas energías, mocosos mafiosos- Una voz grave y levemente teñida de un tono irritado sorprendió al pequeño grupo que, subidos a las vallas con unos rostros ilusionados y los uniformes del cuerpo prestados, observaban la multitud de caballos del Cuerpo de Exploración pastando y corriendo en manada en el cercado cerca del Cuartel General- Porque las vais a necesitar, si no os queréis desmayar en el camino.
El sol de la mañana ya empezaba a incidir con bastante insistencia en la tierra, pero sin llegar a ser molesto, ya que aún no era verano. Habían pasado varias horas desde que Enara había dejado a Bosco descansando de todo el proceso en la enfermería, con todas sus heridas tratadas y desinfectadas. Tras indicarle que mañana empezarían con el tratamiento más intensivo dirigido a sus pulmones, sangre y demás dolencias, marchó hasta el despacho de su capitán y, haciendo como si no hubiera pasado nada de una manera orgullosa, los dos tuvieron una incómoda reunión acerca de las evaluaciones que llevarían a cabo más tarde.
Parándose delante del grupo, adoptando una pose de autoridad, Levi se cruzó de brazos y les miró con sus ojos gris azulados aburridos e inexpresivos.
Unos pocos pasos más atrás, Enara se acercó a él y, situándose a su lado, sin emitir ni una palabra, hizo un gesto con la cabeza, saludando a los Guerrilleros. El grupo ya había bajado de la valla y se habían girado hacia los dos morenos. En la mano derecha de la mujer, se podía ver una gruesa carpeta y, en la izquierda, un lápiz.
Ante la manera tan peculiar de hablar de Levi, Hedwin frunció el ceño e hizo un gesto de enfado con los labios, mostrando su evidente molestia. Aquello fue el momento preciso para que Ena decidiera hablar, previniendo cualquier cosa que pudiera decir la pelirroja sin ningún pelo en la lengua hacia el moreno. Por experiencia pasada (y tanta), sabía que era mejor no caer en las provocaciones de Levi.
-Buenos días, chicos y chicas. Espero que hayáis dormido como unos bebés esta noche porque hoy os toca una mañana movidita-Les saludó con un tono un poco urgente, ganándose la mirada de sus "posibles" subordinados- Hoy empezaremos las pruebas de aptitud y, como tenemos tan poco tiempo, serán dos tipos: un examen de tiro con arco y otro de tiro con rifle y un examen de carrera corta, carrera con obstáculos y carrera de resistencia.
Al ser un examen tan extraordinario, tanto Levi como Enara habían acordado poner el nivel muy alto para evitar quejas o acusaciones de favoritismo por parte de los altos mandos, aunque aquello fuera perjudicial para los jóvenes que les miraban sin poder creérselo. Normalmente, un recluta del Ejército de las Murallas sería examinado casi todas las semanas durante los años que duraba el entrenamiento y, de la media de todas las notas, surgiría su calificación en las distintas pruebas. Sin embargo, como ya había dicho la morena, el tiempo era escaso, ya que debían obtener en unos pocos días las suficientes notas como para convencer a los mandamases del Gobierno de las Murallas. Por lo cual, no tenían otra opción.
-¿Solo dos? ¿Cómo que solo dos? ¡Si son cinco exámenes en varias horas!-Exclamó la pelirroja sin poder retener su lengua.
-¿Algún problema, pelo zanahoria?-Le gruñó Levi, arrastrando las palabras. A su lado, Enara suspiró con pesadez, sintiendo una ligera sensación de deja vu. El rostro de Hedwin se coloreó por la ira que creció en su interior, ofendida al haber sido denominada de aquel modo tan despectivo, y, abriendo la boca para contestarle cualquier barbaridad, fue interrumpida por el capitán- Os recuerdo que no estamos jugando a ningún juego, mocosos mafiosos. Ni somos una organización benéfica que recoge los despojos. Si os pensáis que esto va a ser coser y cantar, ya os podéis largar al agujero donde salisteis- Cualquier tipo de expresión que hubiera en los rostros de los Guerrilleros se esfumó con la voz firme y dura de Levi Ackerman- Ahora estáis en manos del Ejército, y en concreto de nosotros dos, -Indicó refiriéndose tanto a Enara como a él mismo. Aunque las palabras no fueran las más acertadas, Ena estaba de acuerdo con su superior, La situación era muy compleja como para que pudieran permitirse el lujo de quejarse- por lo que esperaran de vosotros lo que esperan de un soldado entrenado por tantos años. O más. Tened en cuenta que mucha gente ha dado la cara por vosotros, jugándose incluso su puesto o credibilidad, así que por vuestro bien espero que demostréis con hechos y pruebas de que no sois inútiles- Un silencio sepulcral se oyó en el lugar cuando Levi terminó de hablar, quedándose por unos segundos mirando muy intensamente a los antiguos residentes de la Ciudad Subterránea. Durante aquel lapso de tiempo, el paso del aire de la mañana alborotó los cabellos de los presentes en aquel lugar, como si quisiera llenar el vacío. Por las expresiones que ponían, Enara supo que, a pesar de haber sido demasiado brusco, las palabras del moreno habían llegado a los Guerrilleros, pues en sus ojos se podía ver una pequeña chispa de desafío y de determinación- ¿lo habéis entendido ahora? ¿o tengo que deletraroslo?
Un grito bravo de afirmación se escuchó como respuesta por parte de los que serían examinados, que se tensaron en el sitio, irguiendo sus espaldas y adoptando una postura firme. Sin poder evitarlo, una minúscula sonrisa se coló por los labios en contra de la voluntad de Enara al ver cómo, de pronto, el comportamiento despreocupado de aquellos chicos y chicas había sido dejado atrás por las palabras de su capitán. Debía admitirlo, Levi tenía un don para liderar a la gente, a pesar de su carácter amargo y malas formas. Conseguía mover a las masas con tan solo hablar.
Al cabo de unos minutos, bajo los rayos del sol, el grupo practicaba por una hora tanto el tiro con arco como el tiro con rifle, siendo observados desde atrás por ambos morenos con ojo crítico pero sin evaluar todavía. Les habían permitido esa prórroga antes de la prueba, para que se pudieran acostumbrar al armamento militar del Cuerpo de Exploración.
La primera impresión que había tenido Enara nada más verlos utilizar el arco es que ninguno había tocado uno en su vida. No sabían dónde colocar las manos, ni la flecha y ¡qué decir de apuntar! Muchas flechas terminaron en el suelo a los pies de los chicos y chicas u otras pérdidas por algún lugar de la zona al haber sido extraviadas por los tiradores. A pesar del desastroso presagio que aquello le mostró, cuando probaron con los rifles, una sensación de alivio le invadió. Al cabo de unos intentos, parecían manejarlo bastante bien. Tras unos minutos disparando con el arma de fuego, muchos desistieron al pillarle el tranquillo, por lo que enseguida volvieron a practicar con el arco, pero iban demasiado desorientados. No tenían ni idea de nada. Por ello, apiadándose de ellos, les ayudó un poco, explicándoles la posición corporal que debían adoptar, cómo apuntar y dónde colocar la flecha y las manos. Aquello le trajo recuerdos nostálgicos de cuando ella era entrenadora y observaba con orgullo cómo sus alumnos conseguían dominar alguna lección que se le resistía.
Ante la llamada de la grave voz de Levi, el entrenamiento se dio por concluido y el examen por empezado. Deseándoles suerte, se retiró de la zona de tiro a rápidas zancadas dejando atrás a unos Guerrilleros, aunque emocionados, levemente nerviosos y regresó al lado de su capitán, el cual observaba con ojos serios a los que serían examinados.
-¿Están listos?-Preguntó el hombre sin ninguna expresión en el rostro, desviando por unos segundos sus ojos gris azulado hacia la morena.
-Eso creo. He hecho todo lo que he podido. Ahora llega el momento de la verdad-Le dijo Enara encogiéndose de hombros dirigiéndose hacia su capitán con voz neutra. No estaba muy preocupada por aquella prueba, ya que en sus años de entrenadora no había observado excelentísimas notas entre los reclutas, a no ser que tuvieran experiencias anteriores con el tiro con arco, como Sasha o ella. Si fracasaban en aquella prueba, no contaría demasiado para la evaluación. No obstante, en el caso contrario, se vería con muy buenos ojos que la pasaran con éxito.
Ambos se acercaron a la valla que los separaba de los Guerrilleros y, desde ahí, bajo la mirada atenta de todos, les explicaron en qué consistiría la prueba: para aprobar debían acertar 2 tiros de 3 que le permitirían disparar con cada arma. La puntería, la postura y la rapidez de disparo serían también objeto de evaluación, pero solo para elevar la puntuación. No eran tan importantes en la examinación, ya que podrían ser entrenadas más tarde.
Cuando concluyó la explicación, al no tener ningún orden establecido, se echaron a suertes quién sería la primera o el primer evaluada o evaluado, saliendo victorioso (o no) de aquel sorteo Yohan. Con los gritos de ánimo de sus compañeros y las burradas que Abel le decía, el castaño de gran altura caminó con una sonrisa tranquila, pero tensa hasta el centro del campo de tipo. En él, había colocados tanto un rifle como un arco y un carcaj repleto de flechas suficientes para todos. Y así, con el calmado Yohan cogiendo el arco, empezó la evaluación de los Guerrilleros.
RESULTADOS DE LA PRUEBA DE PUNTERÍA CON ARCO Y RIFLE
1- YOHAN: ARCO - 2 ACIERTOS. PRIMERO CÍRCULO EXTERIOR. SEGUNDO CÍRCULO EXTERIOR.
RIFLE - 2 ACIERTOS. PRIMERO CÍRCULO EXTERIOR. SEGUNDO CÍRCULO DE ENMEDIO
MALA PUNTERÍA. EXCELENTE POSTURA. BAJA RAPIDEZ.
NOTA: _ 6'5 APROBADO - Levi 5 APROBADO
2-CHIARA LEROUGE: ARCO - 2 ACIERTOS. PRIMER ENTRE EL CÍRCULO DE ENMEDIO Y EL DEL CENTRO. SEGUNDO CÍRCULO DE ENMEDIO.
RIFLE - 3 ACIERTOS. PRIMER CÍRCULO DE ENMEDIO. SEGUNDO ENTRE EL CÍRCULO DE ENMEDIO Y EL DEL CENTRO. TERCERO DIANA.
BUENA PUNTERÍA. EXCELENTE POSTURA. EXCELENTE RAPIDEZ.
NOTA: _ 8`5 NOTABLE - Levi 7 NOTABLE
3- HEDWIN JOHAR: ARCO - 3 ACIERTOS. PRIMERO CIRCULO EN MEDIO. SEGUNDO CÍRCULO ENTRE EL CÍRCULO DE ENMEDIO Y EL DEL CENTRO. TERCERO ENTRE EL CÍRCULO DE ENMEDIO Y EL DEL CENTRO.
RIFLE: 3 ACIERTOS. PRIMERO DIANA. SEGUNDO ENTRE EL CÍRCULO DE ENMEDIO Y EL DEL CENTRO. TERCERO DIANA.
EXCELENTE PUNTERÍA. EXCELENTE POSTURA. EXCELENTE RAPIDEZ.
NOTA: _ 9'5 SOBRESALIENTE - Levi 8 NOTABLE
4- ABEL ROSS: ARCO- 2 ACIERTOS. PRIMERO ENTRE EL CÍRCULO EXTERIOR Y EL DEL MEDIO. SEGUNDO CÍRCULO DE ENMEDIO.
RIFLE - 3 ACIERTOS. PRIMERO CÍRCULO EXTERIOR. SEGUNDO CÍRCULO DE ENMEDIO. TERCERO CÍRCULO DE ENMEDIO.
PUNTERÍA DECENTE. BUENA POSTURA. BUENA RAPIDEZ.
NOTA: _7 NOTABLE - Levi - 6 APROBADO
Los ojos grises de Enara brillaban bajo el sol suspendido en lo alto del cielo, con mucha emoción mientras observaba aquellas notas tan increíbles entre sus manos. Sus orbes casi eran tan deslumbrantes como aquella esfera luminosa. Su mente de antigua entrenadora iba a mil por hora planeando nuevos entrenamientos para que aquellas sorprendentes habilidades y talento que había observado de nuevo en aquel grupo pudieran elevarse como la espuma. Si le dejaran… Si le dejaran… ¡PODRÍAN ESTAR A LA MISMA ALTURA QUE EL MISMÍSIMO ESCUADRÓN DE OPERACIONES ESPECIALES! Un sentimiento de competencia parecía haber surgido desde su interior, olvidándose por un momento de sus temores de liderar una tropa. El potencial que tenía ante sus manos había aplacado cualquier preocupación.
Levi, al lado de la morena que sonreía con malicia, dejó ir un suspiro. Podía leer perfectamente lo que estaba pensando a través de su expresión facial.
-No te emociones tanto. Aún quedan muchas pruebas-Le advirtió con un tono neutral. Aunque para Enara sonara como una especie de amenaza o reto; en realidad Levi lo mencionó para que, en el caso de que no pudieran pasar el examen o no les dejaran entrar al Cuerpo, la morena no se decepcionara mucho.
-Hmp. Ya veremos- Soltó indignadamente, girando el rostro hacia un lado. Molesta porque el hombre de cabellos morenos le había cortado todo el rollo, caminó hasta los Guerrilleros que durante un tiempo llevaban estirando los músculos y las articulaciones para comenzar el examen. Debido a lo bien que habían salido las anteriores pruebas (aunque ninguno supiera la calificación que habían sacado) la moral entre ellos estaba por todo lo alto. Mientras hacían aquellos ejercicios de calentamiento, bromeaban los unos con los otros como si fueran niños. Deshaciendo su molestia, Ena esbozó una pequeña sonrisa- Bueno, bueno, ya basta de juegos, chicos, chicas-Les habló con un tono un poco divertido, dando un par de palmadas para llamar su atención. De pronto, se vio rodeada por los Guerrilleros, por lo cual tuvo que levantar el mentón para poder hablarles mirándoles a los ojos. Eran unos malditos gigantes- El siguiente examen consistirá en una prueba compuesta por 3 ejercicios diferentes. El primero es una carrera corta de 50 metros por parejas. El segundo ejercicio es una carrera de obstáculos individualmente; en la cual debéis evadir los estorbos en el menor tiempo posible. Por último y para terminar, una carrera de resistencia; esta es muy sencilla, ya que solamente tenéis que aguantar lo máximo que podáis- Tras explicarles todo, esbozó una sonrisa maliciosa.
-¿Lo máximo?-Preguntó retóricamente Yohan descendiendo una de sus cejas. La tan obvia diferencia de altura causó que la morena tuviera que alzar aún más su mentón-Osea ¿que no hay límite de tiempo ni distancia?
-Efectivamente-Asintió la morena manteniendo el gesto en su faz.
Dando unos pasos para aproximarse al castaño, Abel, cuando estuvo a su lado, dejó caer uno de sus brazos sobre los hombros de este, colgándose de él.
-Deja que te lo resuma, querido Yohan: debes correr hasta morir ¿No es así, Enara?- Buscó su confirmación el albino, con una sonrisa burlona.
-Así es, Abe-Volvió a asentir la pequeña soldado, colocando sus manos sobre sus caderas- Y si acabáis con espuma en la boca o al borde del infarto, podría incluso plantearme poneros el sobresaliente.
-Oh vaya, al parecer tenemos una capitana muy severa ¿eh? Me gusta, me gusta-El tono sugerente que emitió el albino hizo reír a la morena. Después de varios días conviviendo con el albino habían ganado tanta confianza como para hacer bromas de ese estilo. De no ser por ello, si un desconocido o alguien con quien no tuviera tal afinidad lo hiciera, se habría ganado un puñetazo en la nariz por su parte.
-Abel, con ese tono parece que tengas ganas de llevarle la contraria para que te discipline- Le siguió el juego Yohan, mirando muy fijamente a Enara, con una encantadora sonrisa. El otro chico encogió los hombros, sin negar o confirmar nada.
-¿Se puede saber qué os pasa, panda de perros en celo?- Saltó en aquel instante Hedwin con un marcado ceño fruncido. La chica tenía los brazos cruzados y los miraba muy extrañada. No se había dado cuenta de que estaban bromeando entre ellos.
La repentina voz de la pelirroja logró ganar la atención de los tres. Durante unos segundos, tras dirigir sus ojos hacia Hedwin y mantenerse en silencio, se quedaron completamente estupefactos. Sin embargo, aquel momento tan tenso se rompió al escucharse, de pronto, un bufido y unas escandalosas carcajadas, procedentes de la "futura capitana". Tal fue la risa tan contagiosa que emitía la pequeña chica, que, al cabo de unos instantes, Abel y Yohan se unieron a estas. Los tres rieron hasta casi que las lágrimas se les saltara de los ojos. Mientras que Hedwin se quedaba mirándoles sin comprender nada, Chiara, a un lado, esbozó una pequeña sonrisa.
Sin embargo, poco duró aquella paz, ya que, de pronto, unos pasos se escucharon acercándose. Levi, con un ligero y casi imperceptible gesto facial de pocos amigos, se acercó al grupo. Las risas de los tres escandalosos se fueron acallando, que con una sonrisa traviesa, no podían evitar mirarse los unos a los otros con miradas de complicidad, todavía divertidos por el malentendido de Hedwin.
-Dejad ya los malditos flirteos -Les gruñó el hombre, mirando a los culpables pero sobre todo a Enara. Después de chasquear de pronto la lengua, hizo un gesto con la cabeza- Andando, que tengo otros mocosos para hacer de niñera.
Con el malhumor de Levi, las bromas terminaron de golpe y, como consecuencia de ello, se reanudó sin más distracciones la segunda parte de la evaluación de los Guerrilleros que tendría lugar fuera del Cuartel General del Cuerpo de Exploración. De nuevo, el ambiente entre el grupo se volvió serio y plagado de una tensión palpitante.
Con la distancia de la carrera corta medida y establecida por unos puntos marcados con unos postes en un terreno plano, Levi eligió a dedo el primer grupo que se examinaría: Chiara y Yohan. En su defecto, el segundo estaría compuesto por Abel y Hedwin. Una vez que los grupos estuvieron hechos, los primeros participantes colocados en la línea de salida y los examinadores preparados para evaluarles, dio comienzo la prueba de carrera ante el grito de Enara.
RESULTADOS DE LA PRUEBA DE CARRERA
- CARRERA CORTA
1º CHIARA LEROUGE- Notas: EXCELENTE RAPIDEZ. DIFERENCIA NOTABLE EN SU GRUPO
Resultado: 9'5
2º ABEL ROSS- Notas: EXCELENTE RAPIDEZ. NO SUPERA A CHIARA.
Resultado: 8
3º YOHAN- Notas: BUENA RAPIDEZ.
Resultado: 7'8
4º HEDWIN - Notas: RAPIDEZ DECENTE. APTA PARA SOLDADO DEL CUERPO.
Resultado: 6
-CARRERA OBSTACULOS
1º CHIARA LEROUGE- Notas: EXCELENTE EVASIÓN. EXCELENTE COORDINACIÓN. DIFERENCIA NOTABLE EN SU GRUPO.
Resultado: 9'3
2º YOHAN- Notas: EXCELENTE EVASIÓN. EXCELENTE COORDINACIÓN. ELASTICIDAD DESTACABLE.
Resultado: 8'5
3º ABEL- Notas: BUENA EVASIÓN. BUENA COORDINACIÓN. SU RAPIDEZ DISMINUYE CON OBSTÁCULOS.
Resultado: 8
4º HEDWIN- Notas: BUENA EVASIÓN. COORDINACIÓN DECENTE.
Resultado: 7
-CARRERA RESISTENCIA
1º CHIARA LEROUGE- Notas: Tiempo de carrera - 4 horas, podría haber durado más. Interrumpida por sus examinadores.
Resultado: 9'9
2º ABEL- Notas: Tiempo de carrera- 3 horas.
Resultado: 8,1
3º YOHAN- Notas: Tiempo de carrera - 2 horas y 48 minutos.
Resultado: 7,7
4º HEDWIN- Notas: Tiempo de carrera - 2 horas y 11 minutos.
Resultado: 6,7
…
-Eso es todo por ahora-Concluyó Levi para alegría de Enara. El hombre se encontraba sentado en la silla de su escritorio con las manos ocupadas por un par de papeles. Frente a él, también sentada, Ena asintió con un pequeño gesto de urgencia mal disimulado. El motivo de aquella expresión era que tenía mucha hambre. No había comido nada desde hacía bastantes horas y ya era tiempo de llenar su estómago. Tras la prueba y dejar que los Guerrilleros descansaran de los trotes, ambos se habían marchado al despacho del hombre a discutir un par de asuntos. Desde ese momento, Ena llevaba por más de una hora repasando junto a Levi los informes de la Ciudad Subterránea, los resultados de las pruebas de hoy (de las cuales Enara estaba hiper orgullosa) y las próximas que se realizaría hasta que se había hecho la hora de comer. Aunque su mente supiera que aquello era primordial, no podría importarle menos a su estómago. Por ello, ante aquella finalización por parte de su capitán, no pudo evitar alegrarse en su interior- Puedes marcharte.
Casi a la carrera, se levantó de golpe y medio correteó por el despacho hasta alcanzar la puerta que daba al pasillo. Sin embargo, justo en el momento que sus dedos se cerraron en torno al pomo, se detuvo. En ese instante, se dio cuenta de que su capitán no se había movido del sitio. Girando el rostro un poco hacia atrás, lanzó una mirada de reojo a su espalda. Es más, en vez de hacer algún amago por levantarse e ir a comer, había cogido más papeles que previamente habían sido colocados en el mueble de su derecha. No parecía tener ninguna intención de descansar.
Una pequeña preocupación creció en el interior de su pecho. Si lo pensaba bien, Levi también llevaba bastantes horas sin probar bocado. No estaba segura si había desayunado, pero lo que sí sabía era que se había saltado la cena de ayer y, además, no había podido dormir en la comodidad de una cama. De nuevo, volvía a descuidar su salud.
Y, entonces, al percatarse del hilo de sus pensamientos, sacudió la cabeza a ambos lados, enfadándose consigo misma. No. No iba a preocuparse por él. No después de lo que hizo. Por ello, volviendo su rostro de nuevo hacia la puerta, giró el pomo con los dedos tensos y salió del lugar sin mirar atrás, ignorando el pequeño dolor de su corazón que le gritaba que volviera. Su pequeña espalda se perdió tras cerrar la puerta, sin darse cuenta de que había sido seguida con la mirada por Levi, el cual se había dado cuenta de aquel pequeño titubeo.
Con un rostro mustio, empezó a caminar por el pasillo de aquel piso, de manera distraída, mientras sus ojos no se despegaban del suelo de madera donde sus botas pisaban. De manera rumiante, durante su andar, en su mente se batallaba una conflictiva guerra de pensamientos y sentimientos, unos contra los otros, sin tregua y sin compasión. Frustrandose por ello, arrugó la nariz, en un gesto de molestia ¿Por qué debía sentirse intranquila por alguien que le había traicionado de aquella manera? Se estaba comportando como una ilusa. Tan sumergida estaba en aquella marea tormentosa que hasta que una mano no se posó sobre su hombro, no se dio cuenta de que una persona había aparecido repentinamente a su lado y llevaba por varios instantes intentando captar su atención. Al sentir el contacto, la pequeña soldado dio un salto hacia un lado, girando el rostro hacia su izquierda. Ante sus ojos apareció el rostro extrañado de Hange, mirándola con una de sus cejas bajadas. Portaba entre sus manos una carpeta.
-¿Estás bien, pequeñaja? Te he visto salir de la oficina de Levi cuando iba a ir a entregarle los resultados de las pruebas de Eren. Te he estado llamando durante un buen rato, pero parece ser que estabas en las nubes- Habló la castaña, parando su caminar junto a ella.
Alzando una de sus manos y pasando entre sus dedos su flequillo rizado, la miró tratando de disimular su rumiar.
-Oh, sí… Estoy bien, solo estaba pensando en mis cosas-Murmuró de manera un poco distraída. Maldición. Ya ni podía pensar con claridad.
Durante unos instantes, Hange guardó silencio, con los ojos pegados al rostro encogido de Enara. De nuevo, volvía a pasar. Y estaba segura de que si entraba en aquel momento al despacho de su compañero del Cuerpo de Exploración, lo encontraría con un gesto similar en la cara. No había querido inmiscuirse, pero, la situación que pensaba que duraría un par de días, parecía continuar todavía a día de hoy. Desde que Enara había vuelto de visitar a su hermana, el ambiente entre ellos había cambiado totalmente. Se había declarado una silenciosa pero para nada disimulada guerra fría. Y, aunque anteriormente no se llevaran bien; ahora, tras haberle confesado Enara sus sentimientos por Levi a Hange y haber visto al este comportarse de aquella manera tan cercana (y tan poco característica de él) a su alrededor, estaba convencida de que aquello no era normal. Nada tenía que ver con sus caracteres fuertes, su cabezonería y/o su orgullo.
-Enara-Le habló por su nombre, sorpresa de la pequeña soldado, la cual alzó las cejas ¿Cuándo fue la última vez que Hange lo hizo?¿Siquiera hubo una?- Sé que ha pasado algo entre vosotros. Se nota. Todos lo notamos, tanto yo como los chicos y chicas del Escuadrón de Operaciones Especiales- Sin necesidad de decir el nombre, entendió perfectamente a quién se refería. A causa de ello, Ena desvió la mirada hacia abajo y apretó los labios. Notando ese gesto, Hange se apuró a decir- Tranquila, no te pediré que me lo cuentes. No voy a meterme en vuestros problemas. Ni se me ocurriría. Sin embargo, no puedo quedarme callada al verte de este modo. Antes, antes de que todo pasara, eras genuinamente feliz, pero ahora te esfuerzas por serlo…-Hange dudó por unos segundos el continuar con aquella conversación-Sea lo que sea que haya ocurrido, creo que lo más conveniente sería hab…
-No-Le cortó de manera áspera, desviando sus ojos todavía más hacia un lado mientras daba un paso hacia atrás. Sus manos se cerraron en un puño. El siquiera pensar en volver a tener aquella conversación hundía su corazón en lo más hondo de sus costillas. Si sucediera, volvería a ser herida, volvería a sentirse completamente traicionada por aquella persona, volvería a derrumbarse. Y no, no podía volver a escuchar de aquellos labios aquel suceso. No de nuevo- No, Hange. Ya hablamos lo suficiente. No hay nada que aclarar. Con el tiempo, las cosas cambian y….
-¿Dejaréis, ambos, que las cosas sigan su curso?- La interrumpió con voz calmada. No obstante, en el interior, la castaña gritaba de rabia. No se daba cuenta de que aquello era un maldito error. Ni Enara ni Levi, por lo que había visto, que mantenía una actitud pasiva, sin ninguna intención de arreglar lo sucedido. Y es que, solo hacía unas semanas que la había visto… Y que lo había visto a él … ¡Aquello no tenía sentido! Sin ser mirada en ningún momento, Hange vio como la otra mujer asentía. Aquel trato meramente profesional no era del todo malo, pensaba Enara. Con cansancio, la Mayor dejó ir un suspiro de entre sus labios- De acuerdo, si ya está decidido definitivamente, no hay nada que decir… Aunque ¿qué me dices de tus sentimientos, Enara?¿Son ellos una de las cosas que también han cambiado?- Bajo la atenta mirada castaña de Hange, de manera imperceptible, los hombros de la morena se tensaron levemente. Ante ese gesto tan revelador, los ojos de Hange brillaron con entendimiento.
De manera pausada, sin haberse dado cuenta de nada, Ena giró su cuello, dirigiendo sus ojos grises hacia su amiga. Mostrando una expresión facial totalmente neutral, disimulando cualquier emoción o sentimiento de su interior, separó sus labios, dispuesta a responder. No obstante, antes de que pudiera contestar a aquella pregunta, una serie de pasos que se acercaban a ambas interrumpieron aquella conversación tan intensa. Ambas mujeres desviaron su atención una respecto de la otra para, acto seguido, dirigir esta hacia el pasillo por el que se aproximaba con un paso ligero una de las enfermeras que trabajaban en el Cuerpo de Exploración. A cierta distancia, Enara la reconoció, alzando un poco las cejas. Era una de las que había encargado el cuidado de Bosco durante su descanso. Y el verla frente a ella con aquella urgencia hizo que su preocupación saliera disparada por los aires ¿Le habría pasado algo malo?
-¡Soldado Morgan, qué bien que la encuentro!-Exclamó la enfermera cuando estuvo junto a ellas, respirando entrecortadamente. Apoyando sus palmas sobre sus rodillas, la chica se inclinó hacia delante, recogiendo todo el aire que podía bajo la mirada extrañada de Hange y el rostro blanco de Ena, que con todas sus fuerzas trataba de mantener la calma y no presionarla- ¡Es el paciente Bosco, él ha…!- No obstante, un oportuno y repentino ataque de tos interrumpió lo que fuera a decir.
Aquello fue el colmo de la paciencia de Enara.
-¿¡Qué!?¿Qué le ha pasado?-Le cortó sin poder aguantarse más mientras se agachaba a su altura, le cogía de los hombros y acercaba su rostro completamente pálido al rojizo por el esfuerzo de la enfermera-¡Haz el favor de decirme!
Viendo lo nerviosa que se estaba poniendo la morena y el rostro agobiado que esbozó la enfermera ante el comportamiento de la soldado, Hange la separó agarrándola por los brazos.
-Si no dejas de agobiarle, dudo mucho que pueda contestarte. Dale su espacio, pequeñaja-Le advirtió de manera suave. Desviando sus ojos de Ena, dirigió su mirada hacia la mujer que jadeaba levemente-Disculpa, ¿qué decías?
…
-Veo que esto está malditamente abarrotado- Comentó Bosco, ya despierto y recuperado de la sesión de cuidado, recorriendo con sus oscuros ojos el lugar. En sus brazos descubiertos, apoyados en los reposabrazos de la silla, se podía ver una serie de vendas limpias.
Frente a Enara y él, se observaba un comedor del Cuartel General hasta arriba de soldados. El bullicio y la cantidad de gente que había en aquella enorme sala se sintió tremendamente acogedor. Casi todas las mesas que había dispersadas por filas estaban ocupadas al completo e, incluso, dada la falta de plazas, había algunos que comían en un corrillo cerca de las ventanas para no dejar a ninguno de sus compañeros o compañeras fuera del círculo.
Ante la imagen, Ena hizo un pequeño puchero de fastidio. Tenía mucha hambre.
-Es que hoy es día de guisado de carne de ternera. Algo no muy común por aquí. Un jodido lujo. Así que, si queremos comer o probar siquiera una cucharada, tendremos que liarnos a bandejazos contra mucha gente-Le respondió la morena con las manos sobre las asas de la silla de ruedas en la que estaba sentado el chico de pelo rapado.
-Eso tú. Yo puedo atropellarlos.
Ante la ocurrencia de Bosco, Ena soltó una carcajada. Sin embargo, tras soltar un par de risitas, se centró en buscar un hueco para aposentar su trasero. Sus ojos grises se fueron moviendo a lo largo de la habitación. Finalmente, al concluir su examinación, Enara chasqueó la lengua con una ligera molestia- Mierda. Por lo que veo, el problema principal aquí es encontrar algún sitio. Joder, son unos malditos buitres.
-¡Enara, hermano!- Un grito femenino se escuchó por encima de las escandalosas conversaciones que se sobreponían las unas sobre las otras. Casi parecía una voz celestial. Ante su mención, ambos movieron sus cuellos y dirigieron sus miradas en dirección de su procedencia, encontrándose a unos pocos metros de su posición con una sonriente Hedwin con el brazo alzado junto a una mesa, haciéndoles gestos para que se acercaran-Venid. Hemos podido coger una mesa.
Esbozando una sonrisa al comprender que no tendrían que comer de pie (o por lo menos ella), empujó la silla de Bosco con un poco de urgencia por no perder tiempo. Casi estuvo a punto de subirse en ella con el impulso que le dio. Al acercarse al lugar donde estaba la pelirroja, vieron como en la mesa estaban sentados y comiendo solo Chiara y Yohan, sin haber ningún rastro del chico de cabellos blancos. Aquello extrañó a la morena que, dejando a Bosco cerca del lateral de la mesa donde no había ningún banco, dirigió su mirada extrañada a los otros Guerrilleros.
-¿Dónde está Abel?-Les preguntó con un ligero tono de confusión. Dado lo alocado que era el albino, su desaparición la ponía un poco nerviosa.
Ante su pregunta, Hedwin, cambiando de golpe el gesto alegre, resopló con exasperación mientras colocaba a su hermano más cerca de la mesa. Frente a la pelirroja, sentados en el otro banco, Chiara negó con la cabeza, rodando los ojos, y Yohan esbozó una sonrisa un poco incómoda. Esa reacción le causó más curiosidad por saber el paradero del líder de aquel grupo.
-Allí. Con su nuevo enamorado-Le contestó el castaño con un ligero tono divertido, alzando su mano izquierda y señalando a las espaldas de ella.
Siguiendo la dirección del dedo de Yohan, Ena se giró y observó que, a unas mesas de dónde estaba, Abel, sentado junto a Jean, le hacía ojitos mientras parloteaba de manera animada (a pesar de haber corrido por horas) con el castaño. Ambos chicos eran observados de manera divertida por el resto del Escuadrón de Operaciones Especiales, excepto Eren, que comía con tranquilidad sin darse cuenta de nada. La imagen provocó que Enara soltara una carcajada. El albino no perdía el tiempo.
-Sí que le ha dado fuerte-Comentó muy divertida por la situación mientras observaba como el rostro de Jean se tornaba rojo de vergüenza por algo que le había dicho Abel.
-Y me da a mí que irá a más-Refunfuñó Hedwin, encogiéndose de hombros- En todo el día no ha parado de hablar de ese chico. Pobre, me da mucha pena...No sabe lo que le espera…
-Vamos, vamos, Hedwin. No seas así- Rio Yohan haciendo un gesto con la mano- Lo más seguro es que acaben felizmente juntos.
-No quiero ser ceniza, pero me temo que lo más seguro es que no sea de ese modo-Negó con la cabeza, Enara- A Jean le gusta desde hace bastante tiempo otra persona, dudo mucho que de pronto…
-Créeme-Le cortó Hedwin, antes de concluir lo que estaba diciendo. La pelirroja desvió la mirada y entrecerró los ojos, adoptando un gesto aburrido- Cuando ese pesado le atrae tanto de manera física como romántica alguien, casi siempre consigue lo que se propone, ya que al parecer es alguien muy atractivo para el resto.
Lo último que había dicho le llamó la atención a Enara.
La chica rubia, al ver el leve gesto de incomodidad de Hedwin, la miró con una curiosidad genuina, sin verse inquisitiva. Entonces, Chiara empezó a hacer señas con sus dedos, comunicándose con los presentes a través de una serie de gestos. Obviamente, Ena no entendió ni jota y se quedó disimulando su ignorancia.
-"¿No te parece atractivo Abel, Hedwin?"-Tradujo de nuevo Yohan para Enara, la cual le agradeció con una sonrisa. Asintiendo el castaño dirigió sus ojos de distinto color a la chica- He de decir que, aunque no me atraigan los hombres, yo lo considero bastante atractivo.
-Sí. A mí me pasa lo mismo. No me atrae -Le contestó la pelirroja con toda la tranquilidad del mundo, encogiéndose los hombros- de manera física. Entiendo que penséis que es atractivo, pero a mi no me llama eso en las personas. Ni de hombres ni de mujeres.
-Pues que no te escuche Abel, Hedwin-Comentó la morena sonriendo con malicia-Estoy segura de que se pondrá a llorar ante esa noticia.
Tanto Yohan como Chiara soltaron una carcajada en el aire de pronto. Era cierto. Dada la personalidad tan narcisista del chico, ninguno dudaba de que el albino se deprimiría al escuchar aquellas palabras de alguien.
-Tiene razón. Deberías asegurarte de decirle lo guapo que está hoy, solo por si acaso siente en las vibraciones en el aire que alguien no lo ve hermoso-Comentó el castaño siguiéndole el juego a _ entre risas.
-Ni se me ocurriría dorarle la píldora a ese pesado ¡Si, claro, y que esté después detrás de mí preguntándome constantemente a cada segundo si le queda bien esto o si le queda bien aquello! ¡Quiero vivir en paz y tranquilidad, sin problemas amorosos o líos de parejas!-Exclamó con voz aguda, causando que los presentes emitieran una carcajada grupal, excepto Bosco que escuchaba y observaba la escena con los labios levemente estirados hacia arriba y los ojos entrecerrados. La pelirroja, desviando por un momento sus ojos verdes, dirigió una mirada de reojo hacia el chico rapado que estaba al lado y, alzando por un instante las cejas, pareció tener una idea-¡Oh, perdona hermano, es cierto! Debes tener hambre-Entonces, despegando sus ojos de Bosco que, ante aquel repentino cambio de conversación, le lanzó una mirada extrañada; Hedwin alzó sus ojos verdes muy avispados hacia Enara- Capi, deberías ir a coger vuestra comida. Porque al final se acabarán mientras hablamos.
Captando que aquello era una artimaña para librarse de aquella conversación no deseada, esbozó una sonrisa divertida. Y aunque cedió pues, en el fondo, tenía parte de razón; antes de marcharse, les guiñó el ojo con complicidad al resto, pues había sido tan poco disimulado que difícilmente no lo habían entendido.
Con tranquilidad, caminó entre las mesas en dirección hacia donde el carrito de los cocineros estaba, recibiendo, para su sorpresa, saludos de algunos soldados que no conocía de nada, pero que correspondió amablemente. En una de las esquinas de la habitación, entre Olga y varios cocineros llevaban y tendían los platos a los soldados que hacían cola junto a ellos. La mujer corpulenta, al ver acercarse a la pequeña soldado, desvió sus ojos de lo que estaba haciendo y le mostró una enorme sonrisa de oreja a oreja.
-¡Pero, bueno!¿Quién está aquí? Nuestra proveedora favorita que ha vuelto de la misión-Exclamó a modo de saludo la jefa de los cocineros, causando que las personas que estaban a su alrededor giraran sus rostros hacia su dirección. La mención de la misión no le sorprendió a la morena, pues ya había visto que los rumores volaban. No había visto a Olga las otras veces que había aparecido en el comedor, y se alegraba mucho de volverla a ver- Ven, ven, acércate, te pondré el plato más grande que pueda.
Desviando un momento sus ojos grises de su amiga, Ena miró la cola que había junto al puesto de comida. Aunque no había mucha porque ya había pasado la hora punta, todavía quedaban varias personas esperando comer.
-No puedo, Olga, acabo de llegar. Debería hacer la cola como todo el mundo-Le rechazó amablemente la oferta, negando con la cabeza, mientras su estómago gruñía en protesta.
-No seas tonta, ven y déjame consentirte- Continuó en su misma posición la mujer, moviendo la mano en un movimiento exagerado. Tras de sí, los otros cocineros asintieron con una enorme sonrisa, estando de acuerdo con su mandamás.
-Pero yo...- Sin embargo, antes de poder rehusar de nuevo de aquel ofrecimiento, sintió como alguien le tocaba el hombro con timidez. Al girarse, vio que había sido el soldado que estaba primero en la cola. Dándose cuenta de que entorpecía el flujo de gente al haberse parado frente al puesto, Ena se apartó a un lado- Ah, sí. Disculpa, ya me marcho.
-Oh, no, no es eso-Le corrigió el chico con urgencia, alzando las manos de manera nerviosa. A pesar de la gran diferencia de altura, la persona que tenía Enara frente a ella, evitaba mirarle a los ojos. No por miedo, pero tampoco identificó por qué. Deteniendo sus pasos, Ena frunció el ceño- Solo quería decirte que a mi no me importaría que te adelantaras en la cola.
Dejándola perpleja, la morena lo miró como si de pronto le hubiera salido otra cabeza "¿Por qué motivo dejaría pasar a otra persona cuando están poniendo el jodido guisado de ternera?" se preguntó a sí misma. No comprendía nada. Ella lucharía con puños, dientes e incluso con el propio carrito. Era carne. Y de ternera.
-Pues no se hable más ¡Tú ven aquí!-De pronto, Olga, inclinándose, la cogió de la mano con sus fuertes dedos y, sin ningún miramiento ni delicadeza, la arrastró frente al puesto de comida- !Y ni se te ocurra rechistar! Tienes que aceptar las muestras de respeto de tus futuros subordinados, o serás una capitana desagradecida.
Alzando las cejas, Enara dirigió su mirada a ambos, muy asombrada porque aquel fuera el motivo de aquel gesto. Sin poder evitarlo, sus mejillas se tiñeron de un ligero color rojizo conforme la emoción recorría sus venas; por lo que, avergonzada por su reacción, descendió la cabeza ocultando su rubor tras su cabello oscuro. Puede que aún no hubiera asimilado lo que estaba a punto de hacer, pero… Aquel respeto no podía más que emocionarla.
Disimulando de manera orgullosa, pues se sentía completamente ridícula comportándose de aquella manera, Ena alzó de nuevo la cara, mostrando un gesto serio, y, entonces, asintió con un pequeño gesto a Olga sin decir ni una palabra. La mujer, al ver la actitud tímida y cohibida de la usualmente alegre y movediza soldado, rio sumida en ternura y ordenó a grito pelado a sus cocineros que prepararan la comida de la morena.
Después de avisarle de que preparara otro para Bosco, la pequeña soldado giró su rostro y sonrió con agradecimiento al soldado. El chico, estirando los labios, realizó el saludo militar como respuesta.
Minutos después, dos platos humeantes eran colocados en la superficie de madera frente a la morena.
-Listo. Dos suculentos platos de nuestro aclamado guisado de ternera. He de decirte, y no es porque lo hayamos preparado nosotros, que está para chuparse los dedos. Cuando lo pruebes, pensarás que estás comiendo el mismísimo manjar del que se alimenta nuestra Reina-Le comentó la mujer, apoyando su brazo en el puesto, con aires orgullosos. Ena sonrió, seguramente Historia se estaría llenando la barriga. No quería admitirlo, pero un poco de envidia sí que le daba. Entonces, mirando de pronto a la cola, Olga se inclinó hacia delante- No se lo digas a nadie, pero te he guardado una porción extra. Cuando no haya nadie, ven a recogerla-Le susurró de manera confidente, para luego guiñarle el ojo.
Ante aquella treta, Ena bufó con diversión.
-Olga, de verdad, no…- No obstante, antes de que pudiera rechazarla, un pinchazo en el corazón hizo que sus labios se detuvieran.
No podía creerlo. No podía creer que después de todo continuara… Volviendo a tropezar con la misma piedra. No deseaba preocuparse pero… Sus pensamientos insistían con terquedad en golpear su pecho sin ningún tipo de compasión, estrujándole su corazón de manera dolorosa. Por ellos, decepcionada con ella misma, aceptó la oferta de Olga, para alegría de la cocinera.
A regañadientes, recriminándose una y otra vez lo estúpida que era, volvió a la mesa donde estaban los Guerrilleros charlando con tranquilidad. Sin que se diera cuenta, los ojos de diferente color de Yohan captaron al aire el ambiente de pronto ennegrecido que la rodeaba. El chico, únicamente bajo la mirada de la rubia pues Hedwin y Bosco se habían puesto a hablar entre ellos, acercó con disimulo la cesta de pan y la jarra repleta de agua fresca al lugar vacío que había junto a la pelirroja. De manera distraída, Enara colocó el plato frente al chico de pelo rapado y, desplazándose tras Hedwin, se sentó a su lado, depositando su comida en la superficie de madera. Durante unos minutos, comenzó a comer con aires despistados sin saborear el excelentísimo guisado de ternera que descendía hasta su estómago con cada cuchara, todavía martirizándose por sus acciones, hasta que observó movimiento frente a ella. Despegando sus ojos grises de la mesa, puso atención a lo que sucedía en sus narices. Al otro lado de la mesa, Yohan y Chiara mantenían una conversación a través de aquel lenguaje de señas que desconocía. Señaban con las manos a una velocidad increíble mientras esbozaban gestos faciales, totalmente metidos en esa charla. Estar frente a aquel espectáculo, provocó que la morena se evadiera de sus preocupaciones y se centrara en aquella incomprensible conversación, con los ojos brillantes de curiosidad y emoción ¿Cómo podían haber memorizado tantos signos? ¿Quién les habría enseñado ese lenguaje? ¿Lo habrían inventado ellos? La naturaleza indagadora de Enara surgió con fuerza, tan común en su sangre. Quería saber, quería aprender y quería comprender.
Tan poco disimulada como era, al cabo de unos segundos, los dos que estaban delante de ella se dieron cuenta de que habían ganado su completa atención, al sentir la insistente mirada ilusionada de la morena sobre ellos. Ante esto, Yohan esbozó de manera suave una sonrisa agradable y se giró hacia su futura capitana, inclinando hacia un lado su rostro.
-Oh, disculpa. Estábamos un poco preocupados por tu comportamiento-Le explicó el castaño con su profunda voz al ver su mirada. El sonido que procedió de su garganta era similar al ronroneo de un gato- Parecías un poco desanimada y no sabíamos qué te ocurría ni si te sentirías abordada si te preguntábamos.
Con un movimiento de mano, Enara le restó importancia.
-Nah. No os preocupéis. No es nada relevante-Les miró con los ojos brillantes, sin darse cuenta de la actitud del castaño hacia ella- Lo que es más importante… Ahora que os he visto hacer eso, ¿cuándo empezaremos con las lecciones? Estoy deseando poder comunicarme con ese lenguaje.
La sonrisa encantadora del hombre tan alto se transformó en una divertida que murió cuando Yohan se inclinó hacia atrás, alzando la cabeza hacia arriba, y, entonces, soltó una carcajada grave. Varios hombres y mujeres que había alrededor del grupo se giraron hacia su dirección, atraídos por el atractivo sonido.
Ajena a la multitud que los observaba y sin comprender el porqué le parecía tan divertida su pregunta, Enara frunció el ceño, mirando al castaño de manera extrañada y un poco ofendida ¿Acaso había contado un chiste?
Dándose cuenta del repentino cambio de actitud de la chica de cabellos negros como la noche, Yohan se incorporó y alzó las manos, mostrando las palmas.
-Oh, no me malinterpretes, Enara-Se apuró en corregir, Yohan, aquello que se le notaba que le pasaba por la cabeza a la morena- No me estoy burlando de ti. Es solamente que me resultas encantadoramente interesante- Y, apoyando su codo sobre la mesa y dejando caer su mejilla sobre su muñeca, el castaño la miró con los ojos entrecerrados y una sonrisa- Eres muy diferente a cualquier mujer que haya conocido.
A su lado, siendo testigo de todo, Chiara apretó los labios.
Al contrario que la rubia, al ver que aquel chico no se estaba burlando de ella, Ena relajó su expresión e, irguiendo un poco la espalda, se cruzó de brazos, adoptando una posición reservada debido al pequeño bochorno que sentía al recibir aquellos halagos. En ningún momento se percató del todo de la situación.
-Si quieres podemos empezar ahora mismo con la lección, si le parece bien a Chiara-Continuó hablando el castaño, desviando deliberadamente el tema de conversación mientras se giraba a su tensa compañera, la cual al ser de pronto mencionada se sobresaltó un poco. Recuperando la compostura, la chica de cabello rubio y ojos gélidos señaló como respuesta. Al recibir una contestación positiva, Yohan asintió, volviendo a mirar a Ena, con una sonrisa y unos hoyuelos marcados en las mejillas- Parece ser que está dentro-Concluyó para alegría de Enara que al instante miró a Chiara con agradecimiento. Esta le correspondió el gesto con un asentimiento serio- Primero, antes de empezar, deberíamos explicarte el origen del lenguaje de signos que utilizamos para comunicarnos. Seguramente se te haya pasado por la cabeza, pero, no, nosotros no lo hemos creado; en realidad, Chiara es la que nos lo ha enseñado- Aquello sorprendió a la morena, la cual alzó las cejas hasta que estas se perdieron por su flequillo rizado y oscuro-La verdad es que al principio fue un poco difícil. Mucho más de lo que piensas. Chiara no sabía ni leer ni escribir cuando nos conocimos finalmente todos- Con un gesto un poco tenso, Yohan se rascó la sien desviando su mirada hacia su compañera. "Osea que Chiara fue la última en unirse al grupo"pensó Enara. Una curiosidad invadió a la morena ¿Qué había pasado tras que Leena escondiera a Abel? ¿Cómo este conoció a aquellas personas? ¿Cómo se habían formado los Guerrilleros? No sabía las respuestas a aquellas preguntas y deseaba hacerlo, pero no consideraba correcto meterse en aquel asunto. No por ahora. Ninguno se había dado cuenta, pero en aquellos momentos Hedwin y Bosco escuchaban la conversación en silencio mientras comían con tranquilidad. Al lado de Yohan, Chiara empezó a signar, con sus ojos azules fijos en Enara- "Como sabes, no conozco mi pasado antes de que me encontraran en la Ciudad Subterránea y por lo cual, si aprendí a escribir o a leer, se perdió con mi amnesia. Solo hasta que me topé de frente con la necesidad de hacerlo, no me interesó pues pensaba que era una inutilidad, que no me servía" Sí. Mientras le enseñamos a leer y a escribir a Chiara, fuimos poco a poco comprendiendo el lenguaje que utilizaba leyéndole los labios- Con pesadez, Yohan suspiró, como si los recuerdos de aquellos tiempos le cansaran todavía ¿Cuánto tiempo habrían tardado en aprenderlo?- Por suerte para tí, nosotros podemos enseñarte de una manera más rápida, así que no tendrás que pasar por ese proceso- Junto a la morena, Hedwin soltó una maldición, también recordando aquello de mala manera- Creo que deberíamos comenzar mostrándote qué signo nos representa a cada uno.
Con extrañeza, Ena bajó una de sus cejas.
-¿No se puede deletrear con ese lenguaje?-Preguntó. Aquella nueva forma de comunicación era totalmente nueva para ella.
-Sí, se puede. Lo que pasa es que es más sencillo y rápido asignar un gesto a cada uno de nosotros-Le contestó esta vez Hedwin, causando que Ena girara el cuello en su dirección.
-Así es-Continuó Bosco por su hermana, asintiendo con la cabeza. Los ojos grises de la morena se enfocaron en su paciente- Este gesto se basa en lo que a Chiara le parece más llamativo de cada uno, que puede ser una característica física o un comportamiento. Lo que sea. Y tiene que ser distinto para cada persona. Por ejemplo, en mi caso, es este- Y entonces, el chico de pelo rapado alzó la mano derecha y se frotó el cuero cabelludo. Enara asintió, comprendiendo- Cuando hace este gesto, siempre se estará refiriéndose a mí.
-Para llamarme a mí, utiliza este gesto-Volvió a hablar la pelirroja. Mostrándolo, Hedwin alzó su mano izquierda hacia la punta de sus cabellos de color rojizo que le llegaban al hombro y, entonces, con los dedos extendidos, los flexionó y estiró varias veces, signando su gesto "Representa sus rizos" concluyó la morena asintiendo, captando nuevamente el motivo de su signo.
-El mío sería este- Siguió aquella demostración, Yohan, volviendo a ser el líder de la conversación y ganándose las miradas de los presentes. Con su mano derecha completamente cerrada excepto el pulgar, alzó su extremidad e, indicando con su dedo, se señaló primero el ojo izquierdo y, luego, el derecho-Y, el de Abel, este- Con la misma mano, se acarició el cuero cabelludo y, sin detenerse y recogiendo todos los dedos menos el índice y el del medio, se señaló a la vez ambos ojos. Ena asintió "Se refiere a su pelo albino y sus ojos rojos".
-Son bastante intuitivo, si lo piensas bien-Comentó la misma, alzando su mano y cogiéndose la barbilla. Por ahora, no le parecía muy difícil. Aunque, estaba segura de que para llegar al nivel que tenían ellos, aún le quedaba mucho camino por recorrer. En su interior, lo estaba deseando.
-Sí. Gracias a eso, es más rápido saber a quién se refiere. E incluso, tú también tienes un signo-Le dijo causalmente Hedwin, esbozando una sonrisa de cierta maldad.
Sintiendo de pronto una mala sensación, Enara la miró con extrañeza y frunciendo el ceño.
-¿Yo?-Exclamó con cierta sorpresa y sospecha- ¿Y cuál es?-Manteniendo aquella sonrisa, la pelirroja se giró en el banco en el que estaban sentadas para encararse a su "próximamente" superior. Enara imitó el gesto, quedándose también frente a Hedwin, y la miró con un poco de expectativa y miedo. La chica que tenía frente a ella estiró su mano diestra, colocándola entre ambas y, entonces, para maldita desgracia, rabia e ira de Ena, la bajó hacia abajo. Un estallido surgió dentro de ella al comprender cuál característica le había llamado más la atención a Chiara. Movida por su propia ira, se levantó de golpe del banco y se giró hacia sus "futuros" subordinados, con el rostro deformado y colorado. Con un dedo acusador los señaló, sin controlar e importarle el volumen elevado de su voz- ¡OH, NO!¡ESO SÍ QUE NO!¡OS ASEGURO POR TODAS LAS MURALLAS QUE NO PERMITIRÉ QUE OS REFERÍAIS A MÍ CON ESE MALDITO SIGNO!
El grito cruzó la habitación como un relámpago ensordecedor y cortó de golpe todas las conversaciones que estuvieran teniendo lugar en ese momento. El comedor se quedó en completo silencio. Ni una mosca se atrevió durante unos segundos a zumbar en aquel espacio. Miles de miradas se dirigieron hacia la morena subida al banco de la mesa que respiraba agitadamente, entre asustadas y conmocionadas.
Y, sin darse cuenta o haciéndolo totalmente apropósito, una voz rellenó aquel vacío de sonido, con un pequeño toque de burla en su tono.
-¿Qué? Ya se ha enterado de su signo ¿no?- Habló Abel con el brazo alrededor de los hombros de Jean.
