Nota de autor: ¡Mil perdones por la tardanza! Ni siquiera enumeraré las cosas que me llevaron a tardar tanto porque no tendría fin y no los quiero aburrir, pero al fin hoy podré actualizar y me siento feliz por ello uwu. Casi un año me demoro D:
En compensación por la demora, el capítulo es el más largo hasta ahora, espero que no se les haga tan eterno y tedioso. ¡Disfrútenlo!
Disclaimer: Los personajes que reconozcan no me pertenecen; pertenecen a Disney.
Eugene estaba dando vueltas en círculos, nervioso por no tener noticias de Armin. Hace días, el ex-ladrón se había ofrecido a ayudarlo para llegar a Corona, pero cuando fue a despertarlo la mañana en que iban a partir, el niño ya había desaparecido con el cofre que contenía las cartas escritas por Rapunzel. El príncipe del Dark Kingdom estaba furioso por ver que Armin siguió por su cuenta, ignorando la ayuda que Eugene estaba dispuesto a brindarle, sin embargo no dudó en pedirle a Stalyan que fuera a buscarlo y encontrarlo lo antes posible. Con algo de suerte, lograrían dar con el niño antes de que llegue a Corona.
Luego de un par de días sin respuesta alguna, una empleada del palacio se acercó a Eugene para decirle que su esposa había regresado. Sin dudarlo ni por un segundo, se dispuso a correr hacia la salida del palacio para ir con ella.
Stalyan se encontraba en el establo real y estaba desmontando a su caballo cuando vio a Eugene llegar a su lado. Él no dijo nada, pero se veía alterado, como si solo estuviera esperando que ella comenzara a hablar para dar las posibles malas noticias, esto considerando que, a simple vista, no parecía que Armin viniera con ella.
—Llegué hasta los límites de Corona y no lo encontré —reconoció ella con pesar.
—¿Es posible entonces que ya haya ingresado al reino? —preguntó Eugene, alzando la ceja tras imaginar los horrores de esa posibilidad.
—Lo dudo —replicó rápidamente Stalyan para intentar tranquilizarlo—. El sendero seguía estando. Si él estuviera en Corona, el camino de Black Rocks se hubiera desvanecido en su totalidad. Lo más probable es que tomó una desviación.
—¡Vaya niño! ¡¿Cómo se atreve a seguir solo luego de que me ofrecí a ir con él?! —dijo en voz alta para sí mismo a la vez que pasaba una mano por su cabello para calmar su desesperación—. Hay que encontrarlo pronto. No podemos permitir que ingrese a Corona por su cuenta. Si tiene relación con las Black Rocks, se trata de alguien muy poderoso, pero sigue siendo un niño y no podrá con todo solo. —Stalyan escuchó esas palabras y asintió sin dudar—. Si tenemos que esperar días en ese sendero hasta que aparezca, lo haremos.
Eugene se apresuró a ir por un caballo, ya que por tierra sería más factible encontrarlo. No había tiempo que perder. Ahora que había descubierto que Rapunzel tenía un hijo, que además era la esperanza de Corona, haría todo lo posible por protegerlo y guiarlo en su ruta.
Una vez montó a su corcel, se dirigió con Stalyan nuevamente para pedirle que lo guíe. Salieron juntos de los establos, pero antes de que lograran comenzar aquel viaje en busca de Armin, los dos escucharon gritos a lo lejos, lo cuales se iban acercando cada vez más. Parecían gritos… ¿pidiendo auxilio?
Eugene y Stalyan voltearon para darse cuenta de que un globo aerostático había aterrizado a sus espaldas, y de él bajó una conocida figura que reflejaba una enorme desesperación, incluso más de la que él tenía acumulada.
—¡Eugene, gracias a los cielos que te encuentro! ¡Necesito de tu ayuda!
El ladrón reformado no pudo con su impresión.
—Tú eres…
Varian… Dijo Varian…
¿Varian?
Armin abrió los ojos como nunca antes en su vida tras oír ese nombre, e incluso se preguntó a sí mismo si había escuchado bien.
Trató de imaginar que habían muchas personas con ese nombre y que solo era coincidencia conocer a alguien llamado así, pero la frase "se parece a ti" destrozaba esa teoría.
Solo podía tratarse de ese Varian.
El viaje que estaba llevando a cabo era para, posiblemente, encontrar a su madre, pero, contra todo pronóstico, terminó encontrando primero a su padre. Aquel que todos creían muerto. Aquel que ni siquiera se imaginó ver o conocer.
Lo creía imposible, pero estaba pasando. Ahora mismo, Varian estaba solo a escasos metros de distancia, y Armin no sabía qué hacer. Había entrado en pánico y fijó su vista al suelo, sin atreverse a alzarla.
—¿Que se parece a mí? —preguntó Varian extrañado, ignorando incluso que sus compañeras también le habían mencionado que tenía parecido con Rapunzel—. Eso no es posible. Déjame ver.
Escuchar los pasos de aquel hombre acercarse solo pusieron más nervioso a Armin, quien se mantenía congelado del terror.
Red y Angry se levantaron y retrocedieron unos pasos, para que así su amigo pudiera inspeccionar como se debe. Varian apoyó su rodilla en el suelo, tomó el mentón del niño, quien seguía sin darle la cara, y lo elevó para verle el rostro.
Fue en ese instante cuando ambos se miraron a los ojos por primera vez, y los dos estaban igual de sorprendidos.
Armin pudo apreciarlo mejor. Sin duda, era muy parecido físicamente a él. Se veía como alguien muy serio, como si ya no quedara nada de aquel tierno y amable joven que era descrito en las cartas. Varian tenía pelo color negro con algunos mechones marrones y un mechón que destacaba por sobre los demás por ser de un color azul verdoso, sus ojos eran color azul y sus mejillas eran bastante pecosas. Su atuendo era muy parecido a los de Angry y Red en cuanto a colores: Tenía unos zapatos y calcetines negros, un pantalón marrón, una camisa negra de botones con mangas que llegan hasta los codos, guantes negros, unos googles cafés en su cabeza, un pañuelo rojo que rodea su cuello y un cinturón marrón que tenía unas esferas de diversos colores, que además poseía el emblema del Dark Kingdom en su centro, cosa que el niño logró identificar y no pudo evitar pensar en Eugene en ese instante. Finalmente, Varian tenía en su rostro las mismas marcas rojas que las otras dos mujeres, lo que daba a entender que los tres eran parte de un mismo equipo o hermandad. Las marcas parecían triángulos invertidos y alargados hacia abajo.
Varian, por su parte, luego de pasarse varios segundos observando al chico, lo soltó de repente y alejó su mano. No entendía de qué se trataba todo eso, pero no se fiaba de la situación.
—¿Verdad que sí se parecen? —habló Kiera para romper el silencio que se había creado. Fue ahí cuando ambos chicos notaron que se habían perdido en sus pensamientos y reaccionaron abruptamente.
—Bueno, t-te equivocas. —Varian desvió la mirada con rapidez—. No se parece en nada a mí.
Aquellas palabras fueron un golpe bajo para Armin. La bofetada que Hector le había proporcionado fue menos dolorosa en definitiva.
¿Acaso lo estaba negando como hijo? Definitivamente ese encuentro no era lo que él imaginaba.
—Vaya mentira. ¡Tiene tu cabello, excepto por tu mecha azul! —insistió Catalina, poniendo una mano en el hombro de su amigo—. ¡Oh, y también tus pecas!
—Que tenga pecas no prueba nada, ella también las tenía y muchas otras personas también … —respondió en señal de negación mientras se zafaba del agarre y se ponía de pie—. No es algo que solo me caracterice a mí, así que no exageres.
—Podría ser un truco —intervino Hector, sin despegar la mirada del niño. No lograba fiarse de él ni siquiera un poco—. No se dejen engañar por las apariencias. Es probable que sea una trampa de Cassandra ideada para encontrar más poderes de la Moonstone.
—Y-Yo no soy ningún truco, ¡soy un niño normal! —replicó Armin, mostrándose ofendido. Además, tampoco le ponía feliz que hablaran de Cass así.
—Definitivamente es un truco —dijo Varian de forma muy seca.
—¿Seguro que no dejaste un hijo perdido por ahí? —dijo Red, tratando de aguantar la risa. Uno de sus pasatiempos favoritos era fastidiar a su amigo.
—¿En serio preguntas esa tontería?
—¿Crees que es una tontería? Yo pienso que el parecido que tiene contigo y ella se puede deber a otra cosa. —Kiera alzó una ceja y puso una mirada picarona—. ¿O me negarás que nunca estuvieron solos en una habitación?
Si bien Armin sabía como se "hacían" los bebés, no conocía mucho de los detalles, por lo que no comprendió la razón de que Varian se pusiera tan rojo.
—¡Angry! —exclamó él con indignación—. ¡¿Cómo preguntas eso?!
Aquellas quejas provocaron que las dos chicas se rieran. Incluso Hector se estuvo aguantando algunas carcajadas.
—A-Además es absurdo pensar eso —prosiguió Varian—. Si tuviera un hijo, ¿no crees que lo sabría?
—Se están concentrando mucho en las cosas equivocadas —dijo Hector, acercándose más al grupo—. Mejor revísenlo… Recuerden que sigue siendo un peligro.
Red fue la que tomó la iniciativa y se acercó para examinarlo. Buscó entre las prendas del niño, en sus bolsillos, en su bolso, en todas las partes posibles sin tener que llegar demasiado lejos, pero nada parecido a la Moonstone apareció. Vio las cartas de reojo, pero pensó que solo eran papeles sin importancia y no les prestó mayor atención.
—No tiene la Moonstone por ninguna parte —habló Catalina luego de varios minutos revisando a Armin, quien seguía callado sin ganas de decir o hacer nada.
—Entonces cómo puede tener relación con esas rocas si no la posee —se cuestionó Hector—. Tiene que haber una explicación.
—Otra opción puede ser que se fusionó con el ópalo de alguna forma —dedujo Varian con los brazos cruzados—. Así como ella lo estaba de la Sundrop. La cosa es saber cómo logró hacer algo así.
Armin salió de su trance y pensó que esa deducción tenía sentido, pero sabía que eso no podía ser así, ya que la Moonstone estaba perdida y, posiblemente, en manos del destructor de Corona. Seguía pensando que lo lógico era que los poderes que tenía eran de su madre, pero no iba a decirles eso así como así.
Fue entonces que recordó los poderes que obtuvo de los pergaminos. Tal vez no podía crear Black Rocks con las manos aprisionadas, pero conocía la forma perfecta para liberarlas. Aprovechó que los otros seguían teorizando sobre él para decir las palabras en voz baja.
Wither and decay
End this destiny…
No necesitó decir más. La solución alquímica que lo mantenía atrapado cambió su color a uno gris opaco y perdió su efecto pegajoso, por lo que pudo ponerse rápidamente de pie y elevar las manos en señal de defensa propia. Los otros al percatarse de eso levantaron sus armas al sentirse amenazados con tal poder que pudo neutralizar la alquimia eficiente de Varian. Hector levantó su espada; Red, una pequeña ballesta; Angry, una daga y finalmente Varian, una de las esferas que mantenía en su cinturón, posiblemente con otra poción.
—¡Por favor, detengan esto! —pidió Armin con el fin de que terminaran los conflictos—. ¡No quiero hacerles daño, pero me veré obligado a hacerlo si no me dejan en paz! —dijo asustado mientras le temblaba el labio inferior.
Catalina fue la prima en bajar su arma.
—Chicos… Está asustado —les dijo con una mirada recriminadora—. Yo confío en él. Parece ser bueno —confesó con una sonrisa. La chica en cierto modo veía a Rapunzel en los ojos del pequeño. En su opinión, alguien capaz de expresar tanta bondad de forma natural sería incapaz de causar daño.
—No me convence confiar en él así como así —replicó Hector mientras también bajaba su arma—. Puede ser peligroso, Red.
—No se qué quieran de mí, pero les puedo explicar lo que quieran saber, aunque les puedo asegurar que tampoco sé mucho —afirmó el niño, bajando sus manos—, pero, a cambio, deberán entregarme a mis amigas sanas y salvas. Solo me importan ellas. Luego nos iremos y no volverán a saber de nosotros.
Hector alzó una ceja al notar como Armin bajaba la guardia, mostrando a un simple niño inofensivo y sin malas intenciones. No quería creer en él, pero alguien que podía destruirlo con solo tronar los dedos era preferible tenerlo calmado en vez de alterado. Recordando que Adira y Cassandra estaban a su alcance, no se sintió del todo vulnerable y lo usaría a su favor.
—Bueno chiquillo, debo reconocer que eres un buen negociador y eso me agrada —confesó Hector, mientras se acercaba a Armin—. Está bien, no les haremos daño si nos dices lo que queremos saber, pero que quede claro que no se valen las trampas. —Lo tomó bruscamente de su ropa y lo sacudió—. Si haces una sola cosa sospechosa, ellas lo pagarán con su vida.
—¡Lo entiendo! —exclamó Armin con terror, tratando de zafarse. No quería imaginarse la culpa que le vendría si mataban a sus amigas por su culpa—. ¡No haré nada! ¡Lo prometo!
Hector lo soltó y dio un suspiro de resignación.
—Que así sea entonces —sentenció finalmente. Los otros tres chicos asintieron con obediencia, demostrando una vez más quién era el líder del grupo—. Yo iré por Adira —dijo mientras se subía a uno de los manturones—. Ustedes dos vayan por Cassandra que está en la habitación de los pergaminos —habló, señalando a Kiera y Catalina—. Y tú, Varian, sácale la mayor información que puedas al mocoso. Averigua cómo tiene esos poderes.
Armin se quedó helado tras escuchar el final.
—¿Eh? —se quejó el último de los nombrados—. ¿Por qué tengo que quedarme yo con el peligro?
—¿Qué es lo que realmente te preocupa, V? ¿El "peligro" o que te recuerda a alguien? —dijo burlonamente Angry mientras se subía al otro manturón con su compañera. Varian solo soltó un gruñido por lo bajo.
—Ya sabes que odio que te quejes, Varian —soltó Hector con el tono de voz imponente de siempre—. Nos veremos luego en la salida oeste, en la cueva de siempre. Ah… Y, de paso, oblígale a que libere a mi rinoceronte. —Se volteo hacia las chicas—. ¡Vamos!
Armin vio como los animales se iban alejando con sus jinetes a bordo. Tragó saliva nervioso ante lo que estaba viviendo ahora.
Estaba con su padre.
A solas.
Varian estaba igual de incómodo que el niño, no solo porque se parecía a sí mismo, sino porque además le recordaba a Rapunzel, algo que evitaba a toda costa.
El hombre se aclaró la garganta para hablar finalmente.
—Entonces… —Varian se encogió de hombros tras no saber bien cómo iniciar una conversación con aquel pequeño—. ¿Tu nombre?
—Armin, señor —respondió con timidez mientras jugaba con sus manos
—¿Armin? —repitió el adulto mientras alzaba una ceja—. ¿D-De verdad?
—Sí —dijo a la vez que asentía con el rostro—. ¿Por? —Al niño le causó curiosidad esa reacción, pero Varian solo volvió a retomar ese semblante de falsa indiferencia.
—Nada —contestó, tratando de sonar como alguien desinteresado—, es solo que… pienso que es un buen nombre. ¿Te lo pusieron por algo en especial? —El niño se encogió de hombros al desconocer la respuesta exacta. Su tía Willow nunca le comentó algo al respecto. Varian se aclaró la garganta—. Olvídalo, no es relevante. Mejor dime dónde está el rinoceronte que capturaste para ir a liberarlo.
Armin ni siquiera tuvo el valor ni la voz para replicar aquella petición, así que simplemente se puso a caminar a paso veloz mientras el adulto lo seguía por detrás.
Estaba preocupado. No sabía qué cosas decirle o qué cosas no decirle. ¿Debía contarle que sí es su hijo, considerando que parece no saberlo? ¿Debía saltar a sus brazos y exigir que le dé el amor que no ha tenido en sus seis años de existencia? ¿O debía guardar la verdad en su interior y dejar las cosas como están?
Varian, por otro lado, tenía otras cosas en la cabeza.
—"Así que Armin… Armin…"
—¡Varian! —Rapunzel corrió por varios minutos por todo castillo, hasta que finalmente logró encontrar al chico que estaba buscando, quien estaba jugando en los jardines con Ruddiger.
—¿Rapunzel? —El chico miró a su esposa, la mujer con la que se había casado hace no mucho, llegando a su lado muy exaltada.
—Fidella ya dio a luz a su cría, ¡tienes que venir a verlo! —dijo sin más, tomándolo del brazo y arrastrándolo con ella hacia los establos del palacio. Él solo se dejó llevar mientras reía de ternura ante la emoción que mostraba su amada.
Tardaron un par de minutos en llegar al lugar destino. Varian aún no se acostumbraba a lo enorme que era su nuevo hogar, pero era lo mínimo de lo cual se podía quejar considerando que, a pesar de ser prácticamente un príncipe, podía seguir actuando como quisiera, seguir vistiéndose como ya estaba acostumbrado, y lo más importante, tenía autorización para seguir con su alquimia siempre y cuando no dañara a alguien o al palacio. Esa última advertencia lo tiene trabajando con mucho cuidado para no alterar al rey, quien no lo ha recibido en su familia con los brazos abiertos y no quisiera darle más motivos para que lo desprecie. En cierto modo, Varian ha visto lo positivo de eso y piensa que trabajar con cuidado es una forma de ayudarse a sí mismo para mejorar y que su alquimia no sea destructiva. Ha hecho un buen trabajo en ese aspecto.
Rapunzel lo guió hasta el establo donde se encontraban Fidella y Maximus, Varian no tardó en percatarse del nuevo potrillo, quien intentaba mantenerse de pie en sus primeros pasos. Era blanco con melena rubia, como Maximus, pero tenía los ojos de Fidella.
—¿No crees que es lindo? —le preguntó Rapunzel a Varian mientras acariciaba a la cría, quien no tardó en encariñarse y lamerle la mano. Definitivamente tenía talento con los animales.
—Muy adorable, aunque no es lo más adorable que hay aquí—respondió él con una sonrisa. La princesa soltó una risa al entender aquella indirecta—. ¿Ya tiene nombre?
—No —Raps miró a Max y Fidella, quienes no habían pensado en ese pequeño detalle. Iban a necesitar ayuda para eso—. ¿Tienes alguna sugerencia? —le preguntó a Varian.
—Estás con el experto en nombres, querida —dijo él haciendo una mueca altanera—. Por suerte tengo una larga lista gracias a los personajes secundarios de Flynnigan Rider. De hecho, Ruddiger se llama así porque también hay un personaje en la saga con ese nombre.
—¿Ah sí? Eso tengo que verlo —cuestionó la princesa de forma juguetona—. A ver, dame tus mejores opciones.
—Johann, como el estafador que intentó robar parte de las riquezas del protagonista en el segundo tomo —comenzó a nombrar Varian.
Maximus relinchó con disgusto.
—Me gusta, pero creo que a Max no —dijo la rubia algo apenada—. ¿Algún otro?
—¿Tal vez Derek, compañero de viaje del protagonista en el quinto tomo? —continuó el alquimista.
Maximus volvió a mostrar inconformidad.
—¡Oye! Que exigente saliste —dijo Varian al caballo a modo de broma mientras acariciaba su pelaje.
—Descuida Max, ya encontraremos alguno, está claro que Varian tiene una larga lista —habló Raps para tranquilizar al potro de la guardia real.
—La saga es muy larga y da a conocer personajes con muy buenos nombres —contó Varian fascinado, no por nada era su franquicia favorita de toda la vida—. Por ejemplo, mi nombre favorito de la saga es Armin y…
Maximus interrumpió al chico, relinchando y mostrando satisfacción.
—Hey, creo que ese le gusta, ¿no es así Max? —preguntó Rapunzel, a lo que el nombrado asintió con energía—. ¡Sí, a mí también me encanta! ¿Por qué no lo dijiste antes si es tu nombre favorito de los libros? —le cuestionó a su esposo.
Varian se sonrojó un poco al haberse delatado. Se dejó llevar por la conversación y sin querer nombró lo que quería guardar como un secreto.
—A-Ah… Es que…
—¿Sí? —lo animó ella a seguir tras verlo tartamudear.
—Me han descubierto, chicos —reconoció, reflejando en su mirada una tristeza parcial—. No creas que no aprecio a Max o a Fidella, pero ese nombre lo reservaba para algo un poco más… personal.
—¿Personal? —replicó ella, pero se dio cuenta que Varian no quería seguir hablando de ello—. Oh, creo que es entendible, mi amor. —Rapunzel se acercó y le besó la frente—. No tienes que preocuparte ni dar explicaciones, sé que Max y Fidella te entenderán.
Maximus se acercó al chico y le lamió la cara, dando a entender que estaba de acuerdo con la princesa.
—Entonces, ¿qué nombre le ponemos? —prosiguió la rubia, retomando el tema que casi quedaba en el olvido.
—Pues otro nombre que me gusta es… Flynn. —Varian soltó una risa—. Creo que pude empezar por ahí.
—¿Es en serio? —Rapunzel mostró una sonrisa astuta—. ¿Quieres que me imagine a Eugene como un caballo?
Ambos no pudieron evitar reírse ante tal comentario. Hasta a los caballos parecía haberles hecho gracia.
—¡No lo decía por eso, Raps! —se escudó rápidamente el chico—. Ya sabes que es el nombre de mi héroe de la saga.
La princesa cesó su risa y le sonrió.
—Viéndolo de ese modo, tal vez Flynn no sea una mala idea —dijo ella—. Me gusta mucho y será como si él siguiera con nosotros… de cierta forma extraña. —Volvió a soltar una dulce carcajada—. Además, Max le tuvo mucha estima a Eugene desde que dejó sus días de ladrón atrás. —La rubia miró al corcel—. ¿Qué dices, Max?
El mencionado relinchó feliz, mostrando lo conforme que estaba con la idea.
El nombre para la cría ya estaba decidido.
Rapunzel y Varian se dedicaron el resto del día a pasar tiempo con el recién llegado animal. Flynn era un potrillo juguetón, cariñoso y que en pocas horas ya estaba corriendo feliz por los establos. Sin duda estaba destinado a ser igual de increíble y noble que sus padres. La princesa estaba contenta por el pequeño caballo, y también por encontrarle un buen nombre, aunque el anterior que fue mencionado no se le fue de la cabeza.
"Armin".
Sin duda era un nombre que ella no olvidaría fácilmente.
Varian no pudo evitar recordar vagamente ese día. De alguna manera, recordar ese nombre le daba cierta nostalgia y no esperaba conocer a alguien en persona que lo llevara. Se preguntó si el niño se llamaba así por aquella saga de libros o si solo era una coincidencia, pero le agradó que otras familias tuvieran buen gusto. Era un buen nombre al fin y al cabo.
El pequeño Armin liberó al rinoceronte de Hector de su jaula de Black Rocks, permitiéndole al alquimista observar de cerca aquel poder, esta vez sin preocuparse por defenderse. Aquella habilidad de la Moonstone era sorprendente, y lo era más que un simple niño pudiera con tal poder.
Varian se vio en la obligación de calmar al animal para que no atacara al pequeño en venganza. No fue difícil para él saber controlar el humor de aquellas bestias pues ha tenido experiencia con los animales desde la primera mascota que tuvo.
—"Ruddiger…" —pensó para sí mismo por un breve instante, pero decidió pensar en otra cosa de inmediato.
Una vez que los dos montaron al rinoceronte en completo silencio, Varian lo guio hasta un pequeño lago que estaba en los límites del Gran Árbol. Armin sintió una tranquilidad enorme. Luego de horas corriendo en círculos, por fin ha logrado, con algo de ayuda, salir de ese lugar, al menos por un rato. Eso le haría despejar la mente. Aunque estaba pasando por un inusual acontecimiento y se había encontrado con su padre, no debía olvidar que tenía una misión y debía volver a centrarse.
Cuando él llegó ahí junto con Adira y Cassandra, era día, pero ahora solo eran iluminados por la luz de la luna y las esferas luminosas que poseía el alquimista. No se había percatado de cuánto tiempo habían permanecido en ese lugar. Ha estado desperdiciando mucho tiempo y debía remediar eso de alguna forma. Era muy fácil salir corriendo ahora y continuar, pero no podía perjudicar a sus amigas.
Luego de limpiarse la suciedad y las heridas de la cara con el agua del lago, volvió a subir al rinoceronte, seguido de Varian, quien se colocó detrás para resguardarlo. Volvieron a entrar al árbol, pero esta vez por otro túnel. Armin trató de recordar el camino por el que estaban avanzando, de seguro le será útil en algún momento para conocer la salida.
Ambos no habían intercambiado palabras y ya se estaba volviendo pesado el ambiente. Algo tenía que decirle.
—Entonces… —comenzó Armin algo nervioso, captando la atención del adulto, quien dejó de ver el camino para mirarlo atentamente—. Usted es el príncipe de Corona, ¿cierto?
Varian arqueó una ceja.
—Lo fui —contestó secamente, dando a entender que aún no quería hablar—. Me sorprende que alguien tan pequeñito me reconozca por ese título, considerando lo poco que duré con él —finalizó.
"Y considerando que todos te creen muerto", pensó el niño. Se mordió la lengua para no contestar algo que fuera a irritarlo. Prefería lidiar con el silencio.
Después de un corto trayecto que Armin no tendría problema alguno en recordar, llegaron a una cabaña. Era algo que no le extrañó en absoluto, pues dudaba que todos ellos durmieran alrededor de escombros y raíces.
Varian bajó del rinoceronte y agarró a Armin para ayudarlo a bajar, lo cual provocó una sensación de calidez en el menor. Años soñando con sentir esa cercanía con uno de sus padres, y ahora todos esos sueños se hacían realidad de la forma más extraña e inesperada posible. Incluso se sintió algo triste cuando el mayor lo soltó para dejarlo en el suelo.
Los dos entraron en aquella cabaña. Armin pensó de inmediato que no estaba nada mal para ser un lugar en medio de unas ruinas, se veía acogedor. Se notaba que llevaban años viviendo ahí, pues ese hogar parecía tener todas las comodidades básicas y hasta ciertos lujos adicionales. Atinó a sentarse en una silla de madera que había. Estaba cansado.
Varian dejó su bolso sobre un mesón que claramente era su pequeña estación de trabajo. Habían pociones de distintos colores, recipiente, pequeñas esferas brillantes, pergaminos, entre muchas otras cosas relacionadas con la alquimia y la ciencia. Armin, si bien estaba fascinado por lo que veía, no ocultaba el miedo que sentía al estar solo con él. Su padre.
Ese semblante no pasó desapercibido por el hombre alquimista.
—Tranquilo, no soy tan cruel como Hector —aclaró mientras ordenaba el desorden provocado por tantos papeles y pergaminos en la mesa—. No te haré daño, él ya te dio una buena paliza, no creo que necesites más mientras sepas comportarte —agregó, mirando de reojo la pequeña mejilla del niño, la cual estaba algo hinchada y roja por el golpe que este recibió.
Aquellas palabras no le ayudaron mucho a Armin para calmarse, pero supuso que si su papá hubiera querido hacerle algo malo, ya lo hubiera hecho hace bastante.
El silencio reinó otra vez, volviendo tenso el ambiente. Varian no tenía ganas de relacionarse con algo que le estaba trayendo tantos recuerdos del pasado que siempre se preocupaba de que no se asomaran por su mente. Armin, por su parte, solo se atrevía a mirarlo con una mezcla de emociones: Alegría, tristeza, terror, desconfianza, confusión … ¿Qué se supone que debía sentir con todo esto? ¿Era normal estar tan contrariado?
—¿Qué te pasa? ¿Por qué me miras así? —dijo Varian, rompiendo bruscamente el silencio y sobresaltando al chico—. Pareciera que estás viendo a un fantasma.
Armin desvió rápidamente la mirada. Estaba tan sumergido en sus pensamientos que no se preocupó de observarlo con sutileza.
Pero ahora que había hablado, podía ser una buena oportunidad para saber cosas de interés.
—Algo así, en cierto modo siento que veo a un fantasma—respondió el niño mientras movía los pies en el aire, haciendo notoria su incomodidad—. Es solo que… Las historias dicen que usted está muerto —se atrevió a soltar, rogando por no haber sido muy directo.
—Ah, eso —respondió Varian con fastidio mientras rodaba los ojos—. Las historias no tienen la verdad absoluta —declaró con voz firme—, pero tampoco me molesta que todos crean eso.
—¿Por qué lo dice? —preguntó Armin, ladeando su cabeza un poco.
—¿Conoces mi reputación? —Varian detuvo lo que estaba haciendo y levantó la vista para mirarlo. Armin asintió con la cabeza con lentitud—. Aquel que es conocido por destruir Corona… ¿Crees que la gente me dejaría en paz si descubren que aún estoy vivo? Tú dime.
No tuvo que pensarlo tanto para saber que eso tenía sentido. A lo mejor, en su lugar hubiera hecho lo mismo.
Varian no solía hablar este tema. Incluso su grupo ha evitado mencionárselo porque saben que se siente incómodo, pero de cierta forma no le molestaba desahogarse de vez en cuando. Aunque ahora se preguntaba si había hecho bien, considerando la persona con la que estaba tratando.
—Y más te vale no decir una palabra de esto, pequeño espía—exigió él, tratando de reparar su reciente error—. Mi vida ha estado tranquila y quiero que siga así —continuó Varian, quien había terminado de ordenar y se acercó al niño. Armin no se veía con intención de llevarle la contra.
Seguía sin entender el motivo por el cuál se encontró con aquel infante. ¿El destino le estaba jugando una mala broma? ¿O realmente era alguien que adoptó una apariencia familiar para engañarlo?
¿O acaso Rapunzel sí tuvo un…? No, eso era imposible.
Varian salió de la habitación por escasos segundos y regresó con dos vasos de jugo de uva. Le extendió uno al pequeño y este sonrió con algo de timidez. Si el alquimista quería hacerlo entrar en confianza, lo estaba logrando. Tomó un poco de jugo para calmarse, y el mayor lo imitó.
—Bueno, te haré un par de preguntas —le dijo Varian, quien tomó asiento al frente del niño—. Si eres alguien que no vino aquí con malas intenciones, te dejaremos ir con tus terribles amigas, pero no tendremos piedad si en el futuro vuelven a poner un pie aquí.
Armin frunció levemente el ceño tras escuchar como trataba a sus compañeras de viaje. Supuso que nadie que vivió en Corona en el pasado debía querer a Cassandra y lo comprendía hasta cierto punto, pero meter a Adira en el mismo saco era indignante. "Seguramente Hector les habrá hablado mal de ella", fue lo que dedujo.
—Empecemos con algo simple para probarte—prosiguió Varian, quien comenzó a mirarlo fijamente, preparado para prestarle atención a cada detalle—. ¿De dónde vienes?
—No pertenezco a ninguna parte —dijo con voz temblorosa. De todas las preguntas que pudo hacer, comenzó con la menos conveniente para el chico, quien ya estaba maldiciendo internamente.
—Eso no suena muy creíble —declaró Varian mostrando desconfianza, alzando una ceja.
—Es la verdad, señor —insistió Armin, mirando el suelo. Si esta era su oportunidad para salvar a sus amigas, lo estaba haciendo terrible—. Viajo mucho, desplazándome de un lado a otro —complementó, bebiendo más jugo. La tensión le estaba secando la boca demasiado rápido.
—¿Y por qué ese afán de viajar tanto? —Varian también bebió un poco de su vaso—. ¿Andas en busca de un tesoro? —preguntó con aire divertido y algo sarcástico.
—Suena divertido, pero no —confesó, sintiéndose levemente más liberado. ¿Había entrado en confianza con su padre?—. Creo que más bien… Me alejaban de algo que me perseguía.
—¿De qué? —Varian ahora se había puesto más serio.
—De unas Black Rocks. —Armin abrió los ojos como plato tras decir eso. Aquello había sido muy sincero, incluso para él mismo, que era desconfiado y apenas conocía a ese hombre, aunque fuera su padre.
Varian sonrió triunfante al notar la expresión del niño.
—¿Y por qué te seguían? ¿No será porque posees la Moonstone? —continúo Varian con relajación. A estas alturas ya estaba más que seguro que el niño respondería con la verdad, aunque este no quiera.
Armin se mordió la lengua para callar, pero fue en vano.
—¡Yo no poseo la Moonstone! ¡Ya lo había dicho! —exclamó él, para sorpresa de Varian, quien esperaba escuchar todo lo contrario. Fue entonces cuando Armin dedujo lo que estaba pasando—. El jugo…
—Tiene una pizca de suero de la verdad. Eres muy listo—dijo el alquimista, anticipándose a la deducción—. Si no posees la Moonstone, ¿por qué pudiste hacer el encantamiento del decaimiento? —cuestionó finalmente, esperando que le revelara que era algún truco de un hechicero, o un espía en busca de los poderes de los pergaminos.
El niño apretó los labios lo más fuerte que pudo. Quiso evitar decir que los obtuvo por herencia, así que intentó decirlo de una forma poco reveladora, pero que no dejaba de ser una verdad.
—Porque poseo los poderes de Rapunzel. ¡Ella podía hacer ese hechizo! —dijo para llevar sus manos a su boca, tratando de callarse. No quería mencionar a su madre. Varian le dedicó una mirada asesina tras oír ese nombre—. ¡Pude decir todo esto sin necesidad de trucos baratos! —declaró el pequeño, dejando con furia el vaso en la mesa más cercana. Estaba aterrado. ¿Cuánto duraría ese efecto? ¿Y si revelaba algo que aún no quería que viera la luz?
—Claro que podías, pero así es mejor porque te creeré. —Se puso de pie malhumorado. No le gustaba oír ese nombre, y el día de hoy ya lo había escuchado al menos dos veces. Y para peor, ver a ese niño también era una pesadilla porque se parecía mucho a la portadora de ese nombre.
—Tampoco me hace mucha gracia revelarle tanta información al supuesto destructor de Corona —soltó de pronto, sin tener tacto al decir esas palabras. No podía creer la crueldad que su papá había hecho. Utilizó una poción en él sin su consentimiento…
—¿Lo dices tú, que venías en compañía de Cassandra? ¿La misma Cassandra que traicionó a todos? —replicó el alquimista astutamente, dejando a Armin momentáneamente mudo—. Creo que el que confía ciegamente en la persona equivocada es otro.
—¡Es distinto! —explicó el chico—. Usted no sabe lo que ha pasado con ella —le mencionó, refiriéndose de forma indirecta a su pérdida de memoria.
—¿Y tú asumes saber lo que pasó conmigo? Porque, como yo lo veo, solo te creíste lo que todos decían, sin importarte si era verdad o no —continuó Varian, fastidiado por como se estaba tornando la conversación—, lo cual no me extraña viniendo de alguien que ni siquiera nació cuando todas esas cosas ocurrieron.
Armin se volvió a quedar sin habla, tratando de digerir lo que estaba escuchando. Se calmó para soltar la siguiente pregunta.
—¿Intenta decir que no fue usted el que causó el caos de Corona?
"¡Por supuesto que no!", pensó Varian, pero no quiso hablar de más otra vez. No podía volver a tener otro lapso de confianza con alguien extraño que reconoció tener los poderes de Rapunzel, menos si aún no comprendía el porqué de esa situación.
—Este interrogatorio va para ti. No intentes dar vuelta las cosas —respondió mirando al techo, evitando de cierta manera el contacto visual—. Además, no es algo que valga la pena hablar. Ya ha pasado mucho tiempo
—Pues usted fue el que dejó de hacerme preguntas —replicó Armin.
Varian tragó saliva tras haber sido descubierto. Hector sin duda escogió al más inestable para la tarea más importante. El alquimista siempre ha intentado mostrarse fuerte en los últimos años, pero en el fondo seguía siendo un chico blando, temeroso de todo lo que le rodea, y ahora las cosas no le estaban siendo sencillas. Se sentía intimidado por un niño y eso no pintaba bien para él.
Sea cual sea la respuesta que el pequeño fuera a darle, tenía el presentimiento de que algo tendría que ver con Rapunzel. Esa fue la razón por la que intentó desviar el tema torpemente. Quería saber más. Quería saber si Armin era bueno o malo, si era un espía o si era alguien que verdaderamente tenía relación con Raps, pero temía que esos recuerdos volvieran, con lo mucho que le costó guardarlos en lo más profundo de su corazón.
Necesitaba pensar cuál sería su siguiente movimiento. Ya no quería verse débil ante alguien tan pequeño pero tan peligroso.
—Espera aquí —dijo simplemente para luego irse de la habitación y refrescar la mente lejos de esa cara. Armin se quedó ahí perplejo. Ahora estaba solo y tratando de imaginar qué estaba planeando su padre.
Miró el vaso con jugo y nuevamente sintió enfado. Había sido una jugada inteligente, pero también insensata. ¿Qué otros trucos de ese estilo tendría?
Dejándose llevar por la curiosidad, se colocó de pie y caminó hasta la mesa de trabajo de Varian. La ciencia que abundaba en un solo lugar era impresionante, pero también eran una desventaja para él si es que aquel alquimista pensaba seguir usándola en su contra. La fórmula pegajosa que logró aprisionarlo fue un fastidio, y seguramente su padre tiene pociones peores que esa.
Tomó algunos papeles para ver si había algo de interés. Efectivamente, Varian llevaba un inventario de las pociones alquímicas que creaba. Tenía de todo; desde pociones inofensivas que podían liberar burbujas de jabón útiles para el baño, hasta pociones que eran capaces de convertir a cualquier animal en un monstruo de diez metros de alto.
Cualquier cosa podía perjudicarlo si era utilizado debidamente. De todos modos, con esa poción de la verdad que bebió sin saber, su peor enemigo en esos momentos era su propia lengua. Prefería que un monstruo se la cortara antes que decir algo que no estaba seguro de querer revelar.
De pronto, algo llamó su atención. Entre tanto pergamino que estaba sosteniendo que contenía la información sobre las pociones, había una hoja de papel diferente que no tenía letras, ecuaciones o cualquier otra cosa científica.
Contenía trazados y color. Era un dibujo.
Dos amantes compartiendo un beso. Uno de ellos era su padre, y lo supo al instante, pues ese mechón azul era algo bastante característico. Y la otra persona era una rubia de cabello muy largo, demasiado para ser real, y un vestido elegante que combinaba el rosa, el blanco y el dorado en perfecto equilibrio. A pesar de que era un dibujo, Armin no tardó en darse cuenta que el rostro ahí plasmado era muy parecido al suyo. Era como ver a su tía Willow, pero más joven y con cabellos largos y dorados fuera de lo ordinario.
—¿M-Mamá…?
Era la primera vez que veía un retrato de Rapunzel. No se esperaba un cabello de ese tipo en absoluto, pero lo demás era como se lo estaba imaginando: Una princesa hermosa, bondadosa, alegre… y enamorada.
Fue entonces cuando su mente le hizo recordar. ¡Era el dibujo de su primer beso! Aquel beso que surgió en uno de los cumpleaños de su madre, y que ella contó en aquella carta que había leído días atrás.
Ese dibujo que le obsequió a su, en ese entonces, novio… Y que él sigue conservando a día de hoy, a pesar de todo.
—¡No toques eso! —Armin escuchó ese grito a sus espaldas y acto seguido vio como Varian le arrebataba el dibujo de sus manos—. ¡¿Cómo te atreves?!
El niño lo miró con horror. No lo había escuchado volver.
—¡E-Estaba viendo eso! —replicó. Sabía perfectamente que no era un dibujo de su propiedad y que no tenía derecho alguno sobre él, pero es lo único que le ha dado un indicio de cómo es su madre y le dolía que se lo quitaran.
—Es solo un dibujo, nada importante —respondió Varian, cortante. Colocó el papel sobre una repisa—. ¿Por qué te podría interesar algo así de insignificante? —preguntó al aire para restarle importancia a la situación, pero no se esperaba la respuesta que le llegó.
—¡Porque es el dibujo del primer beso que usted tuvo con la princesa Rapunzel, su esposa! ¡No es insignificante! —soltó Armin, nuevamente dejándose llevar por el efecto de la poción.
Varian lo miró con asombro mezclado con enfado y algo de terror. El niño dio un paso atrás y se cubrió la boca con sus manos.
—Sabes más de lo que me gustaría, pequeña plaga —confesó el mayor para provocar en Armin un pecho dolor en el pecho—. Y por favor, ya deja de decir su nombre, ¡ella es innombrable aquí!
El pequeño comenzaba a estar seguro de sus sospechas. No era coincidencia que su padre evitara los temas que se relacionaran con Rapunzel, o que cada vez que su nombre era mencionado, se mostrara disgustado. Ahí había algo más. Al parecer, las cosas no terminaron muy bien para sus padres como matrimonio, pero no se lograba imaginar qué les pudo pasar.
—No entiendo —confesó el pequeño—. Usted conserva el dibujo pero también pareciera que no le gustaba recordar a Ra-…
—¡Oye! Ya te dije, no digas su nombre —interrumpió Varian rápidamente, sin darle tiempo a su hijo de terminar la oración—. El dibujo representa un día que me gusta recordar, es todo —aclaró, desviando la mirada con enfado y algo de nostalgia—. No voy a odiar todos los momentos que pasé con ella porque sí—finalizó, dejándose llevar. ¿Por qué se sentía tan a gusto al desahogarse con aquel niño?
Armin lo miró en silencio por unos segundos, contrariado por aquellas palabras. Por un lado, hasta ese momento, Varian solo había hecho cosas que lo habían decepcionado con creces, pero esa era la primera muestra de sinceridad que su padre tenía hacia él. Fue un gesto simple, pero por un instante hizo ver la verdadera esencia del alquimista, de la cual Rapunzel confesó haberse enamorado en esas múltiples cartas. Frente a sí tenía a alguien confundido y algo tímido, pero de buen corazón.
Por otro lado, la última frase fue la que le arruinó la ilusión. "No voy a odiar todos los momentos que pasé con ella…", ¿eso significa que sí la odia en algunas ocasiones? Las cosas pueden terminar mal y que ya no exista amor, pero que eso se transforme en odio es algo distinto y Armin lo sabía. Sabía que algo grave debió pasar. Ahora necesitaba saber si había oído mal o si el mayor no había sabido expresarse correctamente. No podía creerse el hecho de que pudiera existir odio después de todo lo que leyó.
—¿Odia a la princesa Rapunzel? —preguntó el niño, esta vez no siendo guiado por una poción, sino por su corazón en busca de respuestas. Varian volvió a dirigirle la mirada, perplejo. No entendió cómo comenzaron a hablar de ella cuando se preocupó mucho de evitarlo.
—Y-Yo… no la odio —aclaró él, quien no pudo evitar sentirse igual de contrariado en ese instante. Tantos años diciendo por lo bajo que la odiaba, sin embargo se lo estaba negando a la primera persona que se lo preguntaba directamente. No era capaz de pronunciar esas palabras nuevamente—. O bueno, no tanto… ¡No lo sé!
Pareciera que tener a Armin ahí sí le estaba afectando. Era el reflejo de ella y eso estaba ablandando a Varian, pero también, en cierto modo, le estaba irritando.
—¿No sabe? —insistió el pequeño, cruzándose de brazos—. ¿Cómo no puede estar seguro de sus sentimientos?
—Vaya que eres un pesado —Rodó los ojos y soltó un suspiro involuntario—. Tal vez no la odio, pero sí estoy seguro de que recordarla me… duele —dijo finalmente.
—¿Dolor? —preguntó Armin, extrañándole aquella contestación—. ¿Y por qué? ¿Porque la perdió? ¿O porque ella le hizo algo?
Varian sentía que iba a explotar. Nunca antes se sintió tan vulnerable, pero al mismo tiempo sentía que quería soltarlo todo. Ese niño tenía algo raro, algo especial, algo que le hacía sentir bien y mal a la vez.
—No me hagas hablar de ella, por todos los cielos —pidió él como último recurso—. Tengo mis motivos y eso es todo. ¡Ella está muerta para mí!
Sin duda Armin ha sufrido mucho en este último tiempo, pero definitivamente nada le había dolido tanto como eso.
—¡Pues no es justo para Rapunzel que la recuerde de ese modo! —gritó el niño, tratando de mantener la compostura—. ¡Ella lo amaba!
—¡Si tanto me amaba entonces no debió traicionarme! —soltó Varian de repente.
Fue una sorpresa para ambos. El joven adulto por fin lo dijo y ya no había marcha atrás. Armin se mostraba más confundido que nunca y suplicó con la mirada que fuera más claro.
—Esa mujer que tanto dices que me amaba, no fue a verme ni un solo día cuando estuve encerrado, ni un solo miserable día —comenzó Varian, esta vez cambiando su semblante por uno que reflejaba tristeza mezclada con algo de ira—. Y aún así, a pesar de estar abandonado tras las rejas por segunda vez en mi vida, no hubo ni un segundo en que no pensara en ella. —Armin se quedó sin palabras. Muy en el fondo sí había mucho dolor en su padre y ahora podía verlo con más claridad—. Cuando logré escapar de prisión con ayuda de Kiera y Catalina, fui a buscarla, porque aún la quería y tenía la esperanza de que se pudiera arreglar el malentendido que me puso en el calabozo, el malentendido que estaba condenando al reino y del cual me culparon injustamente. ¡Incluso pude tratar de buscar la solución! Tal vez ella no pudo hacer nada contra eso, tal vez tuvo problemas en esos meses y por eso no fue conmigo; eso era lo que yo quería creer, pero quería escucharlo de su boca. ¿Sabes qué pasó? —Miró al niño, quien negó con la cabeza con timidez. No quería que llegara la parte de la historia donde todo se comenzaba a desmoronar—. Descubrí que ella estaba de acuerdo con tenerme ahí, porque estaba convencida de que yo causé todo ese caos. Me trató de la forma más horrible que te puedes imaginar, como si realmente viera en mí a un criminal. —Tomó aire para calmar su propia voz, evitando que esta se quiebre por culpa de esos recuerdos de hace tantos años. No le estaba siendo fácil ahora—. Creí que querría escucharme, que querría reparar todo, pero solo llamó a los guardias para decirles que se les escapó un prisionero.
Reinó el silencio por un largo instante. Varian intentaba recomponerse mientras que el pequeño no sabía qué decir o qué pensar. No podía creer esa versión de los hechos.
—No es cierto —dijo Armin luego de un rato sin atreverse a hablar—. Ella no haría algo como eso, ella no es así.
—Yo pensaba lo mismo, pero lo hizo de todos modos —continuó Varian para decepción del niño—. Me juró amor eterno, me juró que a pesar de todo siempre confiaría en mí, ¿y qué pasó? En la primera prueba de confianza que pasamos juntos como matrimonio, ella me dio la espalda, justo cuando más la necesitaba. —Miró a Armin con cierto resentimiento por el parecido que tenía con Rapunzel—. Esa mujer que tanto te has esforzado en defender fue la primera en romper la confianza mutua, la primera en romper esa promesa que me hizo. Y créeme que yo no perdono dos veces una traición de ese tipo.
—¿Cómo se atreve a decir eso de ella? —exclamó Armin, sintiéndose indignado.
—Posiblemente ahora esté muerta, quién sabe, y es por eso que quisiera tratar de recordarla como algo bueno que tuve —explicó el alquimista—, pero si eso implica que también recordaré lo malo, entonces prefiero simplemente sacarla de mi mente por complero. Así que te pediré que dejes de decir su maldito nombre.
Armin hizo un esfuerzo inimaginable para no llorar en ese momento. A pesar de no conocer a Rapunzel en persona, era su madre y le tenía respeto. Que hablaran así de ella le tocaba una fibra sensible.
—Está bien, ya no lo soporto más —exclamó el niño con enfado—. Solo denme a mis amigas y se acabará todo, ni siquiera quiero estar aquí.
—¡¿Entonces por qué viniste?! —criticó Varian, maldiciendo por lo bajo que aquel pequeño haya llegado al árbol para arruinar la paz interna que tardó años en conseguir.
—¡Por los hechizos! —volvió a explicar él—. Necesitaba los encantamientos para hacerme más fuerte. ¡Ni siquiera sabía que ustedes estaban aquí! ¡No planeaba quedarme ni mucho menos quería lastimar a alguien!
—¡¿Por qué demonios posees esos poderes?! ¡¿Cómo pudiste "heredar" algo así?! —se atrevió a preguntar finalmente el alquimista. Ya habían hablado de la princesa lo suficiente para tener las fuerzas de soportar un poco más su incomodidad—. ¿Rapunzel te los traspasó de alguna forma? ¿Se los robaste? ¡Dime!
—Los heredé porque… —Y ahí estaba de nuevo la jugada sucia de sacarle la verdad con la poción. La pregunta fue muy clara y ya no sabía cómo esquivarla. Estaba atrapado y no había forma de seguir ocultándolo, pero si iba a decirlo, iba a soltarlo con todas sus fuerzas para desahogar el enfado que se estaba apoderando de él—. ¡Porque es mi madre!
Varian abrió los ojos de par en par, creyendo haber escuchado mal. Lo peor de todo es que no podía pensar que le estaba mintiendo, pues el efecto de la poción era duradero.
—No puede ser —dijo dando un paso atrás—. ¡Me niego a creer eso!
Para Armin, escuchar eso fue la gota que rebalsó el vaso. Estaba siendo sincero, no solo a la fuerza, sino que de corazón también, pero a pesar de todo no le estaba creyendo. Apretó los puños e infló un poco las mejillas, tratando de contener el enojo y decepción que comenzaba a invadirlo de golpe.
Entonces comenzó a reinar el caos.
Varian notó con terror como unas Black Rocks salían del suelo con brusquedad, haciendo pedazos el suelo de madera. Las rocas estaban saliéndose de control, dando a relucir el enfado de Armin, quien no era consciente de lo que estaba haciendo. Lo había subestimado bastante. Sabía muy bien que el poder de la Moonstone era difícil de controlar. Cualquier emoción negativa podría hacer que ese poder se le fuera de las manos, sobre todo si lo maneja alguien tan inestable como un niño tan pequeño.
Debía hacer algo.
Corrió hacia la puerta y de su bolso sacó una de sus esferas con una poción alquímica que lo pondría a dormir. La lanzó al suelo con fuerza, liberando el gas muy cerca de donde Armin yacía confundido, y se apresuró en salir de la cabaña, cerrando tras de sí para que el gas no escapara, ni tampoco su víctima.
Logró oír como intentaba abrir la puerta en vano.
—¡Señor Varian! ¡Sáqueme de aquí!—Escuchó del otro lado los golpes en la puerta y las suplicas por dejarlo salir, pero no cedió. Lo mejor ahora era mantener el peligro neutralizado. — ¡Por favor! —continuó Armin—… ¡Papá!
Varian sintió una punzada en el corazón tras escuchar eso último.
No entendió si el niño dijo eso para que tuviera piedad con él o para jugarle una broma de mal gusto, cualquiera que fuera el caso, no iba a dar su brazo a torcer. A pesar de todo, sintió algo de lástima cuando notó que los golpes lentamente fueron disminuyendo hasta cesar completamente. Armin ya debía estar dormido y así las Black Rocks se calmarían.
Varian soltó un suspiro y se alejó de la puerta. El efecto duraría un par de horas, así que ya podía dejar de preocuparse por ese mocoso, sin embargo no podía quitárselo de la cabeza. Llamó a Rapunzel como su madre, y a él como su padre.
Pero por qué…
—¡V! ¡Aquí estás! —una voz femenina se escuchó a lo lejos, la cual era de Kiera, quien venía corriendo hacia el alquimista—. ¿Qué tal todo? —dijo, llegando a su lado finalmente.
—Lo puse a dormir con gas… Luego te cuento mejor —dijo Varian, algo perdido en sus pensamientos—. ¿Venías a buscarme? —preguntó con curiosidad.
—Sí, hay noticias —le informó con un tono más serio—. Ya las reunimos y Hector quiere que presencies el interrogatorio. Debes encontrarte con ellos en la cueva.
—Me parece bien, iré de inmediato —le contestó, revolviéndole el cabello—. Tú quédate aquí para ver si despierta, pero mejor espera un tiempo afuera antes de entrar. Es posible que el efecto del gas para dormir aún no se pase y te pueda afectar.
—¡De acuerdo!
Adira abrió los ojos con lentitud, se sintió ahogada y no veía con claridad. Al intentar moverse, no lo lograba como quería, como si algo se lo impidiera.
Luego de reaccionar completamente, comprendió su situación. Se encontraba en el suelo de rodillas, con las manos atadas detrás de su espalda y con una bolsa sucia y maltratada que le cubría la cabeza y que le imposibilitaba ver y respirar correctamente.
—¡Hector! —gritó inmediatamente, recordando al responsable que la dejó inconsciente.
Tal parece que el mencionado no estaba lejos, pues la bolsa se le retiró de inmediato.
—No hay necesidad de gritar —dijo él, irritado, lanzando lejos la bolsa.
Adira se miró para darse cuenta que también sus piernas estaban atadas, por lo que no podría escapar corriendo. Luego observó a su alrededor. Se encontraban en una cueva con un enorme charco de agua y con una gran vegetación. Dedujo que aún seguían en los territorios de El Gran Árbol. Catalina también estaba ahí, quien se mostraba siempre alerta.
Hector se acercó a otra persona en las mismas condiciones que Adira y procedió a quitarle la bolsa de la misma manera. Era Cassandra, quien seguía inconsciente.
—¡Cabello Corto! —gritó Adira tras reconocerla a poca distancia.
—Despierta nenita —dijo Hector mientras le proporcionaba leves cachetadas a Cass para hacerla reaccionar.
Ella no tardó en abrir los ojos ante esto.
Se mostró igual de confundida que Adira hace unos instantes, sin entender por qué estaba atada. Miró a todos los presentes y entonces reaccionó completamente.
—¡¿Quiénes son y por qué nos atacan?! ¡¿Qué han hecho con Armin? —preguntó rápidamente al no verlo por ninguna parte. Se temía lo peor—. Juro que si le pusieron un dedo encima, los mataré uno por uno —amenazó Cass con un tono de voz seguro y fuerte que llegó a asustar a Catalina de lo seria que sonó.
—¿Cómo que quiénes somos? —cuestionó Red—. Ya nos conocemos, Cass —le recordó.
—¡¿Dónde está Armin?! ¡Respondan! —repitió Cassandra, dando a entender que en esos momentos era lo más importante que necesitaba saber.
—¿Hablas del niño? —preguntó Catalina con un tono de indignación. A nadie le gustaba que le gritaran de esa forma.
—Ese niño no está aquí —continuó Hector—, pero seguramente está bien. Será mejor que se comporten si quieren volver a verlo.
Cassandra lo miró con odio. Se sentía vulnerable, le frustraba no saber qué hacer. Esas personas no parecen bromear y cualquier movimiento en falso podría ser fatal para su pequeño amigo.
—Ya estoy aquí.
En la cueva ingresó un joven adulto, quien Cassandra no pudo reconocer, pero Adira no lo dudó ni un instante.
—Varian… —dijo ella con asombro.
—Estuvimos charlando y fue gracias a ese niño que decidimos no hacerles daño —prosiguió el alquimista, ignorando a la mujer. Ni siquiera comprendió cómo lo conocía. Hector le habló varias veces de su hermana Adira, pero nunca la había visto antes. ¿Ella a él sí?
—¡Estás vivo! —gritó la guerrera de cabello blanco, aún sin poder creerlo del todo—. ¿Pero cómo es posible? ¿Estuviste con Hector todo este tiempo?
Varian se mostró algo incómodo con las preguntas. Hector, por su parte, comenzaba a fastidiarse.
—Él nos encontró meses después de que escapamos de Corona y nos acogió aquí —respondió Red, quien fue la única que tuvo intenciones de quitarle la duda a Adira. Las cosas comenzaban a ponerse interesantes a su gusto.
—Varian es el hijo de Quirin, obviamente lo iba a ayudar —dijo Hector para completar y justificar la respuesta anterior—. Quirin no era un traidor como tú.
—Me sorprende —reconoció Adira con un dejo de sarcasmo, aunque no dejaba de ser sincera—. No eres tan cruel como aparentas, Hector.
—Tristemente no puedo decir algo bueno de ti, hermana —dijo el hombre de forma hostil— Ayudando al enemigo… —Esta vez dirigió sus ojos hacia Cass.
—Cabello Corto pudo ser terrible en el pasado, pero como te dije antes, ahora es completamente inofensiva —le interrumpió Adira, tratando de sonar lo más convincente posible. Era el momento de hacer entrar a Hector en razón—. No tiene memoria.
Varian miró de reojo a Cassandra tras oír esas palabras. Era cierto que se veía como alguien fuera de lugar, confundida y temerosa, algo no propio de ella. Sintió cierta nostalgia al recordar que, en su etapa de inocencia, Cass fue su primer interés amoroso, pero ese sentimiento hacia ella ya estaba más que enterrado. Nunca esperó verla otra vez.
—Bueno, eso explicaría por qué no nos reconoció —comentó Red mirando a Hector.
—Eso no justifica por qué te acompañaba —dijo este, desconfiando de toda la situación—. Memoria o no, ella causó mucho daño, eso incluye a nuestro Dark Kingdom.
Cassandra solo se limitaba a mirar a todos en silencio, sintiendo cierta culpa por escuchar que hizo tantas cosas mal. No se sentía con el derecho de exigir que le tuvieran piedad.
—Armin es muy compasivo —explicó Adira—. No quiso dejarla sola en medio del bosque cuando la encontramos, ellos dos se entendieron casi al instante.
—Tampoco es razón para traerla aquí, con tanta información que puede ser peligrosa en manos equivocadas —interrumpió Varian, dando a relucir que tampoco confiaba en Cassandra del todo.
—No justifico haber traído a Cabello Corto aquí, pero a Armin sí —continuó ella con total seguridad, captando la atención de Hector y los demás—. Ese niño es muy poderoso, y como puede controlar las rocas, podría ser capaz de ingresar a Corona, pero imaginé que necesitaría la ayuda de los encantamientos para aumentar su fuerza —contó la mujer del cabello blanco—. ¿No lo ven? Si logra entrar a Corona y ver qué ocurre ahí, podría ser la salvación que el reino necesita. ¡No todo está perdido!
Los tres compañeros se miraron entre sí, analizando lo que Adira les contaba. Red vio una luz de esperanza en aquella teoría, mientras que Varian no sabía que pensar. La opresión que estaba sintiendo en su pecho no le dejaba reflexionar con claridad.
—Ni siquiera sabemos cómo controla las rocas —dijo Hector, aún no sintiéndose del todo satisfecho.
Varian tragó saliva. Había una explicación para eso pero no se atrevía a creerlo.
—¿No se los dijo? ¿No se supone que hablaron con él? —preguntó Adira algo confundida. Hector vio de reojo a Varian y este solo se limitó a desviar la mirada—. Esos poderes fueron heredados. Los heredó de su madre.
—¿Su… madre? —preguntó Catalina tan sorprendida como Hector.
—Rapunzel —aclaró la mujer—. Armin es hijo de Rapunzel… Y tuyo también, Varian —agregó, mirando al nombrado—. No entiendo por qué no te lo ha dicho aún, pero así es.
—¡No es posible! —replicó Varian, todavía en estado de negación.
—¡El parecido era obvio! —opinó la pelirroja, quien fue la primera en encajar las piezas y aceptar la verdad que Adira contó. Tenía mucho sentido.
—¡Espera! —regañó Varian—. Debe ser un engaño, yo no tuve un hijo.
—O tal vez lo tuviste y nunca lo supiste —soltó Adira, muy segura de sí—. De hecho es muy probable que esa sea la forma en que ocurrió.
El joven del mechón azul apretó los puños, viéndose atrapado ante los testimonios. ¿Era verdad todo lo que le decían? Eso explicaría por qué sintió cierto vínculo con él y habló de cosas de las que no solía hablar.
Ya ni siquiera el nombre de "Armin" parecía una coincidencia.
—Tal vez yo no supe, pero el resto del reino debía saberlo, un embarazo no es difícil de ocultar —replicó Varian, tratando de comprender—. ¿Tú supiste algo al respecto? —Miró a su compañera Red.
—No, nada —confesó la pelirroja.
—¿Qué sabes tú si lo ocultaron o no? —insistió Adira—. Dime algo, ¿tuviste intimidad con Rapunzel antes de que te enviaran a prisión? —soltó sin pudor, incomodando a más de alguno.
—Eso no… Eso no prueba nada —se excusó él, evitando así responder algo tan personal.
A pesar de no querer decirlo, lo pensó unos segundos. Evitaba pensar en ella porque le hacía daño, pero era una excepción que debía hacer. Era importante comprender toda esa situación.
Y sí lo logró recordar: Estuvo con Rapunzel un par de veces antes de ser encarcelado.
—¿Que no prueba nada? —Adira no parecía estar dispuesta a rendirse. Lo haría entrar en razón cueste lo que cueste—. Usa esa cabezota inteligente que tienes, Varian. Armin tiene seis años, hace no más de siete años te enviaron a prisión, alejándote de Rapunzel y de su muy posible embarazo —contó ella, mirándolo fijamente—. Armin es igual a Rapunzel y a ti. ¡Tiene los poderes que estaban relacionados con Rapunzel! ¡¿Qué más pruebas quieres?!
A esas alturas, hasta Hector estaba sorprendido. Adira podrá tener métodos que no iban con su estilo, pero nunca la ha visto mentir para lograr sus cometidos. Siempre es fiel a sus propias convicciones. Además era una historia muy completa y complicada como para que ella se la hubiera inventado sola, y es cierto que el niño no parecía tener malas intenciones. ¿Será él la esperanza del mundo y de Corona?
Todos contemplaron como Varian se dejó caer de rodillas al suelo, asimilando todo. Armin se lo dijo, le dijo "papá" y no le creyó. El niño se mostró amable, estuvo dispuesto a hablar con él, le dijo quién era, ¿y cómo le pagó? Le dio una poción a la fuerza, lo trató como una basura y lo puso a dormir a pesar que suplicó por piedad.
Es su hijo. ¿Cómo puede ser?
Tenía más preguntas que nunca y no sabía por dónde comenzar a responderlas.
—Si hay alguien que pueda salvar Corona, es él. —Adira rompió el silencio que se formó—. Por favor chicos, nosotros no somos el enemigo ahora, tenemos la clave para que la paz regrese… Déjennos libres y lo verán.
—Quiero ver a Armin, por favor —habló por fin Cassandra, aprovechando que su colega pidió que las liberaran. Era su oportunidad para velar por su pequeño amigo.
De repente, Kiera entró en la cueva corriendo, mostrándose desesperada, cosa que no pasó desapercibida por nadie.
—El niño no está —contó ella aterrada—. Escapó.
Armin cayó de pronto al césped. No podía mantener sus piernas firmes. El efecto de ese gas no alcanzó a hacerlo dormir, pero logró aturdirlo demasiado.
No fue difícil para él crear una Black Rock que rompiera una de las paredes de aquella cabaña y así poder escapar, aunque de todos modos no pudo evitar aspirar un poco de esa poción gaseosa. Tuvo fuerzas para huir del Gran Árbol, sintiendo remordimiento por dejar atrás a sus compañeras, pero en ese estado sabía que no podría hacer mucho. Era mejor alejarse, recuperar sus fuerzas y volver por ellas con un buen plan que no las perjudicara. Solo esperaba que no se dieran cuenta de su ausencia y las mataran por eso.
Luego de haber corrido un largo camino y de haber caído al suelo tras no poder seguir de pie, se arrastró con la poca energía que tenía hasta el final del sendero, el cual ya podía divisar. Era como si las rocas hubieran notado su ausencia y comenzaran a desviarse hacia donde él estaba, pues estaban más cercas de lo que recordaba.
Cuando estuvo lo suficientemente cerca, dejó caer su cabeza al suelo y cerró los ojos. Intentaba batallar para no quedarse dormido. Dejó pasar unos minutos y decidió ponerse de pie, pues no podía darse el lujo de tomar una siesta en la mitad del bosque, solo y con personas buscándolo para posiblemente cortarle el cuello.
Se apoyó en la Black Rock más cercana y puso todo el esfuerzo que podía dar para levantarse. Incluso sintió pena por una pequeña mariposa posada en una flor que pisó en el proceso.
—¡Hey! ¡Responde!
Armin esperaba que aquella voz contestara a su llamado, no solo con la intención de hacer algo para no dormirse. Tenía muchas preguntas.
—¿Sí? —habló la mujer con el tono dulce y misterioso que la caracterizaba.
—¿Qué sabes de Rapunzel? —interrogó rápidamente el niño, sin siquiera detenerse a saludar como se debe.
—Supongo que lo mismo que tú… —respondió ella, notándose extrañada por esa duda.
—¿Ella era cruel? ¿Ella sería capaz de dañar a otra persona intencionalmente? —Armin se veía alterado, como si el enojo que ahora brotaba en su interior le estuviera dando la fuerza que le hacía falta—. ¡Respóndeme! —exclamó.
—Todas las personas tienen aunque sea un poco de maldad en su interior, Armin, sin excepción —aclaró la chica, viéndose calmada a pesar de haber recibido un grito—, y las personas dulces suelen ser las peores al final del día…
—Me niego a creer que ella tuviera una pizca de maldad.
Intentó contener las lágrimas, pero fue en vano. Estaba confundido. ¿Ahora de quién debía estar decepcionado? ¿De Rapunzel? ¿De Varian?... ¿De ambos? Llegó a pensar que por eso Willow nunca le habló de ellos. ¿Quiso protegerlo de padres que fueron todo un desastre?
—Te noto inquieto —volvió a hablar ella, haciendo ver que seguía ahí a pesar del largo silencio que se formó—. No llores, querido. Pronto lo malo pasará.
—Eso espero. —Nadie más que Armin deseaba que todo fuera una pesadilla. Quiso olvidar el tema para no ponerse más triste de lo que ya estaba, así que continuó hablando—. Oye… —tragó saliva y limpió sus lágrimas antes de seguir—. ¿Realmente tengo el poder de la Moonstone en mi interior?
—Algo así, cariño —respondió la voz—, no lo posees todo, pero sí una parte, aquella parte que tu madre tenía.
—¿Una parte? —repitió Armin, arqueando una ceja.
—Tú obtuviste todos los poderes que alguna vez fueron de Rapunzel, y eso no solo incluye los poderes de la Sundrop, también incluye la habilidad protectora de la Moonstone.
Habilidad protectora. ¡Eso era! Armin por fin comprendió por qué las rocas lo protegían de morir sin la necesidad de que él las controlara.
—Es por eso que pude hacer ese hechizo —pensó el chico en voz alta, recordando el encantamiento del decaimiento.
—¿Hechizo? —habló la voz con sorpresa—. Oh, ¿has encontrado los hechizos?
Armin se mordió la lengua. No quería creer que había metido la pata por revelar esa información.
—Sí, eran dos —dijo el pequeño—, pero el encantamiento curativo de la Sundrop no funcionó.
Ya que se le había salido ese dato, pensó que al menos podía obtener en su beneficio la razón de por qué no había funcionado el otro hechizo.
—Rapunzel pudo hacer ese encantamiento porque el poder desde su nacimiento se adaptó a su cabello, pero cuando lo cortaron, el poder perdió la habilidad de manifestarse tan fácilmente —contó la mujer. Armin pensó que esa era la posible razón por la cual el cabello de su madre era tan largo y dorado como el sol. ¿Será por el poder de la Sundrop?—. Cuando naciste, ese poder en el interior de ella se adaptó a ti, así que es muy posible que puedas manifestarlo de alguna forma especial.
—¿Pero cómo? Ya lo intenté y no funcionó —le informó, recordando cuando lo recitó y nada había ocurrido.
—Tal vez no sea un encantamiento tan notorio como el de tu madre —le contestó la mujer—. Posiblemente no se manifieste si no tienes algo que curar cerca. ¿Has probado sanar algo que realmente lo necesite?
Armin intentó pensar. Si existía una manera de que ese hechizo funcionara, lo iba a descubrir tarde o temprano.
"Posiblemente no se manifieste si no tienes algo que curar cerca". Eso sonaba lógico.
Bajó la mirada y vio a la pequeña mariposa, la cual seguía viva pero apenas movía sus coloridas alas. Armin la tomó con cuidado entre sus manos y la acarició con uno de sus dedos.
—Perdóname —le dijo con sinceridad, sabiendo que no le entendería, pero le servía para estar mejor consigo mismo.
Tomó aire y comenzó a recitar, sin apartar la vista de la mariposa.
Flower, gleam and glow
Let your power shine
Make the clock reverse
Bring back what once was mine
De pronto, unos destellos de luz comenzaron a rodear al insecto. Las alas rotas retomaban su forma original, y su invertebrado cuerpo sanaba considerablemente.
Heal what has been hurt
Change the Fates' design
Save what has been lost
Bring back what once was mine
What once was mine
Armin sonrió al ver a la mariposa como nueva, la cual comenzó a volar como si nada malo le hubiera pasado hace minutos atrás.
—Increíble… —confesó asombrado el niño, volviendo a poner una mano en la roca negra. A pesar de sentirse feliz por lo que pudo lograr, haber hecho ese hechizo en esas condiciones no fue la mejor idea. Sentía que iba a desfallecer en cualquier momento.
—Puedo sentir ese poder fluyendo en ti —dijo la voz, demostrando la misma felicidad que tenía el pequeño—. ¡Que orgullosa me siento!
Armin sonrió por lo bajo ante el halago. Un poco de apoyo y ánimo era justo lo que necesitaba en esos momentos, pero tampoco podía olvidar todo el dolor que sufrió minutos antes. Y eso lo llevó a su siguiente tema de conversación.
—Necesito preguntarte algo —comenzó él con la escasa voz que le quedaba. Ya no tenía fuerzas ni para hablar—. Dijiste que te puedo hablar a través de las rocas porque estoy conectado a ellas, y ahora comprendo que es porque tengo estos poderes en mi interior.
—Es correcto —contestó la voz.
—Pero si tú puedes oírme y sentirme a través de ellas, significa que también estás ligada, entonces… —Armin tomó aire antes de animarse a soltar la pregunta más importante—. ¿Tú eres la portadora de la Moonstone?
El chico solo esperaba que fuera una respuesta rápida, porque no se sentía bien para seguir con los ojos abiertos. Necesitaba saber eso antes de perder el conocimiento.
—Bueno…
Armin no pudo terminar de escuchar la respuesta, pues una mano repentinamente lo agarró del brazo y lo jaló hacia atrás, haciéndolo voltear. Aquella persona que lo interrumpió se puso de rodillas para quedar a su altura y lo tomó por los hombros, dándole una pequeña sacudida.
—Esto es por lejos la cosa más insensatas que has hecho. ¡Me tenías devastada!
El niño tragó saliva tras reconocer a la mujer.
—¡¿Tía Willow?! —exclamó él demostrando su sorpresa.
No estaba sola. Notó que Eugene y Stalyan, los chicos del Dark Kingdom estaban detrás de ella y se veían igual de enfadados.
En ese momento pensó que tenía muchas explicaciones que dar, mucho de lo que excusarse y, más importante aún, muchas novedades que decirles, pero ya no pudo más.
Willow actuó con rapidez y logró atrapar a su sobrino antes de que cayera al suelo.
Armin se desmayó.
