Disclaimer: Los personajes que reconozcan no me pertenecen; pertenecen a Disney.
—¡Armin! —la mujer castaña reaccionó con horror al ver al niño caer inconsciente en sus brazos, temiendo lo peor.
Eugene se apresuró en arrodillarse junto a él y tomarle el pulso.
—Descuida, Willow, está vivo —aclaró él, aliviado—. Solo se desmayó.
—No me sorprendería que esté tan cansado, ha viajado solo por varios días —soltó Stalyan, quien seguía de pie observando todo—. Tal vez no ha comido bien.
—No lo creo —replicó la tía abuela del pequeño—. Armin es muy astuto y tiene experiencia que adquirió viajando conmigo durante años —aclaró—. Dudo mucho que no se haya alimentado bien, él sabe que es algo básico.
—Está muy lastimado. —Eugene miró detenidamente a Armin: Su rostro estaba hinchado e irritado, su cabello muy polvoriento y su ropa rasgada—. Está en peores condiciones que cuando se fue de mi castillo, y no creo que se lo haya hecho solo.
—¿Piensas que alguien o algo pudo dejarlo así? —preguntó Stalyan, inclinando la cabeza levemente.
—Es muy probable, y de ser así deberíamos irnos pronto de aquí —afirmó el príncipe del Dark Kingdom—. Seguir por el sendero es lo mejor.
—¡Esperen! —interrumpió Willow.
Abrazó a Armin con todas sus fuerzas y lo alzó. Retrocedió un par de pasos, alejándose de sus dos acompañantes y mirándolos con pavor. Ella aún no terminaba de digerir todo lo que estaba pasando. No sabía si dejar que las cosas siguieran aquel inevitable camino, o si debía llevárselo lejos para salvarlo del peligro.
Eugene se vio en la necesidad de hacerla entrar en razón al ver sus intenciones.
—Willow —habló el príncipe—, entiendo cómo te debes sentir, pero-.
—¡Dejen al chico!
La voz a sus espaldas los alertó. Eugene y Stalyan se pusieron delante de Willow y Armin en modo defensivo. Vieron como dos personas se acercaban corriendo hacia ellos.
—¡Suéltenlo! ¡El niño vendrá con nosotros! —exclamó Adira alzando su espada, pero la bajó inmediatamente tras reconocer a uno de ellos—. ¿Piel de Pez? D-Digo… ¿Príncipe Eugene?
—Adira… —Eugene habló estoico, sin bajar del todo la guardia—. Han pasado años. —El castaño miró al hombre que la acompañaba y no pudo evitar su sorpresa—. Hector, esto sí que no me la esperaba.
—Alteza —dijo el mencionado. A pesar de que ha estado lejos del Dark Kingdom por tantos años, siempre ha estado al pendiente de ese reino y no olvida su lealtad al rey Edmund—. Nos disculpamos por asustarlos —prosiguió, para sorpresa de Adira, quien no solía ver tan seguido a su compañero actuar así, solo ante la realeza de su reino que no ha ocurrido con frecuencia durante esos años—, pero necesitamos al niño.
—Imagino entonces que saben quién es. —Adira y Hector asintieron—. Esto es bueno, supongo. Mientras más aliados que lo ayuden, mejor.
—Con todo respeto, señor, tal vez deba dejarle ese trabajo a sus guerreros —sugirió Hector—. Si algo le pasa a usted…
—Tonterías, seré un príncipe, pero sigo teniendo talento para pelear —presumió él con su clásico egocentrismo—. Soy capaz de todo por el niño, después de todo es hijo de Rapunzel.
Willow se había mantenido en silencio, escuchando la conversación atentamente. Aún no estaba segura de lo que haría con su sobrino, pero no dejaba de pensar en las opciones y en las terribles consecuencias. Armin había logrado reunir a una cantidad de aliados considerable, era algo que sin duda debía aprovechar, sin embargo, temía por la vida del niño. ¿Será que podía perderlo a él también, siendo la única familia que posiblemente le quedaba?
—¿Somos solo nosotros entonces? —preguntó Stalyan—. La idea es proseguir lo antes posible.
—No, hay más —aclaró Adira—. Es una... larga historia que ni yo puedo digerir aún, pero de alguna forma tenemos aliados muy peculiares.
—Ya los verán —interrumpió Hector—. Lo mejor será seguir cuando Armin despierte y todos tengamos energía. Aprovechemos este rato para descansar, comer, hidratarnos y, por qué no, hablar de todo esto con calma.
—Suena bien —dijo Eugene, luego miró a Willow—. Ven, no temas, son de confianza. Armin estará bien.
La castaña asintió, aún con dudas, pero sabía que podía confiar perfectamente en el ex-novio de su sobrina.
Hector y Adira estuvieron dispuestos a hacer una tregua luego de aclarar la verdad de Armin, así que comenzaron a buscar al niño fuera del árbol mientras los demás buscaban en el interior de este.
Los dos soldados del Dark Kingdom se adentraron en el Gran Árbol mientras los demás los seguían. Eugene comenzó a recordar cuando estuvo en ese lugar hace años junto con Rapunzel y sus amigos. Esta vez debía asegurarse de no alejarse de los otros para no terminar intoxicado nuevamente por una planta que lo quiera comer.
Hector, al llegar al escondite, hizo un silbido bastante característico.
—Eso hará que los otros vengan —les explicó él—. Traeré comida mientras Adira hace una fogata aquí fuera. Los invitaría a la cabaña, pero creo que quedó algo dañada desde que el niño pasó por ahí.
—Estaremos bien aquí —dijo Stalyan, ayudando a Adira a hacer la fogata.
Willow se sentó un poco alejada del resto, preocupándose de Armin. Le acariciaba la cabeza constantemente, esperando que recuperara pronto el conocimiento.
Pasaron un par de minutos.
Red y Angry llegaron con los demás, sin haber tenido éxito buscando al chico. La gran sorpresa que se llevaron no se hizo esperar.
—¡No me lo puedo creer! ¡¿Eugene?! —gritó Kiera mientras corría a abrazar al mencionado. Catalina imitó a su hermana con un poco más de timidez, pero se puso muy feliz por el abrazo de reencuentro.
—¡Niñas! —Eugene correspondió las muestras de cariño con el mismo sentimiento—. ¡Han crecido mucho, ahora son unas señoritas! ¡Que linda sorpresa!
—¡No pensé que te vería de nuevo! —dijo Red, limpiándose una lágrima.
—¿Cómo pudieron escapar de Corona? Creí que nadie había salido desde que esas Black Rocks rodearon al reino —preguntó el castaño.
—Salimos antes de que el reino se cerrara —explicó Catalina.
—¿Antes? ¿Por qué? —cuestionó él, alzando una ceja.
—Nos alejamos del reino mientras se calmaba todo. Si nos quedábamos nos iban a encarcelar —contó la pelirroja.
—Ayudamos a escapar a Varian de prisión… No fue algo muy legal que digamos —complementó Kiera, rascándose la nuca—. Nos vimos obligadas a huir.
—¿A Varian? —Eugene abrió los ojos lo más que pudo—. ¡¿Está con ustedes?!
Cassandra y Varian estaban llegando al lugar. Eran el último grupo en volver de la búsqueda. Al alquimista se le hizo algo extraño ir con ella. Aún le costaba asimilar que su primer interés amoroso platónico, la antigua portadora de la Moonstone, estaba sin memoria. Actuaba como una persona completamente nueva.
Cass, por su parte, seguía sorprendida de que él fuera el padre de su pequeño amigo Armin, aunque físicamente sí que se parecían. De cualquier forma, estaba algo deprimida de que aún no lo hubieran encontrado.
—Aquí estamos —habló Varian al estar cerca de los demás. A Eugene le costó reconocerlo, pues estaba con una capucha que le mantenía el rostro ensombrecido—. Un momento… ¿Eugene? —preguntó el chico del mechón azul.
El castaño estaba tratando de controlar el infarto que estaba sintiendo. No solo estaba con las niñas huérfanas con las que tanto se encariñó, también tenía frente a sí a Varian, al que todos creían muerto.
—La vida no deja de sorprenderme —dijo Eugene, rascándose la barba sin poder creer lo que veía.
Pero la vida tenía más novedades para él.
—¿Encontraron a Armin? —preguntó Cass, preocupada de no verlo.
Eugene, al verla, sintió que ya estaba por desmayarse.
—¡Esto es una pesadilla! —exclamo él, hiperventilado—. ¡Denme agua! —pidió con exageración.
Cass solo se mantuvo quieta sin entender qué pasaba.
Stalyan le dio un golpe en el brazo a su esposo.
—¡Cálmate, hombre! —ordenó ella.
—Y-Yo iré por agua —dijo Red, entrando rápidamente a la cabaña.
—Estos hombres son tan dramáticos —dijo Adira, mirando a Eugene—. Te explicaré todo, pero debes calmarte. —Ahora dirigió su mirada hacia Cass—. Armin está ahí —dijo, señalando al niño a un par de metros de ellos.
Mientras los demás intentaban calmar a Eugene y contarle todo, Cassandra fue corriendo hacia donde se le indicó. Varian también se acercó de forma sigilosa.
—¡Armin! —gritó ella, arrodillándose cerca de Willow—. ¡¿Está bien?!
La tía del niño la reconoció al instante, y en un acto de desconfianza abrazó más fuerte al pequeño.
—¿C-Cassandra? —preguntó Willow, confundida.
Ella asintió, notando el miedo en sus ojos.
—¿Armin es familiar suyo? —preguntó al ver el parecido—. Descuide, no quiero hacerles daño, solo me preocupo por él —aclaró ella al asumir por qué la estaba mirando raro.
Willow alzó una ceja, confundida.
—Solo está desmayado —respondió la princesa de Corona de forma seca y con el ceño fruncido, acercando más a Armin a sí misma.
Cassandra entendió la indirecta, y sin querer incomodarla más, decidió levantarse.
—Gracias por decirme, espero esté bien —habló la mujer de cabello corto antes de alejarse. Atinó a sentarse en otra zona lejos de los demás, sola para ya no causar extrañas reacciones en las personas. Era algo incómodo de ver.
Willow no entendía por qué actuaba como si hubiera olvidado todo lo malo que hizo, y aunque los demás la vieran como una aliada, prefería no correr riesgos. Se mantuvo acariciando el cabello de Armin, como si eso le diera la tranquilidad que tanto necesitaba. Lo había extrañado mucho, ha sido el único de su familia que ha estado con ella por esos años, y que estuviera en peligro le resultaba aterrador. Estaba feliz de que estuviera a salvo en sus brazos, pero sabía perfectamente que todo esto no iba a terminar ahí.
De repente escuchó una rama romperse a pocos metros, llamando su atención. Alguien la estaba vigilando.
Varian salió de su escondite, unos escombros de roca, y se mantuvo observando tanto al niño como a su tía, sin atreverse a acercarse de más para no asustarla.
—Él está bien —soltó Willow al ver que el hombre encapuchado no le quitaba la vista de encima al niño—. Espero logre despertar pronto.
—No sé cuánto gas logró aspirar, pero imagino que el efecto pasará dentro de un rato —aclaró él, llamando la atención de la castaña. Entró un poco más en confianza y se sentó cerca de ella—. Lo lamento, él está así por mi culpa… Lo hice dormir con un gas químico. —De repente, dejándose llevar, se quitó la capucha y soltó un suspiro—. Fue un error. Es solo que no sabía a quién me enfrentaba, pero ahora lo sé.
—¡¿Varian?! —exclamó Willow al verlo sin el rostro cubierto por las sombras. Ese cabello era único. No cabía duda—. ¿E-Eres…?
—Sí, soy yo —respondió él, mostrando una leve sonrisa, pero sin borrar del todo su expresión que reflejaba tristeza y culpa—. Willow, ¿no es así? —Ella asintió con sorpresa—. Rapunzel me habló de ti, también me mostró un par de retratos que ella misma hizo. —Se aclaró la garganta—. Además, eres igual a ella. Por fin puedo verte en persona.
Willow no se esperaba este encuentro, estaba perpleja. Intentó mantener la calma.
—Creí que estabas muerto —habló luego de un rato—. O al menos eso decían los rumores.
—No está tan lejos de la realidad —confesó el chico—. Cuando escapé de Corona logré salvarme por muy poco, pero a costa de alguien más —dijo apenado, tratando de no recordar aquel suceso—. Entonces, ¿conoces al niño? —preguntó, cambiando el tema. Era una pregunta obvia, pero tenía interés en saber más del pequeño y fue la mejor forma que se le ocurrió para hablar de él.
—Ah, sí —respondió Willow—. Rapunzel me pidió que me hiciera cargo de él prácticamente apenas nació, y lo he cuidado y mantenido estos seis años —contó para luego soltar una risita nerviosa—. Bueno, eso fue hasta que se me escapó, y ahora aquí me lo encuentro otra vez, junto con todos ustedes. ¡Me es difícil de creer!
—Supongo que debo agradecértelo —dijo él con suavidad, mientras se acercaba más y acariciaba el cabello del niño—. Yo no estuve ahí para él.
—No hay nada que agradecer, es mi sobrino después de todo —lo calmó ella, dándole una sonrisa—. Además, no puedo culparte si no lo sabías. Es más que razonable, querido Varian.
—Imagino que Rapunzel pensaba lo peor de mí y por eso no dijo nada de este embarazo —asumió apresuradamente el alquimista, dejándose llevar por la culpa y el rencor—. Tal vez temía que si yo me enteraba, haría algo horrible con Armin. Ella pensaba que yo destruí Corona.
—¿Eso crees? —le preguntó curiosa la castaña.
—Fue lo que ella me dijo —confesó el alquimista, mirando de reojo a la tía de Raps.
Willow suspiró con nostalgia y puso una mano en el hombro de Varian, captando la atención del chico.
—A mí me dijo todo lo contrario…
Traer un hijo al mundo no era sencillo, todo lo contrario, era doloroso y agotador. Rapunzel estaba experimentando esa sensación por fin, y a pesar de todo, intentaba ser fuerte. Estaba dando a luz en su habitación, encerrada, alejada del mundo exterior, así como vivió sus primos dieciocho años, y ni siquiera contaba con un doctor para ello porque, aunque fuera alguien de la realeza, había un detalle muy importante: Solo su tía sabía de su embarazo y nadie más lo podía saber, ni siquiera un doctor.
Willow tenía la suerte de no ser la primera vez que atiende casos así. En más de alguna aventura que vivió en sus mejores años le tocó ayudar a alguna mujer a dar a luz en medio de la nada. Aunque ella fuera una princesa, siempre estaba dispuesta a aportar si alguien la necesitaba, y aunque no fuera la mejor para ese trabajo, se esforzaba, y era lo que a Rapunzel le bastaba en ese momento.
Ella se mantenía apretando las sábanas y se vio obligada a meter parte de una almohada dentro de su boca. Si alguien en el castillo escuchaba aquellos gritos, sospecharía e irían a verla de inmediato, haciendo pública la noticia de su embarazo. Lo había ocultado muy bien por todos esos meses como para arruinarlo ahora.
Rapunzel mordía la almohada con fuerza. Pasaron varios minutos hasta que el bebé logró salir completamente.
—¡Mi querida sobrina! ¡Es un niño! —exclamó Willow aguantando las lágrimas de felicidad.
—Tía… —habló débilmente la princesa— No lo grites, te podrán oír.
Pero a pesar de los esfuerzos por ser discretas, habían cosas que no se podían controlar.
El recién nacido lloró fuertemente, espantando a las dos presentes. Willow se apresuró en hacer las curaciones correspondientes, y le entregó al bebé a su madre, quien inmediatamente se calmó y dejó de llorar, sintiendo una plena paz.
—Eso no es usual —reconoció la tía, quien estaba acostumbrada a que los bebés lloraran mucho en sus primeros minutos, pero no era hora de preocuparse por detalles. Rápidamente se acercó a la puerta y posó su oreja ahí, estando atenta a cualquier sonido—. Creo que no hay nadie… Nadie nos escuchó. ¡Menos mal! —Willow volteó y vio a Rapunzel con su hijo, y no pudo evitar notar un detalle importante—. Q-Querida… Tu cabello. ¡Ya no es rubio! —exclamó con sorpresa.
—Perfecto —dijo Rapunzel—. Ocurrió lo que esperaba, ahora mis poderes los tiene él. —Acarició su pequeña cabeza—. Le pondré Armin, sé que Varian así lo hubiera querido.
Raps dejó al niño en una cesta que tenía a su lado y se levantó. Se arregló su ahora castaño cabello y buscó ropa, todo a velocidad de tortuga.
—Amor, estás muy débil, tienes que reposar un par de días —aconsejó su tía, quien sabía perfectamente lo que la joven princesa quería hacer, y le asustaba.
—No hay tiempo para eso —sentenció ella.
—¡Rapunzel! —insistió la mayor—. No me hagas esto, no puedes hacer nada en esas condiciones. Apenas te curé, te vas a lastimar.
—Eso da igual tía. Lo importante ahora es devolver la paz, mantener al reino a salvo, y proteger a mi hijo —le recordó ella, mirándola fijamente sin titubear.
—No tienes que hacer esto… —Willow ya no pudo más. Lágrimas de resignación comenzaban a brotar de sus ojos.
—Debo hacerlo —dijo Rapunzel, brindándole una última sonrisa y un abrazo—, pero debes prometerme que te llevarás lejos a Armin ahora, sácalo del reino, mantenlo oculto de este enemigo, te lo suplico.
Ella asintió. Tomó la cesta que tenía al pequeño niño y le acarició una mejilla. Cumpliría su promesa, cueste lo que cueste.
—¿Qué haremos con Varian? —preguntó Willow.
—¡Cuando todo esto termine podremos probar su inocencia! —gritó Rapunzel, ya entrando en pánico por todo el asunto—. Primero debemos neutralizar el peligro, luego nos preocuparemos de dar explicaciones.
Entre las dos derribaron los barrotes de las ventanas que impedían salir de ahí. Nadie sospecharía que iban a irse así como así, ya que Raps pasó meses haciéndole creer a todos que estaba resignada al encierro. Escapar del castillo nunca fue difícil, solo que ahora era el momento de actuar. Rapunzel dejó caer por la ventana su larga cabellera castaña.
—Adiós Rapunzel —Willow le dio un beso en la mejilla a su sobrina antes de descender por su largo cabello hasta llegar al suelo. Al llegar ahí, se escabulló con el niño hasta salir del castillo y huir lo más lejos posible.
Raps tomó una capucha y se cubrió con ella. Tomó aire y se dispuso a bajar igualmente.
—Varian, Armin. Mis dos chicos, denme fuerzas para lo que vendrá.
—Ella siempre estuvo dispuesta a probar que eras inocente —le contó la castaña al alquimista.
Varian puso atención al relato, pero seguía con sus dudas.
—Es muy fácil decirlo Willow, pero nunca hizo nada, era la princesa y se quedó de brazos cruzados por meses —dijo él, mostrando su insatisfacción—. Además, estoy seguro de que ella pensaba que yo era culpable, me lo dejó muy claro la última vez que la vi.
—Es mucho más complicado de lo que piensas —continuó la castaña en defensa de su sobrina—, las cosas en Corona en cuanto a política eran un caos. Rapunzel se sentía tan inútil como un ciudadano sin derechos ni opinión válida. Además, ¿no se te ocurre que en esos momentos, su embarazo era una gran preocupación? Las cosas no fueron sencillas para Raps esos meses que estuviste en prisión —contó Willow con tristeza mientras dejaba salir un suspiro—. Ella siempre quiso hacer mucho por ti, pero no tenía las oportunidades que crees… Frederick y Nigel hicieron muchas injusticias con Rapunzel, lo que la llevó a hacer cosas a escondidas.
Varian desvió la mirada y reflexionó cada palabra. Le costaba comprender qué fue lo que realmente pasó. La última vez que vio a Rapunzel, lo trató terrible. Eso fue real, no lo soñó. Entonces, ¿por qué hizo eso? ¿Qué ganaba Raps al hacerlo sentir como basura? ¿Había un plan o un motivo que Varian ignoraba o desconocía?
—Ahora muchas cosas no me cuadran Willow —confesó él, confundido—. Esperaré a que todo se aclare. Por ahora es mejor seguir con el plan, ingresar a Corona y ver si así obtenemos respuestas. De cualquier forma… gracias por contarme esto —dijo con una leve sonrisa.
—No hay problema, puedes preguntarme lo que gustes —ofreció la mujer, volviendo a acariciar a su pequeño sobrino.
El joven alquimista pensó por unos segundos algo que le pudiera interesar.
—¿Cómo lograste escapar de Corona con Armin? —preguntó después de un rato.
El semblante de Willow cambió abruptamente.
—No fue fácil huir de ese lugar, estaba lleno de esas rocas rojas que congelaron a casi todos —comenzó a relatar ella—. Solo intenté ser valiente por Armin, así que logré salir ilesa, pero sabes, desde un inicio sabía que lo estaban buscando, por eso fui siempre sobreprotectora con él.
—¿Siempre lo supiste? —preguntó Varian—. ¿Cómo?
—Cuando escapé con él ocurrió algo…
El bebé lloraba en su cesta. Tenía hambre y le faltaba atención.
—Tranquilo mi niño —pidió Willow, caminando lo más rápido que pudo —. Prometo que cuando nos alejemos lo más posible de Corona, me preocuparé de ti como se debe y nadie nos separará.
La princesa de Corona estaba preocupada. No tuvo noticias de Rapunzel, y las rocas de todo el alrededor no parecían tener la intención de desaparecer pronto. ¿Qué le pasó a Rapunzel? ¿Estaba viva aún? ¿Qué sería de Varian y de todos los demás? ¿El reino estaría bien?
Willow estaba subiendo por una colina, esperando llegar pronto a la cima. Desde ahí podría tener un panorama de la situación, y tal vez hacer una pausa para atender al recién nacido. Estaba tratando de alimentarlo sin mucha frecuencia para ahorrar las pocas provisiones que tenía, pero Armin apenas aguantaba esos horarios. Era normal llorar constantemente para hacer notar su hambre.
—Aguanta solo un poco más, Armin —suplicó su tía, llegando finalmente a la cima de la colina. Esperaba tener un poco de paz en ese lugar que estaba separado de Corona por un par de kilómetros. Se preocupó en mantener la distancia para proteger al niño.
Rápidamente alimentó al pequeño. Armin comenzó poco a poco a calmarse, provocando así que Willow soltara un suspiro de tranquilidad.
—Buen niño —dijo mientras volvía a dejarlo en su cesta.
Se puso de pie y observó a lo lejos. Algo no iba bien. Corona era un reino que se caracterizaba por ser luminoso incluso por las noches, pero solo veía oscuridad. Se apresuró en tomar su catalejo y observar con más atención y cercanía.
—¡No puede ser! —exclamó con sorpresa. No podía creer que lo que veía. Corona estaba encerrado por Black Rocks en su totalidad. ¿Cómo pudo pasar esto?—. ¿Esto fue obra de Cassandra? —se preguntó a sí misma.
—No, no fue esa insignificante chiquilla —habló una voz detrás de ella—. La Moonstone tiene un nuevo portador.
Willow se sobresaltó y volteó para ver a un hombre alto de cabello blanco y amarrado, simulando una pequeña cola de caballo.
—¡¿Quién eres?! —preguntó ella con temor.
—Soy Tromus —se presentó él, con una sonrisa maliciosa—. Y en nombre de mi maestra Zhan Tiri, vengo a llevármelos. Las Black Rocks me han guiado a ustedes.
Willow tragó en seco. ¿Zhan Tiri? ¿La hechicera de aquellas leyendas?
Sacó a Armin de su cesta y lo abrazó contra su pecho para sentir que lo protegía mejor. Era consciente de que el niño había estado dejando un rastro de rocas, pero nunca pensó que los estuvieran siguiendo a través de él.
—¡No te lo llevarás! —exclamó la princesa castaña con furia, tratando de ocultar el miedo que estaba sintiendo. ¿Cómo iba a salir de esta?
Tromus alzó una ceja. Jamás específico que hablaba del niño, así que saber aquello le facilitó las cosas.
—¿Entonces ese bebé es la nueva Sundrop? —preguntó, acercándose lentamente—. Interesante, ¿entonces la Sundrop anterior tuvo un hijo que heredó sus poderes? Awww~, lástima que el pequeño no podrá tener una larga vida.
Willow abrió los ojos como platos perfectamente redondos. ¿Cómo iba a proteger a Armin ahora?
—Ese niño vendrá conmigo.
Y entonces, Tromus forcejeó para quitarle al bebé. Willow se negaba a soltarlo.
El pequeño se sintió triste de que lo estuvieran tironeando, y comenzó a llorar fuertemente. De pronto, algo pasó que la castaña no comprendió en un principio, pero el suelo bajo sus pies comenzó a temblar, de ahí surgió una Black Rock que empujó a Tromus.
—¿Qué? —preguntó él, sorprendido—. Imposible... —Volvió a acercarse, pero nuevamente una roca se interpuso en su camino. Willow estaba perpleja. ¿Armin estaba haciendo eso? —¡Mocoso del demonio!
El niño comenzó a llorar más fuerte, con más ira, y el suelo tembló más fuerte, casi como si se tratara de un terremoto. Varias Black Rocks salieron, unas seguidas de otras en fila, y se dirigían hacia Tromus. Estas rocas negras terminaron empujándolo lejos, y este cayó colina abajo. Willow aprovechó para bajar por el otro lado y alejarse lo más posible. No entendía qué había visto, pero al parecer Rapunzel estaba en lo correcto cuando mencionó que ahora sus poderes estaban en su hijo. ¡Y vaya poder!
Pero el poder siempre trae consigo desdicha.
Tromus logró aterrizar en un suelo poco inclinado antes de seguir cayendo por aquella gran colina. No hubiera sido bueno para él caer todos esos metros. Apretó los puños tras haber fracasado.
—¡No lograrás huir por siempre! –exclamó Tromus hacia el cielo, esperando que, donde sea que se encontrara Willow, lo escuchara—. ¡Las rocas siempre lo seguirán! ¡Zhan Tiri lo encontrará y lo matará!
No tenía sentido que enfrentara el poder de las Black Rocks. Eran muy poderosas, y él estaba escaso de magia en esos momentos. Aunque lo siguiera intentando, no lograría llevarse al niño a ese ritmo. Lo único que quedaba hacer era regresar e informar a su maestra lo ocurrido. De seguro iba a estar muy interesada de que Rapunzel tuvo un hijo.
—¿Un discípulo de Zhan Tiri intentó llevárselo? —exclamó Varian, con los ojos bien abiertos por la sorpresa—. Dios santo, ¡con razón eras tan sobreprotectora! Todos los pergaminos que encontré de Demanitus hacían ver a esa hechicera como alguien muy peligrosa.
—Siempre tuve miedo después de ese momento —confesó Willow—. Siempre supe que Armin tenía el poder suficiente para salvar a Corona, pero también sabía que iban a querer matarlo por tener ese poder —dijo soltando un suspiro—. Nunca le había contado esto a alguien, ni siquiera a él. Le oculté todo su pasado para protegerlo… Aunque ahora me pregunto si habré hecho bien.
De pronto, algo los sobresaltó a ambos.
—¡No te preocupes, hiciste lo que creías correcto! —exclamó una tierna voz. Armin se movió para sentarse junto a su tía y la miró con una sonrisa.
—¡¿Armin?! —exclamó ella—. ¿C-Cuánto escuchaste?
—Llevo un rato despierto —dijo entre risas—. No quería interrumpir los relatos.
—Mi niño… —Willow suspiró—. En verdad lo lamento. Siempre supe mucho de lo que había pasado y no te lo conté.
—Está bien, está bien —interrumpió el pequeño—. ¡Eso quedó atrás! ¡Ahora solo debemos pensar en cómo seguir adelante! ¡Hay que tener esperanzas!
La castaña le sonrió. Sin duda ese positivismo lo heredó de su madre. Extrañaba mucho a su sobrina.
—Estás más listo de lo que me imaginaba, tienes todo mi apoyo. —Willow le dio un fuerte abrazo al pequeño pelinegro, y este correspondió. Varian se limitó a observar la tierna escena.
Cuando se separaron, el alquimista se aclaró la garganta.
—¿Me permites hablar con él? —pidió él con algo de timidez.
Willow supuso que ellos dos también tenían mucho de qué hablar, así que asintió y se levantó, alejándose de ellos para darles espacio.
El mayor se acercó para sentarse junto a su niño.
—¿Cómo estás? —preguntó él para romper el hielo.
—Aún con algo de sueño, pero ya no me siento débil —le contestó Armin, apoyando su cabeza en el brazo de su padre. Este le regresó una sonrisa.
—Ya estoy convencido de que eres mi hijo —dijo Varian con voz temblorosa—. Lo siento, hace unas horas no lo podía creer, pero la evidencia está en todas partes. —Miró al niño de reojo, sintiendo algo de vergüenza—. No tenía idea de esto y te hice pasar un muy mal rato. ¿Será que puedes perdonarme?
—Claro —aceptó Armin con una sonrisa—. Yo tampoco actué de la mejor forma —recordó él—. ¡Empecemos de nuevo!
—Trato hecho. —Varian le sonrió—. Así que tu madre te puso Armin, como al personaje de Los Cuentos de Flynnigan Rider —dijo recordando con nostalgia aquella vez que le mencionó a Raps que ese nombre le gustaba mucho. Ahora se daba cuenta de que esa conversación no había pasado desapercibida para ella en absoluto.
—Conozco la saga de libros —contó el niño—. De hecho, recuerdo que comencé a leer el primer libro porque un personaje se llamaba como yo, pero no volvió a aparecer en los siguientes —le dijo con una amplia sonrisa—. ¡No sabía que mi nombre venía de ahí! ¡Que divertido!
Varian no pudo evitar reír de ternura. Era la primera interacción agradable que tenía con su hijo, y le gustaba mucho cómo se estaba dando. El niño era un encanto, así como lo era Rapunzel. Tal parece que ser padre no sería malo después de todo, pero aún había mucho que aprender en la marcha.
—¿Qué sabes de tu mamá? —se atrevió a preguntar el adulto del mechón azul.
—Nunca la he visto, pero me han hablado mucho de ella. Incluso Eugene tenía unas cartas que ella le escribió que me han permitido conocerla mejor. —Se aclaró la garganta, algo temeroso de soltar la siguiente frase—. Se veía que te quería mucho.
—¿Ah sí? ¿Fue por eso que reconociste el dibujo sobre nuestro primer beso? —preguntó Varian con curiosidad y el pequeño asintió. Él, por todos esos años, había creído solo su versión de los hechos, pero si Willow y Armin pensaban otra cosa, no se cerraba a la posibilidad de averiguar más. Aún no era tarde de dejar ir todo el asunto. Además, en el fondo, quería creer en Rapunzel más que nunca—. Pues supongo que tendrás que contarme muchas cosas a mí también.
Armin no podía creerlo, incluso ya le estaba tiritando el labio inferior, aguantando las ganas de llorar. Varian estaba actuando completamente diferente a cuando lo conoció. Estaba siendo amable, atento, empático, ¡se esforzaba en ser un buen padre! Por fin pudo verlo como la buena persona que Rapunzel decía que era, y asimilarlo lo llenaba de felicidad.
Sin decir otra palabra más, se abalanzó a los brazos de su papá, dándole un fuerte abrazo, y sin poder aguantar más, comenzó a llorar en su hombro. Varian se quedó atónito por unos segundos, pero luego correspondió con el mismo sentimiento. Le acarició el cabello a su hijo y lo dejó llorar. Tenía mucho que soltar, ha pasado por mucho para ser tan pequeño, y aún tenía que soportar muchas cosas que vendrían.
Por fin padre e hijo estaban bien, reunidos después de tantos años y nadie los iba a poder separar otra vez.
—Disculpen por arruinarles el momento —dijo Hector, acercándose a ellos. Al llamar su atención, se separaron del abrazo y Armin secó sus lágrimas—, pero tenemos que hablar.
—¿Tú y yo? —preguntó Varian.
—Todos. Estoy reuniendo al grupo —informó el hombre—. Hay mucho que planear.
Varian y Willow se disponían a ir.
—¿Me permiten un momento? Yo iré en unos minutos —pidió el niño.
—Solo no tardes demasiado —ordenó Hector, alejándose junto con los otros dos.
El niño se escondió de todos detrás de unos escombros y con sus manos creó una Black Rock. La tomó e intentó establecer comunicación con aquella mujer.
—¿Hola? —llamó él en voz baja para no ser escuchado.
—Armin, mi querido niño —le respondió la voz—. La última vez te fuiste sin avisar. ¿Todo está bien?
—Tuve… inconvenientes —se excusó él—. No respondiste a lo último que te pregunté. ¿Eres la portadora de la Moonstone? —interrogó con seriedad.
Armin recordó los relatos de su tía, los cuales escuchó mientras fingía estar dormido. Todo parecía indicar que una tal Zhan Tiri ocasionó el caos en Corona, y posiblemente sea quien posee la Moonstone actualmente, pero necesitaba estar seguro.
—Y si lo fuera, ¿qué pasaría? —preguntó la voz, evadiendo levemente amenazante, provocando un escalofrío en Armin.
Según su padre, Zhan Tiri era peligrosa, demasiado peligrosa, así que tal vez no era el momento para hacerla enojar, en caso de que la voz fuera efectivamente ella.
—Olvídalo, no pasaría nada —mintió él—. Solo fue curiosidad.
—¿Cómo te has llevado con tus poderes? —preguntó ella, cambiando radicalmente de tema.
—Ya lo sabes —le recordó—. He aprendido a controlar a las rocas y también domino el hechizo del decaimiento, pero el de curación solo lo usé una vez para probarlo.
—Sigo sorprendida de que puedas controlar las rocas tan fácilmente, se nota que tus poderes son mucho más eficientes que los de Rapunzel —dijo la voz femenina en un tono de admiración—. Te voy a ser sincera… Normalmente se necesita un tercer encantamiento para poder controlar las rocas a la perfección. El hechizo es utilizado por el portador de la Moonstone, pero diría que tú también podrías realizarlo, ya que tienes tanto poder…
—¿Tercer encantamiento?—preguntó el niño, quien solo sabía de dos—. ¿Cuántos son?
—Son cuatro —respondió la voz—. Sería de mucha utilidad que supieras ambos encantamientos, pero es tan difícil conseguirlos —dijo fingiendo falsa pena—. En fin, creo que tienes cosas, que hacer, ¡nos veremos pronto! ¡Ya no queda mucho para llegar!
—¡Espera! ¡Dime más!
Pero no hubo caso. La voz no volvió a responder, dejándolo con una gran intriga. ¿Lo había hecho a propósito? Armin era muy curioso y no se iba a olvidar de eso tan rápido.
—¡Armin! —gritó desde el otro lado su padre—. ¡Te estamos esperando!
—¿Cuánto tiempo estaremos varados? —preguntó Eugene.
—Necesitamos reforzarnos si queremos entrar a Corona —dijo Hector con su característica seriedad—. Hay que estar preparados para lo que sea que encontremos. No podemos depender de que el niño nos cubra las espaldas en todo momento con sus poderes. Todos aquí sabemos pelear, así que estar bien armados será fundamental.
—Según los relatos de Willow, Zhan Tiri podría estar involucrada en todo esto —explicó el alquimista, nombrando a la hechicera. Cass, sin entender la razón, se sintió extrañamente incómoda al oír ese nombre—. Considerando la magnitud del problema, crear varias pociones alquímicas para la ocasión podría demorar unos pocos días —informó Varian.
—¿Esperar más días? —preguntó Cass algo inconforme, pues sabía que para Armin ha sido dura la espera.
—Han pasado años desde que todo esto está pasando, así que esperar unos días más no hará daño. —habló Adira—. Tampoco por ser apresurados iremos sin ser cuidadosos.
—Concuerdo, de eso podría depender todo —afirmó Varian—. Prometo poner de mi parte para no tardar demasiado. Quédate tranquilo, Armin —pidió él con una sonrisa. El mencionado soltó un suspiro.
—Mientras Varian mejora su defensa, los demás deberíamos hacer lo mismo —sugirió Hector—. Creo que hay que conseguir armamento nuevo, sobre todo para ustedes dos, chicas. —Miro a Angry y a Red—. Esa ballesta y esa daga que usan están en mal estado, así que necesitarán unas mejores.
—No me molestaría tener una espada también —dijo Kiera con su sonrisa confiada.
—Conozco un lugar donde podemos ir —dijo Stalyan, captando la atención de todos—. Hay un sinfín de rufianes y gente desagradable, pero hay buenas armas que podemos conseguir. Tengo ciertos conocidos que podrían colaborar.
—Un momento, un momento, no hablarás de Pincosta, ¿o sí? —preguntó Eugene, a lo que su esposa asintió—. ¿Debo recordarte que estoy prohibido allá? No quiero terminar en la cárcel otra vez.
—En ese caso puedes quedarte aquí y ayudar a Varian —sugirió Adira.
—Si no hay de otra, por mí no hay problema —aceptó el castaño, mirando con una sonrisa al alquimista.
—¡Se viene el regreso del Team Awesome! —dijo el chico de mechón azul con una enorme felicidad mezclada con nostalgia.
Todos parecían organizarme perfectamente bajo el mismo objetivo, pero el niño estaba distraído aún, cosa que Catalina notó
—Te noto inquieto, Armin. ¿Todo está bien? —preguntó ella, ladeando la cabeza.
El nombrado se sonrojó al notar que todos los ojos lo miraron de imprevisto.
—Discúlpenme todos —dijo Armin, jugando con sus manos—. Es solo que esperar más días por respuestas me va a terminar matando. Solo quiero saber qué pasó con mi mamá. Quiero saber si sigue con vida.
Varian lo observó con algo de tristeza. En cierto modo, se sentía igual, pero como adulto era más fácil controlar esas emociones. No podía pedirle a un niño que no fuera impaciente cuando se trataba de su madre.
—Ni se te ocurra escaparte de nuevo, sería muy irresponsable de tu parte —acusó Hector, cruzándose se brazos.
—¡No, no! ¡No estaba pensando en eso! —se apresuró en aclarar Armin—. ¡Les prometo que eso no volverá a ocurrir!
—Si tanto te mata la curiosidad, tal vez te puedas entretener con algo —habló de repente Stalyan—. Cuando nos conocimos y te estaba llevando al Dark Kingdom, en el camino te conté que hubo un sobreviviente que escapó de Corona y que ahora vivía en Vardaros, ¿te acuerdas? —Armin asintió, recordando aquel detalle al cual no le había dado tanta importancia en el momento—. Según rumores que sé, esa persona trabajaba en el castillo. Puede ser una buena forma de obtener información.
—No puede ir solo —interrumpió Red algo preocupada—. Además, Vardaros está muy lejos de aquí. Tardaría mucho en llegar.
—No si usa el globo aerostático que conseguí —habló Willow—. Con él logramos llegar rápidamente aquí desde el Dark Kingdom.
—Y Vardaros está cerca de Corona, así que no sería una desviación —completó Kiera.
—¡Me interesa! ¡Quiero ir, por favor! —pidió Armin, mirando a todos los presentes con ojos suplicantes.
Varian, Red y Angry miraron a Hector, pues era como su líder y el que tomaba las decisiones finales. Este soltó un suspiro.
—Está bien, pero como dijo Red hace un rato, no irás solo —sentenció él—. Sé que te puedes defender bien, pero creo que todos nos quedaremos más tranquilos si alguien te acompaña.
—Yo puedo ir con él —se ofreció rápidamente Cassandra para sorpresa de Willow—. Armin es mi amigo y prometo cuidarlo de todo. Confíen en mí, sé que podré con esto —dijo ella finalmente, contando con sus instintos de guerrera y guardiana, cualidades que posee sin saberlo con certeza.
—A mí me agrada la idea —confesó el pequeño, quien ya estaba muy acostumbrado a tener a su compañera cerca—. Por favor, dejen que me acompañe, ¡por fis, por fis, por fis! —suplicó, apelando a su lado tierno.
Willow estaba sorprendida de que Armin confiara tanto en ella. Tal parece que Cassandra sí estaba sin memoria como le comentaron, y ahora era completamente inofensiva. Una aliada bastante inesperada.
—Como gusten —aceptó finalmente Hector—. Te llevarás una espada por precaución, Cabello Corto.
—Muchas gracias —respondió ella. Miró fijamente a Willow y le dedicó una sonrisa—. Lo protegeré con mi vida.
Ella asintió en gesto de agradecimiento.
—Bueno, no hay tiempo que perder —declaró Hector con firmeza, mirando a Cass y Armin—. Partirán ahora mismo.
El niño terminó de armar su mochila con provisiones para el viaje. Estaba ilusionado. Tal vez obtendría muchas respuestas de lo que ocurrió aquella vez.
Su tía Willow también se veía más calmada con todo lo que pasaba. Tal parece que terminó asimilando la situación y haría lo posible para ayudar al niño y al reino.
—Yo me quedaré para ayudar a Varian y Eugene —dijo la castaña, arreglando el cabello de su sobrino—. ¿Te portarás bien con Cass?
—¡Claro! Todo ira bien —respondió Armin, abrazando a Willow—. Nos volveremos a reunir muy pronto, así que no te angusties. —Le dio un beso en la mejilla como despedida y fue a buscar a Cass.
—¿Estás listo? —preguntó la pelinegra, quien también lo estaba buscando.
—¡Muy listo! —contestó, pero desvió la mirada hacia Varian, quien leía un libro sobre alquimia, sentado cerca de la fogata—. Dame un momento, me quiero despedir.
Armin se acercó a Varian y le dio una palmada en el hombro para llamar su atención. El chico del mechón azul lo miró y se apresuró en darle un abrazo.
—Prométeme que tendrás cuidado —pidió él mientras le revolvía el cabello—. No voy a perderte ahora que por fin estás conmigo.
—¡Te lo prometo! —dijo el pequeño entre risas—. Papá, ¿puedo pedirte un favor?
—Claro, ¿qué pasa? —preguntó el mayor, brindando una sonrisa para entrar en confianza.
—Tengo la sospecha… la leve sospecha… de que hay más de dos encantamientos —confesó él, algo inseguro de sus palabras—. ¿Podrías investigar los pergaminos en mi ausencia por si encuentras algo al respecto? —pidió Armin, temeroso de que su padre le pidiera explicaciones de más. No tenía una excusa para decirle cómo sabía esa información. Si le contaba lo de la voz a alguien, perderían la cabeza y se molestarían mucho con él.
Varian se mostró algo perplejo por aquella petición.
—¡Armin, vamos! —lo apresuró Cass.
El alquimista vio que no había tiempo de pedir explicaciones ahora.
—Lo haré —dijo él, no muy convencido, pero era preferible decirle eso para no defraudarlo antes de su viaje. Ya tendría el momento de aclararlo con Armin.
—¡Gracias! —dijo el niño, dándole un último abrazo antes de salir del Gran Árbol con Cass.
Era hora de ir a Vardaros.
—¿Está segura de que resultará, mi señora? —preguntó Tromus a su maestra, quien se mantenía sentada en el trono del castillo de Corona.
—Créeme que sí —contestó con una sonrisa astuta—. La curiosidad lo matará y conseguirá ese tercer encantamiento por mí. —Comenzó a reír con malicia—. ¡Ese tercer hechizo tiene que ser mío!
