Itachi

Estoy soñando con balas y sangre. Como Siempre.

Hay gritos, por supuesto, porque siempre hay gritos agudos y estridentes, bajos y chillones. Estan llenos de dolor, llenos de angustia, llenos de tormento. Es un sonido torturoso y me giro y volteo, tratando de alejarme de ellos.

Es entonces cuando me di cuenta de algo.

Fuera de mi sueño, fuera donde el silencio es grueso y pesado, hay un sonido.

Un sonido real.

El timbre de un teléfono está rompiendo el silencio, astillando la noche en un millón de pedazos. Mis ojos se abren de golpe, mirando con ojos lagañosos el reloj.

3 a.m.

Una llamada a esta hora nunca es algo bueno.

Dando una patada al viejo entrenamiento y mis viejos sentidos adormecidos, me separo de la situación mientras busco a tientas mi teléfono. Sea lo que sea, voy a estar tranquilo y listo. Eso es lo que soy y para lo que estoy capacitado.

Oprimiendo un botón, sostengo el dispositivo en mi oreja. Esperando oír a mi mejor amigo, shisui, a su hermana izumi, o a cualquier número de nuestros amigos. Siempre soy la persona a la que acuden para rescatarlos fuera de problemas, sobre todo porque soy tranquilo e imperturbable. No juzgo a las personas por su mierda. Por estas razones, estoy acostumbrado a estas llamadas.

Pero no estoy acostumbrado a la voz que habla en la oscuridad.

Una voz delgada, frágil que no he escuchado en años.

¿Itachi?

La voz es como un puñetazo en mis entrañas e instantáneamente me quedo quieto, cada terminación nerviosa congelada.

-Mamá - Pronuncio, la palabra extraña en mi lengua.

Ella no reconoce que incluso hablé. Ella suspira, un sonido tembloroso en la oscuridad.

-Es tu papá. Tuvo un ataque al corazón esta noche.

Hace una pausa y no me dice nada, aunque mi corazón comienza a latir con fuerza, llenando mis oídos con gran prisa, prisa, el sonido de prisa. Mi sangre es hielo siendo bombeado a través de mis venas, enfriando mis dedos y mis dedos de los pies, amortiguando cada emoción.

No le respondo.

Pasa un latido silencioso.

Luego otro.

Finalmente vuelve a hablar, su voz cansada y áspera.

-Se ha ido, Itachi.

Me quedo en silencio y congelado, incapaz de moverme, aunque mis palmas se vuelven inmediatamente sudorosas, mi respiración rápida en mi garganta. Me temo que si hablo, esto no va a ser real. Será parte de mi sueño, y cuando me despierte, todo va a desaparecer.

Así que no digo una palabra.

Se real.

-Necesito que vengas a casa - Agrega mi madre.

Su llamada a la acción me libera y spy capaz de moverme de nuevo. Asiento con la cabeza, una vez, de manera cortante.

- Estaré allí.

Por que esto es real.

Cuelgo sin decir nada más, mis manos temblorosas.

Me quedo mirando mi mano izquierda, mis dedos, gruesos y largos. Soy un hombre adulto. Sin embarjo, el mero pensamiento de mi padre por instinto hace que mis manos tiemblen, como el niño asustado que una vez fui. Me permito sentir la impotente emoción por solo un momento, antes de que canalice el miedo en rabia, una rabia caliente y cegadora que tengo todo el derecho de sentir.

Mi padre esta muerto.

Debería estar triste, incluso devastado. Una persona normal lo estaría.

Pero además de mi rabia, solo hay una cosa que siento.

Alivio