Palabras: 498

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[For you, I'll wait an eternity. My love for you is never ending. I'll love you till the end of time…]
—Lou&Lenni-Kim.
«The wall between us» english version.

X.

Juraba por todos los cielos que, si su guardaespaldas se negaba a ayudarlo a correr tras el amor de su vida, desafiaría al mismísimo demonio para salir de esa casa, pero algo tenía que permitir que Marinette no se fuera de esa forma, sin explicaciones, sin siquiera meditar que estaba haciéndole añicos el corazón cuando un día antes lo había hinchado de dicha al darle un beso. Cuando sus ojos azules preciosos habían brillado inquietos y expresivos al decirle algo que jamás olvidaría.

«—Te amo, Adrien…»

Como si fuera el ser más divino existente, su corazón se había rendido ante los pies de esa azabache que tanto amaba, por lo que, a ese instante, las lágrimas no podían dejar de rodar. Evidentemente, algo había obligado a su novia a decirle que ya no lo amaba y a salir corriendo de esa manera tan desesperada. La seguiría, la encontraría y sin rodeos iba a preguntarle qué la atormentaba, porque…

—¡No puede acabar así, no puede acabar nunca! Yo la amo… —parecía que nadie oía sus gritos desesperados advirtiendo que separarlo de ella era como quitarle la mitad del alma. ¡La mitad del alma!

Marinette era lo único que tenía, su único espacio seguro y la única persona que lo entendía como nadie sobre la tierra.

Habían nacido destinados y eso era lo único que necesitaba saber.

Roto por dentro, como un vaso de fino cristal, sus zancadas erráticas por lo nublado de su vista casi le juegan una mala pasada hasta que su vista alcanzó a divisar un akuma y, como si de una cámara lenta se tratase, sintió un extraño poder recorrerlo entero: era el instinto de protección.

Ella estaba en peligro.

—¡Marinette, cuidado! —No lo permitiría, ¡no lo iba a permitir! Por supuesto que el despreciable Hawk Moth había aprovechado ese momento de vulnerabilidad para atacar a su Lady y eso le dio tanto asco… Mientras Adrien Agreste existiera, nada malo iba a pasarle su heroína—. ¡Plagg, las garras!

Lo había hecho.

Se había convertido en Chat Noir frente a ella.

»—¡Gataclismo! —El pánico era palpable, no solo porque, probablemente acababa de revelar su identidad ante cualquier persona que lo estuviera viendo, sino por lo extremadamente cerca que el akuma había llegado. Si hubiera tardado un segundo más, de seguro que no lo hubiera evitado.

—¿Adrien?

—Ibas a ser akumatizada; no tuve opción, mi Lady. —Y sin pensarlo daría la vida por ella, ¿por qué no haría algo tan básico como revelar su identidad para protegerla? Por supuesto que lo haría.

Haría todo por ella.

¿«Mi Lady»? Pero, ¿cómo supiste? Creí que nuestra identidad debía ser un secreto.

Y cuando, sin pensarlo siquiera, ella botó el paraguas para refugiarse en sus brazos, supo que lo tenía todo en la vida. Marinette acababa de aceptarlo en todo su esplendor, con su personalidad gatuna que ronroneaba por ella.

—Todo va a estar bien —la estrechó delicado, porque era su más grande tesoro—, te lo prometo.


Evidentemente, lloré como estúpida escribiendo esto mientras oía «Arcade» de fondo —ya sé qué otra canción escucharé para el siguiente—. No quería terminar el año sin actualizar este regalo tan especial para Bogaboo, ojalá acabarlo todo, pero me cuesta mucho escribir el par de drabbles que falta.

Besos y felices fiestas a todos.