Saga entra en el bar acordado con cautela. No es un local que conozca, aunque está ubicado en el centro de la ciudad. Se interna un par de pasos y observa a su alrededor, comprobando que es el primero en llegar. Todavía es una hora tranquila para que empiece el bullício vespertino, y agradece esa ténue luz que parece querer calmarle un poco los ánimos, agitados aún más desde el momento en que perpetró ese desastre de llamada la noche anterior.

"Es bastante obvio que ambos tenemos cosas sin resolver"

Si hay una frase que no deja de repetirse en la mente de Saga es ésta. Si Shaka supiera la cantidad de cosas que hay sin resolver en su vida...Si él mismo fuera capaz de ir aceptándolas, una a una...Si hubiese tenido el valor de cambiar muchas cosas cuando pudo hacerlo...

"Y si, y si, y si..."

Este conjunto de dos palabras, repetido hasta la saciedad, se podría definir como el perfecto resumen de los últimos años que han forjado su vida: un círculo vicioso de interminables hipótesis y condicionales que sólo han conseguido ir agriándole el carácter cada día un poquito más.

Suelta por la nariz el aire contenido entre tanto pensamiento y recorta el espacio que le separa de la barra. Son alrededor de las ocho de la tarde, y lo inusual de la hora le hace dudar en la petición que aguarda el camarero, decidiéndose al fin por una cerveza de barril. La espera de pie, con el brazo recostado sobre el mostrador y la mirada focalizada en más y más conceptos basados en la incertidumbre: ¿qué decirle cuando aparezca? ¿cómo hacerlo? ¿qué tono usar? ¿empezar disculpándose? sí, esa es una opción, pero...¿de qué? ¿de la llamada de anoche? ¿de los ataques gratuitos? ¿de su actitud infantiloide? ¿o de la falla que él mismo abrió entre ambos tiempo atrás?

Son muchas preguntas, demasiadas para afrontarlas todas juntas, y se halla masajeándose el entrecejo con los ojos cerrados, hasta que el aterrizaje de su copa de cerveza le reclama de nuevo en esta dimensión terrenal y palpable. Rehúsa el pago con la excusa que quizás luego tome algo más, la agarra con más ímpetu del necesario y se ve obligado a esperar que la espuma rebasada se deslice a través del cristal, recorra sus dedos y finalmente caiga sobre la barra. Emite un leve "lo siento" y se va directo a la mesa que ve en un rincón. Tener la pared detrás es algo que le hace sentir bien, y además ahí gozará de las vistas a la calle, por gentileza de la gran cristalera que conforma la fachada del local.

Deja la copa sobre la mesa, se despoja de la americana y la cuelga de la silla que ocupará. Las carpeta con la información de los pisos y el papeleo para tramitar los deseos de algunos posibles compradores pasa a ocupar la silla contigua, y al fin se presta a tomar asiento, no sin cierta dificultad. Su altura no es nada despreciable, y se ve obligado a mover la mesa unos centímetros hacia adelante para poder hacerse lugar.

Los nervios hace rato que están cebándose con él. Siente que un incómodo sudor comienza a conquistarle la piel y se desabrocha el segundo botón superior de la camisa que viste. Las mangas también molestan, y pasan a ser enrolladas hasta rozar los codos.

La espuma de la cerveza está desapareciendo y antes que lo haga del todo decide darle un pequeño sorbo. Se cruza de manos y mira hacia la calle tratando de mantener frenado el repentino botar que nace en sus piernas. Podría sacar el móvil y hacer lo que hace todo el mundo para matar el tiempo, pero no le apetece. Prefiere mantener su mirada dirigida a la calle, donde el tránsito de gente es importante y la temprana oscuridad del anochecer va llegando con prisas.

Saga ha llegado al punto en el que encuentra inútil prepararse cualquier guión a seguir, y simplemente se presta a esperar, escuchando los latidos de su propio corazón retumbarle por todo el cuerpo.

Unos latidos que se vuelven más violentos cuando ve a Shaka aparecer por el rabillo de su ojo, andando hacia la puerta que dará paso a esa conversación que lleva años de retraso.

Inspira hondo, sostiene el aire en sus pulmones y en un acto reflejo se peina el cabello hacia atrás con ambas manos, dejándolo caer a su antojo en el mismo momento que se vuelve a dar permiso para respirar.

Sus sinceras disculpas las siente listas, aguardando bajo el puente del paladar.

Ahora desea poder comportarse como el hombre adulto que es, tratando de esbozar una conciliadora sonrisa para recibir a Shaka en son de paz.


By September