Parecía que ese momento no iba a llegar nunca y sin embargo, ahí está, sentado frente a él, tratando de manejarse los nervios de la mejor forma que puede y hablándole con un apacible tono que nada tiene que ver con el compartido el día anterior.

La cortersía que Saga se ha mentalizado en emplear le ayuda a responder con calma, aunque se ve obligado a carraspear un poco para aclarase la voz. La verdad es que no, no hace mucho que está esperando, y así lo corrobora su copa de cerveza casi entera. La que ha pedido Shaka llega a la mesa casi al mismo tiempo que el joven arquitecto toma asiento, y Saga no deja de observarle fijamente. No sabe si es una virtud o un defecto que tiene muy adherido a él, pero no acostumbra a ser quien desvía la mirada primero, y ahora se da cuenta que Shaka se centra en sí mismo para evitar cruzar la vista con él. Desde que le ha visto entrar Saga no ha perdido detalle de ninguno de sus gestos: ni cómo se ha llevado el cabello tras la oreja antes de superar las dificultades para sentarse, ni los tirones empelados para subirse las mangas de la chaqueta cuando para él lo más lógico habría sido quitársela, ni la suave exposición de esa duda sobre la aceptación de la propuesta ni en el tonto juego que establecen sus manos para entretenerse hasta que llega la salvadora copa de cerveza, la cual pasa a ser acariciada con el pulgar mientras los pensamientos de Shaka parecen estar ordenándose lejos de ahí.

De momento Saga no dice nada. También ha querido ordenar sus pensamientos hasta que se ha rendido, pero para poder hablar necesita que Shaka le mire. Lo que le rompe todos los esquemas es que al fin lo haga, y que encima le agradezca su presencia ahí con una sutil y sincera sonrisa que parece estar muy lejos de la afrenta.

El cambio de actitud y tono que le ofrece Shaka constrasta con la idea inicial que Saga se ha hecho de este encuentro, por lo que le invita a guardar unos segundos más de silencio que aprovecha para dejar escapar su ladina sonrisa y destensar su cuerpo con un ligero encogimiento de hombros que se deshace acompañándose de su voz.

- Supongo que nos debemos este momento, Shaka - admite, deseando mantener esa conexión de miradas - Y por mi parte, reconozco que la llamada de la pasada noche no fue muy acertada. No era el momento, y si lo era, me fallaron las formas. No quiero justificarme otra vez con que lo de ayer fue un día de mierda para mí, porque aunque lo fuera tú no tenías porque pagar mis arranques de mal carácter - se detiene un instante en el que necesita tomar un par de sorbos de cerveza, y cuando la deposita sobre la mesa se humedece los labios para hacer desaparecer cualquier rastro de espuma que haya podido quedar en ellos, y prosigue, buscando conectar de nuevo con los azules ojos de Shaka - Además, después de cómo dejamos de vernos, asumo que realmente a ti tampoco te hizo nada de ilusión tener que verme allí, justo tratando de vender los pisos que tú diseñas.

Saga siente que ha abierto la lata de la conversación que ambos se deben, pero algo en su interior le insta a ir un poco más allá. Le cuesta horrores no ver en Shaka sólo al chico que está sentado frente a él. Tenerlo tan cerca y con aparente buena disposición para hablar es mucho más de lo que se había imaginado después de su jodida sentencia despachada tiempo atrás, y nada puede hacer para evitar que afloren en él esos recuerdos ahogados de intimidad que, en parte, también fueron culpables del inicio de su hundimiento personal: Shaka ha sido el único hombre que ha compartido su cama, y a día de hoy esta es una realidad que aún no se ve capaz de asumir. Sabe que este detalle es uno de los más lacerantes para los dos, y ahora mismo se halla inspirando hondo, apartándose los mechones que le caen alerededor del rostro con su mano y soltando el aire de modo que los despeina en el mismo momento que vuelven a caer.

- Qué incómodo está siendo ésto, ¿verdad? - dice, mirándose a Shaka mientras se sonríe de medio lado para hacer tiempo y dar con las palabras menos hirientes.

Se apoya con ambos codos sobre la mesa, entrelaza los dedos de sus manos y deja de pensar. Simplemente se lanza a atacar lo que supone es lo que aún sangra de vez en cuando entre los dos.

- El jodido "olvídate de mí" que te solté en ese momento de saturación personal no estuvo bien, Shaka - confiesa, sin vergüenza ni pudor - Me arrepentí al momento, pero mi orgullo...sí, sí...mi condenado orgullo me hizo callar y seguir adelante con ello. Unas disculpas en ese momento se me antojaban una derrota, y me comporté como un cabrón. Por mucho que tuviera la necesidad de respirar, podría haber sugerido un cambio en nuestra peculiar relación de muchas otras formas. Pero no con esa.

Saga se detiene en sus disculpas y alza una mano para sujetarse el mentón y cubrirse los labios, observando a Shaka unos instantes más e intentando leer algún tipo de reacción en sus facciones que le de alguna pista de cómo está llegando su mensaje.

- Ahora puedes decirme todo lo que tienes guardado dentro, Shaka - añade, dejando libres sus labios pero no la sujeción a la que tiene sometido el mentón.- Sea lo que sea que tengas para mí, libéralo todo.


By September