El problema quizás radique ahí, en la cantidad de cosas que lleva dentro, a las que se aferró con absurdo resentimiento... Iniciar le cuesta: no sabe si hacerlo por el principio, el medio o el final, pero tiene que hacerlo y Saga le da, quizás sin darse cuenta, el pie perfecto para empezar. Se cruza de piernas por debajo de la mesa, endereza la espalda, respira profundo, lo encara y sabe que va a doler...
-¿Peculiar? - resopla por la nariz y su tono suena entre ofendido y sorprendido. Desvía la mirada y observa como sus manos hacen girar el vaso de cerveza sobre la huella de transpiración que dejó sobre la mesa - ¿Así definirías la relación que tuvimos? - deja el vaso, frunce el ceño y lo mira a los ojos cuando pregunta – No digo que sea un adjetivo bueno o malo, pero me das a entender que, como mínimo, fue rara... - alza las cejas como si buscara una confirmación – No, no me malinterpretes... - cierra los ojos y sacude la cabeza mientras se corrige – Entiendo que haya sido rara para vos, o por lo menos al inicio... - baja un poco la voz - sé que no te acostaste con otros hombres antes – abre las manos como si lo que acaba de decir fuera un hecho sobre el que no hay discusión, pero prefiere dejar de lado la pregunta que le cosquillea en la base del cráneo y de momento quedarse con la duda sobre si sigue siendo el también el único hombre con el que compartió la cama – y puedo entender la, mmm, ¿curiosidad? que genera – se pasa una mano por los ojos y suspira – Estuve ahí y lo sé, caer fuera de la norma da miedo – apoya los brazos sobre la mesa y se inclina un poco sobre la tabla, como si la tenue luz del bar no fuera lo suficientemente íntima.
No tiene ganas de convertir la charla en un monólogo pero a esta altura no lo puede evitar: tiene que sacar todo lo podrido que lleva adentro para poder dejar que la herida se ventile y cicatrice y si ese proceso lo obliga a ir años atrás, incluso antes de conocer a Saga, ahora está dispuesto a hacerlo, porque amputar y hacer desaparecer parte de su vida, presente o pasada, para evitar una gangrena que lo dejará incompleto, simplemente no tiene sentido.
-Sería muy hipócrita recriminarte por haber escapado, yo mismo lo hice: un padre conservador y con demasiadas expectativas que nunca vio con buenos ojos que su único hijo fuera homosexual... La combinación perfecta para el desastre familiar... - revolea lo ojos mentalmente y piensa que mirándolo a la distancia todavía está a tiempo de retomar las conversaciones con su padre, pero duda demasiado que el viejo tenga ganas de sentarse a charlar, o por lo menos de escuchar su palabrerío, como lo está haciendo Saga – Con mamá sí hablo... Ella fue más comprensiva, tolerante, quizás... Aún no se resigna a la idea de un nieto, pero no entiendo de dónde quiere que lo saque – dice con cierta ofuscación, la mirada perdida en algún punto en la pared detrás de Saga. Se pasa una mano por los cabellos, luego se la lleva a la boca, forma un puño sobre el que se apoya unos instantes y luego la deja caer sobre la mesa. Cuando finalmente vuelve lo mira a los ojos y lo que pregunta quizás sea lo que más le duele de todo – ¿Fui solamente eso, Saga? Una curiosidad, un error, ¿alguien que es preferible olvidar? Soy lo que soy y hay cosas que no puedo cambiar, no puedo cambiar que me gusten los hombres, no puedo cambiar que todavía me gustes, Saga... - desvía la mirada y agacha la cabeza cayendo en la cuenta de lo que acaba de decir, pero no es el momento para ir por ese camino y vuelve a encauzar sus ideas para donde necesita que vayan – Sí hubieron un montón de cosas que podría haber cambiado – alza la cabeza y la sacude un poco para quitarse los mechones de la cara – Reconozco la falta de madurez en muchas oportunidades, a veces la diferencia de edad pesa, y que eso haya representado una presión extra a la que ya sentías, creo yo, por haberte enredado con un hombre. Creo que fui incapaz de acompañarte como lo necesitabas en esos casos y al final en vez de acercarme terminé alejándote, porque era más fácil reprocharte la distancia que dar el primer paso para cerrar la brecha... - se remueve un tanto incómodo de nuevo: exponer sus errores le genera una vulnerabilidad a la que normalmente le rehuye, pero se siente en la necesidad de seguir – Irónicamente, aunque no haya sido tu intención, otra vez, en esta charla – y golpea la mesa con el índice un par de veces - está patente mi dificultad a la hora de buscar ese acercamiento: si no fuera por tu torpeza durante la llamada de ayer, seguramente hubiera seguido encerrado en el resentimiento sin sentido y este momento no hubiera existido. A pesar de haber propuesto yo que nos encontráramos, dudo mucho que hubiera dado el primer paso si no lo hubieras hecho vos... - relaja la espalda, deja caer los hombros – Gracias, de cierta forma me salvaste... - apoya la cabeza sobre la palma de la mano izquierda - Lo siento, no era mi intención convertir esto en un monólogo...
Tiene la garganta seca y ahora sí, por fin, le da un trago al vaso de cerveza con el que estuvo jugando todo el encuentro.
By MëRäK
