Lo sabe.

Sabe perfectamente bien que no son nada, porque si fueran algo esta conversación no estaría teniendo lugar. Pero escuchar la sentencia materializada en voz alta por Saga le duele y le molesta en partes iguales. Le duele porque esa nada en la que se convirtieron es la que llena el vacío enorme que tiene en su pecho y que con esta charla pretende comenzar a cerrar. Y le molesta porque es verdad. Le molesta más que la tal Katya e incluso más que cuando su vocecita interior le recuerda la misma frase.

Le sostiene la mirada a Saga y justamente porque no son nada es que prefiere no meterse más en ese tema: ya verá Saga lo qué hará con esa chica y él también hará lo propio con Aioria, porque no tienen razón para opinar en los asuntos del otro.

Sin embargo siente que algo más se está revolviendo en su interior. Que las palabras de Saga lo obligan a escarbar más profundo dentro de sus propias razones y maldice por dentro a la moza del lugar que todavía no trajo nada para comer porque él necesita ocupar sus manos y controlar las ansias que la interpelación ajena le genera con algo más que un vaso de cerveza que ya está caliente.

-No entiendo, Saga... - juguetea con sus dedos sobre su boca y tironea suavemente de su labio inferior mientras piensa cómo decir lo que quiere decir – Me hablás de una inexperiencia que puedo entender cuando es tu primera vez, tu segunda vez, tu tercera vez, pero no más... No más cuando todo se daba de manera natural... O por lo menos así lo sentía yo, que entre las sábanas las cosas se daban de manera natural – inspira y se acomoda el cabello detrás de la oreja – No, no fuiste el primer hombre con el que me acosté y seguramente en eso tengo más experiencia, pero toda nueva relación lleva un aprendizaje que tiene que hacerse juntos. Yo también estaba aprendiendo, mierda – se muerde los labios y aprieta los puños que dejó apoyados sobre sus piernas - Tenía que aprender las cosas que te gustaban y cómo te gustaban. ¿No es algo natural? ¿No es algo que hacés por tu pareja? - se inclina sobre la mesa pero su tono de voz no baja - Por la conexión que teníamos en la cama la verdad es que nunca se me pasó por la cabeza que tuvieras tantas dudas con eso... No, no me estoy burlando, Saga, ni mi sonrisa es de superioridad – lleva sus manos sobre la tabla y con el índice golpea sobre la superficie marcando sus palabras - pero no sé cómo carajos hacer para que entiendas que al menos en eso realmente, de verdad, pensé que estábamos bien.

Traga saliva, se peina hacia atrás y siente que va a empezar a vomitar eso que se revolvía en su interior: una asquerosa mezcla de frustraciones, expectativas y equívocos que encontraron la válvula perfecta de escape en cuanto comenzó a escarbar en el pasado.

Apoya los codos sobre la mesa. Siente la estúpida necesidad de tomar las manos de Saga, de buscar algún contacto físico para que sus palabras lo alcancen, pero no termina de entender si será bienvenido, así que cruza las manos por delante suyo, a la altura de su pecho, lo mira fijo y empieza a regurgitar lo que no puede digerir.

-No, no fuiste un alumno, nunca te vi como uno y nunca me sentí maestro de nada. Sino por el contrario: sentí tu madurez como el contrapunto para mi inmadurez. Pero yo no supe controlar mis berrinches infantiles y asumo que vos no tenías ni el tiempo ni las ganas de enfrentarte a eso cuando tenías todo un mundo que se te desmoronaba y yo no lo pude ver – se moja los labios – El tiempo que te demandaba no era simple capricho, sino la necesidad de estar juntos con la intención de que la relación fuera más profunda, que generásemos un vínculo duradero... - se detiene, se cruza de piernas, descruza los dedos, apoya sus manos sobre la mesa, inconscientemente las acerca a los antebrazos de Saga y cree que debe ser más contundente para evitar nuevas incomprensiones – Quiero decir que para mi fuiste el hombre con que el que quería pasar el resto de mi vida... Representabas la posibilidad de un futuro que antes de vos no veía y que ahora tampoco veo, porque sentía que no tenía necesidad de aparentar cuando estábamos juntos, porque la dinámica que teníamos era estimulante y me daban ganas de proyectar y seguir adelante... - no puede evitar el tono sensiblero y las ganas de darse la frente contra la mesa porque parece una confesión de amor frustrada - ¡Dios!, admiro tu asquerosa franqueza que logra hacer que ordene mis ideas y hable claro... - cierra los ojos y sonríe casi para sí mismo, porque ese Saga que lo empuja siempre un paso más es el Saga que recuerda.

-Disculpen, les dejo acá el pedido – dice la voz de la moza que finalmente llega – ¿Necesitan algo más?

Y Shaka no sabe cómo carajos retomar la conversación.


By MëRäK