La llegada de la comida sorprende a Saga, y la pregunta que también les sirve sobre la mesa le descoloca. No había tenido intención alguna de pedirse algo para comer y se ve tomando la carta plastificada que hay en el extremo de la mesa para echarle una rápida ojeada. La oferta que hay no le seduce, simplemente porque el hambre es algo que ahora mismo le escasea, y acaba pidiéndose la primera hamburgesa que aparece en la oferta de bocadillos calientes.
- Y otra como ésta, por favor - concluye, mostrando su copa de cerveza casi vacía.- Gracias.
La muchacha se va con su nueva comanda y es obvio que su aparición ha sesgado el momento. Shaka guarda silencio, espera alguna réplica a la inesperada confesión que acaba de ofrecer y Saga no es que halle muchas palabras que puedan ayudarle con la necesaria lucidez que requiere esta íntima conversación.
Inspira hondo por enésima vez, sostiene el aire en los pulmones y trata de pensar las mejores palabras para exponer todo el torbellino de confusiones que lleva dentro.
- Shaka...- dice al fin, necesitando tener toda su atención antes de proseguir.- Todo lo que me acabas de decir...¿por qué te lo guardaste entonces?
"Mierda" piensa para sí, y se apoya en el respaldo de la silla, masajeándose el entrecejo antes de cubrirse los labios con esa misma mano y mantenerla ahí mientras se mira a Shaka y se halla correspondido.
- Lo siento, no deseo sonar brusco ni intimidante...- continúa, bajando la mano para deslizarla sobre la mesa y dejarla allí, puesto que no es capaz de saber sacarle un provecho mayor - pero es que...ahora siento que fui yo quién en cierto modo te coartó la libertad de sincerarte conmigo...- No quiere hablar de su pasado, no ya del que compartieron los dos, sino del que le cambió gran parte de su vida unilateralmente sólo a él. Pero verse obligado a darle carpetazo a un negocio que había levantado su padre y al que él no supo insuflarle vida cuando las circunstancias se pusieron feas, sacó a relucir un rostro que no sabía que también tenía.
Se volvió amargo. Arisco. Solitario y taciturno. Apenas dormía y mantener una relación, para él clandestina, le carcomía esa doble moral que se empeñaba en exhibir ante...¡¿ante quién, maldita sea?!
Explorar esa dimensión que había descubierto de la mano de ese joven entonces seguro de sí mismo fue lo mejor que vivió en esos días de decadencia, no lo puede negar. Y asumir que se arrepiente de haberse comportado tan fríamente, sobretodo al final, cuando el peso de las obligaciones le ahogaba, no es algo que le resulte fácil.
Pero la vida no es fácil, bien que lo sabe. Y tener el suficiente coraje para hacerle frente tampoco lo es, por lo que se halla inmerso en sus pensamientos cuando la muchacha le trae su nueva cerveza. No le presta ningún tipo de atención, y sólo ve el color ámbar de la copa llena, la espuma resbalando por el cristal y las manos de Shaka estrujándose en espera tras todas sus estúpidas dudas y reservas.
No puede más...
Hace siglos que no puede más consigo mismo, con su estupidez y con su asquerosa manía de vivir para contentar a los demás.
No es joven, el tiempo se escapa entre los dedos si no se es capaz de retenerlo y sacarle provecho, y por mucho que busque respuestas en el aire que respira sabe que allí no las encontrará.
Porque están todas aguardando ser desveladas tras ese dolor que siente en el estómago.
Tras ese dolor que ver y hablar con él le provoca.
Se lleva las manos a los cabellos y se los peina hacia atrás, dejándoles caer sus asalvajados mechones allí donde les plazca cuando lleva ambas manos sobre la mesa, entrelaza sus dedos y da una vuelta a la llave que encierra parte de sus tormentos.
- Contigo me sentí vivo, Shaka...- admite, ignorando si estas palabras llegan a tiempo de salvar algo que asumía tan muerto como su propia alma - ...y sería muy arrogante por mi parte afirmar que volverte a ver no me ha...¿cómo decirlo?...- se toma unos segundos para elegir el mejor camino para poder ser feliz - ...movido por dentro. Te confieso que reconocí tu número de teléfono pese haberlo borrado de mis contactos. Llegué al edificio sabiendo que te encontraría allí y algo en mi interior me urgió a actuar como un gilipollas, y rechazarte. Rechazar todas las posibilidades que esta coincidencia ofrecía para salvar mi propia felicidad. Rechazar lo único que me ha hecho vivir...
Este es un momento de mierda. Y lo es porque Saga siente sus ojos humedecerse sin poder descifrar exactamente el motivo que los ilumina de esa forma tan débil y emotiva, pero no puede evitarlo. Y si de algo está harto es de pasarse los años evitando cosas.
Experiencias.
Personas.
Traga saliva. Intenta aclararse ese incipiente nudo que no va a permitir que también le hiera la voz, y bajándose al rellano de la humildad deja emerger otra duda.
- Cuando te vi, allí, en el edificio...me sentí vivo otra vez, Shaka, aunque la cara que te ofrecí fingiera indiferencia, soberbia o superioridad.- Alza la mirada y necesita perderse en ese claro azul que espera ante sí - y necesito preguntar, realmente...¿qué sentiste tú?
