La tímida sonrisa que había ofrecido hacia unos instantes se desvanece por completo de sus labios. Baja la mirada y acomoda los cubiertos que acaban de dejarle como si intentara acomodar sus pensamientos también, tomándose unos segundos buscando la mejor forma de expresarlos.
-¿Realmente, Saga? - se moja los labios y sus ojos celestes, algo alicaídos, encuentran los otros verdes que lo miran desde el otro lado de la mesa – La alegría que sentí cuando escuché tu voz se fue al carajo en el segundo en que noté como me mirabas...
Lo que dice Shaka no es agradable y se remueve en la silla incómodo. Le gustaría ser menos brusco y poder decir que se alegró de verlo, pero la verdad de lo que se sacudió en su interior en ese momento del encuentro fue otra: las mariposas que podría haber sentido en realidad eran nervios que le atenazaban el estómago y le carcomían el corazón.
-Me sentí un idiota – se hace el flequillo hacia atrás - no solo por la arrogancia, la indiferencia, con la que me veías, sino también porque terminé de darme cuenta de que lo que creía olvidado para siempre seguía igual de presente, que la herida estaba lejos de estar cerrada y que aún sangraba. Me molestó reconocer que todavía tus gestos y acciones tenían relevancia en mí – cierra los párpados y casi puede sentir el aire que llena el vacío en su pecho escapársele por la nariz cuando exhala y abre los ojos – Porque qué sentido tenía seguir albergando sentimientos que no iban a llevar a ningún lado... la forma en que me veías me decía que ahí ya no había lugar para mí. Fue el peor primer nuevo encuentro del mundo. – ríe desanimado - Y terminé dirigiendo mi enojo hacia donde no correspondía – la implícita mención de Aioria hace que se rasque el cuello en donde el saquito de lana le cubre la marca que le dejó.
Y si dejara de hablar en ese momento sabe que toda la conversación previa no tendría sentido, porque lo que acaba de decir suena más a un "andate a cagar" que a un "todavía me gustás", que es lo que en verdad siente.
-Por eso digo que con tu llamada me salvaste – retoma el hilo, apoya los codos en el borde de la mesa y sus ojos, ahora más optimistas, vuelven a mirar a Saga – Porque me hizo pensar que quizás estaba equivocado, que no todo estaba muerto, que había una mínima posibilidad de volver a comunicarnos... - se muerde el labio inferior - Cuando aceptaste este encuentro, eso sí me llenó de alegría... – e inconscientemente, presa quizás de la intimidad que habían logrado o por el hecho de buscar ese contacto físico que le brindaba mayor seguridad, estira la mano por el costado del plato hacia el antebrazo de Saga y le roza apenas la muñeca sin atreverse a más. - Tontamente, también me llenó de esperanzas...
Inspira profundo, deja el aire escapar por su nariz y tiene unas estúpidas e inmensas ganas de ponerse a reír y no sabe porqué: quizás sea el alivio que siente al poder sincerarse con Saga, que siempre logra sacarle lo que más profundo tiene dentro, lo que ni él sabe expresar por sí mismo. O quizás sean las palabras del mismo Saga, palabras que le suenan más dulces que cualquier declaración de amor.
O quizás sea simplemente porque Shaka también se siente vivo cuando está con Saga.
Pero la risa se le diluye en el cuerpo y la contracara se manifiesta en forma de la primera pregunta que Saga le había hecho.
-¿Que por qué me lo guardé? - retrae la mano y traga saliva - Porque tenía miedo... - agacha la mirada y vuelve a concentrarse en el plato que tiene delante. Toma los cubiertos, amaga con cortar una porción de pizza pero los deja sobre el borde del plato cuando vuelve a mirarlo – Tenía miedo de ser una simple aventura, una curiosidad como te dije antes, ¿cómo podía decirte, de buenas a primeras, que quería que viviéramos juntos cuando aún no tenía respuestas? Tenía miedo porque eras completamente heterosexual, Saga, ¿hubieras podido presentarme a tu madre? ¿hubieras podido con eso? - sacude la cabeza negando con fuerza – No quiero que creas que te estoy echando la culpa de algo, porque no lo estoy haciendo. En aquel momento no entendí la magnitud de tus circunstancias y al final cuando te pedía estar juntos, se convirtió solamente en eso, estar físicamente juntos... - se acomoda el cabello detrás de la oreja con cierta vergüenza – Nunca fue mi intención resumir nuestra relación a solo sexo, reconozco mi culpa en eso... Y siendo sinceros, si me hubiera tocado andar mendigando un poco de amor como Katya, no hubiera podido con eso...
Ahora sí los cubiertos se hunden en la mozzarella, corta un pedazo, pincha y se lo lleva a la boca.
-Saga... - dice después de tragar – Te escuché hablar en pasado, pero necesito saber... ¿estoy muy equivocado si pienso que todavía te pasan cosas conmigo?
By MëRäK
