Lo ha hecho.

Ha sido Shaka quién se ha atrevido en hacer algo que él está deseando y prohibiéndose desde que se dieron la mano en el edificio de muestra.

La sutil caricia que ha recibido su muñeca ha sido capaz de esparcirle por la piel esa sensación eléctrica que tanto extraña, y le deja con ganas de más. Aunque entiende que el contacto no se extienda. Las siguientes palabras con las que se sincera Shaka avalan la timidez de ese gesto, y tienen razón.

En ese momento de su vida pasada no era un hombre capaz de asumir con libertad la veracidad de sus sentimientos. Su decisión de no compartir sus nuevas vivencias más allá del núcleo íntimo que formaba con su hermano gemelo avalan las palabras de Shaka: no hubiera presentado a Shaka como pareja ni a su madre ni a nadie cercano a él.

Las razones, las consabidas de siempre. El qué dirán, qué pensarán, cómo se lo tomarán...Miedos, ideas y conjeturas que se covirtieron en sogas que poco a poco se iban cerniendo en su cuello, ahogándole...Privándole de vivir.

Pero ya está cansado de todo ésto. Le duele seguir negándose los impulsos. Las ganas. La espontaneidad. El placer de sentir su corazón latir por algo.

¿Que si todavía le pasan cosas con él? ¿Acaso necesita más que palabras para acabar de aceptar sus torpes confesiones?

Por primera vez en años, Saga deja de pensar. Se alza de la silla que lo ha estado protegiendo en orilla segura y aprovecha su altura para inclinarse sobre la mesa, tomar el rostro de Shaka con ambas manos y robarle un beso que no va más allá de la superficie de los labios. Se siente sus propias manos temblar, pero ya está ahí, expuesto ante todos los ojos de un bar y las miradas morbosas que los pueden ver desde la calle.

- ¿Aún te quedan dudas? - pregunta, moviendo sus labios sobre los de Shaka antes de lanzarse sin seguro al precipicio más angosto y oscuro de toda su vida.

No quiere más incertidumbres gobernando su vida, ni más odiosos condicionales cosidos a base de repetidos "¿y sí?", por lo que insiste en el beso y lo profundiza todo lo que puede, deseando no ser rechazado en el acto público más bochornoso de su vida. Maldiciéndose al verse coartado en pleno ataque de valentía por un hastiado carraspeo y el consiguiente anuncio de la llegada de su hamburguesa.

Saga se deja caer sobre su asiento con prisas. Con torpeza y con las mejillas ardiéndole de vergüenza. Pronuncia un escueto "gracias" que también subraya con otro carraspeo e intenta disimular no sabe muy bien el qué con la ayuda de sus largos mechones de cabello escapados de su infructuoso intento de doma.

Fijar su intensa mirada sobre Shaka le cuesta. No hay palabras por su parte y asume que él mismo acaba de comportarse como un estúpido adolescente.

Como un estúpido adolescente que se siente jodidamente bien.

Vuelve a carraspear, se humedece los labios y traga saliva antes de erguirse con el aplomo que quiere pensar que le caracteriza y finalmente busca los azules ojos de Shaka para hallar respuesta a su última carta jugada.

- Que les den a todos ya, Shaka. No quiero seguir arruinándome más.


By September