Las acciones de Saga lo toman por sorpresa. Atina solo a dejar los cubiertos en el plato cuando lo ve inclinarse por sobre la mesa, tomarle el rostro con ambas manos y robarle un beso que se siente tan placentero como electrizante: se le erizan los vellos de los brazos y el corazón se le acelera en el pecho. Tiene los párpados cerrados como si fuera un sueño porque Saga nunca lo había besado en público. Pero el leve roce de su aliento sobre su boca le dice que es real.

Escucha la pregunta que le hace pero su cerebro está aturdido por la ola de sensaciones y se demora unos instantes en reaccionar. Pasa saliva y entreabre los labios intentado responder, pero Saga se le adelanta: vuelve a presionar sobre su boca e insiste en profundizar un beso que no le presenta resistencia: Shaka abre los labios, asoma la lengua rozando la boca ajena y se deja hacer mansamente.

Es la camarera la que decide, carraspeando, que han hecho suficiente. Llama su atención y es Saga quien se encarga de agradecerle mientras Shaka lo mira todavía en medio de su ensoñación.

-Que se maten entre ellos, Saga... - responde al fin, saboreándose los labios que aún le cosquillean por la repentina intimidad alcanzada – porque yo no tengo más dudas... - y estira un brazo por el costado de los platos para acariciarle el dorso de la mano reafirmando sus palabras.

Por primera vez en mucho tiempo siente que la pesada mochila llena de malos entendidos, arrepentimientos, silencios y dolor se vuelve liviana. No puede decir que desapareció para siempre, porque nada cambia de un momento para el otro, pero sí puede asegurar que ahora se siente capaz de poder avanzar porque ya dejó de ser un maldito lastre.

Sin embargo todavía carga con otros problemas a corto plazo que necesitan su atención de forma casi inmediata ni bien ponga un pie afuera de ese bar. Problemas con nombre y apellido que debe resolver, no solo para dejar de sentirse un canalla, sino también para terminar de despejar el camino que comienza a transitar.

Tragar saliva y sentir todavía el sabor de Saga contra su paladar le hace alejar las preocupaciones inoportunas.

Le hace sentir y recordar otras cosas también, pero no es lugar ni momento para estimularse. Piensa que debería haberse mordido la lengua: acababa de decir que no pretendía reducir su relación solamente al aspecto sexual y sin embargo ahí está, calentándose como un adolescente por el inesperado beso de Saga.

Necesita no prestarle atención a la incipiente erección entre sus piernas y volver a la realidad y el mejor escape es concentrarse en la comida que se enfría delante de sus narices.

Pero no puede...

- ¿Viniste en auto? - se pasa una mano por el cabello - Estoy algo lejos de casa...


By MëRäK