No puede evitar que sus labios dibujen esa media sonrisa tan suya cuando escucha la pregunta que le lanza Shaka.

Muy cerca de ahí hay una parada de metro con línea directa hacia su casa, y en su defecto no están lejos del mayor enjambre de líneas de autobús de la ciudad. Saga es perfectamente consciente de lo que puede conllevar que Shaka suba a su coche, más aún después de la locura que acaban de rubricar sus desconocidos impulsos; de lo que no está todavía tan seguro es de poder afrontarlo sin guardar algún resto de todas sus estúpidas reservas.

- Sí, he venido en coche - afirma, mirándose a Shaka sin perder el esbozo de su sonrisa - y te puedo acercar a tu casa si así lo necesitas - continúa, tomando la hamburguesa con ambas manos después de haberla aplastado un poco - pero deja que asimile lo que acabo de hacer...- Se sonríe con más naturalidad y medio sacude la cabeza para despejarla de todo el bochorno que siente tomando el control de sus sentidos.- Además...se nos enfría la comida...

Se acerca la hamburguesa a la boca intentando no mirarse a Shaka mientras le pega el primer mordisco. No es precisamente un plato elegante de comer, pero ya es tarde para cambiar su elección. Mastica con el engorro de sentirse los nervios cosquilleándole en la boca del estómago, y al darle el segundo mordisco arrastra parte de los ingredientes acompañantes, viéndose obligado a relamerse los labios con prisas, dejar la hamburguesa en el plato y apresurarse a tomar una servilleta que le rescate del desastre.

Saga se siente estúpido. Torpe. Nervioso. Y por primera vez en tiempo, joven.

Haberse lanzado a robar ese beso ha conseguido que la tensión del ambiente haya mutado en la incomodidad que transmite: ya no se palpa perniciosa, pero tampoco ayuda a que la cena pase liviana.

Acabar cuanto antes urge. Al menos para él, aunque el silencio y la dedicación que Shaka ofrece sobre su pizza parecen darle la razón.

Toma un par o tres de sorbos de cerveza, destinados tanto a hacer bajar los bocados de hamburguesa como los remolinos de mariposas que le llenan el estómago y se halla perpetrando la segunda irracionalidad de la noche.

- Desde que has entrado por la puerta - comienza a decir, haciendo una pausa para relamerse los labios con sutileza - no puedo dejar de recordar la primera vez que acudiste al negocio...- baja la mirada, siente que la vergüenza sube a sus mejillas y no sabe decidir qué cojones pretende al desempolvar esa escena, pero sigue hacia adelante, buscando los ojos de Shaka y reconociéndose en ellos.- El negocio ya andaba tan mal que era yo mismo quien atendía a los clientes, y ahí entraste tú: un arquitecto joven, recién licenciado, decidido y seguro de sí mismo, pidiendo ver el catálogo de las colecciones de muebles sanitarios para decidir cuál quedaría mejor en el edificio que estaba en proyección. Curiosamente esa tarde también me preguntaste si tenía coche, porque tu casa quedaba lejos y el metro andaba en huelga...Yo accedí, no tenía razones para negar una obra solidaria. Con lo que no contaba era que al día siguiente regresaras, sin excusas mayores que te justificaran...¿lo recuerdas? Ahí fue la primera vez que alguien me miraba justo como lo estás haciendo ahora...

Saga calla, observa a Shaka y en sus ojos ve el fulgor de ese recuerdo que él también construyó. Aún ahora es capaz de rememorar el hormigueo que le recorrió el cuerpo cuando después de estar detallando por segunda vez todas las supuestas virtudes de la colección de santiarios "Mohave", alzó su mirada y se halló con los azules ojos de Shaka prestándole atención a él y no al catálogo.

Sólo a él.

- Ahí fue la primera vez que me besaba un hombre...


By September