Shaka no recuerda que su presencia de ese día haya sido ni la mitad de interesante de lo que describe Saga: era el chico nuevo en el equipo del estudio de arquitectura y no le causaba mucha gracia que le hubieran hecho pagar derecho de piso asignándole la tarea de visitar posibles proveedores para el nuevo emprendimiento que se estaba llevando a cabo. Recordaba haber visitado varios potenciales distribuidores, pero la verdad era que, de no ser por los panfletos ilustrativos que había recolectado y que rellenaban su morral, ya no se acordaba qué modelo pertenecía a quién. Y si encima a eso le agregaba el bochorno del verano y el fastidio de encontrarse en la dirección opuesta a la que vivía porque el transporte público estaba de paro, la verdad era que no, él no se recordaba ni la mitad de interesante de cómo lo describe Saga... pero le gusta escuchar que había causado impresión en él.
El recuerdo que tiene de Saga, en cambio, es toda una experiencia sensorial. Saga le entró primero por los ojos: su altura y porte le hacían justicia a esa camisa que se ajustaba perfectamente a su torso, medio abierta de más en el cuello por culpa del calor y los antebrazos descubiertos por las mangas arremangadas. Se abrió paso luego por su canal auditivo cuando se presentó con su voz grave y le estremeció la piel con el roce de sus manos cuando lo saludó.
Después de ese primer impacto en el que su cerebro dejó de pensar racionalmente y volvió a sus instintos básicos, retomó sus funciones. Pero el proyecto del estudio de arquitectura había pasado irremediablemente a un segundo plano porque concentró sus esfuerzos en buscar maneras de perder el tiempo solo para estar ahí un poco más. Finalmente, cuando las excusas se le acababan y se acercaban peligrosamente a la salida mientras Saga lo acompañaba, recuerda el tacto frío del cristal de la puerta y la pregunta que logró estirar ese encuentro un poco más cuando estaba a punto de poner un pie afuera: "¿Tenés auto? Hay paro de transporte y estoy algo lejos de casa...".
-En mi defensa, debo decir que fue el intento de flirteo más descarado de mi vida – se ríe y menea la cabeza mientra vuelve a concentrarse en el plato que tiene delante – Y no es cierto que no tenía una excusa válida para volver... – se lleva el pedazo cortado a la boca, mastica y lo hace pasar por su garganta – no había conseguido tu número... - agarra su cerveza, observa a Saga por encima del borde del vaso y de un trago termina lo que había quedado - ¿Cómo te miraba, Saga? - se relame los labios y se limpia la boca con una servilleta de papel, apoya los codos sobre la mesa, junta las manos a la altura de su cara y apoya el mentón sobre los dedos cruzados mirándolo a su vez y volviendo a ese tono confidente que acompañó parte de su charla - ¿Con fuerza? ¿Con intensidad? - descruza las piernas por abajo de la mesa - ¿Con ansias, deseo? - se muerde el labio inferior - ¿Con hambre, quizás? - inclina un poco la cabeza y le sostiene la mirada en silencio: hay complicidad en sus ojos porque cada una de las palabras que acaba de utilizar encajan perfectamente con las ganas con las que robó ese primer beso entre los dos y con las ganas ahora que le pulsan entre las piernas y que amenazan con arruinarle la noche si no las mantiene a raya. Se deja caer contra el respaldar de la silla y se acomoda con discreción – Por favor, Saga... - se pasa una mano por el pelo y suspira – no hagas que me acuerde ahora de lo que hicimos después en la oficina, que si no hay recuerdos nuevos necesito echar mano a los viejos para entretenerme cuando vuelva a casa...- dice con total desfachatez e intención.
By MëRäK
