- Vale, vale...veo que no es un buen camino éste...- Saga se sonríe con estúpido nerviosismo. Shaka está flirteando otra vez y con el descaro que él mismo le ha recordado que tuvo tiempo atrás. Deja en el plato el par de bocados que le quedan por comer y toma otra servilleta de papel para limpiarse el desaguisado de salsas que tiene entre los dedos.- No es mi intención provocarte ahora mismo un conflicto entre las piernas que luego te veas obligado a solucionar rememorando esa tarde...- Susurra con mirada y voz pícara, apoyando los antebrazos en la mesa para acortar un poco la distancia que la relajación de Shaka ha instalado entre los dos.- Pero si quieres que te diga cómo me mirabas lo haré...- Le observa directamente, se humedece los labios y responde con otro susurro.- Con lujuria, Shaka...Me mirabas con lujuria...- Dibuja otra sonrisa y también se echa hacia atrás, buscando el amparo de la silla.- Lo divertido del caso es que yo no atinaba a descifrar por qué tus ojos no iban mucho más lejos de la zona de mi entrepierna, y recuerdo que me subió un bochorno horrible al pensar que tal vez me había dejado la cremallera de la bragueta bajada y que tú, por pudor, no me avisabas de ese detalle.
Saga sabe que ahora mismo Shaka está excitado. Le conoce el enfoque de la mirada, los gestos de los labios y el coqueteo de los cabellos cada vez que ésto le sucede. No le hace falta que se lance a bromear con total indiscreción sobre sus actividades de entretenimiento nocturno para que su imaginación vuele como hace meses que no lo hace y se lo imagine sentado delante de él, desnudo y acariciándose el pene erecto bajo la presión de la palma de su mano. Sacude la cabeza con un poco de disimulo y siente cómo el sudor le sube al rostro; si sigue permitiendo que su mente fantasee será él el que también se encuentre con problemas para levantarse de la mesa, pero no puede...Pese haberle reprochado que había sentido su relación como algo basado únicamente en el sexo, es que era el sexo lo que le había fascinado desde ese puto día en su moribunda oficina.
Pese a su inexperiencia homosexual.
Pese a sus miedos y recelos.
Pese a toda la podredumbre moral que ocupaba su cabeza, era el sexo lo que le había hecho sentir vivo en esa etapa de decadencia total y absoluta.
El sexo.
Y más concretamente, el sexo con él. Con Shaka. Con un hombre.
- ¿Y qué pasa si te recuerdo lo que sucedió en mi oficina ese día? - pregunta, con el corazón latiéndole con fuerza y la adrenalina recorriéndole las venas.- El primer beso me cabreó...- reconoce, volviendo a recostar sus antebrazos sobre la mesa.- Porque no me lo esperaba, porque me pareció una falta de respeto, una insolencia, una burla...qué se yo. Pero luego nos miramos: yo te miré con disgusto e incomprensión, tú con los ojos brillantes de emoción. Y ahí me perdí. Me perdí como no me sucedía desde hacía tiempo...- sigue relatando Saga, deleitándose con las miradas y los movimientos que remueven a Shaka sobre su silla.- Recuerdo que al instante me ofrecí a ser besado otra vez, y no dudaste. Te lanzaste con todo y yo sentí cómo una incomprensible erección comenzaba a delatarse bajo la tela de mis jeans. Y tú también te diste cuenta...simplemente porque ya hacía rato que tenías esa zona radiografiada...¿y sabes qué te digo, Shaka? - volvió a acercarse un poco para hacer de su confesión una necesaria confidencia.- Ahora mismo estoy tan duro que me duele y si nos lanzamos al fuego, acabaremos heridos. Ambos tenemos cosas que resolver...por lo que sugiero que hablemos de cualquier otra cosa que nos eche el mástil abajo y salimos de aquí como dos hombres dignos. ¿Te parece?
Un guiño de ojo, divertido y picarón le surge solo, y la sonrisa que lo rubrica está muy lejos del rostro con el que Saga ha entrado en ese bar.
By September
