¿Que si les pasan cosas? Ese beso que apenas le roza los labios es capaz de hacerle nacer un hormigueo que se le esparce por todo el cuerpo. Ya le importa poco que estén dentro o fuera de cualquier lugar; ha perdido demasiado tiempo de su vida escondiéndose detrás de lo que "debe ser". Otro beso rápido tantea sus labios y la voz de Shaka susurrándole la demanda de fuerzas mezclada con su aliento consigue que su lengua pierda timidez y se asome entre sus dientes, buscando un contacto mayor.
Claro que les pasan cosas...Ese nuevo beso, húmedo y hambriento consigue que Saga alce su mano y la deslice por la quijada de Shaka, rozándole la piel bajo la oreja hasta aferrarse a la nuca con fuerza, como si así fuera a evitar una retirada que se le antojaría despiadada. El recuerdo del sabor de Shaka vuelve a activar sus sentidos; el aroma que desprende la piel del cuello cubierto por la ropa, esa mezcolanza del sudor del día con el perfume apaciguado...todo este cúmulo de gustos y aromas le azora sin compasión todos los sentidos que había creído tener muertos, y siente cómo un repentino golpe de sangre vuelve a excitarle la entrepierna.
Siente el deseo de agarrar la mano de Shaka y acompañarla hacia allí para que encuentre la respuesta, pero se abstiene. No desea echar ese dulce e íntimo momento al traste.
- Nos pasan cosas, Shaka...- susurra, cerrando los ojos y tragando saliva mientras apoya su frente contra la de Shaka - y la perspectiva de empezar algo nuevo y serio contigo me agrada...- lleva la mano hacia los cabellos de Shaka, se enreda entre unos finos mechones y los arrastra hacia atrás, intentando asentárselos tras la oreja, volviendo a sostener su rostro tras esa intención fallida - quiero hacerlo...sin tabúes ni trabas por mi parte...Te doy todo el tiempo que necesites Shaka...
Saga vuelve a buscar la destreza de esos labios prestos a seguir siendo besados y cuando corta el contacto se despide con una caricia en la mejilla y un guiño de ojo.
Se va, y lo hace sin mirar atrás. La tentación de agarrarse a la broma del coche y convertirla en una realidad retumba en todo su ser, pero ahora necesita ser racional.
Ambos deben reordenar ciertas cosas, tanto por dentro como por fuera, y quemarse como hicieron la otra vez no es el mejor paso para hacer las cosas bien.
Aunque durante el trayecto en coche hacia su casa no puede dejar de rememorar el sabor que Shaka le ha dejado instalado bajo su paladar, ese almizcle de perfume y leve sudor que sigue regalándole el olfato...
Intenta concentrarse en la conducción, en las luces de los coches que le secundan el recorrido, en las advertencias de los semáforos...En cualquier tontería que le arranque de la cabeza recuerdos y ganas nuevas, pero está tan acostumbrado a sentarse tras el volante que el coche va solo.
Y su cuerpo también.
Quiere convencerse que darse una buena ducha le ayudará a despejarse y a ordenar el vendaval de pensamientos y sentimientos que ahora le copan por dentro. Necesita darse unos largos minutos de reflexión y cuando abre el grifo y deja correr el agua para esperar que se caliente no puede seguir obviando la semierección que sufre desde que se ha despedido de Shaka.
Ese encuentro le ha removido y sí...es tan insultante la certeza que entre ellos aún "pasan cosas" como lo es el nuevo golpe de sangre que enarbola su pene un poco más. No recuerda el tiempo que hace que no se masturba, y que ni ganas tiene de hacerlo, pero ahora es distinto...No es que tenga ganas...
Ahora lo necesita.
Necesita tocarse mientras da un paso al frente y se deleita con la calidez del agua que poco a poco va empapando sus largos cabellos. Hace mucho que no se excita así y cierra sus ojos para intensificar todas las sensaciones físicas que está dispuesto a regalarse. Se acaricia el torso y desliza sus manos hacia abajo, hasta dar con los huesos de la pelvis, momento en que sus dedos deciden viajar hacia el centro de su bajo vientre y surcar entre la espesura del mojado vello. Las imágenes que han acudido a colmar su mente son confeccionadas a base de recuerdos sensoriales gravados por el cuerpo de Shaka de los que no se ha podido desprender jamás y no puede evitar echar la cabeza hacia atrás y morderse los labios cuando el agua le relaja la piel y sus manos dejan de ser sus manos para convertirse en las de Shaka.
No en las suyas, ni las de Katya ni las de ninguna otra mujer olvidada, no...
Le urge que sean unas manos expertas en esos menesteres...
Unas manos gráciles que masajean sus testículos, que toman su pene completamente duro y excitado y que lo friccionan con tanta habilidad que rápidamente un disparo de semen salpica el alicatado de la pared, deslizándose por ella hasta llegar al sumidero junto con toda la hipocresía que ha gobernado los últimos años de su vida.
By September
