Secretos y revelaciones

El océano acariciaba con suavidad la orilla. Se encontraba sentado en las húmedas rocas sin realmente ser molestado por el estado de estas, el agua siempre lo hacía sentirse mejor sin nunca haber tenido un recuerdo significativo de ella, lo que le era extraño cada vez que lo pensaba. La rítmica música del mar entraba por sus oídos hasta el alma, aliviándola sin importar qué. Con la mirada perdida en el horizonte acompañado apenas pudo sentir la repentina aparición de una sensación de calor sobre su pecho. Al llevarse la mano al pecho recordó que tenía el collar de Vaizer y recordó su función lo que llevó darse cuenta de la nueva presencia.

- Hermes- habló hacia el aire. El dios soltó una ligera carcajada mientras una pequeña sonrisa comenzaba a adornar su rostro.

- muy bien chico, parece que has estado mejorando tu forma si es que estás así de atento a los alrededores- comentó con gusto.

- podría decirse- murmuró sin ganas de corregirle. El mensajero analizó con cuidado su forma. El pequeño siempre le daba señas conflictivas, al principio demostraba ser cauto frente a su presencia, luego se abrió y le sonreía cada vez que lo veía y las últimas veces parecía haber vuelto a la misma disposición que tenía al comienzo. Ahora, en esta precisa instancia, aparentaba que ni siquiera deseaba lidiar con él, como si su presencia no fuera bien recibida o quería estar solo. Asumió que debía ser la segunda opción porque la primera no le hacía mucho sentido, después de todo no le había hecho nada malo, aunque la mente de un niño era muy incomprensible a veces.

- ¿todo bien?- preguntó con un tono más suave. Lo que procedió fue silencio, el único sonido que llegaba a sus mentes era el ruido medioambiental del mar y de la ciudad. Tomó un gran respiro y suspiró.

- solo estoy... agotado, muchas cosas que pensar- respondió con evidente cansancio.

- me he dado cuenta que no me has contactado últimamente, ni siquiera por el celular ¿no estás interesado en las cacerías? ¿nada que quieras comprar?- preguntó con una alegre disposición. Dicha actitud era solo exterior porque por dentro ya se estaba imaginando diferentes escenarios y todos eran una verdadera molestia. Trató de establecer toda esta relación como que ambos se beneficiaban mutuamente, un negocio en el que todos salían ganando. De esta manera el pequeño tuviera una opinión positiva sobre él y a la vez evitaba comprometerse evitando la sospecha de otros ojos y las consecuencias de que se enteraran sobre su verdadera identidad. Además se había asegurado de darle entender que no le haría bien que otros se enteraran sobre su identidad.

Percy inclinó un poco su cabeza a la vez que comenzó a darle vueltas a la pregunta mientras miraba hacia el horizonte ¿Qué le respondía? ¿le decía sobre lo que nublaba su mente últimamente? ¿le comentaba sobre la tortura que sufrió bajo esos... monstruos? Una parte de él le decía que sí, que le dijera lo que le pasó. La otra le decía que tal como el dios había establecido su relación era meramente de beneficio mutuo y cosas como esas no le interesarían ¿Una mezcla de ambas? Le pareció ser la mejor opción hasta el momento.

- lo que pasa es que... perdí una pelea contra unos monstruos y desde entonces... he estado aquí- dijo débilmente. Asintió con el seño fruncido. Eso cambiaba las cosas. Claramente el chico ya no se sentía a la altura de lo que había afuera y por lo que sabía habían dos hombres adultos que estaban bien determinados en cuidar de él. Si tenía que apostar ellos cuidarían del chico de tal manera que el no tendría que hacer nada hasta varios años después y por supuesto eso no caía para nada bien con sus planes.

Entonces el dilema era el siguiente ¿cómo ayudar al chico a sentirse lo suficientemente confiado para cazar monstruos sin que pareciera que estuviera poniendo mucho de su parte? Ofrecerle mejor equipamiento no serviría como alguien podría inicialmente pensar. No importa que tan bien protegido esté una persona que le tiene miedo a las arañas en el momento en que se encuentre en la presencia de una todo razonamiento se irá por la borda y será igual de útil que un cachorro. La otra opción sería entrenarlo. El problema era que él mismo no podía por lo que tendría que conseguirse otro maestro de armas que fuera capaz de enseñarle que a la vez pudiera mantener el silencio... y ya tenía una idea sobre quien cumplía dichos requisitos.

- ya veo- comentó con suavidad- dime Percy ¿qué te parece la idea de que te consiga un profesor de combate?- preguntó con una ligera sonrisa. La pregunta tomó por sorpresa al pequeño quien comenzó a mirarlo con una extraña expresión.

- ¿cómo?- preguntó confundido.

- bueno, resulta que adoro tu trabajo, realmente impresionante en especial para un niño de tu edad incluso tomando en cuenta tu lado divino- dijo con una gran sonrisa- debido a tu buen trabajo resulta que olvidé que realmente no tienes ningún entrenamiento formal como tampoco un buen condicionamiento por lo que se me ocurrió el siguiente trato- tomó una ligera pausa- por los siguientes tres meses entrenarás bajo la tutela de un maestro de armas y por tu parte cumplirás cinco misiones para mi ¿qué dices?- preguntó relajado.

El semidios frunció el seño ¿Hermes le estaba ofreciendo entrenamiento a cambio de misiones? Lo que él le debía serían como cinco peticiones de Vizer y si eran algo parecidas a la cacería del cíclope entonces serían bastante difíciles. Puede que le haya ganado, pero tomó un buen ataque sorpresa para obtener la victoria y no siempre tendría eso de su parte como sucedió con el minotauro. El hecho de que también fue raptado demostraba que no estaba tan preparado como lo creía estar.

Tenía que mejorar, debía volverse más fuerte. Era su obligación, o sino era probable que no lograría sobrevivir. No podía vivir toda su vida dentro de la propiedad, alguna vez tendría que salir, pronto crecería y tendría deberes como Jacob y Sam. Además, sabía que tarde o temprano él tendría que volver a las cacerías, incluso con el hecho de que Jacob estaba trabajando no era suficiente para alimentar a los tres por lo que todavía utilizaban el dinero que había ahorrado de sus cazas y menos poder permitirse algún postre o algo delicioso o ropas cómodas, la ropa que utilizaban los dos hombres eran los mismos dos sets y parecían tener un sentido utilitarista más que nada. Sabiendo que podía darles más, conseguirles ropas más cómodas o comida más agradable, no podía quedarse de brazos cruzados para siempre. Al final la oferta de Hermes no sonaba tan mal.

- con una condición- trató de decir con fuerza solo para que le saliera como un murmullo.

- ¿cómo?- preguntó el dios mientras se agachaba un poco.

- tengo una condición- dijo con más fuerza. Tuvo que evitar sonreír ¿Quién diría que un mero semidios, y sobre todo un niño, buscaría renegociar una oferta de uno de los doce? Si seguía así el crecería para ser un hombre astuto y, ojalá, de una lengua de plata. Por supuesto que no se la dejaría tan fácil y también dependía de qué tipo de petición era.

- ¿y cuál sería?- preguntó con evidente cautela, más para el niño que para él.

- que me pagues por ellas tal como lo harías como mis trabajos previos- dijo con un tinte de determinación en su voz. El mensajero por supuesto que lo notó y sonrió internamente.

- ¿y por qué debería? estarías entrenando bajo la tutela directa de un entrenador olímpico, alguien que también entrena dioses y por tres meses a cambio de cinco misiones, un ofertón si es que me preguntas a mi- explicó con una actitud relajada mientras movía exageradamente sus manos reforzando su imagen. El chico frunció a la vez que apretaba su mandíbula y los labios ¿Ahora qué? Mientras trataba de pensar en alguna razón Hermes se dedicaba a analizar su postura. Claramente no esperaba un rechazo de su petición. Momentos como estos le ayudarían a crecer y deseaba que eventos como estos pudieran repetirse en un futuro así el chico comenzaría a pensar con mayor rapidez, no todas las ofertas eran de tiempo ilimitado, sobre todo con dioses, escenario del cual estaba seguro que sí o sí vería.

- ¿por qué no?- exclamó con fuerza mientras se paraba para mirarlo directamente, algo que sorprendió ligeramente al dios- después de todo me estás ofreciendo esto para que sea mejor luchando contra monstruos ¿cierto? Decidió tomarse unos segundos más de los necesarios, dejando que continuara trabajando su pequeño cerebro.

- correcto.

- y de mis luchas con monstruos termino obteniendo cosas que después tu terminas vendiendo y te quedas con parte de la venta ¿cierto?

- cierto.

- ¿entonces no deberías pagarme por el trabajo que hago?- razonó el pequeño. Evitó gruñir de frustración, si eso fuera cierto habrían varios dioses menores, espíritus o ninfas bañándose en montañas de oro. Se aseguraría de que enseñarle, sutilmente por supuesto, que esfuerzo no significa recompensa. Si el chico la quería entonces pelearía con palabras, por ahora, por ella.

- pero no eres un empleado formal mío, no tienes contrato conmigo, no me haces ningún trabajo que digamos, soy más bien un intermediario entre los compradores y tu el vendedor, sin contar el hecho de que este entrenamiento es bastante caro, más de lo que cinco cacerías podrían dar así que en realidad tu terminas ganando- le explicó calmadamente ¿Y ahora cómo te sales de esta?

- tu dices que... eh...- hablaba mientras pensaba- porque no voy a hacer cacerías por ti, voy a hacer misiones y son diferentes- dijo sin sonar muy confiado en sus palabras. Esta vez no pudo evitar ocultar su sonrisa, por muy diminuta que fuera.

- ¿oh? ¿y cómo son diferentes que te debería pagar por ellas a parte de pagarte el entrenamiento?- cuestionó.

- porque las misiones son personales- declaró. Si había algo que aprendió se su experiencia con Vizer era que las cosas personales no tienen valor medible y a la vez que la persona estaría dispuesta a pagar grandes cantidades por ello ¿O sino qué significaba que estaba dispuesto a pagar tanto para ni siquiera recibir algo de lo que llevaba ese cíclope? Además algo que logró encontrar una vez en el celular en los sitios divinos era que las misiones que los dioses otorgaban siempre parecían ser personales.

- ¿y cómo esto me afecta?- preguntó con una sonrisa un grado más grande.

- bueno... que si estás dispuesto a entrenarme para que no falle entonces deben tener un gran valor para ti- razonó con un poco más de confianza.

- tienes razón y por esto te estoy ofreciendo entrenarte- respondió manteniendo su sonrisa.

- pero el entrenamiento es tu oferta para que me vaya bien en las cacerías no porque acepte tus misiones- argumentó.

- es verdad, te ofrecí entrenarte para que te fuera mejor en el futuro a cambio de que hicieras cinco misiones para mi- dijo en voz alta.

- ¿y si no acepto?- preguntó. Hermes quería echarse a reír. La idea de que alguien no pudiera obtener lo que quería, en especial si es personal era una gran movida para convencer a alguien que acepte tus condiciones, el problema es que él es un dios y un importante además por lo que opciones le sobraban.

- bueno, entonces siempre puedo pedirle a otra persona ya experimentada que se ocupe de esas misiones, y más rápido considerando que no tengo que esperar tres meses- respondió ¿Y ahora qué? Era la pregunta que anidaba en la mente de ambos. Uno preocupado porque realmente no podía pensar en una manera para que pudiera pagarle mientras que el otro estaba contento de lo que estaba logrando, con cada intercambio más lo acorralaba contra las cuerdas y más lo forzaba a pensar. Sabía que lo necesitaba y estaba dispuesto a dárselo, en parte, pero para ello tenía que ganárselo. Aunque tal vez estaba yendo demasiado fuerte, después de todo seguía siendo un niño.

- pero no puedo dedicarle tiempo a las misiones a la vez que las cacerías... y necesito el dinero de las cacerías- explicó casi murmurando. Su desesperación se hizo notar, realmente no sabía que decir. Todas sus opciones se habían acabado y ya no tenía nada más con qué tratar de convencer al dios.

Este por su parte quería suspirar de alivio. En el momento en que notó la desesperación del pequeño se dio cuenta de que lo había dejado sin opciones si es que tomaba el entrenamiento, que estaba seguro que lo deseaba con fuerzas. Ahora que sabía cuál era su preocupación podría trabajar con ello y se aseguraría de que la lección le quedara en la cabeza, después de todo los negocios sirven cuando ambos ganan, si es que uno solo es el que gana al final dejarán de haber negocios.

- ¡ah! ¿por qué no lo dijiste en un principio? por supuesto que podemos llegar a un acuerdo- dijo con más excitación de la que sentía. Frente a ello su expresión pasó a ser de una pesimista a una de shock.

- ¿en serio?

- pero por supuesto, no puedo que uno de mis cazadores se muera de hambre o algo por el estilo, si dinero necesitas entonces podemos acordar algo en que los dos seguimos ganando- comentó con una sonrisa- entonces qué te parece este trato, te pago la mitad de lo que generalmente te pagaría una cacería, caso a caso por supuesto- ofreció.

- acepto- respondió en un instante. La oportunidad que tanto necesitaba había llegado y no la abandonaría por ningún momento. Mientras tanto el dios estaba castigando al chico por aceptar la primera oferta no porque la primera oferta era siempre la peor, sino porque otros podrían iban a tratar de aprovecharse al ofrecer lo peor de lo peor al principio con la esperanza de que el otro caiga.

- de acuerdo, una vez que reúna los detalles te los enviaré por un mensaje de texto ¿de acuerdo? ¡chao!- se despidió. Y con un brillo de luz desapareció en un instante.


El sol ya se había alzado sobre los cielos iluminando el continente y lo que podía en el estado de Nueva York considerando la neblina que se había acumulado. El frío de la mañana todavía rondaba por los alrededores causando que el hombre se frotara los brazos de vez en cuando al igual que sus manos. Llevaba caminando un buen rato, lo que combatía buena parte del frío, y pronto llegaría a su destino la cual era una casa grande en un barrio de Greenwich en Connecticut.

Dentro de unos pocos minutos se encontró en frente de una casa de madera bien tallada y cuidada con un jardín frontal bien cuidado, hogar a varios gnomos de jardín y otras figuras de cerámica. Suspiró para luego adquirir una expresión de determinación. Con un par de pasos entró en el pórtico que era bastante espacioso y agradable, invitando a todos a quienes llegaran a esta casa, y procedió a tocar el timbre.

Nadie respondió de inmediato lo que era de esperarse. Una vez pasado el minuto procedió a tocar el timbre de nuevo y esta vez si obtuvo una respuesta desde el interior. "¡ya voy, ya voy!" exclamó una voz femenina. Tragó un poco de saliva sintiéndose un poco nervioso frente a la incertidumbre. Al siguiente minuto la figura de una anciana mujer se hizo visible detrás del vitral de la puerta quien parecía estar bien apresurada, como si hubiera olvidado algo.

- disculpe por no poder atenderlo de inmediato- se disculpó mientras abría la puerta- estaba preparando un par de cosas antes de ponerme... a cocinar- se detuvo hacia el final se su oración al notar a quién tenía en su pórtico. Jacob admitía que no tenía la mejor apariencia incluso cuando se había lavado y cepillado por lo que no le sorprendió la reacción de la mujer, ver a alguien como él en un barrio adinerado no era común. Los dos continuaron observándose por medio minuto, analizando cada detalle del otro, la vestimenta, la postura y expresión.

- ¿en qué le puedo ayudar?- finalmente preguntó rompiendo el hielo.

- de veras- respondió para sí a la vez que ordenaba sus pensamientos- vine a ver a Vinny- dijo con una ligera sonrisa.

- ¿Vinny?- preguntó la mujer frunciendo el ceño.

- Vincent- se corrigió- lo siento, es que ese apodo se quedó por un buen tiempo desde el tiempo que pasamos juntos en el ejercito- explicó con una sonrisa distante. La expresión de la mujer cambió a una de sorpresa y comprensión.

- ¡ah! debes ser Jacob, sí, Vincent me habló sobre ti- se dio media vuelta- ¿Cariño? tu amigo Jacob llegó- gritó hacia el interior del hogar y se volteó hacia el hombre- en unos momentos bajará de su estudio, por mientras ¿quieres un café o un té?- ofreció con una sonrisa a la vez que lo invitaba a entrar.

- un té por favor- asintió con una ligera sonrisa mientras entraba al hogar- y suave- añadió. Al ver el interior confirmó que el exterior era una buena representación de lo que podría esperarse adentro. Los muebles eran en su mayoría de madera pulida de un color café oscuro mientras que los sillones estaban cubiertos de un material parecido al cuero de color café claro en el cual se puso cómodo. Su mirada se deslizó a través de la sala de estar deteniéndose en los diferentes cuadros y figuras de cerámica las cuales en su mayoría eran animales, en especial búhos. Admitía que el ambiente era bastante acogedor y que era fácil relajarse en él, tomar un descanso de una vida tan frenética en el espacio adecuado podía hacer maravillas para uno.

- aquí tienes- dijo la mujer mientras colocaba una taza de té de tamaño mediano en la mesa de enfrente. Él le sonrió y le agradeció.

- ¿algo para comer? ¿un pancito o unas galletas?

- un pan estaría estupendo.

- ¿un poco de palta?- preguntó ella. Asintió a modo de respuesta, hace tiempo que no comía y la idea le parecía apetecible. Una vez que la anciana partió a la cocina comenzó a beber del té. No podía distinguir el sabor lo cual no le era un problema porque no había duda para él que era delicioso, además de que el calor que daba era algo necesitado en un día como ese. Dentro de unos minutos ella volvió con una bandeja la cual tenía un plato con dos panes con palta encima, unas cuantas galletas en otro plato y dos potes con mermelada, uno de durazno y el otro de frambuesa. Era más de lo que esperaba y le gustó bastante la sorpresa lo cual se lo hizo conocer a lo que ella le dijo que no era nada y que simplemente se dedicara a disfrutar. Cosa que definitivamente iba a hacer.

Los siguientes minutos los pasó saboreando la comida que tenía en frente de él estando en un sofá que era bastante cómodo en una sala bien acogedora, los deseos de pasar allí por el resto de sus días comenzaron a aferrarse en mente, pero rápidamente los desechó como bonitas fantasías que jamás alcanzaría, era un viejo después de todo.

Un par de pisadas que parecían venir de una escalera atrajeron su atención. Volteándose en dirección del sonido vio como un delgado anciano vestido con un pantalón negro y con una camisa blanca bajaba por las escaleras. Al terminar de bajar las escaleras se dirigió en la dirección del veterano y mientras se ajustaba los lentes dijo:

- ¿Jacob?

- ¡Vinny!- exclamó dicho hombre a la vez que se paraba con ambos brazos estirados en una invitación a un abrazo. Invitación que Vincent tomó al acercarse con rapidez darle un fuerte brazo recibiendo uno igual de vuelta. A los pocos segundos se tuvieron que separar.

- ouch- se quejó Jacob.

- ¿acaso tus viejos huesos no pueden soportar un poco de amor?- preguntó con un tono bromeo.

- ¿yo viejo? ¿acaso te has mirado al espejo? no me sorprendería que la muerte aparezca y diga "mierda se me olvidó recoger a Vinny"- respondió de manera exagerada.

- ¿que venga por mi? por favor, todos sabemos que la única razón de que no te pescó a ti fue porque le patee el culo mientras me aseguraba de que no bañaras al resto de nosotros con tu sangre.

- ¿tú? ¿salvarme? estás demente, claramente fue Clarence quien recuperó mi triste culo del frente.

- ¿y quién salvó a Clarence el mes anterior? ¡ahhh! ¿ves? sin mi habrías llegado en un ataúd- dijo con un tono triunfante.

- lástima por ti en realidad porque desde entonces no has podido deshacerte de mi- comentó con una postura de presumido.

- chúpala- respondió exasperado.

- ¿a un anciano arrugado? por favor no estoy tan desesperado y siempre está la marina- dijo con una gran sonrisa. Dicho eso los dos estallaron a carcajadas y procedieron a sentarse en los sillones. Una vez sentados se pusieron a conversar del pasado, tantos momentos trágicos como alegres y siempre con una tonalidad de gracia, no había tema del que hablaran en que uno de los dos no podía decir un chiste. Hablaron y recordaron por más de una hora y media mientras tanto la esposa de Vinny, quien se llamaba Carol y era su segundo matrimonio después de que viudo hace diez años, se dedicaba a rellenar sus tés y a traerle galletas cada vez que terminaban un plato, la sonrisa en el rostro de los tres jamás vaciló.

- de acuerdo- dijo Vincent con tono de finalidad a la vez que golpeó sus palmas- por mucho que me gustaría continuar por el resto del día conversando estoy seguro que tienes más cosas que hacer y que viniste con un propósito y no solo a recordar sobre el pasado ¿cierto?- preguntó con una mirada asertiva. Jacob asintió ligeramente con una sonrisa un poco coja.

- tienes razón- admitió.

- ¿entonces en qué puedo ayudarte? ¿es sobre un tema médico?- preguntó con preocupación.

- sí- afirmó- vengo sobre una preocupación médica.

- de acuerdo ¿y cuál es?

- eh, estoy preocupado sobre mi edad y condición actual, temo morirme pronto. Vincent asintió mientras entrelazaba sus dedos entre sus rodillas.

- bien, te puedo hacer un examen médico general en mi clínica a un par de kilómetros de aquí y revisar si es que hay algo de que preocuparnos además de darte algunas recomendaciones para mejorar tu salud en general, aunque a simple viste yo diría que te encuentras mejor que varios de nuestra edad- explicó con un tono de profesionalismo- ahora por curiosidad propia, dime ¿qué te hizo preocuparte sobre nuestra mortalidad?- preguntó mientras inclinaba ligeramente su cabeza.

- bueno, resulta que por ahora estoy tratando de cuidar de alguien que vive conmigo... en la calle, aunque no precisamente en ella- se apresuró en explicar.

- comprendo- asintió- y esta persona ¿quién es?

- es un chico, tiene seis años apenas- respondió.

- ¿en la calle? ¿no en un refugio u orfanato?

- eh...- se rascó la cabeza nerviosamente- traté de conversar con él respecto a eso en un par de ocasiones y estaba adamante de que NO quería ir a un orfanato sin importar qué, creo que la idea de padrastros no le sentaba para nada bien y sobre la idea de un refugio no lo conversé con él por el puro hecho de que tratarían de meterlo en un orfanato y como ya te dije la idea no le cae bien y eso es ponerlo ligero- explicó con severidad.

- comprendo- fue su respuesta inmediata- así que ahora te has dado la responsabilidad de cuidar de él, un objetivo honorable, pero ¿por qué?

- porque me salvó la vida- declaró con fuerza. La expresión del médico se mantuvo igual exceptuando la única ceja que se elevó.

- ¿cómo?

- me... metí en una pelea callejera y él me ayudó una vez que terminó y si no hubiera sido por eso creo que habría muerto ¿cómo lo hizo? no sé y no recuerdo muy bien- admitió- sabes como soy, siempre devuelvo los favores- añadió.

- y este chico ¿cómo está?

- por la mayor parte bien, aunque hace no mucho se veía bastante retraído y... no sé ¿abatido?

- ¿deprimido?- ofreció el doctor.

- sí- asintió lentamente- supongo que esa expresión calza más, físicamente el chico se encuentra estupendo tengo que admitir, mejor de lo que uno esperaría ver en alguien de la calle- comentó más para sí mismo.

- ¿antes o después de conocerte?

- yo diría que antes de conocerme, el chico parecía manejarse bien en las calles lo cual me sorprendió bastante.

- bueno, me gustaría hacerle un examen médico también junto a ti.

- trataré de convencerlo de ello- dijo con firmeza.

- también me da curiosidad ahora que lo mencionas ¿qué crees que hace para sobrevivir?- preguntó con total seriedad.

Dicha pregunta tomó por sorpresa al veterano. Por supuesto que se había cuestionado eso mismo, un niño que se veía bien alimentado y abrigado le llamaría la atención a cualquiera que supiera que vivía en las calles y, además, que era huérfano. Por supuesto también que lo confrontó en una ocasión solo para terminar en un punto muerto, el chico simplemente no admitía nada ¿Qué sospechaba entonces? Había una respuesta más clara que la otra.

- creo que es ladrón- respondió finalmente.

- ¿estás seguro?

- es lo más lógico- asintió- cuando comenzamos a vivir juntos noté que él de repente traía harta comida y una vez aparecieron un par de muebles en la entrada de la propiedad, cosas que un niño como él simplemente no puede mover o adquirir, además que anda con un artefacto que llama celular, pero no puede ser porque los dos sabemos que parecen más una radio y este no es así, debió haberlo robado a un millonario o algo por el estilo.

- entonces además de ser un ladrón puede que robe para alguien más- sugirió el médico.

- tendría sentido, explicaría los muebles al menos- asintió lentamente.

- tal vez deberíamos discutirlo en otra ocasión.

- yo creo.

- bien mientras tanto- dijo mientras sacaba una libreta y un bolígrafo- ¿algo que me puedas decir del chico que crees que pueda guiar el examen? puede ser lo que sea, incluso algo que creas que sea trivial- solicitó.

- hmm, me he dado cuenta de que tiene dificultades al leer unos libros con cuentos que le compré- comentó con una expresión pensativa.

- ¿y qué te da la impresión de que tenga dificultades de lectura?

- bueno, cuando he notado que está leyendo suele releer la misma página varias veces, incluso un párrafo para hacer lo mismo con el siguiente- explicó- también cuando le pregunté respecto a ello me comentó que las palabras se le desordenaban ¿crees que pueda ser dislexia?- preguntó preocupado.

- difícil decir ¿algo más que puedas decir al respecto?- preguntó con una mirada analítica. El viejo adquirió una expresión pensativa mientras se llevaba su mano al mentón y la otra al codo para apoyar el brazo.

- bueno, una vez lo vi leyendo un libro propio que tiene el cual no sé de dónde lo adquirió, pero sé que lo hizo una vez que le insistí en que leer era importante, el punto es que este libro estaba en un idioma que no podía leer y la cosa es que él podía leerlo sin problemas y cuando le pregunté sobre ello me dijo que las palabras no se les desordenaba como con los otros cuentos.

- entonces no tiene dislexia- afirmó el doctor.

- ¿cómo sabes?

- bueno primero si tuviera dislexia no sucedería solo con un idioma sobre otro, debería tener problemas en todos y no solo en uno- explicó- lo segundo es que la dislexia es un problema asociado con la dificultad en el aprendizaje cuya raíz se debe a que les cuesta identificar los sonidos de las palabras que están leyendo y cómo son asociados con otras lo que por supuesto afecta otras áreas, lo importante a entender es que si tiene problemas para leer inglés debería tener problemas para leer otro lenguaje, no solo específicamente inglés- dijo con certeza.

- ¿entonces si no es dilexia entonces qué puede ser?- cuestionó.

- múltiples cosas pueden ser en realidad- admitió encogiéndose de hombros- puede que la lectura le aburra y se distraiga o que el inglés no sea su lengua materna o que no está cómodo... las posibilidades son muchas, tendríamos que verlo en persona para juzgar- explicó. No le iba a dar una razón específica sin antes haber mirado al paciente, tenía poca información, pero lo suficiente, si es que la fuente era confiable, como para poder descartar la posibilidad de que fuera dislexia.

- mira lo mejor es traer el chico y discutir todas tus preocupaciones mientras lo consultamos con él, de esta manera mientras le hacemos un examen físico podemos diseñar un plan más adecuado, no podemos guiarnos solo de tus memorias- explicó el anciano.

- de acuerdo, trataré de traerlo y esperemos que sea lo que sea que tenga sea tratable.

- ahora habían otras cosas que quisiera discutir...


La adrenalina invadía cada centímetro de su cuerpo con la fuerza de un tsunami, sus sentidos sensibles a cada detalle de sus alrededores en especial su visión que se encontraba captivada por el rojo, color que se esparcía en cada rincón de su cuerpo y la arena. Un rugido gutural tan grave que hacía retumbar hasta sus pulmones acompañado de poderosos y rápidos temblores atrajeron su atención. Una bestia de tres metros de alto y cinco de largo, una enorme masa de puro músculo, con tres enormes cuernos en su cabeza y con una piel tan gruesa y resistente, con la apariencia de piedra agrietada, que hasta los dioses tendrían problemas para hacerle frente se encontraba cargando en su dirección. Esos eran los únicos detalles que su mente frenética era capaz de procesar y la sonrisa que generó era maníaca como ninguna otra.

Se agachó con rapidez yendo por el cadáver de un dios y lo lanzó contra la bestia con esperanza de distraerla. Una vez lanzado el proyectil el ruido de metal chocando entre sí desvió su atención hacia su espalda y se preparó para recibir el inminente ataque. Un gólem de dos metros y medio blandiendo una masa de dos metros cuya cabeza era puntiaguda en cada cara hizo un ataque diagonal con una rapidez y fuerza que habrían acabado al dios promedio. Recibiéndolo con el escudo en la mano derecha e inclinándose hacia su izquierda logró evitar recibirlo de lleno mitigando bastante el daño.

Lo bueno es que esos ataques exponían bastante al atacante además de que el tiempo de recuperación era considerable. Lo suficiente como para que tirara su lanza en la dirección de la bestia que se estaba acercando con una rapidez de vértigo, un tanque yendo a la velocidad de un F1. El ataque fue lo suficientemente efectivo que se enterró lo suficiente en su cuello por la parte superior distrayéndolo lo necesario como para que no pudiera corregir su carga. Saltó unos cinco metros en el aire en el momento preciso para evitar al monstruo quien terminó por arrasar al gólem quien trató de seguir su ataque hacia el guerrero, pero no tuvo el tiempo suficiente.

Al caer corrió de inmediato en persecución de la bestia, el Rinoceronte de Dobirneil*. Tomó una espada ensangrentada del suelo en mitad de su carrera mientras formulaba un plan de como eliminarlo. La bestia entre el dolor de la herida y el hecho de que había "eliminado" a su objetivo comenzó a frenarse. Este le permitió al soldado alcanzar la bestia y con un salto sobre su espalda. Utilizando la lanza como punto de soporte y dos de sus cuernos para apoyar sus pies comenzó a apuñalar repetidamente al monstruo. El repentino dolor gatillo una cólera inimaginable en la bestia que la llevó a la locura y en ella decidió marchar con una rapidez incluso mayor hacia una de las paredes de la arena. El dios notó su predicamento y aumentó la frecuencia de las apuñaladas mientras su cuerpo entero se bañaba en sangre. Momentos antes de impactar contra la muralla saltó de la bestia a la vez que retiraba su lanza.

El estruendo que generó fue abrumador y casi lo distrae lo suficiente como para no notar las cinco flechas que iban en su dirección. Tres de esas las agarró en mitad de vuelo con su mano izquierda y las otras dos impactaron, una en la armadura de su torso mientras que la otra en su casco apenas dentándolo. Con una patada hacia la pared aceleró su caída para luego rodar en el suelo y prepararse para la siguiente lluvia de flechas.

Un arquero en mitad de la arena llena de cadáveres y destrucción se encontraba un arquero disparando a la vez que alejándose del dios que acababa de asesinar al mítico rinoceronte. Dicho dios corrió a toda velocidad con una sonrisa maníaca junto a un aura roja que envolvía su ser completo además de estar bañado en sangre, icor, aceite y cenizas causaban una imagen aterradora, como si una pesadilla lo estuviera persiguiendo.

Flechas doradas aparecían en un instante en sus dedos y salían disparadas en una milésima de segundo después. Su ataque era incesable y abrumador, excepto para su oponente. Utilizando la ventaja de su armadura al máximo mientras cubría sus puntos vitales con sus brazos reforzados en armadura dichas flechas hacían poco más que dentar el metal divino que vestía el dios. En pocos segundos los dos estaban a un par de metros de distancias.

Con un preciso y rápido ataque la lanza atravesó la armadura del arquero quien comenzó a sangrar icor en grandes cantidades. Bañándose en la éxtasis del momento levantó a su víctima sobre él comenzó a darse un baño de icor disfrutando de su victoria como si fuera la gloria máxima. Al poco rato cuando dejo botar icor en cantidades notables descartó el cadáver tal como uno lo haría con el envoltorio de comida rápida, inconsecuente y rápidamente olvidado. Su vista se deslizó sobre la arena en admiración de su trabajo, un mar de cadáveres.

Unos aplausos lo distrajeron de inmediato y con un rápido movimiento de su lanza atacó en dirección del ruido. El ruido de metal chocando contra metal resonó a lo largo de todo el coliseo mientras que dos figuras divinas se miraban fijamente a los ojos, uno en una manía inigualable a diferencia del otro quien tenía una tinta de regocijo en ellos.

- ¿disfrutando de la masacre Ares?- preguntó la nueva presencia mientras mantenía en posición su espada.

- bastante- admitió con una gigantesca y perturbadora sonrisa.

- bueno, parece que ya terminó considerando que no hay nadie más- comentó a la vez que retiraba su arma y relajaba su postura.

- una pena en realidad, me estaba entreteniendo bastante- dijo con un poco de molestia imitando la postura del nuevo dios- tengo que decir que me sorprende verte acá tomando en cuenta que siempre estás corriendo de un lado a otro por todo el mundo- agregó con una ligera carcajada.

- ¿qué decir?- comentó en voz alta- bueno, quería verte para discutir un arreglo- explicó mientras se encogía de hombros.

- ¿negocios? seguro, podemos discutir mientras me ducho- respondió el guerrero- o sea, estoy hecho un asco.

- no hay problema- accedió. Los dos caminaron en silencio por unos momentos. Uno avanzaba con una expresión de satisfacción evidente para cualquiera que llegara a mirarlo mientras que el otro observaba el campo de destrucción y muerte, algunos cuerpos habían a comenzado a desintegrarse en una nube dorada.

- ¿entretenido?- preguntó en voz alta.

- mucho- respondió el otro con una sonrisa maníaca.

- ¿desafiante?

- para nada- dijo con un suspiro a la vez que se encogía de hombros.

- ¿en serio?- comentó con una ceja arqueada.

- por supuesto, ninguno de mis oponentes es muy destacado en lo que hacen y el tiempo libre que tienen a penas lo usan para entrenar, lo que es de esperarse considerando que son prisioneros y prefieren "disfrutar la vida", ja, el chiste del siglo- agregó con sarcasmo.

Los dos continuaron su caminata en silencio hacia las duchas, algo que Hermes comenzaba a desear con ganas al tomar nota del estado de la arena y sobre todo su odor. Menos mal que los cuerpos comenzaban a desintegrarse para luego reaparecer en sus celdas respectivas. Una vez en las duchas, las cuales no tenían cubículos para separarse de la vista ajena y parecían más duchas de prisión, pero no pareció importarle al dios de la guerra quien la prendió apenas le era posible y se metió a disfrutar el agradable agua cálida. Por su parte, el mensajero se apoyo con una muralla fuera del rango en que podía mojarse.

- entonces- dijo después de unos momentos- ¿en qué te puedo ayudar?

- muchas cosas en realidad- respondió al instante- ¿has considerado en convertirte en mi secretaria en tu tiempo libre? ¿que tal como cazador? hey, la paga es buena. Ares bufó en descontento y exasperación. De las muchas cosas que odiaba el lado "bromista" de Hermes era una de las cosas que más odiaba, siempre tenía que tratar de enojar, o molestar, lo más que podía a las personas y luego se preguntaba por qué sus hijos eran malos en varios aspectos de la vida, no es como que pudiera comprobar que él tuviera algo que ver con ello.

- bien ¿por qué viniste hoy a visitarme?- especificó.

- necesito uno de tus instructores- declaró con firmeza. Al ver su expresión de seriedad se dio cuenta de la cosa iba a ser entretenida después de todo, si abandonó su disposición burlesca de inmediato significaba que las cosas se iban a volver mucho más interesantes en un rato. Una sonrisa ligeramente maníaca comenzó a surgir en su rostro.

- ¿en serio?- su tono demostrando cierto grado de entretenimiento- ¿por qué no fuiste a mi academia si es que deseabas uno? te aseguro que podrías haber conseguido un buen trato.

- si solo fuera tan sencillo- suspiró con un poco de cansancio- sé que los canales tradicionales me habrían conseguido un buen maestro de armas y de lucha, pero lo que yo necesito va más allá de eso.

- ¿ah sí?- sostuvo su mirada de curiosidad por un par de segundos- dime ¿qué es exactamente lo que necesitas?- su tono demostrando seriedad por su parte mientras que su sonrisa apuntaba lo contrario.

- discreción. El guerrero deslizó su mirada a lo largo del otro dios. Todo en su postura, expresión y aura radiaba una actitud de "no más rodeos". Era raro ver a un dios en estos días, en especial uno de los doce, que se tomara algo tan en serio, a excepción de su padre quien era el dios más dramático de la existencia, todo era el fin del mundo si es que había una ligera inconveniencia para él. A veces se preguntaba cómo es que él terminó siendo el rey de los dioses oh cierto Rhea decidió que ya era suficiente y eso de alguna manera indicaba que él debía ser el indicado para le trabajo.

- ¿ninguna sola pregunta?- comentó en voz alta mientras frotaba su cuerpo a la vez que comenzaba a voltearse.

- ¿es parte del precio?- cuestionó con un tono inquisitivo.

- ¿directo eh? bueno, sí, será parte del precio- concedió. A esto su ligera sonrisa maníaca maduró a una que era en su totalidad demente.

- ¿cuáles han sido sus logros?

- el minotauro, perro y cangrejo son parte de las victorias de ella- respondió de inmediato.

- je, ella, él, no me importa quién es en realidad Hermes- comentó mientras volvía a tender su cuerpo- lo único que me interesa es lo que es capaz tu misterioso protegido, o cazador para ser más precisos.

- déjame adivinar ¿quieres desafiarlo a un duelo?

- absolutamente- gritó entre carcajadas. Su voz hizo retumbar las duchas y el mismísimo aire que los rodeaba. El mensajero no perdió su compostura y se quedó simplemente observando sin ninguna pizca de expresión en su rostro.

- ¿entonces?

- bien, te mandaré uno de los mejores que no mantendrá el anonimato de tu cazador, ni siquiera a mi me lo dirá.

- ¿por el Estegio?- presionó.

- ¿que la palabra de uno no vale nada hoy? JA, por supuesto que no, juro por el Río Estegio que el instructor que mandaré no revelará su identidad a nadie a menos que tu o este cazador lo permitan- declaró al aire. El fuerte sonido de un trueno indicó que su trato había sido sellado.


Los tres se encontraban comiendo sopa de tallarines con un poco de ajo, zanahoria y cebolla en la mesa principal. Nadie decía nada, todos estaban en su propio mundo y a lo único que le pescaban atención al salir era a su plato de comida caliente que tanto necesitaban. Cuando todos terminaron un silencio incómodo se asentó en la mesa.

- estaba rico- comentó Samuel tratando de romper el hielo.

- no hay de qué- respondió Jacob. El silencio se recuperó como si nunca se hubiese dispersado en primer lugar. Los veteranos estaban pensando en cómo abrirle la noticia de que mañana tenían planeado ir a hacerse unos exámenes médicos con él. Jacob pensó que era prudente que Samuel también estuviera al tanto y que los acompañara. Hacer que el pequeño fuera con ellos al médico no debería causar problemas en teoría considerando que él hasta ahora no había demostrado nada que indicara lo contrario. El problema radicaba en que tampoco había mostrado que estuviera a favor de ello y siempre podría decidir que no quería tener nada que ver con ello tal como lo hizo refiriéndose al orfanato o hablar sobre sus actividades.

Por su parte, Percy se encontraba dándole vueltas al asunto de su futuro entrenador y lo divino. No sabía cómo abrir el tema o mencionarles que "hey, soy un semidios de un dios importante, de la realeza, y es importante que no lo comenten porque supuestamente no debería existir, tengo poderes y me dedico a cazar bestias mitológicas que literalmente despedazarían a un humano normal en un par de segundos o menos, de hecho de esas mismas bestias consigo el dinero que utilizamos para alimentarnos entre otras cosas". Sí, no sonaba para nada bien incluso en su cabeza y ya había aprendido que las cosas en la cabeza sonaban mejor de lo que realmente eran. Caer de cabeza sobre una bestia capaz de reventar troncos de árboles con zarpazos no era una buena idea y sin embargo lo hizo, casi termina matándose en el proceso.

Entonces ¿Qué hacer? era la gran pregunta que anidaba en la mente de los tres. Ninguno tenía experiencia sobre cómo lidiar con una situación como esta y tampoco sabían de alguien que lo hubiera hecho dejándolos a todos en la oscuridad. De poco a poco se dieron cuenta de que se veían forzados a disparar en la oscuridad y las probabilidades de fallar eran inmensas ¿lo peor? es que había que hacerlo de todas maneras ¿Qué hacer? era probablemente la pregunta del milenio, o mejor dicho de toda la vida.

- Percy- dijo de manera repentina el joven adulto.

- ¿sí?- preguntó con un aire de ausencia.

- ¿sigues teniendo dificultad con leer inglés?- preguntó a la vez que se inclinaba hacia adelante. El chico frunció el ceño no esperando que tocaran ese tema. No estaba en contra de ello, pero de todas maneras era inesperado.

- sí, todavía confundo las palabras varias veces antes de poder avanzar- respondió con una expresión pensante.

- ¿te molesta harto?- preguntó el anciano. Lo consideró por un par de segundos y asintió.

- ¿qué te parecería ir con un doctor a revisar qué hacemos? así sabemos de un profesional- ofreció con un aire de anticipación. El silencio volvió a tomar control del ambiente. Jacob ya se estaba reprendiendo por la manera en que había puesta en la mesa la oferta, Samuel estaba en las mismas líneas. Por su parte Percy dándole vuelta una y otra vez a lo que le acababan de decir ¿Ir al doctor? Nunca en su, bien corta, vida había ido al doctor, no es como que tampoco se acordara, o pensado en ir.

¿Sería una buena idea? ¿es su divinidad un problema? El pequeño se cuestionaba realmente si es que ir con un doctor un humano versado en problemas humanos podría entender qué era lo que estaba mal. Por supuesto que estaba asumiendo que su problema tenía raíces divinas y ni siquiera estaba al tanto de ello ¿Y si el problema era de su lado humano? Tampoco lo había considerado, después de todo desde que descubrió su lado sobrenatural ese mundo lo ha absorbido en su may...

- Percy- dijo Samuel interrumpiendo su tren de pensamientos y captando su atención- la visita es completamente opcional- le aseguró- vamos a ir con un amigo de Jacob quien es un veterano como nosotros, además las revisiones médicas sirven para prevenir cualquier malestar que podamos sentir sin que nos demos cuenta.

El chico asintió lentamente mientras escuchaba. La explicación no sonaba mal y lo calmaba bastante saber que era un amigo de Jacob quien haría la revisión, algo que no sabía que podría haber necesitado hasta que lo supo, sin embargo había un problema que le apareció en su mente en ese instante ¿Y si el doctor se daba cuenta de anomalías asociadas con el hecho de ser hijo de un dios?

Era algo que no había tomado en consideración con la profundidad que debía. A simple vista se veía como un niño normal, un tanto normal para ser más precisos, y hasta ahí llegaban las similitudes. Lo primero que podría saltar como una anomalía, y muy evidente, era su fuerza. No era algo que había pensado, pero fue capaz de pelear contra un minotauro, EL minotauro, un perro del infierno colosal, un cíclope y otras criaturas menores y no solo sobrevivió a dichas peleas que habrían terminado con la muerte segura de un adulto humano promedio, sino que salió victorioso. También sobrevivió ser empalado además de que el agua lo sanaba y sobre lo último ni siquiera sabía el límite de esa habilidad.

En el momento en que ese razonamiento llegó a su mente casi decidió en ese instante en rechazar la oferta. Pero decidió darle otra mirada al asunto. Ya estaba considerando en decirles la verdad, que era hijo de un dios, de esa manera se ahorrarían varios problemas que podrían surgir debido a su ignorancia. Si les decía la verdad y si no perdían la cabeza por ello tal vez podrían también meter al doctor en su círculo sobre el hecho de que tenían un semidios entre ellos, con todo lo que eso incluye. Después de pensar por un buen rato en silencio mientras que la tensión en el aire crecía decidió ir con la verdad, ahora o nunca.

- tengo algo que decirles- abrió. La atención de los adultos estaba por completo en el niño. Sus expresiones exponían lo ansiosos que se encontraban, el sudor ya había comenzado a correr por la frente del anciano. Por su parte Percy estaba teniendo dudas y se admitió con bastante claridad que... no tenía ni la menor idea de cómo hacerlo.

- a... hmm- trató de decir algo, pero siempre se arrepentía hasta que finalmente decidió ir con todo de una- soyhijodeundiosypeleoconmonstruosmíticosparaganardi-neroypuedocontrolarelaguayrespirar¡ENELLA!- terminó con un grito. Un silencio bastante... extraño dio a lugar. La mente de los tres quedó en blanco, cada uno esperaba inconscientemente que alguien comentara o explicara algo, pero no sucedió. Al poco rato los veteranos cruzaron miradas con bastante preocupación en sus rostros.

- ¿crees que está tratando de distraernos?- preguntó el viejo.

- no creo, sonaba muy convencido.

- ¿crees que sea esquizofrenia?

- ¿esquizofrenia?

- sí, la enfermedad en que... ¿cómo era?- pensó mientras se rascaba la cabeza- la realidad de las personas se vuelve radicalmente diferente a la nuestra.

- ¿seguro?

- no tanto, pero podría ser.

- puedo probarlo- anunció el chico con fuerza captando su atención- en serio- insistió. Los adultos volvieron a mirarse.

- ¿qué crees que vaya a hacer?

- no lo sé- respondió el anciano- pero no deberíamos dejarlo hacerlo, podría herirse- dijo con un tono autoritario. Por supuesto que Percy los escuchó y decidió lanzar por la borda la cautela. De su bolsillo sacó una botella de agua, que había comenzado a siempre llevar consigo, la destapó y les lanzó el agua con un rápido movimiento. Por supuesto que lograron ver el agua y reaccionaron cubriéndose con sus brazos. Al instante notaron que algo que no estaba bien, jamás llegó la sensación de estar empapado.

Al siguiente segundo se dieron cuenta del por qué y ese hecho los dejó de inmediato en shock. El agua estaba flotando en el aire a un par de centímetros de ellos. Suspendida, sin movimiento alguno, parecía como si el tiempo se hubiese congelado. Al siguiente instante el agua se retiró hasta quedar sobre el centro de la mesa y se reformó en una esfera y cuando se completó los soldados reaccionaron. El viejo saltó hacia atrás a la vez que soltó un pequeño grito de terror a la vez que sus instintos de pelea luchaban contra dicho miedo. Al mismo tiempo Samuel, debido al miedo que se apoderó de su mente, trató de retirarse lo más lejos posible, pero en su miedo e instinto ignoró por completo que le faltaba la mitad de una pierna y se fue a estrellar directo en el piso.

- tal como dije, soy hijo de un dios del océano y controlo el agua... entre otras cosas- agregó mientras regresaba el agua a la botella y se rascaba de manera incómoda la cabeza. En su mente juvenil repasaba una y otra vez cómo proseguir. Ya no había vuelta atrás y lo tenía muy claro, lo único que deseaba era que la nueva posición en la que se encontraban no fuera muy diferente a la anterior, no sabría qué hacer si es que perdía a las dos personas que humanas que había llegado a confiar y a querer.

De manera casi instantánea los dos hombres salieron de su estupor y volvieron a la realidad, realidad que ya no parecía ser como la habían llegado a conocer. Sus mentes pasaron de estar congeladas a un torrente de pensamientos como nunca antes en sus vidas ¿Estaban locos? ¿se lo habían imaginado? ¿fue la reacción del otro lo que disparó la suya? ¿esto era algo colectivo? ¿era real? ¿¡era un dios!?

- ¡ERES UN DIOS!- gritó Samuel aterrorizado mientras su mundo se derrumbaba con cada segundo que pasaba.

- ¡no! soy hijo de un dios- corrigió con suavidad a la vez que levantaba ambas manos tratando de aplacarlo.

- MADRE DE... ¿ES ACASO DIOS REAL?- gritó Jacob para sí mismo a la vez que caía de rodillas con fuerza en el suelo y se agarraba la cabeza en un intento desesperado para evitar que su realidad se hiciera pedazos.

- los dioses son reales, les puedo explicar cómo son las cosas- ofreció con un poco más de fuerza. Sus palabras cayeron en oídos sordos. En ese momento se dio cuenta de que estaba en plena crisis y no tenía ni la más mínima idea de cómo resolverla. Su respiración comenzó a acelerarse con mucha rapidez, el sudor comenzó a correr por todo su cuerpo y un chillido infernal comenzó a taladrar sus tímpanos.

Por suerte se dio cuenta de que estaba cayendo en un estado igual al de ellos. Trató de calmarse enfocándose absolutamente en controlar su respiración. Poco a poco llegó, inhalando y exhalando, logró bajar la intensidad de lo que sea que le estaba pasando hasta volver a pensar con claridad. Al desviar su atención hacia los veteranos vio que ellos continuaban teniendo su ataque, completamente congelados en su lugar gritando o murmurando sus pensamientos. Tenía que actuar rápido antes de que empeorara más allá de su control.

Se sentó enfrente del anciano quien alternaba entre gritar y murmurar con la mirada fija en el suelo. Lo agarró fuerte de los hombros y comenzó a agitarlo a la vez que le decía su nombre una y otra vez. Al medio minuto el veterano se calló y, poco a poco, levantó la mirada hasta que se encontró con el pequeño. Este notó que tenía una ventana pequeña para calmarlo lo suficiente para poder explicarse y eso trató. Dentro de los siguientes tres minutos le explicó que no le iba a hacer ningún y que le respondería todas las preguntas que tuviera. Para su suerte eso junto con su entrenamiento fueron la combinación necesaria para que comenzara a cooperar. Después trataron entre ambos calmar a Samuel. Con él se demoraron cerca de diez minutos hasta que por fin logró salir del shock inicial y estaba más consciente de los alrededores, en especial un niño de ascendencia divina.

Cuando los tres estuvieron sentados en la mesa Percy los invitó a que hicieran todas sus preguntas. Al principio fue un disparate sin pies ni cabeza por los siguientes minutos hasta que finalmente ellos mismos lograron regularse. Una vez calmados el semidios procedió a explicarles todo lo que podía sobre su divinidad y el panteón griego en el cual su padre se ubicaba. También los puso al tanto de que los diferentes seres mitológicos y varios que no salían en las leyendas seguían rondando en el mundo moderno fuera de los ojos mortales por razones que realmente no entendía, solo que había una "niebla" que evitaba que los mortales pudieran verlos.

- entonces... ¿qué hay de dios? ¿es una mentira?- preguntó Jacob.

- ¿cuál dios?- preguntó el chico un poco confundido.

- el cristiano.

- no sé- fue la respuesta inmediata. Dicha respuesta confundió bastante a los mortales ¿Cómo no iba a saber si es que un dios(el dios que es seguido por casi un tercio de las personas en el mundo) era una mera creación de los humanos?

- pero... si los dioses griegos existen entonces todo lo que sale en la biblia es una mentira ¿cómo pudo haber dios creado la tierra si es que... la tierra es una diosa en sí?- argumentó el anciano.

- no tengo idea- respondió al instante- no sé mucho sobre todo lo que tiene que ver con el mundo divino, solo que los dioses griegos existen y que también hay criaturas romanas- explicó con un tono incómodo e incierto.

- los romanos y griegos creían en los mismos dioses- pensó Samuel en voz alta- tiene sentido que puedan existir ambos mundos si es que la única diferencias son los nombres...- su voz se fue volviendo cada vez más distante al igual que su mirada.

- ¿y cómo sabes eso?- preguntó el viejo.

- el colegio.

- de todas maneras- Jacob se volvió hacia el niño- entonces esa vez que volviste todo bajoneado fue porque estabas lidiando con temas... ¿divinos supongo?- preguntó a la vez que se encogía de hombros. El corazón se le detuvo en seco y su mandíbula se contrajo tanto que amenazo con romperse los dientes. Primera cosa que indagan sobre su vida secreta y justo es sobre lo que no tiene nada que ver con dioses o monstruos. Tampoco quería decirles la verdad, si bien ya no sentía una tormenta en su interior cada vez que pensaba sobre eso no quería asustarlos y tampoco se sentía preparado para hablar de ello. Así que recurrió a la única solución que veía posible.

- sí... estaba luchando contra unos... demonios- dijo en voz baja. Por supuesto que los dos notaron que el tema no era bien venido y se movieron a otros temas principalmente a sus actividades secretas a lo cual él les contó que eran trabajos que hacía para un dios y que este le pagaba de vuelta. Eso calmó a los dos bastante porque quitaba por completo la teoría de que era un ladrón trabajando para otro ladrón o quién sea que fuese. En ningún momento se dedicaron a pensar de los peligros que conllevaban esos trabajos en específico.

- bueno... ¿y qué le decimos ahora al doctor cuando note algo extraño?- preguntó en voz alta Jacob.

- asumiendo que quiera ir- agregó rápidamente Sam- ¿quieres ir?

- le decimos la verdad- propuso Percy.

- ¿uh?- fue la coherente respuesta de los dos.

- dices que es tu amigo- a lo que Jacob asintió- entonces le decimos la verdad y el jurará no decir nada. El silencio duró por unos instantes, uno esperando la respuesta mientras que los otros dos pensaban seriamente sobre la proposición ¿Era realmente inteligente hacer eso?

- puede hacer un juramento sagrado y con eso nunca podrá romper la promesa a menos que quiera sufrir un destino horrendo- agregó con una ligera sonrisa con la idea de que realmente fuera a ayudar. Lo logró solo que no con las consecuencias que realmente esperaba. Para ellos en su mente la magia y todo eso era un tema todavía muy ajeno y que por ende no afectaría de manera significativa sus vidas, o sea, habían pasado toda su vida sin notar en ningún momento nada sobre natural. Por supuesto ignorando y olvidando convenientemente que frente de ellos había un niño que había manipulado el agua y que dicho acto los mandó derecho en un ataque de pánico. Saber que ahora podían hacer que la gente hiciera un juramento mágico y que no había forma de que lo rompieran a menos que sufrieran horriblemente los ponía muy nerviosos en vez de asegurarlos, como si existiese un miedo de que alguna vez los obligasen a jurar un pacto que los obligara a hacer cosas horribles y el no hacerlo llevaría a un triste y terrorífico final.

Al final terminaron por aceptarlo como la mejor solución, después de todo no eran ellos quienes iban a hacer esa promesa mágica. Al final terminaron decidiendo que iban a ir en dos días a la clínica de Vinny, a quien le avisaron de dicha ida por un teléfono público. Finalmente cuando la ida al médico llegó fueron los tres. Cuando llegaron a la puerta de la clínica el guardia los ojeo con un poco de sospecha, pero al notar el estado del joven veterano decidió no hacer nada al respecto. El recepcionista al mirar al levantar la mirada supo de inmediato de quiénes se trataban, su jefe le advirtió de la llegada del grupo de tres que tenía en frente.

- llegaron un poco temprano- dijo antes de que siquiera llegaran a estar enfrente de la mesa- le avisaré a Vincent de que llegaron, debería estar en el módulo tres caminando por el pasillo a mi mano izquierda- explicó con total profesionalismo- pasen no más, no están interrumpiendo nada- agregó al notar que no se estaban moviendo de su lugar. Al escuchar su invitación hicieron precisamente eso.

Cuando entraron en la habitación Percy desvió su mirada por todo el lugar. Había un solo cuadro colgado en la pared, era el de un paisaje de una llanura desde la perspectiva de alguien sobre una colina, era bien bonito. El resto de los aparatos y muebles eran tal como se esperaba que iba a ser la oficina de un doctor. Detrás de la mesa había un hombre que vestía una bata blanca junto con una cálida sonrisa mientras que sus ojos irradiaban bondad. Inmediatamente un par de labios de fresa surgieron en su mente y se puso inmediatamente en modo de batalla, cálidas e invitantes sonrisas también podían ser traicioneras. El doctor notó el brusco cambió y desvió su mirada hacia Jacob a quien de manera disimulada logró desviar su atención hacia al chico.

- ¿Todo bien?- le preguntó el veterano. Percy deseando no alarmarlo asintió con la cabeza. El médico no estaba convencido, pero decidió no presionar y pasar a introducirse esperando que junto con la explicación de los procedimientos que iban a hacer se calmase un poco y que, ojalá, confiase en él. Ir al doctor y no confiar era, probablemente, una de las ideas más contraproducentes de todas. Sin embargo, una vez presentado, antes de que pudiera seguir con la explicación de lo que iban a hacer Jacob se puso muy serio, igual de serio que lo había visto en el campo de batalla, algo que no podía darle significado en una situación como esta. No alcanzó a preguntar sobre ello y él ya le estaba pidiendo que antes de cualquier cosa jurase no contarle a nadie sobre lo que fuera a descubrir sobre el chico sin antes pasarlo por ellos tres. Fue una petición muy extraña además de que lo hizo cuestionarse sobre la naturaleza de la visita en general, esto era muy extraño y honestamente estaba comenzando a dudar sobre el estado psicológico de su amigo, ser veterano y vivir en la calle era una combinación horrenda para la mente.

- ¿quieres que jure por el río estigio? ¿qué?- preguntó completamente confundido.

- totalmente y no seguiremos con esto hasta que lo hagas. Una petición bastante extraña, generalmente la gente le pedía que, si iba a jurar por algo, que jurara por su madre o por dios ¿Por un río? Eh, suponía que nada malo podía suceder. Una vez que juró por dicho río escuchó claramente el ruido de un rayo tronar por los cielos y eso lo puso en modo de batalla. La vibra que le habían dado ya era extraña y que en un día completamente despejado sonara un rayo después de hacer un juramento la cosa le pintaba peligrosa.

Los siguientes veinte minutos fueron casi un caos, solo su mente de soldado y doctor junto con la activa intervención de los tres lograron evitar que tuviera un completo ataque de pánico, hey no era todos los días en que te enterabas de cosas como que los dioses existían y cosas de ese estilo. Una vez que la fascinación inicial pasase adoptó un profesionalismo del cual no sabía que era capaz de hacer y procedió a hacerle los exámenes médicos que podía hacer sin alertar al resto de sus colegas/empleados de la clínica sobre la presencia de un ser sobrenatural que, aparentemente, podía manipular el agua y respirar en ella, tenía enormes ganas de hacer experimentos más adelante para ver dónde terminaba el ser humano y cuando comenzaba el dios o si es que ni era el uno o el otro. Pero decidió enterrarlos y revisarlos otro día, ahora tenía que hacer unos exámenes y luego diseñar otros además de hacer un par de cambios en la clínica para poder llevarlos sin mayores inconveniencias.

De todas las pruebas que hizo ninguna cayó en parámetros normales, en todo él excedía las expectativas para un niño de 6 años. Los reflejos eran casi instantáneos, a pesar de que todavía no podía controlarlas. La fuerza de su antebrazo era fenomenal, tenía uno de estos ejercitadores de mano el cual le indico que lo apretara y lo hiciera hasta que se cansara, pasó tanto rato que decidió hacer otras pruebas mientras seguía apretando el aparato una tras otra como si nada hasta que le dijo que parara porque estaba más que claro que podía seguir por mucho más. Solo podía imaginarse lo fuerte que era el niño.

Planeaba utilizar todas las técnicas de mapeo que conocía para tener una imagen mucho más completa con lo que estaba trabajando. También debía consultar con sus colegas experto en el desarrollo, había muchas áreas mentales que seguramente serían diferentes, pero él no estaría seguro en lo mucho que variarían. Lo único malo de todo esto era que no podía divulgar realmente nada de lo que vio hoy, debido a ciertas promesas mágicas. Tendría que conversarlo en más detalle con Jacob si querían que hiciera un buen trabajo, por supuesto que no revelaría la información de origen divino, pero sí debía revelar ciertas cosas o sino sus colegas no tendrían ni idea de cómo ayudarlo


La ligera neblina que cubría la ciudad daba una cierta sensación de soledad que, si bien para muchos no era bien recibida, Percy la encontraba como lo que más necesitaba en el momento. Hace un par de días, después de la visita al doctor y de agendar una nueva, les avisó a Samuel y Jacob de que comenzaría a entrenar bajo la tutela de un entrenador olímpico, haciendo énfasis en la parte de olímpico, quien lo instruiría en el arte de la lucha. Al principio fue muy bien recibido hasta que reveló la razón de por qué lo iba a hacer y ahí la cosa se puso cuesta arriba.

La idea de que él fuera de cacería buscando criaturas mitológicas que acabarían con adultos como si nada no les sentó para nada bien. Hecho del cual no sabía cómo sentirse. Por un lado era extraño, y hasta se sentía bien, que se preocuparan tanto por él. A la vez lo encontraba muy frustrante de que preferían se quedara de brazos cruzados mientras Jacob trabajaba por los tres mientras Samuel intentaba encontrar trabajo. Ellos no entendían que él podía aportar y aportar harto o del hecho de que llevaba luchando contra monstruos mucho antes de que se conocieran. Sí era peligroso, eso no lo negaba, y sí casi se muere un par de veces, experiencias que nunca olvidaría, pero estaba mejorando y además iba a entrenar justo para eso, llegar a ser lo suficientemente bueno como para que esas cacerías dejaran de ser peligrosas. Tampoco era como los monstruos dejarían de existir o que se quedaría por el resto de su vida en el hogar, era irrealista y hasta él se daba cuenta de ello por lo que estaba seguro que ellos también lo veían. Tal vez por ello al final decidieron dejar de hablar de ello en mitad del concurso de gritos.

- hey chico- dijo una voz profunda y baja que parecía retumbar. Al darse vuelta se encontró con la figura de un hombre alto que vestía una chaqueta de cuero un tanto extraña, en su grueso cuello había un collar de dientes de los cuales un par se asemejaban a un serrucho. Sus pantalones eran de un género que no reconocía y tenían un patrón extraño, líneas interconectadas que no parecían terminar nunca* en un loop sin fin. Lo más interesante de este hombre, sin embargo, no era su vestimenta, sino su pelo que era verde oscuro que le recordaban al color de las hojas de ciertos árboles.

- ¿quién eres?- preguntó con la guardia en alta. Al notar la reacción del chico sonrió y dicha sonrisa le dio un escalofrío que recorrió por todo su cuerpo. Los dientes del hombres eran similares al de una bestia, listos para arrancar un enorme pedazo de carne, y en ese instante se dio cuenta que estaba en frente de alguien de origen divino.

- buena reacción, siempre atento frente a lo desconocido- felicitó con su resonante voz- supongo que no serás tan patético después de todo- agregó con gusto.

- ¿qué?- soltó confundido. El hombre por su parte soltó una ligera carcajada a la vez que parecía reevaluar su opinión del muchacho.

- pero no pareces ser muy inteligente, al menos no todavía y me encargaré de arreglar eso- comentó en voz alta- si no lo habías pillado, soy tu nuevo maestro, entrenador, instructor yada yada yada como quieras llamarme, lo único que necesitas saber de mi son dos cosas: uno, me llamo Rarthus y dos, seré tu peor pesadilla por las siguientes tres semanas- dijo con un tono tan amenazante, tan aterrador que Percy brevemente pensó en dar media vuelta y correr hasta lanzarse de cabeza al mar. Antes de que pudiera responder sintió una extraña sensación que envolvió todo su cuerpo y de un instante a otro pasó a sentirse lo más desorientado posible con grandes ganas de vomitar sus entrañas.

- ¿mareado? es de esperarse, esa es simplemente la reacción de todo ser que no sabe teletransportarse- dijo con un tono desinteresado mientras se paseaba de un lugar a otro. Una vez que la sensación pasó se dedicó a analizar los alrededores. Estaban ubicados en un gran círculo de piedra con diferentes adornos grabados en ella. Al salir del círculo había un par de bancas que parecían ser para descansar. Más allá de ellas había una enorme y densa selva que parecía devorar toda la luz posible dando una extraña e incómoda sensación con el solo hecho de pensar en ella y ahora que estaba pendiente de ella no podía evitar sentirse observado, como si algo fuera a salir de manera repentina en su momento de mayor debilidad.

El hombre hizo un ruido con su garganta que capturó su atención y en el momento en que su vista cayó sobre él se congeló momentáneamente. La apariencia completa había cambiado. Ahora vestía una armadura de pies a cabeza de un color negro con decoraciones doradas que parecían resplandecer por su propia cuenta. En su cintura habían dos espadas al lado izquierdo, una espada europea y un florete, ambos que parecían tener un aura verde y, a momentos, roja. Le ponía los pelos de punta con tan solo mirarlos. En el rostro del hombre aparecieron tatuajes, principalmente en los cachetes, de un color negro profundo. Lo más llamativo, sin embargo, no era el nuevo atuendo o sus tatuajes, era la cornamenta que había aparecido en su cabeza. Se asemejaba a la típica de los demonios que mostraban en la tele al salir del temple solo que estos se parecían más al de una cabra debido a que se daban dos vueltas circulares sobre sí para luego terminar en unas temibles puntas dirigidas hacia el frente de él amenazándolo con atravesarlo de una embestida.

- entonces- dijo mientras sacaba su espada europea y asumía una posición de pelea- no te mueras- dijo con una suave y aterradora voz que lo puso de inmediato en alerta. Menos mal fue así porque de lo contrario el golpe diagonal de la espada lo habría decapitado en vez se simplemente darle un ligero corte en el costado del cuello. De un instante a otro se vio luchando por su vida.


1* Rinoceronte de Dobirneil: No existe (como todas las criaturas mitológicas) y simplemente me la inventé en el momento.

2* Busquen patrones celtas.

Heilung, Berserker's songs, es una de las principales piezas musicales que me ayudan a escribir, se las recomiendo enormemente. (Les dejaría el link pero no me deja esto por algún extraño motivo.)

Música que escucho y que ayuda en general:

Eluveitie, Epica, Avantasia, Those Who Ride With Giants, Sabaton, Universe in a crayon (canción), Attack on Titan OST, Assassins Creed OST (Altair y Ezio), Frostpunk OST, Gorillaz, Andromida, Widek, Distant Dream, Insomnium, Aephanemer (instrumentales), Euphoreon, Hades OST y Halo: ODST OST.

Espero que les guste tanto como a mi me gusta :)

En otras palabras, lamento la demora... reconozco que no trabaje en ello como me habría gustado o ustedes preferido.

Por favor díganme lo que les gusto y no, sugerencias para mejorar, lo típico. Si tienen insultos adelante con ellos, mejor acá que en otro lado. Si tienen preguntas, de la historia o personal o incluso si no tiene nada que ver con ello háganlas no más, probablemente responderé a todas ellas a lo mejor de mi habilidad.

Espero que les haya gustado la historia (denle una oportunidad a la música) y espero verlos pronto. Que tengan un buen día y me despido.