De vida o muerte
El dolor era incesante, sin piedad y siempre creciente. Cada instante que pasaba despierto sentía un nuevo corte siendo añadido a su pequeño cuerpo, una nueva contusión agregado a la gran lista. La falta de sangre ya le había comenzado a jugar en contra, hace rato que sufría de un chillido que taladraba los oídos, su visión había comenzado a tener pequeños destellos de luz que le hacían dudar sobre los ataques de su oponente, apenas podía concentrarse lo suficiente como para evitar las peores heridas y sus pesados jadeos apenas le daban el aire suficiente para continuar. Lo peor de todo era la resonante risa de maníaco que parecía venir de todos los lados de la arena, incluso del interior de la jungla. Lo hacían sentir como una presa enjaulada en el matadero, lista para ser descuartizada en cualquier momento. La ansiedad que amenazaba con devorar su cuerpo era otra pelea que tenía liderar y lo horrible de ello es que lo distraía de la verdadera amenaza, el dios que lo atacaba sin detenerse por ningún motivo. Cada instante que pasaba en el círculo de piedra ensangrentado una voz en su mente le gritaba que diera media vuelta y que corriera lo más lejos posible. Su lado racional, lo poco que iba quedando, gritaba de vuelta que su oponente era mucho más veloz que él y que en el instante que se diera vuelta no llegaría a sentir la espada que atravesaría su pecho o que cercenaría su cabeza.
- ¿ese es tu límite?- dijo una profunda voz. Sabía que provenía del dios y realmente no quería contestarle, aire gastado en palabras era aire menos que recibía su cuerpo y no podía permitirse perder ni un solo respiro. Así que en vez de responderle se preparó para el siguiente ataque con la espada en alto y enfrente de él a la vez que su escudo protegía el costado. Quería convencerse de que estaba preparado, pero la verdad es que ni su mente ni cuerpo estaban cooperando. Sus músculos se sentían como si estuvieran duros como una piedra y, a la vez, lánguidos como esas figuras vacías de plástico que bailaban al ritmo del aire fuera de las tiendas de autos. Una extraña mezcla que se añadía a la larga listas de cosas que distraían su mente del objetivo principal, sobrevivir.
- supongo que nunca te relajarás a estas alturas, lo que significa que logré mi objetivo- comentó en voz alta mientras masajeaba su cuello- lo que es excelente, siempre tendrás oponentes que tratarán de distraerte con palabras, ya sea tratando de convencerte de nuevos tratos, insultos para desbalancearte, falsos halagos o lecciones en mitad de la pelea tratando de que te ajustes a un modelo de lucha el cual no podrás domar en un instante- explicó mientras se paseaba y su espada descansaba en su hombro- estar siempre preparado para cualquier ataque será la primera clave para sobrevivir las luchas, si no dominas la pelea entonces asume que tu oponente siempre estará tratando de acabar con tu vida incluso si es que no lo parece ¿comprendido?- preguntó con un tono imperativo a la vez que excedía un aura de total autoridad. El chico solo asintió, el resto de su mente estaba dividida en recuperar el aliento al mismo tiempo que preparaba la respuesta al siguiente inminente ataque.
Con un chasqueo de los dedos convocó una botella con un logo extraño y un líquido dorado que brillaba con fuerza, parecía ser divino. El dios le lanzó la botella al chico quien no reaccionó a ella y simplemente dejó que se azotara frente a sus pies. Durante los siguientes minutos nadie hizo nada. Percy tenía su "penetrante" mirada sobre el dios mientras que dicho estaba quieto en su lugar mirándolo de vuelta, casi como si estuviera admirando la escena.
- chico- llamó su atención- eso que te di es bebida de los dioses y no cualquiera, es néctar tradicional el cual tiene el curioso efecto de curar la gran mayoría de las heridas de los semidioses ¿eres semidios cierto? ¿no quieres recuperar el aliento? sé que por el estado que estas mientras más tiempo dejes que pase más débil te volverás y solo terminarás dándome más ventaja, sé que dije que siempre tengas la guardia preparada incluso ahora, eso no significa que debas pasar por alto las pequeñas gracias que se te presentan o sino terminarás igual de muerto que aquel que decidió payasear en un duelo. Frente a esa nueva información el pequeño recapacitó sobre sus opciones. Sabía que, realísticamente, no tenía cómo reaccionar a ese hombre, una y otra vez ya había demostrado que si quería acabar con él de verdad podía hacerlo ¿Qué tenía que perder si era una trampa? Esa era la pregunta a hacerse y la única respuesta era, no más de lo que pasaría si es que no hacía nada.
Finalmente decidió tomar el néctar del suelo y luego la bebió con voracidad. El sabor de ello era lo mejor que podía haber probado, experimentó sabores que ni siquiera pensaba que fueran posibles. Sintió su mente aclararse, de pronto su cuerpo se sentía lleno de vigor, ninguna montaña era tan alta como para no escalarla o lago tan ancho como para no nadarlo. Todas las molestias y dudas que atacaban su determinación fueron erradicadas en un santiamén. Tan pronto como llegó desapareció y volvió a sentirse como regularmente se sentía antes de que lo molieran a golpes. El dios se rio ligeramente.
- ahora que eso esta de fuera del camino tengo que admitir que tu forma es decente, si continuas entrenando, ya sea por tu cuenta o con la guía de alguien más, podrás reaccionar sin siquiera pensar frente a cualquier situación debido a que tu cuerpo hará por ti lo que tu mente no puede- felicitó- solo preocúpate de que la forma sea efectiva y vacía de ridiculeces- advirtió-lo que te falta es complementar con verdadera experiencia, un error muy típico de todo novato es que sus formas están hechas para luchar contra enemigos pasivos, enemigos que no te están tratando de matar activamente, enemigos que no buscarán llevarte con ellos al Hades, una verdadera pena- comentó para si- algo que he visto en la arena en gladiadores aspirantes es que al luchar contra bestias piensan que el correrse hacia al lado mientras este se abalanza sobre ellos con sus fauces listas para triturarlos es que ese es el único ataque y terminan muriendo porque la bestia cambió de dirección hacia ellos o los descuartizó con las zarpas que atacaron en el último instante- comentó con un tono sombrío a la vez que sus ojos parecían brillar con un inquietante tono rojo.
Ignorando lo último que dijo su mente ya estaba en otro lado. Con esas palabras, imágenes de un enorme perro infernal se adueñaron de su mente. Nunca lo había pensado, pero la destrucción que causó ese demonio en busca de su sangre fue masiva, cuando creía que estaba cerca y dentro de rango atacaba en todas las direcciones con la mayor fuerza que podía generar, los árboles de la zona eran evidencia de lo brutal y determinado que fue en tratar de matarlo. Las cicatrices de su espalda sobre el "zarpazo" que sobrevivió indicaban la suerte que tuvo. La bestia le había desgarrado la espalda, de eso no había duda, lo que sí pudo haber pasado y menos mal no fue que no le dio con todo el largo de su garra, de lo cual estuvo seguro, o si no habría muerto en ese instante o por lo menos quedado paralítico de por vida sin importar de que tanta agua recibiera.
Rarthus reconoció que el chico estaba reflexionando sobre sus palabras y decidió no presionar ningún ataque. En estos momentos era mejor que absorbieran completamente la lección antes de pasar a lo práctico. Estaba bien interesado en el chico si es que era honesto, era muy diferente del resto de los demidioses. Podía verlo en sus ojos, el instinto asesino que casi ningún semidios desarrollaba antes de los catorce, la inquebrantable voluntad de perseguir la muerte de su oponente bajo cualquier método disponible. Estaba claro que él ya había luchado por su vida y no en el típico sentido. No, sus peleas probablemente fueron en las que él literalmente estuvo entre la vida y la muerte, en las que un pequeño paso significaban su entrada al mundo de los muertos. Ahora él estaba, en mente y alma, preparado para defender su vida sin importar qué. Eso facilitaba su trabajo y ahora tenía que simplemente trabajar en lo práctico, darle forma y disciplina a su cuerpo y mente para poder crear un verdadero guerrero, uno digno de los campos de elíseo.
También tenía este ligero presentimiento en las esquinas de su mente que le advertían de que él se estaba conteniendo lo que no le hacía sentido en lo absoluto. Lo atacó con tal brutalidad que cualquiera veía que el niño estaba luchando por su vida, él temía por su vida. En esos momentos no hacía sentido contenerse, al menos que creyera que utilizar esa carta misteriosa lo pondría en un peligro mayor. Frente a ese pensamiento no tenía ni la menor idea de qué hacer con ello o sobre la naturaleza de lo que podría estar escondiendo por lo que decidió guardarlo en la parte trasera de su mente. Tal vez en un futuro algo saldría que aclararía las cosas, hasta entonces solo lo distraía de las cosas importantes.
- entonces- dijo captando su atención- el mejor ejemplo que tengo para todos mis estudiantes es que cuando entrenen se imaginen que están luchando contra ellos mismos, alguien con la misma determinación que tu, alguien igual de empeñado en matarte e igual desesperado y te darás cuenta no solo de tus aperturas, sino de lo difícil que puede ser luchar contra alguien que no dudaría en matarte frente a la más mínima señal de debilidad- explicó con su retumbante voz- en toda pelea debes asegurarte de cada golpe va con la intención de matar al oponente o sino tus ataques flaquearán y tu enemigo podrá contratacar en esos instantes sabiendo que ese ataque no persigue su vida. Tomo un momento de silencio para dejar que revisara sus palabras y formara sus propias conclusiones.
- ¿qué pasa si es que no quiero matar al oponente?- preguntó de manera vacilante. Al menos llegó una pregunta que no era le era extraña, siempre surgía esa pregunta generalmente orientada a duelos de práctica o competencias no a muerte.
- entonces perderás- fue la respuesta- si no atacas con la intención de acabar al oponente todos tus golpeas y movimientos serán más débiles, expuestos a la duda, y tu oponente se aprovechará de ellas, solo si dominas al oponente la pelea puede acabar sin que ninguno de los dos muera, si no la dominas entonces el oponente buscará dominarte y cuando lo haga estarás a su piedad y nunca quieres estar a la voluntad de tu oponente- agregó con total seriedad. Para demostrar su punto procedió a remover su armadura y luego remover una chaqueta de cuero que vestía debajo de la coraza. Cuando removió todo Percy logró ver una enorme y fea cicatriz que recorría desde la cadera derecha hacia el diafragma.
- solo mi desesperación me salvó de morir y créeme, incluso como dios la muerte es un tema con el que nunca quieres lidiar- comentó con un hilo de voz solemne, sus ojos duros y distantes- como sea, escucha bien mi siguiente consejo pues es uno de los más importante que te voy a dar- dijo con más fuerza a la vez que volvía a equiparse las prendas- en cualquier pelea estar a la defensiva es justo lo que no quieres hacer, porque de esa manera quien controla el ritmo de la pelea es tu enemigo, tu debes ser quien siempre controla la pelea, quien la dicta, para poder ganar y la mayoría de las veces solo se dará si es que estas a la ofensiva en especial si es que estas contra varios oponentes- tomó una pausa- si estas rodeado ataca como condenado hasta que logras escapar de su trampa y de allí nunca dejes de moverte como atacar, no dejes que te rodeen en ningún momento o sería lo mismo que pedir a gritos que Thanatos venga a recogerte- advirtió con severidad- las únicas instancias en las que estar a la defensiva son aceptables son cuando estas en un duelo y cuando estás más agotado que tu oponente, a la defensiva lo que quieres no es ganar en sí, sino ganar tiempo, recuperarte mientras el oponente se agota y una vez cuando estés al mismo nivel ataca con todo, si cualquiera de los requisitos que mencioné en un principio no está entonces te estás ofreciendo a perder.
Percy, quien se había recuperado considerablemente, revisó sus palabras detenidamente. La pelea contra el perro volvió a surgir en su cabeza. En el momento en que el cangrejo surgió y los dos comenzaron a pelear entre ellos decidió esperar hasta que una oportunidad se presentara. Tal vez, en ese instante, fue la decisión más astuta que pudo haber hecho en toda su corta vida. Haberse sumado habría sido, tal como dijo el dios, pedir a gritos su muerte lo cual era algo que prefería nunca lidiar con ello. Otro momento que se le vino a la cabeza fue cuando estaba contra esos SWAT. Solo en el momento en que inició un ataque potente fue cuando logró minimizar sus heridas y aumentar sustancialmente el daño que les hacía a ellos.
- ¿entonces cuando me encuentro contra varios debería reducir la ventaja de ellos al atacar y eliminar sus números?
- correcto.
- ¿y colocarse en un lugar como un callejón para evitar dicha superioridad?- preguntó sin sonar muy seguro de su razonamiento. El hombre sonrió con satisfacción.
- veo que al final de cuentas si eres inteligente- dijo con una ligera carcajada- sí, fue una técnica que usó el rey de Esparta Leónidas I contra la invasión persa, el tomó su ejercito junto los refuerzos de varias polis griegas y se dirigió al desfiladero de Termópilas donde esperarían la llegada del ejercito persa el cual era mucho más numeroso que el de los griegos, cerca de 6.000 contra 210.000, una diferencia colosal y sin embargo lograron tener varias victorias en las que repelieron a los persas, todo porque redujeron significativamente la ventaja de números que habría tenido el ejercito persa en un campo abierto, si bien la historia de esa batalla termina con la derrota de los griegos en ese instante demuestra muy bien el ingenio de los generales de ambos bandos, los griegos redujeron la ventaja numérica dejando la batalla cargada a su favor y los persas luego decidieron mandar parte de su ejercito por la retaguardia encerrando a los griegos en una masacre- tomó una pausa- pequeño hijo de dios guíate por esa batalla, los griegos hicieron bien al utilizar el desfiladero a su favor, tal como lo harías tú en un callejón, pero si enemigos aparecen por tu espalda tal como los persas lo hicieron estás perdido, ser encerrado es casi un final seguro- terminó con un tono sombrío. El ambiente se vio sumido en un extraño y cómodo silencio que no iba a durar mucho.
- suficiente descanso- anunció con fuerza- es hora de seguir pequeño- agregó con una amenazante voz. Apenas logró reaccionar con su escudo el cual recibió gran parte del impacto que lo mandó a volar un par de metros.
El entrenamiento había sido duro y exhaustivo. Pensó varias veces en que se iba a morir, pero logró aguantar hasta el final del entrenamiento. Las últimas palabras de su nuevo maestro fueron "lucha como entrenas". A pesar de que le hacía mucho sentido todavía estaba bien resentido por el dolor y terror al cual fue sometido. Sabía que Hermes le había prometido que él iba a ser entrenado por los siguientes tres meses, pero su profesor le dijo que "iba a ser su peor pesadilla" por tres semanas. Tal vez serían varios profesores y a él le tocaban las primeras tres semanas ¿Otra opción? por ahora no se le ocurría nada más así que se quedó con la respuesta previa. Lo que sí sabía es que iba a entrenar con él todos los días sin falta y eso le daban ganas enormes de simplemente echarse en su cama y no salir, realmente le quitaban las ganas de hacer cualquier cosa, hasta lo más mínimo.
Con un suspiro decidió irse al mar, al menos allí podría relajarse y pensar con claridad. Si había un lugar que lo hacía sentirse bien era allí, en su elemento, el lugar donde tenía más control que cualquier otra persona, exceptuando a Poseidón, pero dudaba que se fuera a encontrar con él en su vida y no era tampoco como que se muriera de ganas por verlo.
Antes de dirigirse al mar le avisó a Jacob, quien estaba descansando en su día libre, que iba a pasar un buen rato sumergido. Él, quien todavía tenía problemas para adaptarse a las nuevas nociones, le dijo que ojalá llegara antes de la cena para que pudieran pasar un momento todos juntos y que ojalá volviera lo más temprano posible porque no quería pasar el día solo. Samuel iba a estar ausente por la mayoría del día, según avisó en la mañana, debido a que iba a una entrevista de trabajo, por ende la razón de la breve soledad del anciano. Percy le aseguró que haría todo lo posible para estar presente para la cena y se despidió desde lejos.
El contacto con el agua lo relajó de inmediato, siempre lo había hecho y no pareciera que fuese a aburrirse de ello pronto. Se sumergió en las profundidades y a medida que se alejaba la suciedad del océano se volvía más escasa. Dentro de unos minutos la orilla de la playa apenas era visible. A esas alturas decidió que era una buena idea explorar el mar y sus secretos.
Al principio todo era asombroso para el pequeño, la vida marina era muy colorida mucho más de lo que era sobre la tierra y ese detalle le fascinaba. Los animales parecían disfrutar enormemente de su presencia, la gran mayoría siendo peces que no sabía distinguir, y había un grupo de delfines junto con una solitaria mantarraya parecieron tomar gran placer en acompañarlo. Los delfines se comunicaban constantemente, comentando sobre el "cachorro" que era Percy y lo muy tierno que era. No sabía cómo sentirse al respecto, pero tenía que admitir que lo trataban de acariciar se sentía muy bien, cosa que también hacía de vuelta y ellos parecían disfrutar.
Con el tiempo el asombro del océano comenzó a enfocarse en los únicos seres que si eras capaz de entender, lo cual atribuía a sus sangre divina, siendo los delfines y los ocasionales pulpos. Los cetáceos cuando no estaban hablando de su apariencia o su "alteza" hablaban sobre rumores y cosas del pasado, hablando especialmente de la vez que decidieron matar a un tiburón entre los treinta. Los octópodos pensaban en voz alta constantemente sobre "¿qué estaba haciendo su alteza aquí?" "¿estaba en busca de tesoro?" "¿estaba cazando dignos oponentes?" y la que más lo enfurecía "¿está perdido?". No, él sabía muy bien donde estaba, a tan solo 5.341 metros... de tierra... lo que era raro y decidió ignorarlo. Lo único útil que quedó en su mente de los pensamientos de los pulpos fue la idea de encontrar tesoros sumergidos, tal como lo hacían en las películas, y que podía utilizar la ayuda de la vida marina, que parecía simplemente estar encantada con él, para encontrarlos.
Salió a la superficie por un breve momento para revisar cuánto rato llevaba sumergido. Aparentemente no era mucho considerando que el sol ni había alcanzado su zenit. Con cualquier tipo de presentimiento de que algo malo iba a pasar eliminado, el típico que surgía cuando uno hace una promesa y siente que la va a fallar, decidió seguir explorando con total relajación.
Sumergido en el agua decidió relajarse solo para ser interrumpido de la manera menos esperada. De pronto un angelical sonido llegó a sus oídos y su cuerpo se congeló. Los peces siguieron existiendo con normalidad, pero los más inteligentes se vieron alarmados de inmediato. De un instante a otro era un griterío del cual nadie se podía entender. "Ya vienen" "debe correr" "somos suficientes" "es una de ellas" "¿será ella?". No sabía qué sacar de ello, nada le hacía sentido. Los pulpos terminaron por nadar a esconderse en el suelo junto a lo que sea que estuviera cerca para pasar más desapercibido. Los delfines quedaron congelados en una mezcla de terror y fascinación. El suave tacto de unos dedos deslizándose por su mejilla le puso todos los pelos de punta.
- hola mi pequeño don- dijo una voz a su oído con una suavidad inimaginable. Con esas palabras su cuerpo entero se relajó. Al darse vuelta se encontró con una imagen de ensueño, un recuerdo en el que decidió no volver a pensar dudando de su veracidad y sin embargo aquí estaba con su suave y pálida piel café, sus potentes ojos azules y la suave sonrisa de sus labios que irradiaban cariño. Su voz murió en su garganta, el motor de la mente se detuvo en seco y su cuerpo le siguió el ejemplo.
- ¿te acuerdas de mi?- preguntó mientras se inclinaba un poco hacia la derecha, como si quisiera verlo mejor. Él solo pudo asentir desconfiando de su propia habla. Eso le pareció agradar porque soltó unas pequeñas y armoniosas carcajadas que parecían hipnotizar a quien sea que la escuchara. Solo podía admirarla, su alma se encontraba en un transe el cual jamás había experimentado.
- hey- trató de llamarle la atención- se me ocurre que jamás nos presentamos y si bien adoro llamarte pequeño don quisiera también llamarte por tu nombre- explicó con una sonrisa siempre presente. Él asintió lentamente, pero no dijo nada. Frente a su silencio se rio ligeramente y murmuró un par de cosas con un poco de molestia presente en su voz.
- bueno, supongo que me presentaré primero- se limpió la garganta- me llamo Kiria- dijo con elegancia a la vez que hacia una curiosa y extraña reverencia. Cuando sus expectantes ojos se posaron sobre él mientras todavía mantenía su saludo logró despabilar de su extraño trance.
- uh... eh... me llamo Perseo- dijo con inseguridad sin saber bien qué hacer al final optando por hacer una pequeña reverencia. Ella sonrió contenta.
- un gusto en conocerte pequeño Perseo- respondió a la vez que se enderezaba.
- prefiero que me digan Percy- dijo rápidamente mientras abandonaba la reverencia.
- Percy entonces- corrigió de inmediato- ¿te encuentras mejor?- preguntó con suavidad. La pregunta lo tomó por sorpresa.
- ¿mejor?
- desde la última vez que nos vimos por supuesto ¿te acuerdas cuando nos vimos estabas llorando? ¿envuelto como una pelota sobre ti? esa vez ¿te encuentras mejor?- preguntó con ternura. Ah, esa vez. La verdad es que no sabía qué decirle, no estaba seguro sobre cómo sentirse respecto a ese día y todos los eventos que terminaron por desembocar en él llorando sumergido en el océano. Se sentía mejor de eso no había duda, la sofocante presión en su garganta, la sensación de que su pecho iba colapsar, el extraño y siempre presente vació en su nuca habían desaparecido. Esas sensaciones que solo se dio cuenta de ellas cuando desaparecieron y ahora estaba mucho mejor de desde entonces. Eso no significaba que hubieran cosas que no volvieran a atormentarlo y tampoco sabía como lidiar con ellos. El pasear por la vereda haciéndole preguntas a extraños solo hizo las cosas un poco más claras, pero aún así no le decían qué hacer. Suponía que dentro de todo el estaba
- mejor- fue su apenas audible respuesta. La mujer lo miró con atención, observando cada pequeño movimiento de su pequeña figura a lo que él decidió evitar su mirada. Al poco rato decidió que era suficiente y sonrió con calidez.
- me alegro entonces- luego su mirada se desvió hacia los lados por unos instantes y volvió a posarse en él- hey tengo una duda ¿estás solo?- preguntó con evidente curiosidad.
- por ahora sí. Esa respuesta le causó un poco de confusión y sorpresa.
- ¿ah sí? ¿y quién te acompaña por acá en el mar?- cuestionó mientras inclinaba la cabeza y colocaba ambas manos sobre su cadera.
- bajo el agua nadie, pero...
- pero sobre tierra sí- completó- de acuerdo entiendo, sueles tener alguien que te acompaña- explicó. Quiso corregirle, si bien durante los últimos tiempos Sam y Jacob sí lo acompañaban a dónde sea, a pesar de que no salía mucho, él usualmente no iba acompañado a ningún lado, pero tampoco sentía que debía decirle ello y no tenía ni idea de dónde salió dicha sensación. Así que solo asintió en afirmación. Ella sonrió con suavidad.
- dime Percy ¿has visitado los reinos marinos?- preguntó con una extraña sonrisa. Si no fuera porque la esencia de la pregunta era tan novedosa y captivante le habría puesto suficiente atención a esa sonrisa.
- ¿hay reinos? ¿cuáles?- preguntó un poco emocionado. Kiria soltó una ligera carcajada que hacía bailar el alma.
- por supuesto que hay, tal como existe Olimpo existen otros tanto en los mares como en el inframundo, pequeño, los mundos divinos son muchos más extensos de lo que te imaginas. Eso le causó un gran interés al niño ¿De qué tan extensos estaban hablando? ¿Hay varios? ¿Mundos enteros bajo el agua? ¿Hay más de un reino en el inframundo? De pronto sintió enormes ganas de explorar por su cuenta y parece que la mujer sintió sus ganas porque lo primero que hizo fue invitarlo a visitar un reino.
La invitación fue algo sorpresivo y bienvenido. Casi acepta en el instante hasta que luego se acordó de algo importante, ella era básicamente una extraña. No tenía una idea real de quién era. Su forma de ser era amigable, invitante y su belleza hipnotizante, sin embargo él ya sabía de que las apariencias y gestos podían ser trampas, mentiras que escondían un ser mucho más horrendo de lo que se podría imaginar. Los monstruos adoraban disfrazarse como buenas personas y la experiencia más reciente ardía con fervor recordándole que si no era cuidadoso podría terminar de nuevo en una horrible sesión de tortura. Puso una considerable distancia entre ella y él a la vez que meneaba la cabeza.
- lo siento, pero tengo que estar devuelta en casa- dijo con un poco nerviosismo mientras trataba de disfrazarlo como arrepentimiento. Ella por supuesto que notó el cambio de actitud y sonrió ligeramente ante ello. Ella sabía bien qué era lo que andaba dentro de la cabeza del chico por lo que decidió no presionar.
- no te preocupes, no hay problema- dijo con suavidad- eso sí espero que vuelvas a visitar estos lados prontos, la invitación seguirá abierta indefinidamente- agregó- supongo que nos despedimos, adiós pequeño y suerte. Dándose media vuelta se alejó velozmente hacia las profundidades. Percy no alcanzó a despedirse, pero no le importó mucho. Ahora tenía unas grandes ganas de volver a su casa.
- de todas maneras hay un tema bien importante con el que tenemos que lidiar- anunció después de un largo rato de silencio- esto es algo que se presenta principalmente en los semidioses, sin importar de su naturaleza, y es que piensan y actúan como mortales. Eso trajo de vuelta al pequeño recordando que estaba enfrente de un dios bastante letal que solía tratar de matarlo sin advertencia todo el rato, según él cada vez que mostraba una debilidad lo cual le dolía un poco en el ego.
- pero... si soy mortal.
- de eso no hay duda- fue la respuesta inmediata acompañada de una aterradora y depredadora sonrisa- a lo que voy es que piensas y miras las cosas como si fueras humano ignorando que eres mitad dios, tu alma es divina y tu cuerpo también tiene rastros de divinidad, más de lo que te imaginas. De un momento a otro apenas logró ver el filo que venía directo a su cabeza. Logró levantar su espada a tiempo a la vez que se agachaba para evitar ser atravesado por el dios. El ruido de las espadas chocando fue registrado por ambos, el pequeño se sintió aliviado de poder oírlo todavía y el otro simplemente sonrió con satisfacción.
- ¿ves a lo que me refiero? un humano cualquiera habría estado escuchándome hablar y de un instante al otro en el inframundo sin idea de cómo llegó allí, tu sin embargo lograste ver mi ataque reaccionaste de la manera adecuada, algo adecuada al menos, algo que ningún humano en su vida sin importar cuánto entrene podría hacerlo- dicho eso retiró su espada y abrió una distancia entre ambos- es importante que te des cuenta que no estás limitado a lo que un mero mortal está atrapado, tienes la esencia de un dios corriendo por tu ser y como tal puedes aspirar y llegar a sus niveles, entrena como dios y no como humano y te aseguro que habrán muy pocos enemigos en esta existencia que podrán hacerte frente y menos aún que podrán ganarte.
- ¿incluso tu?- comentó con una sarcástica sonrisa. Claramente el comentario no le sentó bien al dios porque este al instante comenzó una avalancha de ataques. Durante los siguientes cinco minutos, que parecieron ser eternos, Percy realmente creyó iba a morir a ahí. "Yep, me maté por mi estúpida boca" pensó con un poco de humor tratando de evitar que el mero terror lo devorará y que cuando se disipase despertase en el inframundo. En mitad de la serie de ataques Rarthus comenzó a hablarle.
- ¿sabes cuál es el objetivo de entrenar chico?- su voz más seria que nunca- mejorar, esas es la respuesta fundamental, la principal, pero entrenar tiene una filosofía detrás que si no está presente nunca se llegará a ninguna parte- agregó al mismo tiempo que plantaba una poderosa patada a su escudo que terminó por sentar al chico. Trató de usar el momentum para rodar hacia atrás y volver a pararse. En mitad del giro recibió una patada en el rostro y que amenazó con romperle el cuello, sí o sí se lo dañó. Otra patada lo mandó a volar un par de metros.
- buena idea- anunció con fuerza- para un ignorante- añadió con severidad. Entre su nublada mente apenas logró levantar el escudo para evitar ser atravesado por el rostro. Casi de inmediato sintió que estaba siendo levantado del suelo y al siguiente momento estaba de nuevo volando por los aires.
- usar los ataques del enemigo hacia tu favor es una buena idea que es difícil de aprender y más aún de ejecutar- felicitó mientras caminaba hacia él con calma- el gran error es que soy mucho más veloz que tu y el error fatal contra quienes son más veloces que tu es no tenerlos en tu vista y más aún darles la espalda. Cuando el pequeño semidios logró pararse y reorientarse el dios atacó con un amplió tajo horizontal hacia sus piernas. Si hubiese estado más claro de mente habría notado que el ataque era extraño, pero lamentablemente no fue así por lo que decidió saltar hacia adelante con la idea de evitar el ataque a la vez que mantenía el escudo arriba protegiéndose de cualquier subsiguiente ataque. Ni siquiera vio la mano que tomó el borde exterior del escudo y de pronto se encontraba girando por los aires una otra vez. Parece que su maestro lo estaba haciendo dar giros en círculos yendo cada vez más rápido hasta que de un segundo a otro se había estrellado contra un gran árbol en el cual se incrustó levemente.
- ahora este error si fue total estupidez- comentó disgustado- he demostrado numerosas veces que soy más fuerte y veloz que tu y sin embargo decidiste utilizar una movida que a menos que puedas volar es completo suicido, cuando saltas pierdes cualquier tipo de movilidad y con ello le das toda la ventaja al enemigo en ese mismo instante- explicó a la vez que se paseaba de un lado a otro. Percy por su parte estaba tratando de salir del tronco con lo que parecían ser varios huesos rotos y un cerebro bien revuelto.
- cuando saltas pierdes la fuerza de tus piernas, la fuerza del suelo, no puedes cambiar dirección o velocidad ni nada por el estilo, cero movilidad, cero, que te quede en la cabeza que quien es estático en una pelea está condenado a morir, pero eso no es la principal lección que te quede en tu blando cráneo- exhaló con extraño cansancio- para que el entrenamiento funcione tienes que creer en un principio que eres capaz de cambio, que eres capaz de cambiar, sin esa creencia fundamental entonces es imposible superar a otros, menos aún superarte- volvió a exhalar mientras el chico ya estaba en el piso tratando de pararse- escucha bien, todo profesor, maestro, entrenador yada yada yada lo que sea que quieras llamarlo no vale ni el aire que respira si es que no entrena a su estudiante con la intención de que va a superarlo, yo espero que llegues a superar porque significaría que te enseñé todo lo que necesitabas saber y lo más importante... la disciplina y determinación para que puedas mejorar por tu propia cuenta que es mi objetivo principal- finalizó con una suave voz.
- entonces ¿quieres que te llegue a ganar en un futuro? ¿para eso me entrenas?- preguntó mientras jadeaba.
- en parte, a fin de cuentas un profesor que solo enseña contenido es un profesor fallido y yo me considero uno bastante bueno- comentó con una ligera carcajada- supongo que eso será por hoy, huf, bueno en resumen, no eres humano así que no entrenes como tal, ahora no eres capaz de derrotarme, pero eso no te debería detener, continua y en algún futuro demás que podrás, tengo fe en ti de que puedes hacerlo, bueno hasta la próxima- se despidió y con un chasqueó Percy fue envuelto en un manto de luz cegadora.
Un par de golpes sonaron de la puerta lo que no era extraño a estas horas, generalmente era gente que venía a promover sus productos o servicios dependiendo de la naturaleza de la empresa para la que trabajaban, a veces era alguien buscando una mascota perdida y muy de vez en cuando, a lo cual daba gracias, era algún religioso tratando de propagar su religión. Él era creyente, un católico, pero se oponía vehemente a predicarle a otras personas que al final solo terminaba con que odiaran más la religión que estaban profesando. Sí algún ateo o miembro de otra religió le pedía información sobre la suya con gusto compartiría, sino entonces e quedaría callado al respecto. Golpes volvieron a sonar en la puerta y se dio cuenta de que se había quedado absorbido por sus pensamientos.
- ¡Max la puerta!- sonó una voz femenina desde el segundo piso.
- ¡Ya voy cariño!- respondió automáticamente. Dicho ello se levantó de la mesa del comedor donde estaba trabajando con su laptop y fue hacia la puerta. Entre cansancio y un poco de exasperación olvidó revisar por el ojo de pez y procedió directamente a abrir la puerta. De las posibles sorpresas de las que se encontró esta era una de las más improbables que había en su mente.
- Max- dijo el hombre con un tono neutro. Él por su parte se fue al otro extremo.
- ¿¡SAM!?- dijo casi gritando.
- no era la bienvenida que me esperaba pero se acerca un poco a ello- comentó con despreocupación.
- ¿qué haces por acá?- preguntó de inmediato estando todavía en una especie de estupor. Samuel se encogió de hombros, dentro de lo que podía.
- ¿acaso no puedo visitar a mi hermano porque quiero?- preguntó con una sonrisa coja. Esas palabras tuvieron un cambio instantáneo en la expresión de Max, de un rostro devorado por emociones a uno distante y desconectado estando vacío de cualquier perturbación.
- por la manera en que me rompiste la mandíbula yo diría que no. El veterano exhaló con cansancio.
- veo que no has dejado eso de lado- comentó casi murmurando.
- difícil de olvidar cuando queríamos ayudar y tu respuesta fue partirme la cara. Era evidente que estaba combatiendo en su interior para contener la máscara de total indiferencia, máscara que Sam encontraba bastante pobre. Quiso refutarle, estaba en la mitad de hacerlo, su mano ya levantada, pero decidió lo contrario. Tomó un gran respiro y exhaló con suavidad.
- lo sé- admitió con un poco de tristeza tiñendo su voz. La respuesta fue realmente inesperada para él, tanto que dudó de si y con una temblorosa voz preguntó.
- ¿qué? A lo que el veterano no pudo evitar soltar una carcajada vacía.
- tan así eh- murmuró- mira, sé que estaban tratando de ayudar y realmente preferiría continuar esta conversación adentro, está a empezando a doler la pierna y en especial las axilas- agregó a la vez que le daba un ligero golpe a sus muletas. Él asintió a modo de afirmación y lo invitó a entrar con un gesto. Girándose hacia una dirección en particular de la casa gritó.
- ¡cariño! mi hermano Sam llegó así que voy a estar ocupado.
- ¿Samuel? ok- dijo un poco incierta- ¿necesitas ayuda con algo amor?- respondió la voz de su esposa volviéndose más fuerte acompañada del ruido de unos pasos.
- no por el momento. Los pasos ahora parecían venir de unas escaleras.
- ¿quieren unos aperitivos?- preguntó justo saliendo detrás de la esquina del pasillo.
- yo lo apreciaría- anunció Max estando ya adentro mientras su mirada se deslizaba exploratoriamente por los interiores.
- seguro- respondió a la vez que cerraba la puerta- gracias Lila- agregó con una sonrisa. Ella asintió y se dirigió a la cocina. El sonido de platos e ingredientes siendo movidos comenzó a reinar en la cocina. Max por su parte guío a su hermano a la sala de estar donde este se sentó lo más rápido que pudo, la expresión de alivio en su rostro indicaba indicaba que sí pasó un buen rato parado o caminando y Max habría comentado que estaba exagerando, pero se contuvo.
- entonces ¿cómo has estado?- preguntó el residente.
- últimamente mejor- respondió el invitado- de hecho más de lo que habría imaginado- añadió a la vez que se encogía de hombros y hacía una mueca. Max arqueó una ceja al mismo tiempo que se inclinaba hacia adelante.
- ¿en serio? bueno cuenta un poco- dijo con un tono insistente. Una complicada expresión fue la respuesta dejando bastante claro que la cosa no era sencilla. Al pasar un buen rato en silencio Max decidió indagar un poco más.
- hmm ¿todo bien? ¿pasó algo malo?
- dije que estaba bien- interrumpió con evidente hostilidad.
- ok, ok- levantó las manos tratando de calmarlo- te creo, pero necesito que te pongas de mi lado Sam, te pregunto si puedes contarme algo y de pronto eres un mudo.
- y porque me...- tomó un respiro y exhaló con fuerza- mira, la cosa es complicada y necesito que te quedes con eso- pidió con un aire de rendición. Max no respondió de inmediato más preocupado en analizar en la respuesta de su hermano. Decía estar bien, pero se rehusaba a compartir cómo eran dichas circunstancias y esto lo llevó a concluir dos respuestas. O estaba mintiendo o estaba avergonzado de algo en particular, tal vez eran ambas. Samuel no era un mentiroso, al menos con él, de hecho varios problemas durante sus vidas ha sido que él es muy directo con lo que piensa ¿Cómo continuar? Simple, pero antes de que pudiera continuar su esposa apareció con una bandeja que tenía dos platos con sándwiches y dos tazas con café en ellas.
Los dos comieron con lentitud y en silencio, cada uno en su propio mundo. Después de lo que pareció ser diez minutos de silencio Sam rompió el hielo hablando sobre memorias de cuando eran pequeños. Hecho eso el viaje por el pasado comenzó para ambos, riéndose de la mayoría de los recuerdos que tuvieron, de las estupideces que hicieron, de las cosas que hacían, según sus padres, cuando eran bebés, de sus pequeñas obsesiones, entre muchas otras cosas. Estaban atrasando el tema que los había reunido y ambos lo sabían. Había cierta ansiedad en el interior de ambos, preguntándose quién de los dos iba a ir al grano.
- entonces ¿por qué viniste hoy?- preguntó Max. Sam hizo una mueca de incomodidad a a vez que se rascaba la cabeza.
- ne... ne, hmm- murmuraba. Sea lo que quería decir claramente le costaba, si su tartamudeo no era una pista obvia entonces era la forma en que se movía en el asiento y se frotaba la frente. Después de tratar de salir con ello por un minuto decidió simplemente decirlo.
- necesita ayuda- dijo con fuerza y frente a la mirada expectante de su hermano continuó- necesito encontrar un trabajo, estoy viviendo en un lugar en el cual necesito ser capaz de poder colocar algo en la mesa y como están las cosas es imposible para mi- explicó vencido. Un incómodo silencio apoderó de la atmósfera. Sam ya se estaba sintiendo rechazado ni siquiera habiendo pasado un segundo. Por su parte Max estaba perdido en sus pensamientos ¿Era acaso lo que estaba escuchando realmente lo que estaba escuchando? A los pocos minutos de silencio él sonrió.
- por supuesto que te ayudaré, no te preocupes.
Este día era uno extraño, lo podía sentir en sus entrañas. A dónde sea que mirase podía sentir como los animales estaban inquietos, listos para salir corriendo, o nadando en este caso, a la primera señal de peligro. Había decidido irse a bañar al mar a las primeras horas del día para poder relajarse y prepararse mentalmente de la horrible paliza que su entrenador le iba a dar.
No sabía qué sentir de ese hombre ¿Lo odiaba? Sí, detestaba cada segundo que pasaba corriendo y defendiendo su vida mientras hacía sus risas maniáticas ¿Lo respetaba? También, sabía de lo que hablaba, lo podía sentir además de que los ejercicios que hacía o el condicionamiento que le taladraba en la cabeza que siguiera estaba dando pequeños resultados. Cada vez que cruzaban sus espadas era capaz de aguantar un poco más, de salir herido menos y los momentos de desesperanza y terror eran cada vez menos.
Al salir del agua corrió a vestirse de manera apropiada, tenía la certeza de que si alguna vez olvidaba su armadura entonces perdería por lo menos un brazo y realmente no quería tomar riesgos evidentemente innecesarios. Una vez listo con su equipamiento fue a esperar donde siempre Rarthus lo venía a recoger. Cuando llegó la hora apareció en un destello de luz y una vez que este desapareció notó de inmediato que algo estaba mal.
El dios estaba frunciendo con fuerza, la mandíbula tensa, sus tatuajes brillando y su cornamenta expuesta. Una opresiva aura de color rojo lo envolvía llegando a cortarle el aire que tomaba por garantizado.
- chico- su profunda voz resonó por los aires- hoy se cancelan tus lecciones, te recomiendo que no hagas nada estúpido hoy y cuídate. Dicho eso volvió a desaparecer en un brillante destello de luz. El chico quedó estupefacto ¿Qué acaba de pasar? Algo malo de eso no había duda ¿Qué cosa en específico había ocurrido? No tenía ni la más mínima idea y tampoco tenía ganas de ir a averiguarlo, sería estupidez pura en especial cuando ya tenía la advertencia de un dios.
Segundos después de que concluyó de que hoy trataría de mantenerse dentro del hogar apareció Hermes. Él tenía una seria expresión en su rostro y vestía un extraño ropaje, túnicas negras con capucha que buscaban esconder lo mejor posible a su usuario. Con una seria expresión le dio la misma advertencia que el dios guerrero. "Mantente bajo perfil y no hagas nada estúpido" advirtió antes de desaparecer con la misma rapidez con la que llegó. "Genial" pensó el pequeño "vaya manera de ser vago a la hora de decir que mi vida está en riesgo".
Decidiendo seguir el consejo de ambos dioses se quedó en el vacío hogar. Samuel y Jacob ambos estaban ausentes debido a que tenían que trabajar, Sam había llegado en la tarde de hace una semana contando que había conseguido un puesto administrativo en una empresa cuyo nombre no compartió, pero no era como que importara. Fue bastante sorpresivo para el anciano y el niño, quienes recibieron las noticias con alegría, porque el joven les había dicho que las cosas no estaban pintando bien en su cacería. Algo que fue más impactante considerando que el chico estaba volviendo a sonreír como lo hacía antes.
Lo primero que se le vino a la cabeza fue en entrenar, repasar formas y hacer condicionamiento físico tarea que Rarthus le repetía de manera constante añadiendo que guerrero que no está en forma es como más un erudito en el combate y como menos un idiota en camino a la tumba. Luego recordó el regalo del viejo veterano, el cuaderno que le ayudaría a colorear mejor sus dibujos. Con una coja sonrisa decidió ir a darle un intento.
Ya siendo las 8PM el cielo estaba completamente cubierto por un espeso y atemorizante manto negro. Los vientos eran tan potentes que más de alguna señal de tráfico salió volando por las calles causando en más de una ocasión accidentes que terminaban con idas al hospital, también parecía que en cualquier momento comenzaría a llover un torrencial jamás visto en décadas. Debido a los grandes vientos las olas de la costa se elevaban varios metros por los aires a la vez que daban la sensación de que estaba lloviendo por todas las gotas de agua que salían volando. A veces parecía que la marea estaba subiendo como a veces parecía que se calmaba lo que era una vista bastante bizarra. Todos podían sentir que algo extraño y malo estaba pasando.
Los dos humanos sentados en la mesa acompañado al semidios no sabían que pensar. Estaban tratando de adivinar si es que los eventos que estaban ocurriendo eran naturales o actos de los mismos dioses. Percy trató de calmarlos diciendo que las cosas pasarían y que hasta donde sabía no les iba a pasar nada lo que logró, con cierto grado de éxito, en relajarlos.
Pasada la media hora a Jacob le dio un fuerte ataque de tos que no parecía que iba a terminar pronto y si eso no era poco a Samuel le empezaron a dar escalofríos incontrolables. Todos reconocieron que ambos o ya estaban enfermos o estaban camino a ello. Para su desmayo colectivo sus condiciones parecían que estaban empeorando con cada rato que pasaba.
Percy sabía qué hacer, conseguirles remedios ¿el problema? simple, no tenía remedios a mano. Pensó en utilizar el agua para curarlos tal como lo hacía consigo, pero no dio resultados. Luego recordó que utilizó su sangre para sanar las heridas de Jacob cuando se encontraron, pero en el instante que ofreció la idea fue rechazada con una férrea resistencia, los dos adultos simplemente se rehusaban a recurrir a tal método. Antes de perder la cabeza Jacob anunció que había una farmacia a unas siete cuadras de donde estaban lo que era una distancia considerable a pie sobre todo para un niño, por suerte el chico no era un niño cualquiera y podría correr de ida y vuelta demorándose tal vez la mitad. Antes de salir lo obligaron a que a saliera con todo su equipo de pelea puesto porque no querían que se arriesgase a cualquier infortunio.
Corrió todo el camino de ida solo parando en momentos como cuando iba a cruzar una calle o algo extraño le llamaba la atención. Más de alguna vez creyó ver las sombras moverse y se preparó para que una pelea se librase solo para que nada sucediese al final. Estar consciente de lo sobrenatural convertía a una persona en nuevo tipo de paranoico, tal vez no era el mejor término, pero el pequeño no conocía otro demoró 20 minutos en llegar y no estaba tan cansado, la respiración estaba un poco forzada. No se detuvo a pensar en el hecho de que había progresado notablemente en su físico, después se felicitaría.
Antes de entrar en la tienda una figura atrapó su total atención por unos instantes y sintió unos escalofríos recorrer su espalda. Cada pelo estaba de punta y una familiar y muy desagradable sensación comenzó a retorcer su estómago. Frente a él había una adolescente muy bella conversándole a un hombre adulto. En eso no había raro o perturbador. Lo que sí era perturbante era los gestos y movimientos que hacía la joven hacia el hombre, eran atractivos, lo invitaban hacia a ella y lo peor es que sentía que el aire al rededor de ella era diferente que además parecía distraer la atención al hecho de que era muy bella.
Se quedó congelado en su posición observándola sin saber que hacer. Sus pensamientos estaban por todos lados, desde sacar su espada cortarla a la mitad hasta dar media vuelta y correr lo más lejos que sus piernas pudieran llevarlo. Escuchó que ella le estaba rogando algo y que estaría "muy contenta" de devolverle el favor. Con fascinante horror se quedó observando, esperando, la reacción del hombre. Este por su parte asintió y entró con ella a un minimercado que estaba al lado de la farmacia.
Los segundos avanzaron con tortuosa lentitud convirtiéndose después de una eternidad en minutos. Finalmente, cuando el hombre salió junto a la chica esta tenía colgando de su mano una gran bolsa con varios productos. La mirada de ella se deslizó por los alrededores cayendo brevemente en la figura de Percy solo para continuar como si no existiese en primer lugar. Luego se dio vuelta y se paro de puntillas a la vez que se apoyaba en el hombre sobre su pecho para darle un invasivo beso que él devolvió con igual vigor. El humano movió lentamente su mano sobre los abdominales de ella y terminaron por agarrar su ceno mientras que con la otra mano le apretó el culo. Unos gemidos muy familiares y aterradores salieron de su boca. Tan rápido como empezó terminó y ella se separó del hombre.
- espero volver a verte bonito- dijo con un suave y atractivo tono. Dicho eso le dio un par de palmadas en el pecho, se dio media vuelta y comenzó a caminar en la dirección de Percy quien todavía estaba congelado en su lugar. Ella pareció notar la mirada del pequeño porque se desvió hacia él cuando estaba pasando a su lado y con un fruncido y una mirada de disgusto le espetó.
- córrete mocoso. Sin decir nada más continuó caminando hasta desaparecer de su vista. Varios momentos pasaron hasta que escuchó que alguien se acercó desde dentro a la puerta de la farmacia e hizo un ruido que redirigió la atención del pequeño. Estaban cerrados, o al menos eso decía el cartel. Un sentido de urgencia se disparó en su interior y corrió a tocar en la puerta.
- ¿disculpe?- gritó. El hombre con el delantal blanco se dio media vuelta y gritó desde adentro.
- estamos cerrado.
- pero necesito un remedio- gritó de vuelta.
- ¿no puedes esperar hasta mañana?
- no, se enfermaron hoy y cada segundo que pasa empeoran más- explicó con desesperación.
- ¿y no hay nadie más que pueda encargarse de ello?- preguntó mientras se acercaba a la puerta.
- no, solo somos Sam, Jacob y yo, ellos están enfermos. El hombre suspiró con fuerza a la vez que se apretaba el puente de la nariz.
- asumiré que Sam y Jacob son los que están enfermos- anunció a nadie en particular- entonces ¿cómo son ellos?
- ¿cómo?
- adultos, enfermedad crónica, todo lo que puedas decirme sobre su fisiología, cuerpo mejor dicho- corrigió al final al recordar que está con un niño.
- hmm, dos adultos veteranos, Sam está en sus veinte y Jacob estaría en sus sesenta, creo, a Sam le falta la pierna de la rodilla para abajo y... no sé que más.
- ¿cuáles son sus síntomas?
- eh, Jacob tenía un ataque de tos incontrolable y se estaba volviendo más ronco y áspero al minuto mientras que Sam le dio escalofríos que no paraban, comentaba que tenía mucho frío. El hombre asintió con lentitud.
- ¿está Sam embarazada?- preguntó. Percy fue tomado por sorpresa.
- uh... Sam es un hombre- respondió sin entender a qué iba la pregunta. Su expresión cambió a una de sorpresa por unos instantes y meneó la cabeza como si se estuviera castigando por algo.
- ya veo, espera aquí por un rato. Dicho eso se dio media vuelta y se adentró en la tienda. Al pequeño no le quedaba otra más que esperar. A los pocos minutos apareció el vendedor con una pequeña bolsa en mano la cual procedió a ofrecerla al niño quien la aceptó de inmediato, pero el hombre no la dejó ir de inmediato.
- asegúrate que Sam no pase frío y tampoco traten de sudar la fiebre, eso empeorará su condición bastante, respecto a Jacob puedes recomiendo que beba té caliente sin cafeína o agua helada, ambas ayudan y asegúrate de no comer o beber de las mismas fuentes que ellos, o sea no compartas vasos o platos y esas cosas- suspiró con cansancio- bueno, espero que se mejoren y dejé las instrucciones en una nota adentro de la bolsa por si acaso. Dicho eso dejó ir la bolsa y comenzó a cerrar la farmacia de manera definitiva.
Percy miró brevemente los contenidos solo para asegurarse de que al menos había algo, si era honesto no tenía ni idea cuáles hacían qué y solo podía confiar en el farmacéutico. Cerro la bolsa bien, la aseguró con cuidado entre sus brazos y partió corriendo como condenado de vuelta. Solo logró recorrer dos cuadras con un apenas audible gritó llegó a sus oídos.
Fue repentino y desapareció con la misma rapidez. Era agudo por lo que lograba recordar, pero no tenía más información con la que trabajar. Sabía que si era apenas audible para él entonces debía estar relativamente lejos o en un ambiente encerrado para que los sonidos no pudieran salir. Memorias de una seductora sonrisa de fresa venían a su mente y luchó contra los escalofríos que amenazaron con dominar su cuerpo. Meneó la cabeza con fuerza, alguien estaba en problemas y ya tenía una idea de quién podía ser el responsable.
Cerró los ojos y trató de escuchar con atención los alrededores. Las calles estaban casi vacías debido al panorama ambiental, nadie quería estar afuera cuando nada parecía pintar bien. Con ambas manos en sus oídos giró varias veces sobre sí tratando de obtener un sentido de dirección. La estrategia tuvo éxito y logró escuchar otro agudo grito teñido de desesperación. Con determinación, sin antes asegurar la bolsa de remedios, partió corriendo hacia la dirección en que creyó escuchar los gritos.
Corrió lo más rápido que pudo por una cuadra más o menos. Los ahogados gritos eran pocos por lo que no podía averiguar con precisión, pero sabía que estaba cerca, tenía que estarlo porque o sino alguien más los habría oído y no veía a nadie reaccionando ante ellos. De pronto comenzaron a aumentar en frecuencia lo que era bueno y malo a la vez, bueno porque podía encontrar la posición exacta de quien necesitaba ayuda y malo porque sea lo que esté sufriendo se había intensificado.
Antes de poder continuar los cielos tronaron con gran intensidad y comenzaron a llover un torrencial nunca antes visto en las últimas décadas, sintió como los mares se agitaron con fuerza y la misma tierra se sacudió con fuerza. El terremoto fue de tal intensidad que escuchó varias ventanas y otras cosas de los alrededores romperse mientras que a los autos estacionados se les disparó la alarma. De pronto todo era una cacofonía que taladraba sus oídos. Un terror comenzó a asentarse en su pecho. Podía sentir en su sangre como algo malo acababa de suceder.
Trató de enfocarse de nuevo en los agudos gritos, pero eso ahora le era imposible con el mar de ruidos que lo envolvían. Por suerte, o tal vez al contrario, un conjunto de tenebrosas risas llegaron a sus oídos y supo que solo había un tipo de seres que regocijarían del dolor ajeno, monstruos. Con determinación y un fuego en su interior corrió en su dirección.
Se detuvo en frente de lo que parecía ser un gran garaje del cual provenían las depravadas carcajadas y los desesperados gritos. Tenía que ser inteligente, no podía entrar de cabeza sin saber contra quienes se enfrentaba, podían ser fácilmente monstruos entrenados en combate y frente a ellos si no tenía alguna especie de ventaja entonces podría terminar perdiendo o peor con la muerte de la persona a la que vino a rescatar.
Trató de distinguir alguna forma de entrar, pero no veía nada en el frente a parte del gran telón de metal cuyo nombre desconocía. Se rehusaba a entrar por ahí, no solo sería difícil, también les advertiría sobre su presencia perdiendo la ventaja en el proceso. Luego pensó que en la mayoría de las cuadras siempre habían callejones internos y probablemente encontraría una puerta trasera. Sin deliberar más utilizó la ventaja que Zeus le había dado en forma de lluvia y con un retorcijón de su estómago comenzó a crear una escalera de hielo que llegara hasta el techo del garaje lo que se demoró cerca de medio minuto. Una vez terminada se apuró en subir, por supuesto sin antes dejar la bolsa en un basurero donde estaba seguro que nadie buscaría allí.
Una vez en el techo notó que habían grandes ventanas de forma piramidal que daban hacia al interior del edificio. Se asomó con cuidado para ver quiénes eran los monstruos con los que estaba lidiando. Estaba todo bien oscuro y la única luz provenía de una enorme fogata que tenía un gran caldero burbujeante encima. Tres enormes figuras se estaban riendo y contando chistes al rededor de la fogata mientras señalaban en una dirección. Eran cíclope, de eso no había duda, sus roncas y profundas voces deberían haberle advertido que estaba contra enemigos bastante grandes. Su mirada se desvió en la dirección que estaban señalando y se detuvo en una figura humana femenina que colgaba de cabeza de una sola cadena fijada al techo ¿Cómo estaba colgando? No tenía idea y tampoco le importaba, solo sabía que tenía que ir a salvarla y para ello tenía que saber como entrar.
Lamentablemente debido a la oscuridad no había descubierto cómo entrar siendo la única gracia que al menos sabía contra quiénes iba a pelear. Se dirigió hacia el borde interior del techo y este efectivamente daba hacia un callejón interior y para su suerte logró ver una puerta de la cual estaba seguro que lo llevaría al interior. Creo un palo de bombero con el que se deslizó hacia la entrada. Trató de abrir la puerta, pero estaba cerrada *¡duh! ¿por qué estaría abierta?* pensó con exasperación. No quería entrar destruyendo la puerta, eso los alertaría por lo que tendría que buscar otra solución. En su desesperación recordó que casi todas las puertas con cerradura tenían un pestillo por dentro por lo que solo tenía que pasar agua al otro lado de la puerta y desbloquearlo por dentro. Sonaba fácil en teoría, pero en práctica terminó por demorarse tres minutos en desbloquear la puerta.
Una vez adentro navegó con cuidado procurando no chocar o botar nada en la oscuridad a la que se veía enfrentado, su dedo siempre estaba sobre el anillo listo para atacar en cualquier momento. Al poco rato llegó a la puerta que daba al garaje donde estaban los monstruos y su víctima. Se le contrajo el pecho cuando notó la condición de la mujer a pesar de que solo la podía ver por detrás. La cadena por la que colgaba tenía un gancho al final y dicho gancho le había atravesado por el centro la rodilla derecha y ella por su parte con la mano izquierda se estaba agarrando de la cadena para reducir la presión en su mutilado miembro. También notó que el brazo derecho estaba colgando de una extraña manera al costado.
- wuaoh parece que aguanta bastante bien- gritó uno entre carcajadas.
- ¿tu crees que seguirá tratando de agarrar la cadena si le rompemos el otro?- ofreció otro.
- cuidado chicos con no moler la carne mucho- advirtió una voz distintivamente más profunda que el resto.
- sí mamá- respondieron al unísono los dos. Sabía que el tiempo se estaba acabando por lo que se concentró en cómo pelear contra tres enemigos que estaban cómodos en su territorio a la vez q-
- AAAAAAAGH. De pronto estaba volando por los aires aterrizando de cara contra el frío cemento. El aire de los pulmones lo había abandonado y estaba desorientado.
- BUYA- gritó una voz con gárgaras- pille el postre chicos- agregó con evidente orgullo. Entre risas y chistes continuaron conversando entre ellos mientras comenzaban a analizarlo. Sabía que si situación era mala, no había duda, pero tenía que evitar perder el control, evitar que el miedo lo controlara. Aprovechó de que no estaban haciendo nada inmediato y buscó posibles maneras de luchar contra ellos y como asegurarse de que la mujer no muriera en la pelea. Cuando su vista cayó en ella se congeló en su lugar. Era la misma adolescente de antes. Tenía una bola de algo metida en su boca ahogando sus gritos de dolor y terror, podía verlo muy claro en sus ojos.
- hey tengo una idea- dijo la cuarta figura que lo había metido en la situación que se encontraba. El tono con el que lo dijo le llamó un poco la atención, lo suficiente como para mirarlo por un segundo y darse cuenta de que era un humanoide con la cabeza de una cabra.
- ¿oh sí?
- sí- afirmó- hey pequeña semidiosa- se dirigió a la adolescente- ¿quieres salir viva de esto? Con esas palabras capturó la atención de todos los presentes. La mirada en sus ojos se transformó en una de esperanza y asintió vigorosamente.
- uuuuh genial- comentó con una maníaca sonrisa- lo que tienes que hacer es muy simple en realidad- se volteó hacia uno de los cíclopes- hey Margot ¿podrías romper la cadena?- su tonó se tiñó con sadismo con cada palabra que salía de su asquerosa sonrisa maníaca que amenaza con romperle la cara. Ella asintió, compartiendo una sonrisa como la de él. La cíclope se acercó y con ambas manos tomó la cadena la cual fue rota con sorprendente facilidad. Por su parte el pequeño seguía analizando vías de escape y planeando cómo luchar. El golpe que se dio contra el suelo fue bastante fuerte y notable por el grito ahogado que liberó.
- bien ahora que estás libre solo tienes que hacer una cosa, muy pequeña en realidad y con ello serás... libre- añadió con una expresión macabra. Ella asintió mientras liberaba a la vez su boca del material que tenía y así poder respirar mejor.
- bueno ¿ves ese chico de ahí? mátalo, tan simple como eso- explicó con un extraño tono de inocencia. De pronto la atmósfera cambió radicalmente. Percy quedó estupefacto, su mirada fija en la chica. Ella desvió la mirada al semidios y tragó de manera audible.
- necesito un arma- murmuró con una intensa mirada. Los cíclopes y la cabra estallaron a carcajadas mientras que algo Percy se volvió complemente helado, una extraña presión en la parte trasera de la cabeza cedió dándole una extraña sensación de ligereza.
- por supuesto ¿cómo lo haría sino en tu estado?- comentó como si hubiera olvidado comprar algo en el supermercado- ¿Lorenz? ¿una ayudita por favor? Dicho cíclope asintió y con rapidez sacó lo que parecía ser un cuchillo, que era como una espada para los semidioses, de su cinturón y se lanzó a la chica cayendo a unos pasos de distancia. Ella, con gran dificultad todavía teniendo el gancho incrustado en su rodilla que a la vez todavía tenía un pedazo de cadena, se arrastró hacia su arma.
Percy por su parte se paró con dificultad teniendo en mente ya un plan de escape. La mujer no era una amenaza inmediata, si los monstruos estaban tan cómodos como para darle un arma entonces sabían cómo lidiar con ella con gran facilidad. Tenía que eliminar a los cíclopes de alguna manera a la vez que negarle de alguna manera la ventaja del hogar. Su mirada se desvió hacia los cristales del techo y supo qué hacer, pero no ahora. Los entretendría por el momento hasta que estuviera cerca de alguno de ellos para acabarlos. Los cíclopes abrieron espacio para que tuvieran su sangrienta pelea.
- ¡corre!- chilló la chica en mitad de un ataque. Antes de que nadie pudiera reaccionar ya dándose media vuelta cortó a la cabra a través del pecho, pero este corte no fue letal y pudo abrir distancia para evitar el siguiente ataque. Percy se recompuso antes que los cíclopes y con una fuerte sensación en sus tripas los vidrios se quebraron con estruendo debido a la presión del agua dejando caer adentro el gran torrencial. Sus instintos gritaron por lo que activó el escudo y se giro en dirección de los cíclopes logrando bloquear el garrote que cayó sobre él, por supuesto que la fuerza fue tanta que lo mandó a volar un par de metros. Los gigantesco monstruos se abalanzaron con rapidez sobre él siendo que ni siquiera había caído.
- ¡no por favor!- gritó la semidiosa- ¡estoy muy débil y aterrada que cualquiera podría devorarme!- chilló con terror. Al estrellarse contra el suelo activó de inmediato su armadura y la espada para recibir el brutal ataque le venía... solo que no llegó. Los monstruos estaban mirando encantados, babeando cataratas, en dirección de la chica. De pronto tuvo la respuesta *¡sus poderes!* pensó alarmado. Su mirada se desvió a la ensangrentada cabra que era quien estaba más cerca de ella y en segundos caería sobre la chica.
Envolviendo los bordes de su escudo con hielo lo lanzó contra la cabra. Luego procedió a atacar al cíclope más cercano, que todavía estaba ocupado saboreando en su imaginación a la chica, enterrando su espada en la columna. El escudo fue esquivado por la cabra quien se vio forzado a retirarse. Al mismo tiempo un agonizante aullido explotó en los oídos de todo y desapareció al segundo siguiente junto a nube dorada.
- ¡LORENZ!- chilló con terror Margot. Ella se abalanzó como una condenada sobre el chico, cualquier efecto del encanto desaparecieron por completo. Estrujando las tripas de pronto un campo de hielo cubría el piso causando que ambos cíclopes perdieran el equilibrio brevemente antes de que dar un pisotón que terminó por romper el cemento. Eso le dio suficiente para que llegara a tiempo el escudo y prepararse contra el siguiente ataque. Un grito de dolor humano capturó brevemente su atención, la cabra había utilizado la cadena para atraer a la chica hacia a él. Abandonó cualquier idea que tenía en ese instante para pelear contra los cíclopes en favor de eliminar a la cabra. Se corrió de tal manera que ahora su espalda estaba apuntando hacia la cabra y se preparó para el garrote.
Con un brutal golpe por parte del cíclope sin nombre voló hacia atrás, evento que era justamente el que estaba esperando. Se ajustó en el aire con brevedad y ahora estaba listo para decapitar a la cabra. Por desgracia vio venir su ataque y se agachó justo a tiempo, por fortuna le logró cortar sus cuernos haciendo que gritara en agonía.
Aterrizó con una voltereta y cargó contra el monstruo en dolor, pero abandonó la idea cuando notó que Margot había tomado un motor de auto y se preparó para lanzarlo. Sabía que habían dos opciones, él o la chica, y no se iba arriesgar. Rápidamente tomó la cadena que estaba cerca y la tiró con fuerza. La chica aulló de dolor y la recibió con el mayor cuidado que pudo. Levantó el escudo y lo cubrió con una capa de hielo momentos antes de que el motor chocara contra él, tenía que dar suerte que Hefesto mismo trabajó en su escudo o tal vez habría sido aplastado sin haber sobrevivido, eso no significa que salió ileso.
El motor casi los aplastó y cayó al costado de los dos. El escudo había sido destrozado y el brazo de Percy estaba roto a la vez que su hombro dislocado. Ignorando el dolor su mirada se dirigió a la chica. Ella estaba gimiendo de dolor, el color de su rostro era totalmente pálido como el de un fantasma y ahí supo que tenía que terminar esto rápido o ella moriría. Cuando sintió la fractura lentamente regenerarse supo qué era lo que tenía que hacer.
El interior del garaje estaba lleno de agua e incluso había un caldero todavía con agua hirviendo. Con un tirón de sus tripas toda el agua del interior, menos la del caldero, se juntaron para formar docenas de estacas con las cuales atacó sin piedad. La cabra fue apuñalada en casi todo su cuerpo y en el mismo instante explotó en una nube dorada.
Los cíclopes por su parte no sufrieron mayor daño, su piel era demasiado gruesa y estos además se cubrieron su ojo evitando perder herramienta más vital. Eso no detuvo al pequeño quien inmediatamente derritió los restos de hielo más el agua que seguía cayendo y trató de atrapar sus pies en hielo. Por supuesto que no iba a durar mucho, pero no tenía que. En el momento en que se distrajeron les lanzó el agua hirviendo del caldero hacia sus cabezas. Los desgarradores gritos le advirtieron que el ataque fue efectivo. Recordando lo que había hecho contra el perro infernal utilizó el agua para apuñalar sus ojos y, como esta vez había abundancia de agua, la estaca siguió creciendo hasta que atravesaron sus cerebros. Un par de alaridos acompañado de espasmos más y estallaron en una nube dorada.
No se detuvo a pensar sobre su victoria y procedió a tratar la chica. Lo primero que hizo fue sacarle el gancho y procedió a tratar de curarla con agua. Estaba haciendo progreso, pero se dio cuenta que sería muy lento y probablemente moriría. Optando por la siguiente opción con hielo se apuñaló la la muñeca izquierda e hizo un tajo vertical. Ahora con su propia energía divina actuando directamente sobre ella la herida comenzó a sanar a una velocidad que para él era razonable. A los cinco minutos creyó que la herida estaba bien tratada y que la chica no estaba en riesgo inminente. Iba a continuar tratando el resto de sus heridas, pero se detuvo cuando notó que estaba bien cansado por su parte y que todavía no había sanado del todo, además su herida en la muñeca izquierda realmente le había hecho daño y ahora tenía que decidir continuar tratándola y arriesgar a que se desmallara lo que pondría la vida de ambos en peligro o llevarla donde Jacob y Sam quienes al menos deberían saber hacer algo.
Estaba decidido, la llevaría devuelta a su hogar. Puede que todavía no sepa qué pensar de ella, pero había una cosa indudable y era que decidió desechar cualquier promesa que le diera esperanza para darle una oportunidad a él para vivir y una persona así no la dejaría morir si es que él podía hacer algo al respecto.
Hey, espero que les guste esta entrega. Por favor díganme si les gustó mis recomendaciones de música, quiero saber como fan de música más que nada.
Como siempre les pido que comenten lo que les gustó y lo que no les gustó. Si es que notan inconsistencias por favor déjenme saber, me ayudan mucho después de todo soy solo un tipo escribiendo esto y no me ayudo a mi mismo con lo largo que hago los capítulos.
Espero que todos estén bien y sino ojalá que logren lidiar con ello.
Hasta la próxima vez, espero demorar menos.
