— Sólo te estoy diciendo que tengas cuidado, nada más. No es tampoco para que te pongas así, Yuuji.

Las palabras eran suaves pero el tono era cortante; para Yuuji estaba claro que Megumi se había sentido tocado por su mal humor, su hartazgo y la agresividad con la que ya comenzaba a responder a ese tipo de comentarios que, sabía muy bien, no eran malintencionados, al menos por parte de Nobara y de Megumi. La mirada de Yuuji se desvió del césped hacia el lago; estaban recostados debajo de uno de los árboles del jardín principal del colegio en un par de horas de descanso. Habían pasado unos minutos en silencio entre los tres, luego conversaciones sobre un par de temas triviales y finalmente, el tema.

El tema era básicamente el único con el que Yuuji se sentía un tanto incómodo y cansado de hablar; cuando había surgido hacía un par de meses se había preocupado un poco, luego se había tranquilizado y posteriormente se había comenzado a cansar de oírlo. Siempre era el mismo comentario seguido de la misma respuesta por parte del Omega, sólo que su tono se volvía cada vez más cansino e intolerante.

— Lo siento, no quise...no estoy de humor.

— Nunca estás de humor para hablar sobre tu novio, Yuuji.— Nobara siempre metía el dedo en la llaga, aún cuando sabía que aquello perjudicaba el escaso equilibrio mental de Yuuji.— Somos tus amigos, no...no te lo estamos diciendo porque nos guste verte sufrir, sabes.

— ¿Y qué quieres que haga? Como tú, yo no estoy en el exterior, no sé qué carajos está sucediendo afuera. ¿Quieres que desconfíe de lo que me dice mi propio novio, Nobara?

De nuevo, el estallido emocional. Tarde, se percató de que había alzado la voz conforme la indignación iba subiendo palabra a palabra hasta que su queja se había transformado literalmente en un grito fastidiado. Abochornado, agachó la cabeza cuando se percató de que un grupo pequeño de Hufflepuff un poco más allá del gran árbol donde se encontraban habían volteado la cabeza al oírlo.

Pero es que ya estaba cansado, vamos.

Sus ojos se elevaron hacia los de Nobara y lo que vio reflejado allí no le gustó ni siquiera un poquito; había una mezcla de preocupación y pena que alteraron todavía más a Yuuji, si es que eso era posible.

— Voy adentro, me duele la cabeza.

— Yuuji…

Chasqueó la lengua y antes de que alguno de los dos pudiese detenerlo, ya se había incorporado y caminaba a paso firme y rápido hacia el interior del castillo intentando no voltear la mirada. Sabía que ninguno de los dos lo seguía, más porque conocía el cariz incómodo de la cuestión.

En esos momentos literalmente se sentía entre la espada y la pared. Por un lado, hacía un par de meses habían comenzado a correr ciertos rumores. Dichos rumores no salían en ningún periódico pero habían ido cobrando fuerza y seguridad conforme las semanas transcurrían una tras otra y con ellas, los hechos confusos, violentos. Un par de ataques en cierta comunidad muggle en donde se había empleado magia negra, otro más en un local mágico. En ninguno de ellos parecía haber habido víctimas fatales y en todos los casos se podían explicar los acontecimientos por grupos clandestinos un poco reaccionarios - que siempre habían existido - o por azares del destino y coincidencia...hasta que se había suscitado algo un poco más raro y difícil de explicar.

Una desaparición. Y no había sido causada por un grupo extremista desconocido ni por personas aisladas, sino que la facción responsable de aquella y de los sucesos anteriores tenía nombre.

Mortífagos.

Era la primera vez que Yuuji había oído hablar de ellos, pero por los susurros que oía, por los comentarios y rumores que circulaban como pólvora por todo el castillo parecían ser una organización bien establecida.

El problema había surgido no en ese momento, sino un par de semanas después cuando se supo que dicha organización tenía un emblema, una marca por la cual se reconocía a sus miembros.

Una calavera y una serpiente. Yuuji no había querido creerlo, incluso se había negado en el momento en el que se enteró de aquello justificándose en que podía ser una casualidad, en que aquella marca probablemente distaba de la que Satoru se había tatuado en el brazo y que posiblemente no tenían relación alguna.

Hasta que los ataques no sólo siguieron sino que comenzaron a aumentar en frecuencia. Para el inicio del verano ya había al menos un ataque y una o dos desapariciones por mes, la llamada "Marca Tenebrosa" ya comenzando a figurar como el emblema definitivo de los Mortífagos.

Ahora que Yuuji analizaba todo en retrospectiva, al mal humor y la incertidumbre se le sumaba el arrepentimiento. Había cometido el error de comentarle a Nobara acerca del vínculo con Satoru y se le había escapado - como un dato completamente aleatorio y sin ninguna importancia en ese momento - lo del tatuaje que el Alfa llevaba en el antebrazo. Por supuesto, cuando los sucesos comenzaron a volverse más frecuentes y siniestros y la Marca Tenebrosa empezó a conocerse, la muchacha de Gryffindor había atado cabos a una velocidad que hasta el propio Yuuji hubiese logrado.

Había relacionado el tatuaje de Satoru con el emblema de los Mortífagos y atrás de eso, se lo había contado a Megumi. Desde aquel instante, ambos lo acosaban con preguntas, advertencias y recomendaciones varias acerca de lo que su novio estaba haciendo en el exterior. Por suerte para el Omega eran los únicos dos que conocían aquel tatuaje, porque sino…

...iba a quedarse ya sin excusas para defender a Satoru.

Los días comenzaron a transcurrir y la última visita a Hogsmeade llegó tan rápido que el calendario parecía haberse salteado días; cansado de poseer información parcial y de responder preguntas de las que en realidad no conocía la respuesta, Yuuji había sido bastante terminante en su última misiva a Satoru: quería explicaciones, necesitaba saber si él había sido parte de aquellos ataques y conocer a ciencia cierta con quién estaba en pareja.

Mientras caminaba junto a Megumi por aquella callejuela poco transitada en Hogsmeade, los nervios le crispaban la piel. Todas las cartas que Satoru le había enviado desde su último encuentro eran escuetas en cuanto a información, tal y como si temiera que alguien pudiese interceptarlas...lo que logró que Yuuji se pusiera aún más paranoico. ¿Satoru realmente…?

No podía creerlo, se negaba a…

— Yuuji.

— ¿Si?.— el aludido parpadeó un par de veces volviendo a la realidad. Megumi había detenido sus pasos; su rostro apuntaba a una de las vitrinas en donde exhibían una colección de artículos de Quidditch. Si Yuuji no lo conociera como lo hacía, nunca se habría percatado de que aquello era fingido y que en realidad la atención del Ravenclaw se hallaba en otra parte.— ¿Qué sucede?

— ¿Tú le dijiste a tu novio que viniese hoy?

— Sí, ¿hay algún problema?

Como un tonto, antes de un posible ataque verbal Yuuji ya se había puesto a la defensiva. Sin embargo, cuando Megumi ladeó el rostro ahora en su dirección, lo que el Omega vio fue confusión y algo de preocupación. Acercándose, Yuuji se agachó fingiendo observar también a través de la vitrina, el corazón latiéndole a toda velocidad.

— Creo que Gojo no va a venir.—el susurro de Megumi alertó y preocupó aún más a Yuuji.

— ¿Qué dices? Él me dijo que…

— Del otro lado de la calle está Geto.

Megumi había farfullado aquello tan rápido y en un tono de voz tan bajo que Yuuji tuvo problemas para entenderle. Luego, ambos quedaron petrificados con los cuerpos apuntando hacia la vidriera, las miradas consternadas.

— No puede ser.

— Sí, sí puede ser. Yuuji, escucha…

¡Yuuji, tanto tiempo!

Un escalofrío recorrió la espalda de Yuuji al ver aquel recuerdo desde una distancia prudencial. Sus ojos estaban enfocados en él mismo; aquel Yuuji de casi 17 años dio un respingo en su sitio, tragó saliva y fue incapaz de disimular el nerviosismo de su rostro cuando volteó a saludar a Suguru. En ese momento, Yuuji no había sabido absolutamente nada porque Satoru no se lo había contado, pero el instinto del Omega siempre había sido leal y confiable y en esos momentos había gritado sólo un par de cosas.

Suguru había ido hasta allí en lugar de Satoru por alguna razón que Yuuji desconocía...y aquello no podía ser bueno.

Lo segundo que su instinto le advirtió cuando un intento de sonrisa asomó por su rostro al extender la mano y saludar a Suguru, fue que aquel sujeto era peligroso. De las pocas veces que ambos habían coincidido en el colegio a causa de Satoru, Yuuji nunca había pensado realmente nada malo sobre él más allá de la palabrería sobre la pureza de sangre que soltaba de vez en cuando; sin embargo, en aquella ocasión parecía diferente, incluso cuando Suguru se mostraba tan cordial y despreocupado como siempre.

— Suguru...ah…disculpa, pero ¿qué haces aquí? Satoru me dijo que vendría hoy.

— Oh, no te preocupes por eso.— Suguru posó una mano en el hombro de Yuuji y no le pasó desapercibido que con aquella simple acción había alejado a Megumi de él.— Sólo está un poco retrasado, llegará a tiempo. ¿Nos disculpas?

Suguru sonreía cuando su rostro se desvió hacia Megumi; el aludido alternó la mirada entre este y Yuuji hasta que el Omega asintió con la cabeza, no tan seguro de querer quedarse a solas con el mayor. Luego de un último vistazo de advertencia, Megumi se alejó de ellos a paso lento mientras Suguru pasaba el brazo sobre los hombros de Yuuji, atrayéndolo delicadamente y obligándolo a caminar en dirección contraria.

— ¿Por qué estás tan nervioso, Yuuji? No he mentido cuando dije que Satoru llegará pronto.

— ¿A qué has venido? Lo siento, no quiero sonar grosero, es que…

— He venido para conversar un poco contigo. Creo que estás teniendo demasiadas dudas que tu pareja no sabe o no quiere responder.

Cuando Suguru había soltado aquello en un tono que hasta parecía chistoso, los nervios de Yuuji se dispararon una vez más. ¿Cómo es que lo sabía, acaso Satoru se lo había comentado, Suguru había leído sus últimas cartas, qué…?

— Satoru me comentó que últimamente has estado oyendo algunos rumores y que buscabas algunas respuestas.

Habían llegado ya a la pequeña plaza en la que Yuuji siempre esperaba a Satoru; un tanto anonadado por su respuesta, Yuuji permaneció de pie en cuanto Suguru lo soltó y caminó a paso tranquilo hacia uno de los bancos; acto seguido tomó asiento, invitando a Yuuji a unírsele. ¿Le había leído la mente, acaso? Yuuji conocía acerca de la Legeremancia y le preocupó un poco que sus pensamientos estuviesen tan expuestos. Ansioso, aceptó sentarse a su lado aunque con cierta distancia entre ellos.

— ¿Ustedes son los causantes de esos ataques y desapariciones?

Contrario a lo que esperaba para una pregunta tan directa, Suguru expandió la sonrisa de su rostro al mirarlo y Yuuji vio claramente como la diversión le llegaba a la mirada. ¿Se estaba burlando de él, acaso?

— ¿Realmente nos crees con tanto tiempo libre? Claro que no.

— ¿Y la Marca?

— ¿Qué Marca?

— El...el tatuaje en el brazo, Suguru. Tú también lo tienes, ¿no es así?

La sonrisa de Suguru flaqueó en su rostro y la confusión reemplazó a la diversión; Yuuji lo vio frunciendo el ceño, tal y como si su comentario lo hubiese sacado completamente de contexto.

— ¿Tú piensas que tu novio y yo nos hicimos el mismo tatuaje? Disculpa el atrevimiento, pero su pareja eres tú, no yo.

Al oírlo, Yuuji se sintió ridículo y un tanto avergonzado. Incómodo, se removió en el asiento pensando en una forma un poco menos violenta de explicarle que se corría el rumor de que aquel tatuaje representaba a una organización criminal y que él no estaba desconfiando en ese sentido de Satoru. De nuevo, como si Suguru fuese capaz de atravesar sus pensamientos, rió por lo bajo mientras se arremangaba ambos antebrazos frente a sus ojos.

Allí no había nada, ni siquiera el atisbo de que alguna vez hubiese habido algo dibujado en su piel...lo cual consternó un poco a Yuuji.

— Pero…

— ¿Pero?.— un poco más aliviado pero aún confundido y un tanto avergonzado, Yuuji desordenó sus cabellos mientras intentaba formular lo que quería decir.

— Satoru me explicó algo sobre el tatuaje.

— ¿Qué te ha dicho?

Y sin más, Yuuji comenzó a hablar. Probablemente estaba cometiendo un error en soltar la información que Satoru le había dado en confidencia pero, a diferencia del Alfa, Suguru parecía mucho más tranquilo y predispuesto a escucharlo y responder sus dudas. Los minutos pasaron y Suguru parecía tener una respuesta clara y convincente a todo lo que Yuuji exponía y poco a poco el Omega comenzó a tranquilizarse.

No porque los creyera inocentes...sino porque estaba comprobando que la cuestión estaba más que bien organizada.

— Vamos a suponer por un momento que yo capturé a un muggle, lo torturé y asesiné con mis propias manos. Luego de lo que te he explicado, ¿me delatarías, Yuuji?

Yuuji lo observó sin parpadear; el ambiente no era tenso pero el Omega percibía cierto sentimiento de incertidumbre y ansiedad rodeándolos a ambos. Por lo que había entendido, la organización funcionaba como un todo y Satoru y Suguru estaban tan inmiscuidos que la caída de uno significaba la del otro.

Y Yuuji realmente no quería...pese a que…

— No, no lo haría.

Frunció el ceño cuando Suguru le sonrió de una manera un tanto extraña, tal y como si estuviese satisfecho con su respuesta.

— Eres parte de esto, Yuuji. Satoru solo quiere lo mejor para ti, ¿entiendes eso? Él está sacrificándose por una vida tranquila contigo.

— Sí.

— Bien.

Acto seguido, Suguru se incorporó y estiró cuan alto era ante la mirada compungida de Yuuji, una sensación extraña instalándose en su pecho.

Las dudas habían quedado resueltas, pero no al precio que él había estado dispuesto a pagar. De repente, se descubrió a sí mismo cómplice de actos que en realidad desconocía en detalle...todo para resguardar a Satoru, que era en esos momentos la única persona que le importaba en el mundo.

— Le diré a Satoru que te enseñe Oclumancia, ¿has oído hablar de ella?