Cronopios del autor: Gracias por leerme.
ADVERTENCIA: Yaoi.
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Sin nombre
Por St. Yukiona.
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—¿Por qué siempre que hay algo que tenga que ver con países de Medio oriente te veo por aquí? —susurra una voz a su oído, ni siquiera se inmuta. Toma con más calma su trago y lo deja sobre el porta-vasos de madera comprimido con un elegante de diseño grabado en terciopelo y las orillas de metal dorado, un toque muy distinguido—. Aún me sigue resultando increíble que la gente diga que la Naicho sean solos traductores ineficaces...
—Pues tal como escuchaste en el rumor, somos simples oficinistas que nos dedicamos a traducir textos, tú no lo sabes pero no quedamos muy bien parados después del Tratado de San Francisco, y desde entonces estamos limitados en nuestros movimientos con la CIA y la Interpol respirándonos en el cuello —responde con calma viendo hacia el centro del pequeño e íntimo escenario que presenta a una hermosa presentadora de raza negra cantando con una potente voz un jazz clásico—, y por lo visto también a la CBP —murmura dando el último trago.
El contrario no puede evitar reírse cantarinamente y contagia casi de inmediato al que mira el espectáculo, se ríen para ocultar la sorpresa y la diversión correspondientemente.
—Agente K —susurra con voz tenue aún sobre la oreja ajena en forma de contraataque, no se ha movido ni un poco, incluso se recarga apenas una pisca y se mueve solo para pedirle al mesero otra copa para el moreno que frente a él saca un cigarrillo, que se apresura a encenderle en un movimiento fluido.
—Agente K —replica el que ahora fuma y se gira para mirarle a los ojos. No le sorprende verle, aunque su apariencia es diferente a como lo recuerda de la última vez, ahora usa un cabello oscuro y sus ojos no son un cielo profundo sino un color madera, su apariencia general le recuerdan al agente K el parque de Nara en la prefectura de Nara, un recuerdo infantil viene a él antes de suspirar—. ¿Debería de sorprenderme o preocuparme? —cuestiona serio pero sin dejar de sonreír mientras supervisa de reojo cómo le sirven el vodka en las rocas, da un sorbo apenas el bartender se va.
—Bueno... no sé realmente... sólo quería presumir un poco... —dice el de ojos falsos castaños y el agente K se ríe cantarinamente dejando la bebida sobre la barra.
—¿Tratas de conquistar a alguien y estás usando la estrategia del Pavoreal? —Está tentado a caerle en su juego, y aunque tiene un poco de tiempo no se quiere desconcentrar por el contrario, le mira de frente con los labios torcidos en una sonrisa que quizás no van con él pero que de momento le sale natural porque el otro ha descubierto una letra de la escritura romanji de su nombre, y debería estar alarmado porque es información que no debería de estar al alcance de las manos de cualquiera pero por lo que él sabe sobre el contrario está seguro que se esforzó bastante al encontrar ese dato, así que le atribuye algunas medallas y sonríe ahora con sincera diversión porque el ruso espera que le diga algo más pues la afirmación está más que implícita—. Eres todo un caso... —inquiere antes de volver su atención al escenario y recarga su cintura de espalda contra la barra de madera. Saborea otro sorbo de su vodka y una calada de su cigarrillo.
—Mínimo que sí estás un poco sorprendido —parece suplicar el ruso y el agente K se ríe bajito.
—¿Me harás decirlo? —insiste un poco más y al ver la petición en los ojos del contrario no le queda más que suspirar—. Sí, estoy sorprendido y con un poco de miedo... eres la primera persona que lo logra —confiesa como dato curioso antes de mirar su reloj de puño y seguido alejarse por completo de la barra apurando su trago—. La siguiente vez espero podamos platicar más tiempo, esperaré las rosas y los chocolates —dice juguetón antes de apagar el cigarrillo contra el cenicero y alejarse caminando con calma.
El otro hombre suspira profundamente porque la postura erguida y derecha del otro, la esbelta figura en aquel traje de vestir sastre negro y esa blanca piel son una invitación completa, lo había conocido como seis años atrás cuando él apenas era un novato en la CBP, el Departamento de Inteligencia de Asuntos exteriores rusos, tras una exitosa carrera de cinco años en el Ministerio de Asuntos Interiores de la Federación Rusa. Su padre, Yakov Feltsman, había pertenecido previamente a la CBP y personalmente había entrenado al mayor de sus hijos para que siguiera con el viejo legado familiar que se remontaba hasta las filas del KGB en los tiempos más duros del Partido Comunista en la madre patria, incluso desde su fundación tras la caída del zarismo. Y aunque a muchos la idea de seguir una tonta tradición era obligación para otros era un honor pero para alguien como el Agente Viktor Nikiforov era más bien una ventana de escape para conocer las bellezas al mundo al mismo tiempo que llenar su vida de color y emoción, sobre todo desde que se había topado con algo tan interesante como el Agente K.
Su primer encuentro había sido por más tragicómico pues las misiones en cubierto distaban mucho a ser como las series de espías inglesas o las películas de agentes secretos hollywoodense, estas eran en su mayoría de los casos aburridas pero otras tantas altamente peligrosas y mortales. Y justamente tras una misión realmente peligrosa que se había complicado totalmente a mala información recibida por parte de la CBP y entregada a él estuvo a punto de morir muchas veces, sin embargo, la cereza sobre el pastel fue en su retirada donde había sido atrapado infraganti por el cuerpo de la policía secreta de Sarajevo en Bosnia y Herzegovina, lugar donde obtuvo grabaciones que demostraban que el país refugiaba a traidores rusos que serían extraditados apenas entregaran aquellas grabaciones a la ONU. No obstante, una pésima decisión (estúpida, ignorante y egoísta) llevaron al agente Viktor Nikiforov a aprender que para los agentes en cubierto no había funeral ni rendición de honores por su labor a la patria, mucho menos un juicio político, solo una bala directa y limpia en el cráneo y nada más. Por aquel momento pensó en la decepción de sus padres, la vergüenza de sus tres hermanos al tener un hermano mayor incompetente y en lo idiota que había sido al no haber tenido relaciones sexuales o mínimo un enamoramiento al cuál recordar en ese momento en que los segundos de su vida estaban por acabar. Porque por más que lo pensaba no quedaban salidas, estaba rodeado y todos los trucos bajo su manga estaban usados. Sin embargo, primero cayó uno, después otros, y luego los cinco agentes que le rodeaban. Muertos en un charco de sangre silencioso. Viktor había sentido que la presión se le bajaba al no tener una certeza de la situación, solo la fría mirada de un par de ojos marrones que en cuestión de segundo habían aparecido frente a él.
—¿Eres de uno de los cerdos comunistas de Lilia? —preguntó en un perfecto ruso aquella persona y por honor Viktor se habría tenido que volar los sesos pero antes de poder tomar una arma aquel sujeto le disparó en la mano rozándole la piel solo lo suficiente para alejar la mano ajena del arma—. Yo no le mencionaría este desastre, pero si te pregunta algún día... dile que estamos a mano —sentenció antes de caminar de regreso por donde había llegado, desapareciendo como un fantasma que había sido traído y llevado por la lluvia que azotaba la capital de aquel país europeo.
Obviamente el múltiple asesinato no se notificó en las noticias, ni siquiera se presentó queja por parte del Bosnia y Herzegovina, pero por honor y vergüenza contó hasta el mínimo detalle a su jefa directa sobre la intervención de aquella persona que a Viktor.
—¿Y era japonés que hablaba bien ruso, dices? —preguntó la mujer enarcando una de sus delgadas cejas a lo que Viktor respondió con un firme asentamiento de cabeza.
—Sí, señora —respondió para reforzar su previa afirmación.
—Hmp, y pensar que desperdicié ese favor en que salvaran tu patética vida —fue lo único que dijo la estricta directora del departamento antes de despacharlo de su oficina tras haber dejado sobre su escritorio la usb con la valiosa información.
Aquella ocasión Viktor no pudo dejar de pensar en esa persona que se encontró un par de veces más, menos humillantes que la primera, pero igual de impresionantes y acertadas. En algún momento comenzaron a intercambiar palabras, cosas simples, comentarios sobre el clima, sobre alguna atracción turística y la mayoría de las veces insultos del japonés hacia el ruso, no directos, sino discreciones acerca del pensamiento filosófico que había aquejado al país ruso durante tantos años. A Viktor en un principio le había molestado su presencia, pues era casi un recordatorio vivo en que él seguía siendo un novato, un aprendiz, y que los méritos en la academia no valían absolutamente nada. Una cicatriz que rascaba por las noches hasta que sangraba y lo hacía enloquecer, haciendo que los entrenamientos fueran cada vez más fuertes, más crueles, más densos. Se preguntaba qué tanto habría tenido que entrenar aquella persona a la que nombre no le podía dar porque, para variar, era literalmente un fantasma. No lo podían ubicar, no lo podían nombrar, no lo podían siquiera recordar. Era cierto que poseía un semblante común, un rostro asíatico como el de muchos otros, sin ningún solo rastro particular, o al menos para el resto era así, porque para Viktor que lo había deconstruido y construido cada noche de su vida después de conocerlo podía dibularjo y describirlo a la perfección, sin embargo lo que no podía explicar era el aura que lo rodeaba, como un halo roto de luz que lo coronaba y lo consagraba, una particularidad única a la que él anhelaba sin poder expresarlo y solo le quedaba tragárselo con aguardiente, en espera de volver a verlo una vez más.
De pronto, sin darse cuenta, sus motivaciones para salir al campo no era otra que probar suerte y ver si en esa ocasión, lograba toparselo otra vez.
Seis años, se repite ahora y sonríe mientras apura su propio trago. Seis años y lo único que tenía era una letra. K.
—Agente K de la agencia Naicho, por su acrónimo en su idioma original de la Oficina de Inteligencia e Investigación del Gabinete japonés, el equivalente del país nipón de la KBP —había dicho Lilia en una de esas veces en que estaba de humor, o de menos malhumor y que Viktor se había portado particularmente bien, y como premio le respondía una duda que lo había estado carcomiendo. Y es que Lilia traducía esa curiosidad con un sentido de justicia que el agente quería ejercer contra el sujeto que le había rescatado de su abominable primer intento de misión—. Es todo lo que sé de él —dijo seria leyendo el informe que Viktor le había entregado en aquel momento.
—Entonces si es japonés —replicó él y Lilia asintió sin prestarle atención a Viktor, era difícil llevar el ritmo de los pensamientos al albino pero Lilia ya se había acostumbrado, pues a pesar de que las primeras misiones habían sido desastrosas, ahora sólo tenía excelentes resultados de su agente y estaba satisfecha al punto que pasaba por alto casi cualquier falta leve del albino, pues hasta él conocía sus límites—. ¿Y cómo lo conoce usted, señora? —tiró un poco más la soga y por la mirada que le propinó Lilia supo que se había pasado de la raya, sin embargo, para su sorpresa ella suspiró alzándose la manga de su camisa y mostrando una gran herida, una cicatriz de quemadura, química probablemente.
—Él salvó mi vida, y después yo se le salvé la suya dos veces cuando era agente de campo —explicó la mujer sin mucho misterio, pues sabía que así se sacaría de encima el interrogatorio del agente, y funcionó pues el albino se quedó callado, y ella pudo volver a leer.
Viktor abrió los ojos y su cabeza comenzó a hacer cuentas, y recordó que Lilia tenía más de diez años fuera de servicio y Viktor conoció hace apenas seis años al agente K, y si sus matemáticas no le fallaban esos eran 16 años, pero el rostro del agente K no aparentaban más de 22 años, el shock provocó un horror momentáneo por parte de Viktor que tras sus meditaciones estuvo a punto de volver abrir la boca pero la mirada inquisidora de la rusa le hizo solo darse la vuelta para salir de la oficina tras un suave: "Con permiso".
Pide otro trago más, y aún no se cree que el agente K tenga cuarenta y algo, porque es mínimo lo que debe de tener como para que todos los datos que conoce, de forma certera y buena fuente, concuerden, sin embargo, no se puede quebrar más la cabeza porque su objetivo se empieza a mover y él también, sonríe brevemente porque esa noche logró hablar un poco más con el agente K, eso lo hace feliz.
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St. Yukiona.
Quien los ama de corazón, pulmón y páncreas.
