Hola. Después de mucho tiempo y del exitoso estreno de Frozen 2, la mente trabajó en nuevas ideas. Espero que este fanfic pueda llamarles la atención, en tanto les comento, a quienes alguna vez han seguido Cartas para Anna, que estoy trabajando en la corrección de este, ya que presentaba demasiado errores de todo tipo. En tanto eso sucede, pongo esto por acá, una historia corta de la cual espero no salgan más de diez capítulos.

Sí, sí contiene incesto, me resulta muy atractiva la relación amorosa entre estas dos hermanas. A quien le parezca escandaloso, bueno, cierre la puerta después de salir.

Ni Frozen ni sus personajes me pertenecen, son de Disney, y esto es solo la historia de una fan de esta maravillosa cinta.

Cuatro lirios para la Reina

Capítulo 1.

"Permítame presentarme, su majestad, Reina Elsa, excusando la necesidad de revelarle mi nombre. He llegado al punto en el que ya no puedo callar este inquietante sentimiento que me acongoja: la amo, desde hace tiempo estoy enamorada de usted. La situación que abruma y constriñe mi alma es que en este reino usted es… la reina, sin más y tanto peor, su posición es un abismal contraste en referencia al mío; usted no está a mi alcance, y casi con total certeza yo a usted no le intereso, y nunca lo haré; aunque supiera ahora mismo quién soy, yo no podría gustarle, menos del modo en el que sueño cada noche.

Pero no juzgue usted esta información a mal, se lo ruego, sé que no es la mejor presentación pero, le aseguro, mi reina, que tampoco le desagrado, estoy convencida de eso (y tal vez sea de lo único); esto es más bien una cuestión de seguridad para usted y para mí. Sobre todo para mí.

Le suplico, mi señora, que me conceda la oportunidad de acercarme un poco a usted, tal vez podría, no lo sé, llegar a arrancar de sus labios una sonrisa, y con suerte, hasta un suspiro.

Sé que mi carta ahora mismo le provoca descontento y hasta… incomodidad, puedo ver desde que escribo su enfado, lo sé y lo entiendo. Y sé que aún voy a sonar más atrevida y presuntuosa, pero… es que si no lo hago, yo podría desfallecer sin ninguna esperanza, y usted quizá encontrará más difícil hallar… en otra persona… lo que yo le ofrezco; y si las circunstancias fueran distintas, si nuestra suerte no hubiera sido injusta, segura estoy de que podría conquistarla, ni más ni menos, con un romántico y honrado cortejo.

Hoy a la medianoche, si lo concede, cuando ya solo queden guardias en el pasillo horizontal a su cámara, acudiré a su encuentro. No, no se preocupe, por favor, no habrá ningún escándalo por esto, haremos lo siguiente: yo bajaré la manija de su puerta, y si esta se encuentra asegurada, habré entendido que a usted no le interesan las palabras de esta nota, mucho menos conocerme. Pero no significa que su rechazo permeará el primer intento, no, su majestad, le aseguro que voy a luchar, y lo intentaré de nuevo, dos veces más. Pero le prometo, si a la tercera el pestillo sigue asegurado, me tragaré este amor por usted para siempre, palabra de caballero.

Si por el contrario, al bajar la manija esta se abre, entraré a su habitación, y le mostraré que no es necesario sentirse sola, o que deba estarlo, usted tiene derecho a una compañía, lo merece, y yo no le exigiré mayor compromiso que su aceptación, y lo que usted decida después de eso; nada que usted no quiera, hasta donde su majestad decida.

Junto a este hermoso lirio blanco le entrego un pañuelo con el cual vendar sus ojos, una petición muy atrevida, estoy consciente, suena peligroso, pero créame, majestad, yo la amo y nunca le haré daño. El motivo por el cual le pido usarlo es porque, nos conviene que por el momento mi identidad permanezca desconocida, de ese modo protejo mi vida y mi lugar en Arendelle, y así usted no tendrá que lidiar con ninguna pena de encontrarse conmigo en algún pasillo.

Yo seré su secreto, su majestad, nadie va a saberlo.

El único inconveniente que recalco, y del cual espero no tenga usted ningún problema, es que soy una mujer, y si me lo permite, no tenga temor ni duda alguna, la gente dice que soy muy bonita.

Hasta esta noche, la luna que la ama.

Un beso".

La Reina Elsa arrugó la hoja de papel entre su mano, como primera reacción, indecisa sobre sus sentimientos, confusión, enojo, temor o todo junto, ¿quién se habrá tomado el atrevimiento de poner esa carta sobre su mesa de trabajo, y con tales insinuaciones, como si ella necesitara un consuelo? ¿Acaso no era lo suficientemente aterradora como para que la gente a su alrededor entendiera que le gusta estar sola?

Observó hacia todos lados, por si acaso el autor, o mejor dicho en la nota, autora, todavía se encontraba merodeando por ahí.

Elsa sabía que antes de las ocho solo Gerda y un par de mozas entraban a su oficina para ordenarla, y después llegaba ella, la soberana, para comenzar el trabajo del día.

"¿Quién se cree esta persona?", continuaba divagando. Hablaría con Gerda más tarde para exigirle una mejor selección del personal que las atendía particularmente a ella y a Anna. Se preguntó si su hermana menor habría recibido una nota similar, pero esto lo averiguaría más tarde, porque para esas idioteces no tenía tiempo ahora.

Pero quien quiera que fuese el atrevido, efectivamente, sus días estaban contados en Arendelle.

Espero resultara una lectura agradable. Volveré con un capítulo nuevo dentro de un par de días.

El Quinto Espíritu les bendiga.