LA CENA

Capítulo 4

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Los nombres no pertenecen, están basados en la serie Ranma de Rumiko Takahashi.

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Nabiki empujaba algunos leños en el fuego de la chimenea cuando Ranma bajó por las escaleras.

Girándose para evitar platicar con la castaña, el pelinegro se estrelló con la mayor de las Tendo.

—¡Cuidado, Ranma! —exclamó la joven tratando de equilibrar el peso de la tetera que llevaba en sus manos.

El muchacho dio un brinco cuando un par de gotas de agua caliente cayeron cerca de sus pies descalzos.

—¡Perdón! —exclamó asustado.

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Akane, quien venía bajando por las escaleras no pudo evitar reírse del pequeño baile caótico en el que se encontraban inmersos su hermana y el muchacho de la trenza.

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Una vez que Kasumi logró enderezar la tetera, continúo su camino al comedor.

Ranma miró hacia las escaleras y frunció el ceño cuando notó la presencia de la peliazul.

—¿Te diviertes? —preguntó el azabache ligeramente molesto.

La peliazul apretó los labios y terminó de bajar las escaleras.

—No sé de qué estás hablando —murmuró mientras lo pasaba de largo.

Ranma bufó incrédulo y siguiendo los pasos de la muchacha, se dio cuenta de que había dos asientos libres alrededor de la mesa y uno de ellos, era junto a la peliazul.

"Las oportunidades nunca se presentan dos veces, amigo" susurró la conciencia del pelinegro con malicia y mientras el joven se acercaba a la silla vacía, la peliazul, atónita, lo veía acercarse.

—Akane —susurró el muchacho a modo de saludo y se acomodó mejor en la silla antes de beber de su té.

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—¿Gusta un poco más de pastel de arroz, señor Saotome? —preguntó la mayor de las Tendo al hombre de los lentes.

—Claro que sí Kasumi —respondió gustoso—. Este ha sido el mejor pastel de arroz que he probado en años. Pero, por favor, no se lo digan a mi esposa —murmuró lo último en broma, provocando la risa de todos los presentes.

—Kasumi siempre ha sido una excelente cocinera... De no ser por ella, todos estaríamos enfermos del estómago cada vez que yo cocinara —exclamó Soun con diversión.

—Es verdad, Tendo… Recuerdo las veces que íbamos de pesca y te tocaba preparar la comida, siempre volvíamos a casa con las manos vacías ya que no podíamos soportar ni nuestras pobres almas…

Los dos padres comenzaron a reír y charlar entre ellos, mientras los cuatro jóvenes se observaban con cierta incomodidad.

—Entonces…, ¿Su madre también les prepara pastel de arroz? —inquirió Nabiki, iniciando una pequeña conversación.

—No es muy habitual, pero sí.

—¿Más pastel, Ranma? —preguntó Kasumi.

—No, gracias, Kasumi. Ya ha sido suficiente dulce para mí.

— ¿Cuál es tu comida favorita, Ranma? —preguntó Nabiki con interés.

Akane suspiró de mal humor y se reclinó en la silla. "¿Por qué seguían preguntándole cosas al citadino? Una vez que se fuera de la granja, jamás lo volverían a ver".

—¿En serio? ¡Esa también es la comida favorita de Akane! —exclamó Kasumi con alegría, atrayendo la atención de la distraída peliazul.

—¿Qué? —preguntó entre confundida y sorprendida la peliazul.

—Les decía a tus hermanas que me encantan las cosas picantes y de mucho tiempo de cocción —murmuró el pelinegro guiñándole un ojo y sonriéndole de lado.

Akane frunció el ceño cuando notó la doble intención de la frase del muchacho. ¿Acaso estaba intentando molestarla? Porque ella no era alguien con la que podían jugar.

—¿Ah, sí? —murmuró incrédula, cruzándose de brazos—. Pareces más de los que prefieren las cosas rápidas y baratas.

—Te equivocas, Akane. Mientras más elaborado y costoso sea el platillo, más gusta.

—No todos pueden tolerarlo —murmuró antes de beber un poco de su té.

—No lo sé, Akane. ¿Acaso no disfrutaste de tu aperitivo para la cena? —preguntó señalando con disimulo hacia el segundo piso.

Akane escupió su bebida sobre la mesa y empezó a toser, llamando la atención de todos los presentes.

Kasumi los miraba confundida mientras Nabiki sonreía abiertamente. Esto se estaba poniendo intenso.

—¿Todo bien, Akane? —preguntó su padre asustado.

—Sí, todo bien —respondió la peliazul con rapidez.

—Esto me recordó aquella vez que te tocó preparar el té en nuestra última ida a acampar, Tendo —señaló el de las gafas atrayendo la completa atención del hombre del bigote.

—¿Aún estaban hablando de comida? —le preguntó Kasumi a Nabiki con cierta incomodidad.

—Déjalos conversar y mejor sírveme otro pedazo de pastel —le susurró Nabiki con diversión.

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La peliazul se limpió el rostro con una servilleta y evitó la mirada penetrante del azabache.

—¿Y bien? —preguntó el de la trenza con curiosidad.

—Diria que fue algo bastante insípido.

Ranma esbozó una pequeña sonrisa y dejó de mirarla.

—Lo dudo mucho, pero quién soy yo para juzgar tus gustos culinarios —murmuró engreído.

Akane lo miró con molestia, pero dejó pasar su comentario.

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—Fue una cena deliciosa, Kasumi —halagó el muchacho levantándose de su asiento —Pero ya es tiempo de que me retire.

—Me alegra que te gustara, Ranma —respondió la aludida con amabilidad, antes de verlo subir por las escaleras.

—Nosotros también nos retiramos —exclamaron los dos adultos al levantarse de sus asientos y dirigirse a las escaleras.

—Gracias, Kasumi —murmuraron Nabiki y Akane, levantándose de su silla.

—Akane, ¿Podrías ayudarme con los platos? —pidió la mayor señalando la cocina.

La peliazul detuvo su huida y asintió con una sonrisa forzada. Kasumi iba a darle la "charla", es decir, una plática abierta de hermana mayor a hermana menor.

Nabiki terminó de subir las escaleras y miró con diversión hacia la puerta cerrada de los huéspedes. "Aquí había gato encerrado" y no era precisamente por que ella había le había contado a Ranma sobre la falsa apuesta.

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Capítulo corto. ¡No me cuelguen de las orejas, por favor! :(

Espero que estén disfrutando la historia... :P

¡Muchas gracias por sus reviews!

Soy Tóxo Kai Bélos, ¡hasta la próxima lectura! :)