Teela

Se sentó en la cama, pensando seriamente en dónde se encontraba y en lo que se suponía que iba a suceder hoy.

Sacudió su cabello, intentando no pensar en eso, pero le era inevitable.

Sus cabellos rubios y sus ojos esmeralda pasaron por su cabeza, acompañados de aquella sonrisa tan característica y sincera que conocía. Procedió a levantarse, fregando sus ojos e intentando pensar seriamente en las palabras de Kara.

Por favor, sé que aún piensas en ella, pero te lo ruego, sólo un mes, o dos semanas...—. Parecía desesperada, colapsada.

Está bien... Uhm... No llores, no me gusta que llores—. Se fundieron en un abrazo. La más pequeña se encontraba completamente hundida en el olor de la mayor, mientras que la castaña se sumía en sus pensamientos sobre lo que acababa de acceder—. ¿Qué traerás?

Un bolso con mi ropa y mis ahorros, no necesito nada más.

Bien, mañana puedes venir. Estaré libre todo el día.

Comenzó a cepillarse los dientes, observando su rostro en el espejo.

Toda su familia tenía la impresión de que simplemente le encantaba su carrera y su trabajo, por lo que se encontraba sumida en ellos, manteniendo un buen balance antes de dejar entrar alguna pareja, pero ella sabía que no era tan así.

A pesar de que amaba sus estudios y su trabajo temporal, su corazón seguía ocupado por su mejor amiga de la infancia, a la cual hacia 5 años no veía, pero con la que mantenía contacto.

Sonrió, recordando aquella videollamada.

¡Mira!¡Tengo mi propio terreno! Y ya comencé a construir.

¡Eso es genial, hermosa!—. Teela se sintió genuinamente feliz por Bee, manteniendo aquella expresión para no pensar con quién procedería a compartir la misma casa.

—¿Tú te encuentras bien?—. Se sorprendió ante tal pregunta, no esperaba tan drástico cambio de conversación y le llamó mucho la atención el hecho de que descifre sus gestos y pensamientos inclusive a través de una pantalla.

¿A qué vino eso?—no quiso responder.

No lo sé, te encuentro rara. ¿Todo bien por allá?

—sonrió, pensando en cómo disfrutaba su nueva vida en su departamento alquilado y su trabajo y estudios—. ¿Sabes? Kara se declaró a mí hace unos días.

¿Ah, sí? ¿Y qué tal?

Nada, en realidad. Mi cabeza está muy ocupada en estos momentos como para manejar una relación aparte de mi familia, mis estudios y mi trabajo—. En parte era verdad, su cabeza se encontraba al 80% ocupada en aquello, pero su amor siempre solía aparecer en cuanto su cuerpo se relajaba y deseaba verla luego de un largo día.

Obviamente, ella jamás admitiría aquello, y mucho menos frente a Melsy.

Ahh, entonces está bien. Una vez te sientas lista debes comenzar con ese tema, si es que así lo quieres.

Aquella conversación había procedido a continuar de otra manera, sin tomarle mucha importancia a la blanca mentira de parte de Teela.

Prosiguió en ir a la cocina y prepararse un desayuno liviano, colocando música instrumental en la tv para que quedase de fondo.

Tomó los apuntes y los dejó sobre la mesa, pensando en repasar un poco sobre aquellos temas, debido a que los exámenes se acercaban.

Una vez acomodada, el timbre sonó. Sorprendida, se miró en el espejo que colgaba cerca de la puerta, notando que, a pesar de su mirada de recién levantada, se veía presentable.

Acercó su ojo a la mirilla, observando aquel cabello teñido de negro con las raíces castañas que tanto resaltaba la piel de Kara.

No creí que vendrías tan temprano—mencionó con una leve sonrisa, abriendo la puerta.

Buenos días. Lo siento, es que no podía evitar el querer salir de allí. Me diste una oportunidad y, apenas pude, la tomé.

¿Te refieres al vivir aquí o a-?

Espera, ¿tienes dos habitaciones?

Sí, ¿por qué la-?

Creí que dormiría en el sillón, como tardaste tanto en responder—. Teela sólo sonrió, tomando el bolso de la menor y procediendo a llevarlo a la habitación que sería de ella por el próximo mes—. Es bonito...

No es muy grande, pero la ventana y el espejo le dan luz, por eso lo pinté de blanco también. Si todo sale bien, puedes comenzar a decorarlo a tu gusto.

Te prometo que buscaré un trabajo lo más pronto posible y te ayudaré a pagar el alquiler—. Mencionó con determinación, sacando una sonrisa en la castaña.

Asintió y salió de la habitación, queriendo darle espacio para que se acomodase, sin notar que el corazón de la pelinegra se había desbocado con aquel pequeño gesto.

Se habían conocido en secundaria. La más joven se había trasladado de colegio a mitad de año y Teela, junto a su mejor amigo y gran confidente, Ethan, habían decidido integrarla en cuanto notaron como todos se aprovechaban de lo pequeña que era.

Se volvieron cercanos por un tiempo, pero la diferencia de edad los separó un poco, dejándolas a ellas contando la una con la otra, debido a que el castaño había comenzado a estudiar y a trabajar, para ayudar a su padre a mantener la casa de su infancia y darle mejor mantención.

Teela comenzó la universidad dos años antes de Kara debido a aquella diferencia, pero la menor no quería que se separasen, y la castaña no tenía intenciones de dejarla sola de manera emocional.

¿Til?—. Giró su cabeza hacia la puerta de la habitación, observando a la pelinegra asomarse con timidez—. ¿Tienes planes para hoy?

Quisiera relajarme en casa e intentar repasar un poco los apuntes, ya que se viene la época de exámenes y quiero pasarlos todos a la primera. ¿Por?—. La pelinegra sólo sonrió, negando con la cabeza.

Por nada.

Frunció el ceño, y giró su cabeza para continuar revisando las hojas y anotando en un cuaderno los conceptos importantes.

Luego de unos minutos, se levantó y se dirigió hacia la puerta de la habitación de su amiga, tocando dos veces en ésta.

Voy—respondió, en lo que se escuchó un golpe. La castaña sólo rio levemente ante la pequeña maldición que lanzó.

¿Te encuentras bien?—preguntó con una pequeña sonrisa de burla.

—respondió riendo—. Sólo me di el meñique con el pie de la cama.

Vine a preguntarte si ya habías desayunado o si preparaba algo.

Oh no, salí apenas terminé de cepillarme los dientes, si te soy honesta.

Bien, termina con eso y ven a comer algo—asintió, ingresando a su habitación y pensando en la conversación del día anterior.

Mientras Teela hacía el café como sabía que le gustaba a la menor, Kara se encontraba mirando el techo.

Estoy en su casa... en su departamento... Esto en verdad está pasando

¿De verdad me dará la oportunidad?

Su mente divagaba en sus ojos, su sonrisa, su cabello, su determinación y su confianza, sintiendo como su corazón latía de manera desenfrenada.

Recordó aquella vez en que se confesó a la mayor, la sorpresa y tristeza que sus ojos habían reflejado en el momento en que aquellas palabras salieron de su boca. Se culpó a sí misma como por un mes, pensando que había arruinado su amistad, que la había perdido, pero una semana después, las cosas habían vuelto a la normalidad y, sólo de vez en cuando, el tema salía a relucir en alguna discusión.

Cerró sus ojos, recordando la primera vez que pelearon.

¡No puedes dejar que te trate así! Claramente le dijiste que no querías nada y no te escuchó, por eso interrumpí.

Tenía todo bajo control, Kara, no tenías porqué golpearle. Agradece que lo dejaste inconsciente, porque si no fuera así...

Sabes que no me importaría que-

No digas eso. A mi sí me importaría. No sólo es tres años mayor que tú, sino que te saca tres cabezas y su espalda es dos veces la tuya. Deberías haberlo dejado en mis manos.

¿Querías que me quedase de brazos cruzados mientras él te tocaba y tú intentabas...? ¿¡Lo que sea que estabas intentando para sacártelo de encima!?

Basta, Kara—dijo con un rostro furioso, a pesar de su voz tan pacífica—. Te llevaré a casa por esta noche, ya fue suficiente.

Til, entiende que-

¡No! No lo entiendo. Estaba borracho, y tenía un plan para sacármelo de arriba, aunque no me gustaba del todo, pero sabía qué hacer, no es la primera vez que paso por esto—. Kara se heló ante aquellas palabras.

Nunca me dijiste que te había pasado antes.

Porque sabía que reaccionarías de esta manera—. Recapacitó en sus palabras, pensando seriamente en lo que saldría de su boca. Ya no era una adolescente, por más que lo quisiera, tenía 21 años e iba de fiesta en fiesta. Pensó en el mal sabor de boca que le dejó el discutir con su amiga de tal manera y en cómo las fiestas comenzaban a aburrirle luego de 2 años de borracheras y "diversión". Lo dejaría, aunque las reuniones le gustaban mucho, pero nada de fiestas. Asintió para ella, convenciéndose—. Ya está, ya pasó. Vamos que te llevaré a casa, no deberías quedarte aquí luego de tal escena.

Una vez ambas en el auto, la menor no podía evitar observar los gestos de la castaña de manera detenida, embelesándose con cada gesto y notando el trabajo de sus pensamientos debido a las muecas.

¿Puedes dejar de mirarme fijamente? Me pones nerviosa...

Lo lamento—respondió con un notorio sonrojo, desviando la mirada.

Llegaron a destino, pero ninguna se movió de su asiento. Teela había procedido a apoyar su cabeza en el volante, bufando en frustración.

Escucha, lo siento. No debí tratarte así por esto. Tuve un día difícil y... esto fue la gota que colmó el vaso...—Kara quedó en silencio, observando los movimientos de la mayor—. Me preocupó el hecho de que golpees a un hombre de tal tamaño. Las cosas podrían haber salido muy mal...

Sabes muy bien que haría cualquier cosa por ti—respondió, escondiendo su rostro en su cabello bajando la cabeza. La castaña procedió a observar el techo del auto, respirando de manera más normal ahora.

Comenzó a pensar en la confesión de hace un tiempo, cuando ella estaba a días de terminar el secundario y Kara temía perder su atención y amistad.

Lo sé...—. El silencio se dispersó como aire mismo en el interior de aquel vehículo. No era incómodo del todo, no era raro. Lo raro era el ya haberlo pasado antes.

Kara sabía que sus sentimientos no eran correspondidos, y Teela no tenía idea de cómo olvidarse de aquella rubia que tanto retumbaba en su cabeza y enamorarse de aquella joven junto a ella, queriendo ser feliz y seguir adelante de una vez por todas.

¿Podrás conducir hasta tu departamento?

Sí, no te preocupes.

Avísame cuando llegues por favor—. Se acercó a plantarle un beso en la mejilla, pero la castaña se dejó manejar por ella en cuanto su mano tomó su mentón, por lo que decidió darle un pequeño beso en la comisura de sus labios, para luego retirarse.

Tapó su rostro con una almohada cuando recordó su atrevimiento, respirando con dificultad y sintiendo la sangre en su rostro.

Se levantó, dirigiéndose al baño para acomodar sus pertenencias y mojarse el rostro un poco, sintiendo como su rostro volvía a su color normal.

Una vez acomodó todo, observó con detenimiento el vaso donde el cepillo de dientes y la pasta se encontraban, sonriendo ante la imagen del cepillo verde junto al suyo, violeta.

Una vez en la cocina, terminando su desayuno, notó la fija mirada de la castaña sobre su persona, a lo que no pudo evitar sonrojarse.

¿Tengo algo en la cara?

¿Tienes algún plan para enamorarme?—. Casi escupe el resto de su café ante tan repentina pregunta.

U-Uh... Quiero respetar tu espacio y no quiero invadirte... tanto—. Agregó la última palabra luego de caer en la cuenta de que, literalmente, ahora viviría en su casa. La castaña soltó una carcajada ante la última palabra, cruzando sus ojos con los nerviosos ojos negros de la pelinegra sentada frente a ella.

Puedes invadirme cuanto quieras, pero quiero que sepas respetar mi "no". Con eso, será más que suficiente, para mí.

Está bien—. Kara se levantó y lavó su taza y el plato que contenía las tostadas con mermelada. Una vez terminó, notó que Teela había vuelto a estar concentrada en sus apuntes, por lo que sonrió con ternura y procedió a pasar sus brazos por los hombros de la mayor, desde su espalda, observando sus apuntes en aquella bella letra cursiva, pero desordenada.

La castaña no pudo evitar sorprenderse. A pesar de haber dicho con tanta confianza que podía invadirla, creyó que la timidez de la menor sería más fuerte que ella y se acercaría despacio, pero al parecer no fue así.

¿Te he dicho que me encanta tu manera de escribir y tus gestos cuando te concentras?—susurró, pero Teela lo escuchó con total claridad, por lo que se puso levemente nerviosa.

No, no lo mencionaste.

Bueno, me encanta—. Procedió a dejar un beso en su mejilla y retirarse a su habitación, dejando a una castaña notoriamente sonrojada.

Sí, estos días valdrían la pena, pensó con una pequeña sonrisa la mayor, negando con la cabeza y volviendo a concentrarse en sus apuntes.